2° Capítulo

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La vida era dura, pensó Narcissa mirando por la ventana. Teniendo en brazos a Hidra. El pequeño bebé de unas semanas. Ya lo había alimentado y lo estaba paseando de un lado para el otro. Había tenido el tiempo y el amor le sobrara. Cada día iba a las casas a través de la chimenea, alimentaba a sus bebés y regresaba a casa con el corazón hecho pedazos.

Los ataques del Lord habían sido imparables este último tiempo, buscaba incansablemente al bebé de la profecía y no se iban a arriesgar.

Ahora estaba en Estados unidos con Hidra mientras Lucius había ido a Grecia con Ares. Se dividían el tiempo para que nadie sospechaba, por desgracia tenían que asistir a reuniones sociales, pese a que a ella le gustaría pasar más tiempo con sus bebés.

Draco dormía en la cuna de su hermano mientras ella paseaba al bebé en sus brazos. Siempre lo llevaba con ella, no fuera a ser que alguien llegara a su casa en la mansión que "supuestamente" era la única que habitaban y no podía dejar a su bebé recién nacido solo.

Esto iba a ser un tremendo sacrificio, pero sus bebés lo merecían.

Narcissa corría de un lado para el otro preparando la sala de la casa, ella celebraría por lo alto a sus niños, a pesar de que sólo estarían ellos nueve.

Decoró la sala donde puso una larga mesa con dulces suaves para sus bebés, ricas bebidas lácteas y pasteles, siete, pequeños, cada uno decorado por ella, con los nombres de cada uno.

-Ya esta listo -dijo tocando el talismán que colgaba elegantemente de su cuello.

Lucius llegó al salón con el pequeño Draco en brazos y lo sentó en su silla, justo cuando los pufs empezaron a sonar a su alrededor y aparecían las elfinas guardianas de sus hijos con los seis bebés restantes.

La familia Malfoy estaba reunida en pleno.

Narcissa y Lucius ubicaron a cada bebé en su silla.

La tarde para todos fue maravillosa, a Narcissa se le hacia divertido y doloroso que sus bebés se hubieran mirado extrañados de encontrar a tanto bebé a su alrededor. Con cuidado, calma y amor les dijo que eran sus hermanos.

Habían decidido que lo harían así, aunque eso les hiciera mantener a Draco vigilado de que no se le saliera el detalle de sus hermanos. Tendrían que educarlos sabiendo que nadie podía saber del otro. Tenían que mantener la perfecta imagen de hijo único ante el resto, pero sin olvidar de que su laso de hermanos era más poderoso que ningún otro. Por que en su momento fueron todo un núcleo mágico que se dividió. Serían uno hasta la muerte.

-Feliz cumpleaños, bebés -dijo Narcissa besando las cabezas rubias de sus bebés. Esperaba que en algún momento en el futuro pudiera diferenciarlos de alguna manera, por que ahora mismo, si vistiera de la misma forma a los niños, perdería el rumbo completamente y quien sabe con que bebé se quedaría en casa y a quien mandaría a cada país.

Los bebés ya les llamaban mamá y papá.

Lucius se maldecía por sus propias decisiones. Sabía que existía gente que podría protegerlos, pero eso significaría que el Lord los tendría en la mira y les casaría como traidores. No podía dar vuelta la página. Todo era demasiado peligroso para su familia justo ahora.

-Es hora de que regresen -dijo Lucius tomando en brazos a Hidra.

-Lo sé -dijo apesadumbrada, esto sería difícil, por que es la primera vez que tenían a todos sus bebés justos desde el día que nacieron.

-Hagamos algo, iré a dejar a Hidra, Ares y Apolo, mientras que tú vas a dejar a Quimera, Serene y Minos.

-Esta bien, llevaré a Draco conmigo.

Se despidieron de sus bebés, mientras las elfinas les ayudaban en su titánica tarea.

-Bien Draco, eso es -alentaba Lucius a su bebé mientras este daba pasos torpes hacia su madre.

-Muy bien, mi príncipe -dijo Narcissa al recibirlo en sus brazos.

Lucius entonces sintió un fuerte tirón en el brazo izquierdo. La marca de Voldemort quemaba en su piel.

-Él me está llamando -dijo poniéndose de pie, con un pase de verita se cubrió con capa y mascara mortífaga.

-Si lo sabe…

-No lo sabe -dijo firme.

-¿Cómo puedes estar tan seguro? -preguntó ella, llegando a su esposo temblorosa, abrazando a su bebé.

-Sí lo supiera ya estaríamos muertos.

Narcissa suspiró dolida. No podía con el peso de su alma.

