CAPÍTULO 18

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En la habitación de Bárbara y Klaus, la mujer tomó una respiración y entró. Luego del desayuno habían venido a descansar un poco. Debido a sus salidas nocturnas, Klaus tenía unas ojeras y le sugirió tomar una siesta de media mañana antes del almuerzo. Mientras entraba, Bárbara jamás se había sentido tan cansada como hasta ahora. Nunca había ido con Klaus a hablar de su relación, pero con lo sucedido con Damian, era momento de enfrentarlo todo. Permanecer más tiempo ahí solo afectaría a los hijos de ambos y a ella misma.

—Estás despierto. —Suspiró de alivio al verlo—. Que bueno. Me daba pena tener que hacerlo, necesitabas descansar.

—Estoy cansado pero no pude dormir —confesó un poco decepcionado. En verdad le habría gustado dormir un poco pero por alguna razón el sueño no venía a él—. ¿Pasa algo? Tienes una extraña expresión.

Bárbara avanzó y se sentó a su lado.

—Damian y Michelle han terminado su relación.

Eso captó en seguida la atención de Klaus. Frunció el ceño mirando a Bárbara acusadoramente.

—¿Qué hizo Damián?

La mujer no se dejó doblegar pero lucía culpable.

—He estado discutiendo mucho con Damian respecto a Michelle, pero no me di cuenta de la magnitud de los hechos. Damian nunca aceptó los rasgos de Michelle, y estaba ansioso porque se haga el cambio. —Ella suspiró y apartó la mirada—. Michelle escuchó algunos comentarios que hizo Damian mientras hablábamos y acabó la relación. No lo culpo, y en nombre de mi hijo pido disculpas por el daño que causó al tuyo. Damian es muy parecido a Frederick, tan intransigente, por ello te pedí que nunca se le revelase del genoma.

—Fue una buena decisión —dijo, bastante tenso—. Michelle no puede esconderse como nosotros. No puedo culpar a Damián por pensar de esa manera, no es algo fácil de aceptar pero eso no quiere decir que le perdone por herir los sentimientos de mi bebé. —Levantándose de la cama, Klaus buscó ropa para salir. Se había cambiado a un pijama para intentar descansar apropiadamente—. Iré a ver a Michelle.

—No. —Lo detuvo ella—. Creo haber escuchado que él se marchó con un chico. Michelle ha encontrado a alguien que sí le quiere como es. Estoy segura de que él estará bien. Pero eso no es todo lo que quiero hablar contigo...

Klaus quería preguntar quién era ese chico, indagar un poco más sobre el hombre que intentaba aprovecharse de su hijo pero sabía que no podía escapar tan fácilmente de esa conversación.

—Sé de lo que quieres hablar.

—Tal como están las cosas, no tiene sentido seguir juntos. Lo sabes. No soy el tesoro de tu dragón. Ya lo encontraste. —Bárbara se levantó, y avanzó hacia donde estaba su equipaje pero no realizó movimiento alguno—. Está bien..., ya es algo que he aceptado desde mi conversación con Feyn. Por lo que, lo mejor es que Damian y yo nos vayamos de regreso a Frankfurt.

—Incluso dejarás la casa Feudal —murmuró un poco decepcionado. Feyn, por otro lado, se mostró indiferente ante eso—. Lamento que esto sea de esta manera. —Tomó la mano de Bárbara, su pulgar acariciando el dorso de la mano más pequeña—. En verdad me esforcé para que nosotros...

—Los dos nos esforzamos, pero tu corazón ha sido y siempre pertenecerá a Yuki. Ambos sabemos eso —dijo, dando una caricia a su mejilla—. No puedo permanecer en la casa feudal, no sería justo para ninguno, pero sabes que siempre estaré encantada de visitarte y seguir en contacto contigo y los niños, en especial Irina. Sé que no llegué a agradarle del todo, pero es una joven hermosa y encantadora y merece que su padre sea feliz. —Se alejó un paso—. Luego del almuerzo, cuando Michelle haga su cambio, nos iremos. Es un momento importante para él, y a pesar de todo, me gustaría estar ahí para apoyarlo. Le pediré a Gerardo que nos escolte a Japón por medio de los árboles después. Debo admitir que a pesar de la desagradable sensación, es un medio muy efectivo y rápido para llegar a un destino —intentó bromear, empezando a empacar sus cosas—. Las cosas suceden por una razón... —Se detuvo para mirarlo—. Siempre recordaré los buenos momentos que pasé al lado de tu familia y de ti.

Klaus sonrió agradecido con que Bárbara fuera una mujer tan comprensiva, ayudó a la rubia a recoger su equipaje en un cómodo silencio.

No tenía idea de que iba a pasar con Yu, para el dragón era una decisión simple pero él no podía sólo dejarse llevar por sus impulsos. Había muchos otros factores en conflicto, la diferencia de edad era el más preocupante sin duda.

Por ahora tendría que dejar esos pensamientos de lado, lo más importante era su hijo Michelle. En este caso Feyn estaba de acuerdo.

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La noticia sorprendió a los demás cuando volvieron. Jamás esperaron que en el lapso de tiempo que estuvieron fuera sucediera tantas cosas. Ruslán tuvo que detener a Irina cuando ésta quiso darle su merecido a Damian por herir a Michelle. La situación se volvió un poco incómoda cuando fueron a almorzar. Michelle todavía no volvía, supusieron que seguía fuera con Zachary. Intentaron esperarlo un rato, pero ya empezaba a hacerse tarde y algunos empezaban a tener hambre. Comieron en un ambiente un poco tenso. Bárbara estaba consciente de que su hijo estaba en un mortal silencio a pesar de sus intentos de incluirlo en la conversación pero no era el favorito de los demás. Hizo un esfuerzo en que hubiese un ambiente agradable, después de todo, esa iba a ser su última comida junto a los otros.

Al salir del restaurante, Ruslán sugirió dar una vuelta por si veían a Michelle, pero una esquina más abajo se lo toparon junto a Zachary y Narcisse.

