Palacio Secundo ducis, Noxus Primo
Illia no estaba muy contenta sabiendo que tenía que compartir su habitación conmigo (Yo había estado llorando la mayor parte de la noche y no la dejé dormir) y mucho menos le agradó la idea de tener que enseñarme a realizar tareas domésticas.
- ¿Por qué yo, Mhira? -Cuestionó Illia cuando Mhira le asignó dicha tarea-
- Porque así lo decidí.
- Por favor, Mhira, no me haga esto ¿Ya le vió las manos? -Dijo mientras tomaba mis manos y se las mostaba a Mhira- ¡Mire, mire! ¡No sabe hacer nada porque nunca ha hecho nada! Lo que si sabe es chillar -Agregó-
- Por eso tú le vas a enseñar, niña. Ahora, menos charla y más trabajo, señoritas - Ordenó -
- ¡Ay, no! ¡No puede ser cierto! -Se lamentó Illia mientras me halaba del brazo y nos dirigíamos a la habitación del General-
- Lo siento -Me disculpé-
- ¿Qué eras en Demacia antes de llegar aquí? - Preguntó Illia -
Me sentí incomoda cuando me hizo esa pregunta, así que preferí guardar silencio.
- Seguro eras una princesa y por eso te regalaron al General - Comentó ante mi silencio -
- ¿Tu también fuiste un regalo?
- No, yo me gané mi puesto aquí con mucho trabajo y esfuerzo - Respondió, recalcando la palabra "esfuerzo"- No es fácil entrar al servicio del General ¿Sabes?
- Supongo que es una gran proeza ser una criada al servicio del General -Dije en tono sarcástico-
- Búrlate si quieres, demaciana, es fácil para ti porque nunca has trabajado duro para conseguir algo pero, para alguien como yo, es un gran logro estar aquí.
Lo que Illia dijo me hizo reflexionar sobre mi posición en Demacia ¿De verdad merecía ser miembro de la Vanguardia? A diferencia de los demás miembros, yo no hice ninguna prueba para ser admitida, un día me dieron la noticia de que ya era miembro de la Vanguardia Valerosa y no se me ocurrió preguntar a mi tía qué habia hecho bien para ser admitida, sentía que lo merecía por que era una Crownguard y me alegré por ello. Sentí un nudo en la garganta al recordar a mi familia y mi penosa situación.
- Discúlpa, Illia, no es que menosprecie tus logros es solo que estar aquí no ha sido mi elección -Dije al borde de las lágrimas-
- ¿Entonces sí eras una princesa, te capturaron y te regalaron al General?
- Soy una noble, más no una princesa y sí, me capturaron y me regalaron al General...
- Bueno, pues deberías sentirte con suerte
- No eres la primera que me lo dice ¿Por qué?
- Es porque en otros lugares los criados son maltratados y abusados, aquí no.
Yo tenía dudas sobre lo que me estaba diciendo Illia, Darius no aparentaba ser un hombre benevolente. Sentí cómo un escalofrío recorría mi espalda al recordar la sensación al estar frente a él.
Nuestra charla terminó cuando llegamos a la habitación del General que, a pesar de sus dimensiones y en comparación al resto del palacio, la decoración era muy simple si no es que ausente. Desde la entrada de la habitación se podían observar una chimenea lo suficientemente grande para dar calor a toda la habitación al lado izquierdo; frente a la chimenea se hallaba una mesa redonda de madera negra con una botella de ron y dos vasos de cristal encima y un par de sillas; A la derecha, una cama para dos personas con un dosel del cual colgaban cortinas de color rojo; al lado izquierdo de la cama y pegados a la pared, se encontraban un estante para armadura y un armario de 4 puertas; al lado derecho de la cama, había un tocador de marfil con un espejo enorme; y por ultimo, un ventanal que daba hacia un balcón enorme donde, según dijo Illia, el General se ejercitaba.
Aunque todo estaba en orden, Illia empezó con rehacer la cama y yo la miré extrañada ¿Por qué hacer una cama que ya estaba hecha?
- ¡No te quedes ahí parada viendo y ayúdame! - Dijo-
- Pero es que la cama ya está hecha ¿Por qué la vuelves a hacer?
- Porque vamos a poner sabanas limpias, tonta
- ¡Ah! -Respondí y le ayude a quitar las sábanas, lo cual me resultó fácil-
- Ahora vamos a poner las sabanas limpias, debes doblarlas así por debajo del colchón para que no se arruguen y queden feas ¿Me entiendes?
Traté de hacer lo que Illia decía unas 3 veces pero no lo pude hacer bien, ella estaba tan frustrada que terminó haciéndolo sola. Después procedimos con el resto de la habitación. Ayudé a Illia en lo que pude, como limpiar y pulir el piso de madera oscura y lavar los ventanales pero ella se quejó diciendo que había dejado restos de jabón aquí y allá. Al final del día terminé con las manos ampolladas e Illia poniéndome ungüentos y vendajes.
