CAPÍTULO 21

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Como esa mañana que Zachary le compró panes dulces por primera vez el americano guió el camino por varias calles alejándose de la zona turística.

—Técnicamente, Ruslán sería mi tío. —Michelle abrazó a Zachary de lado—. Es hermano de mi papá..., pero eso no importa. —Hizo un gesto aparte para restar importancia al tema—. Te extrañé... ¿Te fue bien en tus clases?

—Fueron insoportablemente largas, no podía esperar más a que terminara la cena para poder venir a verte. —Atrapando a Michelle entre sus brazos le robó un beso—. No has dejado mi mente en todo el día.

—Mmh, que lástima. Espero no haber causado problemas a tu concentración. —Sonrió Michelle, apretando el abrazo—. ¿Crees que puedas acompañarnos mañana a Japón? Me gustaría que vieras cómo nos iremos y mi casa... Así podrás ir siempre que puedas, en las veces que yo no pueda volver... —Michelle suspiró—. El abuelo dijo que tengo muchas clases atrasadas.

—Hablas como si pudiera ir a Japón tan sólo tronando los dedos. —Chasqueó sus dedos demostrando sus palabras—. Nada me gustaría más, créeme, pero debemos ser realistas.

—Zach, hace un día yo era un medio gato y estuviste frente a un ser de luz y magia, ¿y no puedes creer que se pueda llegar a Japón en un parpadear? —Eso le causaba un poco de gracia a Michelle—. ¿Cómo crees que mis abuelos pudieron llegar? Gerardo los ha traído. Lo ha hecho con todos nosotros.

—Ah, es otra cosa de magia. —Comprendió entonces—. Debiste empezar por ahí. ¿Cómo es? ¿Debe decir alguna frase en latín?

—No. Por medio de las raíces de los árboles —comentó, la mirada perdida en algún punto frente a ellos—. El tronco del árbol se abre como si fuera una puerta y pasas a través de él. Debe haber uno igual en el destino al que vas... Es un poco incómodo, cuando cruzas sientes como si tuvieras muchos gusanos peludos caminando por tu cuerpo, pero la sensación es momentánea...

Zach alzó las cejas, tanto que casi llegaron al borde de su cabello. Tenía una expresión bastante cómica en el rostro.

—De acuerdo. Eso está muy raro, tengo que verlo.

Eso era lo mejor de Zachary: nunca decía que no, aceptaba todo como viniera. Podías decirle que un elefante era rosado y él no lo negaría, simplemente diría que quería verlo y comenzaría a palotear sobre lo genial que era el color.

—Y lo verás. Mañana. —Michelle sonrió ampliamente. Estaba agradecido de haber escogido a Zachary, Damian no hubiera tomado esa revelación tan bien como él—. ¿Qué piensas hacer cuando termines tus estudios en el internado? —preguntó Michelle de pronto. Una de las diferencias que tuvo con Damian eran sus planes para el futuro. Temía que con Zachary fuera igual.

—Pienso tomármelo con calma —respondió casi en seguida—. Tengo la herencia que me dejó mi padre, así que no estoy tan apurado, pero estaba pensando en invertir ese dinero, hacer algo con él para que dé frutos pero sin matarme trabajando. Todavía no he pensado en cómo lograr eso exactamente.

—¿Invertirlo? —De todas las posibilidades, no pensaba en Zachary como inversionista. Pero analizándolo, debía admitir que calzaba con él, no estaba seguro de la razón—. ¿En qué exactamente? Y dónde...

—No estoy seguro. Invertir en la bolsa es mucho trabajo y es poco confiable. El precio de la materias prima es muy cambiante, puede hacerme millonario o dejarme en la calle en sólo segundos, demasiado riesgo a mi parecer —le comentó a Michelle—. Quiero algo más seguro y que me permita tener tiempo libre. —Pasó su mano por la cintura de Michelle, bajando peligrosamente por su contorno alcanzando el borde de las nalgas—. Sabes..., ahora que no tienes el abrigo cubriéndote desde el cuello hasta las rodillas, te ves muy sensual. Casi provocativo.

Michelle se sonrojó, y pellizcó el costado de Zachary, preocupado de haber sido vistos a pesar de que luchaba en contener una sonrisa. Con Damian aquello no ocurría, siempre era educado en público. Ese tipo de comentario le provocaba un cosquilleo en su estómago.

—Compórtate. Estamos en la calle... ¿Piensas vivir aquí en Canadá?

Soltando una risita, el rubio se sobó el costado. Le hacia gracia que Michelle fuera tan recatado. Tomando en cuenta el padre tan sobreprotector que tenía no le parecía tan raro. Iba a disfrutar mucho corrompiendo a este lindo gatito.

—Estoy en Canadá en contra de mi voluntad —le recordó Zach, habían hablado de eso hace algunos días—. Estaba pensando en volver a Estados Unidos, ver las carreras de economía. —Se encogió de hombros—. Quizás tenga que viajar cuando empiece a hacer inversiones, no obstante por el momento quiero volver a mi tierra.

Michelle respiró hondo. Él también quería ir a América, estudiar allí, tener un hogar allí. Que Zachary quiera volver a Estados Unidos representaba un alivio para él.

—Eso... Es bueno escucharlo —dijo con una contenida emoción.

—Es verdad. Recuerdo que mencionaste que querías estudiar enfermería en Estados Unidos. —Se acordó de pronto—. Quizás podamos vivir juntos mientras estudiamos, suena maravilloso. ¿No crees?

—La verdad, sí. —Finalmente, Michelle esbozó una amplia sonrisa—. Desde hace un tiempo he tenido el sueño de ir allí, estudiar y vivir permanentemente... Tener una linda casa, tal vez una mascota y... —Se detuvo, volteándose hacia Zachary—, alguien con quien compartir cada momento. Pensaba que con Damian no sería posible, él tenía planes muy diferentes pero..., ahora tal vez pueda cumplir los míos.

—Estás describiendo el sueño americano. —Pasó su brazo por el hombro de Michelle—. ¿Qué te gustaría como mascota? ¿Un gato flojo que le guste que le rasquen las orejas? —sugirió, pasando su mano por el lugar donde antes estaban las orejas peludas de Michelle—. Quizás un perro, uno grande, de esos gordos y peludos... ¿Preferirías uno de esos perros chiquitos?