—¿Dónde estabas? —cuestionó Ruslán, cruzando los brazos—. Te estuvimos esperando para comer...

—Yo... Yu nos invitó el almuerzo. —Quiso señalar al castaño pero éste no perdió tiempo en lanzarse sobre Klaus, dando un beso a sus labios sin importarle hacerlo frente a Irina u Bárbara, quien apartó la mirada a un lado.

—¡Te extrañé tanto, cariño! —Sonrió el chico, sin alejarse del alemán.

Los brazos de Klaus automáticamente sostuvieron a Yu contra su cuerpo, las mejillas del alemán se tornaron rojas al mirar a Bárbara. Tuvo que apartar la mirada avergonzado pero no se separó del joven.

Damián al lado de su madre frunció el ceño al ver la desfachatez del pelinegro. Se atrevían a criticarlo a él cuando era Klaus el que se comportaba peor, irrespetando a su madre, cambiándola por ese...ofrecido.

—Madre, vámonos, no tenemos nada que hacer aquí.

—Damian, está bien. —Bárbara respiró hondo y le brindó una sonrisa tranquilizadora—. Tenemos que apoyar a Michelle en esto.

Michelle carraspeó, apenas logrando que Yu se comportara.

—Ellos... quieren acompañarnos.

Yu no soltó a Klaus y en cambio se sujetó de su brazo. Apenas echó un vistazo a los demás, silbó al ver a Angie, sus ojos parecían recorrer su contorno.

—No me has dicho de que tu madre sea tan guapa, gatito.

Michelle parpadeó, y algunos se tensaron a las palabras del castaño.

—Angie no es mi madre. —Michelle le dio una desconcertada mirada—. Es una amiga de papá...

—Mmh. C'est la situation, n'est-ce pas? (1) —Aunque Michelle no entendió sus palabras, sí captó su tono irónico. ¿De dónde Narcisse sacaba algo tan tonto como eso? Angie lucía muy joven para ser su madre.

Garde la bouche fermée (2) —gruñó Angie respondiéndole a Narcisse—. Vamos, tenemos cosas que hacer. —Apuró la morena, comenzando a alejarse del grupo.

Gerardo caminó junto a ella a modo de apoyo. Los demás siguieron su ejemplo poniéndose en marcha. Mientras caminaban, Zachary pensó que lo dicho por Narcisse era bastante acertado. Independientemente de la cola y las orejas, Michelle y Angie tenían rasgos familiares, ya lo había notado cuando la conoció y ahora esa idea tomaba más fuerza.

Bárbara entrelazó su brazo con Damian, manteniéndolo a su lado. No se veía incómoda ante la presencia de Narcisse, pero había una ligera tensión en su rostro que luchaba por ocultar. Quería mantenerse ahí por Michelle, y lo haría.

Éste, por el contrario, estaba dividido en varias emociones; el desconcierto por las palabras de Narcisse. ¿Por qué había dicho aquello? Apenas los conocía. Él no le había dicho nada sobre Angie, y se mostró un poco preocupado cuando dijo que sabía de sus peculiares rasgos. La única semejanza entre Angie y él eran justamente esos rasgos.

Y además, estaba nervioso. No era solo estar en camino a casa de Aldebarán para cambiar finalmente su aspecto, sino la clara presencia de Damian a pocos pasos de él y con Zachary a su lado.

Narcisse caminaba sin soltar a Klaus, dejándose guiar por el grupo.

—Finalmente estamos juntos a plena luz del día, cariño. Esa es una entera novedad.

—Yu... Esto seguramente se volverá complicado —comenzó a decir el pelinegro, no tendrían otra oportunidad de hablar apropiadamente y con la cabeza fría—. Nosotros te amamos, eres nuestro tesoro. No queremos separarnos de ti.

—Yo también te amo y amo follar contigo —dijo Yu, en un tono simple como si estuvieran hablando del clima—. No tiene que volverse complicado. Nos vemos, besamos, follamos, nos divertimos un poco, así de sencillo.

—No es sólo eso. —Follar a su parecer estaba bien, pero sonaba tan sucio, tan desapasionado, hasta ahora sólo habían tenido encuentros salvajes. Quería hacer el amor apropiadamente, adorar el cuerpo de su pareja, impregnarse de su olor y dejar su propia marca en él—. Hablo de ser pareja. Eres mi tesoro.

—¿Hablas de ser exclusivo? —Narcisse frunció el ceño ante la idea—. Pero eso es muy aburrido. No me gusta.

—¿Cómo puede ser aburrido estar con tu pareja? —Klaus en verdad no podía entender ese razonamiento.

—Pues, se vuelve tan monótono... Es divertido cuando puedes cambiar un poco de aires, ¿me entiendes? Mettez un peu de saveur à la fois (3). Por ejemplo, quiero que probemos invitar a un amigo a nuestras sesiones. ¿Has probado un ménage à trois? —Al ver que Klaus no entendía a lo que se refería, aclaró—. Un trío.

—¡No! —La sola idea lo escandalizaba. Ya era bastante difícil sentir que compartía todo con Feyn para además agregar a una tercera persona a la ecuación, sin mencionar los celos que le provocaban el sólo pensamiento.

—¿Por qué no? —Ahora, era Yu quien no entendía cuál era el problema—. Es algo muy—

—Oigan —cortó Ruslán, con un suave carraspeo—. Ya hemos llegado. —Hizo un gesto hacia la casa de Aldebarán a pocos metros—. Si ellos dos van a quedarse con nosotros, deben saber que nada de lo que vaya a pasar deben contárselo a alguien. ¿Entienden? —dijo, indicando a Yu y Zachary.

—Seré una tumba, mi amor. —Narcisse le lanzó un beso a Ruslán, que le hizo fruncir un poco el ceño y automáticamente acercarse a Gerardo.

—¿Qué es lo que vamos a hacer aquí exactamente? —Se le ocurrió preguntar de pronto a Zachary.

Damián le miró enojado. Tanto hablaba sobre querer a Michelle este entrometido yankee y ni siquiera tenía idea de lo que estaban haciendo ahí, bufó molesto.

