Capítulo 3
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Luego de eso, Michelle invitó a Minegishi a almorzar. Tuvo unos minutos intentándolo, aunque con la ayuda de Jim pudo convencerlo. No estaba seguro de si su padre le comentó a Kenshi el comportarse o no, pero al llegar al comedor, el japonés mantuvo su compostura... por un breve momento.
—Y dinos, Minegishi, ¿has tenido pareja antes?
—Tuve una novia. —Se sentía extraño, almorzando en la mesa del mismo Señor Feudal, siendo interrogado con muchas preguntas personales—. Hace ya un tiempo de eso.
—¿Por qué se separaron? —preguntó Irina.
—Sus padres arreglaron un matrimonio con alguien de otro condado.
—¿Todavía hacen eso? —Vladimir miró a Kenshi con el ceño fruncido—. Eso de los matrimonios concertados ya es una idea obsoleta.
Ante eso, Kenshi solo pudo suspirar mientras bajaba su taza de té.
—No es algo propio del estado, ellos deciden por su propia cuenta. Algunos tienen aún la tradición de concertar matrimonios entre sus hijos.
—¿Pero no se les puede decir que ya no es necesario hacerlo? —cuestionó Ruslán, algo que Michelle también estaba dispuesto a hacer.
—Está dicho, pero como ya dije, es parte de tradiciones en la familia. Algunas más que otras.
Michelle bajó la cabeza un momento. Recordaba que Kenshi comentó una vez que hace unos años, antes del nacimiento de Ruslán, a él también le habían arreglado un matrimonio hasta que el abuelo Vladimir se interpuso. Puede que si el abuelo no lo hubiese hecho... Pero la mayoría de los japoneses no serían capaces de interponerse ante esos matrimonios. Minegishi parecía ser una de esas personas. No estaba seguro de por qué eso decepcionaba a Michelle, el no luchar por la persona que amabas.
—Hay que tener paciencia. No puedo imponer un pensamiento en la gente para que no lo hagan, al menos aquí en Hiroshima. Pero saben desde que se canceló mi compromiso con Aiko-san que no deben preocuparse por eso...
—Ottori-sama es un hombre moderno, un ejemplo para los hombres —alabó Minegishi—. Estoy seguro de que muchos hombres le seguirán en las decisiones que tome.
Apretando los labios para no reírse, Irina se recostó de Klaus.
—Cualquiera que te escuchara hablar diría que estás prendado del Señor Feudal.
—N-no...Yo no... —Se le coloraron las mejillas, mortificado por la insinuación de Irina—. Es decir...lo admiro pero no estoy p-prendado...
—Irina —regañó Vladimir—. No lo molestes.
—Voy a sentirme halagado pero me gustan que sean quince años mayor que yo. —Kenshi colocó su mano sobre la de Volsk, entrelazando sus dedos—. Además, ni muerto le quitaría el novio a un nieto.
Allí, fue Michelle quien se sonrojó.
—Nosotros todavía... Eh, no somos...
Kenshi usó la otra mano para restarle importancia a sus palabras.
—Dicen que están en prueba, pero ya los veré luego retozando y besando por ahí. El "todavía" es un disfraz.
Ruslán se carcajeó sin poder evitarlo. Michelle tenía el rostro tan rojo como un tomate. Minegishi se atragantó con un pedazo de tempura de camarón que estaba masticando. Michelle lo ayudó golpeándole la espalda. Con los ojos llorosos y la garganta irritada, miró al castaño buscando una explicación.
—¿Eres...nieto del Señor Feudal?
Michelle pareció un poco desconcertado y nervioso, apartando la mirada. El mismo desconcierto estaba en casi todos los demás, en especial Kenshi y Ruslán.
—¿Cómo, no le dijiste? —preguntó Ruslán con sorpresa.
—Pues..., no lo aclaré realmente. Pensaba que sería algo explícito tomando en cuenta que vivo aquí y todo...
Kenshi suspiró, cogiendo un poco de arroz con los palillos.
—Bueno, tomando en cuenta las circunstancias. Michelle y yo no estábamos emparentados por sangre, Minegishi, pero Michelle es hijo adoptivo de Klaus, que a su vez fue adoptado por Vlad, que a su vez es mi esposo, claro está todo eso vuelve a Michelle e Irina mis nietos. —Enarcó una ceja hacia el joven—. Por favor, ¿me dirás acaso que ni siquiera tu hermano te mencionó ese detalle? Varios en el pueblo lo saben.
—Yo, eh... Michelle me dijo quién es su padre. —Dio una breve mirada a Klaus—. Pero nunca mencionó su relación con usted, y sí, sinceramente no hay ningún parentesco...
—¿Acaso importa? —increpó el ruso de pronto.
—¿Qué?
—Michelle sigue siendo Michelle, no importa con quién esté emparentado. Mi pregunta es: ¿Acaso importa? —Arqueó una ceja en dirección a Minegishi, esperando su respuesta.
—N-no, claro que no.
—Bien, entonces podemos cambiar de tema —resolvió Vladimir tomando los palillos y un bol de arroz.