- Dioses, no sé cómo le voy a hacer contigo, demaciana.
- Por favor, deja de llamarme así, mi nombre es Luxanna, pero puedes decirme Lux -Le dije-
- Está bien, Lux -Dijo al mismo tiempo que rodaba sus ojos- Ya es casi hora del baño ¿Vamos? -Dijo después de un breve silencio incómodo-
- Pero no tengo ropa limpia
- A ver si Mhira dejó tu ropa en ese baul. Veamos -Dijo mientras abria el cofre al pie de mi cama para ver qué había- Te dejó un jabón, una bata de dormir, tu uniforme y parece que solo te dejó un cambio de ropa intima. Toma.
Ella estiró los brazos para pasarme la ropa pero solo tomé la bata y el jabón.
- Guarda la ropa interior, por favor. Prefiero dormir sin ropa intima.
- Qué extrañas costumbres tienen en Demacia
- Es más cómodo ¿Nunca lo has hecho?
- ¡No! ¡Qué rarita eres! -Exclamó ella- Anda, apurate, solo tenemos una hora para bañarnos.
Nos fuimos a toda prisa al baño y cuando llegamos noté que no era privado y que constaba de varias duchas que estaban al lado izquierdo y al lado derecho 4 estanques contiguos uno del otro y donde el agua tibia caía en cascada desde un orificio en el techo. Había un mirador al lado derecho de los estanques por lo que el baño estaba parcialmente al aire libre y el viento que entraba por el mirador, agitaba el vapor que emanaba de las aguas de los estanques. Illia se desvistió rápidamente, echó su ropa sucia en una canasta, dejó su ropa limpia en un estante y procedió a ducharse -Y se atreve a decir que soy "rarita" por dormir sin ropa intima- pensé al observar como sin pensarlo dos veces, se desvestía frente a mi-
Lo cierto era que me daba pena desnudarme frente a ella y pronto frente a todas las compañeras que empezaron a llegar.
- Vamos, niña, que no te de pena -Me dijo Mhira que llegó hasta el final e imitó las acciones de las demás- Aquí no juzgamos a nadie.
Muy apenada, me desvesti y me duché. Sorprendentemente las baldosas estaban tibias al igual que el agua de la ducha y, para cuando terminé, Illia ya me estaba esperando en uno de los estanques donde ya se relajaba. Una vez dentro del estanque, me acerqué al mirador y admiré la iluminacion de la ciudad y los muelles, el mar y la luna. Me daba la sensación de que antaño esto no era un balneario para los criados sino un lugar donde el antiguo dueño de este palacio solía relajarse en compañía de sus amigos.
- ¡Atención, chicas! -Exclamó Mhira y todas le prestaron atención- Tenemos una nueva integrante: su nombre es Lyanna y viene del Freljord.
Illia y yo la miramos extrañadas por un instante y levanté mi mano para saludarlas a todas-
- ¡Bienvenida, Lyanna! -Exclamaron todas-
- Gracias a todas -Dije e Illia pareció captar rápidamente la intención de Mhira porque le siguió la corriente-
De vuelta en nuestra habitación y mientras peinaba el cabello castaño de Illia para desenredarlo y trenzarlo, le pregunté sobre la decisión de Mhira.
- Yo creo que es porque eres demaciana, muchos de los sirvientes odian a los demacianos ¿Sabes? -Respondió-
- Entonces lo ha hecho para protegerme -Pensé- A ti parece no importarte.
- La verdad es que no, para mi una persona es una persona sin importar de donde venga -Respondió-
Era ridículo pero me sentí tan conmovida que no pude evitar llorar; seguía muy sensible por mi situación y extrañaba tanto a mi familia que cualquier cosa podía hacerme llorar.
- ¡Ay, no! ¿Vas a llorar otra vez? -Se quejó-
- Lo siento, es que no puedo evitarlo.
- Mira, es mejor que ya aceptes que estas aquí y dejes de pensar en ese tal "Sylas"
Sentí como si mi corazón se detuviera un instante cuando ella mencionó ese nombre.
- ¿Sylas? -Pregunté-
- ¡No te hagas tonta! Anoche estuviste gritando "¡Sálvame, Sylas!" mientras dormías ¿Es tu hermano? O... ¿tal vez tu amante? -Preguntó con expresión picaresca-
- Te lo diré si tu me dices qué pasó entre tu y Allen -Respondí mientras terminaba de trenzar el cabello de Illia y ella se dispuso a hacer lo mismo con mi cabello-
- Me da vergüenza decirte... -Respondió- ¡Al menos dime si está guapo! -Insistió después de un breve silencio-
Recordé detalladamente la apariencia de Sylas y con ello todo lo que había pasado entre nosotros, recordando también el dolor de viejas heridas, especialmente la que dejó su traición; ya estaba llorando otra vez.
