¡ADVERTENCIA!
HAY CONTENIDO SEXUAL EN ESTE CAPÍTULO, LEANLO BAJO SU PROPIO RIESGO
Sin más, feliz lectura!
Palacio real de Demacia
Hacía un mes que no escuchaba noticias sobre su prometida y tanto él como los Crownguard estaban desesperados porque, a pesar de que ya habían enviado a buscarla, aún no habían encontrado siquiera una pista de dónde estaba.
- Su majestad ha estado distraído y muy preocupado -Dijo la mujer que yacía con él en la cama-
- Es mi prometida, aun no sé a dónde se la llevó ese desgraciado de Sylas
- Tal vez ella no quiere ser encontrada y es feliz con ese tal Sylas
- No, Lux jamás se atrevería a irse con ese infeliz
- Podría sorprenderse, su majestad, tal vez ella no deseaba ser su reina después de todo. Además, he escuchado que ese Sylas era muy bien parecido... No me sorprendería que ella se haya dejado seducir por él.
- Deja de decir estupideces -Dijo fastidiado mientras se levantaba bruscamente de la cama y empezaba a vestirse-
- Por favor, no se moleste conmigo su majestad -Dijo ella mientras lo abrazaba por la espalda-
- Ya terminé contigo -Le dijo mientras se la quitaba de encima y le dejaba una bolsa de cuero llena de oro sobre la cama- pronto vendrá por tí un sirviente para embarcarte de vuelta a La casa del placer*.
- Espero haberlo complacido, su majestad -Dijo ella y él salió de la habitación-
Estaba molesto porque ahora su amante le había sembrado la duda ¿Y si era cierto que Lux había huido con Sylas? ¿Y si ella se había entregado a él? ¿Y si en este mismo instante Sylas le estaba haciendo el amor? No, no podía ser, Lux jamás haría eso. La conocía desde la niñez y siempre había sido tímida e inocente, incapaz de tales bajezas. Jarvan caminaba absorto en sus pensamientos hacia sus aposentos, recordó lo dificultoso que había sido convencerla de que siquiera lo dejara besarla, había sido él quien le había dado su primer beso y le había enseñado a besar, ella nunca mostró señal alguna de haber adquirido experiencia en ese tipo de menesteres de otra fuente que no fuera él. Jarvan estaba seguro de que ella se había conservado pura e inocente para él.
- Su majestad -Lo llamó su consejero pero no lo escuchó - ¡Su majestad! -Lo llamó por segunda vez y esta vez sí lo escuchó y se volvió hacia Lord Radley- Perdone que lo haya interrumpido, su majestad.
- Espero que sean buenas noticias, Lord Radley ¿Ya encontraron a Lady Luxanna? -Preguntó Jarvan esperanzado pero Lord Radley negó con la cabeza- ¿Entonces qué es?
- Me parece más indicado tratar este asunto en la privacidad de su estudio, es un asunto muy serio, su majestad.
- Esta bien.
Mientras caminaban hacia el estudio privado del Rey, Jarvan no dejaba de preguntarse qué clase problema podría ser tan serio que ameritaba que el mismísimo Lord Radley se hubiese molestado en apersonarse específicamente para comunicárselo. Al llegar al estudio, Jarvan se apoyó sobre la orilla del frente de su escritorio y esperó a que su consejero cerrara la puerta tras de sí y se pusiera cómodo, aunque éste no hizo lo último.
- Ha surgido una seria acusación sobre su prometida, su majestad.
- ¿Qué clase de acusación? -Rápidamente llegaron a su cabeza las palabras de su amante- ¿Es sobre su virtud? ¿Están cuestionando su virtud?
- No, su majestad. Hay rumores de que Lady Luxanna es una usuaria de la magia -Jarvan se echó a reir cuando Lord Radley terminó la frase-
- Solo son rumores, pronto dirán que yo también soy un mago -Dijo divertido-
- Su majestad, la corte no ha tomado de buena manera estos rumores y hay quienes se han pronunciado en contra de su compromiso con Lady Luxanna.
- Entonces haz que se les castigue y también a quienes han esparcido estos rumores sobre de Lady Luxanna.
- Podrían pensar que está obsesionado con ella y que tanto eso como sus severas medidas se deben a que Lady Luxanna lo ha embrujado; las cosas podrían complicarse más de lo que deberían de tomar esas acciones, su majestad.
- ¿Y qué debo hacer, Lord Radley? ¿Permitir que se mancille el honor de mi futura reina?
- Su majestad debería reconsiderar su compromiso con Lady Luxanna ahora que ha surgido este desafortunado inconveniente. Dado que ella desapareció en vísperas de su boda, podríamos alegar que se ha fugado con Sylas de Dregbourne y roto su compromiso...
- ¿Y quién tomaría su lugar? Déjeme adivinar: Marlene Vayne, Elisa Buvelle, Shireen Durand... o tal vez Mildred Radley
Lord Radley guardó silencio porque todas las candidatas que mencionó pertenecían a las casas -la suya incluida- que no simpatizaban completamente con los Crownguard y prácticamente el Rey estaba insinuando que lo sugerido no era más que un complot en contra de los Crownguard.
- Llama a la corte, tengo un anuncio que hacer.
- Son las 10pm, su majestad ¿No preferiría dejarlo para mañana?