Michelle miró de reojo a Minegishi, y aprovechando que Ruslán distraía a Klaus con una pregunta, y sus abuelos discutían por otro lado, Michelle se inclinó hacia el japonés para susurrarle.
—¿Estás... molesto o algo así por no habértelo dicho?
—¿La verdad? Me siento un poco intimidado —murmuró de vuelta. No quería que los demás escucharan.
—¿En serio? —Molesto, engañado, todo menos intimidado era lo que Michelle esperaba que Minegishi sintiera—. ¿Por qué? Tío Ke... Kenshi no te hará nada... Sí, es mi abuelo pero desde pequeño le digo tío. No preguntes.
—Es que... Estaría saliendo con el nieto de la persona más importante de Hiroshima. —Miró a los lados, esperando que los demás estuvieran lo suficiente enfrascados en su comida y sus propias conversaciones como para prestarles atención a ellos dos—. Es mucha presión. Todavía no somos novios y tu papá ya quiere arrancarme la cabeza. No quiero imaginar lo que podría hacer Ottori-sama si llego a herir a su nieto.
Michelle le dio una sonrisa que esperaba le consolara un poco.
—No puedo hacer mucho por mi padre ya que siempre es así, pero... el abuelo es más relajado. Tranquilo. Si salimos o no, no debes sentirte presionado. —Michelle regresó su atención a la comida—. Antes no lo sabías y te sentías normal, como cualquier otro, como dijo el abuelo Vlad.
—Tienes razón. No tengo de qué preocuparme. —Sonrió el japonés.
Siguieron comiendo y charlando calmadamente. Minegishi se relajó lo suficiente para mantener una charla amena.
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Poco a poco se hizo más frecuente ver a Minegishi por la casa, o caminando con Michelle en el pueblo. El adolescente era respetuoso y paciente, nunca presionaba a Michelle por un beso y trataba de siempre darle algún detalle, la mayoría de las veces flores o dulces. También se hizo frecuente que Klaus desapareciera por ciertos períodos de tiempo, al principio no fue nada notorio pero las ausencias eran cada vez más frecuentes.
Como esa tarde que Klaus y Kanya estaban en el lago conversando, el alemán le dejó ver sus escamas varias veces a plena luz del día y todas las veces Kanya se maravillaba. Siempre hacía preguntas y, aunque Klaus se mostraba reticente a responder todas ellas, ya tenían la suficiente confianza para contarle algunas cosas.
—Creo que ya descubrí porque me estoy volviendo tan permisivo contigo —comentó Klaus esa tarde. Estaban en primavera pero el calor no era suficiente, a pesar del suéter que estaba usando Klaus se sentía frío.
—¿Mmh? ¿Por qué? —Kanya, sin embargo, sí estaba muy ligero de ropa. Había arremangado su pantalón hasta la mitad de la pierna para hundirlas en el lago y dejado solo una franelilla. Su cámara estaba a un lado. Ya que perdió el interés de fotografiar a Klaus, empezó a querer tomar imágenes de la naturaleza, en especial de esa zona del bosque. Ese lago era un lugar casi místico para él—. ¿Porque te agrado?
—Esas son alucinaciones tuyas —dijo con una sonrisa ladeada la cual se amplió al ver la expresión de Kanya—. Quizás un poquito... Me di cuenta de que tú me haces olvidar.
—¿Olvidar qué? ¿Tu trabajo? —Kanya movió los pies, espantando a unos cuantos renacuajos que parecían curiosos por ellos—. Lo imagino, debe ser muy aburrido.
—Me gusta mi trabajo. —Un rayo de sol apareció bastante cerca de Kanya. Ansioso por calentarse, Klaus se recostó en la hierba bastante cerca del tailandés, suspiró de gusto al sentir la cálida luz sobre pecho—. Me haces olvidar el dolor.
Eso tomó por sorpresa a Kanya. Desde hace un tiempo atrás notó que hay una cierta tristeza en Klaus, sin embargo nunca antes se tomó el momento para preguntar, sin mencionar que necesitaba que hubiera más confianza entre ambos para cuestionar algo así. Aunque no sabía exactamente las razones, las palabras de Klaus le confirmaban sus sospechas.
Tragando duro, Kanya dudó por un segundo antes de estirar su brazo y rodear el hombro del alemán.
—P-pues..., aunque no sepa qué te haga sentir deprimido, sabes que, bueno, puedes contar conmigo. Creo que es lo, lo menos que puedo hacer por la confianza que me brindas.
—Mi pareja, la única persona de la que he enamorado, murió dando a luz a nuestra bebé —murmuró cerrando los ojos. Tan sólo decir esas palabras le costaba demasiado—. Desde entonces, yo no... —Sintió el nudo formarse en su garganta pero ya estaba acostumbrado a esa sensación—. Trato de mantenerme cuerdo por mis hijos. Ellos me necesitan pero levantarme todos los días sabiendo que Yuki ya no está...
