Creo que no es la primera vez que actualizo en un 31 de diciembre, no lo llamaría una tradición, pero, ¡feliz Año Nuevo! Deseo un año próspero para todos, y si no es mucho pedir actualizaciones y buenas lecturas.

Correspondencia!

LunaticR: Por la extensión del capítulo cualquiera lo pensaría xD espero te guste esta parte.

Inverse L. Reena: ¡Amiga! Que gusto que andes aún por aquí apoyando :')

SS-Alter K: Aquí hay más, mwahahaha

sandy844: Gracias a ti por volver a leerme se aprecia muchísimo

kleinegirl87: Gracias por tu apoyo con este proyecto, te mereces el cielo

usaguichan22: Aquí la continuación ;)

Martha: ¡Mucho gusto! Gracias por leer, espero este capítulo te agrade :D

Este puede ser un lemon fascinante o un hentai rancio en modo texto jajaja ustedes deciden, me gustaría saber su opinión. Siendo honesta en gran medida no podía publicarlo porque me da un poco de cringe xDDD (en parte porque mi perspectiva del sexo ha cambiado, pero esa es otra historia MUY personal) y pánico porque no es lo que suelo escribir, sin kleinegirl87 esto se hubiera quedado en borradores desde 2019. No creo volver a escribir algo similar, así que no se asusten respecto a que esto es lo que suelo escribir, ¡les juro que soy una cursi!

Advertencia: Consentimiento dudoso, no es algo para espantarse pero debo constatar que en la vida real no se deben realizar actos similares sin comunicación previa.


Nidos

.

Podría ser una horda, pero jamás serían rival para una teniente.

No, jamás lo serían. Rukia, con la gracia que le caracteriza, se volvía una delicada trampa mortal para cada monstruo que se dirigían con violencia hacía ella sin siquiera considerar a qué destino se enfrentaban.

Rukia sentía el orgullo llenar su pecho, no estaba para nada oxidada, era como si hubiera acabado con su última horda ayer y no hace ya 3 años. Quedaban pocos hollow, un par a lo mucho, estaban dispersados, no sería difícil acabar con ellos.

—Disculpe que interrumpa su cacería, señorita— Rukia frunció el ceño, más que nada confundida. No esperaba que alguien entre las sombras le dirigiera la palabra, hasta entonces no había sentido energía espiritual sospechosa a la redonda.

—¿Quién eres? Identifícate— habló con autoridad, tal y como lo hacía cuando estaba en el escuadrón frente a sus subordinados.

—No es precisamente necesario, después de todo no necesitamos conocernos para lograr mi objetivo. Los hollow ya me han contado aquello que necesito saber.

A una corta distancia se podía apreciar una figura masculina que tenía detrás de él un hollow robusto, de unos cuatro metros de alto, con una máscara pequeña similar al cráneo de una cabra, pero el cuerpo del mismo le recordaba más al de un felino grande. Salivaba profusamente, la secresión producía tal olor que Rukia tuvo que cubrirse con su mano la boca para controlar el asco.

—¿Y cuál se supone que es ese objetivo, Arrancar?— No había dudas de que lo era, entre el cabello de ese extravagante magenta podía señalar los restos de una máscara hollow que asemejan una pequeña corona. Actuó con cautela, la relación de los últimos Arrancar con la Sociedad de Almas eran amena, no iba a causar un conflicto por la desconfianza que le daba el sujeto.

—No me llames Arrancar, soy Moishee Safradie— escuchó el nombre, no le sonaba para nada. Lo que acaparó su atención fue el detalle de que ambos estaban unidos por una especie de lazo de reiatsu. No sabía qué significaba esto, pero no le gustaba—. Creo que tienes razón, requiero de que estés relajada.

—¿Relajada?

—Sí, sí. No es bueno para la concepción que te encuentres estresada.

—¿Concepción? ¿De qué demonios estás hablando?

—¿No lo sabes? —le miró con una condescendencia que daba asco—, ¿los shinigami tienen idea de lo que pasa fuera de su territorio?

—¿Qué se supone que está pasando?— preguntó volviendo a desenfundar su zanpakuto, insegura de cuáles eran sus intenciones.

—Tranquila, pequeña…

—No me digas pequeña. Explícate— le interrumpió—, ¿quién es tu supervisor? ¿Harribel-san? ¿Nelliel-san? ¿O el estúpido de Grimmjow?

—A mí nadie me supervisa, soy independiente— Rukia se sintió aliviada, si las cosas se ponían peor no habría tanto problema si era un anarquista o disidente, podría hasta estar haciéndoles un favor a los gobernantes de Hueco Mundo—. Pero eso realmente no importa, no para lo que tengo preparado para ti.

—¿Y eso qué sería?

—Oh, ya lo verás— el lazo que le unía al hollow desapareció, y como si eso fuera lo que esperaba para acabar con esa fría calma que tenía, se abalanzó hacía ella. La derribó, pero con Sode no Shirayuki frenó el avance del hollow, quedando éste con las fauces abiertas y sus patas delanteras a cada lado de su cuerpo. La peste era incluso más potente, sin embargo, la adrenalina en su sistema le obligaba a luchar en lugar de arquearse para vomitar.

«Demasiado cerca», se recrimina, casi cometió el mismo error que la noche que conoció a Ichigo, y esta vez no le tenía allí para que le salvará de nuevo.

Pero ella no era esa misma shinigami.

Empuñó su zanpakuto con firmeza, el filo empezó a llenarse de escarcha. Pronto este hollow sería uno más en su largo historial de hollows cazados. Estaba tan concentrada en su reiatsu alrededor de Sode, que lo siguiente la tomó desprevenida.

El hollow expulsó de sus fauces un líquido viscoso que le dio de lleno en la cara, apenas y logró proteger sus ojos cerrándolos por instinto, y precisamente por esa acción es que terminó clavando la espada en la máscara, cortando de manera irregular e incompleta.

El hollow rugió, y para Rukia fue como si el mundo le diera vueltas. Sintió que iba a perder el conocimiento en cualquier momento, lo cual sabía que sería mortal. Seguía sin saber qué quería el arrancar de ella.

—Es suficiente— el hollow volvió a ser contenido por el lazo, siendo arrastrado pese a que se aferraba con sus garras al asfalto, hasta quedar al lado de Moishee—, pronto estarás lista— Rukia temió en verdad por su vida, no sabe qué es lo que quiere de ella, y eso le aterra.

—¿Q-qué quieres de mí?

—¿No es obvio, pequeña?— se acercó a paso lento—, no eres precisamente el tipo de mujer que habría elegido de tener el modo de pasar a la Sociedad de Almas, pero sí más fuerte que las otras shinigami que me he encontrado. Y, pensándolo bien, tampoco eres fea, sólo algo flacucha para mi gusto— tomó su rostro con sus frías manos y Rukia se quejó por la fuerza que usaba, y también porque se sentía confundida por sus palabras. Fue entonces que la realización le cayó como un balde de agua fría. Se sintió afligida, toda la vida había peleado para evitar estar en esta situación. No iba a ser violada—. Espero que nuestro hijo tenga tus ojos, son muy exóticos.

—¡No!— casi se le desgarra la garganta, y trató de golpearlo, pero no tenía fuerzas para ello.

—Lo mejor será que le he ganado una buena hembra a Grimmjow, el bastardo va a querer pelear antes de que te lleve a mi nido— empezó a revolverle las ropas, aparentemente no sabía cómo quitarle ropa tradicional japonesa, Rukia quiere luchar a pesar de sentía que se estaba desvaneciendo—, pero para entonces ya habrá posibilidades de que el hijo en tu vientre sea mío, y con eso me basta.

—No… no...— apenas y susurró. Lloró deseando que Ichigo llegará y una vez más le salvará—, por favor.

—Oh, pequeña. Vamos. Te estoy dando un privilegio único— entendió que primero tenía que quitar el obi[1] y ya había abierto el kosode[2]. Serás madre de uno de los más fuertes de la siguiente generación de Arrancar, todo un ho-

Fue interrumpido por una patada certera en el pecho, que le dio con tal fuerza que lo lanzó lejos varios metros.

—¡Rukia-sama! — la voz dulzona de Chappy le hizo reaccionar. Respiró aliviada, el alma se acercó a ella, y le acomodó torpemente la prenda negra, cuidando el pudor de su señora incluso si no estaba mostrando nada—. No se preocupe, pyon, siento a Ichigo-dono cerca. Todo estará bien, pyon.

—Maldita perra— Moishee deshizo el lazo y el hollow arremetió contra Chappy, tomándola del brazo entre sus fauces. Rukia la escuchó chillar del dolor, pateando y tratando de liberarse. El hollow la sacudió como si fuera un muñeco de trapo, con tal fuerza que los falsos tejidos del gigai se rasgaron hasta que su cuerpo falso fue disparado con violencia al suelo.

—Cha...— trató de levantarse, pero el cuerpo le falló una vez más, y sentía como todo se volvía negro. El alma artificial no dio señales de poder continuar luchando, ni siquiera para defenderse a sí misma, mucho menos a ella.

«Ichigo, por favor. Sálvame».

Cerró los ojos. Justo antes de dar todo por perdido, escuchó un rugido bestial cerca.

¿Un salvador? No pudo siquiera pensarlo, se perdió en su mente con una oración porque así fuera.

Moishee Safradie era un oportunista. Muchos en Hueco Mundo le habían descrito con la palabra "rastrero", pero eso no era algo que le quitara el sueño, se consideraba a sí mismo como pragmático, que no se complica encontrando la manera moralmente correcta de llevar a cabo las cosas cuando la solución es mucho más sencilla.

