Capítulo 13
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Michelle no era el único que estaba teniendo problemas en olvidar. Klaus se sentía ahogarse con el olor de Bárbara, gracias al cielo la mujer había dejado de usar perfume pero aun así, hoy su olor natural se le hacía intolerable, sabía que esto era influencia de Feyn, un modo pasivo de demostrar su descontento.
Tenía que alejarse un rato, salir de la habitación del hotel y respirar aire puro. Al verse lejos de la presencia de la mujer, el dragón se sintió con la libertad suficiente de volver a la superficie de sus pensamientos. Le era difícil enfocarse porque sólo tenía un pensamiento en mente: encontrar al joven con olor a durazno.
Como cada fin de semana, permanecer en el internado era un suplicio para Yu. Durante el día solo vagaba por las calles, de vez en cuando disfrutando de algún momento en un oscuro rincón pero la verdadera actividad sucedía por las noches. Además, era domingo, día donde todas sus conquistas, particularmente hombres, fingían ser buenos padres de familia y se quedaban en casa la mayor parte del día o solo paseaban por el parque. Yu reconoció a tantos por allí que le faltaron dedos, y ninguno se hizo el aludido cuando les sonrió con desfachatez.
En días como ese era cuando extrañaba a su querido Adrián. Deseaba que llegara pronto las vacaciones de verano para pasar un rato con su amado mayordomo. Ya estaba aburrido de follar a los mismos sujetos del internado, de los bares y las calles de Ontario una y otra vez. Tal vez podría llevarse a Zachary con él, aunque dudaba que quisiera unírsele a sus juegos. Zach era el único con quien tenía una amistosa relación normal. Adrián debería sentirse orgulloso de él.
Y hablando de Zach... El tonto se le había perdido horas antes, no lograba dar con él. Se acostumbró a caminar solo por las calles de la ciudad, pero estaba aburrido, y cuando se aburría, se enojaba.
Y Yu estaba enojándose.
El cielo debió temer su enojo pues, al cruzar una esquina para dirigirse a uno de los tantos restaurantes a los que solía ir con Zach, aquel atractivo hombre de largo cabello chocó con él. Al reconocerlo, el ceño de Yu se alisó y fue como si hubieran quitado con magia su irritación.
—¡Chico lindo! —Estiró las manos hasta anclarlas en la cintura de Klaus—. Nos topamos otra vez. Qué maravilla del destino. —Su voz era suave, el seductor acento francés en su tono.
El encuentro con el joven fue como si de repente le robara la respiración a Klaus; ahí estaba, ese olor, ese embriagante y delicioso olor. Lo había añorado por años, intentando convencerse de que cada fibra de su ser no lo necesitaba para vivir pero se había estado engañando, con sólo sentir ese pequeño cuerpo cálido contra el suyo es como si hubiera vuelto a la vida finalmente.
Sin poder resistirse, Klaus apretó a Narcisse entre sus brazos, su nariz inhalando con fuerza su cuello. Oh, dios, sí, lo había extrañados demasiado.
—Estamos ansiosos, ¿eh? —bromeó Yu, encantado con la clara necesidad en la que se aferraba el adulto hacia él—. ¿Escapaste de tu sosa familia? —Bajó la voz, las palabras susurradas cerca de su oreja—. Pobrecito, mon amour. —Fingió lástima, acariciando los largos mechones oscuros de cabello. Nunca había visto a un hombre con cabello largo en Canadá —ni en ningún otro lado en el que haya estado— y le causaba curiosidad—. Tengo justo lo que necesitas.
—¿Qué estás...? —Yu lo condujo a un callejón, uno de los tantos donde el joven había tenido sexo anteriormente. Klaus se dejó llevar, todavía sintiéndose como en una nube, apenas y cuestionó el comportamiento del castaño cuando sintió esos expertos labios devorar su boca. En este punto apenas era capaz de pensar, tan sólo se dejó hacer, ansioso por volver a hacer el amor con su amado tesoro.
Los labios de Yu devoraban su boca, su lengua invadiendo y abarcando todo; quería memorizar su sabor, su forma, sus sonidos, sus gestos, todo. Nunca antes, con ningún otro hombre había deseado tanto saber todo de su amante, Klaus estaba resultando ser una novedad totalmente inesperada, atrayente. Dejó los labios hinchados, lamiendo un recorrido a su cuello en la que atacó sin piedad, dejando una marca claramente visible a cualquiera que mirase, satisfecho, como si dejara un anuncio que decía "¡Yo estuve aquí!". Cuando volvió a sus labios otra vez, sus manos aprovecharon de recorrer su cuerpo, asentándose en la pernera del pantalón. Estaban en un buen clima, ¿por qué traía tanta ropa encima? Estorbaba en los deseos de Yu de sentir los músculos de su torso. Aunque igual se los follaba, Yu no sentía aprecio por los hombres con más grasa en el cuerpo del necesario.
