Capítulo 35.
Regulus se fue a Volterra después de haberse asegurado de que su sobrino estaba realmente bien. El humano se lo había llevado pero al menos lo había tratado bien. Si no hubiera sido así, bueno, conocía muchas maldiciones oscuras que su "querida madre" le había mostrado. Muchas de ellas sobre Sirius, por desgracia.
Fue vía Flu a la mansión en Inglaterra y de allí se apareció en el castillo de los reyes vampiros.
Si era sincero consigo mismo, echaba de menos beber sangre humana. Era una sangre que lo saciaba más y durante más tiempo además se sentía más fuerte y más rápido. Y para un vampiro mágico beber la sangre de otro mago era como comer un brownie con extras que te hacían sentir bien.
No iba atacando a cualquier persona ni nada. No era un incivilizado.
Olió humanos y ahogó un gemido. Carlisle iba a estar disgustado cuando viera sus ojos rojos pero él no era su líder ni vivían en su casa tampoco. Sam sería más vocal incluso pero a Regulus le daba igual. Estaba respetando el tratado estúpido y no había drenado a un miembro de ese pueblo perdido de la mano de Merlín.
Encontró a Alec dirigiéndose hacia él y se sonrieron.
-No has tardado mucho. -Comentó el vampiro más antiguo.
-Harry está bien, todos lo están y sabía que me llamarías para que viniera de todos modos.
-Me conoces bien, Regulus Black.
-Si no lo hiciera después de tantos años sería grave. -Bromeó.
-E indignante.
-Y ofensivo. -Black asintió.
-Heidy está viniendo con turistas. -Alec dijo algo innecesariamente. Ambos podían escucharlos por los pasillos.
-Tengo ganas de comer. Después podemos encargarnos de otras... cosas. -El más joven susurró seductor.
Corrieron donde se reunían los demás vampiros. No querían quedarse sin nada. Era un poco como ir al supermercado a por carne y que solo quedaran dos bandejas y varias personas las quisieran. Solo que más salvaje y con más fuerza utilizada.
Alec agarró a un hombre de mediana edad y Regulus consiguió una mujer rolliza. Les resultó satisfactorio. Mucho más que un ciervo o un oso. No había nada como la sangre humana... Siempre y cuando no la ensuciaran con químicos que solo provocaban que la sangre supiera peor.
Dejaron lo que quedaba allí y se alejaron. Alguien de rango más bajo se encargaría.
En ese momento estaban ocupados buscando...
-Alec, Regulus, es agradable veros por aquí. -Una voz profunda se escuchó detrás suya.
Ellos sonrieron y se colocaron uno a cada lado del gran vampiro que les había saludado.
-El gusto es nuestro, Felix.
-¿Te gustaría acompañarnos? -El mago no iba a andarse con sutilezas. No era la primera vez que lo invitaban a su cama y no sería la última.
-Mi placer. -Ronroneó el guardia.
Caminaron a velocidad humana hasta la habitación que aún tenía Alec en el castillo. La anticipación constituía parte de la diversión.
Cerraron la puerta y echaron la llave. Eso no le impediría la entrada a un vampiro, pero si rompían la puerta al menos se enterarían... A algunos les gustaba mirar y Alec no estaba por la labor de permitírselo.
Se acercaron los tres y comenzaron a besarse. Eran un poco bruscos con sus caricias y la ropa se desgarró cuando se impacientaron y querían estar desnudos de inmediato.
Felix agarró a Regulus y lo estrelló contra la pared haciendo una abolladura con la forma del mago vampiro. Suerte que podían utilizar hechizos después.
El guardia más grande prefería el sexo con vampiros porque no tenía que controlar su fuerza. Los humanos eran demasiado frágiles para su gusto y aunque en un apuro servían, sobre todo cuando sus reyes le mandaban de misión, no había nada en su opinión mejor que hacerlo sin preocuparse todo el tiempo de si ibas a romper a la persona con la que te acostabas.
Regulus gimió ante el tratamiento brusco y lo devolvió en especie.
Alec se arrodilló e introdujo el miembro de su pareja en la boca alternando con el de Felix también.
Remus no había sido capaz de relajarse desde que se enteraron de que sus hijos se habían enfrentado a un profesor poseído por Lord Voldemort.
Pensó que una vez que tuviera a Teddy en sus brazos todo volvería a la normalidad, pero entonces ese fanático Diggle se había llevado a Harry y nada había mejorado.
Su estómago estaba revuelto todo el tiempo, no le entraba comida y vomitaba a causa del estrés. Su querido Jake estaba preocupado, pero solo era un poco de estrés que se pasaría.
Pero no lo hizo. Tras recuperar a Harry y marcharse a los Estados Unidos, su estómago había seguido igual y su lobo hacía cosas extrañas.
Fue un día en el que estaba en el jardín mirando cómo el pequeño hijo de Sam y Sirius corría detrás de una mariposa cuando se sintió mareado y cayó al suelo cuando fue a levantarse para ir a por algo de té frío.
Volvió en sí encontrándose con la cara preocupada de James en su campo de visión.
-Tenemos que hablar. -Suspiró.
-¿De qué? -Su amigo le lanzó una mirada poco impresionada.
-Acabas de desmayarte por unos segundos. ¿Tú qué crees?
Remus se resignó a obtener el mismo tratamiento que Harry. Sin embargo él no sería tan paciente si la sobreprotección innecesaria se alargaba.
-He hecho algunos escaneos, sabes. Y no se te ha revuelto el estómago por los nervios. Que también, pero lo que te ha afectado es tu estado de gestación. -James había trepado a la rama baja de un árbol y se balanceaba en ella.
