CAPÍTULO 24

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Narcisse no estaba atento a dónde Klaus le llevaba, solo que fuera un lugar donde pudiera tenerlo para él solo. Desde que llegó allí, el panorama le causaba un poco de aprehensión, tentado incluso de solo dar la vuelta y regresar a Canadá. Era extraño. Como si conociera el lugar pero a la vez fuera totalmente desconocido. Eso sin contar los miles de sentimientos que la casa en la que estaba refugiado le provocaban.

En retrospectiva, Narcisse se maldeciría por cómo estaba actuando a causa de esos mismos sentimientos. Antes de cruzar las raíces se dijo que daría todo de sí por controlarse y tratar de cumplir los deseos de Klaus, pero la incomodidad de estar en esa casa sacaba lo peor de él en una actitud defensiva.

—Te extrañé mucho —dijo Narcisse apenas se detuvieron, no perdiendo el tiempo en buscar los labios de Klaus, alzándose en la punta de sus pies—. ¿Por qué no habías ido a verme?

Klaus hizo la cabeza a un lado, los labios del joven impactando en su mejilla. Sabía que si se permitía el beso, se perdería en el placer y el dragón no le dejaría pensar correctamente.

—Yo también te extrañé. —Puso sus manos en los hombros delgados de Narcisse, poniendo un poco de distancia entre sus cuerpos—. En serio me alegro de verte pero no puedes llegar como si nada y, además, hacer semejante espectáculo. Le faltaste el respeto a Kenshi y Vladimir.

Narcisse estaba un poco confundido. No pensaba en discutir con Klaus en esos momentos, estaba más que dispuesto a hacer cualquier otra cosa menos eso. Su primer instinto era restarle importancia, rodar los ojos por el fastidio que el tema le daba. Eso sin mencionar que, aparte de la incomodidad de estar en esa casa o en ese lugar, Kenshi le había puedo los nervios de punta. Pero dudaba que tomar esa vía pudiera darle puntos con Klaus.

Respiró profundo, y soltó el aire en un muy largo suspiro.

—Lo lamento —dijo, esforzándose en mostrar un poco de arrepentimiento—. Pero ellos comenzaron, yo solo quería mostrarte cuánto te extrañé. ¿Tiene algo de malo? —A pesar de la distancia que ejercía Klaus, Narcisse logró posar sus manos en la cintura del alemán, acariciando su cuerpo a través de las capas de tela. El clima estaba sumamente cálido allí también, ¿por qué siempre llevaba tanta ropa?

—Puedes mostrarme cuánto me extrañaste en la intimidad de la habitación. —Posó sus labios en la frente del menor—. No es necesario que los demás se enteren. —Permitió el acercamiento, una de sus manos subió por el cuello de Narcisse, la punta de sus dedos acariciando el cabello ondulado a su alcance.

—¿Es eso lo que quieres entonces? —Narcisse frunció el ceño. No era eso lo que había visto en aquella pareja del parque. Se estaban dando mimos en público, y Narcisse le había dado sus propios mimos en público, ¿pero Klaus los quería en privado? En tal caso, ¿qué debía hacer en su lugar? ¿Simplemente ignorarlo? Suspiró frustrado. Estaba resultando más difícil de lo que pensó—. Quieres que te muestre cuánto te extrañé en la habitación, ¿y fuera qué? ¿Hacer como que solo nos conocemos y ya? —Narcisse se apartó, cruzando los brazos frente a su pecho—. No tiene chiste. ¿Es así como será la relación que tanto quieres?

—¿Qué...? —murmuró el alemán, confundido por el cambio de la conversación—. Creo que tu problema es que no tienes filtro y no parece que sepas lo que es apropiado en público. Pero nunca renegaría de ti, no somos un par de desconocidos. —Volvió a acortar la distancia con Yu. Enmarcando su rostro le dio un suave beso en los labios—. Somos pareja, las parejas se demuestran cariño.

—Yo te estaba mostrando cariño y no me dejaste. Ni los otros tampoco. —Narcisse giró la cabeza, todavía molesto debido a que su esfuerzo no fue apreciado—. ¿Qué tenía de malo lo que estaba haciendo? Ellos también harán lo mismo, y yo no me sentiría ofendido.

Klaus suspiró. Es claro que Narcisse no lo entendía.

—Tan sólo trata de no ser tan descarado. En esta época Kenshi se pone muy territorial. No quisiera que hubiera un accidente. —Inclinó la cabeza, juntando sus frentes—. Vamos, no sigas molesto. Quiero que me hables de ti, de tus estudios. —Sus grandes manos abarcaron toda la parte posterior de la cabeza del menor, sus dedos enredándose en el cabello castaño rojizo—. Podemos acurrucarnos en el lago —ofreció.

Narcisse estaba por negarse, él no quería hablar. Quería arrancar toda molesta pieza de ropa en Klaus. Tomó un respiro, y lo observó.

—¿Es eso lo que quieres?

—Claro. Quiero saberlo todo sobre ti. —Entrelazó su otra mano con la de Narcisse.

—Bueno. Supongo que podemos hacer eso. —Aceptó Narcisse con un leve gesto de manos—. Pero debes aceptar que habrán preguntas que no voy a responder, y son válidas.

Klaus guió al joven entre los árboles hasta llegar al lago, se acomodaron bajo una agradable sombra, con la espalda contra un árbol para tener mejor apoyo. A Klaus no le molestó que su pequeño amante quisiera acomodarse entre sus piernas, en realidad ronroneó bastante cómodo, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo de Narcisse.

—Muy bien. Dispara. —Narcisse se acomodó lo suficiente para poder ladear la cabeza y así tener la facilidad de ver a Klaus. En parte se sentía bien estar ahí, era como hacer lo mismo que la pareja del parque—. ¿Qué es lo que quieres saber?

—Hmm. Empecemos por tu escuela. Michelle ha mencionado que el rubio y tú van a un internado. ¿Te esfuerzas en tus clases?

—A veces. —Narcisse se encogió de hombros, para restar importancia al asunto. Aunque era un tema más llevadero, no le interesaba mucho—. Pero la mayoría de las clases me quedo dormido, sobre todo donde hablan mucho. Me gusta más cuando nos hacen actividades. Algunos maestros se quejan de eso, otros lo dejan pasar... —Con un tono más pensativo, porque en verdad lo estaba analizando, Yu añadió—. Creo que es porque he follado con ellos y temen que los acuse si me llaman la atención. Algo muy tonto porque ¿para qué los iba a acusar? Son tan poca cosa, y sus clases muy aburridas. Solo me gustan las clases de matemáticas, y junto a catecismo vemos trece materias a lo largo del año. —Narcisse se estiró, fastidiado—. Estar allí es una pérdida de tiempo.

El pelinegro se tensó tras Yu, no estaba complacido de escuchar algo como eso.

—¿Por qué te acuestas con hombres que no te gustan? No tienes necesidad de eso.

—En parte, sí. Me gusta el sexo. No es necesario que me guste la persona si logra darme amor..., oh, excitación es como lo llamas, ¿no? —Narcisse se veía despreocupado, y con seguridad lo estaba, ignorando la tensión en Klaus—. Mientras la persona esté dispuesta y logre mantener mi interés, lo demás no importa.

—No lo hagas —pidió en voz baja, los labios rozando la piel del cuello—. No necesitas hacerlo con otros, ahora me tienes a mí.

Narcisse permaneció en silencio un minuto entero. Esa voz susurrada y los labios haciendo cosquillas en su piel estremecieron algo más que su propio cuerpo. Se removió, fingiendo buscar una postura cómoda, y carraspeó. La incomodidad todavía la sentía, por lo que deseó cambiar de tema.

—¿Qué otra pregunta tienes? ¿Quieres saber también los aburridos planes de estudio del internado?

—Tu nombre. Es estúpido tomando en cuenta que ya nos hemos acostado pero no sé tu nombre completo, sólo tú apodo.