- No, tiene que ser ahora mismo.
- Si, su majestad.
Media hora después en el salón del trono...
Se habían reunido todos los cortesanos en el salón del trono, Jarvan estaba sentado en el trono, Lord Radley se encontraba de pie a su lado derecho y Lady Tianna Crownguard a su lado izquierdo. Todos los cortesanos esperaban expectantes el anuncio del Rey.
- He escuchado el siguiente rumor sobre Lady Luxanna Crownguard: Que es una usuaria de la magia, una hechicera o bruja.
Todos los cortesanos empezaron a hablar entre sí y Lord Radley tuvo que llamar al orden.
- No voy a permitir rumores sobre mi prometida y a quien se sorprenda esparciendo este rumor, me aseguraré de que sea debidamente castigado y exiliado de mi reino.
Lady Tianna levantó el mentón y sonrió satisfecha y altiva cuando Jarvan terminó su anuncio. Los cortesanos volvieron a hablar entre ellos, visiblemente molestos.
- Su majestad está siendo muy severo -Le susurró su consejero, pero Jarvan lo ignoró-
Jarvan se levantó del trono y se retiró del lugar con Tianna siguiéndole el paso.
- Su majestad -Lo llamó Tianna y él se detuvo y se volvió hacia ella- Le agradezco mucho su apoyo, su majestad.
- No voy a permitir que se hable mal de la mujer que amo -Respondió él y siguió su camino-
Tianna estaba agradecida pero también muy preocupada ¿Qué sucederá con la casa Crownguard si se descubre que efectivamente Lux es uno de esos fenómenos? Tenía que encontrar ya a la fuente de esos rumores y hacerla callar para siempre.
- Tía -La llamó Garen y ésta volteó a mirarlo- Parece que Lux está en Noxus -Dijo en voz baja-
- ¿Y qué diablos hace en Noxus? -Preguntó también en voz muy baja-
- El General Darius la ha tomado como prisionera, pero no te preocupes, ha recibido buen trato y está ilesa.
- Por los Dioses, esto resuelve todos nuestros problemas
- ¿Por qué? -Preguntó Garen-
- ¿No te parece extraño que los noxianos no hayan hecho pública la captura de Lux? Tampoco han tratado de negociar su regreso.
- Sí, es extraño. Entonces ¿Cree que no tienen intenciones de regresarla?
- Eso creo, sobrino, también significa que no estará aquí para causar más problemas y que todos los rumores sobre ella serán disipados cuando se sepa que fue secuestrada por los noxianos.
- No podemos hacerle eso a Lux, tía
- Dices que está ilesa ¿No? Tal vez quedarse para siempre en Noxus sea lo mejor para ella
- No puedo creer que esté diciendo eso y no lo acepto ¡No voy a dejar a mi hermana a su suerte y a merced de un bárbaro noxiano, mucho menos lo permitirá Jarvan!
- Ssssh baja la voz y usa tu raciocinio, ni nosotros ni Jarvan podemos hacer nada por sacarla de Noxus. Además, no hay cazadores de magos en Noxus, estará más segura ahí.
Garen se quedó pensativo. Katarina le había asegurado que, aunque Lux era una criada en el palacio del General Darius, estaba ilesa y cuando le expresó su preocupación ante la posibilidad de que el General abusara de ella, también le aseguró que jamás le tocaría un pelo.
- ¿Qué hay de su compromiso con Jarvan?
- El rey concluirá que Lux ha sido mancillada por los noxianos, la repudiará, romperá el compromiso y se casará con otra. Y, si esto te deja más tranquilo, trataremos de llegar a un acuerdo con los noxianos para asegurar el bienestar de Lux.
Garen asintió, aunque aún estaba preocupado por su hermana y tampoco estaba muy convencido ¿Y si los noxianos no quisieran negociar? Solo podía rezar a los dioses porque inclinaran la balanza a favor de Lux. Esa misma noche Tianna Crownguard escribió una carta dirigida al General Darius y, al igual que su sobrino, rezó a los dioses porque éste accediera a negociar.
Lo que los Crownguard ignoraban es que un par de cazadores de magos sabían la verdad sobre Lux y que éstos planeaban sacarla a la luz y ya habían empezado, primero con rumores para que estos lleguen a oídos del Rey y sembrarle la duda y después presentar pruebas, siempre y cuando las encontraran, claro.
2 semanas después, Palacio Secundo Ducis, Noxus Primo
En el corto tiempo que llevaba en Noxus me percaté de que en realidad Demacia no tenía mucha información del Noxus actual y eso era muy malo. Los noxianos no eran para nada una horda de bárbaros que vivía en casuchas de pieles y palos sobre la suciedad, y que iban por ahí a caballo asaltando y abusando pequeños asentamientos que se cruzaban en su camino; Eran altamente organizados y civilizados. Desde que el general Darius me había concedido acceso a la biblioteca (y como no podía usar mi magia) me dediqué a leer libros sobre la historia de Noxus y sus costumbres, no iba a desperdiciar la oportunidad de aprender sobre el enemigo. El libro que estaba leyendo en esta ocasión era el testimonio de un maestre anónimo que narraba lo acontecido durante el derrocamiento del emperador Darkwill y me encontraba bajo un árbol echada sobre el pasto leyendo cuando Allen me interrumpió.
