Capítulo 17
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Pero Michelle no se vio mucho por las calles como en otras ocasiones.
Recibieron la visita inesperada de Ruslán y Gerardo esa tarde. El primero claramente estaba preocupado por su hermano y se sorprendió en sobremanera ante la tensión reinante entre Bárbara y él, sin mencionar que Irina seguía molesta. Eso sin contar que Michelle estaba fingiendo sus estados de humor. Damian puede que no lo notara debido a que no había crecido con Mich, pero el joven lo hacía. No se sentía feliz; por el contrario, había tristeza en sus ojos pero Michelle era bueno fingiendo algo, había aprendido más malas mañas de Kenshi que él mismo. Ruslán estaba desconcertado. ¿Tanto había pasado en los días que estuvo fuera?
Michelle trató de restarle importancia. Se sentía bien. Damian y él estaban bien, y pronto estarían mejor. Solo que cuando Michelle bajó durante la mañana del siguiente día para llamar a Japón, la valentía que sintió se esfumó al oír la voz de Kenshi.
—¿Quieres consejos de sexo? ¿Y todas las charlas que les di a ustedes, crías?
—Es que... yo...
Kenshi suspiró.
—¿Qué es lo que quieres saber?
—Pu-pues, verás... El otro día Damian quería que lo hiciéramos y—
—¿En serio? —Kenshi le interrumpió—. Vaya, y tan atolondrado que se veía. ¿Cómo fue? ¿Fue agradable? Más le vale que lo sea porque si no yo—
—¡Fue horrible, tío, ni siquiera pude hacerlo! —Michelle dejó caer la cabeza en el brazo—. Lo sentí ahí de pronto y solo pude quitarlo.
—¿Lo sentiste ahí de pronto? Es decir, ¿ni siquiera te preparó? —Michelle casi podía verle rodar los ojos—. Estos chicos de ahora. Michelle, antes de querer penetrar a tu pareja o amante de turno, tienes que preparar adecuadamente su culo. Con un poco de vaselina o crema o lo que tengan cerca.
—¿Cómo es eso?
—Escucha bien, y esta vez, presta atención. ¿Tu padre está cerca? Bien, o me va a matar cuando sepa que te estoy diciendo estas cosas. —Él mismo también echó un vistazo alrededor. Si Vladimir escuchaba también, sería capaz de despedazar a Damian por igual—. Cuando sigas mis consejos, tendrás una primera follada que querrás repetir por siempre.
Michelle se llenó de valor otra vez y escuchó. Por los diez minutos que duró la llamada, todo el rostro del castaño permaneció rojo como un tomate a pesar de sus esfuerzos por mantenerse normal. Cuando acabó la llamada, las imágenes que desfilaban por la mente de Michelle a causa de cada palabra que le daba Kenshi le hacían sentir de tal forma que tuvo que ir por un baño de agua fría debido a lo que provocaban en su pene. Hubo cosas que no estaba seguro si él quería intentar aún, apenas quería una simple noche de sexo con su novio como un chico normal, se lo debía a Damian.
Pero ninguno esperó con que esa noche, Klaus aprovechara el regreso de Gerardo y Ruslán para cambiar los puestos de los chicos. Michelle miró sintiéndose culpable cuando su padre ordenó que Damian durmiera ahora con Gerardo y Ruslán con Michelle, pues no quería que su hijo pasara la noche con un pervertido. Todo eso aplastaba los planes de Michelle. Jamás debió decirle nada a Klaus, y apenas tuvo la oportunidad, prometió a Damian que lo arreglaría. Por ahora no podía pelear con el hombre. Michelle se dio cuenta de que estaba prometiendo muchas cosas a Damian y tardaba en cumplirlas.
Para la siguiente noche, cuando esperaron de que Klaus estuviera dormido en su habitación, se dirigieron a la de Gerardo y Damian para Michelle llevarse al rubio y por fin seguir cada consejo que le dio Kenshi cuando vieron una figura frente a la habitación de Irina.
—¡Hey! ¿Qué haces en el cuarto de mi...hermana? —Al acercarse, Michelle identificó el olor a fresas de la figura—. ¿Angie?
—Perfecto, lo que me faltaba —suspiró la mujer. Había esperado poder escabullirse en el cuarto que compartía con la hija de Klaus silenciosamente y poder descansar aunque fuera un poco pero, por supuesto, nada nunca salía como ella quería—. Vuelvan a sus cuartos.
Pero entonces Michelle se le acercó, y sin prestarle atención, la abrazó sin importarle que era más alto.
—¡Llegaste! Estaba preocupado. Levoch llamó y dijo que tenías problemas con el trabajo y, bueno, estabas con retraso. —La soltó finalmente, sabiendo que no era muy dada a los abrazos, y la observó—. ¿Estás bien? ¿Por qué llegas a esta hora?
Angie tuvo que esforzarse para no chillar de dolor cuando Michelle la apretó, su costilla ya estaba sanada, pero el dolor fantasma seguía ahí. Era obvio que nada de lo que hiciera el demonio salía gratis, una costilla sana a cambio de que el dolor persistiera. Se obligó a concentrarse en lo importante—. ¿Hablaste con Levoch?
—Sí. —Michelle asintió, dando un vistazo a Ruslán. Negó, en un mudo gesto de que no iba a seguir con el plan de sacar a Damian del cuarto. Ante eso, el chico le dio un gesto de confirmación a pesar de la desilusión por ya no poder dormir con Gerardo esa noche, y regresó al cuarto que compartía con Michelle—. Llamó una vez, me dijo que no ibas a poder llegar a tiempo y estuvimos hablando por un rato. Fue muy amable y, bueno, quería esperarte para preguntarte si me dejas visitarlo. Él dijo que quería verme algún día, me da curiosidad conocerlo en persona.
—¡No! —dijo horrorizada. ¿En qué estaba pensando ese hombre? La razón principal para alejar a Michelle era para que no creciera en un horrible burdel y ahora resulta que el niño quería ir a meterse a la boca del lobo—. ¿Estás loco? No puedes ir ahí.
—¿Po—por qué? —Michelle ladeó la cabeza, afligido—. Será solo un momento, y puede ser en el día. En el bar de tío Jim, está muy solo durante el día. Imagino que en ese lugar es igual así que no habrá problema. Levoch se escuchaba ilusionado...
—Levoch es un idiota insensato —gruñó con los dientes apretados—. Ese no es un lugar para un niño lindo como tú. Hazte un favor a ti mismo y no te metas en problemas.
—Pero... Ah, está bien. —Se cruzó de brazos, enfurruñado—. Entonces, ¿podrías al menos llevarlo una vez a Japón? Solo una vez. Si no me dejas ir, que sea él quien vaya... Él... —Michelle apartó la mirada —dijo que me conoce desde que nací. Me gustaría preguntarle más sobre mamá, por teléfono es muy molesto hacerlo.
¡Iba a matar a ese hombre! Apenas volviera, pensaba estrangularlo con una de sus estúpidas corbatas estampadas.
—Deberías olvidarte de esa ridícula idea —respondió sin mirarle a la cara.
—No son ridículas. —El ceño de Michelle se frunció, evidenciando su malestar—. Dijo cosas bonitas de mamá. Por primera vez siento que puedo conocerla un poco más, que puedo sentirla cerca y más ahora que la necesito. Creo que me equivoqué en pensar que eso podría importarte un poco. —Michelle no esperó que ella replicara cuando se volteó y entró a su habitación.