—Narcisse Allix Boucher —respondió éste, observando el vuelo de dos aves en dirección a su nido. Algo que se daba cuenta era que, allí en ese lugar de Japón, las hojas de los árboles, la hierba, las flores, tenían tanto color como nunca antes vio en Canadá. Nunca había visto una naturaleza tan llena de vida—. Yu es más sencillo. Odio que lo acorten a "Cissy", como hizo un chico en mis primeros años del internado. Logré que lo expulsaran al hacer que le cacharan follando con otro chico mucho menor.

Klaus rió, pasando sus brazos por la cintura del joven, abrazándolo como un peluche.

—¿Por qué Yu? ¿Quién te llamó así?

—Nadie lo hizo. —Yu negó, disfrutando de una suave brisa que de pronto azotó el lugar—. Adrián dijo que esa fue mi primer palabra, y yo solo atendía a ese nombre hasta que aprendí a hacerlo con 'Narcisse'.

—Ya veo. Me gustan ambos. —Besó el níveo cuello—. No sé si es coincidencia o sólo soy yo desesperado por creer que es cierto pero no puedo evitar pensar en que te pareces mucho a mi tesoro.

—¿Me parezco? ¿En qué exactamente? —Narcisse ladeó la cabeza, permitiendo más la caricia, un quedo gemido de placer resonando desde su garganta. Guió las manos de Klaus dentro de la camisa de su uniforme, deseando el toque en su piel; siempre la llevaba desfajada del pantalón para más comodidad.

—El olor, ambos huelen a durazno. —Dejó que sus manos vagaran bajo la prenda, la punta de sus dedos fría en contraste con la cálida piel del vientre y el pecho.

—¿Solo eso? —Narcisse lo observó incrédulo, girando la cabeza lo suficiente—. ¿Cómo puedes saber que es por el olor? La verdad eso no me hace sentir tan especial...

—Yuki también era castaño, su cabello tenía más marrón, no rojizo como el tuyo. —Con su nariz acariciaba el contorno de la oreja del joven mientras sus manos seguían haciendo tranquilizadores círculos en su vientre—. Algo que tenía Yuki es que podía ver espíritus y hablar con ellos.

Narcisse se retorció, de forma que ya no tenía la espalda apoyada contra el pecho de Klaus sino su costado. Su rostro estaba serio, lejos de la expresión causada por el placer de sus caricias.

—Yo... Zachary te lo dijo, ¿no? —Sus ojos se entrecerraron—. Te dijo que yo puedo hacer eso, y ahora tu dices que ese ex tuyo lo hizo para fingir que tenemos algo en común.

Las cejas de Klaus se alzaron en un gesto bastante cómico, desconcertado por la acusación de Yu.

—Primero, no tenía idea de que podías hacerlo, y segundo, no tengo motivos para hablar con tu amigo. —Se mordió el labio inferior bastante emocionado con ese descubrimiento—. ¿En verdad puedes ver espíritus?

—Igual tendrás contacto con Zachary si va a ser tu yerno. —Narcisse quería sonreír ante ese hecho, pero no era el tema principal que estaban tocando. Es más, se dijo, ni siquiera debería estarle dando tanta importancia—. Lo hago. En el internado hay muchos, sobre todo de monjas. La mayoría del tiempo lo uso para asustar a los alumnos pero... —Se encogió de hombros, despreocupado—. No es la gran cosa. Siempre finjo que no están ahí, tengo más cosas por las qué pensar.

Ignorando el comentario sobre Zachary, el pelinegro sonrió, una enorme sonrisa acompañada de ojos brillantes por las lágrimas que se estaban formando.

—Eres tú... Realmente eres tú —dijo totalmente emocionado. A pesar de que había hablado con Ruslán sobre la reencarnación, una parte de él no lo había creído por completo hasta ahora que Narcisse lo confirmaba. Una habilidad tan extraña sólo podía pertenecer a su tesoro—. Yuki... Mi Yuki —suspiró abrazando apretadamente a Narcisse, una pequeña lágrima escapando de su control y mojando la camisa del joven. Emocionado, comenzó a besar el cuello de Yu, su rostro, hasta atrapar sus labios.

El cuerpo de Narcisse estaba tenso. No estaba seguro de qué le perturbaba más: las palabras, el nombre que dijo Klaus, o el fuerte y tan necesitado abrazo. Por primera vez no estaba respondiendo a un beso por el simple hecho de sentirse incómodo. En cambio, quitó su rostro, se removió, y al buscar un poco de espacio terminó arrastrándose lejos del alemán. Su rostro expresaba la molestia que sentía en un ceño fruncido.

—No me llames así. Mi nombre es Narcisse, o Yu. No soy tu ex y no quiero que me estés comparando con él —Se alejó un poco más y se puso de rodillas. Solo necesitaba un impulso para ponerse en pie e irse—. Si así vamos a estar, entonces no quiero seguir con esto.

Klaus quería explicarle que no era así, decirle no era una comparación, lo que realmente significaba esas similitudes pero suponía que no lo entendería de buenas a primeras. Quizás con el tiempo.

—Tienes razón —dijo limpiándose la lágrima—. Fue insensible de mi parte.

Narcisse suspiró. Debería mostrarse un poco más comprensible con Klaus, no creía que hubiera tenido muchas parejas antes que él, y parecía que más bien aquella mujer aceptó esa situación, cómo era posible, no lo sabía. Pero él no lo iba a permitir.

—No hay problema. Solo... no lo repitas más. Estás ahora conmigo, y yo soy independiente de cualquier otra persona con la que hayas estado. No quiero ser un reemplazo, por mucho que digas me parezco...

—De acuerdo. —Bajó la cabeza un momento, pareciendo un perrito regañado, aunque el gesto no le duró mucho tiempo—. Tú también puedes preguntarme cosas, si quieres —ofreció con una media sonrisa.

Narcisse lo pensó por un rato. No se acercó a Klaus todavía, no le había disculpado aún.

—¿Qué pasó con la otra mujer? ¿Ella se fue por su cuenta o la corriste?

—La primera noche que nos encontramos, Feyn prácticamente le dijo que lo nuestro era una farsa. Bárbara fue bastante comprensiva en realidad. Se fue una vez que terminamos lo que teníamos que hacer en Canadá.

Narcisse se inclinó hacia atrás, ladeando la cabeza. Le resultaba curioso no sentirse sorprendido, o confundido más bien, tanto por la forma en que Klaus se refería a sí mismo de nuevo como el actuar de aquella mujer.

—¿Sufres de trastorno de la personalidad? Sigues refiriéndote a ti mismo como "Feyn" y a veces tienes cambios de voz como si fueras dos personas diferentes...

—Es porque somos dos personalidades diferentes. Dado que ahora somos una pareja, es justo que lo sepas. —Normalmente era un poco más delicado al momento de revelar su secreto, pero este era su tesoro, quería mostrarle, que finalmente lo recordara—. Lo viste esa noche. ¿Recuerdas? Somos dos caras de la misma moneda. —Mientras hablaba, su ojo izquierdo se tiñó de amarillo y su pupila se alargó como la de un reptil.

Allí, Narcisse se acercó más. Las veces que lo había visto siempre era de noche, sus ojos habían brillado como dos focos, llamativos. Ahora que lo veía a la luz del día, y cuando solo era un ojo con esa coloración, resultaba un poco inquietante.

—¿Cómo puedes hacer eso? ¿Es una enfermedad o condición? —Estiró la mano para tomar el rostro de Klaus y analizarlo—. Realmente parece un ojo de reptil...

—Podemos llamarlo una condición. —Su otro ojo también se tiñó de amarillo de la misma manera, las escamas negras salieron cubriendo toda su piel. Tuvo que separarse del árbol en el que estaba recostado para dejar que las alas y la cola salieran.

Los ojos de Narcisse se abrieron ampliamente, denotando la sorpresa que sentía. Un leve recuerdo de haberlo visto se deslizó por su mente. Quiso atribuirlo a que se trataba de alguna vez durante la noche que él se mostró de esa manera y él no lo recordaba.

—¿Cómo es que...? ¿Son reales? —Dudó un momento, y estiró la mano para tocar la estilizada cola. Se estremeció al palpar las escamas. Eran muy reales—. ¿Naciste así?