Pasó más de dos horas en las que Lucius no volvió a la casa.

Hasta que el sonido de la aparición la hizo detenerse y ver como Severus dejaba a su esposo en un sillón, corrió casi hasta llegar a él, pero al quitarle la máscara descubrió que este solo jadeaba.

-¿Severus? -preguntó mirando a su amigo.

-El Lord está desapareció-dijo sombrío, Narcissa lo veía destruido, pero no era por el Lord oscuro.

-¿Qué sucedió? -le preguntó a Lucius.

-El Lord atacó la casa de los Potter, por que dijo que el niño era el de la profecía -contó a su mujer que escuchaba horrorizada-. Lo era -dijo aliviado-, atacó a Harry Potter y el golpe se vino contra el Lord, "matándolo".

La profecía se había cumplido, por fin.

-Merlín… nuestros bebés pueden volver….

-Narcissa -dijo Lucius negando con la cabeza, la mujer no lo entendió hasta que Severus se levantó la manga.

-Él no se ha ido definitivamente -dijo como la marca se mantenía en su piel, no como antes, negra como la noche, ahora era como un velo gris sobre la piel, pero ahí seguía.

Narcissa negó con la cabeza, era como tener la felicidad en las manos y no poder abrazarla contra su cuerpo.

-Lo haremos bien, mi amor, no dejaremos que esto nos destruya -dijo Lucius abrazando a su mujer contra su cuerpo.

Severus los miraba, apretando los puños, siempre creyó que hacía lo correcto por su amiga, que así alejaría la vista del señor oscuro de ella, pro no, ahora Lily estaba muerta. No podía con su alma. Desapareció de la casa de los Malfoy y volvió al valle Godric. La casa de los Potter estaba destruida. Entró con cuidado de no causar un nuevo derrumbe y subió a la habitación del niño, los llantos del infante le guiaban. Entonces, en esa habitación, tendida en el suelo, estaba su amiga Lily, la única que tuvo en sus sobrios años en Hogwarts.

-Lo protegeré con mi vida, Lily -dijo abrazando por ultima vez al que fue su amor de la niñez. Caminó hasta la cuna donde ese hermoso bebé le devolvía la mirada y estiraba los brazos para que lo alzara-. Estas asustado, Harry -dijo cogiendo al bebé en brazos y sintiendo como este se aferraba a él-. Te protegeré con mi vida, Harry.

Severus desapareció de la casa segundos antes de que entraran magos a investigar lo que pasaba, desde ese día se pensaría por años que Harry Potter había muerto junto a Voldemort.

En la mansión Malfoy apareció Severus con el bebé en brazos. Narcissa corrió a verlo, el niño tenía una fea herida en la frente y sangraba.

-Pobre niño -dijo acunándolo contra su pecho, ella sabía muy bien como calmar a un bebé, tenía mucha experiencia.

-No puedo dejarlo a merced de los demás -dijo Severus-, no sé cómo, pero lo cuidaré.

-Podrías llevarlo con uno de nuestros niños -dijo la mujer viendo encantada como el pequeño curioso miraba a todos lados.

-Podrías llevarlo con Ares, Hidra o Quimera -dijo Lucius, viejo zorro como siempre, si uno de sus pequeños Squid se quedaba con el joven y poderoso niño que logró anular la magia del Lord, eso lo protegería de algún modo.

-¿Qué tal con los tres? -dijo Narcissa- Creo que decidimos ya que se quedará con nosotros -dijo notando lo obvio- podría pasar tiempo en casa de los chicos.

-Sería muy complicado para él, el adaptarse a diferentes idiomas.

-Los niños tendrán que aprender los idiomas de sus hermanos, o por lo menos que todos sepan inglés.

-Entonces sólo con uno -dijo Severus- lo dejaré con Quimera.

El matrimonio Malfoy asintió y Severus desapareció llegando a la mansión Malfoy en Rusia donde el pequeño ya dormía a esas horas. Conjuró una camita junto a la de Quimera, tal como la del infante y en ella acostó a un adormilado Harry.

-Duerme, bebé -le dijo arropándolo y luego elevando barreras a los costados de la cama para que no fuera a caer si se movía en la noche- Arael – llamó despacio para no despertar a los dos bebés ya dormidos.

-Señor Snape -saludó la elfina.

-Arael, desde hoy Harry vivirá aquí también -dijo despacio para no importunarlos-. Cualquier cosa que pase me tienes que avisar.

-Sí, señor -dijo la elfina mirando al dulce bebé moreno, tan diferente a todos los niños Malfoy.

Severus desapareció para volver con el matrimonio Malfoy.

