Capítulo 27

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En Montreal, Klaus salió un rato de la casa para recibir un poco de sol. Estaba haciendo bastante frío por lo que aprovechó los pocos rayos de sol que se filtraban entre las nubes para recibir calor. Narcisse había querido acompañarlo pero después de un rato se aburrió y dijo que iría a ver lo que preparaba Adrien para el almuerzo.

Pensar en el hombre de pelo rubio oscuro y ojos azules le enervaba, lo odiaba. ¿Cómo se atrevía ese hombre a tocar su tesoro? Narcisse era suyo. ¡Su tesoro!

Dado que había pasado un largo rato, optó por buscar al joven dentro de la casa. Debido a que no había mucha gente para preguntarle por el paradero de su pareja, pensó que buscar en su cuarto era una buena opción, aunque no encontró al muchacho ahí ni en el baño. ¿Dónde podría estar?

En las habitaciones del lado oeste, a través de la puerta entreabierta se escuchó la voz de Narcisse, muy sutilmente. Sonó como palabras dichas en un gemido alto, amortiguada por la puerta.

—...¿más profundo? Quiero que aprietes... ¡Oh, sí!

¿Eso fue un gemido? Imposible. No podía ser. No. No, no. ¡NO!

Terminó de abrir la puerta del cuarto con más fuerza de la requerida, el golpe de la madera contra la pared resonó en todo el pasillo.

Narcisse estaba de rodillas frente a Adrián, de espaldas a Klaus, su erección hundiéndose hasta las bolas en el culo del hombre. Su cabello estaba húmedo, como el de Adrián, la puerta que daba a un baño abierto y toallas húmedas dejadas descuidadamente en el camino hasta la cama en la que se hallaban los hombres.

Narcisse no se detuvo en su vaivén, mirando sobre su hombro, sosteniendo aún la cintura de Adrián con sus manos.

—Oh, ¡Klaus! Qué bueno que llegaste, ¿disfrutaste tu paseo, cariño? —Sonrió Narcisse, radiante.

Con esfuerzo, Adrián giró la cabeza lo suficiente para ver al alemán en la puerta. Un estremecimiento recorrió su cuerpo, y no era de placer: la mirada que les estaba dirigiendo Klaus le daba miedo. Sentía que el cualquier momento se lanzaría contra ellos y lo golpearía hasta dejarlo inconsciente.

—¿Qué mierda crees que están haciendo? —increpó Klaus, tomando el brazo de Narcisse con fuerza. Lo apartó de Adrián con un tirón, escuchó con satisfacción el quejido doloroso que soltó el hombre cuando la erección de Narcisse salió de su ano rápida y descuidadamente.

Narcisse siseó, ceñudo, tratando de sacudirse del agarre de Klaus.

—Mierda, Klaus, ¿qué demonios te pasa? —intentó empujar al alemán—. Dijiste que no podía dejar que me follaran, así que estoy follando. ¿Qué otra cosa te parece que hago?

—¿De verdad crees que porque no eres el pasivo esto está bien? —Estaba enojado con su tesoro. Él nunca llegó a enojarse con Yuki pero Narcisse lo sacaba de sus casillas y ponía a prueba sus celos que no eran nada fáciles de controlar—. ¿Acaso la palabra fidelidad no significa nada para ti?

—No estoy siendo infiel. Lo sería si me estuviera metiendo con cualquier persona, pero no lo hago. Conoces a Adrián, y él no es un desconocido. —Narcisse suspiró. ¿Por qué tenía Klaus que ser tan complicado?—. Te quiero, y quiero mucho a Adrián. Estoy dando amor a los dos. ¿Por qué tienes que ser tan egoísta?

—¡Eres infiel cuando traicionas la confianza de tu pareja! —explotó el alemán. Adrián, ante el tono alterado y enojado del alemán, se levantó de la cama para ponerse ligeramente delante de Narcisse en caso de que Klaus se pusiera violento. Por supuesto el movimiento atrajo la atención del pelinegro que ahora parecía mucho más enojado—. Apártate de él. Esto es entre nosotros.

—Con todo respeto, monsieur, mi lugar está al lado del joven Yu —dijo con voz firme a pesar del estremecimiento de miedo que causaron los ojos repentinamente amarillos del alemán—. Sólo me iré si el joven Yu así lo quiere.

—Y yo no lo quiero. —Narcisse prefirió que Adrián estuviera junto a él, colocando una mano en su hombro—. Escucha. Yo aceptaré cualquier término que desees. Si no quieres que esté con otras personas, no lo haré, pero Adrián no es discutible. Si quiero follar con él, lo haré, te guste o no. Ese es mi término. Ahora... —Narcisse hizo una floritura en dirección a la cama—. Bien podrías unirte a nosotros para variar, u optar por ver o salir de casa mientras tanto. Te aconsejo más participar, si te sientes celoso, eso no te hará sentir peor, te lo aseguro. —Muy rápidamente, la molestia del chico desapareció, reemplazado por una gran felicidad—. ¡Y sería estupendo! Tendríamos tantas formas de follar. Adrián lo hace demasiado bien, te encantará.

Ese ultimátum no le sentó bien al alemán. Por un lado estaba Feyn que quería mandar a la mierda al condenado Adrián y llevarse a Narcisse lejos de él, odiaba la idea de esos dos juntos y solos. Klaus estaba completamente de acuerdo con esa idea, pero por otro lado se daba cuenta de que forzar su relación acabaría de la misma manera que cuando fue drogado y violó a Yuki; no quería hacer eso, repetir esa experiencia.

Tragando duro, Klaus miró entre Adrián y Narcisse, los puños apretados.

—Me quedaré —dijo con un susurro mortificado. Aunque no le gustara, no le iba a dejar el camino libre a ese bastardo de ojos azules—. Participaré.