—La... lamento tu pérdida. —Kanya murmuró, bajando la cabeza. No estaba seguro de qué sentimiento tomar; estaba la sorpresa por saber que Klaus tenía hijos, se veía joven y en las pocas veces que miró a hurtadillas su trabajo, nunca vio niños. Siendo honestos, pensaba que estaba él solo ahí en Japón. Por otro lado, sentía lastima, en su vida Kanya tuvo pocas personas que eran muy importantes para él, podía comprender un poco la pérdida de Klaus sin embargo se imaginó que no al mismo nivel. Klaus había perdido a la persona que amó, Kanya no—. Ah... —¿Qué se podía decir en una situación así, sin afectar más su estado de humor? Kanya no lo sabía—. ¿Y cu-cuántos años tienen tus bebés? No esperaba que tuvieras hijos.
—El tiempo pasa demasiado rápido. —Suspiró. El tema de sus hijos era mucho más llevadero—. Siento que apenas hace unos días los cargaba conmigo a todas partes, pero ya tienen trece años, y el mayor incluso está teniendo su primer noviazgo.
Kanya parpadeó varias veces.
—¿Trece años? ¿Tanto? Espera un momento, ¿cuántos... años tienes exactamente? No luces mayor que yo.
Klaus abrió los ojos, mirando fijamente al tailandés, una sonrisa pícara curvando sus labios.
—Cumpliré los 30 en un par de meses.
Los ojos de Kanya se abrieron con sorpresa. Debía ser un error, sí. Kanya estaba seguro de que Klaus le jugaba una broma, ¡él mismo tenía 32 y ya había descubierto unas pocas canas en su cabello y arrugas en su piel! Klaus radiaba juventud todavía.
—Es... ¿es... cosa del dragón? Porque..., no puede ser posible que tengas 29 años. Juraba que tenías 20.
La sonrisa de Klaus se amplió. Se enderezó para poder mirar apropiadamente a Kanya. Estaban bastante cerca le uno del otro.
—Al parecer es influencia del dragón. El tiempo pasa diferente para mí. Incluso mi hija se ve menor de lo que en realidad es.
Kanya se sonrojó. No supo exactamente por qué, tal vez tenía algo que ver la cercanía de Klaus así que se alejó un poco más.
—Vaya. ¿Y tú otra hija también? ¿O es un niño? ¿Tienen escamas como tú, y cola y lo demás?
Suponía que no tenía caso seguir ocultándolo. Dada la cantidad de tiempo que Kanya tenía en Hiroshima y además no daba señales de irse en un futuro cercano, pensó que ya podía hablarle de sus hijos.
—Tengo un niño y una niña. Irina es menor por dos meses, y Michelle lo adopté apenas unas semanas después del nacimiento de mi niña.
—Una pareja, que adorable. —Kanya sonrió enternecido—. Debe ser difícil ser un... papá soltero. Y más ahora, ¿dices que tienen trece años? —Kanya prefirió llevar el tema de conversación a los niños, era mejor para que el ánimo de Klaus no decayera. Le causaba... dolor verlo triste.
—Michelle comenzó a salir con un muchacho del pueblo. Debo confesar que me causa algo de ansiedad. —Tomó una cinta de su bolsillo para recogerse el cabello, su temperatura estaba llegando a un nivel aceptable.
—Pues, deberías tener un poco más de confianza —pensó Kanya en voz alta—. Es decir, es normal que los chicos a esa edad se interesen por las chicas y... —Kanya tardó cinco segundos enteros en captar algo—. Alto. ¿Dijiste que tu hijo estaba interesado en otro chico? Es... ¿él es...?
—Es su primer acercamiento amoroso. Michelle insiste que todavía no son nada pero el muchacho es bastante persistente. —Después de que Michelle le asegurara que nada ni nadie lo apartaría de él, se tranquilizó pero seguía sintiendo esa ansiedad porque su hijo estaba creciendo—. A veces quisiera que volviera a ser ese pequeño de tres años que me seguía a todas partes.
Kanya se giró para poder enfrentar a Klaus.
—No puedo darte consejos porque no soy padre, pero creo que deberías dejarle experimentar. Necesitan aprender de sus errores. —Colocó una mano en su hombro, esbozando una sonrisa pequeña—. Y estar ahí para ayudarles a sanar sus heridas. Creo yo, no me hagas mucho caso pero es lo que pienso que debes–
—¿Papá? —La voz de Michelle abriéndose paso a través de la maleza interrumpió a Kanya. De pronto apareció en el lugar, mirando de Klaus a un muy cerca Kanya—. ¿Quién es él? —preguntó curioso—. Me dijeron que habías venido a calentar tus escamas...
—¡Michelle! —Klaus se levantó del suelo, mirando a su hijo y luego a Kanya. Sus mejillas se coloraron—. Él... él es... —Se mordió el labio inferior, no sabiendo cómo explicar la situación.
Michelle esperó, avanzando hacia ellos. Kanya también se levantó del suelo, se sacudió los pantalones y decidió ayudar un poco a Klaus.
—Hola, soy un amigo de tu papá. Puedes decirme Kan...ya... —Sus palabras murieron al observar mejor a Michelle.