No le importaba que tuviera que hacer, la shinigami era ser su propiedad, al menos hasta que diera a luz su progenie, era sencillo, lo único que debía concretar. Su compañero estaba ansioso, quería que ya concretará el acto.

Es que, esperar era tan molesto.

La mayor parte del tiempo deseaba que su proceso de arrancarización hubiera sido normal para no tener que lidiar con esta otra mitad. ¿Por qué no pudo ser un ser inteligente, como pasó con Starrk? Tener una Lilynette le hubiera ahorrado esa búsqueda por la hembra más adecuada. Aunque, bueno, no es tan fuerte como el Primera Espada, y Aizen jamás experimentó con las Arrancar, por lo que su compañero seguiría siendo inútil, pero potencialmente menos molesto.

Eso y que las perras de Harribel y Nelliel se encargaron de refugiar a la mayor cantidad de Arrancar femeninas que pudieron; y, además, se aseguraron de bloquear todo acceso a la Sociedad de Almas para proteger su ridícula alianza con los Shinigami. Le habían arrebatado cualquier esperanza de encontrar a una hembra disponible.

El hollow aulló, invitándolo a continuar con el acto, pero de un momento a otro pasó su atención al cielo, olfateó el aire, para después tomar posición de ataque. Se estaba preparando para enfrentar a un rival. ¡Eso no podía ser posible! No había detectado una Garganta.

El rugido furioso le respondió su incógnita.

Moishee se paralizó.

¿Cómo mierda es que no había sentido tremenda cantidad de reiatsu?

Sintió que se le escapaba el aire de los pulmones cuando vió la criatura humanoide con máscara saliendo con falsa calma de entre los árboles, con una katana negra como la noche, directo a su presa.

No le tomó mucho tiempo darse cuenta de quién era, o mejor dicho, qué era.

Era una de las leyendas de Hueco Mundo, un relato de horror en la eterna noche. Kurosaki Ichigo transformado en Vasto Lorde, el depredador apex, el atroz asesino del Cuarto Espada, Ulquiorra.

Su hollow gruñó, como la criatura irracional que era, sin darse cuenta del peligro que estaba frente a él, pero lo contuvo con el lazo. Si esa cosa mataba a su hollow no tendría modo de someter a otra mujer sin necesidad de violencia constante.

El demonio frente a él refunfuñó, más como una expresión de incredulidad que en busca de pelea, pues sabía perfectamente quién sería el vencedor. Su rival, Moishe, nunca tuvo oportunidad.

Cuando llegó frente a la shinigami inconsciente, la recogió con una ternura que le pareció imposible, y el Arrancar tuvo que tragarse la frustración de haber perdido.

El hollow luchó contra el lazo, no se resignó a ello. El Vasto Lorde liberó un poco de presión espiritual, dejándoles paralizados a ambos y azotándoles en el suelo unos segundos antes de detenerse. Moishee estaba seguro de que no lo hacía por ellos, sino por la fémina que se revolvió molesta por el cambio de ambiente.

Rugió, exigiendo que se largaran. Su mensaje no podía ser más claro.

Hizo el Sonido más largo de su vida, plenamente consciente de que había sobrevivido solamente porque al Vasto Lorde no podía importarle menos que haría ese debilucho.


Cuando llegó frente a la shinigami inconsciente, la recogió con una ternura que le pareció imposible, y el Arrancar tuvo que tragarse la frustración de haber perdido su oportunidad.

El hollow luchó contra el lazo, no se resignó a ello. El Vasto Lorde liberó un poco de presión espiritual, dejándoles paralizados a ambos y azotándoles en el suelo unos segundos antes de detenerse. Moishee estaba seguro de que no lo hacía por ellos, sino por la fémina que se revolvió molesta por el cambio de ambiente.

Rugió, exigiendo que se largaran. Su mensaje no podía ser más claro.

Hizo el Sonido más largo de su vida, plenamente consciente de que había sobrevivido solamente porque al Vasto Lorde no podía importarle menos que haría ese debilucho.

Ichigo sintió que volvía de un sueño demasiado largo.

Tembló horrorizado, no tenía idea de cómo había llegado allí, lo único que le daba algo de paz fue encontrar a Rukia entre sus brazos.

— ¿Rukia?— se agachó para sostenerla con un brazo y los muslos, con la mano libre tomó su rostro, con la intención de estimular para que respondiera y, a la vez, manchándose de ese extraño líquido gelatinoso que apestaba. La sentía respirar y no había herida visible, pero le preocupaba que estuviera inconsciente—. Rukia, responde, Rukia.

'Trató de tomarla. Debes de limpiarla'.

No entendía qué quería decir esa voz extraña, aún así le limpió el rostro con la mano, no tenía idea de si eso ayudaría, pero era lo mejor que podría hacer. Eso y que sentía como la ira se acumulaba dentro de él por algo, aunque no estaba seguro de porqué.

Se puso de pie y giró con ella en brazos, buscando alguna pista de lo que habría pasado, no podía llegar con Orihime sin explicaciones.

—Ichigo-dono— el alma artificial se levantó con dificultad, apretando lo que restaba del brazo del gigai de Rukia—. Un Arrancar, pyo...n, atacó a Rukia-sama. Hice lo que pude…

—Está bien no te preocupes— la tranquilizó, aunque por su voz quebrada era evidente él mismo sentía que moría de angustia también. Quería saber qué había pasado, pero Chappy no estaba en condiciones óptimas para reportar lo que pasó.

—El celular de...— se le acabó la voz pero sacó del bolsillo el dispositivo con funda rosa decorado con orejas afelpadas y una bola esponjosa que simulaba una cola de conejo, con esfuerzo se lo entregó a Ichigo, que con una mano marcó a Orihime de inmediato.

— ¡Inoue!— gritó apenas y escuchó que había entrado la llamada—, tienes que venir Inoue, Rukia está inconsciente, respira pero no responde… yo...

—Mándame ubicación, no te vayas a mover— la voz de su amiga se escuchó firme y tranquila, no por nada era Jefe de enfermeras—. Voy para allá— del otro lado ella parecía estar revolviendo sus cosas con prisa—, y Kurosaki-kun, respira profundo. Necesito que estés tranquilo para que cuides de Kuchiki-san en lo que llego.

—De acuerdo— sacó aire que no sabía que estaba conteniendo—, te espero.

— ¡Ichigo...! ¡Idiota!— No había terminado de colgar cuando Kon apareció de entre los arbustos, con la respiración agitada, era como si fuera a expulsar uno de sus pulmones si no reposaba un momento, el cuerpo de Ichigo no era el mismo de antes—. ¡¿Qué carajos?!

Kon se sintió espectador de una obra dantesca, Ichigo desesperado, su Nee-san inconsciente, su gigai maltratado a tal punto que casi fue una mutilación.

—Kon...— Ichigo le habló con falsa calma para sacarlo del pequeño shock, llevaba demasiado tiempo sin presenciar esta clase de situaciones—, tranquilo. Rukia… Rukia no está herida, pero necesito que mandes nuestra ubicación con mi celular a Inoue— Kon lo sacó del bolsillo del pantalón con algo de torpeza, afortunadamente el aparato se desbloquea con huella digital, y con temblorosos dedos le envía la ubicación a Orihime.

—Listo— anunció mientras se dirigía a Ichigo, quería asegurarse él mismo de que Rukia realmente estaba bien.

—Ahora, toma a Chappy, tienes que llevarla con Urahara.

—No, yo…

—No pasa nada, Chappy no va a morir, es un gigai. Pero Rukia va a necesitar su cuerpo al recuperarse. Yo seguiré tratando de ayudar en lo que llega Inoue— trató de distraer su nerviosismo dando tareas, pensando en que Rukia iba a estar bien.

— Pero Nee-san…— Rukia inhaló una gran bocanada de aire, como solía hacer después de tener una pesadilla—. ¡Nee-san!

Rukia aún sentía que no estaba en sus cinco sentidos, pero al menos podía reconocer quienes estaban con ella. Sintió el impulso de dar un golpe de bienvenida al notar que Kon por fin había aparecido, aunque no encontró la fuerza para hacerlo. Apenas y pudo sonreír.

—Kon. Volviste— le dolía la garganta, como si hubiera gritado mucho. Los ojos del cuerpo de Ichigo se llenaron de lágrimas de alegría, algo que usualmente pasaba cuando Kon lo usaba.

—Siempre, Nee-san, siempre voy a volver— la sonrisa de Kon era distinta a la de Ichigo, como siempre—, ¿estás bien?— Casi se la arrebata a Ichigo, pero este la apretó fuerte contra su pecho. Rukia no se asombró por la demostración de posesión de parte de Ichigo, por lo que se limitó a asentir, eso seguramente haría que ambos se calmen, tan sólo necesitaba poco a poco recuperarse.

— ¿Chappy?— la nombrada se acercó más, despacio, igual con los ojos brillosos por la angustia pasada y sintiendo el alivio actual—. Oh, Chappy.

Se lamentó de verla así, debía dolerle mucho.

—No se preocupe, Rukia-sama. Estaré bien, pyon. Usted también, ya viene Inoue-dono.

—Kon, llévala a con Urahara— Rukia le pidió suplicante al alma modificada. Kon se mordió los labios, iba a ser un camino largo—, por favor.