—¿En verdad? ¡Perfecto! —Narcisse se acercó, besó sus labios, e inició el proceso de sacarle la ropa—. Adrián, vuelve a la cama. Klaus, ven. —El joven guió a Klaus al lecho con él también, ya solo vestido de la cintura abajo—. Ya que no pareces estar acostumbrado a estar en tres, yo dirigiré. Tienes que confiar en nosotros. —Tumbó a Klaus en la cama, cerca de Adrián—. Cariño, tú y yo atenderemos a Klaus. Necesitamos que se relaje primero. ¿Qué tal si lames sus pezones mientras yo voy abriendo el regalo? —Divertido, dio un gesto a los pantalones que aún llevaba puesto. Sus manos habilidosas pronto empezaron a quitarle la prenda—. Si te molesta ver, solo cierra los ojos e imagina que soy yo. Adrián, trae tu culo acá. Klaus ha desanimado a nuestro amigo —Señaló la erección del rubio, que había perdido dureza durante la fuerte discusión con Klaus, pero eso no bajó su emoción. Tenía dos grandiosos penes en los cuales trabajar.

El rubio se alineó con Klaus, dispuesto a cumplir los deseos de Narcisse. Estaba inclinándose sobre el pecho del alemán cuando escuchó un gruñido amenazante, retrocedió por un momento debidamente intimidado hasta que la determinación por complacer a Narcisse invadió las facciones de Adrián. Tomó la muñeca de Klaus, atrapándola contra la cama.

—No me toques —advirtió al hombre rubio.

—Lo siento, monsieur, son órdenes del señorito —dijo, atrapando uno de los pezones de Klaus entre sus dientes. El alemán soltó un gemido mezclado con un gruñido.

—Klaus, relájate. —Pronto Narcisse tuvo a su disposición el pene del alemán, que acarició primero con su rostro—. Adrián no te hará daño. Confía en mí. —Su lengua recorrió la punta del glande hasta la base, rodeando hasta subir otra vez. Su mano libre se encargó de masturbar a Adrián en tanto mantenía entretenida a su boca con el alemán. Klaus estaba siendo testarudo, pero lograría que disfrutara lo suficiente. Con suerte hasta haría que Adrián y él lo follaran a la vez, a Narcisse le prendía ser empalado por dos penes al mismo tiempo.

El pelinegro tenía una opinión completamente diferente, de hecho, le era imposible relajarse por completo. Estaba muy ocupado teniendo una lucha interna con Feyn, recordándole al dragón a cada momento que no debía atacar al hombre que le estaba tocando, obligándose a sí mismo a permanecer quieto mientras intentaba concertarse en la atención que Narcisse le estaba dando a su pene.

Adrián por otro lado, era demasiado consciente de lo tenso que estaba Klaus, parecía una cuerda de violín, tan tensa que estaba a punto de romperse. Recordaba escuchar a Narcisse decir que al alemán le gustaban los besos. Dejando sus pezones tranquilos, subió por su cuello para alcanzar sus labios. Al sentir el movimiento, Klaus apartó el rostro. Adrián con el ceño fruncido tomó la quijada del alemán obligándolo a encararlo para plantarle un beso, sintió un mordisco en su labio inferior pero aun así no se apartó.

Narcisse no estaba atento a la lucha que había entre Klaus y Adrián, para él ambos estaban disfrutándolo, pero sí notaba que Klaus no reaccionaba por completo a él, a sus atenciones, su pene no estaba duro como él quería.

—Testarudo —susurró para sí. Al levantar la mirada, entonces se dio cuenta de lo que ocurría—. Klaus, sé más amable con Adrián. —Su mano se movía distraída a lo largo del falo, deslizándose abajo hasta sostener las bolas de Klaus—. Tócalo. Quiero que lo toques, dale cariño. Como si me tocaras a mí. Mastúrbalo si es necesario. —Su pulgar masajeó la zona entre la base del pene y los testículos del hombre—. ¿Sabías que tocando por aquí puedo encontrar tu próstata?

—¡No...! —La protesta fue cortada por Adrián, cuando invadió su boca con su lengua. Para sorpresa de Klaus, el rubio canadiense era muy bueno besando, lo tuvo jadeando en poco tiempo. Aprovechándose de eso, Adrián se permitió tocar a Klaus, su cuello, pezones, estómago, su vientre tuvo un espasmo cuando los dedos callosos de Adrián rozaron su pubis.

—Adrián, quiero verlos a Klaus y a ti follar —dijo Narcisse de pronto, moviendo a Adrián sobre Klaus. Teniendo el culo del rubio frente a él, separó las nalgas y escupió en su orificio—. Quiero que Klaus sienta el buen culo que tienes. —Usó sus dos dedos para invadirlo, apenas un poco pues ya lo había estado penetrando antes de que Klaus apareciera—. Bien. Ahora... —Guió la erección del alemán, y posicionándolo en el culo de Adrián, sonriendo—. Empálate. Muy bien. ¿Lo sientes, Klaus? ¿Lo rico que se siente? —Narcisse acarició la espalda y coxis de Adrián, inclinándose para besar la piel de su espalda, una mano en la cintura del rubio, y la otra serpenteando hasta alcanzar su pene—. Adrián, quiero oír a Klaus.

—¡Oh! Qué bien se siente, cherie —suspiró Adrián, moviéndose sobre Klaus justo como a Narcisse le gustaba, dejando que sus nalgas chocaran con fuerza contra la cadera de Klaus. A pesar de sus sentimientos por el acto en el que estaba participando, el cuerpo del alemán estaba respondiendo muy bien, clavo sus uñas en la cadera de Adrián, sus ojos fuertemente cerrados para no tener que verlo—. Yu... ¡Yu! —gemía el nombre de su tesoro entre jadeo y gemido, queriendo llamar su atención.