Gerardo hizo una breve explicación sobre el propósito de la visita y la magia en general, Zach fue el más asombrado, Narcisse por otro lado estaba más interesado en coquetear con Klaus.

—Hoy voy... a ser una persona normal —dijo Michelle a Zachary, dando un profundo respiro—. Aún recuerdo todo lo que me dijiste sobre mi aspecto, pero... sigo queriendo una vida normal. Quiero una vida donde no vaya a ser juzgado por lo que soy. Así por eso estamos aquí. Además, quiero tener la oportunidad de ver a las personas que quiero en una futura vida —añadió mientras sonreía.

Bárbara apretó un poco su agarre en Damian, un poco afectada por las palabras del joven. Miró a su hijo, y bajó un poco la voz.

—A pesar de todo, no podemos irnos sin que te disculpes con Michelle. Trata de hablar con él cuando acabe todo esto.

Damián asintió lo dicho por la mujer, todavía se sentía un poco resentido pero tampoco quería irse sin poder hablar con Michelle una última vez.

—Extrañaré tus orejas —suspiró el rubio, decepcionado. Metió la mano bajo el sombrero de Michelle para tocar las orejas—. Son tan lindas.

—Ya llegamos —anunció Gerardo. Aldebarán ya los estaba esperando sentado en la mecedora del porche de la casa.

Al acercarse al mago, notaron que esta vez incluso había preparado un juego de té. Michelle tuvo que recordarse de que Aldebarán era capaz de ver el futuro. Tenía gran curiosidad de cómo funcionaba su magia al respecto.

Michelle, con su mano aún entrelazada a la de Zachary, avanzó hasta posicionarse frente al mago.

—Aldebarán, te presento a Zachary y su amigo Narcisse. Nos acompañarán el día de hoy, espero que no te resulte una molestia. —Apretó un poco la mano del rubio—. Chicos, él es Aldebarán. —Bajó un poco la voz para susurrarle a Zachary—. ¿Ves que parece un Merlín?

—Vaya... —Narcisse se soltó de Klaus, fue hacia Aldebarán, y sin ninguna vacilación tomó la barba del mago, la acarició, se sentó en sus piernas y lo miró—. Es una larga y blanca barba, pero no tienes arrugas. Cuando el gatito de Zach dijo que eras un mago, no le creí. Dime... —Le sonrió—, ¿haces magia de todo tipo? —Su expresión indicaba qué tipo de magia ocupaba su mente.

Ruslán frunció el ceño.

—Klaus, sácalo de ahí. Aldebarán, discúlpalo, no sabe comportarse en sociedad.

Antes de que Klaus pudiera tomar a Narcisse fuera del regazo del mago, el mismo Aldebarán se levantó de su mecedora. Amablemente ayudó al joven franco-canadiense para que se pusiera en pie a su lado.

—Está bien. Sabía que pasaría —comentó amablemente el mago sin alterarse, miró a Narcisse con unos ojos cómplices—. Mi magia sólo puede controlar el tiempo. Quizás quieras visitar tu infancia —sugirió—. Revivir un bello recuerdo de tu madre, ¿tal vez? O quieres ver cuál es el futuro que te aguarda con tu actual modo de vida.

La mención de la madre de Narcisse hizo un cambio notable en él: entrecerró un poco sus ojos y retrocedió hasta posicionarse al lado de Klaus nuevamente. No dio comentario alguno.

Calmado, y algo sorprendido a su pesar, Michelle devolvió la atención al mago del tiempo.

—Supongo que eso será un no. Como sea, ya estamos aquí. ¿Cómo...? —Michelle respiró otra vez—. ¿Cómo será el cambio?

—Primero que nada, no debes estar tenso, no tienes nada que temer. —Hizo una seña hacia el juego de té. Comprendiendo lo que Aldebarán quería decir, Gerardo se adelantó y se sentó en el porche, cerca de una maceta con pequeñas flores amarillas.

—Un té nos vendría bien. —Ruslán fue el segundo en sentarse. Angie, exasperada, tuvo que sentarse también mientras Aldebarán servía a todos una taza de té.

—Espero que su estancia en Canadá haya sido productiva —comenzó la conversación el mago.

—Había dicho que sólo serían tres días. —Se quejó Damián, pasándole una taza a su madre.

—Damian, no empieces... —pidió Bárbara, aceptando la taza.

—¿Los magos del tiempo pueden equivocarse en sus predicciones? —Michelle intervino, tomó una taza y se la dio a Zachary antes de aceptar la suya—. Angie tuvo problemas en su trabajo y por eso se tuvo que retrasar. —Envió una desconcertante mirada al mago—. ¿Cómo funciona exactamente tu magia? —Y bebió un sorbo pequeño al sentarse en un sillón cercano.

—Debí mirar en un universo alterno. —Se encogió de hombros Aldebarán—. A veces pasa, puedo ver tantos tiempos que a veces confundo algunas realidades.

—¿Cómo puedes ver todo esos tiempos? —preguntó Irina.

El guardián del tiempo alzó su mano tres esferas de luz dorado aparecieron en su mano, una esfera de luz con otras dos esferas dentro, las tres girando en diferentes direcciones y velocidades. Todos vieron el despliegue de poder bastante impresionados, incluido Ruslán que aunque ya había visto la magia de Gerardo todavía se sentía bastante sorprendido.

—Aquí puedo ver múltiples líneas de tiempo, cada una con un presente, un pasado y un futuro, algunas logran intersectarse entre ellas, otras son paralelas y hay unas pocas tan remotas que no tienen ni idea de que existen.

—Asombroso —murmuró Zachary con los ojos azules brillando gracias a la luz de la esfera—. Múltiples líneas de tiempo… —repitió—. Prácticamente puede pasar cualquier cosa.

—Sí. —Sonrió el mago—. Tantas realidades pasando ante mí. —Los claros ojos azules del mago se fijaron en Angie que estaba alejada del grupo, obviamente impaciente—. Incluso hay una línea de tiempo donde eres libre. —Sus palabras tuvieron una reacción inmediata. La morena se tensó sobre su sitio, sus carnosos labios se apretaron en una fina línea y sus ojos se entrecerraron peligrosamente.

