CAPÍTULO 19

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En Japón, Ruslán le pidió a Gerardo que le acompañará a ver a sus padres. Había dejado algunas cosas en el hotel y otras en la casa de Gerardo. Quería que al menos sus padres conocieran al mago antes de seguir atrasando el momento.

Por la hora, Ruslán consideró que ya estaban a punto de dormir o tal vez acababan de cenar, no lo sabía. Acompañado de Gerardo, Bárbara y Damian, Ruslán encontró a su papá con la cabeza recostada en el regazo del ruso.

—No están haciendo nada extraño, ¿verdad?

—¡Ruslán! —Kenshi se levantó, sorprendido de ver a su hijo allí—. ¿En qué momento llegaron?

—Gerardo nos dio un trasporte muy eficiente y rápido —respondió Bárbara con una sonrisa—. Hemos venido a despedirnos Damian y yo.

—¿Despedirse? —Vladimir se levantó para recibir a su hijo y los alemanes. Miró brevemente a Gerardo pero no le hizo mucho caso—. ¿Qué hizo Klaus?

—Se está metiendo con un chico que podría ser su hijo —delató Damián con voz dura.

—Damián —regañó Bárbara, mirándolo reprobadoramente. Negó hacia Vladimir—. Klaus solo ha encontrado a su tesoro otra vez —contestó.

Cuando Ruslán se acercó para saludar a su papá, Kenshi le abrazó tan apretado que le quitaba el aire y enseguida le jaló una oreja.

—¡Papá! —Las mejillas de Ruslán se colorearon de rojo, avergonzado de tener esa escena de niño regañado frente a Gerardo.

Kenshi comenzó a hablar en japonés, molesto.

¡Cómo se te ocurre irte sin avisar! ¡Sin mi permiso! Por teléfono lo dejé pasar, ¡pero ni creas que lo olvidaría en cuanto te tuviera en frente! —Lo soltó, y le observó rodeándolo por completo—. Tienes suerte de que estés entero. Con esa mujer de por medio hubieras vuelto sin una pierna —declaró, obviamente refiriéndose a Angie.

Papá, no exageres... Apenas estuvimos con ella unos dos días.

¿Dónde están Michelle, Irina y Klaus? —preguntó, alzando la vista—. ¿Y quién eres tú? —dijo hacia Gerardo, en un idioma entendible para el italiano esta vez.

Ruslán quería ocultar la cabeza en el suelo. Tal vez no fue buena idea traer a Gerardo tan pronto sin antes tratar a sus padres él mismo.

—Los demás se quedaron en Canadá. Y, él es Gerardo.

Kenshi abrió mucho los ojos, vio de Gerardo a Ruslán y viceversa, y su expresión molesta cambió a una curiosa.

—¿Es él aquel chico que nos dijiste que te gustaba? —Kenshi invadió el espacio de Gerardo, tomando su rostro para girarlo de un lado a otro. —No está nada mal. Eres un chico apuesto. —Sonrió a Ruslán—. Me alegra ver que has sacado mi buen gusto.

—Papá... —Se quejó Ruslán entredientes, sonrojado. Esto no podía estarle pasando a él.

—Mi nombre es Gerardo Mazzeo, mucho gusto. —Se presentó el italiano con las mejillas rosa. También tenía una adorable sonrisa en el rostro, enternecido por la manera en que Ruslán era tratado por sus padres.

Vladimir, que había estado hablando con Bárbara, escuchó a Kenshi decir que el extraño era el chico que Ruslán mencionó que le gustaba. Toda su atención se centró en el italiano, y con el ceño fruncido escaneó al pelinegro de ojos ámbar.

—Kenshi Ottori, papi de Rus, y él es... —Al notar el ceño de Vladimir, rodó los ojos—. Y ese gruñón de ahí es mi esposo, Vladimir Volsk. —Kenshi bajó la voz un poco en un tono confidencial aunque bien sabía que el otro escucharía—. No hagas caso a su cara, siempre la tiene así. Le he dicho que un día el viento le congelará el rostro con ese terrible ceño que tiene pero no hace caso —chistó, pasando un brazo por los hombros del italiano, aunque era un poco más alto a él—. Así que, Gerardo ¿eh? Tienes un encantador olor a madreselvas. Me agradas. —Palmeó el hombro del mago—. ¿Cuál es ese milagroso transporte que hace lleves en tan poco tiempo a las personas de un continente a otro? Eso ahorraría el angustioso viaje en barco... —El japonés se estremeció. No importaba los años, siempre aborrecería los viajes por mar.

