Capítulo 6

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Harry caminaba molesto en la sala de la mansión Malfoy, mientras su padre estaba de brazos cruzados.

-¡No pueden obligarme a ir a un colegio al que no quiero ir!

-Pero Harry -dijo el director algo divertido por el ataque de ansiedad del chico.

-Yo quiero ir a Ilvermorny, es hermoso y gigante.

-Hogwarts también es grande, muchacho.

-Pero ahí todo el mundo conoce la leyenda de Harry Potter y no quiero tener a todo el mundo sobre mí.

-¡Eso sí que no! -dijo Draco molesto, pero se volvió a sentar al verse el centro de atención, completamente rojo al sentir las miradas burlescas de sus hermanos sobre su persona-. Además, yo iré a Hogwarts, cada hermano irá a un colegio diferente.

-Pero Harry no es un Malfoy -dijo Albus y divertido vio la mirada de muerte de todos los chicos y el matrimonio Malfoy.

-Harry es nuestro hermano -dijo Sirene-, pero como dice Draco, cada uno irá a un colegio diferente.

-Y yo IRÉ a Ilvermorny -volvió a decir Harry.

-Está bien, esta bien -dijo el anciano pidiendo clama al euforico muchachito-, espero que todos sus planes se lleven a cabo tal o como lo pronosticaron y que todos estén bien resguardados.

Todos se miraron entre sí, también lo esperaban

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Los pequeños Malfoy habían partido a sus colegios ya. Desde ese día la casa de los Malfoy se quedó tan en silencio que Narcissa trataba de pasar fuera de casa la mayor parte del tiempo,

cualquier cosa con tal de no estar en la mansión recordando que sus pequeños no estaban ahí.

Les había llegado una lechuza por parte de Draco para contarles, feliz de la vida, que había quedado en Slytherin, que era una serpiente como papá. Para ellos no fue una verdadera sorpresa, después de todo

-Querido, que bueno que llegas -dijo al ver como Lucius atravesaba la chimenea.

-Al parecer las cosas van bien -dijo suspirando y dando un beso a su mujer- el haber modificado los registros de los niños en los colegios resultó.

Porque obviamente tuvieron que hacer algo con el apellido Malfoy. Una cosa era tener contactos para que los chicos entraran sin problemas, pero el apellido Malfoy era uno en un millón y tarde o temprano llegarían comentarios de chicos alrededor del mundo con el dichoso apellido. Si tuvieran diferentes edades, pese a lo horrible que podía sonar, Lucius podría hacerlos pasar como hijos de alguna infidelidad, pero no al entrar todos esos años al colegio.

Por lo mismo se hicieron mínimas, pero trascendentales modificaciones. Draco, como siempre, quedaría como el único descendiente de los Malfoy. Los chicos cambiarían un poco. Apolo Melroy, Sirene Malroy, Minos Salfoy, Quimera Walfoy, Hidra Malfey y Ares Milfoy

Los chicos estuvieron todo ese último año acostumbrándose a ser llamados por ese apellido y se ayudaban los unos a los otros.

Harry, finalmente y con ayuda del director, cambió su apellido a Snape. Desde ese año Harry era legitimo hijo de Severus Snape, para todos los registros correspondientes.

Había sido difícil contar con la ayuda del director en esto, pero necesitaban su apoyo en el ministerio y, claro está, una cuantiosa cantidad de oro para sobornar a la persona que hizo los papeles y que aceptó luego ser hechizado para que olvidara lo que había hecho y la existencia de Harry Potter. Obviamente la fortuna Malfoy estuvo involucrada en el asunto.

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Draco estaba molesto, unos chicos de Gryffindor le caían mal y lo habían regañado por simplemente hacerles una bromita. Pero él no tenía la culpa, estaba ansioso, quedaba tan poco para salir en vacaciones de navidad y ver a su familia que sus nervios lo traicionaban.

-Joven Malfoy -dijo el director al aparecer en el despacho-, me dijeron que atacó a uno de sus compañeros -dijo caminando de un lado para el otro.

-Estaban diciendo tonterías de mi familia, pero tampoco es como si les hubiera hecho gran daño.

-Creo que llamar sangre sucia a una de sus compañeras no fue lo mejor que pudo haber hecho, joven Malfoy. Mucho menos teniendo en cuenta tus antecedentes familiares.

-Eso no tiene nada que ver -dijo desviando la mirada.

-Bien, espero que la señorita Granger reciba una disculpa de su parte entonces -Draco apretó los dientes, ¡No quería tener que disculparse por algo que era verdad!- Claro está, si es que no quieres pasar las fiestas en el castillo como castigo.