- ¿Qué haces, demaciana? - Preguntó y, como no lo esperaba, me provocó un sobresalto y cerré el libro-
- ¡Dioses, casi me provoca un infarto!
- Así tendrás la conciencia ¿A caso estás leyendo La sensual doncella shurimana o qué? - Preguntó riendo-
Yo me puse de pie y coloqué el libro bajo mi brazo.
- ¡Por supuesto que no! - Respondí indignada; no sabía de qué libro estaba hablando, pero pude inferir que se refería a un libro seguramente obsceno-
- A ver - Dijo arrebatándome el libro, yo manotee para recuperarlo, pero él me esquivó, lo abrió y lo ojeó - ¿Un libro de historia? Pensé que las chicas como tu leían novelas románticas tontas o algo así ¿Eres una cerebrito o qué?
Yo crucé los brazos, le dediqué una mirada desdeñosa y me encaminé de vuelta hacia dentro del palacio, pero él me tomó del brazo y me detuve.
- Oye, no te enojes, solo estaba bromeando -Dijo mientras me devolvía el libro-
- Usted se comporta como un niño -Dije aun molesta-
- No sé qué me pasa cuando estoy cerca de ti ¿Me perdonas?
- Supongo -Respondí encogida de hombros e incómoda por su comentario-
Allen deslizó su mano por mi brazo hasta la mía, la sostuvo de la palma, la elevó y besó el dorso delicadamente. Yo me sentí aún más incómoda por su gesto y retiré mi mano.
- Hay algo que quiero darte -Dijo mientras sacaba una rosa azul de entre los pliegues de su capa y me la ofrecía- Es para ti.
- Es muy bonita, pero estoy comprometida y no sería apropiado aceptar obsequios de nadie que no sea mi prometido. Discúlpeme, señor Allen.
Allen iba a decir algo, pero me fui corriendo sin darle oportunidad de decirlo ¿Qué se le había metido? Más bien ¿Qué se les había metido a todos? Si este lugar fuera Demacia, ya los habrían echado a un calabozo por propasarse con una noble. Pero esto no era Demacia y yo ya no era una noble, estaba al mismo nivel que Allen y los demás sirvientes que también me acosaban. En mi camino me encontré a una muy emocionada Illia.
- ¡Ven rápido, vamos a los establos! -Dijo emocionada y tomándome de la mano-
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta emoción? -Pregunté-
- ¡Me dijo un mozo que hoy traerán a Onix, el dragón del general!
- ¿Dragón? ¡¿Tienen dragones en Noxus?! -Pregunté preocupada, había visto un estante completo de libros sobre dragones, pero no le había dado importancia, le había achacado ese interés a los anteriores dueños del palacio pero ahora entendía que el interés era del General-
- ¿Por qué? ¿No los tienen en Demacia? -Preguntó Illia- ¡Ay, ya no importa! ¡Nos vamos a perder el espectáculo, apúrate! -Dijo sin darme oportunidad de responder-
Fuimos corriendo hacia los establos y, conforme nos acercábamos, vímos con emoción cómo el dragón aterrizaba y levantaba una nube de polvo con el batir de sus alas. Cuando llegamos al lugar, un mozo nos indicó un lugar seguro desde donde podíamos observar a la fiera bestia de escamas negras sin riesgo de perder una extremidad; no pudimos ver nada por la nube de polvo, pero una vez ésta se disipó, pudimos ver al Dragón, un yordle y al General. El yordle y el General estaban conversando, no pude escuchar su conversación debido a la lejanía, pero como el yordle le estaba entregando las riendas, supuse que eran instrucciones. El General se dispuso a montar al dragón, pero el yordle nos señaló a mí y a Illia, luego el general envió a un mozo hacia nuestra dirección.
- El General necesita a alguien que lo acompañe en su paseo -Dijo él y antes de que terminara, Illia me empujó hacia delante-
- Lyanna es la indicada, a mí me dan terror los reptiles -Dijo y yo la miré con los ojos entrecerrados y ella sonrió de forma burlona-
- Apúrate, Lyanna, el general se está impacientando -Dijo el mozo y yo me encaminé hacia donde estaba Darius-
- ...recuerde sujetar bien a su acompañante, general -Escuché diciendo al yordle- ¡Qué jovencita tan más bonita! -Exclamó el yordle cuando me vio llegar- Seguro que el general no tendrá problema en sujetarla bien, eh - Le dijo al general mientras le guiñaba un ojo y golpeaba su pierna con el hombro; yo me sonrojé y Darius solo sonrió levemente-
Darius se acercó a la cabeza del dragón, le rascó la barbilla y éste cerró sus grandes ojos amarillos mientras que se relajaba completamente, recostándose en el suelo.
- ¡Esa es muy buena señal, general! El chico aun lo reconoce y confía tanto en usted que se atreve a cerrar los ojos aun estando usted cerca de su cabeza -Comentó el yordle-
- Ven, acércate despacio -Me llamó el general, sin darle importancia a lo que decía el yordle-
Yo estaba muerta de miedo, me quedé paralizada a un lado del yordle.
- Vamos chiquilla, acércate -Me animó el yordle-
¿Y si terminaba siendo almuerzo de dragón? Yo me negué y me quedé donde estaba y, al ver mi reacción, el General se acercó a mí, extendió su mano cuando estuvo lo suficientemente cerca y yo la tomé titubeante, él me acercó al dragón y observé cómo lentamente colocaba mi mano sobre su cabeza y yo tensé mi mano y cerré los ojos por el miedo.