Asintió resignado, llevar a Chappy no iba a ser complicado, pero traerla de regreso, ya recuperada y con su carácter habitual, sí.

— ¿Estarás bien?— le preguntó mientras tomaba a Chappy entre sus brazos, usualmente sería una bendición tenerla así de cerca, pero el gigai estaba lleno de sangre falsa. No era precisamente una experiencia agradable.

—Lo estaré— le aseguró—, cuando vuelvan, Ichigo te preparará la cena, lo que sea que tú y Chappy quieran, ¿verdad?— le había notado especialmente callado, y eso le estaba preocupando.

—Sí— el que no discutiera le dio muy mala espina a los presentes, pero Kon no iba a comentar nada, de por si Ichigo había actuado extraño.

—Ve— a Rukia le urgía un poco hablar con Ichigo a solas.

— Recupérate, Nee-san.

—Lo haré— le prometió con una pequeña sonrisa.

Kon se dio la vuelta y dió uno de sus grandes saltos, esto iba a dejar el cuerpo de Ichigo hecho polvo, pero si amanecía no iban a poder llegar a tiempo por miedo a ser vistos.

Rukia sintió que su cuerpo le volvía a pertenecer, ahora más relajada sabiendo que Ichigo había llegado para rescatarla. Notó como sus labios estaban resecos, y que apretaban con fuerza la mandíbula, y aunque se sentía débil, no dejaba de preocuparse por Ichigo, todo su lenguaje corporal le gritaba que algo estaba mal.

— ¿Ichigo?— él la apretó aún más contra él, como si tuviera miedo de que se fuera a ir lejos—, está bien, Ichigo. No ha pasado nada.

El silencio se prolongó por un tiempo indefinido, hasta que Ichigo por fin se atrevió a hablar.

—El Arrancar— la angustia —, ¿te hizo daño?

—No, Chappy me protegió.

—Debí estar contigo— se recriminó a sí mismo, pero Rukia negó con la cabeza rápidamente.

—No es tu culpa, ni tampoco mía. Estas cosas pasan que nadie pueda preverlas. Creí que ya estabas acostumbrado.

—¡Pero yo debería de estar para ti! Se supone que debo de protegerte— Rukia sintió el calor bajar lentamente, desde su pecho hasta posicionarse en su bajo vientre.

—Bájame— aunque era una sensación agradable y más que conocida, no le gustó sentirse así tan repentinamente—. Me siento mejor.

— ¿Qué?

Rukia trató de empujarlo en vano.

—Bájame. No te lo estoy pidiendo, es una orden.

— ¿Por qué habría de hacerlo? Apenas y te puedes mover. Esperemos a que llegue Inoue.

—Quiero que me bajes, Ichigo— sus miradas chocaron en una batalla silenciosa, era obvio que ninguno quería dar el brazo a torcer. Sin embargo, Rukia desde el principio supo que sería la vencedora, siempre lo era. Así fue, Ichigo acabo soltándola con cuidado, asegurándose de que ella tuviera los pies en el suelo, aún sosteniéndola, con miedo a que fuera a caer—. Estoy bien.

Puso las manos contra su pecho, y sintió como la electricidad le recorrió el cuerpo entero en segundos. Se separó de él de forma abrupta, cayendo al suelo.

—No estás bien.

—Lo estoy, sólo me tropecé— se justificó sabiendo bien que no era la mejor de las excusas, pero prefería eso a quedarse callada.

—Rukia...— le reprendió sabía que había algo más allí. Rukia se sintió como una chiquilla, pero, sobre todo, avergonzada de lo que sentía. Aún así, tomó la mano de Ichigo cuando él se la ofreció para ponerse de pie.

—Estoy bien, en serio— trató de ser sincera, pero la culpa de no decirle lo que estaba pasando destilaba de su voz—. Él no me hizo daño, no tienes que sobreprotegerme, no soy débil— Ichigo asintió, aguantándose las ganas de suspirar resignado a que si Rukia no quería contarle algo, no había modo de sacárselo. También se recriminó un poco por volver a hostigarla respecto a su seguridad—. Dime, ¿qué pasó con el Arrancar y el hollow?

— ¿Uh?— preguntó descolocado.

—El Arrancar que llevaba un hollow de mascota, Moi-Algo, no recuerdo cómo es que se llamaba— divagó un poco, recriminándose ahora el no recordar, no iba a poder levantar el reporte de manera adecuada—. ¿Peleaste con él? ¿O huyó?

—Yo… no lo sé.

— ¿Cómo no vas a saberlo?— le vio incrédula, e Ichigo sabía que ella tenía toda la razón para estarlo.

—No lo sé, y créeme que me preocupa más a mí que a ti— confesó, y le dolió mucho notar en los ojos de Rukia la duda.

—Ichigo— le tomó de ambos antebrazos, apretando con ambas manos. Probablemente esto le iba a doler, y tenía que buscar la manera de contenerle—, estoy preocupada por ti. En verdad.

—No hay nada de qué preocuparse— Ichigo trató de calmarla, necesitaba que ella estuviera bien, si Rukia se ponía mal también, ¿quién iba a ser su luz?

—No necesariamente es algo malo— empezó a barajar posibilidades—, quizá solamente baste con ir a con Urahara.

—No sé si quiera saber qué es lo que me pasa.

—Debes de saberlo.

— ¿Y qué tal si estoy demasiado mal? ¿Si ser un híbrido espiritual está desmoronándome, si mi alma es inestable?— era una posibilidad que se había planteado hace mucho, nunca había existido alguien como él—, ¿y si es el hollow?

—Tu hollow está amaestrado— Rukia le aseguró—, no va a ganarte. Eres más fuerte que eso, Kurosaki Ichigo.

—No sé si pueda contra mí mismo.

—Puedes hacerlo, de lo contrario no te dejaré escoger la siguiente película y veremos de nuevo Black Sheep— trató de aliviar la angustia con una broma.

—Pero esa película es malísima— entendió de inmediato que trataba de animarlo—, preferiría volver a hacer un maratón de la recopilación de cortos de Chappy.

—No soy tan mala— le acarició el mentón, e Ichigo le tomó la mano izquierda y le besó la parte interna de la muñeca. Rukia sintió ese ardor que había calmado al verle consternado crecer una vez más. No obstante, empeoró cuando notó el brillo dorado que tomaron los ojos de Ichigo.

Sintió que iba a desaparecer producto de una combustión espontánea.

Ichigo se inclinó para besarla, pero el rugido de un hollow a lo lejos le interrumpió.

—Creo que deberías de ir por él— propuso tímida—, no estoy segura de cuántos se me escaparon.

Ichigo dejó salir un largo suspiro.

— ¿Puedes usar Kidou?

—Estoy casi como si nada— se tragó las ganas de pedirle que se quede con ella, que la lleve a casa, que la haga olvidar con sus manos y besos este horrible encuentro—. Además, Inoue no debe tardar.

Ichigo asintió, dándole un beso en la frente. Rukia se sintió tonta por hacerlo, pero antes de que se pudiera separar le abrazó con fuerza. Ichigo correspondió con la misma intensidad, apoyando su barbilla en el azabache cabello.

—Todo va a estar bien, enana, ¿verdad?

—M-hmm— contestó sin ganas de querer hablar ni de soltarlo. Él olía demasiado bien. Pero tenía que dejarlo ir—. Anda.

Le dio unas palmaditas en la espalda y levantó la vista para verlo a los ojos. Era una cursi que por alguna razón ya le estaba extrañando.

—No tardaré— él se sentía igual, pero debía apurar el paso—, te veré en casa.

Y su hombre se fue para ser el héroe de nuevo.


—Gracias por traerme, Inoue— habló ya estando dentro de la casa, apoyada en el marco de la puerta. Se sentía mejor, aunque el ardor en el vientre se había vuelto un dolor leve.

—Oh, no tienes nada que agradecer Kuchiki-san— Orihime de inmediato trató de evitar las incómodas disculpas.

—Pero es que te hicimos venir por nada.

Orihime sonrió relajada, casi como si estuviera hablando con uno de sus pacientes tercos del hospital.

—Esto no ha sido molestia. Somos amigas, y yo lo hago con mucho gusto.

—Pero Hoshi— volteó a ver al pequeño en el asiento de atrás, en su sillita de coche, que de vez en cuando terminaba por cerrar sus ojitos pese a negarse a hacerlo—, mañana va a estar de mal humor.

—Nah, por eso no te preocupes— estuvo a punto de bromear con que ese sería problema de la niñera porque le tocaba turno matutino, pero eso haría a Rukia sentirse peor, y quería evitar esto a toda costa.

—La siguiente semana conspirare contigo para que veamos Los Piratas del Caribe de nuevo— la morena le prometió como compensación.

—Trato hecho— le tomó de la mano cerrando el pacto.

—Y también le diré a Ichigo que quiero un bebé— eso tomó por sorpresa a Orihime, que abrió la boca, sorprendida—. No pienso perder más tiempo, lo amo, y sé que me ama— agachó la vista, algo avergonzada de decirle eso cuando sabía bien lo que su amiga solía sentir por Ichigo, aunque eso era cosa del pasado no había modo real de saber si eso podría dañar los sentimientos de Orihime—, les contaré como me fue en la siguiente reunión.

—Eso suena como un plan genial, me pregunto qué dirá Kurosaki-kun— estuvo a punto de empezar a plantear escenarios pero Hoshi empezó a menear su sonaja, a modo de reclamo por atención—, luego me cuentas cómo lo harás. Ya tengo que retirarme, es algo tarde.