Angie apoyó su frente en la puerta. Se sentía culpable por hablarle de esa manera a Michelle pero ¿de qué otro modo iba a ser? ¿Y si se enteraba de la verdad? No, no, no. Una vez más se convenció a si misma de que era lo mejor, desde que empezó ese viaje tenía que recordárselo bastante a menudo. Terminó por entrar al cuarto que compartía con Irina, necesitaba urgentemente una cama. Mañana lidiaría con la furia del castaño.
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—¿Angie volvió? —Fue la sorprendida pregunta de Bárbara. Y no solo la sorpresa le embargaba, sino el alivio. Ya no quería seguir soportando la humillación cada noche de sentir a Klaus, o Feyn en tal caso, marchándose a encontrarse con aquel chico. Bárbara no había discutido con Klaus aún, pero ya había decidido no continuar con el compromiso. Su lugar no estaba al lado del alemán, y nunca lo estaría.
—Regresó anoche. —Michelle miró hacia las escaleras.
Estuvo esperando que todos bajaran para el desayuno. Los primeros fueron Damian y su madre, seguidos por Gerardo y Ruslán. Su padre e Irina no bajaban aún, ni que hablar de Angie.
—Anoche yo... salí a buscar un poco de agua y la vi entrar al cuarto de Irina. —Se apresuró a corregir.
Gerardo se vio bastante interesado cuando Michelle mencionó a la morena.
—¿Volvió? —No le parecía extraño que se escabullera en medio de la noche pero tomado en cuenta su repentino llamado y su posterior retraso, estaba realmente preocupado—. ¿Cómo estaba? ¿Viste alguna herida?
—Pues, estaba un poco oscuro pero no se veía herida. —Cruzó sus brazos frente a su pecho—. Igual de huraña que siempre, sí...
—Oh, seguro estaba cansada del viaje, cariño. —Bárbara desestimó con un gesto de mano—. Sé un poco más comprensivo. Lo importante ahora es que finalmente podremos hacer el cambio y volver ya a Japón.
—Sí... —suspiró Michelle, sonriéndole a Damian de paso. No había visto a Zachary en los últimos dos días. Se preguntó cómo estaba.
—No te preocupes. En cuanto baje podrás verla. —La mano de Ruslán tomó la de Gerardo sin pensárselo un minuto—. Seguro no le ocurrió nada grave y solo se retrasó por otras circunstancias.
Gerardo apretó los labios bastante contrariado. Creer algo tan frívolo como eso sería inútil, él al igual que Klaus estaban conscientes del peligro al que se enfrentaba Angie.
—Iré a ver cómo está —anunció. Antes de subir las escaleras, apretó la mano de Ruslán—. Busca a tu hermano.
Ruslán le acompañó al piso donde estaban las habitaciones; mientras Gerardo se iba a la de Irina y Angie, él se dirigió a la de Klaus. No había hablado mucho con su hermano, pero notaba la tensión en los hombros de Bárbara.
—¿Klaus? —Tocó dos veces la puerta y entró—. ¿Está todo bien? Estamos esperando por ti...
—¡Sí! —Se apresuró a cerrarse la camisa. Al parecer estaba mirándose al espejo antes de que Ruslán entrara—. Lo siento, me entretuve... —Le tomó dos segundos darse cuenta de que su hermano estaba ahí—. ¡Volviste! Pensé que seguías en Italia. —Se acercó y abrazó al japonés con obvia alegría.
Ruslán suspiró.
—Nos vimos ayer, hermano... Obviamente has estado muy distraído. —Se alejó para observarlo. Klaus siempre estuvo alerta desde que tenía memoria—. ¿Qué está pasándote?
—Lo siento, no lo recuerdo. Feyn ha estado muy activo los últimos días. A veces tengo lagunas mentales. —Se frotó los ojos, sintiéndose cansado.
—Él ha estado muy activo de pronto. ¿Es por aquel chico? —Ruslán se sentó en el borde de la cama—. Michelle dijo que te has salido por las noches a verlo, te encontró volviendo una mañana al hotel. Ya con el regreso de Angie, Michelle cambiará y volveremos a casa. ¿Qué pasará entonces?
—No puedo echarle toda la culpa a Feyn, yo también me siento atraído por él, como una polilla. Apenas lo veo, olvido todo lo demás. —Recostó la cadera en el tocador que incluía la habitación—. Sé que mis acciones no son las mejores y Bárbara... me siento tan culpable.
—Imagino que la boda no se realizará ahora. —Ruslán no preguntaba una confirmación. Se notaba en la expresión de Klaus y la de Bárbara—. ¿Qué pasará con ese chico? Klaus, es... indecente.
— ¿Crees que no lo sé? —gruñó pasándose las manos por el cabello—. Tiene la misma edad de ustedes, pero... apenas lo veo es como si mi cerebro desconectara y la lagartija es la que toma el completo el control. Feyn sólo piensa en una cosa.
Ruslán se levantó, tomó el brazo de Klaus y lo atrajo a la cama, sentándolo a su lado.
—Quiero decir... Podrán follar y todo, pero, Klaus, ¿sabe él del dragón? ¿Tiene alguna noción de que es Feyn? Y más importante aún, ¿podrá amarte? Son preguntas que deberás tomar en cuenta antes de hacer una decisión. No parece el tipo de chico que está interesado en esas cosas.
—No hemos hablado ni la primera vez —suspiró Klaus. En realidad era algo bastante deprimente—. Apenas nos encontramos, se encarga de desvestirme por completo. Ha logrado que el dragón salga en la noche incluso con el riesgo de hipotermia. —Negó con la cabeza—. Dudo que su nombre sea "Yu". ¿No te parece mucha coincidencia? Su olor, esa insistencia en hacerse llamar "Yu".
—Padre dirá que las coincidencias no existen. —Ruslán bajó la mirada a sus manos—. Klaus, no sabes nada de ese muchacho ni mucho menos... Estás arriesgando mucho. En verdad quisiera ayudarte pero hay cosas que se me escapan, no tengo un dragón como tú o mis padres para poder aconsejarte... pero sí puedo decir que no parece una relación muy... adecuada.
—¡Es mi tesoro! —dijo con bastante fuerza el alemán, sus ojos cambiando rápidamente de color—. ¿Piensas que puedes separarnos? —Las facciones de pelinegro mayor se contrajeron en una fea mueca amenazante.
—¿Q-qué? ¡N-no! —Ruslán retrocedió al ver el rostro de su hermano, aterrado—. Kla-Feyn, yo... no me refería a eso, ¡en serio! Hermano, hablaba de que... debes hablar con ese muchacho. U-ustedes solo están teniendo sexo y no parece una relación de dragón y tesoro, a-al menos no como la que me han hablado toda la vida. —Ruslán alzó las manos, pidiendo al dragón que se calmara—. Mis padres y tú me han dicho siempre de que... de que es una relación de amor, comprensión, apoyo y protección.
Feyn escudriñó a Ruslán con la mirada. Al no encontrar nada que delatara que sus palabras fueran una mentira, el dragón pareció contentarse con esa respuesta. Bufando, volvió a retraerse, los ojos del alemán volviendo a ser verdes.
—Lo siento —murmuró Klaus frotándose la frente—. Entiendo lo que quieres decir. Yu, al parecer, conoce a Feyn pero no estoy seguro de si entiende lo que significa realmente.
Ruslán sintió que respiraba ahora que no estaba siendo amenazado por el dragón. Le asustó, jamás había estado en la mira de su furia de esa manera.