- Confía en mi -Me dijo en voz baja- Deja que se acostumbre al calor de tu mano y luego rascas despacio. No hagas movimientos bruscos -Agregó-
Yo hice lo que él me dijo, pero Onix abrió los ojos y giró su cabeza hacia mi dirección y pegó su nariz y hocico a mi vientre para olfatearme. Casi muero del miedo cuando sentí su aliento caliente y la aspereza de su piel.
- Tranquila, solo te está conociendo -Dijo en voz baja-
Yo me quedé estática mientras la bestia empezó a frotar su cabeza contra mi cuerpo como si intentara impregnarme con su olor, el General solo observó tranquilamente mientras que el yordle observaba muy emocionado. Una vez Onix indicó haberme aceptado, el general me tomó de la cintura, me levantó con facilidad para ayudarme a subir al lomo del dragón y después subió detrás de mí.
- Dioses... -Murmuré cuando, después de atarnos con la correa de seguridad, el General ordenó al dragón alzar el vuelo con las riendas-
Onix empezó a correr y a agitar sus enormes alas hasta que despegó. Aunque iba bien sujeta a la silla con la correa de seguridad, mis manos y muslos, conforme la bestia ascendía, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho y puse una mano sobre mi boca para no dejar escapar un grito. Cuando el General notó que solo iba sujeta con una mano, rodeó mi cintura con su brazo y me apretó contra su cuerpo. Una vez alcanzó la altura que el General deseaba, Onix empezó a planear con suavidad (por indicación del General) y fue cuando pude ver que estábamos por encima de las nubes.
- Es hermoso... -Susurré cuando vi cómo la luz del sol pintaba las nubes de tonos naranjas, rojizos, rosados y violetas al empezarse a ocultar tras la cadena montañosa del oeste-
El General me seguía apretando y yo no le había tomado mucha importancia por la adrenalina, pero ahora, ya en la calma, pude ser consciente de la sensación que provocaban en mi espalda su duro abdomen y el calor que irradiaba su cuerpo. Ya no sabía qué me ponía más de nervios, si el hecho de estar volando a lomos de un dragón o el hecho de tener contacto físico con el General. Me estremecí y lo miré tímidamente de reojo y él, al notarlo, me soltó de inmediato. Planeamos en círculos por un rato, observando el paisaje bajo de nosotros y el del horizonte.
- Vamos a descender, sujétate bien - Me advirtió el general poco antes de hacer que Onix descendiera a toda velocidad hacia los muelles de Noxus Primo.
Otra vez ahogué un grito con mi mano y cerré los ojos mientras que el General me volvía a sujetar con fuerza- No cierres los ojos -Me dijo al oído- Y yo los abrí para observar cómo nos acercábamos a los muelles a toda velocidad, primero sobrevolando sobre enormes árboles; luego pasando entre acantilados y provocando que las aves salieran volando despavoridas; y después sobre el muelle donde las personas, al ver la sombra de Onix, entraban en pánico y salían corriendo hacia diferentes direcciones, como si estas fuesen hormigas.
Con la guía de Darius, Onix planeo entre los barcos mercantes que iban llegando al puerto con agilidad y rozaba la superficie del agua con sus alas en cada inclinación, mojando a los incautos marineros que se encontraban cerca y que, al verse empapados, gritaban maldiciones. El general y yo reímos al unísono por la travesura y, una vez terminamos de mojar y asustar a los marineros, nos dirigimos de vuelta al palacio. Ya estando en tierra y aun riendo, Darius se quitó la correa de seguridad y bajó del dragón, yo también me dispuse a hacer lo mismo, pero cuando intenté bajar, perdí el equilibrio cuando Onix se movió bruscamente, me resbalé y cuando pensé que estaría tirada en el suelo, él me había atrapado y yo me había sujetado instintivamente a su cuello. Nuestras miradas se trabaron un instante y pensé en lo agraciado que era su rostro... no pude evitar ruborizarme. Qué vergüenza.
- Ten más cuidado -Dijo él después de aclarar su garganta-
- S-si, lo siento, señor -Me disculpé mientras el General me bajaba a la altura justa para ponerme de pie-
Onix se quedó tranquilo mientras Darius le quitaba la silla y yo rascaba su cabeza. Esperaba que el yordle apareciera, pero no lo hizo y miré hacia todas direcciones para buscarlo, pero aparentemente éste ya se había esfumado.
- ¿Quién es un buen chico? - Le decía a Onix mientras lo rascaba y él emitía un sonido suave y agudo, parecido a un ronroneo -
De pronto escuché un silbido y el dragón volteó de inmediato hacia donde estaba el General, quien sostenía una red llena de pescado (que probablemente un sirviente le había llevado) y que caminaba hacia dentro de una fosa; Onix fue tras de él sin pensarlo dos veces. Cuando el general salió de la fosa y caminó hacia mi dirección, los mozos la cerraron con una pesada puerta de metal reforzado y colocaron una lona encima.