—Le sorprenderá saber ese método, señor Kenshi. —Sonrió Bárbara, y más con la presencia de Vladimir. En ese tiempo había aprendido lo incrédulo que era el hombre ante temas como el don de Gerardo.

—Pues me han llenado de curiosidad. ¿Cuál es?

Ruslán miró una vez a Gerardo, se encogió de hombros y cruzó sus brazos.

—Raíces. Las raíces de los árboles. —Miró al mago—. No hay problema con decirles.

—¿Ra... raíces de los árboles? —Kenshi los observó como si les hubiera crecido una segunda cabeza.

—No es un método muy convencional pero es efectivo. —Asintió Gerardo. Se sorprendió de lo abierto y amigable que era Kenshi, tomando en cuenta que era japonés debería ser él el que fuera antipático en vez de Vladimir.

—Un método de viaje bastante desagradable, si me preguntan —murmuró Damián—. Cuando sales del tronco sientes como si te caminarán un montón de orugas en la piel.

—Viajaron... a través de las raíces de un árbol... Claro. —Kenshi no parecía estar creyéndoles aún—. Vaya, y yo que pensé que Vladimir era el loco. Estoy feliz de saber que no estás solo en tu locura, cariño —dijo a su esposo con burla.

—No es locura, es real. —Asintió Ruslán—. Gerardo es un mago de la naturaleza. Fue la magia quien cambió a Michelle hoy.

—¿Mago de la naturaleza? —Kenshi desplazó su atención de Ruslán a Gerardo—. ¿No debería ser una chica? La llamada "madre naturaleza". ¿O eres como un recluta de ella? Y fíjate que en dos días es el inicio de primavera..., qué ironía.

El italiano se separó de Kenshi para ir con Ruslán. Le puso las manos en los hombros acariciándolos lentamente.

—Es mucha información para tus padres. Quizás debamos sentarnos y hablar con más tranquilidad.

—Iré a hacer mi equipaje —anunció Damián, poco interesado en la conversación que estaba a punto de desarrollarse.

—Vamos a sentarnos. Ustedes deben... ¿equipaje? —Kenshi había hecho ademán de que se sentaran, pero se detuvo—. ¿Volverán a Canadá?

—No. —Negó Bárbara, ocupando un asiento—. Klaus y yo hemos roto el compromiso por acuerdo mutuo. Klaus ha encontrado su tesoro.

Kenshi estuvo en silencio un momento.

—¿Encontró su tesoro? ¿Es aquel chico del que hablaste? —preguntó a Ruslán.

—Narcisse, sí. Su olor es el durazno. Feyn estuvo tan incontrolable...

Bárbara suspiró.

—Feyn se escapaba durante las noches. Consideré que no podía interponerme entre ellos, Klaus merece ser feliz y el dragón y no soy la indicada. —Negó, bajando la mirada—. Así que tomé la decisión de separarse...

—El asunto es que... Narcisse tiene nuestra edad pero es muy...

—El chico tiene mucha seguridad sexual para ser tan joven —ayudó Bárbara a Ruslán.

Damián tuvo que detenerse en la puerta cuando escuchó que estaban hablando de un dragón. Extrañado, se volvió a acercar.

—¿A qué se refieren con un dragón?

Gerardo parecía igualmente confundido. Hablaban de Klaus como dos personas distintas... ¿Quizás tenía algún tipo de trastorno psicológico?

Desconcertada porque no se había dado cuenta que Damian continuaba ahí, Bárbara se vio con dificultades para saber cómo proceder. Kenshi, por suerte, salió en su defensa.

—Klaus a veces se comporta como un dragón. Europeos, ya sabes cómo son. Es una suerte que tú no seas así. —Hizo un gesto para que se marchara—. Ve a hacer tu equipaje... Por cierto, ¿cómo tomó Michelle la noticia? —Ladeó la cabeza al recordarlo—. ¿Le sirvieron los consejos de sexo que le di?