Tenía rasgos japoneses. Muy diferente de Klaus, con su cabello castaño y ojos del mismo color. Pero había varias particularidades. Para ser un niño de trece años, era hermoso, tanto como una chica, sin embargo notaba ciertos rasgos más... gatunos. Un humano no tendría los ojos amarillos, ni orejas de gato resaltando entre sus cabellos... menos una cola a su baja espalda... ¿verdad?
—Por dios...
Michelle frunció el ceño.
—¿Un amigo? No te había visto con él antes —cuestionó más a Klaus.
—Es algo reciente. —Notó la expresión perpleja de Kanya al mirar a Michelle. Con el ceño fruncido, le dio un leve codazo en el costado para hacerlo reaccionar—. Kanya me acompañaba mientras me calentaba.
—Ah... Sabe del... —Michelle no quería mencionarlo, esperando confirmación mientras se colocaba a un lado de Klaus y pasaba un brazo por su cintura.
Kanya retrocedió un paso, tratando de salir de su sorpresa. Le dio una breve mirada de disculpa al alemán.
—Debes ser el hijo de Klaus. Ahora entiendo las preocupaciones de tu papá...
—¿Preocupaciones? Oh... —Miro a su padre—. ¿Estaban hablando de Minegishi y yo? No le haga caso, es un poco paranoico a veces.
—Soy cauteloso, no paranoico. —Correspondió el abrazo, pasando su brazo por los hombros del castaño—. Kanya, este es mi hijo mayor, Michelle —presentó formalmente y un poco tenso por la situación. No esperaba ser descubierto.
—Un placer, Michelle.
El castaño correspondió el saludo, dando una pequeña sonrisa.
—No pareces de por aquí.
—No, en realidad no. —Kanya se miró a sí mismo. Tenía unas fachas...— Soy de Tailandia.
Michelle ladeó la cabeza. Era extranjero... Entonces...
—¿No eres... el extranjero que se metió a los terrenos? —Se dirigió a su padre—. El que mencionaste la otra vez en la cena. No esperaba que lo frecuentaras de nuevo.
—Eh, sí... No fue algo premeditado, tan sólo empezamos a hablar y se volvió costumbre vernos. —Se sentía como un adolescente intentando explicar que no se estaba viendo con una novia a escondidas—. Como sea. Pronto comenzará el entrenamiento y Kanya tiene que..., eh...
—Cierto. Debo irme y todo. —Kanya carraspeó, buscó su cámara y su chaqueta—. Nos veremos después, Klaus. Un placer conocerte, Michelle. —Le dio la mano al alemán y unas suaves palmadas en el hombro a Michelle cuando pasó por su lado.
En tanto Kanya se marchaba, Michelle se giró a enfrentar a su padre con los brazos cruzados.
—Te quejas de que me veo a escondidas con Minegishi, ¿y te ves a escondidas con ese hombre? —Enarcó una ceja—. No lo mencionaste antes. ¿Lo saben los abuelos?
—No me veo a escondidas con Kanya y no me hables en ese tono, jovencito. —En casos como estos, era bueno usar la carta paterna para evitar preguntas incómodas.
—Lo siento, pero no me has respondido lo otro. —Michelle no pensaba dejar que la estricta figura paternal de Klaus le cohibiera, en especial cuando antes Klaus le molestaba por ver a Minegishi—. ¿Lo saben los abuelos? Y sí te ves a escondidas, seguro que todas las veces que desaparecías te veías con él. —Le miró con un poco de decepción, traicionado—. Me pides que te tenga confianza con respecto a Minegishi pero no me das lo mismo. No es justo. A Irina tampoco le gustará esto.
Suspirando, Klaus se pasó las manos por el cabello.
—Le mencioné a Kenshi la violación al perímetro la primera vez. No lo he vuelto a mencionar porque Kanya no es una amenaza... Y me estás involucrando con Kanya en un contexto completamente equivocado.
—Estaban muy juntos cuando los encontré. —Michelle señaló el lugar donde habían estado casi recostados el uno del otro—. Me dirás que no es fácil malinterpretar.
Klaus frunció el ceño, molesto con las palabras de su hijo.
—¿De verdad crees que seríamos capaces de tener una especie de...aventura con otro hombre? —La manera en que dijo aventura, como si encontrara la idea abominable—. Puedo aceptar que me cuestiones no decirle a Kenshi la presencia de Kanya en la propiedad pero no te permito que me insultes de esa manera, Michelle Wolfhart.
—No lo hago, pero no es justo. —Tras de él, su cola se ocultaba entre sus piernas, evidenciando sus emociones—. Ni tampoco es de lo que hablo. El punto es que si yo no hubiera aparecido, seguramente ni nos habríamos enterado nunca.
—¿En qué exactamente no es justo? Nunca te he prohibido salir con Minegishi, incluso lo has invitado a cenar, sales con él todos los días y procuro que Feyn no los siga como un vil acosador.