—No. Me hicieron así. —Tomó las manos de Narcisse entre las suyas más grandes, el contacto con las escamas de sus manos era extraño pero suave al tacto, las largas garras negras rozaron la piel del castaño con delicadeza.

—¿Por qué? —Narcisse no podría comprender cómo alguien querría convertir de tal manera a una persona. Klaus se veía como un extraño animal humanoide, una quimera, más bien. Narcisse de dijo que tendría que beber mucho para al menos considerar una sesión de sexo. Esto rebasaba el límite de lo grotesco que él aceptaba. Y que hablando de grotesco, la curiosidad se le trasladó a otro lado—. Quiero ver algo. —Soltando sus manos, las dirigió al borde del pantalón de Klaus, comenzando a desabotonar y bajar la bragueta—. ¿Hasta dónde llegan tus escamas?

—Yo, eh... —Un escalofrío recorrió el cuerpo del alemán cuando sintió que su ropa era apartada y su pene expuesto. Dio un respingo al sentir las manos del joven tocándolo. Igual que las escamas de sus manos y rostro, que eran más suaves que el resto de su cuerpo, también cubrían la piel de su prepucio y el escroto. En ese punto de su cuerpo las escamas no eran completamente negras, más bien como un gris muy oscuro. El glande dentro de su prepucio seguía siendo de un sano color rosado.

—Vaya, vaya. —Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Narcisse—. Esto sí que es interesante. —El joven toqueteó todo el miembro, asombrado porque a pesar de las escamas aún siguiera suave al tacto—. ¿Qué es...? Recuéstate un poco más. —No miró a Klaus, y más bien lo empujó. La cola le estorbaba un poco con el pantalón pero pudo bajarlo más y ver mejor algo en el espacio entre el pene y los testículos—. ¿Te cortaron aquí? —Con una mueca, Narcisse observó mejor. No era una cortada, sino una abertura. Cuando sus dedos incursionaron en ella y un nuevo apéndice salió, Narcisse soltó una exclamación—. ¡Mon dieu! —No era idiota para no reconocer que era muy idéntico al miembro reproductivo de los reptiles que vio en sus clases de biología. Pero verlo salir del cuerpo de Klaus era totalmente escabroso—. ¡Tienes la polla de los reptiles también! —Su voz estaba dividida entre sonar sorprendida, disgustada y extasiada—. ¿En verdad puedes follar con ella? —No dudó en tocarla, interesado en saber cómo funciona o por qué parecía tener púas en su punta. ¿Cómo entraba eso en el culo de alguien?

—A-ah! —Con sólo ese ligero toque, todo el cuerpo del dragón se estremeció, una de sus manos aferró el hombro de Narcisse con fuerza mientras intentaba recuperar el aliento—. No toques... ahí —murmuró con la voz entrecortada. Dada la sensibilidad del hemipene, su propio miembro reaccionó en consecuencia.

—¿Por qué? —Una pequeña sonrisa burbujeó en los labios de Narcisse, encantado por las reacciones de Klaus—. Mira cómo te pones, te estás poniendo duro y apenas te he tocado. —Con la mano libre, rodeó el pene de Klaus en tanto la derecha continuaba rozando el nuevo y descubierto miembro—. ¿Eres más sensible aquí? ¿Qué sientes si hago esto? —cuestionó, al tiempo que sus dedos rozaban desde las púas a todo lo largo del miembro, atento al rostro de Klaus. Debía admitir que le daba una morbosa diversión toda la situación frente a él.

Un balbuceo tembloroso escapó de los labios de Klaus, todo su cuerpo se tensó y sus bolas se apretaron en respuesta a la caricia recibida en su hemipene.

—Si sigues así voy a... —Un gemido interrumpió cualquier frase que estuviera a punto de decir, los dedos de sus pies se estiraban y encogían dentro de sus zapatos ante el abrumador placer que estaba sintiendo.

—¿Vas a correrte? —Esta vez, Narcisse se permitió sonreír tan ampliamente como si le dieran un regalo. Estaba disfrutando torturar al hombre, animal, o lo que sea fuera Klaus—. Hazlo. Quiero verlo. —Prácticamente ordenó, ahora, su mano masturbando el hemipene mientras la otra los mismos movimientos en la otra erección—. Quiero ver cómo te corres con esta cosa. ¿Cuánto puedes durar con ella? ¿Se siente tan bien como se ve?

—Bien... Se siente muy bien. —Dio otro largo gemido, y antes de darse cuenta, sus bolas estaban palpitando para expulsar el semen por ambos miembros, el esperma derramado de la punta del hemipene se sentía más espeso y era completamente blanco a diferencia del semen que salió de su pene humano que tenía una consistencia más líquida y era semi transparente.

El alemán tembló, su cuerpo colapsó contra la corteza del árbol mientras los espasmos del orgasmo le recorrían todo el cuerpo. Sin notarlo comenzó a ronronear.

Narcisse observó el semen en sus manos, notando las diferencias en ambos. Movido por la curiosidad, probó con la punta de su lengua el líquido más espeso, palpando el sabor.

—Nada mal... Un poco más agrio a lo usual. Un día quiero probar... Oh —Se interrumpió al notar cómo el miembro se retraía por sí mismo en la abertura. ¿Klaus lo hacía conscientemente? Se puso en pie, sacudió un poco sus manos y caminó al lago donde las enjuagó. Pronto regresó con Klaus, donde acomodó él mismo sus pantalones antes de mirarlo—. ¿Has tenido sexo antes con ese pene?

—Sólo una vez —respondió recuperando el aliento. Desde su garganta todavía se podían sentir las suaves vibraciones del ronroneo, volvió a separarse de la corteza del árbol, en una posición más recta para permitirle a sus alas y cola retraerse dentro de su cuerpo. Quería besar a Narcisse pero no podía hacerlo con las escamas afuera, el veneno de su saliva podría matar al joven.

—Hmm. ¿Llegaste a tener sexo con esa mujer? —Era una pregunta que moría por saber la respuesta. En otras circunstancias preguntaría quien fue la persona con que tuvo sexo usando ese extraño pene, pero de alguna forma lo sabía. Yuki. No entendía cómo, pero esa única vez que mencionó Klaus no fue con aquella mujer.

—No. Nosotros apenas nos besamos, toque sus senos... pero no llegamos a tener sexo. —Sintiéndose un poco más repuesto, tomó el rostro de Narcisse y comenzó a besarlo—. En realidad me sentía bastante incómodo pensando en la noche de bodas. Nunca he estado con una mujer. Kenshi dice que no es muy diferente de hacerlo con un hombre, sólo tenía que ser más delicado. —Volvió a rodear la cintura de Yu con sus manos, en un gesto silencioso pidiéndole que volviera a acercarse—. Aun así no me sentía cómodo.

Narcisse dejó que Klaus lo acercara, es más, se acomodó de forma que pudiera sentarse en el regazo de Klaus, apoyando su costado con el pecho de Klaus y la cabeza en su hombro.

En parte le parecía raro que Klaus no hubiera tenido relaciones sexuales con la rubia, él lo habría hecho. Pero otra parte de él estaba feliz de que no lo hubiera hecho. De que hasta ahora, solo él había disfrutado del hombre.

—¿Tienes alguna pregunta para mí? ¡Oh! ¡Acabo de acordarme! —Se emocionó, y giró a verlo—. Ya que pronto serán las vacaciones de pascuas, Adrián vendrá por mí. Estás invitado a ir a mi casa, en Montreal. —Narcisse le sonrió, juguetón en tanto acariciaba su barbilla.

—Me encantaría. Trataré de pedir un fin de semana libre para ir a visitarte. —Continuó ronroneando ahora que Narcisse estaba tan pegado a su cuerpo, compartiéndole calor

Narcisse no se molestó en retirarse, y por el contrario dejó que sus ojos se cerrarán. Estaba ya cómodo allí que ni el recuerdo de volver al internado cruzó por su mente.

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Ruslán se estremeció por la sensación de las orugas peludas en su cuerpo y, apenas pudo reponerse, avanzó por el ya conocido camino que le llevaría a la casa de Gerardo.