- Sigues aquí -Dijo Darius quien había recuperado su expresión seria-
- Solo quería agradecerle, nunca había volado y mucho menos sobre un dragón... Gracias -Le dije sonriendo-
La rigidez de la expresion del general desapareció momentáneamente y sus ojos se abrieron más, como si estuviera asombrado.
- ¡Tsk! De nada, demaciana - Dijo mientras desviaba la miraba hacia otra dirección-
Podría haber jurado que se sonrojó y que volteó hacia otro lado para que no lo notara, pero el sol ya se había ocultado y no podría asegurarlo, de igual forma, me sentí anonadada por haber presenciado esa faceta suya. Me recordó a Sylas, que aparentaba ser frio pero que en realidad era cálido en su interior.
Con el permiso del General, me encaminé hacia la cocina porque ya casi era hora de la cena, pero antes de salir de los establos, volteé hacia donde estaba él y, cuando lo atrapé mirándome, sentí como un golpe en el pecho; él volteó hacia otro lado de inmediato y caminó hacia otra dirección. No sé por qué o tal vez no quería admitirlo, pero me pareció lindo.
Llegué a la cocina justo a la hora de la cena y ya todos se habían sentado a la mesa a comer. Illia y yo siempre nos sentábamos juntas a comer al final de la mesa, pero últimamente nos rodeaban los chicos y hacían lo posible por entablar una conversación con nosotras e incluso nos traían regalos que, felizmente Illia aceptaba encantada y que yo rechazaba. Las demás chicas nos miraban con resentimiento al ver que los muchachos nos dedicaban tanta atención y, por eso, empezaron a esparcir habladurías y a decir que Illia y yo teníamos encuentros con los demás sirvientes en lugares escondidos y oscuros del palacio y que los regalos en realidad eran nuestra paga.
- No les hagas caso, tienen envidia -Dijo Illia cuando le conté sobre esos rumores-
- Lyanna -Me llamó Mhira- Ven conmigo, por favor.
Dejé mi plato a medias y seguí a Mhira hasta el jardín interior. No había nadie en ese lugar salvo nosotras dos.
- ¿De dónde vienen esos rumores sobre ti e Illia?
- No lo sé, dijo Illia que era envidia -Respondí-
- Me he dado cuenta de que últimamente los sirvientes son muy atentos contigo e Illia ¿Están coqueteando con ellos?
- ¡No, señora! -Exclamé avergonzada- Solo puedo decirle que no importa lo que diga o haga, no me dejan tranquila.
- ¿Estás aceptando sus regalos?
- No, jamás.
- ¿Illia lo hace?
Nunca había sido buena para mentir o fingir así que me mordí el labio inferior y guardé silencio.
- Ah, ya entiendo qué es lo que pasa, pero eso lo hablaré con Illia. Por cierto, los vi a ti y a Allen en el jardín y debo advertirte que a Allen le gusta jugar con los sentimientos de las chicas ingenuas, no te dejes envolver por lo que diga.
- Siendo honesta, más que envolverme, su actitud me inquietó.
- Si, me di cuenta, pero no está de más advertirte.
- Gracias, señora.
- Ve a terminar tu cena y dile a Illia que venga -Dijo después de un breve silencio-
Yo obedecí y le entregué el mensaje de Mhira a Illia que, aunque a regañadientes, acudió a donde Mhira. Más tarde y muy molesta, tomaría todos los regalos y los devolvería, haciéndome responsable de tal desgracia. No entendía por qué la tomaba contra mi si yo no había hecho nada, incluso me ignoró y se fue al balneario con las demás chicas después de ducharse; yo pensaba en irme a mi habitación después de ducharme así que me daba igual la antipatía de Illia, seguro pronto se le pasaría.
Lyanna, el General te ha llamado -Me dijo Mhira en voz baja para que nadie más escuchara, supuse que era para que no hubiera nuevos rumores- Ve de inmediato -Agregó cuando se percató de que iba a tomarme mi tiempo-
Solo llevaba mi bata de dormir. Sin ropa íntima ¿De verdad Mhira esperaba que fuera así?
- Vamos, Apresúrate, niña -Dijo en voz baja-
Me sequé tan rápido como pude, me puse la bata y me encaminé hacia la habitación del general. Era una noche fría y el hecho de tener aun el cabello muy húmedo, me provocaba más frío del que verdaderamente hacía, pero el pensar sobre estar en presencia del General me ayudó a ignorarlo. No sé por qué me inquietaba tanto su mirada, recordé cómo me miraba aquella vez en la taberna y hoy por la tarde ¿A caso le gustaba? no, no podía ser porque él me consideraba una enemiga ¿No? Era más seguro que hubieran sido deseos incontrolables de estrangularme por haberme atrevido a infiltrarme en su ciudad o tal vez de ver cómo me ejecutaban brutalmente. Se me erizó la piel al recordar la sensación de su abrazo, el calor de su cuerpo y el simple hecho de estar ante él pero ahí estaba, frente a la puerta de su habitación. Toqué la puerta, pero nadie respondió así que me sentí con la libertad de entrar pero, como no vi a nadie dentro de la habitación, pensé que el lugar estaba vacío hasta que vi que la puerta del ventanal estaba abierta.
La imagen de Sylas se vino a mi mente y de nuevo sentí como si un rayo me golpeara en el pecho cuando vi al General de espaldas y recargado sobre la baranda del balcón; volví a sonrojarme cuando noté que no llevaba una camisa encima. El general poseía un cuerpo bien tonificado y notorias cicatrices seguramente producto de batallas pasadas, traté de no prestarle más atención de la debida, pero pensé que era muy varonil y reconocí que era un tanto atractivo.