- Preferiría no hablar de él, Illia -Respondí mientras me limpiaba las lágrimas; ella pareció entender y dejó el tema por la paz -
Ya en la cama, me pregunté si mi familia y Jarvan ya sabían que me habían atrapado en Noxus y si es que ya habían intentado negociar mi regreso con los noxianos. Me desesperaba la incertidumbre de no saber nada, solo me quedaba esperar a que enviaran a rescatarme, sin embargo, muy dentro de mi seguía llamando a Sylas pero no importaba cuánto tratara de invocarlo, él no respondía.
Dos semanas de la misma rutina habían pasado ya y, aunque al principio me costó trabajo, logré hacer bien la mayoría de las tareas en las que Illia me instruyó, aunque si hubiera podido usar mi magia todo habría sido todo más fácil desde un inicio pero pese a todos mis intentos, no había podido utilizar mi magia para nada. Cada que intentaba lanzar un hechizo tenía una sensación parecida a como si no tuviera maná para lanzarlos. Le pregunté a Mhira si sabía qué me habían hecho pero ni siquiera sabía que tenía habilidades arcanas. Al menos los quehaceres e Illia me servían de distracción.
- Dioses, qué torpe eres - Dijo Illia después de ver que había quemado una camisa del General-
- Lo siento... -Me disculpé avergonzada-
- Es que te dije que tenías que esperar a que la plancha se enfríe un poquito ¿Nunca habías planchado antes?
- No, pero soy muy buena en la cocina, tal vez si Mhira me deja cocinar..
- No creo que Mhira deje que prepares la comida del General -Dijo Illia-
- ¿Cómo podría preparar su comida si él ni siquiera visita su palacio?
- Él siempre viene cuando está en la ciudad.
-Seguro andará por ahí con su horda de bárbaros conquistando algún reino de Valoran y asesinando gente inocente -Pensé-
- ¿Se ausenta por mucho tiempo? -Pregunté-
- Si, en realidad nunca sabemos cuánto tiempo se quedará o por cuánto tiempo se irá; Mhira es la única que lo sabe. Alguna vez lo escuché decir que no le gustaba este lugar porque era muy lujoso para su gusto.
- Pero eso no tiene sentido ¿A caso no fue él quien ordenó la construcción y decoración de este lugar?
- No, se lo regalaron. Dicen que no lo quería pero al final lo tuvo que aceptar.
- ¿Y qué dices de su enorme retrato en el comedor? ¿No lo comisionó él mismo?
- Mm-m -Negó- Dicen que se lo regaló una senescal hace unos años, la cual también dicen quedó prendada de él
- No creo que una mujer se haya obsesionado tanto con él como para hacer una pintura.
- ¡Déjame decirte que él es muuuy popular con las chicas! Antes de la señorita Katarina Du Coteau, él era acosado por muchas chicas. Tal vez vuelvan esos tiempos ahora que ya terminaron.
Recordé entonces que cuando estábamos en la taberna se acercaron aquellas chicas buscando su compañía solo para recibir su rechazo, también me sonó el nombre Du Coteau pero no recordaba dónde lo había escuchado.
- ¿Y quién te ha dicho eso, Illia? - Escuchamos preguntar a una voz femenina y ambas, Illia y yo, volteamos hacia la dirección de donde ésta provenía-
La voz era de una mujer joven de tez clara, cabello largo y rojo y que vestía prendas muy reveladoras. También portaba un par de espadas en su espalda y dagas cortas en su cinturón. Recordé que era la misma mujer que se presentó en el momento de mi captura, en aquella ocasión Darius la trató como si fuera un soldado más, tal vez para guardar las apariencias.
- ¡Señorita Du Coteau! -Exclamó Illia sorprendida- Discúlpeme, no fue mi intención...
- Ssshh Te voy a perdonar solo si respondes a esta pregunta.
- Sí, señorita
- ¿Es esa chica la que trajo Darius hace un par de semanas?
- S-si, es ella
En cuanto Illia terminó de responder su pregunta, Katarina me arrojó una daga que a duras penas conseguí esquivar.
- ¡Corre, Lyanna, corre! - Gritó Illia pero yo sabía que no tenía caso correr, estaba muerta si le daba la espalda-
Katarina se abalanzó sobre mí, blandiendo ambas de sus espadas con rapidez y agilidad pero yo las esquivé y poco a poco me acerqué a la daga que había arrojado y la tomé.
- Como si supieras utilizar una daga -Se burló-
Entonces rápidamente tomé un jarrón, se lo arrojé y cuando ella se distrajo para esquivarlo, alcancé a herir su mano izquierda de una rápida estocada provocando que soltara su espada y aproveché para tomarla.