—Yo... no quiero separarlos del tesoro, ¡jamás! Sé cuánto han sufrido y... eres mi hermano. —Puso la mano en su hombro—. Quiero que seas feliz, y entiendo que el tesoro es lo que te hace feliz pero, este Yu... —Ruslán pensó bien sus palabras antes de decirlas— me hubiera gustado que fuera más como el Yuki que nos describiste, del que tío Jim nos hablaba. Sea lo que sea esto, una reencarnación o no, si es lo que Feyn y tú quieren, yo los apoyaré. Pero, escuchen ambos, si no los hace feliz, si vemos que están sufriendo por su culpa, no esperen que la manada nos quedemos tranquilos observando.
Agradecía el apoyo de su hermanito. Se sentía bastante mal por lo que estaba pasando con Bárbara, pero saber que su familia estaría ahí para apoyarle le alegraba un montón.
—Dijiste reencarnación. —Se dio cuenta de pronto—. ¿Crees que eso es lo que es? ¿Por eso Yu huele como mi Yuki a pesar de que es una persona completamente diferente?
Ruslán asintió.
—Es lo que Gerardo ha dicho. Un alma vuelve a encarnar una vida luego de morir la anterior. Concuerda con las leyendas japonesas que mi papá nos contaba. Explica porque Yu tiene ese olor parecido a Yuki. —Ruslán se vio pensativo cuando prosiguió—. No hay dos personas con olores iguales, ni siquiera tío Kuma y tío Kaoru que son gemelos. Aún sigo sorprendido, pero lo que dice Gerardo es la única respuesta a eso. Yu podría ser una nueva vida de Yuki.
—Entonces..., realmente es mi tesoro, no un encaprichamiento. —La revelación quedó arruinada con la intervención de Feyn—. El lagarto presumido dice que él no tenía ninguna duda.
—Ve con cuidado, ¿de acuerdo? —Ruslán se puso en pie—. Y... habla con Bárbara. Ella no merece seguir ilusionada con una boda que, bien, a claras luces no sucederá. —Echó un vistazo a la puerta, y luego volvió a su hermano—. Angie volvió anoche. Michelle la vio a punto de entrar al cuarto de Irina. Nos esperan afuera para desayunar.
—¿De verdad? —En seguida se levantó de la cama—. ¿La viste?
—Estaba algo oscuro pero no se veía malherida. —Ruslán avanzó a la puerta, esperando que ya Gerardo hubiese bajado con Angie e Irina a la planta baja con los otros—. Le comenté a Gerardo de que tal vez ella se retrasó por otras cosas.
Klaus hizo el mismo gesto de Gerardo, negó con la cabeza. Si tan sólo ellos supieran, pero ese era el punto, ¿no? Los chicos no deberían enterarse de a lo que se enfrentaba la morena todos los días.
—Vamos. —Tomó un sobretodo y se lo puso por encima junto con una bufanda. Últimamente no sentía tanto frío, no obstante, desde que el dragón tenía sus escapadas nocturnas para follar hasta la locura con el joven franco-canadiense mejor prevenir que lamentar.
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Al bajar, se toparon con la noticia de que Angie seguía indispuesta para ir a desayunar con ellos. Para Michelle, al saber de eso luego de que su hermana y el mago bajaron fue un balde de agua fría. Se preguntaba si la irritación que Angie mostró la noche pasada no se debía a algún dolor o malestar del que él no tomó consciencia, y él preocupado por sí mismo. Apenas pudo ser capaz de probar bocado durante el desayuno. Levoch le había comentado detalles muy vagos de su trabajo, no solo que era una especie de cortesana, había más del que no tuvo valor de contarle o simplemente no podía atreverse a ello. ¿Por qué? ¿Por qué los adultos se empeñaban en ocultarle información como si fuera algo débil que no lo soportaría? Su padre, sus abuelos, inclusive el mismísimo tío Jim, Gerardo, Angie, ¡todos los adultos le ocultaban cosas! Con excepción de Bárbara, pero estaba seguro de que la mujer estaba en la plena ignorancia como él.
Al acabar el desayuno, quiso que le llevaran un plato de comida a la morena. No era saludable estar mucho rato sin comer. Luego de arribar el hotel, fue a la habitación donde dormía Angie, tocó una vez, y al no tener contestación, entró. Aún seguía acostada. ¿Dormía aún? Avanzó a su cama, dejando la comida en la mesita de noche, y se sentó al lado de ella, moviéndola un poco del hombro.
—Oye..., despierta. Pronto hará las diez.
El ligero movimiento en su hombro provocó que su torso se moviera, haciendo que su costilla recién regenerada doliera.
—No me toques. —Palmeó la mano de Michelle lejos. Con mucho cuidado se removió para quedar boca arriba, el pequeño movimiento suponía un gran esfuerzo, su torso punzaba con fuerza como si la costilla aún estuviera rota—. ¿Qué haces aquí?
—Vine a traerte el... Angie... —jadeó Michelle, sus orejas planas contra su cabello, mientras la mano izquierda hacia un ademán de posarse en la mejilla de la morena sin llegar a hacerlo—, tu rostro está... —Anoche, debido a la oscuridad, no había podido visualizarla bien aun con su vista. Pero ahora, a la luz del día, quedaba al descubierto los moretones que manchaban su piel—. ¿Qué te ocurrió?
—Cosas del trabajo. No le hagas caso —suspiró. Hubiera preferido poder descansar un poco más, arreglarse a solas y maquillarse apropiadamente para que no se notara los moretones—. Dame la mano —ordenó, extendiendo su propia mano para que se la tomara. Al ver que el castaño no hacía nada, frunció el ceño—. ¿Qué esperas?
—Es que... Bien. —Michelle estiró el brazo, colocando su mano sobre la de Angie. Era un poco más pequeña y de un tono diferente, pero por alguna razón habían similitudes entre ambos—. ¿Para qué?
—No tiene caso seguir en cama. —Hizo fuerza, ayudándose con la mano de Michelle para poder sentarse en la cama, el movimiento le sacó el aliento. Una vez que estuvo sentada, se quedó quieta un momento para respirar superficialmente. Se levantó con cuidado, estando de pie hizo una pequeña mueca de dolor pero empezó a buscar todo lo necesario para cambiarse de ropa. Había dejado la mayoría de su equipaje en el cuarto pensando que no tenía caso mover la maleta que preparó para los pocos días que iba a pasar ahí. Craso error.
—¿Necesitas que vayamos al doctor? —Michelle se levantó para acercarse y ayudarla en lo que pudiera—. O algo para el dolor. Conozco una crema que hace tío Keso para los moretones, Gerardo podría ayudarme a conseguir unas plantas.
—No me preocupan los moretones. —Sin importarle que Michelle estuviera en la habitación junto a ella, comenzó a quitarse la ropa de cama. Siendo una cortesana era ridículo que a estas alturas tuviera alguna clase de vergüenza por mostrar su cuerpo—. Me quebré una costilla durante mi trabajo. Ya fue sanada —le dijo antes de que pudiera expresar su preocupación—. Pero el dolor que queda es como si todavía estuviera quebrada.
—Bu—bueno... —Michelle se volteó, dándole la espalda y privacidad, su rostro caliente. Optó por dirigirse a la comida puesta en la mesilla—. Te traje un poco de comida. No sabíamos qué te gustaría, pero papá te pidió algo para llevar. Si gustas, puedo ir a una farmacia por algo para el dolor mientras comes.
Angie dio un breve vistazo a la bandeja, obviamente no había ningún tipo de licor.
—Este dolor no se irá fácilmente. Tan sólo puede soportarse. —Ignorando el corsé, se estaba poniendo el sostén pero se dio cuenta de que no era capaz todavía de llevar sus manos tras su espalda para cerrar el broche—. Michelle, ¿podrías abrocharme el sostén? —Se rió del joven al ver sus mejillas sonrojadas—. ¿Primera vez que ves un sostén?