Finalmente Yu pudo bajar el cierre y meter mano dentro de los pantalones del mayor. Nada le gustaba más que una buena polla, y Yu no pudo más que suspirar de alivio, de gusto, de ansiedad, al palpar el pene de Klaus. Oh, sí, era como descubrir un juguete nuevo.
—No puedo —jadeó, apartando bruscamente sus labios—. Necesito probarlo. —Sacó por completo el miembro que despertaba en su mano, y se hincó frente a Klaus. Le dio primero una lamida a todo lo largo, luego su lengua rodeó la cabeza, y lo introdujo poco a poco en su boca, como si disfrutara de un largo chupete.
—O-oh. —Sintiendo sus rodillas temblar, Klaus tuvo que aferrarse a la pared a su espalda y su otra mano se adentró en el cabello castaño rojizo para mantener el equilibrio. No tenía idea de que las felaciones pudieran sentirse de esa manera, Yuki nunca llegó a hacerle una así pero estaba seguro de que esto se sentía mucho más intenso. La forma en que Yu chupaba su polla y deslizaba su lengua sobre su uretra, como si le estuvieran succionando la cordura por el pene, le estaba constando demasiado contenerse de ronronear.
La cabeza de Yu se movía de afuera hacia adentro, bombeando el pene en su boca, una de sus manos se introdujo más dentro de la ropa, tomando uno de los testículos que amasó. Aún con su boca llena, Yu sonrió lleno de gozo. Su sabor era todavía mejor, y tenía un tamaño justo para dejarlo deliciosamente adolorido en una follada dura y desenfrenada, del tipo que lo dejaba desmadejado, saciado.
Liberó a Klaus, poniéndose en pie, las manos ansiosas tratando de quitarse los pantalones. Maldijo el uniforme escolar, era obligatorio los cinturones, los odiaba, y había olvidado quitárselos antes de salir de las instalaciones. Nunca usaba calzones. En tanto masturbaba a Klaus, humedeció dos de sus dedos de la mano libre antes de llevarlo su culo. No necesitaba mucha preparación, tan acostumbrado a follar. Con su paciencia al límite, no se tardó mucho y enseguida se giró, apoyándose en la pared con un brazo mientras con la otra mano se apartaba una nalga, dejando a la vista su entrada sin pudor alguno.
—Mierda, date prisa —gimió, mirándolo por sobre su hombro—. Ven acá, chico lindo.
Para desconcierto del estudiante, Klaus se arrodilló tras él, con su mano apartó la otra nalga y hundió su cara en el culo de Yu, su lengua impactando contra su ansioso ano, pasó su lengua igualmente por el pirineo y las apetecibles bolas.
Este deseoso joven no era Yuki, su cuerpo era el de un adolescente mientras que Yuki había sido un hombre hecho y derecho cuando lo conoció. Aun así sentía que estaba volviendo en el tiempo, a esos primeros días en Japón donde se enamoró.
Más allá de enojarse por no haberle empalado, Yu recostó todo un lado del rostro en la pared, cerrando los ojos. De su boca empezaron a salir gemidos, frases sin sentido donde solo se podían rescatar los halagos a su lengua o los pedidos de más a Klaus. Yu obedeció la imperiosa necesidad de tomar su propio pene en su mano, acariciándolo de arriba abajo, la mano con la que se había apoyado volando a la cabeza de Klaus, como si quisiera mantenerlo ahí.
—Vamos, chico lindo..., harás que me corra si sigues en eso —advirtió, con un ligero jalón a su cabello.
Dando una última lamida a sus bolas, Klaus se enderezó, todo su cuerpo acoplándose a la forma más pequeña de Narcisse.
—Hueles tan bien —dijo con un gruñido bajo cuando su nariz acarició delicadamente el contorno de su cuello—. Te he extrañado tanto... Tanto. —Antes de que el joven pudiera cuestionarse a qué se refería Klaus, sintió toda la extensión de su polla adentrarse en su culo.