- ¡¿Cómo te atreves!? -Gritó enojada y arrojando más dagas hacia mi direccion; unas las desvié con la espada y otras las esquivé pero alcanzaron a rozarme-
- ¿Por qué me estas atacando? No entiendo qué fue lo que te hice -Dije-
- ¡¿Que no lo sabes?! ¡Te acostaste con mi prometido, puta golfa descarada!
- ¡Eso no es verdad!
Pero no importaba lo que le dijera, ella estaba fuera de sí y volvió a lanzarme estocadas con su espada, mismas que yo respondí con la que le había robado pero perdí de vista su otra mano; ella se percató de mi distracción y trató de clavarme una daga en el cuello pero solté la daga y alcancé a detener su muñeca. Ella tenía más fuerza que yo y me empujó hasta que mi espalda chocó contra una pared.
- Te atreviste a revolcarte con mi hombre, maldita zorra -Dijo mientras forcejeábamos y yo estaba poco a poco perdiendo la batalla-
Justo cuando estaba a punto de recibir la daga de Katarina en el cuello, alguien la tomó de ambos brazos y la arrojó hacia el otro lado de la habitación. Era Allen.
- Vaya, vaya, el perro faldero de Darius -Dijo Katarina mientras se ponía de pie-
- Llámame como quieras, Du Coteau, pero tendrás que vencerme si quieres matar a la demaciana y ambos sabemos que no puedes
- ¿Qué esta sucediendo aquí? -Preguntó Mhira a quien Illia había ido corriendo a avisarle lo que estaba pasando-
- No mucho, solo la loca de Du Coteau tratando de asesinar a la demaciana
- Señorita Du Coteau, solo por respeto a su señor padre, el General Du Coteau, no hago que la saquen a patadas de aquí por haber entrado sin invitación. Hágame el favor de salir de aquí por voluntad propia.
- Darius se va a enterar de esto, Mhira. Y tu también, perrito faldero -Siseo Katarina y salió del lugar-
Yo estaba recuperando el aliento a espaldas de Allen y cuando él volteó hacia mi para asegurarse de que estaba sana y salva, se ruborizó y volteó a un lado, lo cual me pareció extraño hasta que me miré, noté que mi pecho estaba descubierto y me cubrí. Allen me volvió a dar la espalda y le entregó su capa a Mhira para que me cubriera.
- ¿Estas bien, niña? -Me preguntó Mhira mientras me cubria con la capa roja de Allen-
- Si, estoy bien, gracias al señor Allen -Respondí-
- Muchas gracias, señor Allen, no sé qué habríamos hecho sin usted
- Solo hice mi trabajo, Mhira.
- ¿Le molestaría quedarse un rato más? Por si vuelve la señorita Du Coteau.
- No puedo, debo volver a mis deberes.
- Insisto, señor Allen, y no se preocupe que yo le explicaré al general - Dijo Mhira y Allen asintió- Vamos niña, no puedes andar por ahí mostrando todo. Illia, préstale uno de tus vestidos a Lyanna.
- Si, señora -Respondió Illia-
Una vez en nuestra habitación, Illia me dio un vestido de tirantes que -según dijo- a ella le quedaba holgado pero a mi me quedó corto y ajustado. Al verme, ella cruzó los brazos y frunció el ceño.
- ¿Qué pasa? -Le pregunté-
- Te queda mejor que a mi -Se quejó-
- ¿No tienes algo más grande? -Pregunté-
- Es el único que me queda grande, no creo que te queden los demás
- Supongo que no hay remedio
- Oye Lyanna, escuché lo que dijo la señorita Du Coteau ¿Sí te acostaste con el General?
- ¡Dioses! ¡Claro que no! -Exclamé sonrojada-
- No te culparía, a todas nos gusta el General
- Por los dioses, Illia...
Consejo de Guerra, Noxus Primo
Hacía unos meses, en ese mismo lugar, se había decidido la captura y ejecución de la demaciana que había tenido la osadía de infiltrarse en los campamentos de la Legión Trifariana en busca de información. La joven había sido tan torpe que los arcanistas (Expertos en las artes arcanas, miembros de la Division de magia y hechicería de la Legión trifariana) se percataron casi de inmediato de su presencia, habría sido fácil dejar que hicieran lo que quisieran con ella, pero Darius sabía que era imposible que la Vanguardia Intrépida admitiera magos o brujas, así que ordenó se investigara quién era y al leer el reporte de la investigación fue tal su sorpresa que decidió tomar acciones él mismo. Los dioses le habían enviado una oportunidad de asestar un duro golpe a Garen Crownguard.
