Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo le pertenece Rowling y a Stephenie Meyer.
Capítulo 34.
Durante un momento, todo estaba quieto y silencioso. Quienes habían oído el aterrizaje y podían moverse, habían salido para ver qué era lo que había caído al jardín.
Por supuesto, cuando vieron que era Harry y lo asimilaron, se apresuraron hacia él.
El hombre que había llegado con el menor se levantó y apuntó la varita hacia Sirius.
-Si alguno se mueve, lo incendiaré. -Advirtió.
Las palabras de bienvenida y preocupación así como las personas que corrían hacia ellos se detuvieron en seco.
Un vampiro tenía hipervelocidad, pero un mago podía ser igual de rápido con una varita si la situación lo requería y el tipo seguía sujeto a Harry y nadie sabía qué podía hacer si se sentía acorralado y desesperado.
-Diggle, ¿qué crees que estás haciendo? ¡Por los testículos momificados de Merlín! -Sirius soltó.
-¡Silencio, criatura repugnante y enferma! ¿Cómo os atrevéis a pervertir a nuestro preciado salvador con vuestras atroces costumbres?
-Señor, suélteme. Deje que me vaya. Me está incomodando y lo que dice no me gusta.
-Joven Harry, no sabes qué estás diciendo. Esas terribles criaturas están jugando con tu frágil mente en desarrollo. Pero yo me encargaré de que aprendas lo adecuado. Estas viles criaturas siguieron a Quien tú sabes."
-Estás delirante y eres un prejuicioso de mierda. Siempre lo fuiste. Sé cómo mirabas a Remus cada vez que se reunía la Orden. -Sirius le espetó.
-¡Es un hombre lobo! Deberían ser ejecutados con baños en plata al igual que vosotros, inmundos, quemados!
Sirius quería tanto atacarlo... Lo estaba deseando. Solo su sobrino cerca de ese intolerante de mierda lo frenaba.
-No puedo creer que haya lugares en los que se les permita a los licántropos y a los vampiros cuidar de humanos. Lupin podría atacar al pobre Harry durante una luna llena y ¿qué sería de él entonces? Sería obligado a convertirse en una asquerosa aberración abominable.
Black comenzó a insultarlo ya que no podía maldecirlo.
Dedalus lo ignoró porque quería que el invaluable héroe del mundo mágico entrara en razón y si lo veía atacar a quienes consideraba sus familiares, le costaría llevarlo por el buen camino y podría resentirlo.
No obstante, cuando pudiera asegurar de nuevo al niño en su casa, se ocuparía de las asquerosas bestias.
Pero por otro lado, podría acabar ahora y así evitar que en el futuro los buscaran. Él era el indicado para cuidar y guiar al joven e impresionable chico...
Mientras Diggle debatía consigo mismo sobre si acabar con los vampiros o no, James había sido al fin despertado.
De inmediato trató de atacar a Edward y Alec, pero fue retenido por la fuerza.
Potter gruñó, mordió y se retorció, pero no lo soltaron. No sería bueno que corriera fuera y empeorara las cosas sin querer debido a su afán por recuperar a Harry y envolverlo entre sus brazos.
-Soltadme, monstruos. Solo queréis alejarme de mi hijo. Pero no lo permitiré. Antes os quemaré.
-Parece un neófito. -Alec comentó.
La calma del vampiro vulturi enajenó más a James y casi se liberó de quienes lo sujetaban.
-Jamie, escúchanos, esto es muy importante y delicado. -Edward trató.
En respuesta, James se transformó en ciervo y al no esperarlo los demás, le dio tiempo a salir corriendo para buscar a su pequeño sin saber que estaba fuera y que su mejor amigo estaba en peligro por ello debido a un mago prejuicioso.
Corrió como ciervo a velocidad vampírica y el mago asustado lanzó el incendio al mismo tiempo que James lo envestía.
Y la casa se volvió caótica.
El incendio dio a un árbol y los vampiros tuvieron que alejarse rápidamente de allí si no querían convertirse en cenizas. Pero un lobo se había quedado allí, un lobo que no podía moverse ni hacer sonido alguno.
Solo podía sentir cómo se quemaba mientras todos corrían lejos y rodeaban al mago roto y ensangrentado.
Fue Sam quien se dio cuenta y corrió como si sabuesos del infierno lo persiguieran y ordenó a los estúpidos vampiros magos que apagaran el fuego con sus varitas, que para algo las tenían.
Estaba tan furioso e indignado que no se atrevió siquiera a mirar a su imprimado. Temía decirle algo que no podría recuperar después.
No le importaba si los vampiros se daban un festín con el loco mago, si jugaban con él a lanzarlo como una pelota, si lo despedazaban... El lunático de mierda había secuestrado a su sobrino, amenazado a su imprimado y quemado vivo a su beta. Deseó que muriera. Quiso arrancarle la carne del vientre con sus dientes y masticar sus putrefactas entrañas.
-¡Paul! ¿Paul, puedes oírme? -El agua cubría el suelo y a su amigo y un chorro impresionante los empapó cortesía de Sirius.