—¿Donde eres libre? —Michelle giró a ver a la morena, confundido—. ¿Libre de qué?

—¿Cuánto más tenemos que esperar para hacer el ritual? —cuestionó Angie al guardián del tiempo, ignorando la pregunta de Michelle—. Hay que terminar con esto de una vez.

—Supongo que no podemos demorarlo más. —Aldebarán negó con la cabeza como si Angie fuera una niña berrinchuda que no podía esperar. Se levantó de su cómoda mecedora para guiar a todos a la parte de atrás de la casa.

Sin soltar la mano de Zachary que estaba apretando fuerte, Michelle junto a los demás siguieron a Aldebarán luego de dejar las tazas de té. La molestia por no recibir respuesta a su pregunta fue suplantada por unos inesperados nervios. Había querido retrasar el momento unos minutos más, no por las dudas sino por temor a que le fuera a doler. Ni siquiera estaba seguro de cómo sería el procedimiento con exactitud.

—Los tres libros... —comenzó Ruslán, curioso— ¿han sido utilizados para algo más que no sea este tipo de situaciones? —cuestionó tanto a Gerardo como Aldebarán.

—El libro blanco y rojo son más como un registro, algunos pocos rituales de fertilidad, vida, solsticios. —Gerardo se encogió de hombros, no dándole mucha importancia—. El libro negro es el más peligroso y el más buscado, tanto por los mortales como los demonios —explicó el italiano.

—¿Qué pasa si cae en malas manos? —Se atrevió a preguntar Damián.

—El apocalipsis es una definición bastante exacta de lo que podría pasar —contestó Aldebarán.

En la parte de atrás de la casa estaba un enorme arce. Justo bajo el árbol, en el piso estaba dibujado un triángulo y en cada vértice, un círculo. En el centro había un rombo señalando los puntos cardinales, en cada esquina del rombo había una mancha de color: en el Norte- blanco; en el Sur, verde; en el Este, rojo; y Oeste, negro. Todo el trazado olía intensamente a cítrico por lo que debía estar dibujado con una mezcla de ellos, después de todo, los cítricos eran conductores de energía. Gerardo en particular estaba maravillado con la vista del amplio campo.

—¿Por qué cada mancha tiene esos colores? —cuestionó Narcisse, dando una curiosa mirada a todo el dibujo.

—Cada punto cardinal y color representa a un guardián —explicó Gerardo—. Blanco representa a Padre Tiempo.

—Verde es Padre Naturaleza —comprendió Klaus. Gerardo sonrió por eso.

—Así es. Negro es Muerte y Rojo vida. —El italiano miró a Aldebarán, cediéndole el control, dado que era él quien iba a realizar el ritual.

—Michelle debe ir en el centro. Un mago irá en la esquina inferior derecha y un humano en la esquina inferior izquierda —explicó el guardián rubio.

Michelle tomó una respiración profunda. Se quitó la gorra y chaqueta, dándoselo a Ruslán,

—Tranquilo. Todo irá bien.

El castaño asintió, abrazó a Zachary una vez antes de ir al lugar que mencionó Aldebarán, sus orejas estaban planas contra su cabeza y la cola entre sus piernas evidenciando algo de su temor.

—¿Quién irá en el círculo izquierdo? —preguntó Ruslán a los demás.

Narcisse dio un paso atrás.

—No cuenten conmigo, no hago brujería. Solo vine de espectador —Ignoró la mala mirada que le dio el japonés.

Fue Bárbara quien avanzó hacia el lugar.

—Yo lo haré —declaró con una sonrisa a Aldebarán y Michelle—. Es lo menos que puedo hacer por ti. Lo último que podré hacer por ti antes de marcharme.

—¿Marcharse? —cuestionó Irina mirando a su padre. El alemán atrajo a la joven en un abrazo y le habló en voz baja para explicarle. Cuando terminó de hablar, Irina miró mal a Narcisse.

—¿Quién va en la punta del triángulo? —Se le ocurrió preguntar a Zachary cuando vio que todos estaban en posición.

—La magia —dijo esta vez Gerardo—. Vamos a alejarnos, necesitan espacio. —Tomó de Zachary que estaba bastante renuente a apartarse, también tomó la mano de Angie en apoyo moral. Se veía mucho más tensa que el mismo Michelle.

Pater diligit vitam oro ut nobiscum rituale arma susciperet uni liberorum habetur vobis benedictio tua —comenzó a decir Aldebarán en latín.

—Padre de amor y vida, te pido que nos acompañes en este ritual para que recibas en tus brazos a uno de tus hijos, ante ti nos reunimos para ser bendecidos con tu poder. —Gerardo les explicó lo que decía y por qué—. Está invocando a la magia para que sea parte de éste ritual.

—Verdaderamente es un ritual. —Narcisse sonrió, poniendo los brazos en jarras. Ruslán rodó los ojos. Solo a alguien como este chico podría considerar el ritual como un entretenimiento público. ¿En verdad Klaus lo consideraba su tesoro?

Ruslán negó para sí mismo.

—¿Y en verdad lo dudaba? —preguntó a nadie en específico—. Ese lenguaje... ¿es latín lo que habla? —Ruslán miró a Gerardo—. Pensé que estaba muerto.

Nuevamente, Narcisse intervino con un bufido.

—En lo absoluto. Vemos una aburrida clase de latín en nuestro internado. Al menos, saber que se usa fuera de esa cárcel me hace sentir que no pierdo el tiempo asistiendo a la clase... la mayoría de veces. —Tuvo que añadir con una expresión de desfachatez.

—Es una lengua muerta pero muchos de los pergaminos que cuidamos están en lenguas muertas. Hay algunos tan viejos que no tienen escritura, sólo dibujos —explicó el italiano sin apartar la vista del mago.