Darius estaba consciente de que cabía una gran probabilidad de que Luxanna no volviera a aventurarse en algún campamento noxiano para robar información, evadiendo inconscientemente su captura, pero decidió correr el riesgo y usarla para tenderle una trampa al capitán Crownguard. La había estado observando andar por el campamento -¿Cómo es que ella esperaba pasar desapercibida?- Se preguntó al ser testigo de su escasa pericia en el uso de la magia y verla perder su disfraz en varias ocasiones- Incluso su manera de caminar la delataba porque lo hacía con gracia y elegancia, sin mencionar su atractivo físico; por donde pasaba atraía las miradas de sus soldados y, aunque no era su tipo, admitió que hasta la suya se vió atraída. Permitió que se llevara información sin importancia por algun tiempo hasta que la notó más confiada y decidió entregarle él mismo la carta que llevaría a Garen a su fin, entonces su curiosidad lo llevó a aprovechar ese instante para observarla más de cerca solo para descubrir que las habladurías de sus soldados no carecían de fundamento pero igual no era su tipo.
El tiempo había pasado y ya había dado por terminado el asunto Crownguard pero cuando iba camino a la celebración de cumpleaños de su hermano, apareció un arcanista desde las sombras y le informó que la demaciana se había atrevido a infiltarse en la ciudad de Noxus Primo y que precisamente se encontraba en el lugar a donde iba. Pensó entonces que era una pena que hubiera vuelto porque ahora estaba obligado a cumplir con lo acordado en el consejo de guerra. Ella pensaba que era de su gusto, por eso empezó a coquetearle y a él no le molestaba seguirle el juego. Al tenerla tan cerca, se preguntó si su piel era tan tersa como aparentaba y, como sabía que ella no lo rechazaría, aprovechó la oportunidad para acariciarla; ella se estremeció al sentirlo y, aunque no era su tipo, le habría gustado llevar su interacción al siguiente nivel ¿Cómo reaccionaría su hermano si su preciosa hermana pequeña le fuera devuelta humillada y mancillada? pero no, él no disfrutaba de tomar a una mujer por la fuerza, ademas, ya había impartido indicaciones a sus hombres y estos ya estaban en posición así que ella sería aprehendida y la mañana siguiente terminaría siendo ejecutada y no volvería a verla jamás. No tendría dificultad en sacarla de su sistema.
Pero, para su mala suerte, los otros dos miembros del concejo tomarían una decisión diferente.
Se había llegado la hora del atardecer cuando la reunión con el consejo terminó. Se habían tratado temas muy urgentes como los constantes acosos por parte de los saqueadores Freljordianos (Cada vez más atrevidos) en el Alcázar Profundo y otros no tan urgentes pero muy importantes como la inminente invasión de la jungla shurimana de Kumungu, misma que requería una muy minuciosa organización y planeacion, sin embargo, se sentía agobiado y no podía concentrarse al cien por ciento pero, los asuntos relacionados a la guerra no eran la razón, jamás han sido razón de agobio para él, al contrario, le entusiasmaba el idear estrategias e ir al campo de batalla para guiar a sus hombres hacia la victoria. Para colmo, mientras bajaba los escalones hacia la salida del salón del consejo de guerra, escuchó cómo gradualmente subía de volumen la voz de su hermano que bromeaba con Bronn, su segundo guardia personal que también era miembro de la Legion Trifariana y se percató de que Allen no había regresado. Draven nunca lo buscaba a menos que quisiera algo o estuviera metido en un muy complicado problema.
- ¿Dónde está el soldado Allen? -Le preguntó a Bronn y éste se cuadró inmediatamente-
- Señor, no ha vuelto a su puesto, señor! -Respondió Bronn y, por un segundo, Darius se preocupó pero luego se tranquilizó al pensar que de haber sucedido algo grave, ya se lo habrían informado-
- ¡Qué jodido te ves, bro! -Dijo Draven a modo de saludo ni más vió a Darius-
- ¿Qué quieres? -Preguntó Darius, fastidiado (lo ultimo que quería era lidiar con Draven) y sin detenerse en su camino hacia los establos, donde estaba su caballo-
- Oye, de verdad te ves jodido, Darius, cualquiera diría que necesitas relajarte -Dijo evadiendo la pregunta de Darius y cruzó los brazos detrás de su nuca-
- Y cualquiera diría que tu vives demasiado relajado
- Bueno, si ¿Y eso qué tiene de malo si me lo he ganado? Mira, te voy a ayudar a relajarte ¿Qué tal si vamos por unas putas y hacemos una fiesta en tu casa? -Sugirió entusiasmado- Escuché que acaban de abrir un burdel nuevo en los barrios bajos y que las putas de ahí están que se caen de buenas...
Draven estaba dando demasiados rodeos, de estar metido en un problema lo habría dicho así que Darius dejó que siguiera parloteando mientras se limitaba a responder con un "Mhm" o un "No" cuando lo ameritaban. Cuando llegó a los establos, despidió a Bronn y montó su caballo, fue cuando por fin Draven dijo lo que quería, o al menos eso es lo que pensó Darius.