Sabiendo cómo había estado tenso la situación, Ruslán pareció alarmado a ese comentario y más por las implicaciones. Su papá era tan boca floja a veces. No estaba seguro de que Klaus aprobara que Kenshi le diera consejos de sexo a Michelle con lo papá gallina que era... ni quería saber si llegó a ponerlos en práctica con Damian.

—Hay muchas cosas que deben saber...

—Damian y Michelle terminaron. —Bárbara echó un vistazo a su hijo—. Al tiempo que aparecía ese chico frente a Klaus, Michelle conoció a alguien más.

—Michelle y yo no somos compatibles —murmuró Damián con un tono triste. Negando con la cabeza, salió por completo del salón. En verdad quería irse de ahí lo antes posible.

—¿Le diste consejos de sexo a Michelle? —inquirió el ruso, mirando a su esposo acusadoramente—. Klaus querrá arrancarte la cabeza cuando se entere. Sabes lo sobreprotector que es.

Bárbara sintió su corazón romperse por su hijo. La culpabilidad la atacó por haber apoyado la relación entre Michelle y él en un inicio, quizá hubiera sido mejor a un amor no correspondido. Rezó porque Damian pudiera superarlo y encontrar una persona con la que sí pudiera ser feliz.

—Michelle me pidió consejos para tener sexo. No es mi culpa que Klaus sea tan sobreprotector. Son chicos jóvenes. A su edad ya había follado con varios —se defendió el japonés, cruzando sus brazos.

Ruslán se dirigió a Gerardo.

—Estaba feliz no sabiendo ese pedazo de información. Como sea... —cortó cualquier intento de discusión entre sus padres—. Hablé con Klaus y un poco con Feyn. Ellos consideran a Narcisse su tesoro, aunque Klaus está... —No sabía si hablar de eso por su hermano y más frente a Bárbara—. Narcisse no es un chico "fácil". Estoy seguro de que él no es el Yuki del que tanto he oído hablar.

—Sigo pensando que el dragón está confundido de alguna manera. No es posible que un olor se repita, ya lo hemos comprobado a lo largo de los años, incluso los gemelos idénticos huelen diferente —explicó Vladimir.

—Si me permiten… —dijo Gerardo, atrayendo la atención hacia él—. Es posible que el dragón no esté equivocado. Es como le expliqué a Michelle: un alma humana tiene un ciclo de vida, desde que es creada: nace, vive y muere. La diferencia de un alma humana y un alma animal es que el alma humana puede repetir ese ciclo de vida varias veces.

—¿Estás tratando de decir que la reencarnación es real? —El tono de Vladimir era claramente incrédulo.

—Es justo lo que estoy diciendo.

—Entonces..., las leyendas de los monjes sí son reales. Las almas pueden regresar en una nueva vida. —Kenshi, por el contrario, se veía asombrado y emocionado al mismo tiempo—. ¿Qué es eso de alma animal? —Su nariz se arrugó con algo de desagrado—. ¿Fue esa la razón por la que Michelle tenía que cambiar?

—Gerardo explicó que si Michelle no escogía un lado, sea humano u animal, su alma vagaría en un limbo. —Bárbara observaba a Gerardo, aceptando alguna corrección si habría dicho algo incorrecto—. Si escogiera su lado animal, su alma solo moriría...

—En cambio al escoger su lado humano, como lo hizo hace un momento en Canadá, Michelle tiene la posibilidad de regresar en una próxima vida —completó Ruslán.

—Él... ¿escogió ser un humano?

Ruslán asintió.

—Todos sus rasgos de gato desaparecieron. Siendo humano..., Michelle se parece mucho al tío Shin.

—No conozco al tío Shin pero Michelle se me parece mucho a Angie —comentó Gerardo. Las reacciones del resto de acompañantes en la mesa fue interesante cuando menos, Vladimir y Kenshi se miraron contrariados mientras que Bárbara y Ruslán miraban asombrados al italiano.

—¿A Angie? —Ruslán pareció pensativo—. Sí tienen un parecido pero...

—Bah, esa mujer muy rara vez ha traído algo bueno a esta familia. No hablemos de ella. —Kenshi hizo un gesto despectivo, queriendo cambiar el tema—. Así que, Klaus, Irina y Michelle se quedaron por el dichoso regreso de Narcisse y ese nuevo novio de Michelle...

—No sé si ya son novios, pero ellos están muy... juntos todo el tiempo.

—Si el chico es guapo y canadiense—

—Creo que Zachary es americano —corrigió Ruslán.

