Disclaimer: los personajes son de J K Rowling y de Stephenie Meyer. Yo solo me divierto con ellos.

Nota: ¡Lo siento! He estado fuera durante estos días y no me llevé el ordenador. Además, no quise escribir desde el móvil porque me da una pereza impresionante porque escribo muy lento con el teléfono.

¡No me cruciéis!

Capítulo 09.

Al día siguiente, todos estaban listos para partir.

Los adultos llevaban una maleta de mano con cosas esenciales para el largo viaje y lo demás, lo habían guardado encogido en sus bolsillos.

Regulus estaba refunfuñando por los rincones.

-¡Un Black que se precie, jamás refunfuña! -Gritó cuando Sirius le dijo que dejara de quejarse.

-Pero amor. Ya has ido en avión varias veces cuando hemos viajado. -le intentó tranquilizar su novio.

-Sí, y siempre se pone de esta manera cada vez que monta en uno. -Suspiró James.

-¿Y si se cae? ¿Y si se incendia?

-Regulus estás asustando a los niños. -Le advirtió Remus.

El ex mortífago se alejó de ellos murmurando por lo bajo.

Al vampiro le exasperaba el entusiasmo de su hermano por montar en ese trasto infernal.

En Italia había descubierto que le encantaban los coches. Disfrutaba conduciendo automóviles de lujo y descapotables.

le gustaba sentir como el viento alborotaba su pelo.

-Venga Regulus. Seguro que es como montar en escoba. -Dijo Sirius acercándose a él.

-Sí claro. Y madre tuvo una relación secreta con un muggle.

El animago se echó a reír con tanta fuerza, que su hijo y su ahijado fueron a ver lo que le hacía tanta gracia.

Media hora después, los integrantes de esa gran familia se aparecían en un callejón a unas pocas manzanas del aeropuerto.

James y Sirius tenían bien sujetos a sus hijos. Los niños eran muy curiosos y temían perderlos entre tanta gente.

la noche anterior, Alec, Regulus y James se habían asegurado de alimentarse bien para evitar accidentes.

Un rato más tarde, Regulus se acercó a su hermano con la cara verde.

-Sirius. -Susurró.

El Gryffindor le miró.

-¿Qué te pasa? ¿Y cómo es posible que puedas tener la cara verde si eres un vampiro?

-M me ha tocado un… -Dijo lo último en voz tan baja que Sirius no pudo oírlo.

-¿Qué has dicho?

-Dice que le ha tocado un muggle. -Intervino James.

Canuto intentó aguantar la risa sin éxito.

-¿Y si me contagia algo? Los muggles pueden ser peligrosos para los niños. ¡Vámonos!

Alec sujetó a su novio por la cintura e hizo círculos con el pulgar en su cadera.

Ante la mirada estupefacta de Remus, Sirius comentó:

-Nuestra "querida" "madre" nos contaba historias horribles sobre los muggles y lo que nos podría pasar si nos acercábamos a ellos. Reggie tuvo pesadillas durante bastante tiempo.

-Camille dite que os mules so mavados y pomen a os ninos.

Harry miró horrorizado a Blaise.

-¿Papá, os muges pomen ninos?

-Claro que no. lo que pasa, es que esa señora es una mentirosa. -Intervino Sirius.

Blaise asintió conforme pero Harry no parecía muy convencido.

-¡Mida Hady! -Chilló el morenito para distraer a su primito. -¡U oso enome!

En una tienda de souvenirs, había un oso panda de peluche bastante grande.

-¡Es un Emmett de peluche! -Rió James.

Hablando y riendo, llegaron al mostrador de facturación.

La cola era interminable pero ninguno se aburría debido a las ocurrencias de los niños y de los no tan niños.

Por suerte, Alec había reservado los billetes por internet así que no tenían que comprarlos.

Pasaron por los detectores cuando quedaban quince minutos para embarcar.

Tuvieron que darse prisa porque la puerta de embarque estaba en la otra punta.

Llegaron al avión y tras buscar sus asientos, Regulus teniendo cuidado de no tocar a los muggles, se acomodaron.

Les esperaba un viaje de ocho horas.

Regulus estaba al lado de su hermano.

Remus se había llevado a Blaise junto a él para que no escuchara a su tío y sus atrocidades con respecto a todo lo que les podría pasar en un avión.

-Me estoy arrepintiendo de esto. -Se quejó Canuto. -No me gusta estar encerrado. Creo que voy a hiperventilar.

-Tranquilo Sirius. Solo serán ocho horas.

-¿Y si nos quedamos aquí atrapados? ¿Y si no logramos salir? ¿Y si…?

Regulus decidió dejar su aversión hacia los aviones para calmar a su hermano.

El tiempo en Azcaban le había pasado factura y ahora aborrecía los espacios cerrados. Por eso vivían en una casa con jardín.

-(Si pudiera utilizar hechizos, le lanzaría un Desmaius.) -Pensó.

El joven estaba respirando muy rápidamente. Además, para empeorar la situación, el aparato había empezado a moverse.

Regulus retiró el panel plástico que cubría la ventana e hizo que su hermano mirara por ahí.

El mayor de los Black se quedó con la vista fija en el paisaje que pasaba a toda velocidad delante de sus ojos.

Le fascinó mirar como las cosas se empequeñecían a medida que iban subiendo más y más.

Sonreía cada vez que el avión atravesaba las nubes.

Pasó tres horas mirando por la ventana sin decir nada.

Su hermano permanecía a su lado haciéndole círculos tranquilizadores sobre la espalda con una de sus manos.