- Oye, oye, ya que no quieres ir por putas ¿Me dejas dormir en tu casa? Es que hay una minotauro que no he podido sacar de la mía.
- No.
- Por favor, bro, la vieja está aferrada con sodomizarme con sus cuernos y estoy seguro de que lo hará en cuanto me vea.
- Entonces, échala tu mismo de tu casa
- ¡Como si fuera tan fácil!
- Lo es.
- ¡Está enorme, no puedo echarla a patadas de mi casa, primero me destripa con sus cuernos!
- ¿Cómo terminaste enredado con una minotauro en primer lugar?
- Pues... Mi fiesta de cumpleaños se salió un poquito de control, me puse muy loco, muy muuuy loco y... bueno, ya sabes - Explicó, rascándose la cabeza-
- Tu cumpleaños fue hace 2 semanas ¿Llevas 2 semanas con la minotauro?
- Creo que sí, no sé -Respondió encogiéndose de hombros-
- Eres patético, ni siquiera recuerdas qué te pasó -Dijo Darius y Draven solo respondió con un "jejeje"- ¿Por qué no te vas a una posada a dormir?
- Por favor, bro, deveras que ni siquiera sé donde mierda dejé mi dinero, traigo una resaca que ya no aguanto y quiero dormir, la vieja en mi casa no me va a dejar. POR FAVOR, TE LO SUPLICO -Insistió Draven, abrazando la pierna de Darius-
Darius echó un suspiro de fastidio porque ir a su residencia no estaba en sus planes (desde hacía 2 semanas no lo estaba) y ahora gracias a Draven tendría que ir.
- ¡Hey! ¡Espera! -Gritó Draven cuando Darius echó a andar a su caballo- ¡No seas hijo de puta, no me hagas caminar!
Darius extendió su mano para ayudar a Draven a subir a su caballo y este subió de inmediato. A pesar de que Draven a veces podía ser una piedra en el zapato, tampoco era él la fuente de su agobio.
- ¡Gracias bro, gracias, gracias! ¡Eres el mejor hermano mayor!
- Ya cállate -Dijo Darius-
- Okay, ya me callo.
Ya había caído la noche cuando llegaron a su residencia y, esperando en la entrada al gran salón, estaban Allen, Mhira y la fuente de su agobio: la demaciana.
- ¿Por qué sigues aquí, soldado? -Preguntó Darius, frunciendo el ceño-
Antes de que Allen pudiera responder, Mhira lo hizo.
- Disculpe, señor, yo le pedí que se quedara
- ¿Algún problema con la demaciana?
- No, el problema fue con la señorita Du Coteau, que de no ser por el señor Allen, habría matado a Lady Crownguard. Le pedí que se quedara por si a caso volvía -Explicó Mhira-
- ¿Katarina? -Preguntó Darius-
- Ah si, se me olvidó decirte que se apareció en mi casa preguntando por ti y le dije que ya no tenías tiempo para ella porque te habías ido con una mamacita -Interrumpió Draven y se acercó a Luxanna- Seguro que fue por celos, si, ssshhhhh ¿Y cómo no iba a tenerlos de esta semejante mamasota? -Dijo mientras la rodeaba y acariciaba su barba-
-Draven como siempre abriendo la boca de más, nunca procesa lo que va a decir, debió haber sabido lo que haría Katarina si le decía tal cosa, menos mal no había pasado a mayores gracias a Allen -Pensó Darius-
- Buen trabajo, soldado, ya puedes retirarte.
- ¡Si, señor! -Allen se despidió y se retiró inmediatamente del lugar-
- ¡Oye, Darius, ya recordé por qué quería venir a tu casa! -Dijo Draven- Después de toda la locura de mi cumpleaños no me acordaba y tuve que inventarme una historia para que me dejaras venir pero da igual ¿Me prestas a esta mamacita?
Darius se contuvo de darle un golpe a Draven, de verdad se había creído la historia de la minotauro.
- No.
- No seas egoista, préstamela, tu ya la cogiste mucho -Se quejó Draven pero Darius ya había perdido la paciencia y en un instante ya lo había tomado del cuello de la camisa y lo había echado fuera de su residencia-
- ¿¡Qué clase de mierda de hermano mayor trata así a su hermano menor!? -Gritaba Draven desde afuera (entre otras maldiciones) pero Darius lo ignoró-
Darius se acercó a la demaciana y la tomó de la barbilla. Observó el rostro de la demaciana en busca de alguna herida solo para recordar el por qué le agobiaba el hecho de tener que volver a verla: sin importar lo que hiciera, no había logrado sacarla de su sistema.
- ¿Alguna herida? -Preguntó Darius a Mhira-
- No, señor -Respondió- solo que su ropa quedó hecha pedazos, tuvimos que prestarle un vestido de Illia.