Observó a la demaciana caminar hacia la salida del establo y no pudo quitarle la vista de encima hasta que ella volteó y lo sorprendió, entonces se vio obligado a fingir que no la estaba observando y desvió la vista hacia otro lado. Ambos iban casi hacia la misma dirección, pero él decidió tomar la ruta más larga (por el jardín) para no tener que caminar tras ella. Darius, a juzgar por el actuar de Lux, podría inferir que ella se sentía atraída por él, pero no estaba del todo seguro ¿Tal vez era miedo? En su camino hacia su habitación, una criada que tenía la cara hinchada de tanto llorar lo detuvo.
- Disculpe, señor ¿Puedo hablar con usted? - Preguntó desesperada -
- ¿Qué pasa? -Preguntó intrigado-
- ¡Es Lyanna, no deja de coquetear con mi marido, ni tampoco con los demás sirvientes y los guardias! -Dijo llorando- ¡Por favor, señor, tiene que hacer algo!
Darius escuchó con calma a la mujer que se seguía quejando sobre la demaciana y los regalos "suntuosos" que su marido y los otros hombres le hacían, pero por dentro, una oleada de dudas empezaban a invadirlo ¿A caso la demaciana coqueteaba con cuanto hombre se le cruzaba? ¿Les sonreía como le sonreía a él? ¿Les permitía tocarla y estrecharla como se lo había permitido a él? No quería imaginarlo, pero por más que trataba, no podía dejar de hacerlo.
- Anda y dile a Mhira que le he enviado llamar.
- ¿Echará a Lyanna del Palacio, señor? -Preguntó la mujer que súbitamente había parado de llorar-
- No es tu asunto. Anda de una vez.
La mujer obedeció y fue corriendo a llamar a Mhira quien se presentó de inmediato en la habitación del General.
- Me mandó llamar, señor -Dijo una muy agitada y preocupada Mhira al llegar-
- Toma asiento -Dijo él y ella obedeció-
- ¿Cómo es ella? -Las preguntas de Darius tomaron a Mhira por sorpresa y ésta arqueó las cejas. Ella era una mujer muy perceptiva, además, tenía ya algunos años trabajando para La Mano de Noxus y sabía, por su tono de voz, que estaba más que molesto-
- ¿Lady Luxanna? -Preguntó y él asintió - Bueno... como es de esperarse de una mujer de alta cuna, tiene excelentes modales y comportamiento, no tengo quejas sobre ella señor, aunque las demás chicas resienten un poco su presencia. En cuanto a su personalidad diría que es una muchacha tímida, ingenua, agradable, inteligente, dulce y en exceso complaciente, pero es comprensible porque fue criada y educada para complacer a su futuro esposo -Respondió Mhira-
- ¿Por qué están resentidas las demás criadas?
- Es porque Lady Luxanna llama toda la atención de los sirvientes y guardias y estos la bañan de halagos y regalos en cada oportunidad que tienen -Respondió preguntándose qué le habían dicho exactamente-
Darius apretó los puños por los celos que sintió al imaginar que la demaciana disfrutaba de las atenciones, obsequios y miradas lascivas de los sirvientes y guardias.
- ¿Le ha correspondido a alguno? -Se apresuró a preguntar y Mhira pudo inferir más o menos qué le habían informado-
- No que yo sepa. Creo que es demasiado ingenua como para darse cuenta de sus intenciones o aun guarda esperanzas de casarse con su prometido o simplemente finge no darse por enterada -Respondió esperando mitigar la ira del General, tal vez todo se arreglaría si le decía lo que había hecho Illia, pero temía lo que le sucedería si lo hacía, así que prefirió callar; si bien Lady Luxanna pagaría los platos rotos, no recibiría un castigo tan ejemplar como el que recibiría Illia-
- Gracias, Mhira, ya puedes retirarte y dile a la demaciana que venga de inmediato.
- Si, señor -Obedeció y salió de la habitación-
Darius ardía en celos al pensar que algún sirviente o guardia disfrutó de la sensación de la tersa piel de Luxanna Crownguard bajo sus dedos, su estremecimiento, sus coqueteos, sus ademanes, su estrecha cintura, la calidez de su cuerpo, sus labios rosados, su aroma, sus besos, sus caricias... Se recargó en la orilla de la mesa, volteó a ver de reojo la botella de cristal llena de whisky y pensó en servirse un trago - ¡Maldición! - Masculló con rabia- Debería estar pensando en situaciones más apremiantes, no en la demaciana. Necesitaba tranquilizarse. Necesitaba que lo golpeara el aire frío. Necesitaba salir a respirar aire fresco así que se quitó la chaqueta y la camisa y los colgó en una silla, se sirvió un trago de whisky y salió al balcón. Luego de unos minutos de reflexión se sintió como un estúpido porque Luxanna y él no eran nada y los celos que sentía eran infundados, en primer lugar, no debería ni sentirlos ¿A él qué más le daba si ella elegía revolcarse con otro u otros? No debería de importarle, oh, pero sí que le importaba. Escuchar el canto de las aves nocturnas, el sonido de las ráfagas de viento fresco y el del fuego de las antorchas de piso al ser azotado por el viento, lo relajó hasta que escuchó la voz de la más joven de los Crownguard.