Iba casi todos los días desde que volvieron de Canadá. Pero tenía ya tres días sin ir, y más con la pesadilla que sufrió Michelle. Habían vuelto a casa para enterarse de la visita de Zachary y Narcisse. El primero se había marchado ya, supuso que Klaus estaba con el otro pues no había visto a su hermano. Por su parte, Jim y él apenas lograron animar a Michelle. Los panecillos de Zachary pudieron mantenerlo lo suficientemente tranquilo que hasta le pidió a su padre le diera un par de lecciones. Ruslán quiso escaquearse y acabó escogiendo una visita a Gerardo para eso.

En Italia ya estaba anocheciendo. Por lo que buscó al mago en el interior de la casa.

—¿Gerardo? —llamó mientras cerraba la puerta.

—Estoy en la cocina, bambino. —La voz de Gerardo se escuchó desde la otra habitación. Tenía un delantal puesto, los brazos cubiertos de harina hasta el codo, incluso se las arregló para que una mancha de polvo blanco le cruzara la mejilla—. Llegaste a buen momento. Estoy preparando calzone.

Ruslán siguió su voz hasta la cocina, donde sonrió al verle en su labor. Llegó a su alcance, tomó su rostro y plasmó un sonoro beso en sus labios, arrebatándole el aliento. Aprovechó de limpiar con su dedo la mancha de harina en su cara.

—Mejor aún. Me gusta hacerte compañía —Se alejó unos pasos, dándole espacio para acabar el platillo—. Quería venir antes pero han... pasado unas cosas que no me lo permitían.

—¿Qué tipo de cosas? —preguntó el italiano mientras ponía sobre la masa la salsa de tomate con mucho queso, embutidos, tomate, orégano y otros ingredientes. Después dobló la masa por la mitad y cerró las orillas con los dedos. Hizo un segundo calzone igual y los metió al horno.

—Pues... —Ruslán se debatió cómo exponer la situación—. ¿Es posible que el cambio que le hicieron a Michelle provocara efectos secundarios? Como, no sé, ¿pesadillas? —Ruslán suspiró, y quiso enfocarse en hacer algo. Consideró que preparar la mesa sería lo ideal, así que comenzó a buscar los platos y cubiertos. Estuvo allí el suficiente tiempo para saber dónde encontrar cada cosa, al menos lo referente a la cocina—. Michelle jamás fue de tener pesadillas, y ha estado teniendo varias. Muy feas. Tuvo una hace dos días, y hasta el día de hoy hemos logrado que vuelva, bien, a ser el de antes. Al menos un poco.

—Pesadillas... —murmuró el mago, quitándose los restos de harina con un trapo húmedo—. No... Eso no tiene nada que ver con el cambio. ¿Qué es lo que hay en sus sueños que lo inquieta tanto?

—Nunca ha comentado mucho, pero en el último que tuvo llegó a mencionar un hombre de ojos rojos, y la presencia de Angie. El sujeto le torturaba y ella le ayudaba en eso. —Ruslán salió al comedor, organizando la mesa—. Jamás vi a Michelle tan asustado con un sueño, se aferraba tanto a Klaus... Estás últimas noches ha tenido que dormir con él, y según mi hermano, a veces Michelle se despertaba en las noches.

En el momento que Ruslán mencionó los ojos rojos, supo de qué se trataba. Negó con la cabeza repetidas veces con pesar.

—Las pesadillas de Michelle no tienen nada que ver con su cambio... —Se pasó la mano por el cuello bastante preocupado—. Alguien está interfiriendo con sus sueños.

—¿Alguien? —Ruslán regresó a la cocina, deteniéndose para ver al mago—. ¿A qué te refieres exactamente? Son sueños, no puede ser otra cosa más grave, ¿no?

Gerardo volvió a negar con la cabeza, Gerardo dio una mirada al horno antes de acercarse a Ruslán.

—Recuerdas que mencioné la existencia de tres libros, ¿cierto? —Esperó a que el japonés asintiera—. Tres libros custodiados por cuatro guardianes. El libro rojo contiene toda la información referente a la fauna del planeta. —Alzó su dedo índice, indicando su primer libro—. El libro blanco, toda la información de los seres humanos desde su creación. —Alzó un segundo dedo—. Por último tenemos el libro negro...

Ruslán entrecerró los ojos, concentrado.

—Ese libro... dijiste que era el de los demonios, ¿cierto? Lo tienen los magos de la vida y la muerte... —Ruslán tardó un segundo en captar el punto. Sus ojos se abrieron tan amplios que parecían salir de sus cuencas—. No... ¿Estás tratando de decir que es un demonio el que tortura a Michelle? Pero no tiene sentido. ¿De dónde pudo salir?

El mago sonrió, orgulloso de que Ruslán hubiera llegado a la conclusión correcta sin que él tuviera que decirle todo.

—Tengo una fuerte sospecha de dónde pudo salir —murmuró para sí mismo. No tenía idea de que Ruslán con su fino oído pudo escucharlo—. Trataré de contactar a Ametts. Seguramente podrá decirnos como bloquear a este ser maligno de sus pensamientos.

—¿Ametts? ¿Quién es él? —Ruslán se apoyó del mesón de la cocina. Todavía seguía incrédulo a las palabras de Gerardo. No debería, después de todo Gerardo era mago y él mismo presenció la magia, pero la mención de demonios, con todo lo que había escuchado de ellos en leyendas y hasta cuentos de terror, seguía pareciéndole algo imposible. No le extrañaría que Michelle pareciera fan aterrado por las noches—. ¿De dónde piensas que pudo salir ese... demonio?

—Ametts es uno de nosotros. —Sonrió el italiano—. El guardián de los sueños. Aunque no lo creas es una tarea muy dura, el pobre no tiene ni un momento de descanso. —Volvió al horno para revisar los calzones, estaban dorados y olían muy bien—. ¡Está lista la cena! —anunció emocionado. Agarró dos paños para sacar las bandejas—. ¿Sabes qué combinaría de maravilla con estos calzones? Un Pinot Gris, en el armario hay una botella. Me la trajo un hombre el otro día a cambio de medio kilo de uvas y un kilo de varios vegetales.

Ruslán no pasó por alto el hecho de que Gerardo ignoró su pregunta respecto al demonio. Quiso presionarlo para que le dijera a que se refería, pero consideró mejor dejar que el mismo hombre le dijera cuando lo deseara. En cambio asintió, y fue al armario a buscar la botella mencionada. Aunque había comido hace unas pocas horas, el delicioso olor del calzone despertó su apetito. No quería admitirlo en voz alta, pero le atraía mucho alguien que cocinara tan delicioso. Ruslán era nulo en la cocina al igual que su padre.

—¿Los sueños necesitan guardián? —cuestionó, rebuscando en el armario hasta dar con la botella. La llevó a la mesa.

—Claro que sí. Los sueños son súper importantes. —A uno de los calzones se le estaba derramando el queso por un lado, Gerardo se apuró en servirlos para que el queso no le quemara los dedos—. Los sueños pueden decir mucho de una persona, de sus anhelos, sus deseos —explicó, tomando la botella para descorcharla—. Seguramente dirás que es algo tonto, para un adulto puede serlo, pero es muy importante que los niños tengan buenos sueños. Un niño cansado y triste no podrá ser un buen adulto.

—¿Y crees que Ametts podrá ayudar a Michelle con sus pesadillas? —cuestionó Ruslán, sentándose en la mesa, esperando a Gerardo—. Dijiste que él no tiene ni un momento de descanso. ¿A qué te refieres?

—Al menos nos dirá lo que debemos hacer para que Michelle pueda dormir adecuadamente. —Sirvió dos copas del vino espumante y se sentó a la mesa—. Buon profitto. —Dio el primer sorbo a su copa antes de contestar la pregunta de Ruslán—. Imagínate por un momento tener a tu cuidado el sueño de todas las personas del planeta, todas ellas con horarios de sueños diferentes.

Ruslán juntó sus manos en agradecimiento por la comida antes de comentar. El rico olor lo estaba torturando desde hacía rato.

—Entonces... ¿No tiene descanso alguno? Eso es horrible. Una persona debe dormir, aún siendo un mago.