—Ah... Sí. Digo, no..., bien, solo un poco. —Sus manos temblaron unos segundos pero volvió a acercarse a la mujer para ayudarla—. Cuando Irina tuvo que usarlos, recuerdo que bromeaba con ella y me burlaba hasta que papá me regañó por eso —comentó, observando cómo era que debía encajar las zetas, falló al primer intento—. Una vez lo hizo cuando salí corriendo de Irina llevándolo puesto encima, tenía unos catorce años, creo. —Al encajarlos satisfactoriamente al tercer intento, sonrió—. ¡Listo!
—En verdad haz tenido una buena vida con Klaus. Me alegro —respondió con toda sinceridad—. Tienes tantos recuerdos agradables, una familia amorosa.
—Sí, no cambiaría a mi familia por nada —comentó, retirándose un par de pasos—. Tú también lo tienes. Levoch. Te quiere mucho, se nota en su voz. ¿Es tu papá?
—No estamos emparentados. —Le parecía extraño que Michelle los emparentara de esa manera tomando en cuenta que Levoch era francés hasta la médula—. Desde que Levoch llegó al bar para trabajar como barman, me ha tomado cariño, me trata como la hija que nunca tuvo, o quizás como la hija que nunca podrá tener. —Terminó de abotonarse la blusa y se acercó al tocador para ocultarse los moretones con maquillaje—. Él se preocupa por mí, de verdad quisiera que no lo hiciera pero a veces me alegra de tenerlo a mí lado.
—No necesitan estar emparentados para que sea tu papá. —Michelle se arrodilló a su lado, apoyando los codos en la mesa del tocador, viendo el reflejo de Angie en el espejo. —Como papá y yo, no estamos emparentados pero es mi papá. —Sonrió—. Además, sí le quieres. Dijiste que te alegra tenerlo. ¿Cómo es él?
—Es bastante dedicado a su trabajo. Siempre está pendiente de los otros trabajadores en el bar, pendiente de que no falte nada, es amable y entusiasta —explicaba mientras aplicaba una crema del mismo color de su piel que cubría en su mayoría los moretones—. Tiene la tonta idea de que todos tienen un lado bueno... aunque realmente no exista. —Para cuando terminó de aplicarse la base, su cara parecía que no tuviera ninguna imperfección.
—Es como tío Jim. —La sonrisa de Michelle se amplió al recordar al hombre—. Tío Jim es así. Y tiene un consejo para todos sobre todo. Nos prepara dulces a cada miembro de la familia sin excepción, y me ha contado muchas cosas de papá. De mi real papá. De todos, es quien más conocía a Shin. Dijo que papá habría estado orgulloso de mí... Me pregunto si mamá estaría igual.
—Seguramente. —Asintió, una pequeña sonrisa curvando sus labios—. Eres especial, Michelle, y no sólo lo digo porque tengas orejas.
—¿En serio lo crees? —La mirada de Michelle descendió, recordando que algo parecido le había dicho Zachary. Había logrado mantener al rubio lejos de su mente, pero ahora regresó—. Eso mismo dijo Zach el otro día... No sé si creérmelo o no. —Se puso en pie, estirando las piernas.
—¿Quién es Zach? —preguntó nada más por hacer conversación, mientras estaba ahí hablando con Michelle el dolor en su tórax se hacía lo suficiente soportable para permanecer derecha en la cama.
—Es... un chico que conocí hace unos días. La primera vez el muy idiota me tomó por chica. —Rodó los ojos ante el recuerdo, si bien sonreía por el mismo. Le enojaba y divertía a su costa al mismo tiempo—. La siguiente vez que me lo topé, él... me consiguió mis panes dulces en disculpa. Tampoco perdió tiempo en coquetear conmigo... —Michelle subió las piernas a la cama cuando se sentó en ella, abrazándolas con sus brazos—. Pero la tercera vez... —Apoyó la frente en sus rodillas—, fue el día anterior. Él... Yo le gusto, lo dejó claro desde el primer momento pero el día anterior... —Michelle lanzó un largo suspiro frustrado. No estaba seguro si contarle algo tan privado a Angie, apenas la conocía, pero era amiga de su padre y lo había ayudado en su momento. Tal vez, solo tal vez, pudiera ayudarle a él también—. La otra noche intenté tener sexo con Damian, y no pude. Me congelé. Y aunque me sentí fatal, asistí en la mañana a una cita con Zachary. A la larga todavía sentía culpa por Damian, pero aun con eso no me impidió contarle quién era. Sabe todo sobre mí, al menos en mi aspecto y a qué vine. Pero Zach... —Michelle cerró los ojos, y alzó el rostro—. Lo besé. —Se aplastó el gorro contra su cabeza—. Besé a un chico que no es mi novio y me gustó. Mucho. Hacía mucho que no me sentía tan bien y enseguida tuve que irme de allí. Zach dijo que me quería, que era especial también. ¿Pero cómo puedo ser especial si prácticamente he engañado a mi novio?
Angie nunca pensó que su pequeña pregunta desencadenaría toda una historia de amor. Esa no había sido su intención, estuvo a punto de decirle a Michelle que llevara sus preocupaciones con Klaus quien seguramente estaría mejor calificado para dar un consejo apropiado a la situación pero se notaba que Michelle en verdad necesitaba que alguien le ayudara a ver lo evidente, o quizás tan sólo necesitaba una perspectiva diferente.
—Creo que tú mismo te estás dando la respuesta Michelle. —Al ver la cara de confusión del castaño, tuvo que aclarar—. Me estás diciendo que al intentar tener relaciones sexuales con Damián, te congelaste. Eso de ninguna manera es buena señal. Si te tienes que obligar a ti mismo a tener sexo con alguien más, así esa persona sea tu esposo legalmente, algo va mal en la relación. —Arqueó sus cejas significativamente—. Independientemente de lo que sientas por este otro chico, Zach, tienes que reevaluar tu relación actual. Obligarte a ti mismo a intimar con una persona con la que no te sientes cómodo es lo mismo que una violación.
—Yo...
No, nada de eso podía ser. Él se congeló porque aún no estaba listo. Pero pronto lo estaría, y finalmente daría ese paso con Damian, todo funcionaría y...
—No quiero lastimar a Damian o a Zachary. Tengo miedo de descubrir que todo con Damian es falso, ilusionarme con Zach y que acabe peor. —Lanzó un largo suspiro—. El amor apesta.
Esta vez, Angie sí rodó los ojos.
—Tienes que quitarte ese tonto pensamiento de querer complacer a todo el mundo, es ridículo. —Sacó un labial rojo bastante intenso. Revisó que no se le viera ninguno de los moretones antes de peinarse, resultó un poco complicado dado que le dolía el torso cuando intentaba levantar los brazos—. Lo quieras o no, vas a terminar lastimando a Damián. Si no es ahora porque se enteró de tu amorío con Zach, será después cuando ambos se den cuenta de que están en una relación a la fuerza. —Soltó un pequeño gemido cuando le dio una punzada en el costado.
Michelle se puso en pie, aproximándose pronto a ella.
—¿Estás bien? En verdad creo que no deberías levantarte de la cama. Al menos por hoy... —Se arrodilló junto a ella, observando sus manos—. Damian ha estado ahí en los momentos que más necesité a alguien. Solo... quería devolverle un poco de esa felicidad.
—Si vuelves a sugerir eso, te golpearé —gruñó. Odiaba la idea de mantenerse en cama, aunque el dolor fuera apenas soportable. Odiaba por completo la idea de sentirse vulnerable, débil, indefensa—. Michelle, estás confundiendo gratitud con verdadero amor.