—Hice todo eso antes de lo que quería porque tú estabas molesto ya que no te agradaba Minegishi. Él y yo estamos siendo amigos, ni siquiera nos hemos besado. —Señaló el camino que tomó Kanya—. La vez que ese tipo se metió, hará dos semanas. ¡Dos! Y en ningún momento lo presentaste, tengas o no algo con él, justo como yo con Minegishi. ¿Qué tienes que ocultar? Eso es lo injusto. Tienes secretos, pero nos regañan porque nosotros los tengamos.
—Michelle. —Con sus dedos apretó el puente de su nariz comenzando a sentir un leve dolor de cabeza—. Nunca te he regañado por tener secretos, nos enteramos de Minegishi porque Irina lo mencionó. Cuando me dijiste que no te alejarías de nosotros por lo que llegaras a sentir por este chico, me sentí bastante aliviado y te dejé a tu aire.
Michelle iba a hablar cuando la voz de Ruslán les interrumpió.
—Aquí están. ¿Por qué tardaste tanto? Ya va a ser servido la comida y tengo hambre.
Cierto. Michelle había ido a buscar a Klaus para avisarle cuando le vio con aquel sujeto y lo olvidó. Por un lapso de segundos miró ceñudo al hombre poco antes de pasar junto a Ruslán sin pronunciar palabra.
Dicha actitud tomó por sorpresa al menor.
—¿Qué pasó? ¿Estaban discutiendo?
—Si —respondió, completamente desganado. Se acercó a su hermanito y, pasándole un brazo por los hombros, caminaron juntos a casa.
Estando todos en la mesa, se sentía la tensión en el ambiente que generaban padre e hijo. Vladimir fue quien terminó rompiendo el silencio.
—Espero que alguno de los dos explique qué pasa porque comer así es bastante incómodo. —Miró entre Klaus y Michelle esperando que alguno respondiera.
Michelle simplemente no miraba a nadie, enfocado en su comida que ingería con cierta lentitud contrarío a otras veces en las que prácticamente devoraba de un bocado.
Eso atrajo la atención de Kenshi, indiferente hasta el momento.
—¿Qué, se trata de Minegishi? —interrogó a Klaus—. Es un buen chico.
—Lo es —afirmó Klaus. Dejó su plato y los palillos a un lado, sus ojos verde pardo pasaron por cada miembro de la mesa, todos lo estaban mirando excepto el castaño que seguía tercamente con los ojos fijos en su plato—. Michelle está molesto conmigo porque he estado ocultando algo... Más bien, alguien.
Vladimir arqueó una ceja, bastante intrigado y confundido.
—¿Alguien?
—¿Hablas...de un novio? —preguntó temerosa Irina, su pequeña mano cubriendo sus labios como si la idea fuera inconcebible. Miraba entre su hermano y su padre, esperando que de verdad no fuera eso. No podía pensar en su padre enredado en una relación amorosa con otra persona que no fuera su papi Yuki.
—No creo que sea un novio —opinó Kenshi, mirando a Klaus con ojo crítico—. Feyn no...
—No lo es —murmuró Michelle sin levantar su mirada del plato—. Es el tipo que se metió en los terrenos la otra vez y padre solo lo dejó ir y lo estuvo escondiendo de todos después.
—¿Qué? —Ante eso, Kenshi frunció el ceño hacia el alemán—. ¿No dijiste que se había ido? Y que era un extranjero. Ellos llegan aquí por los rumores del genoma. ¿Seguro que es de fiar? No te habrá visto con las escamas, ¿o sí?
Suspirando, Klaus hizo su plato a un lado.
—Dije que lo eché y eso hice. Lo que no dije fue que nos hemos estado reuniendo todos estos días para hablar. —Se mordió el interior de la mejilla, bajó la mirada ante los ojos acusadores de Irina—. Kanya, en realidad, no es una amenaza para el Señor Feudal o nuestro secreto.
—¿Qué tiene de especial este Kanya para que hayas hecho todo eso? —Siguió interrogando Kenshi, curioso. Era una actitud bastante inusual en Klaus—. ¿En verdad no pretendes nada con él? Sin mencionar que has de tenerle mucha confianza para creer que no resulte una amenaza.
—No de la manera en que están insinuando. —Frunció el ceño. ¿Por qué lo primero que pensaban era que se estaba involucrando en una relación? —. Lo maravilloso de Kanya es que no tiene nada en especial, y aunque me hace preguntas siento que me hace olvidar el dolor... aunque sea por un rato.
—Hermano... —Ruslán parpadeó, y tuvo que repetir las palabras de Klaus una vez más en su mente para tratar de entenderlo de otra forma—. Aunque digas que no lo malinterpretemos, realmente suena como si te gustara. Sabes, no está mal intentarlo. Pasar la página...
—Ruslán —llamó Kenshi.
El chico continuó.
—Ya ha pasado mucho tiempo solo. A veces tiene una mirada triste. Si dice que ese tipo te hace olvidar, no veo nada de malo que esté con él.
—¡Yuki es el único! —respondió en seguida el alemán. Irina asintió imperceptiblemente, totalmente de acuerdo con las palabras de su padre.