—Sí lo tiene. La edad oscura fue una prueba de eso. —Rió al ver la cara que puso Ruslán.

Ruslán hizo un puchero muy parecido a Kenshi.

—¿Cómo vas a encontrarlo? Espera... —Ruslán recordó algo, que había pasado por alto hace unos momentos—. Si se trata de un demonio, en vez de contenerlo con ayuda de Ametts, ¿no sería mejor usar ese libro negro? Mejor erradicar la enfermedad desde la raíz, ¿no? —cuestionó, antes de llevarse un buen bocado del calzone a la boca—. Mmh, me encanta esto. Está buenísimo.

El ánimo de Gerardo bajó rápidamente ante la sugerencia de Ruslán.

—No es una decisión que me corresponda —respondió con pesar el mago—. No podemos ir exorcizando demonios por ahí a nuestro antojo. El equilibrio del mundo se perdería.

—Pero... ¿se podría hacer? Gerardo, si es un demonio en verdad, podría hacerle daño a Michelle. —Ruslán lucía preocupado, y lo estaba. Imaginaba que esa noche Michelle pediría a Klaus dormir con él otra vez, o con suerte aceptaría hacerlo solo. No lo sabía en realidad.

—Se podría... —Fue todo lo que dijo el italiano, su vista fija en su plato. Cortaba el calzone sin realmente comérselo, su apetito disminuyó por lo que dejó los cubiertos en la mesa. Prefirió beber más vino.

—¿Qué ocurre? —Ruslán estiró la mano, logrando tomar la del mago, apretándola en la suya—. Hay algo que no quieres decirme. ¿Por qué? Si tiene que ver con Michelle...

—Ruslán, por favor, no sigas —pidió Gerardo, sintiéndose mentalmente agotado. No podía decirle a Ruslán lo que sabía, lo que implicaba que ese demonio estuviera acosando a Michelle en sus sueños—. Contactaré a Ametts. Él podrá guiarnos para proteger los sueños de Michelle.

Ruslán lo observó en silencio. Le disgustaba ver a Gerardo así, en las últimas semanas no podía recordar haberle visto tan desanimado y cerrado en sí mismo. Lo que sea estuviera ocultando debía ser algo muy inquietante.

Asintió a sus palabras.

—Lo siento. No debí insistir... Gracias por querer ayudar a Michelle. —Viendo los platos aún llenos de ambos, Ruslán apretó un poco más su mano—. Anda. Come conmigo... ¿Qué tal si me cuentas de ese hombre que trajo este Pinot? —indicó con un gesto a la botella. Aún no se había alentado a probar del vino—. ¿Ha venido otras veces? —preguntó, queriendo un tema que lograra alegrar al mago.

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Michelle fue el primero en abandonar el salón luego de la cena. Tardó más de lo usual en el baño, relajándose en la tina y casi durmiendo allí. El día había sido un poco pesado. Jim lo llevó de paseo con Irina, y después pasó otro rato con su abuelo estudiando el huevo que tío Keso encontró. Aún necesitaba unas semanas más para que eclosione, le dijo. Pero nada iba a evitar que la noche llegase. Las últimas dos noches fueron tranquilas, Michelle había necesitado la presencia de Klaus para dormir. Pero era ya un adulto, no podía contar con la compañía del hombre como si aún fuera un bebé.

El asunto era que ni siquiera sabía cómo decirle a Klaus que ya no necesitaba de su compañía –a pesar de que aún le daba algo de miedo estar solo. Michelle no había hablado con el hombre de algo que no fuera las pesadillas desde aquella discusión que tuvieron donde él, Michelle, descubrió que Angie era su madre. Y Michelle incluso había olvidado buscar las cartas de su padre a ella. La relación con su padre no era precisamente perfecta en esos momentos y le incomodaba. Le dolía.

Entrando en la habitación, se vistió pijama y se dejó caer en el futón, una vez hubo acabado. Se quedó largo rato observando el techo en silencio.

No pasó mucho tiempo para para que comenzara a escuchar el sonido de pasos, incluso con su audición desmejorada pudo sentirlos acercarse hasta que se detuvo frente a la puerta de su habitación, luego escuchó un suave toque y en seguida Klaus deslizó la puerta de su cuarto.

—Ya te cambiaste, bien. —Señaló el alemán al mirarlo—. Pedí leche tibia en la cocina para ti. Está en mi habitación, deberías tomarla antes acompañarme en el futón.

—No. —La voz de Michelle salió un poco apresurada, y en seguida pareció algo avergonzado—. Quiero decir..., Quiero dormir solo hoy. Creo que puedo dormir sin que me acompañes esta noche. —Michelle todavía no se atrevía a verlo, si bien lo hizo de reojo cuando apareció bajo el umbral de la puerta—. Estaré bien. Estoy bien.

Klaus miró a su hijo un largo rato, se fijó en sus ojeras, su piel un poco pálida por la falta de sueño. Suspiró con pesar. Michelle no había querido hablar con él desde el otro día que volvió con el rubio americano y tuvieron esa tumultuosa charla... Suponía que después de dos noches de compartir la cama, y aun así no decirse nada el uno al otro, imaginaba que el castaño necesitaba de su espacio.

—De acuerdo. Emm... Te traeré la leche.

Michelle asintió. Su cuerpo se relajó visiblemente cuando Klaus salió para buscar la leche. No creía que se sintiera bien, pero no por la pesadilla, sino por esto raro que ocurría entre su padre y él.

Al Klaus volver, Michelle se incorporó y tomó el vaso de su mano.

—Gracias... —Se permitió beber un poco del líquido—. Papá..., si tú no fueras amigo de Angie, ¿me habrías recibido como lo hiciste? —Michelle tenía miedo de alzar la mirada de la leche y verlo—. A pesar de los problemas que hice.

—Michelle, tú no eres un problema. Nunca pienses en ti mismo de esa manera. —Sentándose a su lado en el suelo le puso la mano en el hombro—. Eres mi hijo y te quiero.

Michelle tardó un momento en inclinarse a un lado, bebiendo un poco más de la leche.

—Papá..., prométeme que de ahora en adelante no vas a ocultarme nada. Yo... —Michelle apartó la leche, y por fin alzó la vista para verle—. no quiero que me ocultes más cosas como lo de Angie. No importa si es por mi bien...

Klaus apartó la mirada de Michelle.

—No sé si puedo prometerte eso, hijo. Siempre vas a ser mi bebé..., mi cría.

—Pero serlo no significa que debas mantenerme ignorante de las cosas, papá —insistió el joven, girándose por completo a Klaus, el vaso de leche dejado a un lado a medio acabar—. Por favor, no quiero más mentiras ni secretos... No quiero seguir molesto contigo. —Para entonces, tuvo que bajar la cabeza, afligido.

—Me entristece que estés molesto conmigo —murmuró el pelinegro.

—Me ocultaste la verdad. No quiero que lo hagas, no quiero que vuelvas a hacer promesas así. —Michelle negó, con un poco más de determinación—. No importa qué tan mala sea, quiero saberlo. ¿Sí?

Pasó un momento en el que Klaus se quedó callado. Michelle era lo suficiente grande para saber la verdad de ciertas cosas pero lo que no quería con esto era que se dejara llevar por los mismos impulsos que Shin. No podría soportar perder a su cría.

—Sólo si tú me prometes que no te meterás de cabeza en el peligro.

Michelle quiso abrir la boca para negarse, recordando su plan de ayudar a Angie. Se sentía mal por prometerle algo así a su padre sabiendo lo que quería hacer.

—Lo prometo. —Suspiró. Cumpliría su palabra luego de ayudar a Angie, no antes, se dijo—. Papá, ¿puedo preguntarte algo? No tiene que ver con Angie...

Sintiéndose sólo un poquito más aliviado con esa promesa, Klaus se permitió relajarse. Michelle volvía a hablar con él como antes y eso le gustaba, la atmósfera entre ellos estaba mejorando.

—Dime

—Pues..., ¿conoces a alguien de apellido Wilson? —Michelle sabía que estaba metiéndose en un terreno peligroso, pero Zachary era importante para él, quería involucrarlo con su familia y no podrían mantener por siempre la verdad de su apellido. Menos ahora que pidió lo mismo a Klaus—. Am, hablando con Angie mencionó algo al respecto... Quería saber más.