-¿Mi qué? -Chilló.
Licaios se sobresaltó y corrió al interior de la casa, la mariposa olvidada.
-Me has oído perfectamente. Todo el mundo en casa me ha oído perfectamente.
-James, no puedo estar embarazado.
El vampiro se rió con fuerza.
-Creo que sí. No has sido célibe, precisamente.
-James, nos estábamos cuidando. Hechizos anticonceptivos...
-Que a veces fallan. Hay un dos por ciento de probabilidades. -Potter sonreía ampliamente.
Remus quería pegarle un puñetazo y sacarle los dientes.
Después se arrepintió por el pensamiento, y para su horror se echó a llorar.
Sintió brazos cálidos y fuertes a su alrededor y al instante se sintió mejor.
Miró hacia arriba pero James no estaba. Suponía que se había ido para darles sensación de privacidad.
Lupin decidió colocar hechizos que la garantizaran a su alrededor. No quería oír a sus amigos dar su opinión al respecto ni que trataran de calmar sus temores.
El mayor era... ¿Y si era un hombre lobo que cambiaba con la luna llena?
Harry estaba poniéndose nervioso. Habían pasado algunas semanas desde que volvió a casa y su familia era tan sobreprotectora que sentía como si se ahogara.
Le gustaba que se preocuparan por él, no era un ingrato, pero de vez en cuando necesitaba espacio para él.
Eso llevó a que le gritara a Paul porque también le agobiaba y no aguantaba más.
Se sintió mal cuando el metamorfo se fue triste, pero no había podido aguantar más su frustración.
-Estás que muerdes. -Jasper dijo.
-Sí, por las tetas de Circe, lo estoy.
-Si tu padre te escuch...
-¡Lo he oído! Sirius, ya puedes correr, es culpa tuya que diga esas cosas.
-¿Mía? Tú juras tanto como yo, Cornamenta.
-James y Sirius están discutiendo. -El Mayor le informó.
Harry no podía oírlos, pero a juzgar por la expresión de Jasper, era algo divertido.
-Estoy ahogándome, tío Jasper. No puedo respirar. Entiendo que hayan estado asustados, pero no pueden seguir tratándome como si me fuera a desvanecer en cualquier momento. -Se sobresaltó cuando brazos fríos lo envolvieron por detrás.
-Tienes razón, hijo. Hemos perdido totalmente la cabeza y necesitamos parar.
Harry sonrió un poco y se apoyó contra el pecho de su padre Edward.
-Creo que debería pedirle perdón a Paul. -Suspiró. Se sentía mal por haberle gritado, pero no quería que le volviera a tratar como si... No lo permitiría más.
-Deja que venga por su cuenta, Harry. Nosotros lo hemos entendido por esos gritos. Él tiene que comprenderlo también.
-¿No lo dices solo porque no te gusta él?
Edward negó.
-He aprendido un par de cosas durante el tiempo que he estado vivo, hijo. Y sé cómo piensa y actúa la gente.
-...Y los perros. -Escuchó gritar a su tía.
Eso desencadenó una discusión con Jacob... Cómo no.
Regulus estaba feliz por los lobos, de verdad, pero él quería a sus propios hijos.
Al principio no le había importado, porque estaba Harry, después llegó Blaise y un poco más tarde, Teddy.
Se conformaba siendo el tío divertido y consentidor... Hasta que eso no le bastó.
Pero él no podía concebir. No siendo un vampiro en una relación con otro y no iba a destrozar a una humana para saciar su necesidad paterna.
Después se acordó de que los magos y brujas podían tener un bebé de un vampiro, pero no sabía cómo llevarlo a cabo.
Tal vez el querer ser padre y que Alec hubiera aceptado le tenía revuelto el cerebro y afectado a su raciocinio.
-Estás siendo un idiota total. -Su hermano le informó. -Te sientas aquí, con cara de culo, lamentándote por tu suerte cuando hay una solución perfectamente buena a tu alcance.
En respuesta, Regulus le lanzó una piedra. No se sintió mejor.
-Reggie...
-No me llames Reggie. -Gruñó.
-Regulus Arcturus, ¿cómo vino al mundo Harry?
-Sé de esa opción, Sirius. No soy un gryffintonto como algunos aquí. Pero aún no... -Suspiró. -Es... Complicado.
-No vayas a ponerte todo Slytherin palo-en-el-culo conmigo. -Advirtió. -A veces los hermanos mayores tenemos buenas ideas.
-No sé quién accedería a hacerlo. Las brujas y magos aquí no tienen una buena opinión acerca de nosotros los vampiros. ¿Y si alguien accede y luego se quiere quedar el bebé? El ministerio le daría la razón... ¿Y si acceden solo para acercarse a Harry? la gente está loca.
-¿Se lo has pedido a Lily o Snape?
El menor negó.
-Se volvería incómodo después. No, quiero a alguien que no vaya a tener un estrecho contacto con nuestro bebé.
-Entonces haz un contrato muy específico con ayuda de los duendes. Ellos seguro lo harán por una tarifa.
-¿Y cómo elegimos al mago o bruja? Porque no es como si pudiéramos publicarlo en El profeta diario.
-Duendes, hermano.
Regulus asintió. Tenía que pensar en ello.
Se sentía abrumado de repente y tenía que correr.
También se sentía idiota por no pensarlo él mismo.
Sirius negó con la cabeza. Se notaba que su hermano no había estado en sus cinco sentidos últimamente o habría pensado en ello por sí mismo.