Draco lo miró impresionado ¡¿No podría ver a sus hermanos y padres?! Demonios sangrientos, lo estaba prácticamente extorsionando.

-Está bien -dijo refunfuñando.

-Bien... puede retirarse entonces, joven Malfoy -dijo el director divertido-. Espero cumpla con su "castigo".

-Sí, señor -dijo con rabia y saliendo del estudio del director, iba caminando con rabia, odiaba tener que hacer cosas como esas, pero al parecer no tenía opción.

Vio hacia los jardines y ahí estaba ella, Hermione Granger, había sido un suplicio, la chica era tan inteligente como su hermano Hidra, pero ella tuvo la maldita suerte de tener magia, una oportunidad que sus hermanos no tuvieron ni tendrían, quizás era por eso que la chica le molestaba, pero tendría que comerse su rabia por el momento si quería ir a ver a los chicos a sus padres y a Harry.

Caminó al patio con desanimo, la chica estaba con un grupo de Gryffindor de su edad y todos le miraron mal cuando se acercó.

-¿Qué quieres ahora, Malfoy? Preguntó un pelirrojo poniéndose frente a él.

-No es nada contigo, Weasley... vengo en son de paz -dijo comiéndose la rabia.

-¿Ah sí? -preguntó Ron.

-Granger -llamó a la chica, ella había llorado, fue por su culpa y entonces las palabras del director hicieron algo de eco en su cabeza. Ella era, probablemente, más parecida a sus hermanos que los otros alumnos de Hogwarts, se sintió mal al pensar que alguien pudiera tratar mal a sus hermanos por no ser magos, incluso a Quimera-. Lo siento -dijo con sinceridad.

Los que estaban ahí no esperaron nunca que algo como eso fuera a pasar, lo peor es que se notaba arrepentido.

-Está bien -dijo la chica, algo impactada, no es como si Draco los hubiera tratado muy bien este año de conocerse, pero por primera vez la había herido a ella, directamente y con palabras tan crueles.

-De verdad, no lo volveré a decir -dijo dándose vuelta y marchándose de ahí.

-¿Qué demonios fue eso? -preguntó Ron, pero ninguno de sus amigos supo decirle por que pasó eso.

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-¡Mamá! -Draco corrió a los brazos de su madre en cuento el tres llegó a la estación King cross.

-Oh, Draco, estás tan grande -dijo la mujer dándole un fuerte abrazo.

-¿Papá no vino?

-No, él iría por Sirene a Japón -dijo en tono más bajo mientras se iban alejando del bullicio, yendo a la zona de apariciones.

-Oh, me hubiera encantado ir a Japón.

-¿No quieres acompañarme al puerto? -dijo ella sonriendo mientras se aparecían en la mansión.

-¿Iremos por Apolo? -preguntó emocionado. Estaba ansioso de ver a sus hermanos, a cada uno de ellos.

-Sí -dijo ella aplicándose un hechizo Glamour. Frente a Draco había una hermosa rubia, con sólo algunas facciones cambiadas- ¿Listo? -le preguntó apuntándolo con la varita.

-Claro que sí -dijo sonriendo de lado. Un par de cambios, un poco más alto, cabello castaño y ojos verdes.

-Hermoso como siempre -dijo la orgullosa madre-, vamos entonces.

Se trasladaron al puerto para esperar el barco en el que llegaría el joven.

-Ahí viene -dijo Draco viendo como la embarcación gigante aparecía entre la espesa neblina.

Cuando le barco hubo llegado los jóvenes empezaron a desembarcar, Narcissa y Draco se miraron impresionados, todos los chicos de cabezas casi rapados, grandes y corpulentos, ¿Cómo distinguirían a su frágil y delicado Apolo entre tasta testosterona? Entonces suspiraron ambos al ver al chico bajar del barco, hermoso y delicado como siempre.

Apolo, al ver a su madre en medio de su glamour bajó casi corriendo y se tiró a sus brazos.

-Mami, te eché tanto de menos -dijo refugiado entre los brazos de su madre.

-Yo también, bebé -dijo mirándolo a los ojos.

-¿Draco? -preguntó al alto castaño a su lado.

-Te ves bien, Apolo -dijo sonriendo para abrazar a su hermano.

-Es mejor que nos vayamos, los demás deben estar por llegar.

...

...

En cuanto pusieron los pies en la mansión ya los gritos felices se escuchaban desde adentro.

Al parecer sus hermanos ya llegaron.

Y no se equivocaban, cuando llegaron a la casa Lucius, Sirene y Minos ya estaban ahí.

-¡Mamá!

-¡Papá!