El joven se sintió mal por el primer comentario, pero ante ese último, apartó la mirada.
—No puedo decir que sé qué es verdadero amor. Tengo 16 años. ¿No es el mismo sentimiento? ¿El querer retribuir toda la felicidad que alguien te ha dado, dar todo por esa persona?
Parecía que iba a tener que ser más directa con Michelle.
—Dar todo, como tú dices. ¿Incluye ofrecerle tu virginidad?
—Eso... N-no, no. —La culpabilidad invadió a Michelle al escuchar las fuertes palabras de Angie—. No lo hace. —Estuvo unos segundos en silencio, se puso en pie y buscó la bandeja de comida, llevándolo a ella—. Ya no importa... Ten, come algo.
Resignándose, Angie terminó por complacer a Michelle. Ignorando todo lo demás en el plato, tomó uno de los waffles que tenía menos miel de maple encima.
—El sexo debe ser consentido entre ambas partes. Aunque no lo creas, es la base de toda relación. Tener sexo por obligación o por agradecimiento... es como si estuvieras pagando con tu cuerpo. —Sabía que sus palabras eran bastante duras y hasta crueles, pero quería hacer entender a Michelle; quería que el castaño tuviera una agradable primera vez, toda romántica y rebozara de cursilerías, no que ella tuviera idea de cómo se sentía algo así pero quería que al menos Michelle tuviera oportunidad de "Tocar las estrellas", como decían algunos.
Ocupando asiento en la cama, Michelle finalmente se sacó el gorro, rascándose una oreja.
—Sé lo que intentas decir. Pero..., no lo veía así. Damian y yo intimamos, aunque no pude llegar al final con él, no lo pasé mal. Anoche que llegaste, pretendía que lo hiciéramos, es solo que no puedo ignorar esa sensación dentro de que... algo está mal. —Se apretó el pecho, arrugando un poco la ropa que llevaba—. Damian no es mi primer novio, pero sí con quien estoy pretendiendo iniciar algo más... fuerte. Solo que jamás pensé que fuera así. Tío Keso siempre nos habló de la primera vez que tuviéramos sexo, con pelos y señales, aunque creo que olvidó decirnos varias cosas. —Acabó con un largo suspiro—. Seguro estoy aburriéndote con todo esto. Pero..., papá es muy sobreprotector. —Frunció el ceño—. Me hizo dormir con Ruslán en cuanto supo que Damian y yo habíamos intentado tener sexo.
Por primera vez en todo el día, Angie rió genuinamente, una risa clara y honesta. Tuvo que detenerse cuando la risa causó otra punzada en su torso.
—No puedes culparlo por querer cuidar de su bebé. Sinceramente, creo que es lo mejor que puede hacer, tomando en cuenta tus sentimientos divididos. —Una vez terminó con el waffle que tenía en la mano, pensó que ya era hora de bajar, había perdido demasiado tiempo vistiéndose.
—¿No comerás más? —cuestionó. Casi toda, por no decir que era toda, la bandeja estaba llena. Apenas había tocado nada—. O-oye... —La detuvo, poniéndose en pie también—. Esto, gracias. Por escuchar y por... lo que dijiste.
—No tengo ganas de comer —respondió, encogiéndose de hombros—. Ni lo menciones. —Un cálido sentimiento se instaló en su pecho. Esto es lo que hacían las madres, ¿no? Escuchar los problemas de los hijos y tratar de ayudarlos. Se sintió bien poder cumplir ese rol por un momento pero la fantasía debía terminar, no podía a estas alturas encariñarse con Michelle. Enderezándose, aplastó ese cálido sentimiento al fondo de su mente—. En serio, no lo menciones.
Pensando que solo estaba mostrándose modesta, Michelle asintió compartiendo una sonrisa e incluso dejó pasar el hecho con la comida.
—Ya que no quieres estar en cama, al menos déjame ir a comprar algo para el dolor. —La recorrió con la mirada—. No creo que estés en condiciones de tomar el recorrido que nos llevará a la casa de Aldebarán así. Los demás están en sus habitaciones..., bueno, todos excepto Ruslán, Gerardo e Irina. Fueron a dar un paseo.
La verdad es que Angie no creía que una pastilla surtiera el efecto esperado, teniendo en cuenta que el dolor fue provocado por un demonio pero Michelle al parecer iba a seguir insistiendo con eso.
—Está bien —cedió al fin—. Si puedes, consigue algo que sirva para noquear un elefante.
—Lo haré. Veré qué puedo conseguir. —Michelle avanzó a la puerta, entusiasmado de poder ayudarla en algo—. Ya verás, te sentirás mejor en un santiamén.
Salió de la habitación y solo fue a la suya por un poco de dinero y su abrigo, su cola estaba escapándose de abajo de su camisa. Se topó en el camino a Damian pero declinó su oferta de acompañarlo, él no tardaría mucho en volver.
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Estando fuera, Michelle respiró una bocanada de aire mientras caminaba presuroso a una farmacia que vio a pocas cuadras. En sus estudios con su abuelo, se había aprendido unos cuantos fármacos, sin embargo no recordaba alguno que fuera potente con el dolor. Se preguntaba cómo reaccionaría Angie si llevara un médico para que la revisará. Cuando entró a la farmacia, aparte de pedir algo para el dolor, también lo hizo para los hematomas. Cubrirlos con maquillaje no los hará desaparecer.
Estaba preocupado. Él no tenía idea de qué hacía una cortesana en realidad aparte de lo obvio, pero estaba seguro de que no sería algo tan peligroso que involucrara ella saliera tan herida como Angie estaba. ¿Qué era lo que realmente hacia? ¿Y qué era lo que la cohibía de irse lejos de ese trabajo? Tenía tantas preguntas entorno a ella y nadie que le diera respuestas. Odiaba que lo tratarán como un niño, él sería capaz de entender. No podría ser tan mala ¿o sí?
Seguía en sus pensamientos cuando salió de la farmacia luego de pagar por los productos. Hurgó en la bolsa, leyendo la etiqueta. Era un potente analgésico contra el dolor. También había unas pastillas. Buscó la crema para los moretones, pero casi toda la etiqueta estaba en francés.
—Maldita sea... —masculló. Curioso, abrió el envase y lo olfateó. Tenía un olor particular a una de las cremas de tío Keso. Esperaba que ayudase a...
Sus pensamientos fueron cortados del golpe cuando Michelle se vio arrastrado a un callejón fuera de la vista pública. Una mano cubría su boca para que no gritara mientras la otra lo mantenía inmovilizado contra un firme cuerpo, uno más grande que el suyo. Con un fluido movimiento, el misterioso atacante atrapó a Michelle contra la pared y su cuerpo, sus labios fueron apresados en un beso impidiendo cualquier tipo de protesta.
El infarto que quería darle a Michelle se detuvo apenas captó el olor del sándalo y su vista se fijó en el mentado rubio idiota que le besaba. Michelle podía percibir los fuertes latidos de su corazón, apenas capaz de regresar el beso —uno que alcanzaba a alborotar sus sentidos y volvía sus piernas temblorosas— agradecido de no haber dejado caer las cosas de la farmacia.
Logró recuperar el aliento en cuanto apartó a Zachary de sí mismo.
—¡¿Te has vuelto loco?! —Se llevó una mano al pecho, luego a sus labios, dando una mirada nerviosa a la calle—. ¿Cómo se te ocurre asaltarme de esta forma? ¡Me has dado un susto de muerte!