—Klaus —habló suavemente Vladimir, inclinándose hacia adelante para captar su atención—. Yuki es único e irremplazable pero no puedes seguir de esta manera. El luto que le has guardado hasta ahora es más que suficiente.
—Están alejándose del tema principal —interrumpió Kenshi, dejando los palillos a un lado. Su ceño fruncido se dirigió a Klaus—. ¿Qué es lo que pretendes con ese Kanya? ¿Solo usarlo como bálsamo temporal? ¿Y luego qué? ¿Qué si pasado un tiempo él empieza a querer algo más de ti? El enclen– Yuki es parte de tu pasado ahora.
—Terminé. Gracias por la comida —anunció Michelle, dejando sus platos vacíos mientras se levantaba de la mesa y se marchaba. En otras circunstancias Kenshi le llamaría la atención a quedarse hasta que todos acaben, pero la expresión que llevaba le indicó que claramente prefería estar en cualquier otro lado que ahí.
Kenshi dio un largo suspiro.
—Dejaremos este tema para después, no es bueno para la digestión.
El tema dejó incómoda a Irina, y como al parecer los adultos no seguirían hablando de eso, ella fue con la única otra persona que podría calmar sus dudas. Michelle. Entró a la habitación del castaño, sin esperar invitación se recostó justo a él en el futón. Michelle estaba abrazando su viejo peluche de panda, un regalo de Jim a cuando tenía 8 años. El panda traía una bufanda que tenía tejido su nombre. Se lo quitaba y colocaba varias veces hasta dejarlo a un lado.
—Me gustaría volver a tener ocho... Todo era más sencillo.
—Mich... —titubeó antes de hablar. ¿De verdad quería saberlo?—. Ese hombre que se reúne con papá... ¿Crees que papá se esté olvidando de mi papi Yuki?
Michelle no dijo nada por unos instantes.
—No lo sé. Pero me siento un poco... traicionado. Papá seguro estuvo días con ese sujeto y jamás dijo nada...
—¡Es indignante! Papá no tiene derecho a ocultarnos cosas. ¡Somos sus hijos! —protestó Irina con los brazos cruzados sobre su pecho aún plano—. ¿Qué es eso de ocultar hombres? Me parece un insulto, sobre todo para la memoria de mi papi Yuki.
—Yo... pienso igual que tú, en serio, no puedo evitar sentirme un poco traicionado pero a la vez... —Michelle se removió al lado de Irina, algo incómodo—, a la vez siento que también estoy siendo un poco... duro. —Dio un largo suspiro, finalmente abrazando el panda contra su pecho—. Estoy confundido.
—Tenemos que hablar con ese hombre. —Ella se irguió en el futón, mirando intensamente a su hermano—. Vamos por él y exijámosle que nos diga cuáles son sus intenciones con nuestro papá.
—No creo que sea buena idea. —Michelle mantuvo su mirada en el techo—. Papá podría enfadarse y ahí los que estaremos en problemas seremos nosotros. Además, no sé en donde se está quedando ese tipo.
—¡Que se enoje! —bufó la menor—. Estamos en nuestro derecho. Si él puede escaparse, entonces nosotros también. —Salió rápidamente del cuarto para cruzar el pasillo y buscar un kimono más abrigador en su propio cuarto. También volvió con una bufanda grande que se envolvió alrededor de los hombros—. Vamos. No perdamos el tiempo.
Michelle deseaba quejarse, pero cuando Irina empezaba a mangonear lo mejor que podía hacer era seguirla y asegurarse de que no se metiera en problemas. Sospechaba que se atrevería a ir sola si no la acompañaba.
Fueron al pueblo donde comenzaron a preguntar por el extranjero de nombre Kanya. Grande fue su sorpresa al descubrir que el sujeto se estaba quedando con su tío Jim en el bar. Michelle se dijo que debería haberlo recordado, Jim solía dar alojo a extranjeros por los pocos días que se quedaban.
Encontraron al sujeto almorzando al final del edificio cuando entraron, sin embargo, tuvieron que ir donde Jim cuando éste les llamó al verlos.
—¿Qué hacen aquí, niños?
—Eh..., pues... —Michelle buscó ayuda a Irina con la mirada.
—Venimos a aclarar un asunto con cierto personaje. —Desde su lugar, los ojos verdes de Irina estaban fijos en la figura de Kanya
Jim parpadeó y miró en dirección a la persona que Irina estaba mirando.
—¿Kanya? ¿Lo conocen?
—Pues..., creemos que tiene alguna relación con mi papá.
En su mesa, Kanya bebió lo último que quedaba en su vaso y se levantó, llevando los cubiertos y platos hacia la barra donde estaba el grupo. No vio de inmediato a los chicos.
—El mejor platillo que he probado en mi vida. Gracias, Jim... —Escuchó un carraspeo, y cuando finalmente se dio cuenta, retrocedió un paso al fijarse en a quienes tenía a su lado—. Oh, tú eres... Michael. No, eh...
—Michelle. —El chico cruzó sus brazos al corregirlo—. Y mi hermana Irina. —Con un gesto señaló a la joven.
