Disclaimer: Los personajes le pertenecen a JK Rowlin y a Stephenie Meyer.
Solo la trama es mía.
Capítulo 12.
Cuando los lobos llegaron a la reserva, se apresuraron a ir a sus casas, se ducharon, se cambiaron de ropa y se dirigieron a un claro donde hablarían con el consejo.
Cuando los ancianos llegaron, se apresuraron a contarles las noticias.
Cuando acabaron, los hombres mayores no sabían si reír, asustarse o sí, reírse.
-Oí hablar de los magos. -Intervino Billy. -De hecho, conocí a uno de ellos. Se llamaba Albus Dumbledore.
El viejo Quil se quedó pensativo durante un rato.
-Ya sé a quién te refieres. ese hombre de larga barba.
-Pero son hombres. -Susurró Sam aún incrédulo.
Sue se encogió de hombros.
-La imprimación es imprimación.
El alfa gruñó.
-Pues Jake ya ha descubierto las… Maravillas de una imprimación con otro chico.
-¡Embri!
El lobo sonrió.
-¿Con el licántropo mágico? -Quiso saber Billy.
-Sí.
-Nos gustaría conocer a vuestros imprimados. -Intervino Quil mayor.
-¿A Harry y a Blaise también? -Inquirió Paul.
-Con el licántropo y el mago es suficiente. Los niños aún son muy pequeños. -Contestó Sue.
mientras tanto, Alice había convencido a Sirius y a James de ir de compras con ella y Rosalie. Llevarían a los niños también.
Llevaron el Geep de Emmett para que cupiesen todos.
-¡Vamos a pasarlo muy bien! -Se emocionó la vampiresa más baja.
Sirius estaba igual de emocionado que ella.
Habían arrastrado a Remus con la escusa de que necesitaban más compañía masculina y porque…
***Horas antes de encontrarse con los lobos…***
Remus estaba plácidamente dormido. Desde que había encontrado a su manada, podía dormir bien por las noches.
Cuando despertó, abrió su baúl en busca de sus maletas.
Aún no le había dado tiempo a deshacer su equipaje.
Cuando lo abrió, se dio cuenta de que su ropa muggle no estaba y sus túnicas, no eran exactamente sus túnicas.
Estas eran nuevas y de buena calidad.
Debajo de ellas encontró dos pares de vaqueros, dos camisetas, ropa interior, calcetines y un par de zapatillas. Además había también algo de ropa de abrigo. Pero todo estaba nuevo.
-¿James Potter! ¡Sirius Black!
El licántropo escuchó unas carcajadas que provenían de la planta baja.
Corrió escaleras abajo tan rápido como un torbellino y al llegar abajo entró a la cocina. Sus amigos estaban sentados a la mesa. Los niños y Sirius estaban desayunando mientras James lamía una piruleta de sangre.
-¿Qué… habéis… hecho… con… mi… ropa?
-¿A qué te refieres Lunático?
Sus amigos tenían la misma cara que ponían cuando McGonagall les pillaba en una broma.
-¿Canuto…? ¿Cornamenta…?
-Amigo creo que estás delirando.
-¿Me estáis tomando el pelo?
-Te prometo que ni Canuto ni yo hemos hecho nada de lo que nos estás acusando.
-¿Entonces, dónde está mi ropa?
-¿En tu baúl?
Remus estaba a punto de estrangular a uno de sus amigos o quizá a los dos al mismo tiempo.
-¿Qué pasa aquí? -Quiso saber Regulus.
-Estos… estos… no sé qué han hecho con mi ropa.
Alec, que había bajado detrás de su novio, bufó.
-¿Te refieres a esos andrajos? -Cuestionó el menor de los Black.
El licántropo frunció el ceño.
-Si te refieres a eso, déjame decirte que lo quemé todo. Un miembro de esta familia no va a ir con arapos si yo puedo evitarlo.
-Pero… pero… Se trataba de mi ropa.
El vampiro se encogió de hombros.
-Ya la repondremos. Tenemos dinero de sobra.
Sirius y James se levantaron y chocaron los cinco con el ex Slytherin.
-Gracias Reggie. Hacía mucho tiempo que Jamie y yo queríamos hacer eso mismo.