—Tu expresión me dice otra cosa. —Sonrió el rubio, bastante orgulloso de sí mismo. Una sonrisa ladina adornada sus labios, combinada con esos lindos ojos azules, era una expresión arrebatadora—. ¿Me extrañaste? Yo sí. Te extrañé un montón. —Volvió a acercarse dispuesto a tomar otro beso.
Michelle interpuso entre ambos la bolsa con la compra de la farmacia. Deseaba retroceder, pero ya tenía la pared tras él, impidiéndole hacerlo.
—Suficiente. —Odiaba que le costase tanto mantener una expresión enojada con este chico. Tenía que concentrarse bastante para que sus labios no amenazaran con sonreír—. Zachary, ¿qué estás haciendo aquí? Creí que... con lo del otro día, te mantendrías lejos.
—¿Crees que soy un cobarde? —No le dio tiempo para que respondiera—. Claro que no. No me voy a rendir tan fácilmente contigo. —Por fin sus ojos parecieron captar la bolsa de la farmacia—. ¿Estás enfermo?
—No es para mí, es para... una amiga. —Bajó la bolsa, lejos de su vista—. Ese no es el tema que nos compete. Ya ella ha regresado, y mi tiempo en Canadá se acorta. Pronto haré el cambio, me iré. Tú debes seguir tu vida, olvidarte de mí.
Eso pareció golpear el buen humor del rubio.
—¿Te vas? Pero... podemos escribirnos, llamarnos. ¿Tienes teléfono? —Se mordió el labio inferior—. Te visitaré, cada vez que pueda: vacaciones de pascua y verano, navidad...
Michelle negó.
No, no, no, no era eso lo que quería.
—Zach, tú... ¿Cómo puedes decir algo así? No puedo. —Se ajustó el gorro al sentir una ventisca colarse en su interior—. Soy honesto... —Su rostro se calentó debido a los nervios—, podría darte una oportunidad, pero no puedo terminar con Damian. No es justo con él, no me ha hecho nada. Me quiere, me apoya... —Dudó un momento antes de continuar, las palabras costándole—. Tienes que buscar a otra persona, otra persona con la que hacer todo eso.
—Pero es que no quiero otra persona. ¡Te quiero a ti! —Apretó los hombros de Michelle, intentando imprimir todo lo que sentía en esas palabras—. Apenas nos hemos dado un par de besos y siento que encajamos, como dos piezas de un rompecabezas. —Las manos más grandes subieron por sus hombros, la punta de sus dedos descubiertos llegaron a ese punto de su cuello donde se sentía el pulso con fuerza—. Me encantas, todo de ti me enloquece. —Se inclinó, sus labios rozando apenas los de Michelle pero sin terminar de acortar la distancia—. No quiero separarme de ti.
No era normal los fuertes latidos que Michelle estaba percibiendo, le estaba dando taquicardia, eso seguro. El solo toque de Zachary, la extrema cercanía, su olor invadiendo sus sentidos, era una droga que le costaba resistir. Para cuando se dio cuenta, sus brazos habían rodeado su cuello y le besaba como si no hubiera un mañana. Había sido honesto con Zach, pero no era honesto consigo mismo. Él tampoco quería separarse de esos sentimientos.
Estás confundiendo gratitud con verdadero amor.
Besar a Damian jamás fue tan intenso, estremecedor, nunca causaba un vuelco a su corazón de esa manera, como lo provocaba Zach. Era tan desconcertante.
Todavía manteniendo sus labios próximos, Michelle dio un muy largo suspiro.
—Esto está tan mal... Zach, yo, yo necesito pensar...
—Si te dejo pensar sólo te enredarás más. —Juntó sus frentes, sus narices acariciándose íntimamente—. Escógeme a mí. No te arrepentirás.
—¿En serio? —Esa sutil caricia le sacaba un ronroneo suave, demasiado cómodo, cálido, para darse cuenta de su entorno—. ¿Aguantarías todo? ¿Qué me guste comer a cada rato? ¿Que estaré de un lado a otro? ¿Que a veces sea inquieto? ¿Qué me cueste levantarme en las mañanas? ¿Que a veces ponga primero mis estudios antes de cualquier morreo? ¿Que a veces tenga cambios de humor? ¿Soportarías que siempre tenga a chicos mirándome, y en pocas ocasiones acabe peleando con ellos? ¿Aguantarías a mi papá siendo tan sobreprotector? ¿Que él busque cualquier cosa para tenerte lejos de mí? —Se alejó, observándolo fijamente—. Es todo un paquete.
—Eso de los morreos tendremos que discutirlo, no creo ser capaz de aguantar mucho tiempo sin tocarte. —Movió sus cejas juguetonamente, sacándole una sonrisa a Michelle—. Todo lo demás... podremos lidiar con todo eso entre los dos. —Besó su mejilla y frente—. Sólo yo puedo mirarte, cualquier otro que lo intente se las verá conmigo, y sobre tu padre... No puede ser tan malo, ¿o sí? —Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
Michelle no soportó la risa. Ojalá Zachary supiera en lo que se estaba metiendo respecto a su padre. Finalmente, apoyó la espalda de la pared, adoptando una expresión más firme, adecuada a la discusión. Estaba considerando acabar en serio su relación con Damian a favor de Zachary. Esto era demasiado para sus nervios.
—No quiero cometer un error... —Acabó por susurrar, exponiendo su pensamiento—. Jamás he estado en esta situación. Ruslán siempre se queja de que soy muy arriesgado, de que no pienso las cosas antes de hacerlas, pero... no quiero que esto acabe mal. —Tomó la mano de Zachary—. Júrame de que nada saldrá mal.
—Pase lo que pase, estaré a tu lado cuando más lo necesites. —Prometió de todo corazón, entrelazando su mano derecha con la izquierda de Michelle y besó la punta de sus dedos.
El castaño le brindó una pequeña sonrisa, rodeando su cuerpo con sus brazos. Al descansar la cabeza en su hombro, cerró sus ojos, exhalando aire. Todavía continuaba nervioso, tendría luego que enfrentar a Damian y expresarle su decisión. Pero más allá de los nervios y el temor de cómo reaccionaría el alemán, Michelle no esperaba estar... aliviado. Había un alivio en su interior como nunca antes y felicidad.
—Por ahora, no podemos ser nada. —Lo observó—. Tengo que... Déjame terminar con Damian primero. Oh, dios, estoy demasiado nervioso. —Michelle se alejó, sosteniendo mejor la bolsa con las medicinas, dando vueltas de un lado a otro—. Jamás he terminado con nadie. Minegishi fue quien tuvo que acabar nuestra relación y luego vino Damian... No sé hacer esto, tengo que... Tengo que pensarlo. Y yo... ¡Oh mierda, y le prometí que nosotros tendríamos...! —Todo su rostro empalideció al recordar esa promesa, arrodillándose mientras lo cubría con sus manos—. He sido un novio terrible con él, va a odiarme, ¡lo hará!
—Sería un completo idiota si te odiara por eso. —Si ese idiota se atrevía a hacerle algo a Michelle, se aseguraría de golpearlo muy fuerte. No era dado a la violencia pero por Michelle, lo haría—. Permíteme escoltarte hasta tu hotel, no quisiera separarme de ti tan pronto.
—Pero... Sí. —Michelle aceptó luego de un segundo. Tomó la mano de Zachary para ponerse en pie, y no la soltó siquiera cuando salieron del callejón y lo acompañó de regreso al hotel—. Yo... sé que no es un mal chico pero... ser dejado por tu novio así de pronto... —Michelle miró a Zachary, y se le escapó una sonrisa—, ser dejado por un Casanova. Eso lastima a cualquiera.