—Eso es, Klaus. —Narcisse se movió, esta vez ubicándose a un lado de la pareja. Se inclinó, alcanzando los labios de Klaus, a los cuales besó, al tiempo que envolvía la mano del alemán entorno a su propio pene—. Tócame tú. ¿Verdad que Adrián es estupendo? Dilo. —Se irguió, acercando la boca del rubio a la suya, luego su cuello, su mano pellizcando sus pezones—. Di cuán estupendo se siente el culo de Adrián. Dilo para mí.

—Bien, se siente bien —gimió Klaus, masajeando el miembro de su tesoro entre sus dedos. Se movió lo suficiente, apoyando su codo en la cama para alcanzar el pene de Narcisse con su boca mientras su mano viajaba hasta su trasero, alcanzando su suave entrada.

—Sí, oh, sí. —Narcisse dio un mordisco en el cuello de Adrián, tomando su erección y masturbándolo al ritmo de sus movimientos, de las penetraciones, a veces bajando la intensidad cuando presentía que el hombre se venía—. Aún no, Adrián. Klaus es nuestro invitado, así que él debe correrse primero.

—No quiero correrme dentro de él. —Logró expresar el alemán. Era difícil pensar, sentía su cuerpo trabajando en un orgasmo que moralmente le hacía sentirse dividido, sin mencionar que el dragón estaba desesperado por tocar a su pareja, su tesoro—. Te quiero a ti. Te necesito a ti.

—¿Enfant? —Adrián, al escuchar las palabras de Klaus, detuvo sus movimientos esperando las órdenes del joven.

—Mmh... —Narcisse lo pensó, observando a Klaus un poco desconcertado. Con un gesto y un pequeño beso, instó a Adrián a apartarse de Klaus. Klaus no quería que Adrián lo penetrara a él, Narcisse, así que había algo que podría hacer ahora.

Con la mirada, encontró un envase de lubricante que estaba a punto de caer de la cama. Se estiró hasta alcanzarlo. Lo abrió, se embadurnó los dedos de la viscosa mezcla, y comenzó a prepararse mientras se lo dio a Adrián. Enseguida se colocó a horcajadas sobre Klaus, dándole una seductora sonrisa.

—Ya que insistes. —Narcisse solo usó dos dedos para estirarse un instante, le gustaba sentir un poco de dolor durante la penetración—. Adrián, tenez-vous derrière Klaus [Cólocate detrás de Klaus]. —Se empaló lento de la erección del alemán, respiró hondo un par de veces—. Adrián te mostrará cómo me lleva al cielo a veces, ¿verdad, cariño? —dijo al rubio, con una sonrisa encantadora, iniciando suaves movimientos, poco a poco tomando el ritmo que Adrián había llevado.

Una vez que el rubio se apartó de él, Klaus no tuvo ojos para nadie más que no fuera Narcisse, su tesoro. Deliberadamente ignoró a Adrián, todos sus sentidos enfocados en lo sensual que se veía Narcisse, en el joven que le hacía enfadar y suspirar con anhelo al mismo tiempo... Grave error.

Adrián, sabiendo lo que quería su joven amante sin muchas palabras, unto el lubricante en su pene frotando la punta mientras veía a la pareja. Notaba a Klaus mucho más participativo y apasionado una vez que se apartó de él... Estaba completamente consciente de que no le agradaba Klaus, de hecho, que este hombre tan posesivo y celoso estuviera participando en esta parodia de trío hablaba de lo profundo que eran sus sentimientos por este dañado niño. Siendo sincero, le daba un poco de lástima, hombres como él no lograban acaparar la atención de Narcisse por mucho tiempo.

Decidiendo que ya le había dado suficiente tiempo a la pareja, embadurno sus manos con el lubricante, se colocó dónde su protegido le indicó.

Klaus, quien estaba disfrutando demasiado de la atención de Narcisse, no sabía dónde se fue Adrián ni le importaba. Todo lo que quería estaba entre sus brazos, su delicioso culo engullendo su erección a punto de un orgasmo...

Lo que no esperó fue sentir unos dedos rozando sus bolas, bajando peligrosamente por su pirineo hasta alcanzar su ano. El frío lubricante en su entrada se sintió como una corriente que recorrió toda su columna.

—¡No! —Sus piernas se movieron en un acto involuntario tratando de separarse de esos dedos. Adrián se apartó lo suficiente rápido para no recibir una patada—. Aléjate de mí. —Si no fuera por el peso de Narcisse sobre el alemán, estaba bastante seguro de que estaría recibiendo una buena paliza.

Narcisse se desconcentró lo suficiente para detenerse y bajar la mirada a Klaus. Giró una vez hacia Adrián, extrañado, pero cuando no vio nada raro, es más, Adrián tenía la pinta de haber estado haciendo lo que le indicó, volvió a enfrentar a Klaus, ceñudo, más por confusión que molestia.

—Klaus, Adrián debe prepararte para follar. ¿O te gusta que entren en seco? —Hizo una mueca extraña. A él le gustaba el dolor pero no a esos extremos—. Te dije que Adrián te follaría como a mí me gusta. —Acarició el pecho del alemán—. Lo hace muy bien.

—No quiero que me toque. —Su corazón palpitaba con fuerza mientras un sudor frío comenzaba a extenderse por su frente. Miró a Narcisse suplicante—. Pídele que se vaya —pidió en un susurro—. Quiero estar contigo...