Cuando el animago se aseguró de que no iba a quemarse y morir, se acercó y lanzó un Finite al lobo petrificado.
Se apresuró después a lanzar cada hechizo de sanación que conocía. Había aprendido muchos a lo largo de sus años en Hogwarts y posteriores debido a Remus y su pequeño problema peludo.
Pensó mientras lanzaba hechizos, que ojalá su amigo le devolviera sus partes restantes.
James tenía a su hijo cerca y parecía que no lo soltaría pronto. Sentiría lo mismo si le quitaran a alguno de sus propios hijos. Incluso quería él mismo agarrar a Harry y no soltarlo nunca.
Regulus había lanzado encantos burbuja a todos los vampiros para que no se enloquecieran más debido a la sangre de Diggle.
Alec se lo llevó para evitar que James lo drenara o algo peor y Regulus sospechó que su compañero no les diría dónde llevaría al idiota... Al menos hasta dentro de unas semanas.
Seguro los vulturi tendrían un interesante... Invitado.
Paul estaría bien. Eso les había dicho Sirius a Sam y Harry cuando el caos se había calmado y el menor había visto a su amigo lobo tumbado en el suelo.
Sirius dijo que sanaría muy pronto debido a los hechizos y a su curación rápida; Que solo estaba descansando y que como muy tarde en cuatro horas, se despertaría y estaría como nuevo.
Harry consintió en ser mimado y abrazado, pero se negó rotundamente a alejarse de su querido lobo.
Nadie debía estar solo mientras estaba enfermo. Estarlo te hacía sentir triste y Harry no quería eso. Además Paul había estado con él cuando se había sentido mal y cuando había resultado herido en la era el mejor amigo lobo de todos los tiempos.
Todos se trasladaron a su casa en Estados Unidos y Regulus recogió a los niños de casa de Billy Black cuando James le devolvió el brazo.
Tenía que pensar en un modo de vengarse porque pegar una extremidad dolía y picaba un montón.
El collar de Harry no lo había llevado a su casa, si no donde estaba su familia. Harry agradeció eso porque solo Merlín sabía qué habría pasado si el traslador de emergencia lo dejaba en la mansión desierta con un mago tan perturbado como ese.
Los fanáticos obsesivos daban miedo, -pensó.- Esperaba no encontrarse a ninguno más.
Alec llegó a Volterra de noche. Había escondido la varita del mago. Preferiría haberla roto, pero tal vez Aro la querría para dársela al tipo cuando despertara como vampiro y se comportara... Si es que Caio no decidía comerlo antes... O quemarlo tras convertirlo por ser un humano problemático... Esa opción le gustaba. Él tal vez le pediría a su hermana que lo hiciera sufrir todos los días durante al menos un siglo. Jane seguro le cumpliría ese deseo.
Ella debería visitarlo pronto. La echaba de menos y siempre ponía tensos a los Cullen, eso era divertido siempre.
Había aprendido a llevarse bien con ellos, pero molestarlos no hacía ningún daño.
Se negaba a vivir durante siglos y siglos en "feliz" monotonía al igual que había rechazado rotundamente ir a la escuela. No lo haría. Antes se recluía en un monasterio con monjes decrépitos.
A diferencia de un instituto, un monasterio estaba aislado y podía comer a los habitantes de allí...
Tendría que cazar pronto. El olor de la sangre del humano y el estrés de los días anteriores le estaban pasando factura.
Quizá tendrían algún humano que pudiera comer... A lo mejor esa tonta recepcionista... Podría ser incluso un enorme humano que lo dejaría saciado y lleno y después podría llamar a Regulus para que se apareciera en su habitación en el castillo y harían el amor durante horas y horas.
¿Se uniría Felix? Él era un manjar que Regulus y él se permitían muy de vez en cuando y siempre juntos.
El guardia sabía cómo satisfacer cada deseo. Cada, uno, de ellos.
-¿Qué nos traes, Alec? -Aro estaba ansioso por descubrir por qué uno de sus guardias de élite había venido tan pronto tras haber solicitado ayuda para encontrar a un preadolescente. Y tenía a un humano consigo.
-Un mago, Maestro. El mago que secuestró a mi sobrino.
-Parece roto. -Caio intervino. -Si no pudiera escuchar su respiración y los latidos de su corazón te preguntaría si es que está muerto.
-James lo envistió en su forma animal.
-Fascinante. -Aro dijo.
-¿Por qué lo has traído? ¿Es comida? -Caio desdeñó.
-Lo traje como presente, por la ayuda que se me ofreció. Por supuesto sois libres de hacer con él lo que mejor os parezca. -Alec se inclinó y dejó al mago a los pies de los tronos.
-Traje su varita. Por si acaso. -El joven se la ofreció a sus maestros.
-Dámela. -Aro extendió imperiosamente su mano.
El guardia se la entregó y se alejó.
-Puedes retirarte. -Dijo Aro distraído.
Alec se inclinó ante los reyes y se marchó.
Era hora de comer. Después llamaría a Regulus y quizá...
Solo de pensarlo se sentía excitado.
Nota: ¿Os gustaría la escena íntima entre Alec, Regulus y Felix?