A Yu se le cerró la garganta antes de poder jadear, como si hubiera quedado atascado. Por dios, pudo percibir con claridad como su ano aceptaba con gusto toda la longitud de Klaus hasta acabar colmado por él. Era esa conocida y deliciosa combinación de dolor y placer. Todavía con sus ojos cerrados, estuvo quieto unos segundos, respirando hondo, las palabras de Klaus habían sido olvidadas, dejadas a un segundo plano, y solo podía concentrarse en su pene y lo mucho que deseaba ser empalado sin compasión alguna una y otra vez contra la pared.
Yu fue el primero en moverse por su cuenta, auto-penetrándose a sí mismo hasta que sintió a Klaus coger el ritmo. Deshizo un par de botones de su camisa, pellizcando sus pezones, echando la cabeza hacia atrás.
—Más profundo... Más todo, solo más...
Todo era tan intenso, Klaus sentía sus sentidos agudizados de una manera que resultaba molesto, como si Kenshi lo hubiera drogado de nuevo pero todavía se sentía capaz de pensar lo suficiente para saber que su pareja en verdad estaba disfrutando.
Mordió el cuello de Yu, dejando una bonita marca de dientes y apretó el pene del menor en su mano, masturbándolo al ritmo de sus envestidas.
—Tan bueno...
—¡Tan malditamente bueno! —gritó Yu a su vez, moviendo su cuerpo sin control, yendo a encontrarse con las penetraciones de Klaus, sus cuerpos haciendo un suave ruido al chocar.
Asió la cabeza de Klaus por su cabello, girando su rostro hasta poder alcanzar sus labios, besándolo profundo, un beso indecente y húmedo, la completa lujuria enloqueciéndolo. Era increíble, maravilloso, a cada golpe Klaus rozaba su próstata, enviando eléctricas corrientes por todo su cuerpo que no iba a soportar mucho. Toda su piel estaba ardiendo, sensible, desde el punto donde Klaus le mordió, hasta la erección en su mano.
Con un grito pequeño que hizo eco en el callejón en el que estaban, Narcisse se corrió con las siguientes estocadas, todo su ser temblando de éxtasis, contorsionándose de placer contra el cuerpo de Klaus.
El placer de Yu catapultó el de Klaus, todo su cuerpo en tensión, apenas tuvo que dar un par de empujes más para acabar dentro del menor. Tembló contra el cuerpo más pequeño, pasando sus brazos por la cintura del joven, lo apretó contra su cuerpo, un necesitado abrazo para impregnarse de ese dulce aroma.
—Yuki... Mi Yuki —murmuró, dejando perezosos besos a lo largo del cuello y el hombro expuesto.
—Yu, cariño..., solo Yu... —jadeó el menor, sus piernas temblorosas pero todavía se mantenía en pie—. Yuki no es mi nombre. —Giró la cabeza, alcanzando a darle un beso pequeño—. Oh, dios, me siento como un jodido muñeco de trapo. —Trató de estirarse un poco—. Ni cuando follaba con los cuatro idiotas de la otra noche me sentía así. Eres bueno. —Tomó la mano de Klaus, besando su palma—. Definitivamente bueno.
Después de ese intenso encuentro, el dragón parecía estar lo suficiente satisfecho para dejarle a Klaus pensar con claridad y sinceramente se sentía un poco desconcertado. Independientemente de la influencia del escamoso, había abordado a un menor de edad, peor que eso lo hicieron en medio de un callejón donde cualquiera podía verlos.
Yu, al sentirse liberado, se alejó de Klaus, gimió cuando el pene flácido del hombre se deslizó de su interior. Rebuscando en su chaqueta, extrajo un pañuelo que usó para limpiarse un poco.
—Ah, ha sido tan genial. Auch... Mi culo aún está sensible. —Sonrió, desechando el pañuelo a un lado y empezó a acomodarse los pantalones—. ¿Cuál es tu nombre, chico lindo? —No le miraba, atento a ordenar su uniforme—. No puedo escribir solo "Chico Lindo" en mi lista de mejores folladas.
Sintiendo un viento frío en la zona del vientre, Klaus se recordó que también tenía que acomodarse la ropa. El orgasmo le dejó un poco mareado, demasiado intenso.
—Soy Klaus Wolfhart... —Carraspeando, miró a los alrededores sintiéndose preocupado. ¿Qué pasaría si alguien los veía y lo acusaba de abusar de un menor? En Japón ese tipo de comportamiento era castigado severamente—. Mira, Yuk... Yu, siento mucho lo que acaba de pasar. No debí abordarte de esa manera, está mal y no estoy en mis cinco sentidos...