—No es una opción ahora, Klaus. —Narcisse frunció el ceño, esta vez sí por molestia—. No seas egoísta. Adrián iba a ser cuidadoso, y ha sido paciente y complaciente contigo. No lo disfrutarás si no te relajas. ¿O prefieres que sea yo quien te folle? En tal caso, deberás dejar que Adrián folle conmigo. No pienso dejarlo por fuera.

A diferencia del joven, Adrián si se dio cuenta del estado de Klaus, incluso su erección había perdido un poco de fuerza dentro de Narcisse. Dio un beso en el delgado hombro para llamar su atención.

Cherie..., Il'est tendu et effrayé [cariño, está tenso y asustado] —Esperó a que Narcisse también mirada las sutiles señales en el semblante pálido de Klaus—. Il aime les bisous, le distraire [Le gustan los besos, distráelo]

Con un suspiro, Narcisse asintió.

—Ven acá. —El joven se inclinó, enmarcando el rostro de Klaus con las manos—. Quiero que disfrutes esto, Klaus, que tengas un bonito recuerdo conmigo aquí —murmuró sobre sus labios, instantes antes de besarlo. Comenzó lento, saboreando sus labios primero, y luego profundo, ahondando con su lengua su boca; al mismo tiempo, sus manos acariciaron su rostro, de las mejillas a las orejas, bajando por su cuello y hombros, todo sin dejar de besarlo, e inició un lento vaivén, subiendo y bajando sobre su cuerpo.

—Hmm. —Klaus gimió dentro del beso. Narcisse tenía un efecto impresionante sobre él, lo hechizaba con sus besos y caricias. No había otra palabra, si no fuera de esa manera no habría accedido a esta locura, porque es lo que era, una insensata locura que desafiaba todos sus instintos y crispaba sus nervios.

Una vez que Klaus estuvo debidamente distraído, Adrián se tomó la tarea de acariciar las piernas de Klaus; puro músculo y líneas fuertes, notó con aprecio. A pesar de su mal temperamento, no podía negar su peligroso atractivo. Continuó con caricias lentas sobre sus muslos, asegurándose de que toda la atención del pelinegro estuviera sobre Narcisse. Sus dedos rozaron las tersas bolas, por un momento notó un pliegue extraño pero lo dejó por el momento. No era importante, bien podría ser una cicatriz de una operación para lo que le importaba. Volvió a embadurnar sus dedos con el lubricante, rozando suavemente la entrada, Klaus se tensó pero no intentó golpearlo como la primera vez, asintiendo continuó con la preparación lenta y minuciosamente.

Klaus, al contrario, estaba aguantando la preparación con la estoicidad de un pilar, su mente y cuerpo estaban divididos y alejándose uno del otro con vertiginosa rapidez. Su cuerpo luchaba por mantener la erección, concentrándose en el cálido interior de Yu pero las caricias en su ano disparaban horribles recuerdos que le hacían apretar la quijada. Su mente racional le decía que esto no era lo mismo. Estas manos callosas eran cuidadosas dentro de él, suaves, delicadas pero eso no hacía que se sintiera menos tenso. En cuanto sintió la punta del pene de Adrián rozando su entrada, a punto de entrar, su mente le jugó una mala pasada: ya no estaba en el cuarto con Yu, estaba rodeado de militares, imposibilitado de moverse, las burlas de los soldados resonando en sus oídos y la presión de un duro pene intentando profanarlo...

—¡NO! —Simplemente no pudo resistirlo más. Quitándose el peso que lo aprisionaba contra la cama, se alejó de la dureza que intentaba invadirlo, retrocedió hasta que su espalda chocó contra el cabecero de la cama, su pene completamente muerto entre sus piernas, sus pupilas dilatadas por el pánico y su piel tan pálida como la de un muerto.

—¿Qué...? —Narcisse parpadeó como búho en pleno día, totalmente desorientado, sobre todo por el trato brusco. Su mirada fue primero a Adrián, y cuando no pudo encontrar nada raro en él, se dirigió a Klaus. Toda molestia o queja se desvaneció al verlo, y esta vez sentía algo de preocupación por él—. Klaus, ¿qué ocurre? —brevemente miró a Adrián—. ¿Qué hiciste?

—Lo estaba preparando —respondió igualmente de desconcertado por el mal semblante del alemán—. Cuando usé tres dedos lo reemplace con mi pene, apenas estaba presionando para entrar —explicó el rubio.

Narcisse no lo entendía. No iba a poder continuar de esa manera, no con ninguno, y con un gesto frustrado comprendió que tenía que parar aquello, al menos por ese momento.

—¿Podrías encargarte de ti por ahora? Te lo compensaré después —dijo al tiempo que reunía las cobijas de la cama y envolvía a Klaus con ellas—. Klaus, vamos a mi habitación.

Adrián asintió comprendiendo. —Llevaré un poco de chocolate caliente a tu habitación. Tiene la piel muy fría.

Narcisse se llevó a Klaus. Cuando el alemán pasó a su lado, ni quisiera lo miró, estaba completamente ido, su mente divagando en algún recuerdo doloroso que hizo que el clímax del momento se esfumara. Mientras veía salir a la pareja, Adrián se preguntó exactamente lo que aterró al alemán, tanto como para matar por completo su excitación en un momento de pánico... Siendo sincero, Klaus estaba luchando desde hace rato para mantenerse duro. En hombres que no estaban acostumbrados a los tríos o compartir a la pareja era normal, pero esto era algo más. Estaba seguro.

Narcisse no se molestó en cubrirse, si bien su habitación estaba en el lado opuesto de la casa. Mantuvo, por el contrario, cubierto a Klaus, hasta que por fin llegaron al cuarto y lo recostó en su propia cama. Narcisse lo observó. Ahora, ¿qué debía hacer? No estaba acostumbrado a tratar los problemas de los demás. No sabía por dónde comenzar, incluso tratándose de Klaus.