Para sorpresa de Michelle, el gesto de su padre cambio completamente. Su ceño se frunció y su rostro se tensó de una forma que el castaño nunca le había visto.

—¿Qué te dijo ella exactamente? —preguntó con la mandíbula apretada.

—No mucho, en verdad... —Michelle estaba preocupado. Angie había dejado claro que el saber el apellido de Zachary no le agradaría nada a su padre, pero no pensó que sería de esta manera. Empezaba a temer por Zachary y de si su padre permitiría su relación con él, esta vez por su apellido. ¿Qué había pasado entre su padre y el de Zach?—. Papá, ¿tuviste una pelea con alguien de ese apellido? ¿Qué ocurrió?

Klaus no quería hablar de esto, nunca lo hizo, ni siquiera a Yuki. Vladimir sabía porque lo atendió en su momento de mayor vulnerabilidad después de ser rescatado junto a Kenshi pero hizo una promesa de no mentirle a Michelle...

—Conocí al General Harold Wilson cuando atacó la casa Feudal con su ejército —comenzó a relatar el mayor—. Un Americano de cabello negro y ojos verdes, sediento de sangre. Tendió una emboscada y mató al Señor Feudal Ottori, el padre de Kenshi... No pude llegar a tiempo para salvar a Taiga pero al menos impedí que el bastardo se saliera con la suya. Lo maté esa noche.

Sus palabras fueron fluidas y sin rencor, como si le diera su reporte a Kenshi, igual que hacía todas las noches. La siguiente parte de la historia era un poco más difícil de sobrellevar.

—También tuvimos el desagradable honor de conocer al Mayor Tyrone Wilson, una copia de su padre e igual de sádico y obsesionado con la guerra. —Sus puños se apretaron, tanto que sus nudillos se pusieron blancos—. Lo conocí cuando me infiltré en una fiesta americana con Yuki, fingiendo ser Vladimir Volsk. Parece que la investigación de Vladimir le causó una enfermiza fascinación a Wilson. Después, durante nuestro viaje al continente Americano, Angie nos advirtió de que estábamos siendo buscados. Una noche nos emboscaron, nos atraparon a Kenshi y a mí. El malnacido me... —Todos los sentimientos negativos estaban burbujeando en la superficie, alterándolo. Klaus tuvo que respirar hondo ara seguir hablando—. Me torturó frente a Kenshi para obligarlo a decir la ubicación de los documentos de guerra de Japón...

Michelle estaba impactado. Lo que su padre le estaba contando era mucho más grave de lo que imaginó. Podía percibir el rencor en su voz, en especial hacia el que, por lógica, sería el padre de Zachary. Michelle empezó a preocuparse, pensando en cómo reaccionaría su padre al enterarse. ¿Cómo podría hacerle entender que Zachary no tenía la culpa de lo que su cruel padre hizo? Hasta Michelle tenía problemas en creer que alguien tan carismático, apasionado y cariñoso como Zachary pudiera haber concebido por un individuo de tal calaña como Tyrone.

El joven alzó la mirada a su padre. Le dolía, atemorizaba, ver la expresión tan iracunda en Klaus. Nunca le vio tan trastornado como ahora.

—¿Qué...? —¿En verdad se sentía preparado, a gusto, para saber lo demás?—. ¿Qué ocurrió con ese hombre? —Algo le decía que la ira que veía no era solo de Klaus, y bien sabía él lo peligroso que era la furia del dragón.

—Estábamos intentando escapar en el barco que nos esperaba en el muelle. Un grupo de soldados americanos nos emboscó, hubo muchas bajas y yo fui separado del grupo. En la conmoción del momento, Tyrone me acorraló. —Sin intención, un gruñido bajo escapó de sus labios, la boca estaba tan tensa que enseñaba los colmillos—. Feyn tomó el control y atacó al tipo, le aplastó la cabeza contra el suelo. Cuando llegué al barco me enteré del deceso del líder de la resistencia que nos ayudaba a escapar.

Michelle ni siquiera prestó atención a eso último, toda su atención quedó en la parte donde su padre, no importaba si se trataba de Klaus o Feyn, había acabado con la vida del padre de Zach. Sus ojos se aguaron, y fue una titánica tarea contenerlas. Zachary le había dicho que no tenía mayor recuerdo de su padre, no el suficiente como para tenerle cariño, pero ¿y si hubiera sido un buen padre, sin importar lo demás? Michelle sentía una división entre el dolor por lo que tuvo que pasar su padre a manos de ese hombre, y el pensar en que debido a eso su novio apenas tenía recuerdos de su propio progenitor. Bien podía comprender Michelle eso.

—Papá..., ¿qué harías si tuvieras al hijo de... de ese hombre frente a ti? Lo... ¿lo culparías por lo que hizo su padre?

Klaus bufó, mirando a Michelle como si hubiera hecho una pregunta extremadamente tonta.

—Conociendo su ascendencia, seguro que sería de la misma calaña que su padre y su abuelo. —Negó con la cabeza repetidas veces—. No lo culparía pero tampoco dudaría en atacarlo. Personas como esas... sedientas de sangre y caos, hay que eliminarlas.

—Pe-pero ¿y si no lo fuera? —insistió Michelle, casi desesperado—. ¿Y si fuera una buena persona? Jamás lo conoció, y por lo tanto no tuvo su cruel influencia a su lado. Justo como yo con mis verdaderos padres... ¿Aun así lo culparías?

Los ojos verdes de su padre se clavaron en él cuando hizo esa pregunta. Su ceño seguía fruncido pero lo miraba desconcertado por el desespero que captó en su voz.

—¿Por qué te importa tanto?

Michelle trató de decir algo pero las palabras simplemente no salían de su boca. Frustrado y entristecido por el descubrimiento, Michelle se acomodó en su cama.

—Por nada, papá —declaró con un largo resoplido—. Creo que ya iré a dormir...

—...Sí. Escogiste una terrible historia para dormir en mi opinión. —Klaus necesito tomar aire de nuevo para calmar sus emociones, con lo agitado que se sentía por remover viejos recuerdos, seguro que no podría conciliar el sueño durante un buen rato—. Si lo necesitas, puedes ir a mi cuarto. —Le ofreció al castaño ayudándole a arroparse con la colcha.

—No, estaré bien. —Michelle se arrebujó, dando una sonrisa conciliadora al mayor. Él también creía que le costaría dormir, pensando una y mil veces en lo que su padre le dijo así con cómo le haría con Zachary y su relación. Tenía casi cinco días sin hablar con el rubio, pero esta vez no podía conformarse solo con una llamada por teléfono. Consideró mañana tratar de infiltrarse en el internado y verlo—. Buenas noches, papá.

—Buenas noches, hijo —Se inclinó dejando un beso sobre su frente y se levantó del suelo. Apagó la luz antes de salir de la habitación y deslizar a puerta del cuarto tras él, dejando a Michelle solo.

Michelle se colocó de costado, dando la espalda a la puerta.

Klaus mató al padre de Zachary, y no solo eso, a su abuelo también. Zachary había mencionado escuchó rumores respecto a que su familia paterna no eran unos santos, pero nada preparó a Michelle para una verdad así. ¿Qué podía hacer él para evitar que su padre culpase a Zachary de algo que no hizo? Zachary era apenas un bebé en ese entonces.

¿Y si tal vez les pedía consejo a sus abuelos? ¿Ellos tal vez le dirían a Klaus? ¿O que tal a tío Jim? Michelle dio vueltas en la cama, un poco inquieto, tratando de pensar en una forma de que Zachary y él salieran libres de ese asunto. Michelle no deseaba que su padre le separase de Zachary por esa, injusta a su parecer, razón. El sueño le cogió de esa forma, en medio de la angustia por sentirse dividido entre su padre y el chico que comenzaba a amar.