—Me avisas cuando llegues a casa.

—Claro— se apartó para ir en dirección a su auto—, si notas algo raro no dudes en avisarme. Te llevaré con Urahara de ser necesario.

Le repitió por cuarta vez, y es que Rukia era capaz de irse sola.

—Lo haré— se quedó un instante pensando en si contarle cómo se sintió en el parque, pero le ganó el pudor, además de ser consciente de que a Orihime le daría más vergüenza—, descansa.

—Dulces sueños— Kuchiki-san.

—No olvides avisar— Orihime le regaló una última sonrisa amable antes de entrar al auto.

—Dile adiós a Kuchiki-san, Hoshi.

—Byeeeee— gritó el bebé desde adentro mientras decía adiós con su manita.

—Adiós, terroncito de azúcar— Rukia le devolvió el gesto con una sonrisa tierna en el rostro.

Esperó hasta que les perdió de vista por la distancia, y sólo entonces cerró la puerta. Se apoyó en esta como si se fuera a caer.

«Si todo sale bien… si todo sale bien yo tendré mi propia fresita pronto.»

Rukia se prometió a sí misma. El miedo no la iba a detener. No estaba segura de si era el momento indicado por las dudas que Ichigo tenía, pero plantear su deseo no significaba que iba a ser de inmediato. Sólo es un plan que podrían detallar cuando las inquietudes de Ichigo sean resueltas.

Se pasó la mano por el cabello, y entonces percibió un olor muy fuerte viniendo de allí.

Fue al baño avergonzada. No se había percatado de lo mal que olía, y aún así Ichigo la mantuvo pegada a él, y la abrazó. Peor, debió de apestar el carro de Inoue. Le debía más que conspiraciones y un chisme, tenía que llevar su auto al lavado aunque Orihime se fuera a negar.

Se quitó el shihakusho en tiempo récord, tán rápido que hasta dolió un poco. Lo arrojó tan lejos como pudo, lo más seguro es que lo iba a tener que desechar.

Acarició sin ningún rastro de malicia sus omóplatos, pero se detuvo casi de inmediato al percibir lo exageradamente bien que se sentía.

Negó con la cabeza y abrió la llave del ofuro[3], se merecía un largo baño de agua tibia después de todo lo que había pasado.

Abrió el gabinete y seleccionó de entre todas las esencias la de vainilla, no tenía ganas de algo demasiado fuerte. Roció un poco en el agua aunque todavía no dejaba que llegará al nivel que usualmente esperaba.

Se permitió un momento para observarse frente al espejo, o más bien, para analizar su desnudez.

No era una mujer particularmente acomplejada. Pero muchas veces se preguntó por qué, de todas las mujeres, Ichigo la eligió a ella. La respuesta era obvia, Ichigo la amaba. No pones patas arriba un sistema militar por devolver un favor. Rukia le amaba, daría su vida por él, ayer, hoy y cada vez que fuera necesario en el futuro.

¿Sería egoísta pedirle un hijo?

Acarició su vientre, prácticamente plano, pálido por la poca exposición al sol y frío al tacto, pero al mismo tiempo justo en ese momento un poco más abajo se sentía como una caldera a punto de explotar, pasó las manos por sus caderas, y aguantó las ganas de morderse los labios.

Su mano bajó un poco más, pero se detuvo al notar que el agua estaba a punto de rebasar el borde. Prácticamente corrió para poder cerrar la llave, no quería mojar el piso y tener que trapear.

Entró a la ducha y abrió el maneral de la regadera, llegándole de inmediato el golpe del agua fría, se estremeció, pero eso tan sólo avivó lo que sentía.

Se sentía demasiado avergonzada de ello.

Deseo. Si bien por casi toda su vida permaneció durmiente, se volvió en algo recurrente desde que inició esta relación prohibida con Ichigo.

Pero nunca había sido tan...crudo.

Esta vez sí se mordió los labios, quizá era la adrenalina de lo que había pasado en el parque, sólo tenía que esperar a que Ichigo regresará a casa, y entonces todo se solucionaría.

¿Verdad?

Se talló la cara, sintiendo cómo se le calentaba de tan sólo pensar en todo lo que le haría al regresar.

«Primero lo primero.»

Pensó al cerrar la llave. Tomó el champú y dejó caer una más que generosa cantidad en la palma de su mano, tenía que deshacerse del olor, no iba a ponerse en modo romántico con ese aroma encima.

El calor no se detuvo aún con el agua fría y mucho menos con la agradable temperatura del baño. Para lo único que le sirvió esto fue para que sus pezones se erectaran de manera casi dolorosa y cada uno de sus poros estuvieran sensibles ante cualquier clase de contacto.

—Ah— se cubrió con la mano para acortar el pequeño gemido. Se sonrojó furiosamente, no esperaba esa reacción.

El calor de su cara continuó creciendo y moviéndose; fue algo progresivo, que empezó por su cabeza y recorrió suavemente su espalda hasta llegar a cada una de sus extremidades, haciendo que la yema de los dedos le ardan.

Mordió su labio, sintiendo el peso del deseo en todo su cuerpo. Continuó lavándose el cabello, haciendo que más espuma se formará entre sus mechones y cayera en su piel delicadamente, haciéndola arder intensamente.

Se permitió pasar sus dedos en esos lugares dónde cayó la espuma, acariciando la ardiente piel. Suspiró al tacto, jamás se había sentido así de sensible.

Aunque su cerebro no estaba funcionando bien, debía de admitirlo, trató de encontrar una explicación lógica a esto.

¿Sería posible que esto fuera causado por el hollow? Era lógico, después de todo el Arrancar no tenía intenciones sanas.

Subió a su cuello y hombros, se talló más fuerte, tratando de eliminar cualquier rastro de esa sustancia viscosa sobre su piel. Ese extraño deseo no se detuvo, sino que se intensificó.

Abrió el grifo del agua y se puso debajo de este, tratando de que su cordura volviera.

Debía llamar a Orihime, ella sabría qué hacer. También debería de venir Ichigo lo más pronto que fuera posible ¿Qué haría si el Arrancar volvía por lo que no terminó?

Volvió a ponerse champú en la mano, pues no alcanzó a razonar el que tenía allí mismo el jabón líquido, lo restregó contra su piel. Con las uñas estaba raspando ligeramente, ahora pasando por sus caderas.

Se arqueó ligeramente, era como si una especie de dolor placentero le invadiera.

«Ichigo.»

Rogó en silencio porque llegue.

Siente como su clítoris arde, ya completamente erecto.

Rukia cierra los ojos y se da cuenta de lo difícil que le resulta respirar. Abre de nuevo la llave para quitarse los restos de champú.

«No le hará daño a nadie sí…», Rukia pasa sus manos a su vulva, pasando sus dedos entre los vellos en su monte de Venus, considerando la posibilidad. Pocas veces había tenido que hacerlo, cuando acarició sus labios mayores sintió como el calor aumentaba y todo su cuerpo se despertará de un sueño muy largo.

«…Es sólo en lo que llega Ichigo».

—Ah— suspiró entrecortadamente, continuando con su lenta autoexploración. Ella ya sabía donde tocar, Ichigo le había enseñado muy bien. Continuó tocando con algo de desesperación su interior, se sorprendió a sí misma al sentir que estaba tan húmeda a juzgar por la facilidad con la que sus dedos entraban y salían de su vagina.

No se resiste y acaba tirándose al suelo, las rodillas le arden por el golpe, pero no para, ve el ofuro, parece que está tan lejos… eso no la va a detener, ¿verdad? Jadeó, no sabe si porque no puede respirar adecuadamente o por el placer que siente. Ni siquiera está segura de cómo se levantó, mucho menos de sí cerró la llave de la regadera, pero la fría losa cala en las plantas de sus pies, no detiene su camino hasta que se mete dentro del baño caliente.


Ichigo entró a su casa por la ventana, las llaves se habían quedado en los pantalones que llevaba Kon. Podría haber tocado y esperar a que Rukia le abriera, pero no estaba seguro de cómo la iba a ver a la cara, ¿qué iba a hacer si ella sabía lo que pasó y sólo fingió no hacerlo?

«Rukia no me mentiría. No lo haría. No con algo tan delicado.»

Se repitió eso una y otra vez. Estaba tan ensimismado en ello que no se dio cuenta que en los bordes de la ventana donde ha apoyado las manos había dejado una especie de seda de color blanco cremoso.

Se acostó en la cama, sintiéndose abrumado, porque aunque había sido el héroe, no supo cómo pasó.

Tenía que hablar con Rukia, pero primero quería darse una ducha. El aroma de ella en la habitación le había pegado como nunca antes, y por alguna extraña razón, le provocó una erección. Ichigo bajó la mirada a su ingle, estaba exhausto, ¿cómo era posible?

'Rukia. Ir a ella'.

«No.»

Trató de ganar algo de control sobre su cuerpo, y caminó hacía la el baño adjunto a la habitación, con la mirada oscurecida, dejando detrás de él esa misma seda blanquecina en la cama y con cada paso que daba, haciéndola crecer, extendiéndose poco a poco por el área. Se paró frente a la puerta, con la mano en la perilla, a un segundo de girarla pudo percibir que había diferente.

—Aaah.

«Rukia.»Sabía que era ella, no tenía duda de ello. Se quedó congelado, con su cerebro tratando de procesar qué estaba pasando. Ichigo pegó la frente contra la puerta de madera, escuchando los débiles gemidos que venían de dentro y el apenas perceptible sonido de chapoteo.