Se sentó a su lado, sin dirigirle aún la mirada por unos instantes, pensativo, y luego se giró un poco a él.

—¿Estás bien?

—Lo siento —murmuró con los labios secos. Parece que la caminata de un cuarto al otro le sirvió para serenarse—. No creo que pueda dejar que me hagan... —No pudo decirlo. Negó con la cabeza, sentía sus manos temblar y su ojo derecho estaba cambiando de color.

El joven parpadeó un par de veces, y tardó un minuto entero en comprender sus palabras.

—¿Que te follen? ¿Eres de esos tipos que le dan importancia a su masculinidad? —Le había tocado algunos que no querían ser follados pues sentían que serían menos hombres.

—No es por eso... —De alguna manera se sintió aliviado de que Narcisse no estuviera indagando en el motivo de su comportamiento. No quiso decírselo a Yuki en su momento y dieciséis años después tampoco iba a contárselo a Narcisse—. Intenté quedarme quieto pero no puedo...

—La idea no es "quedarse quieto", Klaus —suspiró Narcisse. Podría preguntar más al respecto, todavía quería saber las razones, pero de por sí notaba que Klaus se mostraba reacio a contárselo de buenas a primeras, y justo ahora el interés del joven estaba disminuyendo—. Escucha, entiendo que por ahora no estás en disposición y no voy a seguir el tema, pero... no creo que vaya a cambiar mi postura al respecto. Hablaremos de eso luego, ¿de acuerdo? —cuestionó al alemán, levantándose de la cama—. Adrián traerá una taza de chocolate caliente, y puedo preparar un baño tibio en la tina. ¿Te parece agradable eso?

—Pide otra cosa, lo que sea pero no eso. —Se levantó de la cama, sosteniendo el cubrecama alrededor de su cintura mientras con la otra acariciaba la mejilla del franco canadiense—. No puedo. No lo haré.

Narcisse no dijo nada, solo mantuvo su mirada en Klaus por tanto tiempo, por un instante luciendo hipnotizado. Veía a Klaus tan vulnerable por un momento breve, y cualquier palabra que estuvo dispuesto a dar, desapareció de su mente. Para su repentina sorpresa, algo en su interior se apretó, fuerte queriendo proteger al hombre. Eso hizo sentir incómodo a Narcisse, quien se removió en su lugar.

—No... —comenzó, sus palabras titubearon en su boca, y lo intentó de nuevo—. No te obligaré a nada más. Al menos no referente a ser follado. ¿De acuerdo?

El alemán asintió bastante aliviado, los ojos se le aguaron cuando un inmenso alivio le embargo y el nudo en su estómago se aflojó considerablemente. Cubrió ese pequeño momento de debilidad con un beso.

—De acuerdo.

Narcisse no dijo más, solo se dedicó a llevar a Klaus a un baño, sin intentar nada. Fue el baño más inocente que tuvo acompañado de una pareja, sin pretensión de tener sexo en lo absoluto, solo dedicándose a hacer sentir bien a Klaus, algo que vio agradeció el alemán. Incluso el olor de Adrián en su cuerpo fue reemplazado por del jabón de Narcisse y el olor mismo del chico. A éste último no le importó. Klaus se iba mañana, no mintió respecto a querer darle un recuerdo placentero de su última estadía por ese fin de semana.

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Michelle fue el primero en ver a Klaus cuando éste llegó a Japón el día siguiente. Se veía particularmente animado cuando su cuerpo chocó con Klaus en un abrazo.

—¡Papá, bienvenido! Qué bueno que has llegado, ¡hay una sorpresa grande! —Quiso tomar el equipaje de Klaus y su mano para llevarlo rápido al interior de la casa. —Los abuelos dijeron que tenía que esperar hasta que llegaras. Vamos deprisa al salón, creo que están todos ahí. Espero que Irina y el abuelo no hayan bajado al laboratorio aún.

Después del particular fin de semana que tuvo, Klaus agradecía volver a casa y ser recibido con tanto cariño por su cría mayor. Feyn también ronroneo en agrado, amaba a su tesoro pero volver a ver a sus crías era una de sus más grandes alegrías.

—Espera un momento —dijo divertido dejándose guiar—. ¿De qué sorpresa estás hablando?

Michelle negó. Tenía que morderse el labio para evitar soltar palabra.

—No, no. Anoche tío Keso casi me mata con la mirada cuando estuvo a punto de escapárseme algo. Si se entera de que te dije, me asará vivo el culo. —Riéndose, pidió a una de las sirvientas de la casa que dejara el equipaje de Klaus en su habitación apenas pusieron un pie en la misma.

Michelle hizo un buen esfuerzo en mantenerse callado, por más que Klaus quiso sacarle algún pedazo de información. Por suerte llegaron a tiempo al salón. Vladimir e Irina estaban a punto de bajar al laboratorio cuando Michelle entró con Klaus.

—¡Papá llegó! —anunció con gran estrépito el castaño.

—¡Papi! —Irina apenas lo vio se le lanzó encima. Klaus tuvo que sostenerse del dintel de la puerta para no caer, sostuvo a Irina contra su cuerpo, apretándola con fuerza contra su pecho.

—Te extrañé mucho, mi niña.

—Yo también a ti, papá. —Suspiró la morena, inhalando ese olor a lluvia que tanto le gustaba, el olor de su papá.

—¿La pasaste bien? —preguntó Vladimir cuando se acercó a saludar. Klaus desvió el tema. no iba a contestar eso.

—Michelle dice que hay una sorpresa. Ha estado haciendo un verdadero esfuerzo para no decirme nada.

—Síguenos. —Sonrió el ruso, guiándolos a todos a su laboratorio.