Illia es unos 10 centímetros más baja y más menuda que Luxanna, así que el simple vestido de lino blanco le quedaba algo corto y ajustado y ella no se veía muy cómoda. La idea que había tenido en la taberna volvió a su cabeza después de verla en ese vestido que acentuaba sus curvas pero se obligó a recordar todos los motivos por los cuales la despreciaba y el por qué ella no era su tipo.
- Mañana le consigues algo de su talla, ya pueden retirarse -Ordenó-
- Sí, señor
- Me gustaría hablar con usted, General -Dijo Luxanna-
- ¿Y qué esperas para hablar? -Respondió él-
- Preferiría que fuera en privado
Se había mantenido 2 semanas fuera de su residencia para no sentirse tentado y, sin embargo, ella insistía en ponerse en una situación comprometedora. Otra vez volvió esa idea, si tan solo supiera lo que pasaba por su mente, ella ni siquiera pensaría en estar a solas con él en una habitación.
- Será otro día -Respondió él-
- Vamos, Lyanna, el Señor está indispuesto -Dijo Mhira mientras la tomaba del brazo-
- Es que...
- Vamos, niña, sé paciente - Insistió Mhira-
- Está bien -Dijo no muy convencida-
- ¿Desea que lleven la cena más tarde a su habitación, señor? -Preguntó antes de retirarse y Darius asintió- Muy bien.
Darius terminó su trago de ron y se retiró a su habitación. Después de ejercitarse y de bañarse, se sirvió un trago de whisky y se sentó frente a la chimenea, pensando en Katarina y su atrevimiento y en el castigo que le tocaría el día siguiente por haberse colado en su palacio; le dejaría bien en claro que su relación se había terminado, no lo había comprendido por las buenas entonces tendría que hacerlo por las malas. Miró entonces que daban las 8:30pm en el reloj y se preguntó a qué jodida hora pensaban traer su cena.
Una de las chicas de la cocina caminaba a pasos apresurados llevando la cena del general en una charola. Estaba muy preocupada porque se había tomado 5 minutos de más en el baño y por eso iba tarde, yo la estaba esperando en un rincón y cuando escuché sus pasos, me le emparejé y ella casi tira la charola del susto.
- ¡Demonios, Lyanna! ¡Casi haces que tire la cena del General!
- Lo siento, no quería asustarte -No dije su nombre porque no lo recordaba, eran muchas las chicas de la cocina y aun no me había memorizado todos sus nombres- Te ves preocupada -Comenté-
- Es que ya voy tarde y al General le disgusta la impuntualidad, me va a reprender -Dijo muy preocupada-
- Ya veo... si quieres yo le llevo la cena, igual iba para allá porque me mandó llamar -Mentí-
- ¿De verdad? ¿No te molestaría llevarle la cena? Puede que te castigue por llegar tarde -Dijo-
- No te preocupes, como me llamó hace 5 minutos, seguro entenderá el por qué de mi tardanza
- Bueno, está bien -Aceptó y me pasó la charola- Buena suerte -Agregó y se fue contenta y aliviada-
Las noches en Noxus eran frías y mi bata no ofrecía mucha protección, peor aun, había salido descalza para no despertar a Illia y eso me tenía tiritando de frío. Al llegar a la puerta de la habitación del General, suspiré y toqué la puerta, escuché al General decir "Adelante" y abrí y cerré la puerta como pude. Localicé al General sentado a la mesa frente a la chimenea e inmediatamente noté su torso desnudo y parcialmente cubierto por la mesa, apenada, me acerqué a la mesa y coloqué la charola encima -Es tarde- le escuché decir mientras estaba absorto en sus pensamientos mirando a las llamas y no me prestó atención hasta que hablé.
- Siento haber traido su cena tarde, señor ¿Hay algo más que pueda hacer por usted? -Pregunté y él volteó rápidamente a mirarme; otra vez me estremecí al sentir su mirada -
- ¿Qué haces tú aquí? -Preguntó desconcertado al no esperar verme-
- Y-yo le he traído la cena, señor y me gustaría aprovechar la oportunidad para hablar con usted -Me apresuré a responder-
- Ya sabes mi respuesta, demaciana, ahora retírate.
- Señor, creo que lo menos que merezco es ser escuchada después de lo que pasó.
- ¿Te has ganado la oportunidad de ser escuchada, demaciana?