¿Rukia estaba…?

'Está esperándonos'.

—Ichi-

Su voz sonaba deseosa, como cuando llevaban un rato con él jugando con su delicioso cuerpo, Ichigo cerró los ojos, sintiendo la sangre aglomerarse con casi furia en su pene, haciendo incluso más difícil el pensar.

Rukia se estaba masturbando del otro lado, sólo una puerta se ponía en su camino.

'Entra. Complácela'.

La respiración se le agitó progresivamente, sin que se diera cuenta de ello, era como si tuviera todo el universo en medio, impidiendo que vaya a ella.

'Te está esperando'.

Se arrancó el obi casi con furia e hizo jirones el resto de su shihakusho[4], arrojando las cosas lejos como si le quemara. Estuvo a punto de tropezar cuando trató de quitarse los tabi[5], pero ya estaba desnudo, excitado y sobre todo, listo.

Giró la perilla y abrió la puerta, no fue un movimiento brusco ni cauteloso, sino uno simple y casual, al tener acceso a la habitación, fue cegado por unos segundos por la luz blanca que relucía contra los azulejos. Una vez que su vista se adaptó, pudo observar la más hermosa de las imágenes.

Rukia tenía a cada lado del ofuro sus blanquecinas piernas, con los ojos cerrados mientras el cuello estaba extendido con una expresión de placer inconcebible, el rubor que recorría toda la extensión de su rostro, hasta el cuello e incluso un poco de su pecho era prueba de ello.

La voz en su cabeza ronroneo.

Abrió uno de sus ojos, el ocasional color violeta se encontraba opacado.

'¿La vas a hacer esperar?'

—I-Ichigo— le llamó sin detenerse, pequeñas gotas golpeaban en la pared al ritmo del movimiento de Rukia—. ¿Q-qué…? Ah... ¿Qué haces desnudo?

Ichigo entró en la habitación, ya convencido por la voz en su cabeza. Rukia abrió su otro ojo, viéndole caminar, pese al trance, no quiso perderse nada de la belleza del hombre frente a ella.

—No lo sé— le respondió mientras caminaba, dejando la puerta abierta. Rukia notó como a su paso iba desprendiendo reiatsu, y aunque definitivamente era extraño, estaba demasiado ocupada con lo que tenía entre manos como para preguntar—, ¿dime qué haces tú en el ofuro?

—Tonto— ella no se iba a detener y mucho menos sentirse avergonzada. No considerando que el miembro de Ichigo se encontraba completamente erecto. Introdujo un dedo más, deseosa de que él estuviera dentro de ella, continuando con la búsqueda de satisfacción—. ¿Acaso no puedes ver?

—Oh, claro que puedo ver— estaba ya frente a la tina, aunque se mantenía fuera de ella, y podía verla ahora con claridad. Había algunas burbujas por allí y por allá, en general bastante vapor por el agua caliente, pero no era suficiente para empañar la imagen de Rukia, era abrumador ver su cuerpo desnudo, incluso después de tantas veces de haberlo visto. Rukia se encontraba con su pequeño pecho apretado por su mano derecha mientras que la izquierda se encontraba entre sus piernas, tres de sus dedos estaban entrando y saliendo con prisa.

—Dios, mírate— se arrodilló frente a ella besando su mejilla—, no te detengas.

'Deliciosa. Lista para recibir nuestra cría'.

—Ichigo— aunque ese pensamiento tan primitivo desconcertó a Ichigo, no lo detuvo. Continuó con su camino de pequeños besos, yendo por toda su mejilla y mandíbula, Rukia curvó sus dedos dentro de ella, estimulando su punto G por primera vez por su cuenta, Ichigo adoraba hacerlo porque ella comenzaba a temblar, pero nunca lo había hecho, la respuesta de su cuerpo fue un poco más leve, pero estuvo presente—. Ichigo, ah. Estoy, estoy cerca.

— ¿Lo estás? Hazlo, no te detengas— Ichigo tomó su pene con su mano, empezando a masturbarse cuando le mordió el lóbulo de la oreja—, quiero ver como te corres.

—I-Ichigo— paró de estimular su centro con la esperanza de ralentizar el proceso, pero ahora ambas manos se encontraban apretando entre sus dedos sus rozados pezones, incapaz de dejar de tocarse a sí misma—, no, no… no quiero hacerlo sola.

—Tú puedes hacerlo, anda conejita— Rukia se estremeció cuando le llamó por su apodo, ese que únicamente usaban cuando estaban en la cama, a lo que Ichigo aprovechó para unir sus labios con los de la Kuchiki con hambre, hambre de ella. Su mujer le recibió gustosa, abriendo su boca con su acostumbrada delicadeza, esperando la caricia de su lengua contra la suya.

Maldición, ella sabía tan bien.

Y su olor, joder. Era el mismo olor agradable que ella desprendía, pero lo percibía un poco más dulce, como si lo quisiera llevar a la locura.

'Está lista, lista para una cría'.

Cuando se separó de ella, se relamió los labios.

—Te necesito— le confesó Rukia, evidentemente desesperada.

—Hazlo para mí— dejó de estimularse y tomó una de las manos de Rukia y la llevó a su intimidad, mojando su brazo en el proceso—, tócate.

Rukia obedeció haciendo pequeños círculos alrededor del capuchón de su clítoris, sin tocarlo directamente. Ichigo abandonó el agarre sobre su muñeca y mientras tanto le acariciaba los muslos con una paciencia que era un tanto escalofriante. Ichigo solía ser más demandante, más impaciente. No así de meticuloso.

—Bésame— la petición fue más bien un gemido suave, Ichigo apretó la carne de su muslo, besándola con gusto, sintiendo todas las ganas de hacerla suya en ese preciso momento, pero iba a esperar. Sólo un poco más.

'Debes prepararla bien'.

— ¡Aaah!— Rukia se arqueó al sentir como Ichigo con algo de brusquedad introdujo dos de sus dedos dentro de ella, llegando más profundo de lo que ella había hecho minutos antes.

—Estás muy mojada— susurró contra su boca, para después morder el labio inferior. Rukia sintió una corriente de electricidad ir de sus labios a su intimidad, haciéndola temblar—. Quiero sentir como te vienes con mis dedos—, el reiatsu de Ichigo estaba creciendo, envolviéndose alrededor de ella, como si estuviera animándola a llegar al clímax.

—Ya casi— se le escapó un gritito cuando él volvió a entrar en ella, separando un poco sus dedos, extendiendo las paredes de su vagina. Como respuesta empezó a tocar directamente su clítoris, dándole golpecitos con la punta de sus dedos de manera rítmica, acercándose cada vez más al borde de la ansiada 'pequeña muerte'.

Ichigo reconoció el patrón, así que la besó como si deseara devorarla entera.

Gotas de agua chapoteaban al ritmo de los dedos de Ichigo y Rukia, que ya estaba frotando con mayor velocidad su clítoris. Se arqueó con fuerza, sintiéndose presa de un orgasmo, temblando y con su grito ahogado contra los labios de Ichigo.

El joven de cabellos naranjas continuó besándola, y ahora sintiéndose como si en cualquier momento podría romperse en pedazos notó que el cabello que Ichigo había crecido. Su piel se está poniendo pálida.

— ¿Ichigo?— le preguntó, con voz quedita, aún con las piernas débiles por sus acciones previas.

'Está lista. Está pidiéndolo'.

—Rukia— su voz suena ronca, casi ajena. Pero ella sabía que allí estaba Ichigo. Él la vio con sus ojos nublados, con el deseo pintado en sus iris. La tomó de ambos brazos y la obligó a ponerse de pie. La pelinegra sintió que podría caer, pero estaba segura de que podía con esto y más.

Y sobre todo, que deseaba más.

Lo jaló para poder besarlo, ahora con las pocas inhibiciones pérdidas, acariciando sus hombros mientras pegaba todo lo que podía su cuerpo contra el de él. Ichigo rompió el beso poco después, le lamió los labios, y con la punta de su lengua inició un camino tortuoso en línea recta por su cuello. Rukia sintió sus manos posarse en sus caderas, e inicia un recorrido hasta llegar a sus nalgas, apretándolas. Gimió a modo de protesta, sus uñas… sus uñas estaban más largas de lo común y habían dejado un rostro rojizo a su paso. Él la besó de nuevo para disculparse.

'Mía. Perfecta para nuestra cría'.

Rukia temblaba al sentir una oleada de calor golpearla nuevamente, incluso más intensa que cuando llegó a su casa.

Rukia sentía una vez más el reiatsu de Ichigo a su alrededor, colándose en su alma, marcándole, sacando cualquier resto de la impureza del hollow que la atacó. Ahora se sentía completa con él a su lado.

Ichigo la cargó y la apoyó en su pelvis, eso la hizo gemir feliz al sentir su pene caliente contra su vulva. Se arqueó, ofreciéndole sus pechos.

'Y ella lo sabe'.

Ichigo no lo dudó ni un poco, la puso en el suelo para agacharse, y poner una teta en su boca, jugueteando con el pezón con su lengua mientras daba succiones ocasionales, Rukia lloriqueó porque vió su pene palpitar y extrañaba la sensación de este contra ella, lo quería. Lo necesitaba dentro suyo.

—Límpiame, soy sólo tuya— él se entusiasmó por sus palabras, lamió la aureola para después morder delicadamente la punta del pezón, jalándolo para torturarla—, Ichigo— susurró eróticamente, ahora con la lengua hacía su camino a su otro seno, repitiendo la fórmula con los ojos cerrados—: ¡Ichigo!