—¿Americano? —eso sorprendió a Kenshi un poco, receloso aún con los años de los estadounidenses.

—No sé su apellido, pero no tiene el acento canadiense, sino más de América.

Bárbara asintió.

—Y demostró amar a Michelle a pesar de su aspecto. Me parece un buen chico...

—Muy contrario a Narcisse —bufó Ruslán, cruzando los brazos.

Kenshi se veía muy curioso. Yuki era un ser asquerosamente amable, como un dango de fresa cubierto de azúcar. Toda persona que le conocía, caía irremediablemente a sus pies, lo cual era desagradable de ver. ¿Cómo es que Ruslán no parecía ni por asomo feliz de mencionarlo?

—¿Cómo es este nuevo Yuki en realidad? Y di todo de una vez.

Ruslán trató de evitar mirar a Bárbara mientras decía:

—Klaus me dijo la última vez que hablé con él hace unos días que no ha podido tener una conversación seria con Narcisse... porque solo han podido relacionarse íntimamente. Y no solo por cuestión del dragón, Narcisse realmente... —Ruslán dudó un momento en continuar—. Él solo parece pensar en tener... relaciones íntimas.

Kenshi parpadeó, sorprendido.

—¿Estás queriendo decir que este Yuki solo piensa en sexo?

—Sí. Por lo que dio a entender Klaus, ni siquiera parece estar plenamente consciente del dragón, solo... en sexo.

Kenshi silbó, y miró a Vladimir.

—¿Sabes? Creo que me agradará este nuevo Yuki. —Y se carcajeó.

—Es alguien bastante liberal —reconoció Gerardo—. Incluso se lanzó al regazo de Aldebarán apenas lo conoció. —El italiano hizo una mueca incómoda—. No me parece alguien decente.

—Lo dice el italiano que abordó a un chico de dieciséis años —puyó el ruso haciendo que a Gerardo se le pusieran las mejillas coloradas.

—¡Padre! —Ruslán se quejó alarmado, atreviéndose a colocar una mano sobre la de Gerardo.

Kenshi le dio un ligero coscorrón al ruso, ceñudo.

—¿No te enseñó tu madre modales? Además, míralo. No tiene cara de asaltacunas ni es el tema del que estamos tocando. —Kenshi rodó los ojos, enfocándose en Gerardo—. Discúlpalo. Se la pasa tanto tiempo rodeado de químicos que ya han empezado a afectar su cerebro.

—No me pidas que esté feliz porque un veinteañero esté intentando intimar con mi cría. —Gerardo y Ruslán se reservaron el detalle de que en realidad le llevaba muchos más años de los que pensaba el ruso—. Como sea, siguiendo con el tema de Klaus, si ese chico en verdad es como dicen eso, será realmente un gran problema, teniendo en cuenta lo celoso que es el dragón...

—Pues, hasta ahora no ha dado muestras de algo más excepto con Aldebarán, pero... no sé qué esperar y sé que Klaus tampoco. —Ruslán agradeció el cambio de tema. Lo que menos quería ahora era que sus padres se enterasen que en realidad ya habían intimado un poco y que fue el mismo Ruslán quien empezó. Eso haría a sus padres, en especial a Kenshi, fastidiarle por una semana o más—. Pero el dragón está totalmente... encantado. Feyn casi me atacó pensando que quería separarlos...

—¿Querías? —inquirió Kenshi.

—¡No! Había tratado de decirle a Klaus que se lo tomara con calma. Feyn malinterpretó mis palabras.

—Bueno, ustedes los dragones siempre han sido paranoicos al respecto del tesoro —desestimó Kenshi hacia el ruso.

—Pero a Irina no le agrada Narcisse —continuó Ruslán—. Lo detesta, y no solo porque tenga la atención de Klaus.

—En realidad, Irina odia a cualquiera que se acerque a su padre —desestimó Vladimir—. Esa es una conducta normal en ella. Por el momento lo mejor es tantear terreno. Apenas han pasado un par de días pero pienso que Irina y Michelle deberían volver. Ya se han escapado lo suficiente desde clases

—No creo que sea solo la conducta normal de ella… —Ruslán dudó.

—Todo estará bien. —Bárbara decidió ponerse en pie—. Iré a ayudar a Damian con el equipaje.