Había intentado alejarse, pero cada vez que apartaba la mano de la espalda de su hermano, éste se extremecía.

más tarde, se quedó dormido pero Regulus siguió a su lado.

Remus se encargó de distraer a Blaise porque se había alterado al ver a su padre tan asustado.

*Forxs.*

Emmett, Jasper y Carlisle, iban a ir a buscar a James y los demás al aeropuerto de Siattle.

Todos querían ir, pero Carlisle había decidido que Alice, Esme, Rosalie y sobre todo Edward, se quedaran en casa. Era mejor que las vampiresas conocieran a los pequeños en casa y prefería que Edward se reencontrara con su compañero sin tanta gente delante.

Necesitaban aclarar muchas cosas.

Al día siguiente, Sam Uley iría junto con dos lobos más a conocer a los recién llegados.

Emmett, Jasper y Carlisle salieron rumbo a Siattle.

Edward miraba los coches como si le hubieran ofendido.

Rosalie estaba de brazos cruzados.

Alice había ido a revisar catálogos de ropa y accesorios.

Esme estaba en la cocina preparando algo para comer.

-¿Estás nervioso? -le preguntó Rosalie a su hermano.

Edward asintió.

-Tengo muchísimas ganas de ver a Jamie y también deseo conocer al pequeño Harry.

-Yo también estoy deseando conocer a los dos niños.

James había mandado construir una cabaña cerca de la casa de los Cullen.

Los duendes se habían encargado de eso.

Por fuera parecía una cabaña pequeña, pero por dentro era igual o más grande que la mansión Cullen.

Tenía fuertes hechizos para que los muggles curiosos no se acercaran mucho y varias barreras de protección.

Nadie que no fuera invitado por alguno de los miembros de esa familia, podría entrar a la casa.

James, Sirius y Remus habían decidido llamarla "mansión Marauder."

Alice estaba ansiosa por entrar a echar un vistazo al igual que Esme.

*Aeropuerto de Siattle.*

Cuando bajaron del avión, Sirius se sintió verdaderamente aliviado.

Cogió a su hijo de los brazos de Remus y se encaminó fuera.

Nadie le recriminó por no esperarles. Sabían que necesitaba salir.

Cuando el animago casi llegaba a la puerta de salida, vio a alguien que reconoció de inmediato.

Ese enorme cuerpo, sus rizos y sus holluelos eran inconfundibles.

Sus amigos le alcanzaron y también vieron a Emmett.

Todos sonrieron excepto Alec y Regulus porque no le conocían.

Carlisle y Jasper aparecieron segundos después.

Al llegar a donde los tres vampiros esperaban, Sirius sonrió.

Se abrazaron, se saludaron y rieron.

Después, salieron fuera y montaron en los coches.

Durante el viaje, no pararon de hablar de cosas sin importancia.

Esperarían hasta estar todos juntos para dar las explicaciones pertinentes.

Por el rabillo del ojo, Sirius pudo ver un enorme animal de color gris.

-Ese es uno de los lobos. -Explicó Carlisle. -Paul, creo.

Un rato más tarde, llegaron al camino que daba acceso a la blanca mansión.

James, que había ido en el otro coche, estaba muy nervioso.

Había llegado el momento de las explicaciones.

Cuando Jasper detuvo el BMW, el ciervo respiró hondo y bajó del vehículo.

Rápidamente, Sirius y Remus se colocaron uno a cada lado suyo.

Alec y Regulus se posicionaron delante de los niños.

Ambos vampiros estaban tensos y listos para luchar si era necesario.

Entonces vieron a Esme y se relajaron.

La vampiresa tenía una sonrisa cálida y maternal.

Harry, que era muy curioso, le pidió a su padre que le dejara en el suelo.

Blaise al verlo, le pidió lo mismo a Sirius.

Ambos niños se tomaron de las manos y se acercaron a las vampiresas.

Alec seguía los movimientos de los pequeños sin perderlos de vista ni un momento.

Rosalie, Esme y Alice abrazaron a los infantes muy contentas.

Entonces, un hermoso joven salió de la casa.

Era alto, delgado, con el pelo cobrizo y los ojos dorados.

James pennsó que si el corazón le latiera, se le habría parado.

Un pequeño de pelo revuelto se chocó contra las piernas del joven.

Edward bajó la vista y lo vio.

-Hola. -Susurró.

Harry alzó los brazos tímidamente para que su otro papi le cogiera.

El ojidorado miró a James, y cuando éste asintió, el vampiro levantó al pequeño y lo abrazó.

Después, Harry empezó a hablar muy rápido haciendo sonreír a su otro progenitor.

Media hora más tarde, estaban acomodados en el salón de la casa Cullen mientras Sirius, Remus, Blaise y Harry degustaban la comida de Esme.

-¿Podemos hablar? -Pidió Edward.

A James le tembló la mano con la que sujetaba el plato de su hijo.

-C claro.

Regulus, al ver que James se levantaba, se acercó a Harry.

Cornamenta le dio el plato al menor de los Black y siguió a Edward escaleras arriba.

Se encerraron en la habitación del mayor.

-¿Podrías poner un hechizo silenciador?

-S si.

James sacó su varita.

Le costó tres intentos realizar el hechizo correctamente.

-¿Y bien? -Inquirió Edward. -¿Vas a explicarme por qué me dejaste?

James asintió.

Nota:

¡No sé con quién poner a Sirius!

¿Queréis que él también sea inmortal como Regulus y James?

¿Queréis que Remus también sea inmortal?

¡Ay dioses! no sé qué explicación le dará James a Edward con respecto a por qué le dejó.

Estoy más en blanco que un folio.

¡Ayuda!