Rukia siente un calor desconocido en su vientre. Le acarició sus cabellos naranjas, a lo cual Ichigo acabo abriendo los ojos, sabiendo que le llamaba, y la shinigami pudo notar el color dorado de su iris y la esclerótica negra.

«Hollow.»

En un par de ocasiones mientras tenían sexo en su forma espiritual había notado cómo sus ojos tomaban ese mismo brillo azul que cuando la rescató del Sokyoku o un ligero toque dorado.

Pero esto era diferente.

—Wukia— habló sin sacar completamente su seno de su boca, succionando con fuerza.

—Aaah, Ichigo— no le alteró este cambio, quien estaba con ella era Ichigo, el hombre de su corazón. No tiene miedo de él—. Por favor.

— ¿Por favor qué?— succiona con aún más fuerza su pezón—. Dilo.

—Tócame— el rosa de sus mejillas se vuelve un profundo rojo.

'Tan dispuesta'.

— ¿No es eso lo que estoy haciendo?— preguntó pícaro, ahora sosteniendo ambos senos con las manos, apretando la suave carne con ella mirando a un lado—. Vas a tener que ser un poco más específica, dime, ¿qué parte de ti quieres que toque?

—Toca mi coño, te necesito dentro de mí— Rukia se sonrojó, usualmente no usaba esa clase de lenguaje, lo consideraba impropio, pero sabía que esto mismo provocaba a Ichigo, y lo quiere borracho de deseo para que haga con ella todo lo que en silencio esperaba.

'Marcala, que el mundo sepa que es tuya'.

Le escuchó gruñir mientras se escondía en la curva de su cuello, chupando la piel, iba a dejar una marca grande. Pero eso no le importó a Rukia, no cuando su mano se deslizó por su vientre hasta su intimidad.

—Joder, Rukia— Ichigo jadeó cuando introdujo tres de sus dedos en el primer intento—, estás tan mojada.

Rukia asintió, estaba empapada, y no era por haber estado en el ofuro, sus muslos ya tenían marcado un camino por sus fluidos. Ichigo, ante su aparente timidez, retiró sus dedos de su interior y empezó a frotar su clítoris con la punta de estos, y Rukia de nuevo pudo sentir las uñas largas, de color negro, que le hacían temblar por esa extraña y desconocida mezcla de placer y dolor.

—Oh, Ichigo— Se arqueó, a lo que Ichigo le sujetó de la cadera, pensando que ella podría caer. Rukia se posicionó abriendo un poco más las piernas, dándole mayor área para trabajar y para mantenerse de pie. No se iba a arriesgar a un accidente.

No va a detener ese placer que le recorre desde su intensidad hasta la punta de los dedos.

—Bésame— le dio una orden clara jalándole el cabello, que le llega ya a nivel del esternón, para acercarlo a sus labios. Como pocas veces, el antiguo Ryoka acabó obedeciendo, sin dejar de estimularla con su mano mientras masajeaba sus glúteos con la otra. Cuando Ichigo entró en su boca, Rukia sintió un escalofrío recorrerle toda la columna vertebral, su lengua… se sentía más larga de lo normal, casi de manera obscena. Temblaba de la emoción ante la idea de que podría hacerle con esta.

Pone los ojos en blanco, perdiéndose en las sensaciones, como si su beso elevará esas ansias de él. Quizá era así.

Cuando se separó de él, había un rastro de saliva que aún conectaba sus bocas, los ojos hambrientos de Ichigo, con su cabello enmarcándole el rostro eran una espectacular obra de arte. Rukia no pudo evitar pensar que jamás se había visto tan hermoso mientras se relamía los labios. Se le quedó viendo por unos segundos, resistiendo el impulso de cerrar los ojos, quería venirse mientras le veía directamente.

—Oooh, I-Ichi-Ichi— se apoyó de sus brazos para no caerse, sintiendo que el mundo se le venía abajo, pero aún así mantuvo su cuello extendido para poder verle a la cara, con los ojos brillando y el rubor extendiéndose por el resto de su cuerpo—, Ichigooooh mmm…

'¡Preciosa!'

—Te ves tan hermosa, Rukia— acarició su cabello, con delicadeza, pero Rukia sintió como sus pezones se endurecían aún más por el eco en su voz—, quiero verte así todos los días. Toda la vida.

Rukia se le lanzó y lo besó, emocionada por sus palabras, prácticamente colgando de su cuello hasta que él, para darle un obvio soporte, la abrazó contra él, con su palpitante pene pegado a ella.

«Lo quiero dentro, hasta el fondo, cabalgar mientras está recostado en el suelo» y aunque Rukia moría por ello, y casi se lo pide cuando detuvo el beso porque necesitaba respirar, sabía en el fondo que su Ichigo se merecía mimos.

—Bájame— fue un susurro apenas perceptible, y aunque parecía estar algo en contra de ello, los pies de Rukia de nuevo hicieron contacto con el suelo.

Rukia tomó un mechón de cabello de Ichigo y lo besó, percibiendo un olor inusual a naranja, muy diferente a la colonia que él solía usar, pero no le extrañó, por alguna razón se sentía bien.

Besó el hueco de su marcada clavícula, que se encuentra ya tintada de negro, pero no se detuvo para acariciar las caderas con delicadeza. Ichigo trató de tocarla de nuevo, estimularla directamente.

—Ah, ah— le negó con un beso corto en los labios—, ahora me toca a mí.

La voz protestó con un gruñido, pero le hizo callar para complacer a su mujer.

Frotó su vientre con su miembro erecto, que estaba ya expulsando abundante líquido preseminal. Rukia se relamió los labios por ese detalle.

Fue regando besos por toda su clavícula hasta llegar al esternón, que tomó como si fuera una flecha que indicaba que debía ir hacía abajo. Sonrió con orgullo cuando notó la respiración de Ichigo acelerándose incluso más.

—N-no tienes que— dijo cuando Rukia se encontraba de rodillas frente a él, y ella frunció el ceño.

—Yo quiero hacerlo— tomó su pene entre sus manos, apretando con la fuerza suficiente para sacarle un gemido por el contacto—, y lo voy a hacer.

Aún tenía poca experiencia con el sexo oral, pero no podía ser tan mala, ¿verdad? No es que no le gustará, es que simplemente solía ser algo cohibida en ello. Justo ahora quería hacerlo, sentía un cosquilleo en los labios por intentarlo.

Empezó a masturbarlo lentamente, para familiarizarse una vez más con sus reacciones a sus estímulos, levantó la vista, sus ojos estaban fijos en ella, en cada una de sus acciones. Rukia le observa con algo de duda, porque aunque está decidida no puede evitar sentirse así.

Le besa sus fuertes muslos, haciéndole respingar ante el tacto, Rukia acarició su piel, pasa sus manos con delicadeza por sus nalgas, Ichigo se tensó un poco, pero en cuanto vuelve a ponerlas en sus caderas se relajó, y cuando finalmente están una vez más en su pene, sosteniéndole. La lengua se dirigió de la base hasta el glande, despacio, quizá demasiado, pero al llegar a la punta lo introduce en su boca, succionando suavemente, introduciéndolo, ahora cerrando los ojos para no sentirse tan nerviosa.

Él le acarició los cabellos, para transmitirle confianza, y Rukia sabe que lo está haciendo bien por la manera en que Ichigo de vez en cuando movía sin querer sus caderas cuando lo introduce un poco más. Aunque le gustaría poder hacerlo, es imposible albergarlo completamente dentro de su boca, es demasiado grande.

—Oh, Rukia— Ichigo casi lloriqueó cuando hizo de nuevo el recorrido de su lengua por su extensión, pero esta vez al revés, de arriba para abajo y alternando con besos por la circunferencia, viéndole a los ojos. Regresa al glande, lamiendo con la punta de la lengua el orificio uretral, haciendo que Ichigo tiemble de manera apenas perceptible—, joder— Rukia se sinitió segura de sí misma, y la lame con ternura, rodeando toda la corona, metiéndole dentro de su boca de nueva cuenta, chupando con mayor intensidad. Le escucha gemir una vez más, y aprovecha la saliva que ha dejado para masturbarle con movimientos semicirculares mientras su mano sube y baja por el tronco, sintiendo como las venas están marcadas.

Levantó la vista, Ichigo está respirando tan rápido, como si fuera a morir y trataba de obtener un último aliento, no pudo evitar querer reir un poco por la vista, haciendo que el varón pueda sentir el interior de su boca vibrar, gruñe por el placer de esa nueva sensación. Rukia se retiró, encontrandose con su pene brillando por la saliva. Se veía tan delicioso. Lo toma de la base, golpeándole suavemente contra su lengua, Ichigo la sujeta de sus cortos cabellos para tratar de volver a meterlo, pero la shinigami sonrió para después besar su miembro.

Se puso de pie, y aunque la decepción en el rostro de Ichigo es notable, con sus ojos tan diferentes aún es capaz de saberlo, cuando le besó él no se niega, Rukia le empezó a masturbar entonces, con Ichigo mordiéndole los labios.

—Quieres correrte en mi boca, ¿verdad?

'No. Debemos hacerlo dentro de ella'.

—Ru-

Trató de apartarse, obedeciendo la voz, pero Rukia le tomó de la cadera, viéndole suplicante.

—Yo quiero que lo hagas. Déjame probarte, nunca me has dejado hacerlo.