El castaño abrió los ojos repentinamente y se encontró con que estaba en un bar. No se asemejaba en nada al bar que dirigía el tío Jim: este lugar era oscuro, no tenía una atmósfera agradable donde podías irte de copas con un par de amigos. Claramente se trataba de un sueño. El lugar estaba desolado, no había clientes, tampoco bailarinas y la barra del bar también estaba deshabitada aunque parecía que todo estaba listo para la hora nocturna.

Michelle era el único en ese lugar y estaba sobre un escenario, vistiendo un corsé ajustado de color negro que le apretaba el estómago, obligando a su cuerpo a simular una cintura que obviamente no poseía. Una tanga igualmente negra cubría apenas sus partes nobles, y se conectaba a un liguero que sostenía una medias negras que envolvían sus muslos agradablemente. Desde una esquina poco alejaba se escuchó un silbido apreciativo, lo único que resaltaba desde el oscuro rincón eran los ojos rojos que solían atormentarlo en las pesadillas anteriores.

—Baila para mí, Michelle.

El joven retrocedió, espantado, sintiendo que no podía respirar por la prenda usada y además debido al ataque de ansiedad que estaba sintiendo por la situación. No, no otra vez, se suponía que no habría más pesadillas, había dejado de tenerlas desde el día anterior.

Con los ojos llenándose de lágrimas, Michelle bajó del escenario, corriendo en busca de una puerta por donde huir. Pero no tenían ninguna cerradura.

—No, no, por favor. —Michelle comenzó a golpear la puerta, sin desear mirar tras él. No quería ver aquellos ojos de nuevo—. ¡Ayuda! ¡Papá! ¡Sácame de aquí, sácame, por favor!

—Oh, pequeño. ¿Es que todavía no lo entiendes? —La voz del hombre se acercaba, asfixiándolo, el frío del lugar le calaba los huesos. Las luces iban disminuyendo hasta que sólo quedaba una luz sobre Michelle, oscureciendo todo lo demás a su alrededor. Las manos heladas del demonio se posaron en sus caderas—. No puedes escapar de mi —susurró contra su oído.

—¡No me pongas las manos encima! —Michelle se giró, atreviéndose a darle un manotazo al rostro a la figura detrás de él, el sonido resonó con un eco que solo heló más la sangre en Michelle. Estaba más pálido a lo usual, y se pegó por completo a la puerta, como si buscara mimetizarse en ella. Era un sueño, tenía que despertar, era un sueño, ¡despierta!

Al darse la vuelta, el castaño por fin pudo ver el rostro del hombre que le acosaba en sueños. Largo cabello blanco enmarcando un anguloso rostro, los ojos rojos como la sangre resaltaban en el pálido rostro, su desagradable sonrisa hacía que su atractivo rostro diera miedo.

—Eres arisco, igual que tu madre. —Pasó sus dedos por el cuello de Michelle apretándolo—. Eso me gusta —susurró contra sus labios, robándole un beso.

Todo el cuerpo de Michelle temblaba de forma perceptible. Recordaba este rostro de su primera pesadilla, pero teniéndolo más cerca, solo lo aterrorizaba más, y solo confirmaba definitivamente que no era alguien que hubiese visto antes. Hubiera recordado esos rasgos angulosos.

—¿Q-quién eres tú? —jadeó, moviendo la cabeza, lejos de su boca.

—Puedes llamarme District. —Cuerdas y cadenas salieron de la oscuridad apresando a Michelle. Las cadenas se enredaron en su cuello, muñecas y tobillos, mientras que las cuerdas se anudaban en torno a su torso y piernas creando un patrón sobre su piel—. Mmm. Realmente hermoso. —Con una de sus manos bajó la copa del corsé que debía contener el seno, acarició con la punta de sus dedos el pezón de Michelle—. Tu madre se ve hermosa con este corsé. ¿Sabías que yo se lo regalé? —No esperó contestación de Michelle, haciendo la tanga a un lado, la cuerda también se anudó en la base de su pene—. ¿Me pregunto si tu hermana se hubiera visto igual de sensual?

La cabeza de Michelle, gacha mientras hacía el esfuerzo por contener el jadeo debido a sus miembros apresados, se alzó ante eso último.

—¡No te atrevas a tocar a Irina, tú, b-bastardo! —Quiso saltar sobre él, de pronto furioso ante la perspectiva de que el maldito frente a él siquiera pusiera su asqueroso dedo en su hermana, pero los agarres le sostuvieron. A pesar de su terror, dejaría que hiciera lo que deseara con él, siempre que no la involucrara a ella—. Aléjate de mi hermana.

La expresión del demonio fue de desconcierto por un momento hasta que sus ojos brillaron en comprensión. Entonces se rió divertido por las ocurrencias del chico. Arqueó una ceja en una expresión de burla.

—¿No lo sabes?

—¿Saber... qué? —gruñó, el frío que recorrió la espalda de Michelle estaba muy lejos de ser por el ambiente que le rodeaba. No le agradaba la mirada que le daba este sujeto, District. ¿Qué estaba tratando de decirle? ¿Qué debía saber?

—Sinceramente, no me sorprende que no lo sepas. ¿Cómo podrías? Fuiste abandonado a las pocas semanas de haber nacido, y Angie, mi gatita, es tan reacia a hablar. —Claramente se estaba deleitando con esto—. Tienes una hermana, una melliza, o al menos, tuviste una. Nació muerta.

Michelle tardó unos instantes en captar sus palabras, y cuando por fin su cerebro pareció procesarlo, todo su cuerpo se tensó, tieso, incrédulo de lo que oyó. ¿Una hermana? ¿Eran mellizos? Había tenido... había compartido el vientre de su madre con otra persona, otra persona que no pudo llegar a conocer. El cuerpo de Michelle perdió fuerza y quedó colgando por las cadenas, la mirada perdida en un punto en el suelo.

—Una... hermana... —Las mejillas del chico se humedecieron de lágrimas que comenzaron a deslizarse.

Sospechaba que, así como él fue abandonado, también lo habría hecho con su hermana. Una doble de él, una parte de él. Siempre amó y amaría a Irina, pero durante buena parte de su vida estuvo esa línea que los dividía, en especial por la falta de similitudes entre ambos. Tuvo la oportunidad de haber podido tener la conexión única de hermanos, de consanguineidad que deseó... y la perdió. No había un dolor desgarrador como sospechó que tendría, pero sí existía un vacío profundo en él.

Alzó la mirada al hombre.

—¿Por qué... me cuentas todo esto? ¿De qué... conoces a Angie? —Michelle apretó duro los puños de sus manos—. ¡Qué quieres de mí! —Las cadenas se sacudieron en un arrebato de enojo y frustración.

—Angie es mía, mi pequeño juguete personal para hacer lo que me plazca. —Viendo que Michelle estaba en shock, aprovechó para acariciarlo a su antojo. Sus pezones a medio cubrir por las copas del corsé, sus muslos rodeados de cuerdas y las medias de seda y su pene a medio excitar a pesar de las protestas del castaño—. Pronto, tú también me pertenecerás. —Con esas palabras, se introdujo el pene de Michelle en la boca. Normalmente exigiría ese tipo de atención para él, por esta vez quería tocar la suave piel inmaculada del menor, también lamió su cuello.

—¡Ah! —Michelle se encogió, tomando consciencia del lugar y con quién estaba. Parpadeó varias veces por las lágrimas, estremeciéndose por cada caricia, maldijo su cuerpo por responder positivamente al desagradable toque de la figura frente a él—. No... Ja-jamás seré tuyo, ¡nunca! —No se atrevía a mantenerle la mirada por mucho. Sus intentos por soltarse de las cadenas eran en vano, lo sabía, pero necesitaba huir de allí, escapar. Cuando Michelle bajó la cabeza para evadir las atenciones de District, gimió con horror al ver su pene erguido. ¡No, no! No debía sentirse excitado con eso, ¿por qué no podía tener control sobre su cuerpo? Gritó, en medio de su frustración—. ¡Déjame en paz!