—Tío Keso no quiere que diga nada hasta que estemos todos juntos —Se defendió Michelle, colocándose a un lado de Klaus mientras su hermana del otro, siguiendo a Vladimir—. Así todos lo sabrán de una vez, y no tendrá que estar repitiendo. Ni siquiera los tíos Kuma y Kaoru lo saben —dijo, bajando la voz, como si dijera un secreto—. No sé cómo le ha hecho tío Keso para ocultarle eso a los tíos, sabes que con ellos es difícil ocultarles algo.

—Estamos realmente curiosos por saber lo que están ocultando los abuelos... y Michelle. —Fulminó al castaño con la mirada—. No es justo que tú sepas.

Llegaron al laboratorio, Michelle se dirigió a la puerta que conducía a la oficina de Kenshi. El japonés y Ruslán estaban allí, probablemente discutiendo sobre el condado. Kenshi había reprendido a Ruslán por querer escaquearse de nuevo para ver a Gerardo más temprano y le llevó de arrastre a su despacho. Bajó otra vez, con Ruslán detrás de Michelle y Kenshi al último.

—Hola, hermano. —Ruslán se acercó a Klaus—. ¿Estuvo bien tu viaje?

—Espléndido. —Ruslán pudo percibir un tono amargo en el fondo de esa palabra pero Klaus no le dio tiempo para que preguntara—. ¿Por qué te estaban regañando?

—Porque el niño quiso ir a ver al novio en vez de atender primero sus responsabilidades —contestó Kenshi antes de que Ruslán pudiera responder nada.

Evitando que iniciaran una discusión, Michelle se apresuró a ponerse junto a sus abuelos.

—Ya, no peleen. Díganle a los otros la sorpresa. ¡Ya, ya!

Kenshi, cruzado de brazos, miró a Vladimir. Se encogió de hombros, y bajó los brazos.

—Bueno. Ya están todos...

—No lo están. —Ruslán interrumpió—. Los tíos Kuma y Kaoru no están, ni tío Jim.

—A Jim se lo podemos decir después. Kuma y Kaoru están escuchando a escondidas. —Kenshi señaló una de las puertas del laboratorio.

Los gemelos salieron de su escondite a regañadientes. Kaoru se veía avergonzado por ser descubierto mientras que Kuma apretaba los labios molesto. Irina se cubrió la boca para que los gemelos no pudieran ver su sonrisa divertida.

—¿Vas a decir cuál es la sorpresa? —preguntó impaciente Kuma. Habían tratado de espiar a Kenshi para saber cuál era el secreto pero con esos agudos sentidos era casi imposible tomarlo por sorpresa... A ninguno de los dragones, en realidad.

Riéndose, Kenshi se aproximó a Vladimir, tomando su mano.

—¿Recuerdan aquella vez que Suoh tuvo su "temporada de apareamiento"?

—¿Dónde se llevó cosas y todos pensaron que era un ladrón? —recordó Ruslán.

—Exacto. —Kenshi dio una mueca. Algunos trabajadores aún le miraban recelosos, y ya había comprobado que varias jóvenes en la cocina seguían resguardando cosas de él—. Hizo eso por una razón. Ruslán, vas a tener un hermano... o hermana —añadió, recordando la posibilidad.

El chico tardó unos segundos en captar sus palabras.

—¿Tú...? —Recorrió con la mirada el cuerpo de su papá—. ¿En serio? ¿Van a tener un bebé? —preguntó, todavía incrédulo, observando a sus dos padres—. Pero, dijiste que aún no querías tener otro hijo —cuestionó a Kenshi.

—Los dragones mandaron al cuerno nuestra opinión e hicieron lo que quisieron —contestó Vladimir. Normalmente se notaría la molestia en su voz por la osadía de los dragones pero siendo sincero, estaba demasiado feliz por la noticia de que iba a tener una nueva cría. Mentiría si dijera que no quería una desde hace rato, desde que Ruslán pasaba más tiempo con Kenshi que con él, aprendiendo del japonés para algún día heredar el puesto de Señor Feudal.

—Eso explica el mal humor de Kenshi todos estos días —dijo Kuma sonriente.

—Estaba insoportable —concordó Kaoru con su hermano.

—¡Voy a tener un nuevo tío! —Se emocionó Irina, abrazando a sus dos abuelos, ignorando a los gemelos—. Ojalá sea niña. Estoy harta de estar rodeada de hombres.

Ruslán también se acercó a abrazar a sus padres, sintiendo entonces el olor dulce que provenía del japonés.

—Tienes un olor diferente —dijo a Kenshi, alejándose un poco.

—Y para mí todos empiezan a oler diferente. —Kenshi suspiró—. Las hormonas del embarazo vuelven mi olor más dulce, y el mismo estado en sí altera mi olfato. Hasta el momento no me ha llegado olores insoportables. —En otras circunstancias fulminaría con la mirada a los gemelos, pero en cambio no lo hizo—. Y creo que este bebé va a ser más temperamental —pensó Kenshi en voz alta, dudoso—. Con Ruslán no me sentía así...

—Con Ruslán llorabas por todo. —Se atrevió a decir Kuma. Kaoru le dio un codazo a su gemelo en reproche pero aun así estaba tratando de contener una carcajada.

Vladimir también sonrió pero tuvo que agarrar a su esposo para que no le lanzara uno de sus preciados vasos de precipitado a la cabeza de los insolentes. Michelle se cubrió los labios para ahogar su risa, cosa difícil al ver que Ruslán se sonrojó.

—Tendremos que esperar a que nazca para saber si será niño o niña. Pero, sigue siendo raro. ¿Suoh hizo todo aquello para tener un bebé?

Kenshi se relajó un poco.