-Vosotros… Vosotros… ¡Por Merlín!
-Oye Lupin… Si no te importa, ¿Podrías ir a vestirte? Tenemos que ir a ver a los metamorfos.
Antes de irse, fulminó a todos con la mirada.
Si hubiera sido posible, habría echado rayos por los ojos.
Pisando fuerte, Lunático subió las escaleras.
-¿Papá por qué hhabís pemado la dopa de tío Lunático?
-Poque eda dopa hodible.
Harry miró a su primo entendiendo el punto.
-Necita dopa mueva como nosotos.
Ambos niños asintieron.
***En el centro comercial…***
-Rose y yo iremos con los niños. -Dijo Alice.
James, Sirius y Remus. Vosotros id por vuestro lado.
Las mujeres cogieron a los pequeños de la mano y se marcharon en dirección contraria.
Segundos después, Sirius y James agarraron a su amigo cada uno de un brazo y le fueron arrastrando por todas las tiendas.
-Puedo caminar solo.
-Es la millonésima vez que dices eso, y volvemos a decirte que no nos importa. -Comentó Sirius.
Habían quedado en el coche cuando terminaran de hacer las compras necesarias.
Al llegar, se sorprendieron al ver la parte trasera llena de bolsas y más bolsas.
-Si no fuera un vampiro, estaría agotado. -Susurró James.
-¿Os habéis divertido niños? -Preguntó Sirius.
-¡Cí!
Blaise y Harry saltaban de alegría.
-¡Hemos motado en los caballitos!
Subieron todos al coche y pusieron rumbo a casa.
A mitad de camino, los niños se quedaron dormidos.
***Gran Bretaña.***
Lily había ido a ver al director. Tenía que hablar con él.
Se apareció en Hogsmeade y fue caminando hacia el castillo.
Mientras caminaba, recordaba sus años escolares.
La guerra había terminado pero por lo que le había dicho James, Voldemort no había muerto, al menos, no completamente.
Regulus le había explicado lo de los horrocruxes y ella había palidecido.
Eso era una aberración contra la magia.
Llegó al castillo y se apresuró a llegar al despacho del director.
-Cucarachas de chocolate.
Al decir esto, la gárgola se apartó dejándole el camino libre.
Tocó la puerta y segundos después, Dumbledore le dio permiso para entrar.
-¿Cómo estás Lily? -Le preguntó el anciano cuando ella se había sentado en una silla.
-Mucho mejor.
-¿Me alegro de que vinieras a visitarme.
-James me dejó algo para usted director.
-Oh querida. Puedes llamarme Albus. Ya no eres alumna de Hogwarts.
La mujer se ruborizó.
-No sé si podría. La costumbre me hace hablarle de usted.
El hombre rió entre dientes.
-Bien. ¿Y qué es eso que James dejó para mí?
La pelirroja rebuscó en su bolso hasta encontrar lo que buscaba.
-Sacó una carta y una bolsa de caramelos.
Al verlos, al director le brillaron los ojos.
-La última vez tardé en encontrar el caramelo de fresa dos días. Veamos cuánto tiempo me lleva esta vez.
Colocó sus preciosos caramelos en un cajón con un hechizo expansible y cogió la carta.
La abrió y procedió a leerla.
Al terminar, sonrió ampliamente y bajó el pergamino.
-Esto es muy interesante y también muy complicado. Sin embargo, como miembro del Wizen Gamot y jefe de la CIM, tengo muchos contactos y podría abogar a favor del señor Potter en el futuro cuando se descubra que es un vampiro y que su pareja también lo es.
Lily suspiró aliviada.
-De todas maneras, a James le deben muchos favores. Así que no tiene de qué preocuparse.
-Le escribiré una carta.
-Eso está bien. -Dijo el director. Así no tendrá por qué vivir preocupado en Estados Unidos mientras cuida de su hijo.
Lily y Albus estuvieron hablando durante un rato más hasta que llegó la hora de cenar.
La pelirroja se despidió del director y se marchó a su casa.
En el despacho, Dumbledore sonreía complacido. Le encantaba saber que sus alumnos eran felices al salir de la escuela.
Algo le decía que Remus Lupin también sería feliz.
Nota: ¿Queréis que escriba el lemmon entre Jacob y Remus?