Klaus estuvo a punto de hablar pero un resplandor llamó su atención. Como si el tiempo se hubiera detenido —incluso las hojas que bailaban con el viento quedaron inmóviles en el aire—, un resplandor luminoso les segó por un momento y frente a ellos se presentó un ser completamente formado de luz. Tenía forma humanoide y se podían distinguir vagamente sus ojos, nariz y boca, en general era un rostro poco definido.

Grata tibi Pater creator —saludó Aldebarán.

Michelle quería salir del centro y escudarse tras Zachary o su padre, sumamente nervioso. Su cola todavía se mantenía entre sus piernas y las orejas aplanadas contra su cabeza. Todo lo opuesto a Yu; el franco-canadiense tenía sus ojos tan abiertos que parecían a punto de salirse de sus cuencas, impresionado como pocas veces, pero tenía el suficiente juicio para retroceder un poco más y cerca de Klaus.

—Santo Cristo... ¿Qué se supone que es? —susurró Bárbara, callada hasta el momento. Su corazón palpitaba fuerte y, como Michelle, tenía la plena tentación de querer alejarse del círculo por instinto.

Ruslán también se veía nervioso, manteniéndose cerca de Gerardo.

—Eso... ¿es Magia?

—Soy Alfa y Omega, soy el mundo. Soy el universo… —Para sorpresa de todos, la entidad luminosa habló pero no estaba moviendo los labios. Era como si pudieran escucharlo dentro de su mente—. Puedes llamarme Dios o Magia o Verdad...

Desde su lugar el grupo estaba abrumado, la entidad frente a ellos sonaba como si un hombre y una mujer hablaran al mismo tiempo, era desconcertante y no podían hacer mucho más que mirar, incluso Angie estaba bastante silenciosa y con las orejas bajas.

—¿Tú eres quien va a cambiarme? —No importa qué, Michelle seguiría siendo o muy temerario o muy imprudente, su mirada, si bien temerosa, brillaba de curiosidad recorriendo toda la entidad como si aún no pudiera creer lo que veía. Había imaginado un ritual muy distinto a lo que estaba resultando en ese momento.

—No. Mi tercer hijo lo hará. —Con un ademán señaló a Aldebarán.

—Amado Padre, permíteme conducir tu poder para llevar a tu lado el alma de Michelle Wolfhart —pidió con sus manos unidas en una plegaria.

La entidad centró sus facciones sin emociones en Michelle. Sus ojos igualmente resplandecientes recorrieron al castaño.

—¿Estás aquí por tu libre albedrío? —cuestionó al joven.

—Eh..., sí. —La valentía de Michelle se esfumó en su casi totalidad al tener la entera atención de ese extraño ser—. Quiero ser un humano normal... Es lo que he decidido.

Ruslán jalón un poco la manga de Gerardo, pidiendo que se inclinara para susurrarle.

—¿Su cuerpo es tangible? ¿Es completamente luz o se puede tocar? —No apartaba la mirada de la entidad—. Actúa como si... fuera una persona...

—Está completamente hecho de luz, su cuerpo es energía pura —contestó el italiano en voz baja.

—Que así sea —respondió finalmente la entidad dando su bendición para que Aldebarán pudiera proceder.

—Eres generoso, Padre.

Después de eso, todo fue bastante confuso. Aldebarán comenzó a recitar otra oración en latín, parte de la energía de "Dios" se fue desplegando hasta cubrir a Michelle y un hilo dorado lo conectó directamente con Bárbara, ambas almas se conectaron. La mujer se estaba sintiendo débil pero con la sobrecarga de energía en su cuerpo, Michelle comenzó a gritar.

Zach en seguida quiso ir al lado del castaño pero le tomaron del brazo para que no se moviera. Iba a exigir que lo soltaran cuando se dio cuenta de quien le estaba reteniendo. Angie, con los dedos clavados en el brazo del rubio, miraba fijamente en el ritual, sus colmillos mordían su labio inferior haciéndose daño pero sabía que esto era algo que Michelle tendría que hacer solo. El cambio era doloroso, ella misma lo sintió en carne propia hace años, inevitablemente era algo necesario.

Desde su posición el grupo pudo apreciar como el cuerpo de Michelle cambiaba; la cola se desvaneció al igual que las orejas, dado que estaba de espalda a ellos no pudieron apreciar los sutiles cambios, pero cuando todo acabó la luz volvió a cegarlos, Bárbara y Michelle estaban en el suelo y el ente de luz se había ido.

Klaus en seguida se acercó a ambos, Zach también corrió al lado de Michelle para sostenerlo mientras Damián se acercó a su madre. Gerardo fue con Padre tiempo, el mago parecía bastante cansado pero se mantenía en pie a diferencia de los otros dos participantes del ritual.

La mujer seguía consciente, claramente mareada y gemía confundida. Michelle no parecía moverse desde su posición por lo que pudo ver ella, pero estaba parcialmente aliviada de saber que también podía notar que no había orejas ni cola. El ritual funcionó, sin embargo...

—Mich... —Logró decir a su hijo, apenas dando una mirada a él.

El nombrado empezó a reaccionar. Se sentía adolorido, confundido, con dificultad para ejercer un movimiento, como si no tuviera fuerzas para mover un dedo siquiera. Gimió bajito, sus párpados temblaron y se abrieron lentamente. Unos ojos, ahora oscuros, se fijaron en Zachary.

—¿Ya está listo...? —susurró.

—Eres completamente humano —dijo Zachary, sosteniendo a Michelle. Quería besarlo, estaba inclinándose para cumplir ese pequeño capricho cuando Klaus se posicionó junto a su hijo, estrechándolo entre sus brazos con fuerza.

—¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? ¿Te sientes diferente?

Irina también se arrodilló al lado de su hermano dándole un sonoro beso en la mejilla.

—¡Oh, Mich, si pudieras verte! Es una pena que no trajera mi espejo de mano.

Más estabilizada, Bárbara se apoyó en Damian para poder acercarse a Michelle. El chico los miró a ambos, y le dio una sonrisa agradecida a la mujer.

—Gracias... ¿Me veo bien?