—Creo que un perro... —Michelle se acercó, tanto que sus labios estaban a pocos milímetros de la boca de Zachary—. Un lindo perrito Golden, que sea tan travieso y juguetón como yo..., que esté conmigo y protector...

Por alguna razón, el comentario hizo sonrojar a Zachary.

—Un Golden será. —Besó los labios de Michelle, una sonrisa se le escapó en medio del beso—. Creo que ya hemos planeado nuestro futuro para la próxima década.

—Un muy lindo futuro. —Michelle estiró los brazos, abrazando el cuello de Zachary para un beso un poco más largo—. Espero que no te moleste que parte del desayuno sea panecitos dulces, porque va a ser muy constante —bromeó cuando se separó.

—Sólo si después me dejas bañarte en leche condensada y limpiarte con mi lengua todo el cuerpo. —Movió sus cejas sugestivamente, con una sonrisa ladina, provocadora.

—Me dejarás todo pegajoso después... Vamos —insistió al notar que seguían parados en la calle—. Busquemos un lugar donde dormir... —Michelle se apegó más al rubio—. No sé si los demás se habrán ido pero no me apetece dormir en... —Michelle se detuvo, titubeó y continuó— en... una habitación donde seguro que escucharía a mi papá tener intimidad con Yu. No necesito ese tipo de traumas en mi cabeza... y tengo el presentimiento de que Yu parece el tipo de persona que no es sutil.

—Sí, es de los que gritan mucho durante el sexo —confirmó Zachary sin pena—. También es de esos que les gusta decir cosas mientras lo hacen. —Guió a Michelle por las calles, yendo hacia una zona de bares bastante concurrida.

—¿Cosas? —Michelle sentía que no debía preguntar pero la curiosidad al respecto le carcomía. Jodido Zachary—. ¿Qué tipo de cosas?

—Tú sabes. Ese tipo de cosas vergonzosas que dices cuando estás en la cúspide del placer a punto de tener un orgasmo —dijo, pensando que Michelle entendería de lo que estaba hablando—. A Yu le encanta gritar. "Oh, sí, métela duro". También lo he escuchado cuando dice "La tienes tan grande, párteme en dos".

Michelle se detuvo, y se sonrojó tan profundamente que tuvo que ocultar su rostro con las manos.

—Ya... no digas más... Eso... —No se atrevía mirar a Zachary a la cara—. No es algo que esperé escuchar...

—Estoy seguro de que debes haber dicho algo vergonzoso mientras tenías un intenso orgasmo. —Al no escuchar respuesta de Michelle, se volteó para mirarlo encontrando una adorable expresión de mortificada vergüenza—. Michelle. ¿Alguna vez has tenido un orgasmo que te haya hecho perder la cabeza?

El joven apartó la mirada, más rojo aún.

—Damian y yo quisimos intentarlo una vez pero yo... yo no... Yo no pude. —Trató de controlar sus emociones y mantenerse más tranquilo. Había oído explicaciones detalladas de tío Keso, debería ser capaz de sobrellevar esa conversación pero se tornaba difícil—. Así que..., no sé de lo que hablas exactamente.

—Oh, pastelito, no tienes idea de lo que te espera. —Sonrió el rubio, sus ojos azules brillando pícaros.

Michelle alzó la mano y le cubrió los ojos, haciendo un puchero.

—Espera, Casanova... —Quitó su mano, pero su expresión fue un poco preocupada—. Necesito que lo tomemos con calma, ¿de acuerdo? Tengo un papá gallina y... —La mirada de Michelle fue un poco perdida, recordando aquella noche tan desastrosa con Damian— y quiero que esta vez sea perfecto. No estaba completamente listo en ese momento.

—No te preocupes por eso. No necesito llegar al final para hacerte tener un orgasmo alucinante. —Le aseguró confiado—. Además. ¿Quién dijo que iba a tener mis manos quietas?

No dejó protestar a Michelle. Tomándolo de la mano, lo llevó al interior de uno de los bares que solía frecuentar con Yu cuando salían del internado por un poco de diversión. Uno de los encargados tras la barra lo reconoció, intercambiando unas pocas palabras en francés, y después de darle una aprobadora mirada a Michelle, les hizo una seña a los jóvenes para que subieran al segundo piso donde había un par de habitaciones.

Michelle echó un vistazo alrededor, y más cuando entraron a una de las habitaciones. Era tan sencilla como la del hotel.

—Creía que iríamos al lugar del otro día. —Michelle caminó a la cama, y se dejó caer en ella—. Por tu comentario, imagino que debes tener bastante experiencia en eso de... sexo. —Michelle se apoyó en un brazo para verlo—. ¿Cómo fue tu primera vez?

—François tiene el turno de día. Las noches las tiene libres, sólo puedo usar su lugar cuando él no está —explicó Zach, quitándose la chaqueta y dejándola sobre el respaldo de una silla—. Mi primera vez fue bastante intensa, un trío muy candente, no lo voy a negar.

—¿Un... trío? —De todas las primeras veces que se le pudo ocurrir a Michelle, esa fue la más alejada—. Jamás esperé que... ¿Con quiénes...? —Su ceño se frunció un poco, evidenciando su confusión—. ¿Estuvo Yu involucrado?

—Narcisse y yo nunca hemos tenido sexo —explicó para tranquilizarlo—. No puedo negar que fue él quien me incitó. —Sonrió ante el recuerdo—. Fue un desastre. Imagínate a mí, un virgen con dos mujeres. —Se rió de sí mismo—. No duré ni la primera ronda. Tuve suerte de que no se burlaran de mí, ellas me enseñaron muchos trucos.

Hubo un ligero alivio en Michelle al saber que no hubo nada entre Narcisse y Zach. No estaba seguro de cómo tomarlo de ser el caso; con preocupación, debido a que ahora su papá estaba interesado en Narcisse y no vería con buenos ojos que Zachary lo hubiera tocado antes. Incómodo, debido a la íntima relación que hubieran tenido.

—¿Qué edad tenías, entonces? —Con unos simples movimientos, Michelle se sacó los zapatos y le hizo un gesto a Zachary para que se uniera a él en la cama—. Todas las veces, ¿nunca fue con una novia o novio?

—Tenía quince años cuando hice el trío. —Quitándose los zapatos y las medias, Zachary se acostó en la cama junto a Michelle. Como si fuera una perro, buscó un hueco en el hombro del menor, al acomodarse se acurrucó junto al castaño. Suspiró de gusto—. He tenido varios amoríos. Novios o novias en general, unos pocos.