Yu, con toda la paciencia del mundo, se alisó los cabellos, y en seguida, sin hacer caso de la palabrería de Klaus, lo atrajo a un beso que sin duda les dejó sin aire a ambos.
—Hablas mucho. Calla esa linda boca que tienes..., Klaus. —Tanteó en un sedoso tono. Acariciaba sus mejillas, apartó a un lado el flequillo de su pelo y observó sus ojos por segundos que parecieron eternos—. Eres tan sexi. En verdad me encantas. —Lo apartó, y alisó las arrugas de su camisa—. Quiero verte otra vez. Esta noche. —Sus palabras no parecían una petición, sino una orden.
Klaus ni siquiera se dio cuenta de que en ningún momento pensó en negarse, tan sólo estaba preocupado por una cosa.
—No puedo. La temperatura baja demasiado en la noche. Me dará hipotermia.
Si bien Yu no tenía un espejo para observarse, creyó que estaba tan impecable como había salido del internado. Entonces, finalmente dio su completa atención a Klaus, estirando sus pies y alcanzando su cuello que rodeó con los brazos, del mismo modo que estaba la primera vez que se toparon.
—No importa. Yo puedo mantenerte muy caliente con mi cuerpo. —Besó lento su mentón, sus labios—. No me siento satisfecho de ti. —Besó una vez más, hondo, disfrutando con parsimonia el momento—. Por favor. Me aburre buscar a otra persona, te quiero a ti. —Iba a besar su cuello, pero sonrió al notar la oscura marca que dejó allí antes—. Por favor, Klaus. Ven a verme esta noche. —Una parte de Yu no podía creer que le estuviera suplicando a alguien. Más bien le suplicaban a él. "Otra novedad a la lista".
El dragón, siempre presuroso en complacer los deseos del tesoro, en seguida aceptó. Narcisse le dio un último beso que lo dejó sin aliento y Klaus regresó sus pasos al hotel como si flotara en una nube. Ni siquiera se dio cuenta cuando llegó al hotel, tan sólo sabía que estaba satisfecho, ansiaba volver a encontrarse con Yu y alguien estaba hablando demasiado fuerte, lastimando sus sensibles oídos.
La aguda voz de Irina pareció por fin sacarlo de sus pensamientos.
—¡Papá! Esto es peor de lo que creí... Todo es tu culpa —dijo a Bárbara irrespetuosamente mientras llevaba a Klaus al interior del hotel y lo sentaba en una sala de estar con una chimenea.
Viendo a la mujer rubia, Klaus apenas se acababa de acordar de ella y sus acciones se tornaron mil veces peor. Su piel se volvió pálida mientras miraba a la rubia con una expresión culpable.
Bárbara se apretó el puente de la nariz, un gesto que indicaba pedía paciencia.
—Irina, ya lo he dicho, tu papá es un adulto, no puedo estar sobre él como si fuera su madre. —Se fijó en el hombre, brindándole una sonrisa aliviada—. Me alegra que hayas vuelto. ¿Dónde has estado? De un momento a otro te fuiste... —Se acercó a él, colocando una mano en su frente—. Estás tan pálido. ¿Te encuentras bien?
—No te pido que lo trates como un niño, te pido que lo trates como un enfermo mental. Viste como estaba ayer y lo primero que haces es dejarlo caminar a sus anchas por ahí con ese horrible muchacho cerca. ¡Míralo! —Hizo una mueca de asco—. Apesta a él.
La mujer negó, y en cambio se sentó a su lado.
—No tengo tu sentido del olfato, cariño —murmuró en voz baja, no queriendo que fueran escuchados—. Pero estoy segura de que tu padre... —La voz de Bárbara murió. Pasó de mirar a Irina hacia Klaus. Entonces, apartó un par de mechones de cabello, descubriendo una marca morada en la piel del cuello del hombre. Una marca inconfundible, que una hora antes no estaba allí. La mirada de Bárbara se tornó melancólica, pasando desde ese punto en su cuello, al rostro de Klaus—. Pero estoy segura de que tu padre podrá dar... una explicación. ¿Verdad? —completó, su voz sonando débil.
—Yo... eh, sí. Más o menos —respondió sin mucho entusiasmo. Mirando a su hija, se dio cuenta que lo mejor era no tener esta conversación frente a ella. Tenía esa mirada entre preocupación y enojo, solía utilizarla cuando Kanya apareció y después Bárbara pero ahora parecía mucho más intensa—. Irina, sube a tu cuarto.