—Otras veces lo ha pedido, pero desde que Ruslán fue a Canadá y ya tiene novio decía que "su cría lo ha abandonado y ya no lo necesita" así que quiso un bebé... a mis espaldas.

Ruslán se sintió un poco mal al escuchar a su papá. Sabía que últimamente lo pasaba mucho con Gerardo, pero siempre volvía con sus padres. Incluso esa fue la única vez en la que había intentado dejar sus deberes a un lado para visitar al italiano. Escuchar que el dragón de su papá se sintió abandonado por él le hizo tripas al corazón.

—Lo siento. No pensé que papá Suoh se sentiría tan mal por eso...

Kenshi restó importancia con un gesto, dándole una pequeña sonrisa de consuelo.

—No te sientas mal. Suoh es odiosamente dependiente del tesoro y la familia. Si por él fuera, te mantendría aquí como esos solterones que aún viven con su madre.

Irina y Michelle miraron a su propio padre. Klaus, al darse cuenta de sus miradas, pasó un brazo alrededor de cada uno y los pegó a su cuerpo.

—Yo soy como Suoh, y lo saben. No pienso dejarlos ir tan pronto.

Kenshi sonrió ampliamente, divertido ante las caras de los menores, sobre todo Michelle pues sabía que Klaus aún no le agradaba el rubio americano que tenía como novio.

—Como sea, dentro de un par de meses hay nuevo bebé. Esa era la sorpresa. Debo felicitar a Michelle por haber mantenido la boca cerrada estos días... con cierta dificultad.

El castaño bufó.

—Merezco un premio. Casi digo algo durante la cena de ayer.

—Ya que Klaus está aquí, podemos celebrarlo junto a su llegada. No pidas más...

—Hay que comprar un montón de ropa para el bebé, y otros juguetes. Los de nosotros son muy viejos y los de Michelle casi no sobrevivieron... —Irina siguió hablando y hablando sobre el bebé y todo lo que necesitaría. Michelle y Ruslán rápidamente se unieron a la conversación.

Los gemelos anunciaron que harían los preparativos de la cena, Kenshi y los niños los siguieron afuera, solo Klaus y Vladimir se quedaron atrás.

—Felicidades, por la nueva cría —dijo sinceramente el alemán.

—Gracias. Fue una sorpresa para todos. —El ruso notó que Klaus aunque estaba sonriendo, se veía un poco pálido y no estaba tan entusiasmado como debería estar después de pasar un fin de semana entero con el tesoro—. ¿Cómo te fue a ti?

—No quiero hablar de eso —evadió en seguida Klaus, cruzando los brazos sobre su pecho.

—No deberías guardártelo.

—No recuerdo que tuvieras un diploma en psicología —desdeñó el alemán.

—Mírate, pareces una cuerda a punto de reventar. —Señaló Vladimir con el ceño fruncido—. No necesito que me cuentes todo con pelos y señales. Tan sólo di lo que quieras decir... —Esperó por un momento. Pensó que Klaus realmente se cerraría como una almeja, no obstante cuando se movió para seguir a Kenshi, escuchó al otro hombre hablar.

—Yu sigue queriendo hacerlo con otras personas. Él quiso que lo hiciéramos con su mayordomo... —Vladimir esperó pacientemente, sabiendo lo difícil que era para Klaus hablar sobre esto—. Estaba locamente celoso pero no iba a dejar que ese idiota se quedara a solas con mi tesoro... Entonces, cuando lo estábamos haciendo, él quiso... —¿Por qué era tan difícil decirlo?—. Quiso penetrarme. Entré en pánico...

Vladimir no necesitó que le dijera más nada, comprendía perfectamente. No había nada que pudiera decir en esta situación que le hiciera sentir mejor. Sin decir ni una palabra, se acercó a Klaus y lo abrazó. Al principio el alemán estaba rígido entre sus brazos, al cabo de unos segundos el olor a madera y el calor que estaban compartiendo logró que se relajara. Vladimir comenzó a ronronear, Klaus le siguió. Estuvieron así un rato hasta que Klaus se apartó.

—Gracias... No se lo digas a nadie —pidió, sabiendo que era innecesario. Vladimir no había dicho nada hace dieciséis años, no iba a decirlo ahora.

—No lo haré. Vamos. No quiero estar lejos de Kenshi mucho tiempo.

Festejaron por ese día, con un gran banquete que hasta hizo dormir a Michelle buena parte de la tarde. El viaje de Klaus no se tocó mucho debido a Kenshi, la simple mención de Narcisse aún hacía gruñir al japonés. Tomaría unas semanas, probablemente, a que tanto Kenshi como Suoh se calmaran entorno a Narcisse lo suficiente como para no querer atacarlo de nuevo. En cambio prefirieron dirigir la atención a las actividades que los jóvenes habían hecho y lo que necesitarían con la llegada del nuevo bebé.

Para el día siguiente, Michelle fue a visitar a Gerardo. Ruslán seguía ocupado con Kenshi, y su hermana y papá habían decidido dar un paseo juntos. Consideró un buen momento para por fin preguntar, sutilmente, cómo llegar al lugar donde Angie trabajaba.

—¡Gerardo! —llamó al mago cuando llegó a la casa. Sin sus sentidos no podía dejarse guiar, por lo que luego de revisar la planta baja, optó ir al jardín—. ¿Gerardo?

El mago italiano estaba una vez más simplemente tumbado en la hierba a la sombra de uno de los árboles frutales que crecían en su terreno. Parecía dormido a juzgar por la forma lenta en que respiraba y la paz que había en sus facciones.

A Michelle le dio pena despertar al mago. Gerardo lucía muy pacífico durmiendo. Con toda la calma que pudo, se devolvió al hogar. Sabía que era irrespetuoso hurgar en una casa que no era la suya, pero Michelle pensó que a Gerardo no le importaría mucho si rebuscaba en su biblioteca por algún mapa. Puede que Gerardo tuviera algo sobre México que le permitiera saber llegar al lugar donde Angie vivía.