Michelle giró la cabeza, besando su frente y manteniendo los labios allí.

—Mmh, pues es verdad la frase de "la tercera es la vencida". —Sonrió, y buscó la mano del rubio para entrelazarlas—. Eres el tercer novio que he tenido, contrario a ti... En Japón... —Michelle suspiró—. La mayoría huía de mí porque me enfadaba con ellos, me confundían con una chica cuando se acercaban a ligar. —Frunció el ceño—. Como a ti, hubo uno que también le di una golpiza. Papá me regañó después.

Zach se rió.

—Fue un buen golpe el que me diste. Estuve tres días con el ojo morado. —Estando a la altura de su cuello, se permitió dejar besitos en toda el área—. No puedes culparme, eres demasiado hermoso. Imagino que heredaste eso de tu madre.

—No lo sé, nunca la conocí. No conocí a mis padres reales, solo a mi papá a través de una fotografía. —Si aún fuera gato, Michelle hubiera ronroneado de gusto por los besos—. Y bien exagerado eres, no te golpee tan fuerte...

—Oh, vamos. ¿Cómo puedes decir que no conoces a tu mamá? —Ignoró el último comentario—. Es un poco obvio.

Michelle se alejó lo suficiente para poder ver su rostro.

—No entiendo de qué estás hablando. Mi papá..., eh, Klaus me dijo que ella murió cuando era bebé y por eso él me crió.

Desde su cómoda posición Zach le dio una mirada incrédula a Michelle.

—¿De verdad no te diste cuenta?

—Zach, no seas tan críptico... —Michelle se removió a tal punto que tuvo que incorporarse un poco. Estaba comenzando a ponerse parcialmente nervioso con la mirada del rubio—. ¿Cuenta de qué?

—Angie y tú son idénticos. Ahora no te pareces tanto a ella pero cuando tenías las orejas y los ojos de un gato, bueno... —Se incorporó en la cama para ver a Michelle—. Eran bastante parecidos.

—Oh... —Por instinto Michelle se llevó la mano a su cabeza, al lugar donde sus orejas estuvieron, sin encontrarlas—. Eso lo noté, sí. Pero, es una idea ridícula. —Se rió sin ganas—. Angie luce unos pocos años mayor a nosotros...

—Es verdad, casi parece tu hermana mayor. Una hermana mayor candente. —Recibió el golpe que le dio Michelle sabiendo que lo merecía—. Pero, en serio. ¿No te parece un poco raro? Incluso sin la apariencia gatuna todavía se parecen. Los labios, la forma de los ojos, nariz pequeña.

Michelle no dijo nada enseguida, y en cambio se recostó, observando el techo. No podía negar que Zachary tenía razón: Angie y él compartían rasgos en común, y no habían sido solo los gatunos. Pero, no podía ser posible. ¿Realmente podría tratarse de alguna hermana mayor? ¿Por eso habría ido a...?

—Espera... —Michelle se levantó nuevamente, de golpe, recordando una conversación que había tenido hace semanas con Angie...

"—¿Cómo conociste a papá? No pareces ser alguien de Alemania.

¿Lo dices por mi tono de piel? O quizás sea por mi baja estatura. Sonrió de lado sabiendo que su comentario estaba incomodando a Michelle—. En realidad, sí conocí a Klaus en Alemania. En ese tiempo vivía con Georg Wolfhart.

Michelle dio un vistazo de reojo a su padre. Bárbara lo tenía entretenido con una charla con Gerardo.

Él casi no menciona a ese hombre. No nos habríamos enterado si no fuera porque tío Keso... Espera. Michelle se interrumpió, toda su atención puesta en Angie. Tuvo que verla toda, o hasta donde la mesa le permitía, extrañado—. El abuelo dijo que papá no vivió con ese sujeto desde que era niño, pero tú luces incluso más joven que papá. ¿Qué edad se supone que tienes?

Recuerdo que Klaus era una adorable cosita en ese tiempo comentó, ignorando la pregunta de Michelle—. Tenía esos enormes ojos verdes y apenas me llegaba al pecho."

Angie conocía a su padre desde que éste era un niño pequeño, eso significaba que tenía mucha más edad de la que aparentaba. De pronto, el corazón de Michelle empezó a latir más rápido. ¿Y si tal vez... Angie en realidad pudiera ser...?

—Ella me dijo una vez que conocía a papá desde que era un niño—. —Sus ojos aterrados se dirigieron a Zachary—. ¿Y si en verdad... Y si en verdad ella es mi...? —sacudió la cabeza, como si la idea no terminara de convencerlo—. Pero, no entiendo. Si en verdad fuera mí... madre... ¿por qué me dejaría con Klaus? Es decir..., supe que ella trabaja de cortesana pero, podría dejarlo y...

—¿Angie es una prosti..., digo, una cortesana? —preguntó sorprendido Zachary—. Supongo que eso explica ese aire erótico que tiene —murmuró para sí mismo—. Pero si es una cortesana como tú dices, sabemos porqué te dejó con Klaus. Ninguna mujer con ese oficio querría que su hijo creciera en ese ambiente.

—Pero... Podría dejarlo y... no me hubiera dejado. —Los hombros de Michelle decayeron. Era difícil para él concebir que una madre pudiera abandonar a un hijo, no importaba las circunstancias. No, no podía empezar a hacerse ideas. Necesitaba preguntarle a su padre. Necesitaba hablar con Angie—. No sé cómo encontrarla... —Se dio cuenta—. Nunca me dijo dónde trabaja o dónde vive, y no sé si mi padre sepa. Él decía que Angie muy pocas veces aparecía, como si no supiera dónde encontrarla. —Michelle suspiró. Ni siquiera le había pedido un número a Levoch aquella vez que llamó.

Zach no sabía si hablar de esto con Michelle, se daba cuenta de la poca experiencia que tenía el joven en tantos aspectos. Quizás fuera la sobreprotección de Klaus o quizás era simplemente por la forma en que vivía en Japón, pero pensó que si el castaño estaba dispuesto a embarcarse en busca a Angie debería saber un par de cosas.

—Michelle, quizás ella no puede dejarlo —dijo tentativamente—. A veces, cuando salgo con Yu del internado, hablamos con las chicas de los bares. Ellas nos cuentan de sus experiencias, trabajos anteriores, no todos los establecimientos son buenos. Algunos son bastante horridos, y los que trabajan en ese ambiente no lo hacen por voluntad propia. ¿Comprendes lo que quiero decir?

