Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling y a Stephenie Meyer.

La historia es mía.

No obtengo ningún tipo de beneficio lucrativo al escribir esto.


Capítulo 26.

Sirius y James no eran personas a las que les gustase la etiqueta y el rígido protocolo sangrepura. Siempre habían preferido ir por su cuenta haciendo travesuras y siendo arrogantes porque podían.

Pero durante esos años habían mantenido contacto con el director de Hogwarts y si bien éste al principio no había querido compartir sus sospechas y conjeturas con respecto al futuro de Harry, no habían sido los merodeadores por nada así que Dumbledore había aceptado en contarles todo.

Era por eso que Carlisle les había aconsejado que comenzaran a preparar a sus hijos para lo que se avecinaba. Eso no le hacía ninguna gracia al vampiro doctor, pero si los niños tendrían que luchar en un futuro, mejor no hacerlo a ciegas.

Las clases de meditación y esgrima le habían parecido estúpidas a Sirius pero Regulus era más práctico y había decretado que no permitiría que sus sobrinos fueran personas mediocres y sin clase y él mismo junto con Carlisle y Angelo, les comenzaron a enseñar desde pequeños sobre el mundo mágico y código social.

Remus había creado modos de enseñarles cosas a los niños sin que les resultara pesado o aburrido.

Los apuntaron a clases de artes marciales porque nunca se sabía cuando podrían perder su varita y Seth y Paul entrenaban con Jasper.

Prácticamente toda la manada se les unió.

El vampiro soldado era un maestro estricto, pero los metamorfos aguantaban sin quejarse.

Cuando Mark y Jaden llegaron a sus vidas, también fueron incluidos en las clases.

A veces los niños se habían quejado de todas las clases, pero cuando Harry y sus primos fueron lo bastante mayores como para entender, sus padres les explicaron los motivos por los que les daban ese tipo de clases.

-Quisiera evitarte todo esto, mi cervatillo, y aunque haré lo que pueda, habrá partes del camino en las que no podré estar para ti como quisiera. -James susurró.

Harry le abrazó con fuerza y aunque aún no comprendía la magnitud de todo aquello, sintió que era serio.

los niños seguían quejándose, eran pequeños al fin y al cabo, pero se esforzaban más en las prácticas y en aprender la teoría.

Todos habían escuchado muchas cosas de Hogwarts y estaban impacientes por ir.

Jaden y Mark sentían algo de envidia porque sus primos irían un año antes que ellos.

por eso, Harry, Blaise y Teddy esperaban la carta con ansias.

Los que no habían estado para nada contentos habían sido los lobos. Sin embargo, fueron realmente conscientes de la magnitud de las cosas cuando a media tarde de finales de Julio, tres lechuzas entraron por una de las ventanas de la casa Cullen y se dirigieron a los expectantes niños de once años.

Ellos retiraron los sobres con cuidado a pesar de las ganas que tenían de saltar y gritar, pero comprendían que si hacían eso podrían hacerle daño a las lechuzas sin querer.

Leyeron las cartas con gran atención y se lanzaron a abrazar a sus padres.

Ellos les habían contado sobre las bromas y travesuras, y Teddy se había propuesto encontrar el mapa del merodeador que Filch había confiscado.

Después, cuando leyeron la carta cuatro veces al menos, los pequeños permitieron que sus demás familiares las leyeran.

Paul y Seth forzaron una sonrisa. No les hacía ninguna gracia separarse de Blaise y Harry respectivamente.

Los primos se acomodaron en la alfombra y hablaron durante días sobre las posibilidades que el castillo ofrecía y puesto que sus malvados padres y tíos se habían negado a decirles nada sobre la selección, (incluso Severus había guardado silencio), especulaban sobre como sería.

-A lo mejor te lanzan un hechizo.

-O te ponen en uno de esos círculos de runas como en las series. papá Remus dice que a partir de tercero se puede elegir Runas antiguas como asignatura.

-¿Y si la selección duele? -Harry preguntó.

-Me comeré al que intente hacerte daño. -Paul aseguró.

Al pequeño se le dibujó una amplia sonrisa.

Su mejor amigo mayor no era dulce y cariñoso con nadie y a veces decía cosas que provocaban que su padre se cabreara, pero al moreno de ojos verdes le gustaba como era Paul con él.

Paul casi había atacado a James y a Sam cuando los padres de los pequeños les dijeron que se irían a Londres para estar más cerca de sus pequeños por lo que podría pasar.

Seth y Paul no podrían acompañarlos porque lo mismo daba que estuvieran en Londres o en Estados Unidos y si ocurría algo, la chimenea de la casa Marauder estaba conectada con la de la otra casa Marauder en Gran Bretaña.

Al final, cuando James, Sirius, Regulus, Remus, Alec, Sam, Edward y Jakob se marchaban a Londres, permitieron que Paul y Seth fueran con ellos hasta que los niños entraran en Hogwarts.

Sam y Jacob estarían yendo y viniendo de un lugar a otro porque tenían deberes con la manada pero no podían permitir que cuatro lobos se marcharan al mismo tiempo.

Sam no pensó que al ser niños, la imprimación afectaría tanto a sus compañeros de manada pero se equivocaba y lo comprobaría meses más tarde tras cierto accidente en Halloween.