-Iré al colegio, no quiero que nadie sospeche que fui yo quien se lo llevó.

-Ve tranquilo -dijo Narcissa con Draco en brazos, que por el escandalo había despertado-. Estaremos al tanto de Harry y te avisaremos de cualquier cosa.

Severus asintió antes de desaparecer.

-Esto es complicado -dijo Lucius-. No me molesta el niño, pero…

-Es una víctima, Lucius, tal como nuestros hijos. Viviendo separados de sus padres y hermanos. Harry sufre lo mismo ahora -dijo sosteniendo la mano de su esposo que llegó a su lado-. Le daremos a ese niño la oportunidad que no tendrá por culpa del Lord… espero que nunca vuelva.

-Yo también lo espero así.

-¿Draco, hijo, estás listo? -preguntó Narcissa acomodándose los guantes de seda negro, ese día iría con Draco a Grecia para pasar el día con Ares.

-Mami, no quiero -dijo el pequeño Draco de dos años.

-Hijo, no puedes pasarte todos los días con Sirene -dijo suspirando.

-Pero Sirene tiene muchos patos -dijo abriendo sus manos emocionado.

Lucius veía la conversación a través de su periódico. Cada día, sin falta, cada uno iba a visitar a alguno de sus hijos para que ellos no pasaran tanto tiempo solos.

Pero el problema siempre era Draco. Él niño amaba a su gemelo amniótico. Sirene era, a vista de los adultos, el favorito de Draco. Muy diferente a Quimera, porque si bien su hijo tenía un favorito, también tenía uno que no soportaba y ese era el menor de los pequeños Malfoy. Según el niño Quimera era feo y molesto. Los adultos sabían muy bien que no era así, Draco detestaba a Quimera, por Harry, el hermoso morenito que andaba con Quimera de arriba abajo. De hecho, si Harry fuera rubio o Quimera fuera moreno, podrían pasar por mellizos, criados desde el año de vida juntos, eran inseparables. Y era la razón principal de que Draco detestara a su hermano menor.

-Draco, irás con mamá a ver a Ares y listo -dijo Lucius cerrando el periódico y poniéndose de pie al ver que su mujer e hijo estaban listos, pese a que estuviera de brazos cruzados y amurrado. ¡Merlín! Draco era adorable hasta cuando hacía pataleta.

-¿Iras con Apolo?

-Sí, pero lo iré a buscar para llevarlo con Minos para pasar el día -dijo besando su mejilla-. Severus dijo que iría a ver a Hidra hoy.

-Besa a los niños en mi nombre -dijo caminando a la chimenea con Draco de la mano.

-Nos vemos a la noche dijo desapareciendo de la mansión al mismo tiempo que su mujer e hijo también lo hacían.

La puerta de la habitación fue golpeada y Lucius se puso de pie enseguida, a lo largo de estos tres años había perdido la cuenta de las veces que se tuvo que levantar por algo que pasara a los niños. Se puso la bata y caminó a la entrada. Afuera estaba Nuriel , lo que significaba que algo había pasado con Apolo.

-Amo, el niño Apolo arde en fiebre -dijo la elfina en voz baja por la señal que le hacía el amo Lucius para que no despertar a Narcissa.

-Vamos -dijo cerrando la puerta de la habitación. Llegaron a la habitación enorme del niño y este lloraba.

-¿Qué pasa hijo? -preguntó caminando a la cama y viendo las rojas mejillas de su hijo que se quejaba.

-Me duele -dijo apuntando su frente.

-Tranquilo -dijo besando la frente de su niño- Nuriel -dijo llamando a la elfina, que presta llegó a su lado- trae la caja de viales que está en el despacho.

-Sí, amo -dijo corriendo la criatura. Era bueno tener un amigo como Severus, él se encargaba de surtir todas las mansiones con pociones para lo que fueran a necesitar los niños.

La elfina llegó y Lucius buscó enseguida la pócima para bajar la temperatura de su hijo. Ya mañana le pediría a Severus que le ayudara si Apolo seguía mal.

-No me dejes solito -pidió el niño. Era en momentos como estos en que Lucius odiaba su vida, tener que dejar a sus niños.

-Nuriel, ve a la mansión y dile a Narcissa que me quedaré con Apolo por que esta con pesadillas, pero que regresaré por la mañana.

La elfina asintió y Lucius se quitó la bata para acostarse junto a su hijo que se aferró a él enseguida.

-Odio Rusia -dijo el pequeño Draco haciendo como que moría de frio, mientras que Harry y Quimera lo veían como bicho raro, claro, ellos ya estaban muy acostumbrados al clima frio, entonces no entendían por que su hermano tenía que ser tan odioso.