—¿Estás...? —Michelle recordó la noche en que Angie llegó y como al día siguiente descubrió los feos moretones en su rostro, la renuencia de Levoch y ella en contarle algo más respecto al trabajo de Angie, respecto al bar en general, la vez que ella mencionó lo imposible que era tan solo irse de allí. Estaba haciendo un esfuerzo de captar el posible horror que se podría vivir en un ambiente así pero... ¿era tanto...?

—Lo... comprendo. —Se pasó una mano por si frente, de pronto sintiendo un punto de dolor en su cabeza y se recostó de lado en la cama—. Es solo que... es un poco difícil de creer que alguien pueda vivir de esa forma y no simplemente... escapar. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué no solo huir lejos?

Zach se sintió mal por hacer pensar a Michelle en ese tipo de cosas. Él debería seguir viviendo en un mundo rosa, con la familia amorosa que ya tenía, sin tener consciencia de los horrores que algunas persona podían pasar... Lamentablemente, con Angie involucrada, eso no iba a poder ser.

—Quizás no puede huir. La única razón que se me ocurre es que tenga una deuda muy grande. No sería la primera cortesana en caer en una deuda imposible de pagar y vende su cuerpo a cambio.

Michelle lanzó un largo suspiro. Había mucho que quería saber respecto a Angie, pero sin que ella estuviera cerca para preguntarle, iba a quedarse con todas las interrogantes en su cabeza. No tenía la plena seguridad de que su padre le contara todo.

—No merece una vida así... Es buena persona. Ha ayudado a papá muchas veces, me ayudó con Damian... y... —Michelle se frotó los ojos. La idea aún le causaba conflicto—. y ella podría ser mi madre. Ni siquiera sé cómo sentirme al respecto.

—¿Tu papá mantiene contacto con ella? —preguntó Zach, volviendo a recostarse en la cama, está vez era él quien envolvía a Michelle en sus brazos.

—Mi papá dijo que ella solía desaparecer por largos periodos de tiempo —dijo mientras se acurrucaba más cerca, sus labios buscaron el cuello de Zachary, que besó y se mantuvo en esa posición un momento—. Cuando era niño, luego parece que estuvo presente el tiempo en que Japón estaba en guerra con los americanos, y esta fue la tercera vez... Contactar con ella será difícil.

—Seguramente, pero si tu padre en verdad se preocupa por ella entonces debe haberle enviado cartas. ¿No?

—Cartas... —Michelle lo pensó un instante.

Klaus compartió correspondencia e el pasado, lo recordaba enviar cartas y recibirlas, pero ninguno de los jóvenes se acercó a fisgonear el destinatario ni menos el contenido. Supo que era algo muy usual con Kanya hasta que se instalaron las líneas telefónicas y solo llegaban paquetes de regalos que el tailandés mandaba, pero... su padre mandaba y recibía más cartas. ¿Podrían ser de Angie?

—Creo que sí. Pero, no estoy seguro. Debo regresar a Japón y buscar donde papá guardaba la correspondencia que recibía.

Regresar a Japón.

Michelle se apretó mucho más a Zachary.

—Ojalá no tuviera que regresar tan pronto...

—No te preocupes por eso. Seguiremos viéndonos, también podemos llamarnos por teléfono y dentro de poco serán las vacaciones de pascua. —Se incorporó para darle un beso a Michelle en los labios—. ¿Qué dices si ahora te hago ver estrellas?

—¿Ver las estrellas? —Michelle tragó en seco—. Imagino que no tiene que ver con ir a la azotea y acostarse bajo el cielo... —Pasó una mano por el pecho del rubio, y luego abrazó su cuello—. Demuéstrame cómo es.

—Primero, debes estar relajado. —Volvió a besar a Michelle, pero este beso era diferente a los otros que se habían dado hasta ahora: con su lengua, Zachary estaba incitando a Michelle a que se dejara llevar, estaba enfocado en hacerlo gemir y derretirse entre sus dedos creando una necesidad de más—. Te aseguro que disfrutarás de lo que te voy a hacer —prometió con una sonrisa confiada.

—Puedo confiar que sí. —Michelle sonrió, comenzando a desabotonar la camisa de Zachary con una mano—. O creeré que eres un pésimo aprendiz y no aprendiste nada de aquellas mujeres que mencionaste. —Buscó un nuevo beso de Zachary, incapaz de resistirse—. Es tu turno de enseñarme todo lo que sabes.

Zachary apartó a medias la ropa de Michelle, dejando al descubierto su pecho. Torturó los pequeños pezones con besos y mordidas mientras sus manos desabrochaban los pantalones. Cuando sus manos se adentraron en el pantalón del castaño, notó la extraña ropa interior.

—¿Qué es esto? —preguntó bastante curioso. Le bajó el pantalón hasta las rodillas para ver mejor. Era una tela blanca enrollada a la altura de la cadera, cubriendo apenas el pene semi erecto del castaño. Zach arqueó burlonamente las cejas al ver las nalgas del menor expuesta con esa diminuta ropa interior.

Puede que Michelle no quisiera sentirse avergonzado, pero su rostro caliente evidenciaba otro estado anímico.

—P-pues ¿acaso nunca has visto un fundoshi? —dijo, con toda la dignidad que podía tomar—. Es una pieza de ropa muy usada en Japón. Todo en casa lo usan... Bueno, excepto mi abuelo y mi papá. —Muchas veces había visto a tío Keso cuando se cambiaba de ropa, pero Klaus y Vladimir nunca mostraron interés en usarlo—. Siempre lo he usado debido a mi cola...

Apoyando las piernas del menor contra su pecho, Zachary terminó de sacarle los pantalones. Desde ese ángulo podía apreciar las nalgas desnudas y como la tela pasaba entre los cachetes de Michelle.

—Pues no, nunca había visto uno pero te puedo asegurar que luces muy bien usando "fujoshi".

—Fun... Fundoshi —corrigió Michelle. Tomó la mano de Zachary, guiándolo para que tocara la tela y su piel—. Es muy cómodo. Se ve un poco complicada de usar, pero estoy seguro de que no se ve tan conservadora como esos calzones que se colocan otros... —Michelle trató de sonreír—. Dijiste que tu internado es católico, ¿no? Apuesto que se horrorizarían con ver esto.