Los chicos corrieron cada uno en un lio de abrazos y rizas.

-Ahora tenemos que ir por sus hermanos -dijo Narcissa-, así que compórtense y vayan al área protegida mientras volvemos.

-Draco, estás a cargo -dijo Lucius tomando la mano de su mujer para ir a la chimenea.

-Nos tardaremos lo menos posible -dijo la mujer desapareciendo junto a su esposo.

-Vamos al área norte entonces -dijo Sirene, a pesar de que Draco estaba a cargo, Sirene solía llevar las cosas con más calma. Además, no creía que sus padres se demoraran poco, después de todo tenían que recoger a los chicos en esos prestigiosos institutos alrededor del mundo.

-Oh, me hubiera tanto gustado ir con ellos -dijo Apolo suspirando-. Amo las limosinas.

-Yo también -dijeron sus hermanos.

Las limusinas eran, probablemente, el único gusto que compartían todos los chicos Malfoy.

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-¡¿Por qué Harry no vendrá?!

Draco estaba amurrado en su sitio en la gran mesa donde estaban todos al fin reunidos, pero él no había sido quien preguntó por su querido Harry, sino que Quimera, él sabía muy bien desde hace unos días que Harry no iría esos días.

-Draco -lo saludó Severus en cuanto lo vio llegar a su despacho, probablemente Severus sabía a lo que iba el mayor de los septillizos.

-Quería hacerle una pregunta, profesor -preguntó educado el rubio sentándose frente al docente.

-Dime...

-Quería saber si te irías conmigo a la mansión el viernes -dijo hablando rápido-, creo que sería lo mejor, después de todo vamos al mismo lugar y...

-Draco -le interrumpió el profesor-. Dame un momento -dijo sacando su varita y apuntando a la entrada para sellar la habitación-. Draco, no iré a la mansión para las vacaciones, recuerda que tengo una casa.

-Pero...

-Draco, tienes que entender algo muy importante.

-¡No quiero! -dijo parándose molesto, sabía lo que le diría y no le gustaba-. Pensé que te había bastado con abandonarnos por un año, y además te llevaste a Harry.

-Harry tiene derecho a conocer el mundo.

-Es un niño...

-Tú también, Draco y no me está gustando para nada el tono en el que me estás hablando, así que será mejor que te controles.

Draco se sentó de golpe y se cruzó de brazos. Se sentía herido. Sentía que de ahora en adelante las cosas no le saldrían como le gustaban y eso, para un Malfoy, era inconcebible.

-Draco, entiendo que el vínculo que tienen con Harry es tan fuerte como el que tienes con tus hermanos, pero también tienes que recordar que Harry no es un Malfoy y no tiene por qué estar con ustedes en todo momento.

-Pero lo quiero... todos lo queremos.

-Y estoy seguro de que mi hijo lo quiere en igual medida -dijo suspirando, no le gustaba tampoco ver los hombros caídos del pequeño rubio-. Escucha -dijo llamando la atención de Draco-. Iremos con Harry la noche de navidad y nos quedaremos hasta el día siguiente.

Draco se lo pensó, no es como si pudiera exigir algo más, de hecho, pero era mejor eso que nada.

-Está bien -dijo desenredando los brazos- aunque son diez días de vacaciones, dos días me parecen algo injusto.

-Draco...

-Pero está bien -dijo cerrando la discusión. Como siempre, dando la última palabra.

-Quimera, hijo, siéntate -dijo Lucius mirando a su hijo que lo hizo a regañadientes-. Severus y Harry vendrán para navidad.

-Pero hay mucho que quiero contarle, dos días no alcanzan para nada -dijo triste, demonios, Harry era como su gemelo... irónico tomando en cuenta que tenía seis hermanos que en realidad lo eran, pero toda su niñez la vivió con Harry.

-Pero ya después vendrán las vacaciones de cambio de ciclo, ahí podrán pasar más tiempo juntos.

-Si es que a Severus no se le ocurre otro viaje alrededor del mundo -dijo Hidra triturando las verduras en su plato, pero sin mirar a nadie. Fue una sorpresa de todos porque el chico no es de los que se molestara muy seguido.

-Bien, es su padre y supongo que ustedes también querrán viajar para las vacaciones.

-Sí, pero sería genial salir de vacaciones todos juntos alguna vez -dijo Ares. Esta conversación se estaba tornando muy turbia.

-Hijo, sabes que no podemos -dijo Narcissa, triste con la realidad que les azotaba siempre.

-Lo sabemos, mamá -dijo Minos tomando su mano.

-Es lo que nos tocó -dijo Sirene.