—Es imposible resistirse a mi encanto —dijo muy ufano el rubio, se rió al recibir un suave golpe en el brazo.
Caminaron y bromearon durante el corto trayecto que les quedaba para llegar al hotel. Michelle estuvo a punto de pasar de largo lobby directo a las escaleras para ir a la habitación donde se estaban quedando su hermana y Angie cuando sintió un ligero olor a fresas proveniente de un rincón bastante apartado de la vista. Encontraron ahí a la morena, sentada entre un montón de almohadones mientras miraba por la ventana. Gracias al maquillaje que cubría los moretones del rostro, se veía sensual y felina.
—Angie... —Michelle sonrió al llamarla, contento de al menos verla fuera de la habitación—. Mira, te traje algo para el dolor y los moretones. —Extendió la bolsa—. Ah, y te quiero presentar a alguien... —Señaló al rubio a su lado—. Ella es Angie, amiga de mi padre.
Zach miró a Angie con grandes ojos asombrados. Era una mujer con una belleza particular, nariz pequeña, cejas definidas, una sensual boca parecida a un botón de rosa con ese intenso rojo. pero lo que más llamaba su atención eran sus ojos amarillos que resaltaban entre las negras pestañas y la piel morena.
—¡Tus ojos! —Se dio cuenta Zachary, mirando entre Michelle y Angie—. Son iguales a los tuyos. —En más de un sentido, pensó el rubio.
—Este debe ser tu encantador amigo Zach ¿Cierto? — Angie arqueó una ceja bastante divertida por la reacción del menor.
—¡Ah! Sí. Mi nombre es Zachary Wilson. —Zach extendió su mano a Angie, la morena correspondió el saludo brevemente.
—Wilson —repitió Angie—. ¿Tienes parentesco con el Mayor Wilson?
Michelle dividió su atención de Zachary a Angie. ¿Era el padre Zach un militar? ¿Angie lo conocía?
—¿Lo conoces? No me dijiste que tu papá fuera famoso.
—Soy hijo de Tyrone Wilson —confirmó el rubio, bastante asombrado—. Mi padre murió durante la guerra, en 1916. —Zach arqueó una ceja—. Es imposible que conozcas a mi padre. Luces demasiado joven.
—Halagador —murmuró la morena, divertida—. No conocí a Tyrone Wilson a fondo, apenas coincidimos en un baile a diferencia de Klaus que lo conoció íntimamente.
Michelle parpadeó. Eso es algo que no esperaba oír, y por la expresión de Angie, algo le decía que su padre no tenía en buena estima a Tyrone. Él lo sabía. Recordaba las historias.
—En casa..., tío Keso decía que esa época fue muy oscura para la familia. Que hubo pérdidas debido a... —Miró a Zachary, preocupado— debido a los militares americanos. Zach..., temo que deberás preocuparte en serio que papá busque cualquier cosa para mantenerte lejos. Tengo un mal presentimiento...
—Ya te dije que no voy a alejarme de ti —contestó testarudo el rubio.
—Hermoso sentimiento. —Aplaudió Angie. Sonrió a Michelle como si dijera "Te lo dije, éste es mejor"—. Pero si realmente quieres mantener la fiesta en paz, deberías mantener en secreto tu parentesco.
—¿Por qué?
—Digamos que Klaus entraría en cólera si se estera.
—Bueno..., Wilson es un apellido común ¿cierto? —cuestionó Michelle, apretando la mano de Zachary—. Si papá llega a preguntar, le decimos cualquier cosa que no revele nada. Después de todo, está muy ensimismado en sí mismo desde que apareció Yu. Por ahora estarás a salvo... Además... —Michelle bufó, tratando de parecer despreocupado—, papá no podría hacerte nada. Eres inocente. —Y por primera vez, sintió que desconocía a su padre pues tuvo que girar su atención a Angie—. ¿O sí? Papá no es de los agresivos...
—No es exactamente Klaus quien me preocupa. —Su mirada claramente decía "Sabes a quien me refiero".
Michelle no tuvo oportunidad de preguntar nada más, las orejas de Angie se movieron entre su cabello captando sonido. Les hizo un gesto a los chicos para que no hicieran ruido, entrecerró los ojos enojada y con el ceño fruncido le quitó el sombrero que ocultaba las orejas a Michelle para que pudiera escuchar claramente la conversación que se aproximaba.
—...es que es ridículo. El señor Klaus está exagerando, él sabe que Michelle y yo somos pareja. ¿A estas alturas nos va a poner a dormir en cuartos separados? Llevamos más de un año juntos.
Michelle por instinto se sintió desprotegido y nervioso sin su gorro, alguien podría verlo y descubrir su secreto pero la voz de Damian... Tuvo que atraer más a Zachary para intentar cubrirse un poco de cualquiera que pasara por allí. Muy pocas veces había escuchado ese tono tan enojado en Damian. Entendía que las medidas de su padre eran muy extremas, él era el culpable por haberle contado a Klaus, pero había estado solucionándolo por él..., por ellos...
—Oh, ya basta, Damian. —Era la voz de Bárbara, sonando un poco cansada—. Acepto que Klaus se haya... sobrepasado un poco, pero trata de entenderlo. Michelle es un joven inexperto, inocente. Tu impaciencia te ha llevado a cometer el error de querer tener relaciones íntimas con él en estos momentos. —Su tono fue de reprobación ahora, Michelle la imaginaba fulminándolo con la mirada—. Te advertí sobre hacer algo que solo los perjudicaría más.
—No lo estoy forzando —dijo testarudamente el rubio—. Como sea, arreglaré esto una vez que volvamos a Japón, estoy ansioso por irme. —Bufó exasperado—. Este viaje ya se ha alargado demasiado. Se suponía que iba a ser algo rápido, Michelle podría por fin deshacerse de esas desagradables orejas de gato y podríamos volver rápidamente.
—¿De... desagradables? —Las manos de Michelle fueron a sus orejas, creyendo que habían escuchado mal. Damian no podía haber dicho eso, ¿verdad?
—Hijo, no digas esas cosas. —Bárbara suspiró—. Sé que lo hace ver antinatural pero forma parte de lo que sigue siendo Michelle. ¿No te habían gustado de él entonces?
—Adoro a Michelle pero esas orejas... y la cola, ugh. —No podían verlo pero podían imaginarlo perfectamente estremeciéndose por el desagrado—. Me alegró mucho cuando decidió que iba a deshacerse de ellas, ser un humano normal. Un chico tan lindo como él no debería tener ese tipo de anormalidades.
Una solitaria lágrima se deslizó por la mejilla de Michelle, agradecido de haber dejado la bolsa en el sillón donde Angie estuvo recostada o con probabilidad se le hubiera resbalado de las manos y el frasco destrozado. Destrozado de la misma forma en que su corazón estaba. Siempre supo que su cola y orejas habían incomodado a Damian, él nunca las tocaba, notó que en algunas pocas ocasiones rehuía de ellas, pero la incomodidad a llegar a resultarles tan desagradables, tan despreciables... Eso le dolía mucho. Había dado su confianza a Damian, su cariño...
—Damian, no puedo creer que digas esas cosas de Michelle. Ven, demos una vuelta. Vamos.
Ellos iban a pasar por allí. Iban a verlos. Iban a saber que fueron escuchados. La razón le decía a Michelle que se ocultara, no podía enfrentar a Damian, le dolía tanto sus palabras. Pero Michelle nunca hacía caso a la razón, y dejándose llevar por una furia ciega, apretó los labios, se limpió la lágrima de su mejilla y cogió la muñeca de Zachary, llevándoselo al vestíbulo. Ni siquiera se molestó en ocultar sus orejas, hacerlo no ocupó espacio en su mente. Apenas escuchó los pasos del tacón de Bárbara cerca, colocó la mano que sostenía de Zachary en su cabeza.