—Si fuera por ellos nos tendrían usando sotanas —dijo el rubio, burlándose. Separó las piernas del joven, teniendo una completa vista de su pene que comenzaba a sobresalir del fundoshi. Se relamió los labios con deleite. Definitivamente era una prenda erótica que incitaba al pecado.

Inclinándose entre las piernas de Michelle, lamió su erección por encima de la tela, sus manos masajeando los testículos que sobresalían de la misma. Los ojos de Michelle se cerraron, invadido por un conocido cosquilleo tan placentero que deseó saborearlo lentamente. Enterró sus dedos en la cabellera del rubio, desordenando los mechones, manteniendo las piernas abiertas para dar más espacio a Zachary.

—Zach..., oh Dios... —Todo su cuerpo empezaba a sentirse caliente, tenía la necesidad de quitar la tela de por medio y sentir la humedad de la boca de Zach directo en tan sensible piel.

Hizo a un lado la tela que cubría el pene erecto de su pareja, admiró la forma de los testículos, como dos duraznos, tersos al tacto, la punta del pene cubierta por el prepucio, se relamió los labios ansioso.

—Quiero oírte gemir. —Zach pasó la lengua por toda la longitud del miembro y jugueteó con la punta poniendo al descubierto el glande antes de cubrirlo con los labios como si se tratase de un caramelo.

Michelle le complació, un largo gemido escapando de su garganta. El agarre en los cabellos de Zachary se apretó, luego trató de controlarse y aflojar temiendo causarle daño, en cambio la otra mano tomó en puño las sábanas, su cuerpo arqueado hacia el joven sobre él buscando más.

Abrió los ojos y, movido por una lujuriosa curiosidad, bajó la cabeza para ver lo que hacía el rubio. Enseguida se dio cuenta que era un error, pues ver como Zachary devoraba su pene le enviaba toda una corriente que solo causaba estuviera más duro.

—Zachary... —El nombre salió tembloroso de su boca, víctima de todas las sensaciones en su cuerpo—, es tan... caliente.

Zachary se las arregló para sonreír con la erección de Michelle metida hasta la garganta. Poniendo más ímpetu en el movimiento de su cabeza, fue recompensado con un revelador gemido profundo seguido de una respiración audible. Delicioso.

Una de sus manos masajeaba con cuidado los testículos mientas con la otra tanteaba el pirineo y la virgen entrada sin penetrarla, tan sólo masajeando el lugar haciendo que Michelle moviera su cadera. El castaño estaba volviéndose loco. No sabía qué estaba haciendo exactamente Zachary con su cuerpo, pero los sutiles toques y su erección en su boca lo llevaba al límite. Y hubo algo, algo que Zach hacía causando que viera puntos blancos, que provocaba temblores en su cuerpo e inconscientemente se moviera buscando más.

—D-deja de hacerlo... —Las sensaciones eran completamente nuevas para él, y no era nada parecido a lo que imaginó según las palabras de Kenshi—. N-no sé, yo... Creo que necesito explotar. —No podía pensar bien en cómo lo llamó Kenshi, solo en la descripción de "hacer explosión". Porque era como se sentía; la excitación era tal que necesitaba liberarla.

—Explota en mi boca —instruyó, el rubio trabajó la base con una mano mientras succionaba con más agresividad y moldeaba el escroto con algo de rudeza, llevando a Michelle al límite.

Michelle quiso soportar un poco más, respirando hondo pero nada de eso funcionó. No con los toques de Zachary, no con cada chupada que hiciera, pronto Michelle solo se dejó llevar y... explotó. En un grito, con su cuerpo arqueado y los ojos fuertemente cerrados, Michelle empezó a ver estrellas bajo el techo. Un intenso placer le acometió de pies a cabeza, un sentimiento exquisito que era difícil de explicar, en tanto se corría en la boca del americano. Cayó en la cama, jadeante, el cuerpo laxo como nunca antes estuvo y la cabeza embotada.

No estaba seguro de qué sucedió, pero se sintió increíble.

—¿Qué... fue eso?

Después de tragar el semen de Michelle se relamió los labios juguetonamente, disfrutando del desastre tembloroso que era el castaño y eso que ni siquiera había llegado a estimular su próstata adecuadamente, apenas un toque superficial desde el pirineo y una suave caricia a su entrada.

—¿Tocaste las estrellas? —preguntó con una sonrisa orgullosa.

—Eso creo... —Michelle finalmente abrió los ojos, apartando con su mano unos mechones de cabello que se pegaron a su frente algo sudorosa—. Fue tan... maravilloso—. Buscaba normalizar su respiración, tomando bocanadas profundas. Se humedeció los labios, y bajó la mirada hacia Zachary otra vez. Sus ojos estaban entrecerrados, los labios húmedos y las mejillas rojas—. Pero... ¿y tú?

—¿Qué? —pinchó divertido—. ¿Quieres intentar hacerme una mamada también?

Michelle lo pensó, se removió para juntar sus piernas como si fuera a apoyarse en ellas para sentarse, pero en cambio se recostó.

—No, solo intentaba ser educado. Tendrás que convencerme si quieres que lo haga —dijo, sonriendo.

—Oh, eres cruel. —Hizo un gesto dramático, desplomándose sobre el vientre de Michelle—. Hacerme rogar por un poco de atención. Eres malévolo. —Giró levemente, dejando evidente la erección aprisionada en su pantalón.

—Sí. Soy muy malo... —Riéndose, se incorporó lo suficiente para poder alcanzar los labios de Zachary.

El beso continuó, Michelle moviéndose hasta colocarse a horcajadas sobre Zach. Con su mente más enfocada, pudo hacer memoria en la charla de tío Keso y lo que quería era que Zachary le acompañara a tocar las estrellas también.

Acabó por sacar los botones de los ojales y abrir su camisa, permitiéndole hacer un recorrido desde sus labios, su garganta, clavícula y pecho, distrayéndose con un pezón en tanto su mano frotaba la erección por sobre la tela del pantalón.

—Muy malo—. Sonrió antes de morder sutilmente su costado.

—Ou. —Zach se removió con una sonrisa, satisfecho con que Michelle lo marcara con sus dientes—. Niño travieso —murmuró, sintiendo la deliciosa presión en su pene pero no era suficiente y así se lo hizo saber a su pareja—. Mich, tócame más.