—Pero...
—Ve a tu cuarto —repitió en un tono más firme. Pocas veces era duro con ella pero en este momento no iba a ser flexible, era un tema delicado. Un poco frustrada, la japonesa tuvo que obedecer.
Estando solos, Klaus se desplomó en el respaldo del sofá, se cubrió los ojos sintiéndose estúpido y agotado, aunque si era sincero consigo mismo la satisfacción todavía estaba ahí.
Bárbara esperó, paciente, a que Klaus hablara. Se mantuvo sentada a su lado, y solo habló para decir una cosa.
—Debiste usar un poco más de abrigo. Tenías la piel algo fría.
—No creo que hubiera servido de mucho. —Tuvo que forzarse para mirar a Bárbara al menos de reojo—. Sé que notaste la marca en mi cuello. ¿Por qué no estás molesta?
—Porque no me siento molesta. Siento desilusión. —Bárbara suspiró, sentada recta, las manos cruzadas en su regazo—. Me siento como una ilusa, creyendo que podría..., no sé, hacerme un lugar en tu corazón como tú lo tienes en el mío. —Y lo miró—. Porque te amo. He aprendido a amarte, Klaus. Pero en tu corazón no siento que haya espacio para alguien más que no sea Yuki. —Ladeó la cabeza, su expresión demostrando lo abatida que estaba al respecto—. La presencia de este chico, que comparte la edad con Irina, Michelle, que podría ser hijo de los dos, con las supuestas semejanzas que tiene con Yuki, me lo demuestra. No has dejado, nunca lo harás, de pensar en Yuki.
Klaus se odiaba a sí mismo por hacer sentir a Bárbara de esa manera. Ella era amable y atenta con él, nunca le hizo sentir mal por sus sentimientos confusos y sobre todo había tenido mucha paciencia.
—Yo en verdad te quiero. Me he esforzado para poder superar los sentimientos que tengo por Yuki pero es mucho más complicado que eso —suspiró, tratando de buscar las palabras que explicaran cómo se sentía—. Este chico no tiene ningún parecido con Yuki. Es como su total opuesto sin mencionar que es un menor de edad pero su olor. Ese dulce, adictivo aroma a durazno en su cuerpo enloquece al dragón y es como una droga. Para cuando tomé consciencia de mí mismo, estaba en un callejón con la ropa desarreglada.
Con un suave movimiento de cabeza de un lado a otro, Bárbara habló.
—El dragón sigues siendo tú, Klaus. Ambas partes son tú. Yuki siempre formará parte esencial en tu vida... y está bien, lo comprendo perfectamente.- —Tomó una respiración profunda y continuó—. Pero ahora te cuestiono... ¿Habrá espacio para mí? —Se giró, lo suficiente como para poder tenerlo enfrente—. ¿Sigues deseando que este compromiso continúe? Yo anhelo que siga... pero no para ser una segunda opción.
—¡Si quiero! —Tomó la mano de la mujer entre las suyas, tratando de aferrarse a lo poco que le dejaba de cordura el dragón—. Tú me das seguridad. Me has ayudado tanto en los últimos meses...
Bárbara asintió, su mirada fija en Klaus, observando su rostro detalladamente como si nunca antes lo hubiera hecho.
—¿Estás seguro de que puedas ser feliz conmigo a tu lado?
Quería decir que sí, que lo sucedido hoy no volvería a pasar pero él sabía que estaría mintiendo, sobre todo porque Feyn no se quedaría tranquilo sabiendo que Yu estaba afuera esperándolo.
Estaba a punto de responder cuando fueron interrumpidos por Damián.
—Mamá. ¿Podemos hablar?
—Por supuesto. —Asintió a Damian. Dirigió un pequeño vistazo a Klaus antes de levantarse—. Continuaremos con esto más tarde. En un rato almorzaremos, así que refréscate un poco, ¿está bien? —En otras circunstancias, se habría inclinado para besarlo, pero esta vez solo acarició su hombro y se acercó a Damian.
Klaus se quedó un rato más al lado del fuego, rumiando sus sentimientos divididos.
Damián se llevó a su madre a caminar, no quería ir al cuarto porque sabía que Michelle estaba ahí.
—¿Estás bien?
—Sí, hijo. —Bárbara respiró varias veces el aire del exterior. No lo notó, pero estaba asfixiándose en el interior del hotel—. Solo no esperaba que este viaje se tornase tan complicado.