Le besa de nuevo, e Ichigo sabe que no podrá negarse esta vez, antes tendía a interrumpirla y terminar mientras la penetraba, pero si eso era lo que ella deseaba, iba a hacerlo realidad. Rukia sonrió, viendo con cariño como su hombre le iba a permitir cumplir esa pequeña y secreta fantasía, sintió que por sus muslos escurrían sus fluidos producto de la excitación.

Se puso de nuevo de rodillas, decidida a todo. Cerró los ojos cuando la cabeza del pene tocó sus labios, dejándole entrar poco a poco, explorando cuáles serían sus límites. Ichigo la dejó estar, relajándose y disfrutando aún más de las caricias de ella, dejando salir gemidos cada tanto. Cuando llegó a su límite, Rukia comenzó a subir y bajar, retándose a sí misma, dando ocasionales lengüetazos y a veces soltando el pene para darle besos en la punta.

—Correte, Ichigo— le ordenó mientras lo masturbaba con rapidez gracias a la lubricación proveída por su saliva, abriendo la boca para recibirle. Ichigo dio un paso hacía ella, y Rukia selló sus labios alrededor de su verga, cerrando los ojos, jugando con la punta de su lengua contra la uretra. Ichigo no pudo contra eso, y con un gruñido que sonaba como el de un animal, soltó la abundante semilla de su palpitante carne dentro de su boca. Rukia siguió succionando, y para su sorpresa, más y más salía. Se sentía un poco espeso, y era salado, pero definitivamente le había gustado el sabor. Después de esto iba a querer repetir esto de acá en adelante.

Le sacó despacio, e Ichigo dejó salir un sonido muy similar a un lloriqueo mientras soltaba un pequeño y último chorro en la mejilla de Rukia. En otra ocasión se habría molestado, pero la pelinegra entendió que no tenían mucha práctica, por lo que acabó soltando una risita para después besar una última vez su pene.

—Creo que lo he hecho muy bien, te corriste mucho.

Ichigo permanecía en silencio, probablemente demasiado perdido en el placer orgásmico que le ha proporcionado su diosa de la muerte. Pero Rukia abrió los ojos sorprendida al notar que seguía duro y grande, ¿cómo es que volvía a estar tan pronto erecto? No lo sabía, pero iba a tomar ventaja de ello. Empezó a volver a ponerlo en su boca queriendo repetir la experiencia, pero Ichigo la sujetó del brazo, poniéndola entre sus brazos, pegándola a su fuerte pecho.

Ichigo se la lleva del baño y la mete a la habitación, casi aventándola a la cama, que se encuentra parcialmente envuelta en esa extraña telaraña. Rukia pega un chillido, un poco asustada por su brusquedad, pero cuando él se le lanza encima como si fuera una presa, se calma.

—Rukia— le besó, ella piensa divertida que quizá ambos perdieron la cabeza. Ichigo tomó sus piernas y las abrió tanto que le resultó un tanto doloroso, se alineó con ella y comenzó a frotar su pene contra sus mojados labios, y entre jadeos, confiesa—: Rukia, te amo.

Rukia siente que el corazón le va a explotar de la emoción.

—Yo también te amo, idiota— dice con los ojos marcados por pequeñas lágrimas de felicidad, liberada de ese tortuoso secreto. El brillante cabello naranja que ya le llega hasta la cadera la cubre como un velo, y ella acaricia las marcas negras que hay en el pecho de Ichigo, que tan sólo ensalzan la belleza de su masculino cuerpo, que ahora puede notar un poco más robusto—-, quiero todo de ti.

'Es hora'.

Ichigo se separó de ella, con la intención de ir a por el cajón de la cómoda, con el último rastro de lucidez en su mente nublada por la voz y el deseo de perderse en las profundidades de Rukia, no puede hacerlo sin nada de protección. Antes de que pudiera abrir el cajón, ella le interrumpe, tímida.

—No— Ichigo se queda congelado, atento a sus palabras. Rukia aparta la mirada, extendiendo con ambas manos su vulva, sintiéndose excitada por estar así de expuesta frente al hombre que ama, presentándose ante él como un manjar que puede tomar cuando quiera, con sus labios vaginales hinchados, su clítoris totalmente expuesto y su vagina dejando salir incluso más fluidos al saber lo que está por venir—, quiero hacerlo sin nada entre tu y yo.

Ichigo aspiró con fuerza, fue como si se le hubiera ofrecido el paraíso mismo.

'¡Sí! Está dispuesta, no lo desaproveches. Está preparada para albergar nuestra cría. Imprégnala'.

Rukia ni siquiera se dio cuenta de cómo volvió a posicionarse, solamente le sintió entrar dentro de ella, con su miembro palpitante hasta el fondo, extendiéndola para que pudiera albergarle en su totalidad causándole una pizca de agradable dolor, siempre era así por su diferencia de tamaños.

Rukia chilló contenta y no pudo evitar retorcerse; siente algo muy similar al orgasmo, pero evidentemente diferente, sabe que está cerca, demasiado cerca. Le abraza, como si fuera a hacerse pedazos de tenerlo un centímetro lejos, con sus senos pegados a su pecho. Ichigo inició un vaivén salvaje, casi torpe al inicio hasta que logró estabilizarse con sus antebrazos, luchando por entrar y salir de ella, sintiendo los abundantes fluidos facilitar sus bruscas embestidas.

Piel con piel, chocaban de una manera obscena. Rukia pensó que debería estar avergonzada por dejarse llevar de este modo, pero no puede dejar de gemir y hasta ocasionalmente gritar. Era demasiado fuerte, pero al mismo tiempo necesitaba más. Todo se siente mucho más intenso, como si estuviera a punto de arder de manera espontánea.

—Oooh— no sabe si es por el entusiasmo del momento, pero no puede evitar jadear al sentir que algo dentro de ella además del miembro de Ichigo, o mejor dicho, alrededor de este, era como si hubiera realizado esa escandalosa modificación corporal llamada pearling[6]. Siente un espasmo que ataca sus piernas, que se sienten tan débiles que no se cree capaz de volver a ponerlas en las caderas de su hombre. Si tuviera que describirlo, diría que estaba golpeando directamente su cérvix, no de manera dolorosa, sino todo lo contrario. Le estimulaba aún más. Sus dedos se curvaron cuando Ichigo entró con un movimiento especialmente fuerte, dándole de lleno—. Ichi... ah, Ichigo.

—Ru...kia, Rukiaaah...— se sentía muy cerca de su propio orgasmo, usualmente tenía mucha más estamina, pero Rukia no sólo se sentía demasiado bien, sino que olía incluso mejor.

Cualquier otro habría pensado que apenas y podían notar la débil fragancia artificial. Pero Ichigo no era cualquiera, al menos no en ese momento. No sabía si era por el estado en el que se encontraba o era una habilidad recién descubierta, pero ella olía dulce, no dulce de manera sintética de los perfumes, sino que se sentía como un aroma que siempre estaba con ella pero que hasta ahora podía percibir. Era suave, delicado, hermoso.

'Es porque está lista'.

Ichigo se detuvo en seco.

Rukia le observó consternada.

— ¿E-estás bien? ¿Pasó algo?

'No te detengas, estás cerca'.

Ichigo se sintió como si ya estuviera perdiendo el control de su cuerpo, tal y cual hace ya más de una década cuando luchó contra su hollow por el dominio total. Su pelvis se impulsaba hacía la de Rukia sin que lo pudiera evitar, rozando de manera deliberada para frotar el pequeño clítoris.

—Ru...— debía de parar, incluso si su cuerpo le estaba traicionando.

—Ichigo, me voy a venir— le avisó, como usualmente hace. Sabe que a Ichigo le gusta saber que está a punto de llegar, pero justo ahora Ichigo siente que todo está fuera de su control, y es totalmente consciente de que si llega a sentir las palpitaciones de Rukia alrededor de su pene no va a poder resistir.

'Deliciosa. No te resistas, deja salir tu simiente. Fertilízala. Átala a ti'.

Ichigo, tratando de mantener el control, se retiró al sentirse demasiado cerca el orgasmo, su pelvis mantuvo ese movimiento en el aire, sin poder contenerse, incluso si no estaba dentro de ella. Pero Rukia gimoteó protestando, e Ichigo casi se disculpó, pero entonces Rukia, de manera habilidosa, volvió a introducir su pene en su coño.

—Rukia, ¡estoy por... me voy a correr! Lo tengo que sacar— dijo suplicante, aunque no está seguro de qué es exactamente lo que está pidiendo. Su cabeza es un desastre. Ya casi no puede recordar muy bien porqué se niega a realizar tan exquisita acción.

—Dentro— ordenó la shinigami—. Hazlo dentro. Está bien, puedes hacerlo.

Ichigo negó con la cabeza, apresurado, aún luchando contra los ojos suplicantes de Rukia y sobre todo, contra lo que sus instintos le pedían desesperadamente.

'Impregnar. Correte dentro de su coño, deja que nuestra semilla llegue a ese fértil vientre. Impregnar. Perpetúa la especie. Impregnar'.

—N-no— dice con voz ronca, lidiando con su lucha interna, rogando porque ella no se haya dado cuenta de lo mal que estaba. Rukia frunce el ceño con fuerza, le aprisiona con sus piernas, obligándole a ir más profundo, Ichigo acaba moviendo las caderas por instinto.

—Quiero que lo hagas, quiero saber que se siente— se relamió los labios, dispuesta a pelear con toda la artillería—, quiero que tu grande verga llene mi coñito de tu semen.