-Draco, en serio, compórtate -dijo Lucius, hoy los niños cumplirían cuatro años y harían la celebración en la mansión de Rusia. Él mismo había ido a Gracia por Ares y a por Hidra. Narcissa había ido a buscar a Sirene a China y a Apolo a Alemania. Mientras que Severus, que "estaba en viaje de estudios" en Italia iría por Minos.

El puf sonó en la habitación y Draco vio llegar a su hermano favorito

-¡Sirene! -corrió a abrazar al niño que abrazó a su hermano divertido.

-Hola, papi -dijo Apolo cuando llegó hasta su papá que lo abrazó con fuerza. Apolo era el talón de Aquiles de Lucius, desde que nació, pese a ser Mago y sangre pura, había nacido con una salud bastante débil y el niño solía depender por completo de él.

-¡Mami! -Minos avisó su llegada con Severus.

-Hola, precioso -dijo besando la mejilla del niño que le abrazó.

Severus caminó entre tanto rubio hasta llegar hasta Harry.

-¿Cómo has estado, Harry? -le preguntó viéndolo a través de las pequeñas gafas en su cara- ¿Ya te acostumbraste a tus anteojos?

-Son molestos -dijo haciendo pucheros, pero tirándose a abrasar al hombre que él creía, era su papá, por lo menos así es como se lo trataron de explicar al pequeño niño cuando le preguntó a mamá por que él no era rubio como todos sus "hermanos".

-Tienes que acostumbrarte como Minos y Hidra -ah, por que la vista de los chicos Malfoy tampoco era la mejor, por lo menos en los dos chicos que, al igual que Harry, presentaban un problema de visión.

-Bien, vamos a la sala entonces -dijo Lucius viendo a toda su gran familia reunida.

Como siempre y para gracia de los adultos, los niños ocuparon los puestos que se habían elegido desde hace años para ellos, sin que nadie se los indicara. En una gran mesa redonda, digna de la gran familia Malfoy, estaban Lucius y los demás a su derecha, Narcissa, Minos, Ares, Hidra, Severus, Quimera, Harry, Draco, Sirene y Apolo.

-Feliz cumpleaños, niños -dijo Narcissa moviendo su varita y en el momento la mesa se llenó de ricos postres, frutas, bebidas lácteas y un gran pastel con el nombre del festejado, además del nombre de Harry agregado, porque ese día también celebraban al pequeño moreno que era uno más de los niños.

Severus y Lucius alzaron sus copas en señal de brindis mientras los niños reían y comían felices.

Ya habían pasado cuatro años.

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TBC...

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PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN 20/07/19

Hola a todos. sé que es arto para esperar entre actualización y actualización, pero este fic está en prosezo, tengo mucho escrito para el futuro, pero me dije que quería que este fic fuera más interactivo, así que me gustaría escuchar de ustedes en que divertidas situaciones les gustaría ver a los niños Malfoy en lo que llegamos a los chicos estudiando que es lo que más tengo escrito. sientance libres de hablarme a ver si resulta este nuevo proyecto.

ADELANTO DEL PROXIMO CAPÍTULO

"-Lo sé, Lucius- dijo suspirando- tenemos que enseñar a los niños a defenderse…

-Creo que eso es lo que me preocupa -dijo arrugando el entrecejo-. Me puse frente a todos los escenarios posibles. Tenemos tres hijos Omega, cuatro contando a Harry… podemos entrenarlos para evitar que algún muggle les ataque, incluso mago, pero recordé que, si bien Apolo y Harry no tendrá problemas con eso…

-Hidra y Quimera no tienen como defenderse contra un mago -dijo aterrada. El que le pasara algo innombrable a uno de sus bebés le volvió hielo la sangre.

-Exacto -dijo negando con la cabeza- soy capaz de ir a Azkaban si alguien hace daño a nuestros hijos.

-Yo igual, Lucius, pero no pienses en eso -dijo poniéndose de pie para sentarse en el regazo de su esposo que la abrazó-. Hemos hecho un buen trabajo hasta ahora. Hemos sobrevivido a este engaño por cinco años. Los niños empezarán con su educación en casa… es el momento adecuado para enseñarles a defenderse y a nuestros Alpha a respetar a los Omega.

-Por eso creo que debemos verlo desde ese punto de vista. Quiero que tú le enseñes de respeto y responsabilidad a Draco, Ares, Minos y Sirene. Yo me encargaré de Apolo, Hidra, Quimera y Harry, puedo pedir la ayuda de Severus también.

-Bien, entonces no creo que haya que pensarlo más -dijo Narcisa besando los labios de su esposo."

NOS VEMOS.