Michelle no accedió tan pronto, sus manos desabrocharon y bajaron la bragueta para liberar la dura erección de Zachary con calma, acariciando todo lo largo mientras siguió dejando besos por su pecho, torso hasta finalmente detenerse frente al miembro. Se acomodó mejor, buscando una postura más cómoda, y con su lengua rodeó el glande, probando, sus ojos cerrados por un momento, lamiendo toda la extensión y metiendo luego todo en su boca.

—Oh, sí... Eso...eso se siente bien. —Metió su mano en los suaves mechones de cabello castaño—. Usa más tu lengua. Ow, ow.. —Apretó el cabello de Michelle entre sus dedos—. Cuidado por los dientes.

El joven quiso intentar abarcar toda la erección de Zachary en su boca, pero cuando lo hizo, sintió unas ligeras arcadas y tuvo que retroceder un poco. Se enfocó, en cambio, en hacer a Zachary al igual que lo hizo con él; bombeó con su boca el erecto pene ayudándose de una mano, dando atención con la otra los testículos. Sus ojos se alzaron, buscando el rostro del rubio y sus reacciones.

—Lo haces muy bien —alabó Zachary, bajando la cabeza. Cuando sus ojos conectaron, fue como si una corriente eléctrica le recorriera todo el cuerpo, comenzando desde la base de su vientre hasta la punta de los dedos.

Al mismo tiempo, el corazón de Michelle latió muy rápido y no pudo apartar la mirada de Zachary, siguió chupando, lamiendo la erección, su mano amasando y pellizcando las bolas, apenas apartaba la mirada, como si quisiera mantenerla siempre en Zachary mientras tuviera su pene en su boca. Cuando lo sintió tensarse y correrse en unos minutos, Michelle trató de recibir la corrida en su boca, parte de esta derramándose de sus labios.

Michelle recostó la cabeza en el vientre de Zachary, sintiéndolo respirar.

—Acabó la travesura —dijo en un susurro bajo.

—Para ser un niño virgen lo hiciste bien, demasiado bien. —Logró decir Zachary apenas logró recobran un poco el aliento—. ¿Será que estuviste practicando por tu cuenta para hacérselo al chico alemán?

Michelle, quien había cerrado los ojos, los volvió a abrir otra vez, fijándolo en la pared al lado de la cama. Estuvo callado un minuto, se incorporó y gateó hasta llegar a la altura del rostro de Zachary, inclinándose solo para dejar un beso en su mejilla. Entonces se recostó en su hombro, muy cerca de su cuello, y suspiró.

—Extraño tu olor —respondió en cambio, ignorando su pregunta. Sus ojos se cerraron otra vez—. Tu olor natural... Era muy relajante.

—Yo extraño tus orejas. —Tocó la zona donde antes estaban—. Te veías adorable. —Luego bajó la mano por su espalda hasta el comienzo de las nalgas donde antes estaba la cola—. También me hubiera gustado jugar un poco más con tu cola.

—Lo sé... Tal vez... —Michelle se apretó más, casi como si quisiera fusionarse en uno con Zachary—. Tal vez debí esperar un poco más. Me hubiera gustado unas últimas caricias antes de... —Fuera de su familia, Minegishi había sido el único en atreverse a tocar sus orejas y cola. Otra razón para haber notado que Damian no era el indicado para él, se dijo—. Pero no importa ya. Aparte de eso, estoy... —Un bostezo ligero le interrumpió—. Feliz de poder salir sin tener que cubrirme.

—Supongo que es como quitarse un peso de encima —comentó mientras bostezaba, suspiró de felicidad al sentir a Michelle tan pegado a su cuerpo—. Michelle...

—¿Sí? —cuestionó el menor, más dormido que despierto pero aún consciente. Buscó una postura más cómoda, aunque un ligero pensamiento cruzó su mente—. ¿Estoy incomodándote? —inquirió, apenas logrando abrir sus ojos en rendijas.

—Para nada. —Le dio un casto beso en los labios—. Tan sólo quería decirte que te quiero.

Michelle abrió un poco más sus ojos, y miró a Zachary. Le sonrió pasado unos segundos.

—Y yo a ti. —Volvió a apretarse a su cuerpo, los párpados cerrados—. Estás siendo lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo... Te quiero. —Si Zachary le respondió, Michelle no pudo escucharlo. Todo el sopor y el cansancio finalmente le vencieron hasta dejarlo dormido.

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En el hotel en que el grupo se quedaba, Yu apenas se controló lo suficiente para no saltar sobre Klaus en pleno pasillo. Pero en el siguiente instante en que entraron y la puerta se cerró, lo hizo, besándolo como si no hubiera un mañana, apartando sin consideración cada mísera prenda de ropa que llevaba encima. ¿Por qué siempre traía tanta ropa? En un principio Yu se entusiasmaba, era como quitar la envoltura de un ansiado regalo, pero era de paciencia muy corta y ya estaba frustrado de tener, cada vez que se veían, de sacar una prenda tras otra.

—Por Dios, me haces rogar —gruñó en tanto besaba, lamia y mordía su cuello—. ¿Por qué traes tanta maldita ropa?

—Soy sensible al frío. —Logró decir Klaus con voz temblorosa. Yu era un experto en tocar todos sus puntos buenos aún por sobre la ropa, pero no, tenía que controlarse, había arrastrado al joven al cuarto para poder hablar apropiadamente—. !Espera! —Cuando Narcisse estuvo a punto de sacarle la camisa de manga larga, logró apartarse, en un segundo había logrado quitarle el sobre todo, la bufanda, el suéter y su pantalón estaba a medio desabrochar—. Necesitamos hablar.

—¿Hablar? —Yu parpadeó, se veía rotundamente confundido—. ¿Te excita hablar durante el sexo? Suena aburrido... —dijo, haciendo una mueca, y avanzó hacia Klaus. —Follar es una actividad mucho más interesante. —Sonrió ladino. —Cuantas cosas podemos comunicarnos a través de una buena follada...

—No las suficientes. —Atajó a Yu tomando ambos brazos y lo guió al borde de la cama mientras que Klaus se sentaba a su lado—. Mañana me voy —dijo de pronto el alemán. Se sentía bastante consternado por eso pero no podía seguir ignorando sus obligaciones en Japón.

—Exacto. Mañana te vas, mas razón aun para follar un poco—. Yu frunció el ceño, un poco molesto porque tuvieran que "hablar"—. ¿Por qué quieres hablar?

—Porque quiero saber más de ti. Follar es genial, lo admito, pero eres mi tesoro. Quiero saber todo sobre ti. —Acarició los brazos de Narcisse hasta coger las manos más pequeñas entre las suyas—. Trataré de venir a Canadá cada vez que pueda, también puedo llamarte con frecuencia. En Japón logramos que instalaran un teléfono.

Narcisse le miraba aburrido. No entendía por qué Klaus quería saber más de él. Era información innecesaria, pero aparentemente Klaus quería saberlo. Puede que si lo supiera, eso le haría dejar de fastidiar y pudieran tener acción más interesante.

—Me llamo Narcisse Boucher. Tengo dieciséis años y nací un trece de mayo en Quebec. —Yu empujó las manos de Klaus, impulsándose para poder encimarse en el alemán—. Me gustan los colores brillantes y odio el color marrón. Tengo alergias hacia el polen y el pelo de animal, me gustan las aves pero odio los tucanes. —Comenzó a sacar la camisa de Klaus al tiempo que frotaba sus pelvis—. Mi postre favorito son las trufas y mi deporte preferido... follar. Así que, discúlpame, pero haré ejercicio justo ahora —declaró, se inclinó y comenzó a devorar los labios de Klaus en un ardiente beso.

El alemán se distrajo por un momento con los besos y las caricias. Aunque le gustaba saber todas esas cosas de Narcisse, no se estaba refiriendo a eso exactamente. Una relación no sólo se basaba en sexo, no podía negar que era delicioso pero tanto él como el dragón querían más. Lo querían todo de Narcisse, no sólo su cuerpo.

Logrando parar las manos de Narcisse antes de que sacara su pene de sus pantalones, lo miró seriamente, al menos todo lo serio que podía con los labios hinchados y las mejillas rojas, sin mencionar las pupilas dilatadas por el deseo.

—Me gusta saber todo eso, pero no es a lo que me refería. Si vamos a tener una relación no quiero que sólo se trate de sexo.

Con un quejido, Narcisse se apartó de encima, se sentó a un lado y miró a Klaus como si hubiera hablado en un idioma incomprensible para él.

—No entiendo. Ya hablamos. Follamos. ¿Qué más quieres?

—A ti. —Acarició la mejilla de Narcisse con delicadeza—. Quiero todo de ti, no sólo tu cuerpo.

—Ah... —Narcisse apartó la mirada, los ojos en blanco, en tanto se levantaba de la cama—. No me digas que eres de esos aburridos romanticones como lo es Zachary. Se molesta porque le cuestioné si ya se folló al gatito y solo responde que no quiere solo follar. ¿Qué hay de divertido en eso?

—No se trata sólo de diversión, se trata de amor. —¿Zachary? ¿Estaba hablando del rubio que estaba demasiado cerca de su cachorro? ¿Estaba intentando acostarse con Michelle? Tendría que cuestionar al castaño después, en este momento tenía que enfocarse en Narcisse, en su tesoro que se estaba alejando—. Yo...nosotros te amamos.

—Y yo te amo a ti, por eso follamos —respondió, como si fuera obvio, frustrado. Su paciencia no era mucha, pero Yu hacia un esfuerzo por contenerla un poco más—. No necesitamos más.

—¿De verdad nos amas? A mi y a Feyn ¿Nos amas? —preguntó con un tono ansioso en la voz, si bien seguía teniendo ciertas diferencias con el dragón quería que Yu los aceptara a ambos.

—Por supuesto. —Yu sonrió condescendiente, volviendo a acercarse a Klaus y tomando su rostro entre sus manos—. Todo mi cuerpo se llena de amor cuando te veo que me marea.

Klaus sonrió estúpidamente, su pecho desbordante de felicidad por las palabras de Narcisse. Los amaba a ambos por igual y eso le daba tranquilidad. Ronroneando, inclinó su cabeza hasta descansar su frente en el hombro del joven, sus brazos rodearon su cintura acercándolo a su cuerpo.

—Quiero hacerte el amor.

—¿Necesitabas que dijera todo eso para poder follar? —Yu lo besó una, otra vez, subiendo a su regazo otra vez—. Otros tipos no necesitaban que dijera que los amara para follar, ya lo sabían. —Sus labios se deslizaron por su rostro, las manos ocupadas en liberar el pene de Klaus del pantalón.

—Yo no soy otros tipos. Soy tu pareja —dijo que Narcisse se acostara en la cama, ubicándose encima de su cuerpo para adorarlo apropiadamente, con besos lentos y caricias suaves.

Yu estaba desconcertado, se notaba en su ceño fruncido. No es que le molestara los avances de Klaus...

Error. Sí, le molestaban. Eran demasiado lentos, sutiles, demasiado delicados. Su cuerpo estaba acostumbrado a otro tipo de acción; fuertes, rudos, enérgicos y duros.

—Klaus..., estás matando mi amor —dijo Yu, su mirada dirigiéndose un momento al techo.

—No es necesario que lo hagamos como un par de animales en celo todas las veces. —Logró decir con la boca ocupada en los pezones de Narcisse mientras sus manos acariciaban sobre la ropa. —Tenemos toda la noche. Podemos tomarnos nuestro tiempo.

—Escucha... —Narcisse suspiró, tomando la cara de Klaus con una mano para que dejara lo que estaba haciendo—. No estoy sintiendo amor de esa manera. Quiero que seas rudo, siempre. Si quisiera hacer sexo vainilla, buscaría una mujer... —como si se le hubiera ocurrido algo, Yu sonrió poco a poco—. Ya sé. Puedo ir por unos amigos. —La mano que sujetaba la cara de Klaus comenzó a acariciar su mejilla. —Me está provocando una fiesta de cuatro, ¿qué dices? —Yu ladeó la cabeza, sus piernas se movieron para anclarse a la cintura de Klaus, con sus pies acarició el contorno del culo del alemán. —Me prende imaginar ver como un tipo te folla mientras me la chupas. Sé que te gustará, anímate.

La sola idea de que otro tipo se acercara remotamente a su trasero mato cualquier tipo de deseo en Klaus, sin mencionar lo desagradable que era escuchar otras personas tocando a su tesoro. Ya se volvía loco con la idea de que alguien se le acercara, mucho ni hablar de que tuvieran sexo con Narcisse estando él presente.

—¿Te has vuelto loco? —Klaus en seguida se separó de Narcisse, mirándolo entre horrorizado y enojado—. ¿Por qué querría tener a uno o varios desconocidos en la cama cuando te tengo a ti?

—Para follar y disfrutar, obviamente. —Narcisse ladeó la cabeza, confundido con su negativa. —Para amarnos todos. ¿Acaso nunca lo has hecho? Klaus, no seas tan aguafiestas —Se incorporó, frustrado. Debía de haber transcurrido una hora, y sentía más eterno ese momento. ¿Por qué tenía que ser tan problemático este sujeto?—Dijiste que sentías amor por mí, y yo siento amor por ti. ¿No sientes amor también por otros?

El alemán simplemente no podía concebir lo que Narcisse estaba expresando con tanta naturalidad. Él no era amigable con los extraños, a las únicas personas que amaba era a su manada. A pesar de que estaban hablando de amor, parecía que Narcisse no terminaba de comprender lo que intentaba decirle.

—No quiero a nadie más. Sólo te quiero a ti.

—Pero es demasiado aburrido hacerlo siempre con la misma persona todo el tiempo. —Narcisse se inclinó hacia atrás, apoyando las manos a su espalda y giró el rostro a la ventana—. Ya deja de provocarme amor. Así sucedió con varios chicos los últimos años, y un hombre hace unos meses. Mi cuerpo ya no sentía amor y solo me causaba fastidio. Dejé de verlos hace mucho. —Aunque no volteó el rostro, sus ojos volvieron a Klaus—. ¿Cómo le haces para mantenerlo?

Esta vez Klaus arqueó una ceja. Comenzaba a comprender cuál era el problema: Narcisse estaba confundiendo excitación con amor.

—Yu... —Caminó hasta Narcisse, acariciando su mejilla suavemente—. Estás confundiendo términos. lo que estás describiendo es mera excitación, una respuesta física cuando encuentras a una persona atractiva. El amor es mucho más.

—No entiendo. —Y su expresión lo decía. Estaba confundido, ladeando un poco la cabeza, tratando de comprender lo que decía Klaus—. Estás dándome amor cuando follamos. Todos lo hacen —Se encogió de hombros.

Definitivamente este chico tiene una percepción extraña, le preocupaba que pensara de esa manera.

—No es lo mismo. Una persona que te ama, amor verdadero, no te folla. Una persona que de verdad te ama se preocupa por ti, te cuida, te abraza y besa con cariño y cuando por fin se unen en cuerpo y alma es maravilloso. No tiene comparación.

—¿Y tú quieres eso? —preguntó, observándolo extrañado.

—¡Por supuesto! Quiero todo eso y más, contigo. Sólo contigo. —Hizo énfasis en eso.

Yu hizo una mueca extraña, como si le diera ternura las palabras de Klaus y al mismo tiempo le molestaban. Estuvo en silencio un minuto, se rascó un punto en su cabeza al tiempo que echó una mirada a la ventana y regresó su atención a Klaus.

—Bien... Podemos hacer eso —dijo, asintiendo, pero notó la emoción de Klaus menguando cuando añadió—. Pero no me pidas hacer lo mismo contigo. Si quieres que estemos solo los dos como ahora, muy tu problema, pero yo necesito seguir comiendo de otras frutas—. Yu se encogió de hombros, su ceño un poco fruncido—. Ten el consuelo de que solo es sexo.

—Así no es como funciona una relación, estás o no estás comprometido. ¡Odio la simple idea de que otros te toquen! —Klaus trató de contenerse para no soltar un gruñido que pudiera asustar a Narcisse, aunque teniendo en cuenta lo frívolo de su actitud dudaba de que el joven si quiera se inmutara.

—Lo siento. No sé cómo estar en algo así. —Narcisse se recostó más cómodo en la cama, los brazos cruzados tras su cabeza—. Toda mi vida me he mantenido con uno y varios, y no voy a renunciar a eso por un romántico empedernido. —Sonrió, estirando los brazos—. ¿Para qué estar con uno cuando puedo estar con todos? O... —dijo, sonando igual a como si hubiera recordado algo—. Puedes ser como mi amado Adrián. —Yu suspiró, encantado—. Adrián ha estado conmigo desde que era pequeño. Él hace todo eso que dijiste. Me cuida, me quiere, se preocupa por mí, y follamos también, pero Adrián no le importa con cuántos otros folle.

Klaus tomó nota mental para estrangular a ese tal Adrián.

—¿Quién es Adrián? —preguntó con los dientes apretados y los brazos cruzados sobre su pecho.

—Mi mayordomo. —Despreocupado, Narcisse seguía sonriendo cuando miró a Klaus—. Él es quien ha cuidado de mí siempre. Ahora estará en casa atendiendo a Silvain... —Un ligero disgusto apareció en su rostro cuando aclaró. —Silvain es mi padre. Pero es Adrián quien siempre está conmigo cuando no estoy en el internado.

Sintiendo que le estaba dando un tic en la ceja, el alemán se sentó en la cama, intentando tranquilizarse.

—Sexo con un mayordomo —murmuró con desagrado. Entre los celos y el enojo que sentía por toda la situación, logró captar algo importante en las palabras de Narcisse—. Llamas a tu padre por su nombre de pila.

—Sí. Es su nombre —dijo con un tono de obviedad. Quiso enfocarse en lo demás que dijo el alemán—. Adrián solo cumple mis deseos, él ha disfrutado y siente amor también. No hacemos nada malo.

Evidentemente era un tema delicado dada la agresividad con la que contestó. Klaus quería indagar un poco más pero que siguiera hablando del tal Adrián lo molestaba.

—Discrepo contigo. Si realmente hiciera su trabajo se limitaría a velar por ti, no aprovecharse de tu cuerpo.

—Adrián no se aprovecha, él me quiere y yo lo quiero a él. Pero ya es suficiente. —Yu se incorporó, dando pequeños saltos hasta llegar al borde de la cama—. ¿Vamos a follar, o no? Ya he perdido mucho tiempo y solo estamos hablando.

Perder tiempo. Hablar sobre ellos mismo no era perder tiempo, era conocerse como pareja pero Narcisse no lo veía de esa manera, él sólo quería follar sin importar los sentimientos implicados. Celoso y con una creciente angustia en el pecho, Klaus optó por mandar el sexo vainilla a la mierda, se sentía demasiado inquieto para tomarse las cosas con calma.


CONTINUARÁ...

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