Su rostro se pintó de un aún más intenso carmín, por la excitación inducida por sus palabras y al mismo tiempo porque a pesar de todos los años de compartir la cama aún no se acostumbraba a hablar sucio, pero sabía que Ichigo amaba cuando lo hacía, porque era porque estaba desatada. Y ella adoraba el brillo travieso que iluminaba la mirada de Ichigo, que justo ahora se veía con mayor claridad por el dorado de su iris.

Ichigo gimió como si fuera su último aliento, deseoso de hacerlo.

'Hazlo. Ella lo está pidiendo. Tú lo deseas'.

—Me encantaría, quiero hacerlo— en su rostro está plasmado todo el placer recorre su cuerpo, porque aunque mantiene su negativa no ha detenido sus embestidas, las hace más despacio para aguantar, pero no se detiene—, debe sentirse delicioso.

Rukia sonríe, sus pezones endureciéndose contra sus pectorales.

— ¿Por qué no lo averiguamos?

—No debo, t-tu traaah— Rukia le empezó a succionar el cuello, tratando de llevarlo al borde—... trabajo, ngh, tu familia. No puedo— trata de detener sus caderas, pero su propio cuerpo le traicionaba— Un bebé te traería problemas.

— ¡Pero yo quiero un bebé!— le confesó sintiendo el calor por todo el cuerpo.

—No— terco sigue insistiendo, los ojos de Rukia toman matices dorados, sabe lo que eso significa—, no lo quieres. Soy yo, esta cosa... esta cosa te hace desearlo.

—Eso es lo que quiero— contrae sus paredes vaginales a propósito, apretándole con ímpetu, Ichigo gime, sabe que está en las últimas—, quiero un bebé tuyo. De nadie más. Te amo.

'Impregnar. Nos ha elegido para darle una cría'.

—Yo también te amo, pero no sabes lo que dices.

— ¡Hazme un bebé! ¡Quiero una familia!, ah— Rukia le besa, al borde de la locura, deseando que acceda—, una tuya y mía. ¿No quieres eso tú también?

Ichigo asiente, despacio pero sin dudar un poco. Se siente cansado, no por la actividad física, sino por resistirse a algo que desea. Entonces, cuando Rukia le besa castamente en los labios, es que se pierde completamente en sus instintos más básicos.

—No voy a detenerme— dice su amenaza contra sus labios mientras la toma de las caderas, acelerando de nuevo el ritmo, sintiéndose una bestia y no un hombre, más hollow que shinigami—, no hasta que quedes embarazada. Mía, cada centímetro de ti me pertenece. Te llenaré de mi semen hasta que no quede duda de que eres mía. Sólo yo— se quedó dentro, tan hondo como pudo, sintiendo el orgasmo apoderarse de él, obligándole a soltar su carga—. Eres mía, sólo mía.

Ichigo le mira a los ojos, tranquilo, antes de que su reiatsu oscuro se acumulará alrededor de su rostro, haciéndole portar la máscara de un alma corrupta, con cuernos de toro y una mirada vacía, pero lo hecho, hecho está. La embiste con aún más fuerza y Rukia grita al borde del orgasmo, sintiendo como es llenada por primera vez por el caliente semen del hombre que ama, incluso si este está detrás de una máscara. Llora por el placer que siente, no puede contener la emoción.

—T-tú…— susurró—, ¡se siente tan bien!— se arquea sin poder controlarse, Ichigo tiene que tomarla con fuerza para que no se aparte demasiado, ella respondió abrazándolo desesperada, con su vagina contrayéndose sin control—, es demasiado… yo...

La bestia grita, y Rukia no tiene idea de cómo, pero sabe qué es el grito de un hollow que la ha reclamado como su pareja. Continúa llorando, ahora no solo por el éxtasis, sino por la felicidad. Ichigo Kurosaki la ha elegido, incluso en su manera más primitiva.

Se quedan unos minutos así, abrazados. Rukia puede sentir como lanza otro potente chorro, la vagina de Rukia se contrae sin que ella lo pueda evitar.

—Ah… ah...— cerró los ojos, tratando de disfrutar de la dicha post orgásmica.

«Se ha estado corriendo por minutos, pronto no habrá espacio para nada más»

Abre los ojos para ver cómo la lengua sale de entre sus fauces, lamiendo en línea recta desde su esternón hasta su barbilla, como una especie de advertencia silenciosa.

Sacó su gran verga de dentro de ella, Rukia soltó un quejido al sentirse vacía, ya extrañándole. De ella desborda un abundante chorro de semen, que hace a Rukia estremecer, sale de su interior, manchando su vulva hasta llegar a la cama, empezando a formar un charco. Si cuando le realizó una felación pensó que era demasiado, se había equivocado. Usualmente Ichigo era muy "productivo", pero esta cantidad era casi ridícula.

«Tenemos una tarta de fresa en el horno», pensó animada. Levantó la vista para verse directamente frente a una criatura que debía temer, pero en cambio, sintió como todo su cuerpo se preparaba para él.

Aunque se encontraba semi flácido, Rukia podía sentir por el lenguaje corporal del Vasto Lorde que no habían acabado. Él está respirando aceleradamente, y con sus grandes manos empezó a acariciar sus mejillas y labios, sabiendo que, justo ahora, no la puede besar. Desciende lentamente, Rukia le observa expectante cuando él pone la punta ambos cuernos contra sus clavículas, y en lugar de cortar la piel lo que quedó fue una marca negra de reiatsu, que se expande por su torso, imitando las líneas en Ichigo.

Rukia no sabe que significan, pero no puede evitar amar los hermosos tatuajes de reiatsu, aún cuando debería estar asustada de que esta criatura se encontrará acariciándolas con amor, pasando la puntiaguda uña justo en medio de las líneas.

Ronronea, contento con su obra. Ichigo -o al menos lo que queda de él- era un bárbaro, pero ver a Rukia con sus mejillas arreboladas, su respiración entrecortada por haber alcanzado el orgasmo, le demostró que podía con más.

El hecho de que su pubis estuviera cubierto con su semen, que era tanto que se escurría entre sus piernas, le hacía saber que estaba haciéndolo bien. Ella quería su semilla y él se la daría.

La amaba, e iba a cumplir su deseo.

Le daría una familia.

'Nuestra familia'.

El otro 'yo' habló, y aunque quiso discutir, supo que no tenía caso. Aún no podía volver, pero ya lo haría a la más pequeña oportunidad.

La criatura se recostó a un lado de ella, posicionándola como la pequeña cuchara, tal y como es usual para Ichigo a la hora de dormir; disfrutaba del calor que emitía su compañera de manera auténtica, casi platónica. Sabe que por el momento esto será suficiente, su Rukia tiene que recuperar energía y pronto tendrá hambre.

—Ichigo— gruñe despacio para que sepa que está despierto y la está escuchando. Rukia no vuelve a hablar, pero lo que hace es poner su trasero contra la verga de Ichigo, que seguía semi erecta. Se muerde los labios y gira el cuello para verle, pidiéndole en silencio aquello que su cuerpo entero necesitaba. Especialmente su coño, que ya estaba doliendo por la necesidad de ser llenada una vez más.

Si el Vasto Lorde pudiera reír, lo habría hecho. En cambio, deja salir una especie de ronroneo metálico. No esperaba que su Rukia tardará tan poco en tener hambre de él.

Toma su pierna y la levanta, Rukia cierra los ojos al sentir el contraste entre el calor de ambos y el frío de la habitación. Él pasa un brazo debajo de ella, dirigiéndolo a su vulva, raspando con sus uñas su clítoris con mansedumbre casi imposible.

—Ichigo… oh— pasa la lengua por su cuello y mandíbula. Continúa su masaje, estimulando a Rukia para recibirlo e inyectarle más de su propia esencia, que la haría sentirse aún más receptiva y aumentaría las posibilidades de concepción—. Ichigo, por favor. Te necesito.

No la hace esperar más. Se alinea con ella y se introduce lentamente, disfrutando de cada milímetro de su cavidad. Rukia gime impaciente. El Vasto Lorde la toma de las caderas, e inicia a bombear dentro de ella.

Rukia suspiró complacida, sintiendo toda la vigorosidad de su hombre ahora convertido en una bestia con cada embestida.

Iba a ser una noche larga sin dudas.

Y estaba dispuesta a aceptar el desafío.


Ahora sí, en el próximo y último capítulo, la explicación de qué demonios ha pasado, aunque quizá no les importe tanto ya que han tenido el tan esperado lemon. ¡Espero leer sus opiniones! Si quieren insultarme no me molestará, pero si les gustó, me ayudaría mucho porque aún tengo dudas de si debí publicar esta wea jajajaja.

¡Nos leemos!

Glosario:

1 Obi: Faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono. En este caso, el cinturón blanco del uniforme.

2 Kosode: Pieza básica de vestimenta japonesa, usualmente de color blanco. Se la usa tanto como ropa interior como por sobre otras ropas.

3 Ofuro: Baño japonés de agua caliente. En su origen, de madera y modernamente de plástico o acero inoxidable.

4 Shihakusho: Uniforme de los shinigami.

5 Tabi: Calcetines tradicionales japoneses que utilizan con el zōri, geta u otro tipo de zapatos tradicionales.

6 Modificación corporal que consiste en insertar pequeños abalorios u objetos bajo la piel de los genitales. Se cree que este tipo de inserciones puede aumentar el placer sexual en la pareja durante la penetración.