Buenas noches, señor - Saludó Lux desde el umbral y él se volvió, terminó su bebida de un trago y se encaminó de vuelta a su habitación-
Notó que el cabello de la demaciana estaba suelto y húmedo y que llevaba una bata de dormir de tirantes blanca y delgada que llegaba hasta un par de centímetros arriba de sus rodillas; Ella intentaba cubrirse del frio al cruzar y frotar sus brazos mientras él se preguntaba si vestía así frente a los sirvientes y, así como se fueron, los celos volvieron. El general arrojó el vaso de cristal hacia la chimenea y se acercó a ella y la tomó y la jaló de un brazo.
- ¿Es cierto lo que dicen que haces con los sirvientes? -Le preguntó en voz baja pero que denotaba enojo-
- ¿Qué? Yo no he hecho nada con nadie, señor -Respondió Lux con desconcierto y expresión inocente, pero Darius ya estaba convencido de que fingía-
- ¡Deja de fingir! ¿¡Con cuantos de ellos te...!? -Preguntó tomándola de ambos brazos, pero ella no lo dejó terminar, se zafó, lo empujó y le propinó una bofetada-
- ¿¡Cómo se atreve!? -Exclamó molesta y con los ojos vidriosos, se dio media vuelta y caminó rumbo a la salida de la habitación- ¡No sé por qué me hace venir si ni siquiera me ha concedido el beneficio de la duda! -Agregó mientras caminaba indignada y se secaba las lágrimas-
- ¡No te he ordenado retirarte, demaciana! -Exclamó enfurecido por la bofetada mientras la alcanzaba justo antes de abrir la puerta y la volvía a tomar del brazo-
- ¡Suélteme, me está lastimando! - Exclamó mientras forcejeaba-
Darius estaba tan furioso que nada le importó lo que dijera la demaciana, se recargó en la puerta para cerrarla y evitar que ella la volviera abrir. Viéndose acorralada, ella se quedó pegada de espaldas a la puerta y puso una mano sobre el pecho del General para tratar de mantenerlo alejado, pero de nada le sirvió porque, aunque ella luchó por zafarse, él la tomó de ambas muñecas y las ancló por encima de su cabeza. Sin su magia no podía defenderse y nada podía hacer contra la fuerza descomunal del General.
- Harás lo que yo te ordene, cuando te lo ordene porque me perteneces.
Lux lo miró sorprendida, como si no pudiera creer lo que estaba oyendo.
- ¿Por qué? ¿Por qué hace esto?
La pregunta provocó que Darius empezara a cuestionarse las estupideces que estaba haciendo ¿Qué carajo le estaba pasando? ¿Por qué le era tan difícil recobrar su autocontrol? Sin embargo, no retrocedió, ya estaba donde estaba y no daría vuelta atrás.
- Contéstame tú ¿Qué fue lo de la taberna? - Ella se sonrojó cuando recordó lo que pasó en la taberna-
- Eso... Eso fue porque debía hacerlo -Respondió sin entender a qué venía esa pregunta-
- ¿Y lo de esta tarde también era un deber? ¡Seguro haces lo mismo con los sirvientes y los guardias!
- ¡Yo jamás haría eso con... con... -Se vio interrumpida por sus propios pensamientos, al tratar de dilucidar por qué el General estaba como loco-
Claro ¿Por qué no lo había pensado antes? Se le había olvidado que para los nobles era impensable fraternizar con plebeyos y seguro que Lux no era diferente.
- ¿Con un inmundo plebeyo?
- ¡No! -Exclamó aun ruborizada, aparentemente se había percatado de que la actitud del General se debía a los celos- A mí no me importa eso...
Darius soltó las muñecas de la demaciana esperando que saliera corriendo, pero ella no se movió de su lugar, luego pasó la mano por su hombro y después por su clavícula, siguiendo lentamente su contorno hasta la nuca; ella se exaltó y su piel se erizó. Él acercó su rostro al suyo hasta el punto en el que sus narices casi se tocaban y ella entreabrió sus labios rosados como si fuera a decir algo, pero no emitió ningún sonido. Dioses, él en verdad esperaba otra fuerte bofetada y su rechazo, pero ella no lo hizo ¿Por qué no lo hacía?
- Entonces ¿Permitirías que un plebeyo te toque? -Preguntó Darius en voz baja-
- A nadie en particular, estoy comprometida -Respondió en un susurro y él rio-
- Aun así no me rechazas
- No tiene caso que lo haga si ya ha dicho que le pertenezco, en otras palabras, hará conmigo lo que le plazca me oponga o no.
- En eso estamos de acuerdo, eres mía.
Sin más dilación cubrió los labios de Lux con los suyos y ella, en vez de rechazarlo, rodeó su cuello con los brazos y le correspondió. Al principio era un beso de lo más simple, pero cuando él sintió que ella tímidamente pasaba la punta de la lengua por su labio superior tratando de encontrar la suya, se tornó en un beso apasionado en el que ambos buscaban y acariciaban la lengua del otro. Luego él la levantó en sus brazos, la llevó hasta su cama, la colocó sobre ella y, cuando se posicionó entre sus piernas, se percató de que ella se estremeció al sentir su erección.