- He hecho todo lo que me han pedido, así que sí, creo que merezco que me escuche -Dije y él suspiró fastidiado-
- Sé breve -Dijo después de beber de un trago el whisky que le quedaba en el vaso y lo volvió a llenar; él parecía estar intranquilo, como si mi mera presencia le incomodara, incluso desvió su mirada hacia las llamas de la chimenea para no prestarme atención-
- ¿Cómo me descubrió? - Pregunté y él sonrió y emitió un sonido nasal parecido a un "Hm!"-
- Te crees muy talentosa pero no tienes la habilidad para hacerte pasar desapercibida -Respondió riendo-
- ¿De verdad soy tan mala en la magia? -Pregunté avergonzada-
- Pésima -Respondió él aun riendo y bebiendo otro sorbo de whisky- Sé que Demacia persigue a los magos ¿Cómo es que aprendiste lo que sabes? -Preguntó después de un breve momento de silencio y con seriedad-
- Leí los pocos libros sobre artes arcanas que pude encontrar, señor.
- ¿Has leído los de mi biblioteca? -Preguntó mientras terminaba su whisky y rellenó su vaso-
- No, Mhira no me permite la entrada, señor.
Pensé que él me ordenaría retirarme pero no lo hizo, siguió bebiendo sin retirar su vista de la chimenea. El silencio habría reinado en la habitación de no ser por el sonido del tic-tac del reloj y el crujido que emitía la combustión del carbón en la chimenea.
- No es que lo lamente pero ¿Por qué dejó vivir a mi hermano? -Pregunté-
- Porque era un oponente indigno -Respondió y bebió un sorbo de whisky-
Conocía a Garen y sabía que con el solo hecho de ser vencido en batalla se sentiría humillado pero lo que definitivamente lo abatiría sería que el General, al considerado indigno, no terminara con su vida ¿Pero por qué sería este el objetivo del General? - No puedo entender por qué dejaría que mi hermano escapara con vida, no es una decisión lógica- pensé- sospeché que era por motivos personales pero no continue preguntando sobre el tema, fueran cuales fuesen sus motivos, no me los diría.
- ¿Los Crownguard saben que puedes usar magia? -Preguntó-
- Si, ellos lo saben -Respondí y él volvió a reír-
- He escuchado sobre lo que le hacen en Demacia a los magos que son descubiertos ¿Cómo es que tu estas ilesa? ¿Tu príncipe lo sabe?
- No lo sé... y no - Respondí tras un par de segundos-
- Yo si lo sé: Porque eres una noble y por eso eres una excepción -Dijo con tono despectivo- ¿Qué habría hecho Jarvan si se lo hubieras confesado?
- No lo sé, señor... -Él se quedó pensativo tras mi respuesta y asumí que no tenía más preguntas- ¿Qué ha hecho con mi magia? -Pregunté entonces-
- Ya es suficiente, demaciana - Dijo, se puso de pie y se acercó a mi con la intención de sacarme de su habitación; yo no pude evitar sonrojarme al ver su torso desnudo y percatarme que llevaba un pantalon negro de tela que yo sabía que él utilizaba como ropa interior - ¿Por qué te sonrojas? - Preguntó estático al notar mi reacción-
- E-es que... -Tartamudee y miré al piso- Ay, dioses... -Murmuré- ¿Podría al menos ponerse una camisa?
- No - Respondió y después me tomó del brazo y me sacó de su habitación-
- Señor ¿Podría usar su biblioteca? Prometo que no haré nada raro, ademas, no puedo usar magia -Dije mientras sostenía la puerta-
- Lo voy a pensar, ahora retírate y no vengas aquí si no te llamo, demaciana - Respondió antes de cerrar la puerta-
Yo me devolví a mi habitación a toda prisa y cuando llegué, descubrí que Illia estaba despierta esperándome.
- ¿Donde diablos estabas? -Preguntó aliviada- Casi voy a decirle a Mhira que te habías ido.
- Salí a dar un paseo porque no podía dormir -Mentí y ella me miró con incredulidad-
- ¡Ash! Sé que estas mintiendo, Lyanna, pero allá tu si te cachan -Dijo mientras se metía a su cama y se cubria con el cobertor- Buenas noches.
- Buenas noches -Respondí y también me dispuse a dormir. Esa noche sería la primera en dos semanas en la que no vería a Sylas en mis sueños, sorprendentemente dormí tranquila.
Algo de historia sobre el palacio Secundo Ducis:
El palacio pertenecía a una muy importante casa noble que apoyaba a Darkwill. Los palacios eran escasos en Noxus Primo y eran bastante codiciados, sin embargo, fueron los miembros del Trifarix quienes recibieron los más importantes y lujosos porque, como figuras políticas del más alto rango, debían proyectar una imagen de poder y opulencia. Darius no estaba de acuerdo y expresó abiertamente que él no aceptaría ese palacio pero Jericho Swain, con argumentos relacionados a su papel como miembro del concejo del Trifarix - Responsable de los asuntos políticos y diplomacos del imperio de Noxus- lo convenció de aceptarlo.
La apariencia interior del palacio está inspirada en Chatsworth House y el Palacio de Versalles; la apariencia del jardin exterior en el Palacio Schönbrunn; y la apariencia del jardin interior en Burghley House.
