Fic

Historias de Albert y Candy

Presenta

Quédate Conmigo

Por Mayra Exitosa

La reunión legal citaba a la hija de Raymond Legan y al hijo de William Andrew en una oficina legal en Chicago, a lo que el rubio notoriamente molesto se quedaba al no ver que llegar a la mujer en cuestión, había una lectura del convenio en el que ambos hombres habían realizado el pacto que los obligaba a ambas familias, solo si deseaban continuar con la fortuna que los había unido. Legan lucía medio moreno bronceado, de cabellos canosos, con cara de pocos amigos, eso hizo que William imaginara a la hija del mismo tipo, seguro de que estaría molesta por ese maldito acuerdo, más el giraba de pronto y vio a una joven rubia, de piel blanca con una vestimenta elegante en color claro que la hacía lucir radiante, se hallaba seria y mostraba cierta ingenuidad, entraba distinguiéndose solo con la forma de su caminar hasta su silla, dejando al rubio en total inmovilidad. Los encargados iniciaban con las presentaciones y continuaban,

- Bien, ya que se encuentran ambas partes en esta oficina daremos lectura del convenio y de las fortunas que se unieron hace algunos años, a quien pertenecen actualmente… de ahí, se hizo una larga lista de lo que sus abuelos habían hecho en bienes y como se fueron disfrutando algunas se iban perdiendo en ventas o en traspasos, por lo que Candy estaba seria y atenta, notando que los bienes que pertenecían a la familia Andrew se habían multiplicado, mientras que los que terminaban perteneciendo a los Legan era menos, algo significativas más no era la gran cosa, si ellos perdían, devolver esas propiedades no creía que les perjudicara tanto como a los Andrew, sin embargo, no se podía dar marcha atrás, cuando Legan pensaba que esos bienes eran detalles de propiedades que había dejado para una emergencia en alguna inversión, ya todo lo demás lo había vendido y realizado. Así que solo dejaba que continuara, para finalizar aceptaba y firmaba tanto el padre como la hija en este caso, Candy Legan y su padre, pasaba la firma del único heredero y sobreviviente William Andrew al ponerse de pie, no era un hombre anciano que se encontraba sentado cercano a la mirada de la rubia, sino un joven atractivo de muy buen ver era quien ponía su firma y sello, para finalizar con pasar al matrimonio legal.

- Señores ya que se ha aceptado lo que sucedió con los bienes, ahora pasaremos a la dote de la joven. - ¿dote? Eso ya no se usa en estos tiempos, es cosa de muchos siglos atrás. - Si, pero quedo estipulado para que la joven tuviera una fortuna atractiva al ser aceptada por el heredero de los Andrew, si hubiera sido el caso que fuera su hijo y una hija de los Andrew, este sería quien diera la dote obligatoria, pero al ser Candy Legan la que contraerá nupcias con William Andrew, usted como padre deberá dejar los bienes estipulados en la unión de la sociedad a cargo de su nuevo yerno, así como una cantidad de cien kilos de oro como parte simbólica por la hija que entregara a buen recaudo en matrimonio, la cual será tratada con el respeto y amor que se merece, además de la garantía que en la familia Andrew no se divorciara de ella, a menos que sea bajo una justificación legal.

William miraba a Legan, notando como había perdido el color en el rostro, al haber perdido los bienes que habían en esa unión y como los habían usado para su beneficio, más ahora resultaba que por ser hija debería de dar una dote, como en los tiempos antiguos y nada más que cien kilos de oro, nada que ver con el precio actual de un lingote a los de hace más de cien años, este trataba de no soltar una carcajada, pero lo que no esperaba era ver el temple de la joven seria y sin ninguna queja, al tener que casarse en esos momentos con él.

- ya que se han aclarado las concesiones, pasemos a lo importante, entregue los documentos de ambos para el papeleo. En esos momentos el asistente de William entregaba una carpeta debidamente estipulada y el padre hacía lo mismo con los documentos de Candy.

- Bien, con esto pasaran a firmar en unos momentos mientras se llenan los documentos debidamente para las firmas de rigor en su unión matrimonial legal, la boda estará a cargo de la familia del novio debido a que él elegirá el tipo de boda, lugar y la cantidad de invitados que desee. William se sentó recargándose en la silla como burlándose y a la vez fungiendo como un ganador, con la idea para arruinar al padre confirmaba,

- Será una boda sencilla en la isla de mi propiedad, nos casaremos saliendo de aquí, así que será simultáneo. El rubio lucía provocador, esperando que el padre al amar tanto a su hija se negara a dársela y rechazará la boda, pero este solo atino a preguntar. - la dote de los cien kilogramos de oro, ¿en cuánto tiempo deberá entregarse? - Tiene el plazo de un año, respondía el notario viendo los anexos del acuerdo y este asentía quedándose en espera de los documentos sin decir nada de la boda y de entregar a su hija en el altar. William miraba de nuevo a la joven la cual no decía nada, solo miraba hacía la entrada donde yacían sus maletas listas para irse con su nuevo marido luego de las firmas, tal como se lo había comentado en el automóvil antes de ingresar a esas oficinas.

Solo por un instante, William sintió pena por ella, ese hombre no la amaba o no le importaba si fuera vestida de blanco, si la entregase en el altar, si podía visitar a su familia, solo le pesaba el tener que pagar los cien kilos de oro de la dote que debería entregar en un plazo de un año a más tardar, por lo que se aventuró a cuestionar - ¿y si no cumple con la dote? - Se realiza un embargo a la fortuna directamente señor Andrew, el señor Legan ya firmó los documentos de las obligaciones de su parte. - Comprendo.

Las firmas se realizaron, una toma de fotografía dentro del estrado, una letanía que mencionaba el juez asignado para finalizar con la frase, - Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia. Dejo a Candy con cara de cuestión y William mirando a Legan que todavía no se recomponía de los lingotes de oro que tenía que darle, continuando con uso constante de su calculadora sobre el importe del oro a la fecha, sin ver siquiera a su hija, así de manera inesperada tomaba a la joven y besaba imponente como si fuera a comérsela frente a los presentes.

Candy había realizado todo lo que se le pidió, pero su padre ni siquiera hizo por poner alguna objeción de la boda, ni siquiera si irían o los seguirían luego de las firmas, estaba completamente extraviada e insegura, las veces que habló con la asistente de su padre anterior Mc Connery, las ocasiones en las que le mandó regalos costosos, para que ahora cambiara de padre y terminara por ser un bulto sin sentimientos para él, aun sacrificando en aceptar su convenio para salvaguardar su fortuna, cuando de pronto el hombre en cuestión, le tomaban la cintura y la nuca, para luego ajustaba su boca en sus labios dejándola sin aliento, descubrirse en su primer beso, casada con un completo desconocido que ahora le hacía una revisión de amígdalas con la lengua y saboreaba su saliva como si fuera un botecito de cajeta de leche quemada.

Continuará...


Gracias por continuar leyendo y comentando mis historias, tanto las incompletas como las completas, mil gracias por su consideración.

También agradecida por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alterna, en parte o completa ninguno de estos.

Con sincero aprecio,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa