CAPÍTULO 22

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Por algunos días no hubo ninguna actividad que indicara alguien se estaba llevando las cosas en la Casa Feudal. No obstante, Kenshi seguía sintiendo los lapsos de lagunas mentales. Pero las cosas seguían desapareciendo... de otra forma. Cuando buscó una manta, una joven le dijo que él se la había llevado horas antes, mismas horas que no recordaba nada. Descubrió que Suoh había encontrado otra manera de llevarse las cosas sin provocar un escándalo en sus trabajadores.

Vladimir en cambio no estaba notando los momentos en que Vahlok tomaba el control de su cuerpo. Fue el mismo Kenshi que se dio cuenta cuando encontró al dragón escondiendo otro suéter en el escritorio de la oficina del Señor Feudal. Vahlok astutamente se retrajo dejando a Vladimir lidiar con la laguna mental.

Kenshi se cruzó de brazos, enarcando una ceja.

—Vladimir, ¡se supone que no debas apoyar a Suoh! ¡Le estás ayudando a llevarse cosas! —Entrecerró los ojos—. Si descubro que por tu culpa se llevó la manta de mi madre...

—¿Qué? —El ruso, confundido, miró el suéter y luego a Kenshi—. ¡No fui yo! —Se defendió, sus mejillas enrojecieron—. ¡Salí del laboratorio para buscar un libro que dejé en la recámara!

—Y ese libro se convirtió en un suéter. —Hizo un gesto a la acusadora prenda que todavía estaba en manos de Volsk—. ¿Quieres explicarme entonces qué haces guardándolo en mi cajón de mi escritorio de mi oficina? ¿Escondiéndolo de Suoh? —ironizó.

—¡Ya te dije que no fui yo! Además, te he estado abrazando todas las noches para evitar que Suoh salga a deambular por ahí. —Se amarró el suéter a la cadera, también cerró el cajón donde al parecer iba a esconder el suéter.

—¿Y? —cruzó sus brazos, testarudo—. Vladimir, si no fuiste tú, solo queda alguien más que podría. ¡Las lagartijas se han confabulado! —explotó finalmente, abriendo los brazos mientras caminaba de un lado a otro—. Ya, en definitiva, le voy a decir a Jim que nos encierre durante las noches, y en ese lapso vamos a hablar seriamente de qué está pasando, toda la ropa cálida se ha ido y no tengo idea de a dónde va a parar, apenas—

Vladimir suspiró. Kenshi estaba entrando en su modo dramático, para estos casos sólo quedaba una cosa por hacer...

Con movimientos rápidos, apresó a Kenshi entre sus brazos y le dio un beso largo, cortando sus palabras de golpe; alargó el beso hasta que se quedaron sin aire y Kenshi ya no tuvo la capacidad de razonar. Un método bastante efectivo si le preguntaban.

Al separarse, Kenshi tuvo que apoyar sus manos en Vladimir por la debilidad en sus piernas. Odiaba que Volsk hiciera eso cuando estaba quejándose, lo volvía una completa masa. Gruñó.

—Ya entendí. Eso no quita que no me guste la situación... —Alzó la vista—. Bien, ¿entonces? ¿Dejamos que se lleven todo y ya? No es una opción. Claramente se han confabulado entre ellos. ¿Cómo es que no te diste cuenta?

El pelinegro se encogió de hombros.

—Vahlok toma el control bastante seguido. A veces va a volar o simplemente sale a calentar sus escamas. No tenía idea de que se confabuló con Suoh para robar cosas.

Kenshi negó, frotándose el puente de la nariz.

—Esto no puede estar pasando —declaró—. Tú, trata de controlarte, es suficiente con que uno de los dos tenga un dragón enloquecido —gruñó, recuperando el suéter y regresándolo a la habitación.

Salvo que nada de eso funcionaba para controlar a los dragones.

Kenshi prefirió enfocarse en la llegada de la primavera, sería el próximo día. Logró acabar todos sus pendientes y al menos tener el tiempo para planear un pequeño picnic con Vladimir. Hubiera preferido que estuvieran los niños pero..., pensó que dado no estarían ahí, pudiera ser un buen momento para tener más tiempo con su esposo. Lo que le dijo Vahlok respecto a estarlos evitando le preocupaba, en parte no podía evitar echarle la culpa a Suoh también. Estúpida lagartija, siempre dándole problemas.

Solo que aquella noche, Suoh despertó luego de que todos se fueran a dormir. Se removió, esta vez sin importarle causar que el dragón o el ruso se despertaran. Era hora.

Vahlok fue el que despertó. Dando un gran bostezo, miró ceñudo a Suoh.

Creí que ya habíamos terminado con esto de hurtar cosas durante la noche —dijo mientras se rascaba el ojo derecho—. Sé que te prometí ese otro suéter pero me descubrieron. Mañana intentaré agarrarlo de nuevo. —Se cubrió con la cobija hasta la barbilla.

No. No duermas. Ven. Es hora de irnos. —Movió antes de levantarse. Fue al armario, rebuscando en el fondo de dónde sacó la manta de la madre de Kenshi. También sacó otras prendas más abrigadas para el ruso y él—. Tesoro, levántate. Ponte esto —pidió llevándole los abrigos.

¿Eh? Pero hace frío afuera. —A pesar de su queja, se puso la prenda ofrecida y se puso apropiadamente los zapatos—. ¿A dónde vamos?

Lo sé, y por eso hay que cubrirse. —Suoh ayudó a Vahlok a vestirse, asegurándose de que ambos estuvieran bien abrigados antes de salir, la manta bajo su brazo.

Tomando de la mano a Vahlok, lo estuvo a punto de guiar afuera hasta que se acordó de dejar una nota a los gemelos. Sabrían que era él por la gran diferencia de letra; Suoh no tenía una caligrafía perfecta como Kenshi, por el contrario. Con eso, salieron de la casa para internarse en el bosque. Suoh le pidió que no dijera nada, caminaron por alrededor de media hora, en cierto punto ambos cubriéndose juntos con la manta para mantener el calor.

Ya estamos cerca —murmuró, caminando muy juntos. Finalmente, se detuvo, sonriendo—. Ahí está.

Era una cabaña pequeña, un poco vieja pero se notaba a la luz de la luna que había sido reparada. Suoh abrió la puerta, dejando ver un nido de mantas y telas formando una gran cama. Había una caldera cerca, sacos de alimento en una esquina y varias prendas de ambos acomodadas en una mesa en la esquina contraria.

Suoh se apresuró a encender la caldera, iluminando todo. Se giró a Vahlok, emocionado.

Es nuestro nido.

Vahlok miró asombrado a su alrededor. Giró sobre sí mismo, sus ojos amarillos tratando de abarcar todo, entonces cayó en cuenta de las palabras del dragón naranja.

¿Nido? ¿Fabricaste un nido, como las aves? ¿Por qué? —Se acercó a la caldera, las puntas de los dedos se le pusieron fríos con la caminata.

Suoh se acercó, dejando la manta sobre la improvisada cama hecha con los futones, y luego rodeó a Vahlok con sus brazos.

Hice el nido para nosotros. —Acarició su torso por sobre la ropa—. La primavera comienza ahora, y... los animales hacen nidos para aparearse. —Apretó el agarre—. Hice esto para nosotros, para aparearnos también. Solo estaremos nosotros... —Lo volteó, para así poder mirarlo a los ojos—. Quiero que nos apareemos..., y tengamos más crías. —Su mirada se volvió entristecida—. Quiero tener más crías, nuestra cría ya no está y ya no necesita de nosotros...

El dragón no desaprovechó la oportunidad para tocar a su pareja. Dándole besos en el cuello y la clavícula mientras sus manos acariciaban su contorno por sobre la ropa.

Ruslán todavía es una cría, nos necesita —rió de lado al imaginar a Kenshi embarazado sin su consentimiento—. ¿Cómo vas a explicar esto a los humanos?

No es cierto, se fue. —Suoh hizo un puchero—. Si nos necesitará, no se hubiera ido y se hubiera quedado con nosotros. —Comenzó a despojar al dragón de los abrigos, besando por igual cada porción de piel de su cuello y mandíbula—. Por eso solo estaremos nosotros. No pienso dejar venir a Kenshi en los próximos cuatro días, va a arruinar esto. No podrá hacer nada para cuando la cría esté en camino.

Vahlok estalló en carcajadas.

Eres despiadado tesoro. —Aferrando los muslos del menor, tomó por sorpresa a Suoh cuando lo tumbó sobre las mantas, quedando con Vahlok entre sus piernas y sus rostros a centímetros de distancia—. Eso me encanta de ti. —Selló sus palabras con un feroz beso.

Esa noche, como fue su deseo, Suoh y Vahlok se "aparearon" hasta que el sueño les venció entrada la noche. Cuando amaneció, solo usando una de las mantas, Suoh preparó un desayuno sencillo; había traído varias hortalizas de la cocina, huevos, cacerolas, todo lo necesario. Si bien Kenshi era —y no le importaba admitirlo pues decía que sus manos no estaban hechas para esa labor— un desastre en la cocina, Suoh sí se animó para preparar algo para su tesoro, guiándose por el olor y la combinación de sabores que recordaba en los platillos. Cuando Vahlok despertó, el dragón llevó todo al nido de mantas, volviendo a avivar el fuego de la caldera. Al acabar de comer, le pidió que se vistiera para ir afuera. A pocos metros había un árbol de cerezos y quería verlo florecer.

Envueltos en ropa abrigadora, y abrazados, observaron el florecimiento del cerezo. En seguida sopló una suave brisa primaveral arrancando varios pétalos rosas y blancos que llenaron el ambiente de un romántico color. Vahlok cerró los ojos e inhaló profundo, inhalando la esencia de la flor; la esencia de Kenshi...

Comenzó a ronronear.

Suoh también ronroneó, abrazado completamente a su tesoro, su corazón palpitando con profundo amor. Todo estaba saliendo perfecto, y más. Le encantaba como la esencia del cerezo rodeaba todo, acaparando cualquier otro olor, era como si nadie más pudiera profanar ese lugar, su lugar, le hacía sentir tan imponente. Kenshi no le interesaba, pero él amaba ese momento del año por esa razón. Era como si no hubiera rincón alguno en toda la zona que no estuviera su esencia, marcándolo como su territorio. Suyo, y de su tesoro.

El dragón naranja les llevó a ambos a la cabaña, y después al lago, donde el sol había entibiado el agua lo suficiente para que pudieran darse un baño pequeño. Le comentó a Vahlok en el proceso cómo había creado la cabaña —tuvo que pedir ayuda a Jim el día que llevó los dulces, bajo el juramento de no decir nada a nadie—, una cabaña que había sido abandonada quién sabe cuánto. En su idea inicial pretendía montar una tienda de campaña hasta que encontró los restos de la construcción. Regresaron pronto a la cabaña para calentarse, encontrando la sorpresa de una cesta de mimbre repleta de comida para el almuerzo. No hacía falta pensar quién lo hizo. En los próximos días que estuvieron ahí, Jim siempre pasaba trayéndoles el almuerzo sin perturbar en ningún momento su estadía, juntos.

Rápidamente hicieron una rutina, amándose cada vez que querían sin ningún tipo de interrupción, pasaban horas desnudos, disfrutando mutuamente de sus cuerpos, incluso obtenían placer tocando sus hemipenes. El orgasmo era el triple de intenso cuando usaban el hemipene.

Suoh estaba feliz, disfrutando de su tesoro sin que Kenshi tuviera que hacer horrible y aburrido papeleo con el condado, o Vladimir enfrascado en algún químico. Solo ellos dos, envueltos en su mundo. Suoh hubiera querido que fuera así siempre, pero no podía retraer a Kenshi por tanto tiempo, ni tampoco quería que pasara lo mismo con Vladimir, por lo que la última noche quiso que simplemente estuvieran abrazados, con solo besos y arrumacos entre ellos, disfrutando de sus olores entremezclados y la calidez del ambiente dentro de la cabaña. Al día siguiente, ya dejarían que los humanos volvieran al despertar.

Esa noche Vahlok cumplió el deseo de Suoh: completaron la penetración con el hemipene, aunque fue un poco doloroso estaban seguros de que eso dejaría embarazado a Kenshi, quisiera o no.

Durmieron felices, sabiendo que tenían este secreto entre ellos y no se iban a dar cuenta si no hasta varios meses después.

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Cuando Michelle despertó, no reconoció de inmediato el lugar donde estaba. Sin embargo, una floja sonrisa se dibujó en su rostro al notar que estaba totalmente apegado al cuerpo de Zachary. Abrazaba su torso, sus piernas estaban enredadas al igual que las sábanas y su rostro estaba apoyado en el hombro del rubio. Se permitió unos minutos para fijarse en cada rasgo de su cara: la nariz, la forma de sus labios, su firme mentón, su cabello revuelto, y aunque sus ojos estaban cerrados, sabía el exacto color de sus ojos, un azul como el cielo.

Había dormido bien. Más que bien, excelente. No había sufrido de pesadillas, y la tibieza y sensación de confort que le daba la proximidad de Zachary le hicieron sentir protegido durante la noche. Ahora amaneció, no estaba seguro de la hora, pero calculaba que quizás estaban por dar las nueve de la mañana.

Suspiró sonoramente, sin la mínima intención de querer levantarse aunque debía.

El rubio, al sentir el suspiro de Michelle, entreabrió los ojos, poco a poco se fue acostumbrando a la claridad de la habitación. En cuanto pudo enfocar, el cabello castaño que le rozaba la nariz haciéndole cosquillas de su novio, sonrió, apretó sus brazos al rededor del joven japonés. —Bonjour, mon amour.

—Buenos días. —Michelle alzó el rostro para besar el mentón de Zachary y después sus labios cuando los tuvo más cerca—. Creí que era un sueño todavía... No quiero salir de la cama.

—Hmm. Tenemos que hacerlo —dijo pero no hizo mucho esfuerzo por levantarse—. No sé por cuánto tiempo Yu pueda tener entretenido a tu padre.

Michelle bostezó, estirándose cuan largo era.

—Cinco minutos más. Estoy muy cómodo... y hoy es el último día que nos veremos hasta nuevo aviso. —Volvió a cerrar los ojos—. Dormí tan bien anoche, creo que es porque estaba contigo.

—Podemos dormir juntos las veces que quieras —ofreció el rubio, admirando la manera en que Michelle se estiraba. Puede ser que ya no tuviera orejas y cola, pero definitivamente sus movimientos todavía tenían ese toque felino.

—Siempre que pueda. —Aceptó, descansando otra vez la cabeza en el hombro de Zachary—. Oye..., acabo de recordar. —Trató de arreglar el desastre que era el cabello del rubio—. Debemos decidir qué hacer con el asunto de tu apellido. Anoche nos salvamos porque tío Keso es un poco descuidado, pero no podemos seguir dejándote huérfano. Querrán saberlo... ¿Qué tan usado es el apellido Wilson?

—Podría presentarme con el apellido de mi madre pero cualquier trámite legal tiene que ser con el apellido paterno, sin mencionar las ventajas que tiene usarlo en Estados Unidos. Papá me dejó un buen patrimonio.

—De acuerdo... Hasta saber un poco más al respecto de lo que sucedió entre mi padre y el tuyo, usemos el apellido de tu madre. —Michelle se mordió el labio inferior, pensativo. No podía preguntarle directamente a su padre o sus abuelos, se cuestionarían cómo Michelle sabría de ese asunto y, sin la seguridad de que no causaría problemas a Zachary, no podía revelarles nada—. Le preguntaré a tío Jim si sabe algo... Es un amigo de la familia, pero ha sido como un tío para Ruslán, Irina y para mí. Creo que nos podrá ayudar a saber qué ocurrió. ¿Cómo... murió tu padre?

—Según me dijo mi madre, murió en batalla, en 1916. —Optó por levantarse de la cama, tenían que arreglarse y llevar a Michelle al hotel para que volviera con su padre, o quizás, ¿debería llevarlo él mismo a Japón? Todavía tenía que saber cuál era el método mágico que usarían para trasladarse de un sitio a otro—. Al parecer emboscaron a un grupo de rebeldes que tenían orden de captura y todo se descontroló muy rápido. Creo que algo grave le pasó porque no me dejaron ver el cuerpo en el entierro.

—¿Qué edad tenías cuando eso ocurrió? —Se entristeció de que Zachary se levantara de la cama, quería que se quedaran un poco más pero debía aceptar que ya era tarde—. No podías tener más de tres años... —Notó. Él nació en ese año, y Zachary no aparentaba tanta edad a él—. No hay mucha diferencia de edad entre los dos, ¿o sí?

—Tenía dos años en ese entonces. Tengo recuerdos muy vagos del funeral —confesó—. Mi mamá me hizo ponerme un juego de ropa que se sentía como cartón y la casa se llenó de muchos hombres uniformados. —Sintió un escalofrío recorrerle la espalda con el recuerdo.

—Lamento oír eso... Imagino que lo extrañaste mucho después. ¿Tienes recuerdos de él? ¿O fotografías? —Michelle se estiró una vez más y comenzó a levantarse también. Continuaba medio desnudo, pero sabía que también debería de tener el olor de Zachary en todo su cuerpo. Deseaba conservarlo, pero también deseaba no tener que lidiar con las posibles preguntas que le haría su familia cuando lo olieran—. ¿Crees que podamos darnos un baño? Seguro nuestros olores están mezclados, los demás lo notarán enseguida... —Suspiró.

—Un poco, no era el padre más concentrador del mundo. —Se encogió de hombros—. Demasiado obsesionado con su trabajo, madre dice que el abuelo era igual... —Se quedó pensando por un momento en eso. —Creo que murieron el mismo año... Tendré que preguntarle. —Dejando ese pensamiento de lado, el rubio ladeó la cabeza, confundido—. ¿Cómo podrían saber si estuvimos juntos? ¿Hay otra persona mitad gato en tu familia?

—Hay muchas cosas que desconoces de la familia. Con el tiempo podrás saberlo. Por ahora... —Michelle se desnudó y se encaminó al baño—. ¿Quieres acompañarme y así no gastamos tanta agua? —Le dio una pequeña sonrisa antes de entrar.

—Todo por cuidar el medio ambiente. —Silbando por la agradable vista, Zachary se quitó la ropa a la velocidad del rayo, uniéndose a Michelle en la ducha.

Estando los dos desnudos y mojados, Zach no iba a dejar pasar la oportunidad de tocar a Michelle por todas partes, eso por supuesto incluía zonas que estaba seguro nunca habían sido exploradas por otra persona que no fuera el castaño.

Con las manos llenas de jabón, se dedicó a frotar el pene del castaño, sus bolas, muslos, las redondas nalgas hasta rozar con sus dedos la pequeña entrada.

Michelle tampoco se quedó quieto, sus manos recorriendo todo lo que pudo del cuerpo de su novio. Le encantaba y a la vez desconcertaba lo fácil que se volvía una masa gelatinosa en las manos del rubio y las reacciones que sacaba a su vez de Zachary. Pronto ambos se encontraban gimiendo, duros en las manos del otro, sus cuerpos resbalosos debido al jabón y el agua, hasta acabar corriéndose juntos.

Se vistieron y salieron de la habitación. Cuando pasaron por la barra donde estaba atendiendo el mismo hombre de anoche, Michelle le pidió un papel y un lápiz en el que anotó un número.

—Guarda esto. —Se lo dio a Zachary—. Es el número de casa. Si no puedes ir o no puedo venir, tienes cómo comunicarte. —Le devolvió el lápiz al sujeto y salieron del lugar. Dado que Michelle no sabía si ya su padre se marchó o no, decidió que se adelantarían y guió a Zachary al árbol por el que habían llegado a Canadá.

—Entonces... —preguntó Zachary, mirando al rededor—. ¿Exactamente cómo llegamos a Japón?

—Por las raíces. —Al encontrar el árbol que estaba buscando, Michelle se detuvo enfrente. Recordó que, cuando Gerardo no estaba con ellos, la primera vez que Angie les mostró el pasaje, ella tocó la corteza como si fuera una puerta—. Llévanos a Hiroshima, Japón —pidió e hizo lo mismo que la mujer, dando dos golpes a la corteza con sus nudillos. Y esperó.

—¿Las raíces? —Apenas pudo preguntar cuando el árbol comenzó a moverse por sí solo, girando sobre su propio eje para abrir su corteza formando un espacio tipo cápsula. El interior emitía un brillo verdoso—. ¡Woow! —exclamó con la boca abierta—. Sé que no debería asombrarme a estas alturas pero es que es simplemente... ¡Woow!

Michelle soltó una risa pequeña, aliviado al mismo tiempo de que pudiera abrir el portal por él mismo. Tenía que preguntarle al respecto a Gerardo.

—Vamos. No nos demoremos más, alguien puede vernos. —Michelle avanzó un paso, se detuvo, y se giró a Zachary, estirando su mano a él—. No sueltes mi mano. Se sentirá un poco extraño mientras viajamos por las raíces.

Más que un poco extraño, era una experiencia que te dejaba los pelos de punta y una leve sensación de paranoia.

—Ugh, desagradable. —Apenas atravesaron al otro lado Zach, se recostó del primer árbol que encontró y frotó su espalda contra el tronco—. ¿Cómo puedes cruzar como si nada?

—Estoy tratando de superarlo... —Michelle lo demostró al estar frotándose los brazos, torso y cuello—. Está anocheciendo... —dijo al subir la mirada. El sol estaba oculto, apenas una rendija de luz iluminando el cielo—. Ven. No te preocupes, la sensación desaparecerá.

Volvió a tomar la mano de Zachary, guiándolo por la espesura del bosque. Ya la primavera había comenzado, era la primera que se perdía. Iba a extrañar el intenso olor que brotaba de las flores de cerezo y gracias a su olfato podía notar. Ahora como humano, tal vez no lo iba a notar tanto.

—Es de noche —dijo Zach, notando lo obvio, mirando a todos lados intentando ubicarse. Vagamente lograba captar algunas luces a lo lejos entre la espesura del bosque, quizás se tratara del pueblo de Michelle. La temperatura también era diferente por lo que pudo notar, incluso el aire. En verdad estaban en Japón—. Sorprendente —murmuró para sí, una suave sonrisa adornando su rostro. Cuando llegaron a los terrenos de la casa Feudal, Zachary no pudo más que abrir la boca asombrado—. ¿Vives aquí?

—Sí. —Michelle asintió, suspirando. No se dio cuenta de cuánto extrañó su hogar. Era como si hubiera pasado meses y no un par de semanas—. Tío Keso es el encargado de la región, le rinde cuentas al emperador. Todos le tienen respeto, al abuelo y papá también. Papá dirige la guardia de tío Keso, también los entrena.

—¡Hey! —Fueron detenidos por un guardia japonés al entrar en los terrenos, varios alzando armas de fuego y flechas hacia ellos. —Alto. Identifíquese.

—¿Chiaki-san? Soy Michelle.

—¿Señorito Michelle? Está... distinto. —Buscó en su cabeza las orejas, que no encontró, y sin duda no había ninguna cola ondeada a su espalda.

Yo... lo sé. —Con un gesto del guardia, los demás bajaron sus armas—. Vengo con mi novio. Estará de visita por un rato. ¿Mis abuelos?

Ottori-sama y Volsk-san no están en casa. Dejaron una nota que estarán ausentes por unos días. Escuché que los demás están reunidos en el salón. —Aunque sus palabras eran para Michelle, sus ojos y la atención de los soldados estaban mortalmente fijos en Zachary. Obviamente no lo conocían, y se debatían si sería o no una amenaza.

¿Tío Keso y el abuelo no estaban en casa? ¿Podrían haber ido a buscarlo? Michelle asintió al guardia, tomó otra vez la mano de Zachary y lo llevó a la casa.

—Vamos. No sé si papá habrá vuelto por su cuenta o no... —Antes de entrar al interior, se quitó sus zapatos—. Quítatelos. No se puede estar con zapatos dentro. Ponte esto. —Le pasó unas pantuflas que fueron dejadas a un lado de la entrada.

—¿Por qué me tengo que cambiar de zapatos? —Michelle le respondió que era para no dañar la madera pulida de la casa, además de una costumbre oriental. Zach simplemente se encogió de hombros y se dedicó a seguir a Michelle por los interminables pasillos de la casona. Miraba todo con asombro, toda la decoración era tan minimalista, todo se veía extremadamente caro pero sin ser rebuscado. El rubio americano se quedó alucinando cuando una joven vestida con kimono pasó a su lado.

Michelle deslizó una puerta en la que encontró a Irina y Ruslán, ambos acompañados por un hombre muy alto de piel oscura y rastas.

—¡Michelle! —El sujeto dejó su taza de té, poniéndose en pie para abrazar al joven.

—¡Tío Jim! —El joven fue alzado unos pocos centímetros antes de ser apartado.

—Mírate..., eres idéntico a tu padre. —Lo observó completamente, con una amplia sonrisa—. Shin lloraría al verte.

—No es para tanto... —Las mejillas del chico se coloraron de rojo, y decidió dirigir la atención del hombre a Zachary—. Tío, te presento a Zachary. Zach, él es tío Jim. —Michelle se colocó al lado del rubio—. Zach y yo... somos novios.

—¿Así que es oficial? —cuestionó Ruslán desde su puesto en el suelo.

—Yo veo que lo es —Se adelantó Jim, colocando una mano en el hombro de Zachary—. Hacía mucho tiempo que no veía ese brillo de felicidad en los ojos de Michelle. Me agrada ver que ha encontrado el indicado. —Apretó un poco más el agarre, sin llegar a causarle daño—. Espero que estés consciente del tesoro que tienes a tu lado, muchacho. O tendrás a una manada de dragones echando fuego tras de ti si haces algo incorrecto.

—Tío... —Se quejó Michelle—, no lo intimides.

—Está bien —restó importancia el rubio—. Estoy acostumbrado a las amenazas de muerte de padres preocupados. Por cierto ¿Dónde están tus abuelos? Pensé que los veríamos aquí.

—Desaparecieron. Nadie sabe a dónde se fueron —respondió Irina que hasta el momento había estado callada.

Ruslán habló en japonés un momento a Michelle.

Suoh dejó una nota que irían a pasar la temporada de apareamiento juntos. —Sonreía, claramente divertido por el asunto—. Y nos enteramos que han estado ocurriendo cosas por aquí mientras no estábamos.

¿Cosas? —Michelle ladeó la cabeza—. ¿Cómo cuáles?

Han desaparecido cosas. Prendas de ropa y comida, más que nada.

¿Crees que los dragones han hecho eso?

Creo que es Suoh, más que nada. Aunque desconozco las razones. ¿Temporada de apareamiento? Nunca antes hizo algo así... —Ruslán suspiró—. El asunto es que esperaba que Klaus volviera contigo. Papá no está, y aunque podría ayudar a tío Kuma y Kaoru con algunas tareas de papá, era él quien se encargaba también de los nuevos soldados mientras Klaus no estaba...

Irina de acercó a la conversación con una sonrisa traviesa.

Al parecer estuvieron locos por varios días porque desaparecían las cosas. Los trabajadores comenzaron a murmurar sobre un ladrón de objetos. Por cierto... —La pelinegra se acercó a Michelle oliendo su cuello—. Hueles a jabón de hotel al igual que él. —Hizo una leve inclinación de cabeza hacia Zachary—. Sospechoso.

No es sospechoso. ¿Recuerdas que mi padre estuvo a punto de ir por él si no fuera porque papá le distrajo? —Ruslán cruzó sus brazos, una ceja enarcada hacia Michelle.

No hicimos... nada grande. —Se defendió el joven, sonrojado. —Me dirás que tú no has hecho nada con Gerardo.

Pensaba que te tomarías tu tiempo.

Lo hago... Pero... —Michelle miró hacia Zach, los recuerdos de anoche y de esa mañana removiendo cálidas emociones en su interior.

¿En verdad te gusta?

Creo que está siendo más que eso... —suspiró Michelle.

Por dios —jadeó Irina—. Vas en serio con Zachary. —Notó como el rubio giraba un poco la cabeza en dirección a ellos, al parecer captó que estaban diciendo su nombre—. Sinceramente me alegro de que hayas decidido quedarte con este rubio en vez del otro. Seamos honestos, era un grano en el culo.

Mientras la discusión se llevaba, Jim había estado distrayendo a Zachary.

—Y dime, ¿de qué familia vienes? Tienes acento americano por lo que deduzco que eres de esa tierra, ¿me equivoco? —Le dio unas pocas palmadas en el hombro—. Sé cuidadoso. Algunas personas por la región siguen siendo recelosos de los americanos a pesar de que ya transcurrieron años desde la guerra.

Zachary le sonrió a Jim, un poco nervioso. Recordando la advertencia de Michelle de no mencionar su apellido paterno, dijo:

—Lo noté. Los guardias tenían una mirada bastante hostil. Mi nombre es Zachary Anderson.

Jim asintió, instando a Zachary a adentrarse en el salón y sentarse en uno de los sillones bajos de la estancia.

—Alguno de los guardias estuvieron presentes durante la guerra y no se mostrarán muy amables a extranjeros nuevos. Lady Bárbara y su hijo aún lidiaban con algunas hostilidades, aun teniendo unos pocos años aquí.

—Tendré en cuenta lo que dice. Soy más de hacer el amor, no la guerra —dijo mientras sonreía con una expresión pícara. Esperaba que Michelle le estuviera escuchando.

Damian no era un mal chico. —Hizo notar Ruslán, más que nada a Irina—. Él quiso a Michelle. Tal vez no de la manera correcta, pero...

No quiero discutir al respecto. —Michelle le dio un vistazo de reojo a Zachary, un poco inquieto—. Damian, aún con todo lo que hizo, fui feliz a su lado. Pero no era la persona indicada para mí. Solo espero que sea feliz, yo me encargaré de serlo también. —Decidió acabar la discusión al caminar y ocupar un asiento junto a Zachary.

—Pues... —Ruslán carraspeó, bajó la voz y mantuvo su atención en Zachary. Había mucha diferencia entre Damian y él, era bastante obvio no solo en su apariencia sino en la actitud. Zachary se veía mucho más expresivo.

Jim sonrió a la pareja, ocupando un asiento frente a ellos.

—Me alegra tanto que hayas vuelto al fin. La casa no se sentía completa sin ustedes. ¿Disfrutaste el viaje, Michelle?

—Más de lo que imaginé... Aún sigo acostumbrándome a la falta de ciertos sentidos.

—Entonces imagino que Zachary sabe... —cuestionó, notando que Michelle no ocultaba ese detalle.

Michelle asintió.

—Nos conocimos antes del cambio. —Miró al rubio, desconociendo por qué de pronto se sentía un poco tímido—. Y estuvo ahí también.

—¡Fue sorprendente! —dijo en seguida el rubio—. Al principio estábamos un poco escépticos. ¿Quién no? —Con el codo picó el costado de Michelle—. El hombre que parece Merlín comenzó a recitar una oración en latín y de repente. ¡Woosh! ¡Aparece un ser completamente hecho de luz! Alucinante —relató el americano con bastante entusiasmo.

—Hubiera sido interesante que el abuelo Vladimir estuviera ahí. No podría decir nunca más que Dios es un invento del hombre —intervino Irina, acercándose al grupo.

—Estoy seguro de que el doctor habría querido inspeccionar a ese ser de luz que relata Zachary —comentó Jim, divertido—. ¿Qué sucedió con Angie? ¿Estuvo contigo al momento del cambio?

Michelle asintió de nuevo.

—Se marchó poco después. —Michelle revisó en sus bolsillos, extrayendo una tira de fotografía doblada. La primera foto era de Angie y él juntos, sonriendo y con los rasgos de gato a la vista—. Logré que hiciéramos esto. —Se lo tendió al mayor.

Jim, al tomarlo, lo observó. Una pequeña risa escapó de sus labios, pero al momento sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Él había querido tanto ver esto... —susurró, más para sí mismo que para los jóvenes, aunque solo Ruslán e Irina pudieron entender sus palabras.

—Tío... ¿estás bien? —cuestionó el pelinegro.

—Sí. —Le devolvió las fotografías a Michelle, extrajo un pañuelo y con ella se limpió las lágrimas—. Es la primera vez que la veo sonreír...

Michelle dio un vistazo a Zachary, y habló con las imágenes aún en su mano.

—Tío..., Angie es la única que conozco que tiene los mismos rasgos que tenía yo. Y no solo de gato..., ella y yo también nos parecemos. —Notó que Jim parecía un poco tenso—. Tío..., ¿Angie y yo estamos emparentados?

Jim dobló pulcramente su pañuelo, lo guardó, todo sin emitir ninguna palabra. Luego, regresó su atención a Michelle, nunca miró a los demás.

—Estás haciendo la pregunta a la persona equivocada.

—Entonces. ¿Quién es la persona correcta? —cuestionó Zachary, preocupado por Michelle y el ambiente que surgió tras su pregunta. Claramente era un tema delicado pero se notaba que estaban escondiendo algo importante.

Irina estaba por decir algo cuando se enderezó ansiosa mirando hacia la puerta de la habitación.

—¡Llegó papá! —En seguida se paró y corrió hasta el pasillo, desde ahí pudieron escuchar las voces de ambos pelinegros, saludándose en el pasillo.

—¿Debería esconderme? —murmuró Zachary medio en broma, medio en serio.

—Tranquilo —calmó Jim a Zachary, poniéndose en pie también para recibir al alemán. En cuanto Klaus entró, Jim le sonrió y lo abrazó, alzándolo unos centímetros del suelo como hizo con Michelle. —Bienvenido. Extrañaba ver tu rostro por acá. Les decía a los muchachos que no era igual sin tenerlos a ustedes.

—Es bueno verte. —Correspondió el saludo Klaus con una sonrisa—. Extrañaba Japón. —La sonrisa del alemán menguó cuando vio a Zachary sentado al lado de su hijo—. ¿Qué haces tú aquí?

—Acompañé a Michelle hasta su casa. Es lo que un caballero debe hacer.

—Sí. Ya lo trajiste, ahora te puedes ir. —Irina se rió detrás de Klaus por su típica actitud de papá gallina.

—Papá, por favor... —gruñó Michelle, harto de que su padre siempre tomase esa actitud hacia sus parejas—. ¿Alguna vez en la vida podrás tratar bien al que es mi novio?

—No. Nunca. jamás —se burló Ruslán en su lugar, riéndose al igual que Irina. Él también sufría lo mismo gracias a su padre, pero eso no quitaba que le hiciera gracia. Después de todo, Michelle era más aguerrido que él mismo.

—Será una constante en la vida de un padre protector. —Apoyó Jim, contento de volver a tener esas discusiones banales en el hogar. Le daba vida—. Me alegra que hayas llegado. Kenshi y Vladimir estarán fuera de la casa por un tiempo.

—Suoh se llevó a mi padre por la temporada de apareamiento —informó Ruslán a Klaus—. También estuvo haciendo desastres mientras no estábamos.

—¿Temporada de apareamiento? Nosotros no tenemos temporada de apareamiento —dijo Klaus, bastante confundido.

—¿Por qué hablan de apareamiento como si fueran animales? —murmuró Zachary a Michelle, confundido por el rumbo que estaba tomando la conversación.

—Suoh siempre ha actuado más con su parte animal que racional. —Hizo notar Jim a Klaus.

—Por eso papá no lo soporta —aportó Ruslán, divertido—. Lo que me extraña que lo haga ahora. ¿Por qué no lo hizo antes?

—Se ha estado llevando sábanas, ropa abrigada, sacos de comida. Solo nosotros y los gemelos lo sabemos, el resto cree que se trata de un ladrón. Kenshi pidió que no dijeran nada...

Michelle se dirigió a Zachary, ignorando parcialmente la discusión.

—¿Recuerdas lo que te dije que había más cosas en la familia que no conocías? Eso tiene que ver... Poco a poco te iré explicando.

—Creo que el abuelo Suoh se sintió triste porque nosotros nos fuimos de la casa —opinó Irina—. A él no le gusta sentirse solo. Quizás por eso hizo un nidito de amor pensando que íbamos a estar afuera por más tiempo.

—Suena como algo que él haría —aceptó Klaus—. Voy con los gemelos para que me pongan al día, seguramente tengo trabajo atrasado... Aunque es de noche —Se quedó pensando en eso. Klaus no tenía sueño, apenas llevaba un par de horas levantado, pero todos los demás estarían preparándose para dormir. Por otro lado podría aprovechar esas horas para hacer algo productivo, lo cual era truncado inmediatamente por no poder salir al frío de la noche—. Esto de los cambios de horario es frustrante.

—No te preocupes, aún seguimos tratando de recuperar nuestras horas de sueño —respondió Ruslán a su hermano—. Tío Jim hizo una infusión que nos está ayudando un poco —Señaló la jarra de té en la mesa de centro y las tazas vacías junto a ella.

—En unos días su reloj biológico se adaptará al nuevo cambio. —Jim revisó su reloj de pulsera, notando que era tiempo de volver al bar, sin embargo tomó el brazo de Klaus, apartándolo un poco de los jóvenes. No podía hacer mucho por el oído de Irina y Ruslán, pero al menos sí de Michelle. Bajó la voz aun así—. Antes que llegaras, Michelle preguntaba por un posible parentesco entre Angie y él.

Klaus miró preocupado hacia su hijo. Sería raro si Michelle no preguntara eso, sobre todo teniendo en cuenta que había estado el suficiente tiempo con Angie como para notar las semejanzas entre ellos.

—¿Qué le dijiste?

—Que no era la persona a la que debía de preguntarle eso. —Negó, también mirando hacia el joven. Ruslán discutía con Zachary y él—. Me mostró una fotografía de Angie y él, se veían felices juntos. Shin estaría muy orgulloso...

—Aunque lo sospeche, no puedo decirle. Se lo prometí a Angie. Estaba bastante angustiada con este viaje, si le digo a Michelle la verdad, querrá verla. —Negó con la cabeza.

Jim entendía perfectamente. Michelle heredó no solo rasgos físicos, sino personalidad de Angie y Shin, sobre todo este último. No se detendría ante nada por ir tras ella, así como sucedió con Shin.

—Sin embargo, la verdad está frente a sus ojos y, se lo digas o no, acabará por descubrirla. Michelle sabe ser prudente, a pesar de su impulsividad. Pienso que si le explicaras la situación...

Klaus apretó los labios, preocupado, poco convencido de decirle a Michelle. Comprendía lo que Jim intentaba decirle, Michelle buscaría respuestas por su cuenta y eso era mil veces peor que simplemente decirle la verdad. Quizás si le hablaba con tacto, haciéndole entender las implicaciones de que Angie lo dejara a su cuidado y lo importante que era que no se involucrara; estaría molesto con él por unos días, sin duda. Michelle podía enojarse todo lo que quisiera, su prioridad era él y no iba a cambiar de opinión.

—De acuerdo. —Soltó con un suspiro—. Hablaré con él. —Miró de nuevo hacia sus hijos y su hermanito, Mich estaba demasiado cerca del rubio para su gusto—. Después de echar a ese pervertido. ¿De verdad cree no noto que está intentando corromper a mi cría?

Jim se carcajeó.

—Te soy honesto, veo a Michelle más animado a como estaba con Damian. Además..., creo que le sentará bien que se distraiga un poco con él luego de que hables con Michelle... —Dejó de mirar a la pareja para fijarse en Klaus—. Ruslán e Irina comentaron que encontraste a Yuki... o su posible reencarnación, tal parece.

Para sorpresa del negro, Klaus bajó la mirada con las mejillas sonrojadas.

—Algo así —dijo renuente—. Es un tema un poco peliagudo. Estoy feliz, ambos estamos felices. —En eso estaba incluyendo a Feyn—. Pero es complicado. Instintivamente sabemos que es nuestro tesoro, su olor nos lo dice y cuando lo besamos es una sensación indescriptible pero... —El entusiasmo con el que estuvo hablando menguó de pronto, se mordió el labio no sabiendo cómo continuar—. No hay nada en su aspecto o su forma de ser que me recuerde a Yuki.

—Según nuestra tradición, una reencarnación es una vida nueva, Klaus. —Jim colocó una mano en el hombro de Klaus, en apoyo—. El Yuki que conociste ya no está, y es una persona diferente ahora. Ha sido educado de forma diferente. —Evaluó bien su expresión—. ¿Creen que tengan problema en amarlo?

—Nunca —respondió de eso, sus sentimientos por el tesoro estaban claros como el agua, en cambio los de Narcisse…—. Temo que Yu no pueda corresponder ese amor.

Jim no estaba seguro de qué decir, quería poder darle un poco de esperanza a Klaus, sin embargo no conocía a esta nueva vida de Yuki para poder darle algo al que aferrarse. Que Klaus tuviera tan poca esperanza en que esta persona le amara, dejaba claro la gran diferencia entre Yuki y su ahora vida.

—Que se hayan encontrado indica que están destinados a estar juntos. Conquista su corazón como si fuera la primera vez. —Sonrió, tratando de inspirarle confianza al alemán.

—Papá... —La voz de Michelle interrumpió su conversación—. ¿Puedo hablar contigo?

—Sí, sí. De hecho, yo también quería hablar contigo. —Pasó su brazo por los hombros de su hijo para guiarlo fuera de la habitación—. Gracias por tu apoyo, Jim. Realmente lo aprecio. —Le dio unas palmadas en el hombro al negro cuando pasó a su lado.

Michelle le dio un pequeño gesto a Zachary indicándole que iba a volver pronto. Jim aprovechó de despedirse, dejando al rubio con los otros jóvenes en el salón.

Estando fuera, Michelle no perdió tiempo en preguntarle a su padre.

—Conociéndolo, tío Jim te dijo lo que le pregunté...

—En realidad me sorprende que no hicieras esa pregunta antes —confesó al castaño mientras caminaban por los pasillos de la casa Feudal. Por nada del mundo Klaus se iba a acercar al exterior.

—Lo había pensado, sí. Pero, Angie se veía tan joven, un poco más que yo y deseché la idea. Luego supe que ella tiene muchos más años de los que aparenta... Hasta que Zachary no me dijo que me parecía a ella, no había pensado otra vez en la posibilidad de que ella y yo... —Michelle no se atrevía a decir las palabras.

—Angie... Ella está llena de contradicción. ¿No crees? —Sonrió de medio lado—. Es agresiva pero siempre tiene un buen consejo cuando más lo necesitas. Siempre te dice que luches, que no te dejes vencer aunque ya no le interese su propia vida. Aleja a todo el mundo con un falso mal carácter, y aun así cuida a las pocas personas que realmente le importan.

—Lo sé... Ella me ayudó a entender mis sentimientos por Damián, y estuvo ahí apoyándome cuando decidí acabar mi relación con él. —No tuvo el suficiente tiempo para llegar a conocer a la mujer del todo, pero se sentía tan agradecido por lo que había hecho por él—. Dilo... ¿Acaso ella... es mi madre?

—Sí. Angie y Shin son tus padres biológicos. —Klaus se puso rígido, como cuando Michelle le preguntó por qué no tenía escamas. Sentía esa presión en la boca del estómago, ese miedo al rechazo que sienten los padres adoptivos cuando le confiesan al joven quiénes son sus verdaderos padres—. Te dejó a mi cuidado cuando apenas tenías unas pocas semanas de nacido.

Por un momento, la mente de Michelle estuvo en blanco sin saber qué pensar exactamente. De golpe, miles de sentimientos le envolvieron, dejándolo confundido. Alegría, tristeza, desconcierto, enojo. Además de un frío helado recorriéndolo de pies a cabeza. Había estado conviviendo con su madre, la había abrazado, había reído, todo sin saberlo realmente.

—¿Por qué...? —Michelle se humedeció los labios, incapaz de mirar directamente a Klaus—. ¿Por qué me dejó? ¿Por qué no simplemente huyó conmigo de ese feo trabajo?

—Porque no puede hacerlo. Aunque lo odie con toda su alma, para ella no es sólo un trabajo cualquiera que puede dejar, es... —Hizo una pausa no sabiendo como expresarlo—. Es complicado, hijo.

Michelle sacó la tira de fotografía de su bolsillo, observando cada detalle, grabándolo a fuego en su memoria, su pulgar recorriendo el contorno de la morena.

—Entonces... ¿por qué no visitarme? Pudo hacerlo... Todo este tiempo pensaba que estaba muerta, pero ella estuvo viva... ¿Acaso nunca me...? ¿Cómo pudo abandonarme y luego venir como si nada? —Finalmente alzó la cara a Klaus—. ¿Todos lo sabían? ¿Por eso tío Keso no la quería aquí?

—Creo que lo estás viendo todo del modo incorrecto. —Envolvió los hombros del menor con su brazo, intentando reconfortarlo—. Creo que más bien te quería lo suficiente para apartarte del peligro. Todo lo que hizo, antes y ahora, lo hizo para protegerte, para que fueras un niño feliz y querido.

Michelle se dejó abrazar, quieto por un momento hasta que fue correspondiendo el abrazo. No le gustaba que fuera de esa manera; protegerlo del peligro no significa que ella no lo estuviera. Recordaba claramente los moretones con los que había llegado días después a Canadá. Antes había querido hacer algo por ella debido a lo que hizo por él y a que era amiga de su papá, ahora quería hacerlo el triple sabiendo que era su madre.

—¿Dónde vive? —preguntó segundos después—. Quiero verla... Papá, sabes dónde vive ¿verdad?

Justo eso era lo que Klaus quería evitar.

—Mich, te he dicho todo esto para que seas consciente de la situación pero no debes mantener contacto. Ella no querría, de hecho, Angie me hizo prometer que nunca diría nada de esto. ¿Comprendes?

—Solo... quiero verla. Verla como lo que es, no importa si es la última vez... —Michelle se alejó, y sintió sus ojos llenarse de lágrimas. Las que había tratado de contener—. No puedo solo dejarla así.

—Michelle —suspiró el alemán, negando con la cabeza—. En este caso, mi prioridad es tu seguridad. Involucrarte con Angie es sinónimo de que alguien puede morir.

Michelle frunció el ceño, confundido por sus palabras, alejándose de Klaus.

—¿Por qué dices eso? ¿Acaso alguien ha muerto debido a ella?

Esa es una pregunta que definitivamente no quería responder. Demasiados malos motivos, y sólo incentivaría a Michelle en la dirección equivocada.

—Mich...

Michelle retrocedió un poco más, su mente trabajando a mil con las palabras de Klaus.

—Mi padre no murió a causa de la guerra... ¿me equivoco? —Otro paso más—. Zachary dijo algo respecto a personas que hacen trabajos como Angie, cuando tienen una deuda que no pueden pagar... ¿Mi padre trató de ayudarla y murió por eso?

—Angie intentó alejarlo de todas las maneras posibles, sabiendo el peligro que corría si se acercaba a ella pero Shin... Siempre fue un cabeza dura, no entendía razones. —No quería decir más que eso. Lo que sucedió esa tarde en la casa Feudal fue trágico, ni siquiera les dio tiempo de reaccionar, pero no quería que Michelle tuviera el mismo concepto que tenía Kenshi de la mujer; es su madre a pesar de todo, y a su manera hizo lo que creyó que era lo mejor para el castaño.

Las piernas de Michelle no tuvieron fuerzas para sostenerlo y tuvo que dejarse caer al suelo, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. Su cabeza comenzaba a doler. Eran muchas cosas en poco tiempo. Sus manos sostuvieron su cabeza, los codos apoyados en las rodillas.

—¿Pensabas decirme esto alguna vez?

Klaus se arrodilló al lado del menor. Alzó la mano para acariciarle la cabeza pero se detuvo en el último momento, seguramente Michelle no apreciaría el contacto en ese preciso momento.

—No. Hubiera preferido que nunca lo supieras. Angie incluso me odiaría si supiera que te lo dije.

Michelle no dijo nada enseguida, no sabía qué decir, qué sentir, qué pensar. Era como si toda su vida fuera una mentira. Se limpió el moquillo de la nariz con la manga de su camisa, mientras se ponía en pie.

—Dile a Zachary que lo espero fuera. Lo acompañaré de regreso a Canadá. —No dirigió una mirada a Klaus, caminando por el pasillo a la salida.

Suspirando, Klaus hizo el camino de vuelta a la habitación donde estaban los chicos. Esta conversación fue realmente dura y seguro que de lo más confusa para Michelle. Sinceramente le hubiera gustado no tenerla en absoluto pero a la larga era lo mejor, así por lo menos Michelle sabría el porqué de ciertas cosas.

Llegando al salón, escuchó la risa de los tres jóvenes, al parecer Zachary les estaba relatando a los otros dos anécdotas del internado en el que estudiaba.

—Estábamos en plena misa de adviento cuando al Padre Juan se le cayeron los pantalones. ¡Tenía la sotana puesta pero hacía tanto viento que se le levantó la túnica y le vimos todo!

Ruslán se carcajeó con ganas, hasta las lágrimas, imaginando la escena claramente.

—Menuda manera de recibir al señor. —Se burló, notando entonces a Klaus. Poco a poco su alegría menguó al ver la expresión que cargaba su hermano—. ¿Estás bien? —No vio a Michelle detrás de él—. ¿Y Mich...?

—Tuvimos una conversación tensa. Michelle está afuera. —Miró a Zach con los ojos entrecerrados, no confiaba en él para nada—. Te está esperando para llevarte de regreso a Canadá.

Zachary se paró, igualmente preocupado por Michelle.

—Bueno... Entonces creo que es hora de irme. —Miró incómodo a Klaus, sin saber cómo debía despedirse de su suegro, sobre todo con esa mirada que le estaba dando.

Notando la mirada hostil de su padre, Irina también se levantó de la mesa, llegando hasta Klaus para envolverlo en un medio abrazo.

—No te preocupes, yo me encargo de papá. Ve con Michelle.

—Mmm, de acuerdo... Hasta luego —Se despidió de los jóvenes. Pasó a un lado de Klaus un poco tieso y caminó por el pasillo que recordaba le llevaría afuera.

No sabía exactamente dónde lo estaría esperando por lo que caminó por los alrededores. Todos los guardias con los que se cruzaba le miraban con hostilidad, caminó rápido para evitar cualquier tipo de enfrentamiento. De reojo vio a Michelle cerca de un estanque. Aliviado, se acercó a él.

—Miche... ¿Qué pasó? —preguntó apenas le alcanzó, su rostro estaba mortalmente serio. Tenía una expresión atormentada.

—Tenías razón —comenzó Michelle sin levantar la mirada del estanque. Algunos peces se movían, otros permanecían quietos, tal vez intentando dormir, pero Michelle nunca hizo nada para perturbarlos—. Angie es mi madre... Todo este tiempo tuve a mi madre conmigo, y no lo sabía. —Se cubrió el rostro con las manos—. ¿Cómo pude ser tan ciego?

—Yo, amm... Lo-lo siento. —Sintiéndose profundamente incómodo, le pasó un brazo por los hombros a Michelle en un intento de consuelo. No le hacía nada feliz haber tenido razón, en todo caso debió callarse la boca.

—No, no lo sientas. Debo agradecerte. —Michelle cerró sus ojos en tanto apoyaba la mayor parte de su cuerpo en Zachary. Quiso respirar hondo para captar su olor a sándalo hasta que recordó que era algo que no podría sentir ya más. Era completamente humano ahora, y si acaso podría sentir los olores de la naturaleza y la colonia del rubio—. Si no hubieras dicho algo, seguro nunca lo sabría. Papá dijo que, de ser por él, y por la promesa que le hizo a Angie, nunca me lo diría... Ni siquiera sé cómo sentirme. —Abrió los párpados, y fijó su atención otra vez en el estanque.

—Siempre es bueno saber la verdad. La ignorancia es para idiotas. —Zach pasó los dedos por el cabello castaño, tenía suaves ondulaciones, nada que ver con el cabello extremadamente liso de los japoneses. Otra herencia de su madre, sin duda—. Eventualmente te hubieras dado cuenta. Se parecen demasiado.

Michelle resopló como si algo le hubiera causado risa. Él se había sentido así también.

—Quiero encontrarla. Quiero hablar con ella. —En especial ahora que sabía quién era realmente. Michelle no podía contemplar la idea de que simplemente desapareciera de su vida como había hecho todos esos años—. Solo que papá no me dirá cómo hacerlo. —Michelle se enderezó, y lo miró—. Necesito unos días para averiguarlo... Por ahora, será mejor que te acompañe de regreso a Canadá.

Zachary todavía con su brazo sobre los hombros del menor, se internaron en el bosque que rodeaba la Casa Feudal buscando el árbol que los llevaría de regreso a Canadá.

—¿Estás seguro de que quieres encontrarla?

—Sí —declaró Michelle, con seguridad—. Hay cosas que no quiero preguntarle a papá, quiero que sea ella quien me lo diga. Además, sé que ella... —A Michelle nunca se le olvidaría esa vez que ella llegó al hotel, toda golpeada y magullada. No creía por un poco que una cortesana pusiera su vida en peligro de esa manera—. Sé que ella está metida en algo peligroso. No puedo soportar la idea de que algo malo le pase...

—Precisamente. —Zach tomó el codo de Michelle, provocando que se detuvieran en medio del bosque—. Mich, esta mujer te ocultó su maternidad, te entregó a alguien que sabe vive al otro lado del mundo. ¿No crees que debe haber una razón poderosa tras todo eso? —Dejó que sus dedos acariciaran a lo largo del brazo del castaño, disminuyendo el tono de su voz—. Te apoyaré en lo que sea que decidas pero quiero que lo pienses bien. ¿Sí?

—Yo... —Michelle se permitió pensarlo por un momento. Sabía que era un poco arriesgado. Sospechaba que el jefe de Angie no era una buena persona, incluso el mismo Levoch le había sugerido mantenerse alejado—. Mantendré cuidado, lo prometo. Y te diré lo que planee en cuanto lo haga, pero tengo que saber más del sitio donde trabaja y cómo ir. —Michelle sonrió, esperando darle un poco de seguridad—. Gracias por querer apoyarme. —Se acercó, buscando sus labios en un beso pequeño.

—Alguien tiene que ser tu voz de la razón. —Después del beso, continuaron su camino. Tardaron un momento en encontrar el árbol correcto, cuando lo hicieron Zach se estremeció prematuramente porque tenía que atravesar el árbol y volver a sentir los gusanos peludos. Lo peor es que llevar mangas largas no hacía ninguna diferencia, era como si se le metieran bajo la ropa.

Cruzaron las raíces, Michelle quería acompañarle al internado, pero tenía que volver pronto a Japón, por lo que solo permaneció allí unos minutos más hasta que la sensación de los gusanos desapareciera del cuerpo de Zachary.

—No pierdas el papel con el número de la casa —murmuró Michelle, abrazándolo una última vez—, Si contesta alguien que no reconoces, tranquilo, los sirvientes de la casa sabrán comunicarse en inglés. Eso en caso de que no puedas venir a visitarme. —Lo besó y comenzó a dirigirse al árbol—. Aplica lo mismo para Narcisse. Creo que... papá estará encantado. —Su ceño se frunció—. Dime algo, sé neutral... ¿puedo confiar en que Narcisse no le hará daño a papá? En el sentido emocional, sabes.

Zach se mordió el labio inferior, mirando hacia los lados como si pudiera encontrar la respuesta en una de las hojas que se balanceaba a capricho del suave viento.

—Yu es mi amigo, mi mejor amigo desde que llegué a este internado pero no puedo tapar el sol con un dedo. —Negó con la cabeza—. Yu es bueno para una noche, dos como mucho, él no sabe mantener una relación estable. En el momento en que lo descuidas, ya está entre las piernas de otra mujer o dos tipos entre sus piernas.

Ante eso, Michelle suspiró. No era algo que le gustaba oír, sabiendo cómo era su padre. Klaus sufrió mucho por la muerte del papi de Irina, no importara que todo el tiempo intentó ocultarlo, y ahora se veía algo ilusionado con la aparición de Narcisse, con su parecido físico y en olor. Escuchar esas palabras... le preocupaban mucho.

—Tengo miedo de qué pueda hacer papá. Él es una persona posesiva... —Eso sin contar al dragón. Su cuerpo se estremeció ligeramente al pensar lo que pudiera hacer Feyn si llegara a encontrar a Narcisse en una situación así—. Prefiero tener esperanza en que Yu pueda cambiar.

—Yo también tengo esa esperanza, créeme, lo último que quiero es que a Yu se le pegue alguna cosa rara por no cuidarse... —Apretó el hombro de Michelle—. Pero dudo que eso ocurra, por el bien de tu papá es mejor que se aleje ahora que hay un océano de distancia para que enfría la cabeza.

Eso no será fácil, pensó Michelle, un poco afligido. Dudaba que Feyn lo permitiera, pero asintió.

—Trataré de comentárselo. —Buscó un último beso—. Nos vemos pronto. Cuídate, y no hagas locuras. —Sonrió, apresurándose a colocarse frente al árbol, a quién pidió que abriera el pasaje a Japón.

—Eso es lo que yo debería decirte a ti. —Esperó hasta que Michelle entró al árbol, la madera se cerró girando sobre sí misma y el rubio por fin pudo retornar al internado.


CONTINUARÁ...

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