—Solo acaríciame —declaró, y no dudó en tomar la cara de Zach con sus manos para atraerla hacia un beso. Sus ojos estaban cerrados mientras lo besaba pero sus oídos captaron el jadeo de Bárbara instantes después.
Zachary comprendió exactamente lo que quería hacer y lo complació. Pero no sólo se limitó a acariciar sus orejas, pasó sus manos por su cintura para pegarlo a su cuerpo y alzarlo unos centímetros del suelo. La furia de Michelle se reflejaba en el beso, sus lenguas chocando una y otra vez haciéndoles estremecer. El rubio americano se tragó toda la rabia del menor, su decepción y tristeza.
Pronto todo el enojo y el dolor que sentía Michelle fue rápidamente dejado a un lado, como si besar a Zachary fuera un bálsamo que le curase todo mal. Pronto el beso furioso y que quería usar como venganza frente a Damian se volvió uno necesitado, el estar apretado a su cuerpo y la caricia a sus orejas volviéndole una masa temblorosa en sus brazos.
—¡Michelle! —La voz de Bárbara le sacó de su burbuja, recordando que estaban en medio del vestíbulo donde cualquiera podría verlos, incluidos Bárbara y su hijo cuando aparecieran.
Michelle se alejó, parpadeando confundido hacia Zach, poco a poco recordando hasta enfocarse en Bárbara y Damian. Ver al rubio alemán evocó las palabras que escuchó decir sobre él y con ella, el enojo.
—Ah..., eres tú —espetó, un tono tan frío fuera del cálido y amable que siempre empleaba.
Damián estaba bastante impactado, una vez que pasó la impresión inicial el enojo le embargó.
—¿Qué crees que estás haciendo? —interrogó al castaño fulminando con la mirada a cierto rubio roba-novios—. Apártate de mi novio, tu...tu... —Estuvo a punto de decir una mala palabra pero el sombrero que normalmente cargaba Michelle le golpeó en la cara. Angie se lo había lanzado.
—Me parece que no —interrumpió Angie—. Eres un horrible muchacho y por mucho un horrible novio. No te mereces a Michelle.
—Y tú y yo ya no somos novios —añadió Michelle, avanzando un paso lejos de Zachary y cerca de Damian—. ¿Cómo lo hacías? ¿Cómo hacías para tocarme, para besarme, para estar conmigo cuando parte de mí te desagradaba? —Se tocó sus propias orejas, a la vista de cualquiera—. ¿Y si Angie no hubiera aparecido? ¿Y si yo tuviera que vivir así durante toda mi vida? ¡Nunca me quisiste en verdad!
—¿Cuándo me has escuchado decir...? —Empezó a decir Damián en un pobre intento de defensa pero Zachary no lo dejó.
—Hace apenas un momento te escuchamos. ¡Todos! —Pinchó con su índice el pecho del alemán—. Si realmente amaras a Michelle, te gustaría todo él, no sólo partes de él.
—"Adoro a Michelle pero esas orejas, y su cola. Ugh". —Michelle imitó la voz de Damian, sintiendo los ojos que se llenaban de lágrimas contenidas—. "Un chico tan lindo como él no debería tener esas anormalidades", "este viaje debía ser rápido, así Michelle podría por fin deshacerse de esas desagradables... desagradables orejas de gato". —Sus mejillas estaban húmedas, pero no apartó mirada de Damian—. Estas... desagradables orejas de gato te escucharon decir todo eso. ¿Era eso lo que pensabas cada vez que me veías?
—No te atrevas a mentir —dijo Angie, sus ojos rasgados brillando peligrosamente.
—Está bien. Sí dije esas cosas pero me he esforzado mucho por ti. ¡Cualquiera se pondría incómodo con una cosa peluda que te roza las piernas!
—A mí no me molestan —defendió Zachary. Pasó su brazo tras los hombros de Michelle protectoramente—. Sus ojos son hermosos, las orejas son adorables y la cola es interesante, todo de Michelle es hermoso. Si no eres capaz de apreciar eso entonces no lo mereces.
Michelle desvió su mirada a Zachary, otorgándole una sonrisa agradecida mientras se secaba una mejilla y lo abrazaba. Ya no quería ver de mejor a Damian, saber que era cierto, confirmarlo, que ni siquiera luciera un poco avergonzado de sus palabras, que realmente sintiera lo que dijo, era demasiado para él. No podía creer lo ciego que había estado todo ese tiempo.
—Damian... —Bárbara, callada todo el rato, avanzó y colocó una mano en el hombro de su hijo—. ya no sigas. Se acabó. —La mujer observó a Michelle, una expresión de pena hacia el chico—. Michelle, lamentó mucho el dolor que mi hijo te está haciendo pasar. Espero, de todo corazón, que seas feliz.
El castaño no la miró, manteniendo el rostro en el pecho de Zachary, pero ella lo notó asentir.
Apretando los puños, Damián desvió la mirada, tenía el ceño fruncido y el labio le temblaba. Lamentaba la pérdida de Michelle, en verdad lo quería, mucho, desde que lo conoció, no podía cambiar lo que sentía respecto al aspecto de Michelle pero se había esforzado un montón para no hacer sentir incómodo al menor con eso. Si él no podía apreciarlo...
Apartando la mano de Bárbara de su hombro, Damián se retiró del vestíbulo, dejando a Michelle en brazos del yankee rubio. Bárbara sentía el impulso de ir tras su hijo, pero consideró mejor dejarlo solo por un momento. Inspirando hondo, emitió un suave carraspeo.
—Será mejor que hable con Klaus. Necesita saber lo que ha ocurrido. Discúlpenme. —Dio una pequeña inclinación antes de girarse a las escaleras.
Sin la presencia de Damian y Bárbara, Michelle se permitió relajarse un poco, por lo que se separó de Zachary.
—Yo... necesito ausentarme un rato. —Se inclinó a recoger su gorro, y se lo colocó—. Quiero un poco de aire. —Miró a Angie—. Las... las pastillas. Toma una, te hará sentir mejor.
—Yo estoy bien. —Se acercó a Michelle. Acarició su mejilla y con la punta de su pulgar, limpió el borde de su ojo para eliminar la lágrima que estaba a punto de derramarse—. Éste no es el fin del mundo, Michelle, es una decepción amorosa, nada más. —Guiando el rostro del castaño, le hizo enfocar a Zachary que tenía un aspecto bastante preocupado—. Es escandaloso, hiperactivo y entusiasta, pero tiene un enorme corazón y te adora. Igual a un labrador. ¿No crees? Si lo miras fijamente casi puedes ver su cola meneándose ansiosa.
El chico observó a Zachary, pensando en las palabras de Angie, y no pudo evitar reírse.
—Yo diría más un perrito Golden. —Se burló, abrazando al rubio con fuerza—. Voy a sacar al perrito a pasear —bromeó, tomando la mano de Zachary con una pequeña sonrisa—. ¿De acuerdo?
—¿Crees que soy tu madre para andar pidiendo permiso? —Bufó con de mal humor de pronto la morena, empujó a Michelle para que se fuera del lugar—. Después del almuerzo, veremos al guardián del tiempo —le avisó.
—Yo, pues..., no pero es lo más cercano que sentí hoy. —Michelle se sonrojó, un poco avergonzado—. Gracias por tu apoyo... —Con una última pequeña sonrisa a Angie, se marchó con Zachary fuera del hotel, dejándola en el vestíbulo.
CONTINUARÁ...
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