—Te ves bien. —Ella rebuscó en la cartera que le sostenía Damian, extrajo un pequeño espejo y se lo tendió—. Ahora eres un joven común y corriente.

Michelle lo tomó un poco tembloroso, y se observó. Comenzó por su cabello; ahora ya no tenía orejas de gato, sino orejas tan normales como las de su familia. Al pasar a su rostro, sus ojos se mantenían rasgados salvo que su iris que era un castaño oscuro. El chico se sentía... tan extraño con sus ojos en ese color. Eran los ojos de Shin por las imágenes que le mostraron de él, eran los ojos de su padre y... Michelle ahora se parecía más a él. Instintivamente se tocó el lugar donde empezaría su cola sin hallar nada, solo simple y lisa piel...

—Lo soy —respiró. Ningún olor característico de las personas que lo rodeaban, menos el recién descubierto olor a sándalo de Zachary era perceptible para él. Solo algún suave perfume y el olor natural de la hierba y el cítrico del dibujo hecho por Aldebarán—. Enteramente humano...

—Te tomará un tiempo hasta que te acostumbres a tu nueva forma. —Escucharon la voz calmada de Aldebarán cuando ambos magos se acercaron al grupo—. Con esto termina su odisea.

—Es verdad. Podemos volver a Japón. —Irina miró a todos. En los pocos días que pasaron en Canadá demasiado había cambiado, no sólo Michelle, todo el grupo lo hizo.

—Muchas gracias... —asintió Michelle, ya en pie junto a Zachary y Klaus.

Narcisse se les acercó, le sonreía socarrón al castaño.

—Bienvenido al mundo mortal, Mich. Como humano no vas a tener esas cosas de gatos...

—Sí, bien... —Miró entre su padre y Zach, quedando en este último—, creo que puedo vivir con eso. —Su expresión fue algo triste, bajando un poco la voz—. Ya no podré sentir tu olor.

—Usaré esencia de sándalo de ahora en adelante. —Cualquier cosa que hiciera feliz a Michelle.

Damián ya había ayudado a su madre a ponerse de pie. Sus ojos estaban fijos en Michelle. En su nuevo aspecto, tal como esperó, se veía muchísimo mejor, a sus ojos era mil veces más atractivo que con esas raras orejas, si tan sólo Michelle no le hubiera escuchado dar su verdadera opinión todo sería perfecto ahora.

Alejada del resto estaba Angie detallando a Michelle a lo lejos. Con sus facciones humanas se parecía más a Shin, no podrían relacionarla con ella de ninguna manera. El castaño seguiría su vida tranquilamente... Sentía un inmenso alivio. Ahora tan sólo necesitaba irse en medio de la algarabía. Nadie iba a extrañarla en todo caso.

—Bien, entonces es hora de irnos —anunció Ruslán al grupo—. Gracias, Aldebarán, por todo.

—Gerardo, ¿serías tan amable de escoltarnos a Japón, querido? —pidió Bárbara, tomando su cartera y acercándose al mago.

Viendo que Damian quedó solo a un lado, y habiendo sentido su mirada en sí mismo, Michelle tuvo un momento de duda antes de aproximarse al chico.

—Yo... ¿crees que podamos hablar... a solas un momento?

Mordiéndose el labio inferior, Damián acepto. Caminaron un par de pasos lejos de los demás.

—¿Cómo te sientes? —preguntó el rubio no sabiendo cómo proceder con Michelle ahora.

—Pues... confundido. —Michelle tenía el entrecejo fruncido, frotándose la nariz—. Siento como si me hubieran puesto un pañuelo. Antes todo era más nítido, los olores, los sonidos, hasta la vista... Supongo que será cosa de acostumbrarme. —Se encogió de hombros—. Yo..., verás, ahora que tu mamá y tú se irán... —Michelle pasó una mano por su nuca, tratando de escoger las palabras adecuadas—. No quisiera que tú..., que nosotros..., bien... —Finalmente le miró a los ojos—. Sé que me querías, y yo te quise también, te aprecio aún con todo, pero, he tratado de analizarlo y, y ambos teníamos sueños diferentes. A la larga esto no iba a funcionar. Pienso que lo que sucedió, lo que dijiste de mis... —Hizo un gesto a sus ahora inexistentes rasgos gatunos— sirvió para darme cuenta de ello. De que no iba a poder hacerte feliz como mereces y tú no ibas a poder hacerme feliz de regreso.

—Yo pienso diferente —contestó Damián un poco tenso—. Fuimos bastante felices hasta que hicimos este viaje a Canadá. Desde que llegamos todo se fue a pique. —El rubio alzó su mano para acariciar el cabello castaño, sintiéndose libre de pasar su mano por todo el cuero cabelludo sin miedo de tomarse con las orejas gatunas.

—Era algo que iba a suceder de un momento a otro, Damian..., lo que pasó aquí no tendría mucho que ver. —Michelle suspiró. Incluso esa caricia se sentía extraña, acostumbrado a la sensación de sus orejas captando algún resquicio de la misma—. Tú necesitas a alguien educado, que sepa comportarse y mantenerse recatado, que desee vivir contigo en Alemania, con el que puedan salir a una cita tranquila, que te ame y... Sé que tu mamá querría que tuvieras hijos. Está claro que yo no puedo dártelos. —Negó con pesadumbre. Puede que apenas fuera muy joven, pero Michelle nunca se vio con niños. Era bueno con ellos y los quería, pero sentía que con su familia y una pareja tendría suficiente—. Sabes que siempre quise vivir en América, pasar ahí mi vida. Tener una linda casa, una mascota, un trabajo en el hospital y conocer lugares nuevos. Hacer travesuras, tener momentos alocados, soy todo lo opuesto a ti... A la larga, no creo que vayas a poder soportar mi ritmo. Te mereces algo mejor.

Damián se mordió el labio, todavía sintiéndose contrariado. Él no quería terminar la relación, aunque en su mente todas las razones que le estaba diciendo Michelle eran completamente válidas. Ellos no congeniaban para nada, habían durado hasta ahora por pura suerte en realidad, porque no habían tenido ninguna confrontación seria pero estando aquí en Canadá, las diferencias fueron demasiado notorias y la poco estable relación terminó por desintegrarse con sus rudos comentarios.