—Yo también me siento... —Dejó la frase inconclusa, sin saber qué decir exactamente—. Michelle se está dejando deslumbrar por otra persona —confesó a su madre.
Bárbara le miró de reojo, y entonces lo abrazó. Era un poco más baja que su hijo, pero no le importó.
—Damián... Cuando una persona te ama, tú eres lo más importante para ella. Te vuelves su pilar, su luz, todo lo demás ocupa un segundo plano, incluso otras personas. —Bárbara alzó la mirada al cielo—. Tu padre y yo nos amábamos. Aunque pasaba mucho tiempo fuera de casa cumpliendo con el ejército, jamás nos faltó su amor. No fue tan demostrativo en sus afectos, pero era genuino. —Sonrió con nostalgia, regresando su atención al camino frente a ellos—. Tú sabes lo que deseas en una pareja, te he enseñado en lo que pude al respecto. Si sientes que algo está fallando entre ustedes, discútanlo. Una pareja lo conforman dos personas, no una. —Acarició sus brazos en confort—. Entiendo que ambos son jóvenes inexpertos, pero tienen que trabajar juntos si desean continuar.
—Sí pero... ¿Qué pasa cuando una tercera persona se interpone? —Miró a su madre, acariciando uno de sus bucles rubios para acomodarlo tras su oreja—. Éste hombre está intentando seducir a mi pareja —dijo con bastante rabia—. Quiere quitarme a mi novio.
—Si esperas que te diga hagas algo violento, no lo haré. No es como te he educado —dijo en un ligero regaño. Lo que menos deseaba era incentivar a Damian a caerse a golpes con algún muchacho por Michelle—. Si Michelle te ama, por mucho que alguien trate de conquistarlo, no se ira de tu lado. Tienes que estar con él, enamorarlo, busca la forma de que no deje de pensar en ti aun cuando está con otras personas.
—¡Mamá! No puedes hablar en serio. —Negó bastante frustrado—. A veces cuando una persona quiere interponerse en una pareja, entonces hay que pelear. ¡Lo mismo se aplica a ti! Si amas a Klaus, deberías luchar por él. Eres mil veces mejor que ese put...
—¡Damián! —Bárbara se detuvo, dando una reprobadora mirada al joven—. Jamás te he enseñado malas palabras, y espero que no se te ocurra decirlas. Somos personas educadas, no unos bárbaros. —Se alisó unas inexistentes arrugas en su vestido, avanzando, su postura recta—. No es tan fácil como lo crees. Lo mío con Klaus no es algo sencillo. Ese chico le recuerda a su difunta pareja, y lo que todavía siente Klaus por ella es mucho más fuerte que yo. —Sería más fácil explicarle a Damian si el joven supiera del dragón, pero no lo hace. Bárbara había preferido que él no estuviera enterado al respecto y ahora no podía explicarle por qué no tenía la fuerza para luchar. Aunque ella nunca estuvo directamente frente al dragón, algo le decía que ir contra él era peligroso—. Michelle y tú son jóvenes. Antes de estar con tu padre, conocí a muchos chicos, él estaba ahí, cortejándome y viendo como otros me cortejaban, pero siempre fue firme en sus deseos. Finalmente, acabé con él. ¿Qué pretendes que te diga? ¿Qué luches a muerte con ese chico?
—No, mamá, claro que no. —Apretó los labios, ella no entendía que tenía que hacer algo, algo drástico que apartara por completo la atención de Michelle de ese rubio—. Creo que es hora de llevar mi relación con Michelle al siguiente nivel.
Bárbara respiró profundo, como si estuviera armándose de paciencia. Amaba a su hijo, era lo único que tenía de su amor con su esposo aparte de sus queridos recuerdos, pero simplemente se tornaba difícil guiarlo por un buen camino.
—Damian, no vayas a hacer una locura —advirtió. No iba a permitir que su hijo, por mucho amor que le tuviera, hiciera daño a Michelle u alguien más—. Michelle es un alma dulce y cariñosa. Si no tienes cuidado, ganarás su odio y ahí le perderás para siempre. —Sin mencionar lo que Klaus pudiera hacer si Michelle sufría de alguna manera—. No seas impulsivo. Ya tienes edad para ser un caballero, hecho y derecho. Actúa como tal.
—Créeme mamá, lo menos que quiero hacer es lastimar a Michelle, pero no voy a permitir que otro hombre se entrometa en lo nuestro.
CONTINUARÁ...
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