Cuando Kanya se fijó en la chica, sus ojos se abrieron ampliamente. Más allá de Michelle, la niña era una perfecta copia femenina de Klaus, excepto por algunos rasgos que claramente los sacó de su lado materno. Tragó saliva y pasó sus manos por su camisa.
—Eh..., esto... Sí. Eh, un gusto, Irina. —Se humedeció sus labios, de pronto resecos, y estiró una mano hacia la joven esperando fuera estrechada—. Me llamo... Me llamo Kanya.
La joven entrecerró los ojos, cruzando los brazos sobre su pecho se negó a darle la mano a Kanya.
—Queremos hacerte un par de preguntas, Kanya. —Su tono bajo y pausado auguraba problemas.
—Niños. No deberían meterse en problemas, y más si Klaus– —Pero las palabras de Jim fueron interrumpidas con un gesto de Kanya.
—Está bien. —Aunque trataba, Kanya se sentía un poco... intimidado—. Eh... ¿qué preguntas? Eh, mejor sentémonos en una mesa, ¿no? Bueno, en sillas, no en la mesa. Bueno, entendieron, ¿verdad? —Con algo de torpeza Kanya regresó al sitio que había ocupado.
Michelle le miraba un poco extrañado. El sujeto era algo... raro. Le costaba encontrar algo que su padre pudiera ver atractivo en ese tipo. Porque no lo era. Su piel era tostada por el sol, el cabello oscuro y como si una vaca lo hubiera estado masticando, aparte que su nariz era muy chata.
Irina y Michelle se sentaron frente al tailandés.
—¿Cuáles son tus intenciones con nuestro padre?
—Pues... —Kanya se pasó la mano por el cuello, buscando las palabras adecuadas. ¿Qué les habría dicho Klaus? ¿Sabría que sus hijos estarían ahí, interrogándolo?—. Solo somos amigos.
— ¡Ja! Si fueran sólo amigos, no se verían a escondidas en el bosque donde nadie puede verlos hacer...cosas. —Irina no quería pensar en eso, su padre haciendo quién sabe qué con otro hombre que no era su papi.
Kanya se removió en su asiento.
—Klaus... Tu padre —corrigió—, pienso que los protegía. Él fue muy amable en permitirme verlo otra vez y... conocerlo. Tu padre es una persona muy interesante pero solitaria. Cre-creo que le hace bien tener un amigo.
—¿Pero porque a escondidas? —interrogó Michelle, entrecerrando los ojos—. ¿Qué tiene que esconder?
—Ah..., eh. N-no lo sé. —Kanya no estaba seguro, pero tenía la sospecha que era debido que él sabía lo que Klaus era. ¿Sería por eso? ¿Tomaría mal que su familia supiera de su conocimiento a que fuera dragón? Kanya se estiró el cuello de la camisa, un poco sofocado de pronto. La mirada que le daban ambos chicos, sobre todo la jovencita, le hacía sentir incómodo, nervioso.
—Eso es otra cosa que no me queda claro. —Irina arqueó una ceja de la misma manera que hacía Klaus—. Cualquier persona cuerda al encontrarse con el dragón saldría huyendo pero tú... —Se inclinó sobre la mesa bajando el tono de su voz—. Tú te quedaste, más que eso, siguieron viéndose. ¡Papá incluso se siente lo suficiente cómodo contigo para revelarte sus escamas una segunda vez!
Michelle, que entonces no había captado, miró boquiabierto a Kanya.
—Tú... ¿sabes?
Kanya bajó la mirada.
—No... No pienso revelar nada. Juré a tu padre mantener el secreto.
—No me fío de ti —contestó Irina, terca como ella sola.
—No quiero que Klaus tenga problemas con su familia por mi culpa. Él ha sido muy bueno, muy bueno conmigo.
—¿Realmente no pretendes nada más con mi papá? —cuestionó Michelle.
—Yo solo quiero ser su amigo. Su papá parece necesitar un amigo. Él echa de menos mucho a su madre, necesita apoyo.
Esas palabras apaciguaron el creciente enojo de Irina. Pensó en su padre y lo miserable que se veía cuando visitaba la tumba de su papá Yuki. Él se dedicaba en cuerpo y alma a ellos desde que nacieron, sería egoísta de su parte cortar ésta interacción que logró por sí mismo.
—Papá cree que no lo sabemos pero hemos visto lo triste que se ve cuando visita la tumba de mi... mamá. Sufre mucho.
Kanya les brindó una pequeña sonrisa.
—Jamás he tenido pareja, mi interés es la investigación y explorar, pero imagino lo que debe sentir. —Kanya jugó con sus dedos un instante—. Pero los entiendo. Si ustedes... no quieren que vea más a su padre, yo... puedo irme. Prometo no revelar nada y no soy un soplón.
—Espere... —Lo detuvo Michelle cuando el sujeto tenía claras intenciones de marcharse—. Irina...
—Está bien. —Suspiró la pelinegra—. Pero si el estado de ánimo de papá empeora, sabremos que fuiste tú.