—¿Y ustedes a dónde irán? —Kenshi la detuvo con su pregunta. Bárbara había sido una agradable mujer y había pensado que Klaus sería feliz a su lado. En cierta forma, sentía lástima por ella. Haber sido desplazada por otra persona...

—Volveremos a Alemania. —Alisó su falda, aún sin verlos directamente—. Esperaremos a la mañana para tomar un barco. —Entonces, alzó el rostro—. Agradezco mucho todo el cariño y el apoyo que nos han dado a mi hijo y a mí en estos pocos años que estuvimos con ustedes.

—Son bienvenidos cuando quieran —ofreció Vladimir—. Aquí y en Rusia, estaremos felices de recibirlos.

—Si quieren, puedo acortar el viaje. —Gerardo también se puso en pie—. Sé que es incómodo pero llegarán rápido a casa.

—Gracias... —Ella le sonrió a Vladimir, sin embargo tuvo que fruncir el ceño a Gerardo con inquietud—, pero tenemos algo de equipaje. Son 4 maletas por Damian y por mí.

—Podemos ayudarles con el equipaje. —Ruslán ofreció, teniendo que levantar la vista hacia ella.

—E imagino que ese medio para acortar el viaje es por las raíces —inquirió Kenshi, otra vez la incredulidad acompañada de un poco de curiosidad en su voz, tanto, que tuvo que ponerse en pie como los otros—. Yo quiero ver eso.

—No es recomendable viajar con tanto equipaje entre las raíces —dijo el italiano, haciendo una mueca—. Podrían ir con una maleta pequeña y el resto enviarlo por correo.

Vladimir también se paró de la mesa. Caminando junto a su hijo, le dijo en voz baja.

—¿Qué clase de lunático has traído a la casa?

—Entonces viajaremos con el equipaje que hemos traído de Canadá. Me encargaré de dejar el resto preparado. —Bárbara se dirigió a Kenshi esta vez—. Señor Kenshi, ¿sería tan amable de encargarse que envíen el resto a Alemania? Le dejaré la dirección a donde iremos.

—Pierda cuidado. Enviaré a alguien a que se encargue personalmente de eso.

En tanto Bárbara se excusaba para marcharse, y Kenshi iniciaba conversación con Gerardo, Ruslán respondió a su padre.

—Ya lo he dicho. No es un lunático, es un mago. Te sorprenderás por las cosas que hace. —Sonrió Ruslán, dulcemente como pocas veces, mirando hacia Gerardo.

—Mago —bufó Vladimir, su mirada azul taladraba al italiano desde lejos—. En menos de dos semanas ese tipo ya te ha metido ideas raras en la cabeza. Dentro de poco vas a decir que Dios existe y la magia es real—. rodó los ojos.

—Eso no es verdad. Ojalá le dieras una oportunidad para demostrar que te equivocas. —Ruslán no podía creer que estuviera discutiendo al respecto pero tenía la necesidad de defender a Gerardo. Quería que su padre lo viera de la manera en que él le veía—. De lo contrario, ¿cómo crees que ellos pudieron cambiar a Michelle? Él es un chico humano normal ahora y todo gracias a la magia.

—Debe haber una explicación completamente razonable que sólo decir que fue por "magia" —dijo el otro, todavía obstinado.

—No todo en la vida tiene una razón de ser, padre —suspiró Ruslán, negando. No tenía caso discutir con él, lo mejor sería que viera las cosas con sus propios ojos. En dichos casos, ver es creer. Prefirió acercarse a Gerardo y su papá.

—Es una pena que hayan llegado a esta hora, podría enseñarte el huerto. —Kenshi cruzó los brazos—. El frío nos haría daño...

—Pero, ¿qué hay de aquel grueso abrigo que Bárbara te trajo de Alemania?

—Eh... —Kenshi se tensó. No podía decir que Suoh se lo había llevado a quien sabe dónde con casi todos sus abrigos, apenas dejó los suficientes con él—. Sigue siendo peligroso. Pero podrían quedarse esta noche, y en la mañana te lo enseñaría. —Frunció el ceño a Ruslán—. Deben ir por los demás. En dos días es el inicio de primavera.

—Trataremos de estar todos aquí para entonces—. asintió Ruslán a su papá.