Suspirando, aceptó las razones de Michelle.

—Yo te quiero Michelle. A pesar de todo lo que dije, yo de verdad te quiero mucho.

—Sé que lo haces. —Michelle avanzó unos pocos pasos, los suficientes para poder abrazar a Damian, unos brazos que le habían dado confort y calidez—. Yo también te quiero. Fuiste un amigo cuando lo necesité, un pilar. Siempre voy a recordar con cariño los buenos momentos... Sé feliz. —Dudó un momento, y añadió—. Sabes dónde encontrarme si me necesitas.

—Tú también. —Devolvió el abrazo, apretó a Michelle una última vez contra su cuerpo antes de soltarlo.

Michelle lo estaba mirando por una última vez cuando Bárbara se les acercó y colocó una mano en el hombro de Damian.

—Gerardo nos acompañará, cariño. Es hora de irnos. —Dirigió entonces su atención a Michelle—. Mich..., gracias por haber hecho feliz a mi hijo en estos pocos años que estuvieron juntos. Espero que tú logres la felicidad.

—Les deseo lo mismo a los dos. Estoy seguro de que hubiera hecho feliz a mi papá...

Bárbara suspiró.

—Es probable, pero ya hay dueño en el corazón de tu padre. —Abrazó a Michelle, dejando un suave beso en sus mejillas antes de iniciar camino con Ruslán y Gerardo.

Cuando Michelle se giró hacia los demás para regresar con Zachary, notó a Angie tratando de escurrirse de la vista de todos.

—¿A dónde vas? ¿Vas a irte sin despedirte? —dijo hacia ella, acercándose.

—Esa era mi intención —dijo Angie resignadamente al verse descubierta—. Mi misión está completa. Eres humano. No tengo nada más que hacer aquí. Es hora de que vuelva al bar.

—Pero... podrías al menos pasar un rato con nosotros. —Michelle echó un vistazo a Klaus, Narcisse estaba anclado a su brazo. Estaba seguro de que su padre no querría marcharse de Canadá, y si era sincero consigo mismo, él tampoco quería hacerlo. No quería dejar a Zachary aún—. Yo... quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí. Es decir..., no te conozco mucho pero, ahora entiendo porque papá te aprecia tanto. Prométeme que algún día llevarás a Levoch a Japón para que lo conozca. —Sonrió.

—Eres un tonto ingenuo... —Acarició la mejilla de Michelle con la punta de sus largas uñas, se fijó en los ahora oscuros ojos del castaño—. Igual que tu padre. No soy una buena persona, Michelle, tampoco puedo prometerte nada. Lo mejor que puedes hacer es continuar tu vida como si...

—Sí eres una buena persona. Lo acabas de demostrar cuando me trajiste aquí y me ayudaste con lo de Damián. —Michelle se encogió de hombros—. Si fueras una mala persona, no te habría importado... Creo que mamá lo hubiera hecho también si estuviera aquí, te lo hubiera agradecido. —Tomó la mano de Angie—. ¿Qué es lo que querías decir? ¿Como si qué?

Si tan sólo Michelle supiera lo irónicas que eran sus palabras.

—Como si no me hubieras conocido —completó—. Disfruta tu nuevo cuerpo, haz el amor con tu novio. —Dio varias opciones al joven, incentivándolo a cosas nuevas para que se olvidara de ella.

—Será imposible olvidarme de ti alguna vez. —Prefirió ignorar sus últimas palabras. Apenas acababa de terminar su relación con Damian y necesitaba tomarse su tiempo en pensar hacer algo tan íntimo con Zachary a pesar de las emociones de ansiedad que eso le provocaba. En cambio, se acercó y rodeó a la mujer con sus brazos—. Gracias, por todo.

Angie, como el gato arisco que era, se tensó por un momento dentro del abrazo. Se relajó lo suficiente para palmear la espalda de Michelle en respuesta.

—Cuídate —dijo cuando le soltó—. Trata de no meterte en problemas. —Sus ojos se desviaron de Michelle, notando a Zachary esperando el momento adecuado para acercarse—. No dejes que Zachary se acerque mucho a Klaus. El dragón puede ser realmente irracional.

—No creo que pueda ser tan malo. —Michelle retrocedió un paso para darle espacio—. Papá estaba tenso a veces con Damian pero... —negó. Su papá no podría ser alguien tan violento, después de todo, Zachary no tenía la culpa de nada—. Cuídate tú también.

—Lo dices porque no has visto al dragón iracundo —murmuró la morena. Palmeó dos veces la mejilla de Michelle y entonces se dio la vuelta para seguir su camino.

Cuando Zachary la vio alejarse, se acercó a Michelle.

—¿En verdad va a irse sin despedirse de nadie?

—Bueno..., tío Jim dijo que era una persona difícil, que le tuviera paciencia. Supongo que papá estará acostumbrado a que se marche sin despedirse —dijo Michelle con su atención en Angie. Cuando no la vio más, se giró a Zachary, rodeó su cuello con sus brazos, y lo acercó.

—Entonces... ¿qué te ha parecido la magia?

—¡Asombrosa! —Los ojos del americano brillaban con entusiasmo—. Y ese ser de luz es... ¿Es Dios? Ahora puedo decir con total honestidad que la clase de religión y latín no son una pérdida de tiempo.

—Ojalá mi abuelo hubiera estado aquí para haberlo visto, él es un científico hasta la médula y no cree en nada de estas cosas —dijo Michelle luego de soltar una risa pequeña debido a la emoción del rubio—. No puedo decirte cómo me sentí. Fue... aterrador y aun así, fue tan hermoso. —Michelle echó un vistazo al lugar donde recordó que había estado ese ser de luz frente a ellos—. Cuando dijeron que iba a ser un ritual de magia, nunca imaginé que sería algo como eso.