-Nuestra pequeña maldición -dijo Apolo algo triste moviendo la comida en su plato.

-Ey, arriba esos ánimos -dijo Narcissa-. Además, mañana tenemos que ir por los regalos de navidad.

-¡Oh, sí! Yo quiero ir a Paris, vi en una de las revistas que me enviaste un abrigo hermoso...

-Eh, Apolo, se supone que los regalos de navidad son para los demás -dijo Sirene divertido.

-Bien, es época de paz y amor... yo me amo, merezco ese abrigo de gabardina rojo.

Al parecer la superficial conversación de navidad había calmado en algo los ánimos de la familia Malfoy.

-Yo también quisiera cambiar mi guardarropa -dijo Quimera avergonzado. Narcissa, que conocía a cada uno de sus bebés como la palma de la mano, sabía perfectamente que es lo que estaba pasando su hijo. Lo notó cuando era más pequeño, quizás, el hecho de estar estudiando fuera y conocer más gente, le había ayudado a ¡Por fin! decidirse.

-¿Quieres que te ayude? -preguntó comiendo con tranquilidad, todos los demás estaban hablando de cualquier cosa y, tal parecía, que nadie estaba poniendo atención a lo que decían justo ahora.

-No, yo bien... quisiera poder comprar por mi cuenta.

-¿Pasa algo? -preguntó Lucius que veía incomodo a su hijo menor. Su esposa sonreía con calma, como cuando algo interesante iba a pasar o cuando ella sabía algo que los demás no.

-Creo que Quimera tiene algo que quiere hablar con nosotros.

El chico levantó la cara aterrado, sus hermanos mayores le miraban, sus padres le miraban. Apretó con fuerza la ropa bajo la mesa, esa ropa que tanto le molestaba, pero no estaba preparado para hablar esto con sus papás, muchísimo menos para ver la mirada de decepción que Lucius pondría o la cara de posible burla de sus hermanos. Sus ojos se estaban llenando de lágrimas, iba a colapsar.

-Oh, mi amor, lo lamento -dijo Narcissa poniéndose de pie y caminando hasta su hijo para abrazarlo- no pensaba que esto te afectaría tanto.

-Mami, no sé qué hacer -dijo abrazándola y susurrando a su oído.

Narcissa tenía que hacer algo por su bebé... tenía que hacerlo ahora.

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TBC...

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N/A_ Apuesto que dijeron ¡Esta maldita mentirosa nos enga'ñó y no va a publicar! así tal cual aaajaajajjajjaj, no, lo que pasa es que cambiaron mis dáis libres al miercoles, por lo tanto tengo más tiempo hoy para hacer todo lo que quiero hacer. Así que desde hoy se publicara miercoles por medio. esto va a ser eterno, pero cada día se me ocurre algo nuevo que meterle y tengo escrito hasta el capítulo 12. se nos viene drama, amor, sorpresas, desepciones, dolor angustia y espero que muchas risas, minimo para compensar lo desgraciada que seré con algunod e mis bebés.

En fin, siguen las votaciones. como saben publico en AY, aquí, slasheaven, fanfiction y dos foros. así que tengo mucho que anotar, pero aun así hay algunos que no les quedó claro así que vuelvo a insistir. las parejas que hay que buscar son para:

Sirene (Alpha-gay)

Minos (Alpha-hetero)

Ares (Alpha-hetero)

Sirene (Omega-gay)

para Draco, Quimera y Hidra ya tengo pareja, me falta escribir sus matrimonios no más... ajajajaja, no, no es para tanto, pero si sus parejas están fijas.

¡EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO!

-Tenía miedo -dijo abrazando con fuerza a su padre.

-Mírame -dijo alejando al chico para verlo a los ojos-. Con tu madre hemos hecho de todo para protegerlos, desde mucho antes de que nacieran. ¿Qué te hace pensar de que algo como esto nos haría odiarte?

-No soy como mis hermanos.

-Por supuesto que no -dijo Narcissa llegando hasta ellos-, cada uno de ustedes son mortalmente diferentes, mi amor -dijo limpiando las lagrimas de la cara pálida de Quimera.

-Pero esto es algo mucho más... notorio.

-Y no importa para nada -dijo Lucius poniéndose de pie y caminando a la entrada.

-¡Espera, papá! -dijo corriendo hasta pararse frente a él abriendo los brazos- ¡Por favor no lo hagas!

-Quimera, tus hermanos tienen que saberlo, no es algo malo -dijo apoyando una rodilla en el suelo y sosteniendo las manos de su hijo- ¿Quieres ocultarlo para siempre?

-Claro que no... pero esto

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