—Oh, no se preocupen por mí. Puedo volver a Italia y regresar en la mañana. De todos modos todavía tengo el horario de Italia así que iré a casa a preparar una pasta y...

—Y nada de eso —cortó Kenshi de un tajo—. Una infusión podrá ayudarlos a dormir unas pocas horas, acompañarán a Bárbara y Damian a Alemania y volverán aquí. No puedes decir que no —advirtió al japonés a Gerardo, alzando su índice—. Eres el primer novio que tiene Ruslán y además sabes de plantas y hierbas, no puedo dejarte escapar tan fácilmente.

Ruslán trataba de evitar sonreír con diversión más allá de su ligera vergüenza.

Dado que Kenshi no le estaba dejando opción, Gerardo tuvo que quedarse en la casa Ottori a pasar la noche. Debido que en Italia eran apenas las doce del mediodía, Ruslán y Gerardo tomaron una cena tardía mientras esperaban a que Damián y Bárbara hicieran las maletas, dejándolas listas para su traslado por correo.

Se cambiaron de ropa antes de viajar y después de las despedidas pertinentes, los acompañaron hasta la zona boscosa de la casa.

Ruslán ayudaba a Bárbara con su equipaje, caminando cerca de Gerardo.

—Lamento que mi papá sea tan intenso. Debí darte la advertencia antes de venir... Pero le agradas, muy pocas veces le veo tan entusiasmado con alguien nuevo.

—En realidad debo decir que me sorprende. Para ser un japonés, es bastante amigable. La mayoría de los asiáticos no simpatizan con los extranjeros. —Mientras caminaba a la luz de la luna iba tocando los troncos de los árboles, un ligero resplandor verde iluminaba la corteza antes de volver a apagarse—. Aunque creo que no le agrado mucho a tu padre.

—Y tienes razón. Los pueblerinos e incluso los que trabajan en la casa son recelosos con los extranjeros. A Bárbara y Damian no los trataron abiertamente hasta algunos meses después.

La mujer asintió a las palabras de Ruslán.

—Tuve que esforzarme para que me tomaran en cuenta cuando deseaba. Fue un poco difícil al inicio...

—Papá es diferente —continuó Ruslán—. Es más abierto, casi llegando a la excentricidad... justo lo opuesto a mi padre. —El chico suspiró. Había esperado que Volsk fuera algo duro con Gerardo pero no a tal grado—. Lo siento. Algo que comparten mi padre y Klaus es la sobreprotección, y a eso le sumamos que mi padre no cree en nada místico ni religioso. Cree que eres, bien, un loco o algo así. Pero estoy seguro que cambiará de parecer en cuanto vea lo maravilloso que eres —acabó, completamente seguro de sus palabras.

—Está bien. —Se encogió de hombros el pelinegro sin darle mucha importancia—. Hay personas que no están preparadas para ver la verdad desnuda. Por lo general, las personas que son obligadas a creer son las más escépticas. Por eso necesitan comprobar todo por sí mismos.

A unos pocos metros lograron encontrar un árbol lo suficiente grande y grueso para hacer el traslado hacia Alemania.

—Eso espero...

Bárbara se detuvo, y se giró hacia los otros.

—Muchas gracias por acompañarnos hasta aquí. Podemos seguir solos... Será nostálgico volver a Frankfurt después de tantos meses. —Bárbara rodeó a Ruslán con sus brazos, dejando un beso en cada mejilla después—. Cuídate mucho, cariño, y cuida a todos.

—Lo haré. Cuídense también los dos...

Mientras Bárbara se dirigía a Gerardo, Ruslán dio un paso hacia Damian. Muy pocas veces tenía momentos con él, siempre estaba cerca de Michelle. Ruslán se dio cuenta de que nunca se tomó la oportunidad de conocer a Damian realmente.

—Sé que querías mucho a Michelle. Espero que puedas ser feliz algún día...

—La verdad es que estoy un poco decepcionado por como terminamos pero supongo que es mejor de esta manera. Si hubiéramos continuado con nuestra relación, nos hubiéramos odiado a muerte. Las diferencias entre nosotros eran demasiadas. —Todo ese tiempo que estuvo haciendo las maletas le estuvo dando vueltas a todo lo ocurrido en Canadá. Todavía tenía ese sentimiento de tristeza pero después de pensar en ello con la cabeza fría, se dio cuenta de que era la mejor decisión que podían haber tomado.