—Ninguno lo pensó. Incluso Yu que es tan escéptico se impresionó... También me dio un escalofrío cuando ese hombre de barba mencionó a la mamá de Narcisse. —Miró en dirección al joven que seguía colgado del brazo de Klaus, estaba intentando meterle mano sin que Irina o Aldebarán lo notaran.

—¿Qué le pasó a la mamá de Narcisse? —Michelle ladeó la cabeza, la curiosidad invadiéndolo. La actitud del chico cambió cuando Aldebarán le dijo esas palabras—. Se mantuvo callado y hasta quieto cuando Aldebarán la nombró.

—Narcisse no me ha querido decir todos los detalles, es muy reacio a hablar de ello —le confesó a Michelle—. Lo poco que sé, me lo dijo cuando estaba completamente ebrio y deprimido. —Bajó la voz para revelarle la poca información que poseía—. Al parecer, su madre desapareció cuando Narcisse tenía tres años. Desde ese tiempo su padre comenzó a abusar de él, por eso es como es.

—Que horror... —Michelle dirigió su atención otra vez a Narcisse. Había sido cachado por Irina y ésta ahora se quejaba con su padre, obviamente el chico actuaba como si no hubiera hecho algo malo. No podía concebir la idea de un padre abusando de tal manera a su propio hijo.

Entonces Narcisse se alejó, y caminó hacia donde Zachary y él estaban.

—Debemos regresar al internado. Nos hemos saltado el almuerzo, nos van a amonestar peor si no nos encuentran antes de la cena. —Se cruzó de brazos, furibundo—. Mierda, y yo quería follar esta noche con tu padre.

Michelle se sonrojó un poco, más que nada por vergüenza. No era una información que deseaba saber.

—¿No está mal que se escapen todo el tiempo? —Miró de uno a otro—. ¿Cómo hacen para no reprobar?

—Son lapsos de tiempo. No podemos escaparnos seguido, nos vigilarían como halcón y chupar pollas tampoco es que funcione con regularidad. —Narcisse se encogió de hombros—. Algunos maestros sí cumplen su trabajo como es.

Zach puso una mueca triste. Él no quería separarse de Michelle tan pronto pero Narcisse tenía razón en que ya era hora de volver. Además, mañana tenía un examen al que no podía faltar.

—¿Cuándo volverán a Japón?

—No creo que papá quiera marcharse aún... pero creo que a Gerardo no le importará que usemos su medio de transporte para que podamos venir a visitarlos. —Abrazó a Zachary una última vez. Quiso respirar su olor hasta que recordó que ya no iba a poder sentir el sándalo nunca más. Trató de contener un gemido ante eso.

—Mañana por la noche podrán follar, ya el otro rubio sexi se ha marchado. —Sonrió Narcisse con desfachatez, volviendo con Klaus para despedirse.

Zach sonrió ante la expresión abochornada del castaño. Tan sólo dejó un suave beso sobre los labios del menor.

—Tengo un examen mañana pero intentaré escabullirme antes del toque de queda.

—Espera, yo... —Detuvo a Zachary tomando su muñeca—, quiero que lo llevemos con calma, ¿sí? A pesar de todo, acabo de terminar una relación de dos años y... —Echó una nerviosa mirada a su padre. Bajó la voz—, y bien, Damian y yo... apenas llegamos a tener un pequeño encuentro. Es... —Michelle sentía sus mejillas un poco calientes—. Solo quiero que lo sepas. —No se atrevía a mirarlo, cruzando sus brazos y pareciéndole muy interesante la hierba a sus pies.

Zach sonrió enternecido. Si él fuera un adolescente cualquiera, estaría desesperado por tener sexo, pero a sus diecisiete años tenía tanta experiencia que podía darse el lujo de esperar hasta que Michelle se sintiera verdaderamente listo. Después de todo, un amante dispuesto y entregado provocaba un orgasmo mucho más satisfactorio.

—No te preocupes —dijo a Michelle, dejando un provocativo beso en sus labios—. Cuando lo hagamos, te entregarás completamente a mí sin ninguna restricción o vergüenza.

Michelle hizo un puchero, abrazando a Zachary tan apretado cómo podía, hasta que Yu les dio un suave empujón.

—Oye, no me lo aplastes tanto. Zach, hora de irnos. —Solo se giró para lanzarle un beso a Klaus mientras empezaba a caminar.

—Te veo mañana por la noche, ¿entonces? —preguntó Michelle al rubio, soltándolo finalmente—. ¿No te meterás en problemas por eso?

—No te preocupes por eso. Nos veremos mañana. —Prometió guiñándole un ojo travieso—. Vámonos, pervertido. —Tomó la mano de Yu para arrastrarlo lejos de la casa de Padre Tiempo.

Michelle se quedó en su sitio, su mano despidiéndolos hasta que ya dejó de verlos y finalmente se devolvió dónde estaban su padre, hermana y Aldebarán.

—Ya todos se han ido. Angie no quiso despedirse —dijo a su padre y miró al mago—. Jamás creí que en el ritual aparecería ese ser de luz, magia... ¿Se puede tocar?

Klaus asintió sin sorprenderse de la partida de Angie.

—¿Puedes tocar el aire? —rebatió el mago con una sonrisa divertida.

—Pues, no... No se puede. —Michelle echó un vistazo al sitio en donde Magia se presentó—. Fue aterrador... y emocionante. Gracias por lo que hiciste...

—No fue nada. Es agradable recibir visitas de vez en cuando. Pueden visitarme cuando quieran —ofreció el mago.

Se despidieron del mago y regresaron al hotel. Michelle se sentía extraño caminando por las calles abrazado a su padre sin la gorra y el abrigo. Debía admitirlo, se sentía muy liberador.


1) Así son las cosas, ¿eh?

2) Mantén la boca cerrada.

3) Dar sabor al sazón.

N.T.: Ola -inserte meme Stitch-.

Hoy no estaba bien y pensé: "ha pasado un año... solo habrá paja rodando... Al diablo, voy a editar". El ciclo algún día debe cerrarse ¿no?

Cuídense mucho y beban agüita.

CONTINUARÁ...

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