Divertido con las reacciones del castaño, el demonio volvió a hundir la boca en su pubis, tragándose su erección hasta la garganta. Michelle pudo sentir la desagradable sensación de la lengua del demonio que se alargaba más de lo humanamente posible hasta envolver sus testículos con ella. Sus dedos se colaron en la abertura de su culo, introduciendo dos de un solo golpe. Se deleitó con el grito que produjo el menor; como había sospechado, el chico era bastante diferente a Angie. No era tan fuerte pero tenía su actitud arisca, aunque ésta flaqueaba ante la presión. Angie definitivamente no estaría llorando tan patéticamente. Aun así la vista era deliciosa.

Esa intrusión tan brusca fue demasiado para el control de Michelle; pronto la vergüenza y el placer combinados explotó en él cuando se corrió fuerte, jadeante en su lugar mientras los últimos vestigios del orgasmo le estremecían. Quería golpearlo, quería patearlo, a pesar de la debilidad, sus vagos intentos de soltarse de las cadenas no funcionaban.

—Déjame. Ya tomaste lo que querías. ¡Déjame de una maldita vez! —Su voz se rompió, el cuerpo temblando por el llanto silencioso.

Con una sonrisa satisfecha, District se irguió hasta tener al alcance los labios de Michelle que besó lentamente, pasando el semen en su boca a la del joven con su lengua.

—Nos veremos en tus sueños —prometió con voz ronca, entonces el sueño se desvaneció y Michelle pudo por fin despertar.

Michelle se levantó con un jadeo, entonces sintiendo algo en su boca que casi lo ahogaba. Conteniendo un grito al captar lo que es, de inmediato corrió a la ventana de su cuarto, la bilis subiendo con rapidez por su garganta. Se inclinó hacia el pasto y vomitó el semen en su boca así como lo poco que tenía en el estómago. Las lágrimas caían por igual, y solo hasta que terminó, pudo dejar escapar un grito.

—¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz! —Con rabia, notando ahora sus ropas desordenadas, se acurrucó contra sí mismo, la espalda apoyada en la pared bajo la ventana, lágrimas de amargura, vergüenza, odio y miedo, bajando por sus mejillas de por sí húmedas.

El ajetreo y el grito de Michelle atrajeron una vez más la atención de su padre que entró al cuarto. Con una expresión alarmada y aturdida por haber sido sacado abruptamente de su sueño, su cabello oscuro caía desordenado en sus hombros y una manta cubría descuidadamente sus hombros.

—Mich, ¿estás...? Michelle. —Se apresuró a su lado en cuanto notó las lágrimas en su rostro.

Michelle usó la manga del pijama para limpiarse apenas el rostro pero eso no detuvo su llanto. Al sentir la presencia de Klaus a su lado, solo pudo abrazarlo, los brazos rodeando el cuello del adulto, en tanto ocultaba su rostro en el hombro.

—¡Lo odio! ¡Lo odio, papá! Quiero que esto acabe, ¡no puedo soportar más esto!

Klaus envolvió los brazos alrededor de su hijo en un abrazo apretado, no pudo dormir de nuevo esa noche, manteniéndose junto a Michelle en todo momento.

Para la madrugada, se encargó de cargar al chico devuelta al futón. Durmió junto a él lo que quedaba de la noche. Al momento en que amaneció, y Michelle no se despertaba, Klaus no se atrevió a hacerlo, su rostro se veía hinchado por el llanto y tenía marcados círculos oscuros alrededor de sus ojos. Con un suspiro frustrado, salió de la habitación, no sabía que más hacer.

—Escuché el grito de Michelle anoche —dijo Irina, saliendo de su habitación al sentir los pasos de Klaus en el pasillo—. ¿Cómo está?

—Mal —dijo simplemente el dragón—. Ya no sé qué hacer. Me preocupa que siga así, esta falta de sueño y la angustia lo está consumiendo.

—Quizás algún té del abuelito Kenshi, o una medicina del abuelo Vlad... para dormir —sugirió la joven.

—No creo que esa sea una buena idea...

—¿Michelle tuvo otra pesadilla? —La voz de Ruslán les hizo girar. Venía en dirección contraria a su habitación. Había pasado buena parte del día anterior y la noche con Gerardo, y bostezaba en ese momento. Detestaba los cambios de horario—. Gerardo dijo que trataría de contactar con un amigo suyo, un mago. Dijo que era guardián de los sueños, y tal vez podría ayudar a Michelle. —Ruslán miró a su hermano—. ¿Pasó la noche solo?

—Dado que llevaba dos días sin tener pesadillas, quiso dormir solo —informó Klaus miserablemente—. No debí dejarlo, esta pesadilla en particular lo trastornó mucho. Lo encontré con la cabeza fuera de la ventana, vomitando...

—¿Hay un Guardián para los sueños? —preguntó Irina, confundida e intrigada a partes iguales

Ruslán echó una mirada hacia la puerta que daba a la habitación de Michelle, afligido. Quería volver con Gerardo, pero Ruslán se había marchado a mitad de la madrugada de Italia dejándole una nota, apenas durmió un par de horas. Tal vez podría volver al mediodía.

—Lo hay —respondió a Irina—. Aparentemente, hay guardián para casi todo. —Intentó sonreír, pero el leve cansancio y la preocupación por Michelle le contenía—. Hermano..., ¿has intentado contactar con Angie para informarle de esto?

El alemán negó con la cabeza.

—No creo que esa sea una buena idea. Teniendo en cuenta la naturaleza de los sueños de Michelle, no quisiera que esto empeorara.

—Pero ¿y si ya está empeorando? —Ruslán insistió—. Michelle no aguantará a este ritmo. Sé que el guardián aún no le ha visto, pero no puede seguir viviendo de esta manera. —Ruslán quiso decir algo, se detuvo como si dudara por un segundo. Su hermano se veía cansado, Ruslán no quería angustiarlo más a pesar de que, desde la conversación con Gerardo, moría por saber qué era lo que tanto estaban ocultando. Suspiró, resignado—. Veré a Gerardo más tarde, si ha logrado dar con ese sujeto —dijo en cambio.

—Te lo agradecería —dijo a su hermano. Pasó una mano por el cabello suelto de Irina, la acercó para dejar un beso en su frente—. Ve con tu hermano, hazle compañía mientras voy por el desayuno.

—Claro. Ponte zapatos. —Le recordó la joven a su padre—. Aún no sale el sol, hace frío afuera.

Asintiendo, Klaus entró a su cuarto para ponerse presentable antes de ir a la cocina. En vista de que Irina se quedaría con Michelle, no se molestó en cambiarse de ropa, en cambio tenía planeado tumbarse a su lado y quizás dormir hasta tarde junto al calor de su hermano.

Kenshi no estaba contento esa mañana luego de enterarse de la nueva pesadilla de Michelle. Tampoco estaba muy contento con Ruslán por estar fuera tanto tiempo, si bien entendía que su cría quería estar con su pareja. Al menos Suoh ya no gruñía mucho respecto a que Ruslán pasaba tanto tiempo lejos de casa. Eso era algo inusual.

Pero la molestia no dejó a Kenshi ni siquiera cuando, al mediodía, aparecieron Narcisse y Zachary. Podría excusar a Zachary, tenía ya cinco días sin ver a Michelle o hablar con él. El problema era Narcisse. Kenshi aún no olvidaba su grosera actitud de hace unos días.

—No sé si sea adecuado... —comenzó el japonés.

—Déjale verlo. —Jim, que había llegado temprano a visitarles, y desde que se enteró de la pesadilla no se marchó, sonrió al rubio invitado—. A Michelle le hará bien ver una cara conocida, tal vez logre animarlo para antes del almuerzo.

Zachary estaba mirando a Kenshi con esos enormes ojos azules de perro apaleado, una mirada suplicante y brillosa a la que el japonés no podría resistirse por mucho tiempo.

—Le juro que no lo molestaré ni estresaré, tan sólo quiero ver a Michelle.

El japonés lo observó en silencio, aún deliberando si era correcto o no. A la final, se vio resignado cuando terminó haciendo un gesto a Ruslán.

—Rus, lleva al cachorro con Michelle. Y no te vayas muy lejos. Al menor vistazo de alteración, lo sacas de allí.

Con una pequeña sonrisa, Ruslán se puso en pie. Esperó a que Zachary hiciera lo mismo para guiarlo en dirección al cuarto de Michelle.


CONTINUARÁ...

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