Ruslán estuvo de acuerdo a sus palabras.

—Ayudaste mucho a Michelle, le sacaste de la tristeza en la que estaba luego de terminar con Minegishi y lo hiciste feliz después. Estoy seguro de que por ahí está una persona que hará lo mismo por ti y esta vez será tu persona indicada. —Ruslán estiró la mano hacia Damian en despedida—. Te deseo la mayor de las suertes.

—Lo mismo para ti. —Estrechó la mano del menor en un gesto de camarería—. Suerte con tus padres. Parece que tu novio y tú van a tener un camino difícil tratando de convencerlo.

—Sí..., eso creo. —Ruslán gimió interiormente.

—Damian —llamó Bárbara, tomando su maleta y colocándose frente al árbol—. Hora de irnos, querido. —Bárbara miró a Ruslán—. No vamos a olvidarlos. Llamaré siempre que pueda para saludar y saber cómo están.

—Estaremos ansiosos por ello.

Con un último gesto de manos en despedida, Bárbara esperó a que Damian estuviera a su lado para tomar la mano de su hijo y cruzar las raíces juntos hacia Alemania. Ruslán no habló hasta que ambos desaparecieron y el árbol lució tan normal como cualquier otro en cuanto se cerró.

—Hubiera deseado que formaran parte de la familia. No dejo de preocuparme por Klaus...

Gerardo tomó la mano de Ruslán.

—No hay mucho que puedas hacer por el momento. —Tomados de la mano, comenzaron a caminar de regreso a la casa feudal—. ¿Cuándo crees que sea el mejor momento para decirle a tus padres que te llevo mil quinientos años de diferencia? —preguntó juguetonamente.

—¿Nunca, tal vez? —bromeó Ruslán, siguiéndole el juego—. Primero quiero que entiendan sobre tu magia. Una pequeña demostración, ir poco a poco, como hiciste conmigo y los demás. —Ruslán se apegó un poco más a Gerardo, diciéndose que era debido al frío de la noche—. Aunque temo cómo tome mi padre esa información. No deja de verme como una cría... —rodó los ojos, conteniendo un gruñido de molestia.

—No puedes culparlos por actuar así, son tus padres. —Pasó su brazo por los hombros de Ruslán, hicieron el camino de vuelta a la casa Feudal de esa manera, el olor de ambos mezclándose agradablemente.

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En el bar Nueva Luna comenzaba otra noche de decadencia y lujuria.

Angie volvía a retomar sus tareas como cortesana, la morena estaba bailando en el escenario, engatusando a todos esos pobres diablos que iban a derrochar su dinero en licor y hermosa compañía. Desde una esquina oscura, District, dueño y señor del bar, miraba el escenario con deleite. Nadie podía culparlo por la fijación que tenía con la gatita, se decía que los venenos más mortales venían en frasco pequeño, Angie encajaba perfectamente en esa definición. Todos los acercamientos que intentaba, el demonio eran rechazados o aceptados de mala gana pero nunca por su propia voluntad. Le encanta que luchara, cada segundo que sus manos la tocaban era una agonía para ella y eso lo excitaba. Si Angie hubiera sido más sumisa quizás su interés por la morena hubiera disminuido considerablemente hace varios siglos, pero mientras ella siguiera luchando, seguiría siendo un deleite.

Siguiendo con esa línea de pensamiento, District se preguntó si el hijo de Angie tendría la misma fuerza de carácter. Si hubiera crecido en este ambiente, seguro que sí pero Angie se lo llevó siendo un bebé, había pensado que el mocoso fue abandonado en algún orfanato. Quizás había sido dejado en algún basurero y comido por los carroñeros pero, ¡oh sorpresa! La gatita se preocupaba lo suficiente por el mocoso para dejarlo con alguien que sabía cuidaría de él...

¿Seguiría preocupándose?

Los ojos rojos recorrieron el cuerpo de la morena mientras utilizaba uno de los tubos del escenario para bailar. Mientras la observaba, el demonio se preguntó que estaría dispuesta a hacer la morena para impedir que pusiera sus manos sobre el niño. Lo averiguaría pero primero tenía que ver al joven por sus propios medios.

Desapareciendo entre las sombras, District se recluyó a su oficina para hacerle una visita al joven castaño en sus sueños.


CONTINUARÁ...

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