No debería de estar haciendo esto con ella, pero no podía detenerse, más bien, no quería detenerse y menos cuando ella le permitía deslizar los tirantes de su bata por sus brazos hasta dejar sus pechos descubiertos. Menos cuando ella suspiraba al sentir cómo él cubría perfectamente sus pechos de tamaño mediano con sus manos grandes y callosas y pellizcaba delicadamente sus pequeños pezones rosados mientras que, a pesar de sus protestas cuando abandonó sus labios, le besaba el cuello y bajaba lentamente hasta uno de sus pechos.
Muchas menos ganas tenía de detenerse al escucharla gemir cuando se llevó el pezón a la boca y lo acarició con la lengua mientras no dejaba de prestarle atención al otro con su mano y dedos.
Aunque evidentemente Lux no sabía muy bien qué hacer más que clavar las uñas en los hombros de Darius y ocasionalmente tirar de su cabello, para él era una señal clara del placer que le estaba provocando y no había nada más satisfactorio que eso... Pensándolo bien, sí había algo más satisfactorio, pero aún no era hora de llevarlo a cabo. Al sentir lo húmedo que estaba su pantalón (No estaba seguro de si por causa suya o de ella), él dejó de acariciarla y se puso de rodillas aun entre las piernas de Lux; se había arrodillado porque quería ver su expresión cuando sintiera lo que estaba a punto de hacer.
Quería ver cómo su mirada inocente se esfumaba y daba paso a una llena de lujuria, deseosa de más placer, placer que él estaría gustoso de darle hasta hacerla gritar su nombre.
¡Dioses, cómo quería hacerla gritar su nombre!
Darius la tomó de las caderas y la jaló hacia él, luego introdujo una mano por debajo de su bata hasta la entrepierna de Lux, fue hasta entonces que él se percató de que ella no llevaba nada de ropa íntima y que lo único que se interponía era la delgada tela de la bata de dormir que llevaba puesta. Él gruñó cuando fácilmente recolectó la humedad de Lux con los dedos e inferir que ella estaba más que lista para que él la hiciera suya, pero aún no lo haría, antes, quería hacerla perder cabeza hasta que rogara porque la tomara de una vez. Darius estaba a punto de tocar el punto más sensible de la joven Crownguard pero ella lo tomó del brazo.
- Darius... No, por favor -Dijo sollozando
Él se paralizó ante la expresión de la demaciana y se apagó de forma súbita; no había nada más patético y humillante que tomar a una mujer a la fuerza ¿Cómo no se había dado cuenta? Parecía que ella lo estaba disfrutando ¿Qué carajo había pasado? ¿Qué había hecho mal? Todas estas preguntas pasaron por su mente, pero no se animó a preguntarle, se quitó de entre sus piernas, se echó de espaldas a la cama y observó que ella se sentó inmediatamente después de que él se quitó. Estaba llorando desconsoladamente.
- ¿Puedo retirarme, señor? -Preguntó entre sollozos-
- Vete - Respondió él y ella huyó del lugar a toda prisa-
*La Casa del Placer
Este es un enorme y lujoso palacio a orillas de un río subterráneo cuya ubicación nadie conoce (A excepción de cierto integrante de la Rosa Negra) y al que solo se accede a través de una invitación exclusiva emitida por la mismísima Madame. Para que un sujeto sea elegible como invitado éste debe ser una figura de gran importancia y, claro, tener colosales cantidades de oro para poder pagar los servicios de la casa del placer. Cada año, La Madame organiza una subasta en la que ofrece a las y los jóvenes más exóticos/as y hermosos/as de Runaterra, nadie sabe cómo y dónde los/as obtiene, pero de lo que sí están seguros sus clientes es que la inversión valdrá 100% la pena, porque es bien sabido que ninguna de sus adquisiciones habrá de tocar a un cliente sin antes haber recibido un riguroso entrenamiento en las artes del placer y el entretenimiento.
Darius ha recibido esta invitación, pero como para él no tiene sentido pagar por los favores de una mujer, la ha rechazado ya en 3 ocasiones.
Draven recibió esta invitación y no dudó en aceptarla y visitar el lugar de inmediato.
Swain recibió la invitación y la aceptó, pero no para el servicio que La Madame suponía, sino para algo más siniestro, sin embargo, no rechazó la hospitalidad del lugar una vez consiguió que La Madame accediera a proveer el servicio "especial" que él requería.
Jarvan IV es cliente del lugar desde hace 3 años y tiene a sus favoritas.
*Onix
Este dragón de escamas negras es un experimento entre Noxus y Zaun. Por encargo del Sin Rostro, el científico zaunita Singed modificó genéticamente el huevo de un dragón para que éste produjera un individuo más inteligente y dócil para que sirviera como arma del ejército noxiano, aun no se sabe qué tipo de dragón es (Fuego, escarcha, trueno o arcano) pues se niega a atacar con su aliento y tampoco se ha estrenado en batalla. Por el momento, Onix está siendo entrenado por un yordle con amplios conocimientos sobre dragones llamado Kenno y lo ha llevado con La Mano Noxus para que no se olvide de su "padre" (Pues pasó su primer año con Darius) y que además se acostumbre a su peso y al de su armadura (por esta razón fue que invitó a una doncella a volar sobre Onix).