Sin embargo, cada cosa que extraía de los estantes o estaba en latín o en italiano. Michelle entendía algunas palabras debido a su abuelo, pero solo si eran palabras aisladas, no frases enteras.

—Si me hubieras avisado que ibas a venir, te habría guardado un plato de pasta que hice —dijo el mago desde la entrada del estudio, sorprendiendo a Michelle.

—¡Gerardo! —Michelle se dio la vuelta, llevando una mano a su pecho, asustado de pronto. En ocasiones así deseaba tener aún sus sentidos, quizás entonces habría sentido la aproximación del italiano—. Me has dado un susto de muerte...

—¿Qué buscas entre todos estos viejos pergaminos? —preguntó curioso—. Tengo muy pocas cosas que puedas leer. La mayoría son lenguas muertas y algunos pocos libros del siglo pasado, pero la mayoría está en italiano.

—Yo... —Sonrojado por ser atrapado, Michelle decidió sacar un papel de su bolsillo—. Pensaba que tal vez tuvieras un mapa... ¿Sabes cómo podría llegar a esta dirección? —Le acercó el papel con la dirección del lugar donde Angie estaba, anotada de forma que esperaba el mago no notase a donde dirigía—. Yo..., am, allí vive un amigo y, bueno, siempre quise ir a visitarlo pero papá no me dejaría ir tan lejos. Pensaba que si me ayudabas a llegar ahí con las raíces... —Cruzó los dedos tras su espalda, orando por un rayo de suerte.

Gerardo tomó el papel para ver la dirección exacta. Alzó una oscura ceja mirando a Michelle.

—Tienes un amigo en México pero no hablas en español. Difícil de creer, bambino.

Michelle cruzó sus brazos.

—Yo no hablo español, pero él habla inglés... y algo de francés —añadió, recordando el ligero acento francés que percibió en Levoch—. ¿Podrás ayudarme o no? Por favor...

El mago le dio una larga mirada a Michelle, sin creerle mucho. Aun así asintió, con un suspiro hizo aparecer su esfera de luz que le daba una vista de todo el planeta.

—He estado muy pocas veces en México. Tienen una fauna muy interesante, dependiendo de la altitud pueden tener bosques, matorrales o pastizales. —Amplió la esfera entre sus manos para enfocarla en la zona que quería—. Monterrey tiene unos cactus que pueden comerse. Para ser un cactus son bastante carnosos. Puedes hacer zumos, dulces y hasta cervezas con sus frutos —explicó con bastante entusiasmo.

Michelle no sentía gran entusiasmo por lo que estaba explicando Gerardo, sin embargo no quiso parecer grosero y asintió con paciencia.

—¿Qué tan grande es? No sabía si podía viajar por las raíces desde Japón, dijiste que no podíamos viajar desde cualquier árbol así que, ¿puedo hacerlo, viajar desde Japón hasta allí?

—Bueno... En teoría, sí. No hay árboles de la misma familia entre Japón y México pero estoy seguro de que podrías hacer el viaje si usas la conexión entre un árbol Ginko y un Ahuehuete. Son los más comunes de cada región y lo más importante: son lo suficiente grandes para transportar a una persona. —Amplió la esfera hasta que enfocó un amplio bosque que se extendía por una gran extensión de terreno—. Monterrey en la capital de Nuevo León, un lugar con muchas montañas, muy bonito. No conozco la dirección que me estás pidiendo pero podrías acercarte al centro de la ciudad y pedir direcciones desde ahí —sugirió el mago, señalando una zona urbana donde había una gran plaza llena de árboles.

Michelle tuvo intenciones de preguntar a Gerardo cómo podría comunicarse con los pueblerinos pero decidió no hacerlo. Él podía arreglárselas por su cuenta.

—¿Crees que pueda ir ahora desde aquí? Si Ruslán viene y pregunta por mí, dile que fui a Canadá a visitar a Zachary... —Michelle solo esperaba que Ruslán no cayera en cuenta que Zachary no estaba en Canadá.

El italiano miró a Michelle con los ojos entrecerrados, no gustándole para nada lo que tramaba el castaño. Le dio a Michelle una mirada que le daba a entender que no lo estaba engañando para nada.

—Claro, serían las... —Consultó el reloj en la pared— seis de la mañana en México, aproximadamente.

—Seis de la... —Michelle lo pensó un momento. Su tío Jim abría las puertas a partir de las cinco de la mañana, en Hiroshima salían a trabajar muy temprano y gozaban disfrutar primero del delicioso café que preparaba el hombre. Esperaba que el dichoso bar Luna Nueva en el que Angie trabajaba al menos estuviera abierto—. De acuerdo. Iré ahora. —Se puso en pie, tomó el papel con la dirección que le dio a Gerardo y lo guardó en su bolsillo—. ¿Te importaría indicarme el árbol que debo usar? No sé diferenciarlos bien.

Haciendo una mueca, Gerardo guió al joven a través de su patio hasta un árbol de raíces grandes y tronco grueso. A juzgar por su enorme altura, podría calcularse que tenías unos buenos setenta años.

—Éste árbol puede hacer conexión con uno que, si no me equivoco, te dejará en la plaza Real de Monterrey... —Dio un paso atrás, dejando el camino libre para Michelle—. Ten cuidado.

—Gracias, Gerardo. Lo tendré. Y recuerda... —Michelle esperó a que el árbol se abriera y se colocó frente a la entrada—. Si Ruslán viene, fui a ver a Zachary —dijo antes de cruzar la entrada.


CONTINUARÁ...

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