—Puedo ver que Klaus es un buen padre, y afortunado. Pase lo que pase, ustedes estarán ahí para él. —Asintió a los niños, y se marchó. Se detuvo un momento junto a Jim, dio una mirada a Michelle e Irina poco antes de subir las escaleras que le llevarían a las habitaciones.
Michelle no se movió de su lugar.
—Tú... ¿qué piensas? —Michelle continuaba viéndose preocupado—. Todo fue un poco... sencillo. Siento que está siendo sincero pero a la vez... no quiero cometer un error de juicio.
—Todavía me siento incómoda y molesta pero Kanya tiene razón en algo. Papá necesita un amigo que lo apoye. —Suspiró—. No podemos ser egoístas con papá. No quiero verlo triste.
—Lo sé, yo tampoco quiero ser... egoísta con papá. Si lo que Kanya dijo es cierto, lo que menos podemos hacer es apoyar a papá... —Las orejas de Michelle se aplanaron contra su cabeza—. Volveré a casa. Yo... quiero disculparme con él.
—Yo... iré en un momento. —Instó a su hermano a adelantarse mientras ella subió al cuarto del tailandés. Tocó respetuosamente la puerta y esperó su permiso para entrar.
—Adelante, Jim, adelante —indicó Kanya desde su interior.
Kanya estaba en el suelo de la habitación, rodeado de muchísimas fotografías de insectos, animales, plantas e incluso lo que parecían ser cuevas. Estaba clasificándolas dentro de unas carpetas cuando alzó la mirada.
—Oh..., eres la... ¿algún problema? Eh, pasa, pasa. —Kanya se dispuso a levantarse, pero como si lo hubiera olvidado, la carpeta en su regazo cayó, las imágenes desparramándose en su mayoría a su alrededor—. Oh, maldi... —Se cayó al recordar la presencia de Irina—. Pasa, pasa, yo recojo esto, eh, en un mo-momento, sí. —Con manos presurosas intentó apilar las fotografías sin preocuparse por el orden.
Irina se inclinó para ayudarle a recoger algunas fotos. Por casualidad se topó con una donde salía Klaus, no era el centro de la foto pero salía como parte del fondo, en tres fotografías salía de la misma manera.
—De verdad espero que tus intenciones con mi padre sean honestas. —Frunció el ceño al devolverle las fotos.
Kanya sonrió, algo dudoso.
—Estaban al fondo. Fue en la primera vez que le vi, debo admitir que creía que la cámara no lo había captado. —Como dijo, las colocó al fondo de todas las demás imágenes—. Es un recuerdo a cuando me vaya. Es la única persona que estimo pude obtener una fotografía. Mi maestro, quien me enseñó todo lo que sé, tomó la mayoría de estas imágenes. —Hizo un gesto hacia las fotografías—. Me las entregó antes de morir, así que continúo con su legado. Pero no tengo una imagen de él para recordar.
—Como papá Yuki —dijo de pronto Irina—. Hay uno o dos bocetos que dibujó pero no tengo ninguna foto para recordarlo.
Kanya dejó de ordenar las fotografías para mirar directamente a Irina, la sorpresa y confusión en sus facciones.
—¿Papá... Yuki? Espera, ¿no sería mamá? Tu papá es Klaus, ¿no?
—Tengo dos papás —aclaró con una sonrisa maliciosa—. Mi papá Klaus y mi papi Yuki. Las maravillas de ser dragón.
—¿E-en serio? Pe-pero ¿cómo? Klaus no me... Él nunca dijo... Son dos hom-hombres. —La carpeta volvió a caérsele de las manos, afortunadamente no salieron muchas de ella—. Maldi... —Con algo de torpeza volvió a reunir las fotografías y finalmente lo dejó a un lado. Tuvo que respirar una y otra vez—. Klaus ha sido muy reacio a decirme nada al respecto...
Empezaba a ver porque su papá decía que Kanya no era un peligro, era tan torpe... Ni siquiera lo creía capaz de tomarle una foto en secreto para venderla.
—Como sea. Vine para decirte que puedes ser amigo de mi papá —dijo solemne como si realmente Klaus necesitara el permiso de su hija.
—Ah, ¿gracias? —Kanya le brindó una titubeante sonrisa, todavía afectado por la revelación de tener dos padres—. Sé que puede haber personas malas en el mundo que quieran hacerle daño a tu padre, pero... es lo menos que deseo hacer. Gracias por... por confiar en mí.
Satisfecha con la situación, la joven se levantó del suelo con delicadeza, ajustó la gruesa bufando a su alrededor para salir.
—Espero que vayas al almuerzo de mañana en la Casa Feudal.
Si Michelle había pasado por la situación de presentar a Minegishi a la familia, entonces su papá también lo haría.
N.E.: Pues su editora aquí presente tuvo unos percances con la PC y no actualizó seguido como pretendía. Afortunadamente tenía un respaldo así que trabajaremos con eso. Bríndenme oraciones para que la PC vuelva a la vida.
¿Qué les ha parecido estos capítulos? Dejen sus impresiones abajo. Los leemos.
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