CAPÍTULO 29
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Suoh comenzaba a tener fascinación por las galletas de miel y canela, razón por la que había ido a hurgar en la cocina luego de dejar al chico de Michelle en la habitación. Kenshi odiaba que comieran dulces en la noche, pero a él no le importaba. Además, adoraba llevar dulces a la habitación y compartirlas con el tesoro antes de dormir.
El ruido de pasos por los pasillos sacó su atención del plato de galletas que llevaba, sorprendiéndose al ver al chico de Michelle salir por una esquina. Se veía pálido, como si algo lo persiguiera. ¿Estaban siendo atacados? El dragón se asustó. ¡Tenía que proteger a su cría!
—¿Q-qué ocurre? —cuestionó, encogiéndose sobre sí mismo. ¿Dónde estaba el tesoro? Si estaban siendo atacados, tenían que escapar.
—¡AYUDAA! —gritó Zachary, completamente presa del pánico. Si hubiera estado un poco más calmado se hubiera refugiado tras Kenshi, dado que era el jefe de Klaus —de todo el maldito condado en realidad—, quizás podría parar al iracundo dragón pero en ese momento en lo único que pensaba su mente era en correr, y seguir corriendo hasta quedarse sin aire o hasta que Klaus le atrapara. Cualquiera de las dos era una terrible opción.
Klaus apareció por la misma esquina que Zach, derrapando en el pasillo y golpeando la pared. Con un gruñido continuó su carrera tras el rubio sin darse cuenta de sus alas botaron un valioso cuadro al suelo.
—¡Espera a que te atrape, hijo de yankee!
Suoh observó con los ojos abiertos como grandes platos al par, luego miró por la esquina esperando ver al enemigo, pero no venía nadie. ¿Era Klaus —No, Feyn quien iba tras el chico de Michelle? ¿Por qué? Su primer instinto era ir tras el tesoro y refugiarse con él, proteger a la cría, pero Feyn le haría severo daño al chico de Michelle si no lo detenía. Él no sabía dónde estaba Vladimir. ¿Por qué no estaba más cerca cuando más se le necesitaba? ¿Y dónde estaba Michelle? ¿El chico le había hecho daño? ¿Por eso Feyn estaba enojado?
Suoh corrió en busca de Vladimir todo lo rápido que podía. Buscó en el dormitorio, en el salón, tarde se acordó de ir al laboratorio. Para entonces estaba jadeante, y entre los pasillos siguió escuchando los gritos del chico de Michelle. Al menos seguía respirando.
—¡Tesoro, de prisa! —Saltó los escalones de la escalera de dos en dos, casi tropezando en el intento—. ¡Pronto! ¡Feyn está cazando al chico de Michelle!
—¿Qué? —Saltó Irina que estaba ayudando a Vladimir—. ¿Por qué?
El ruso sentó a su pareja en el camastro que tenía para que se calmara. —Cálmate un momento. ¿Qué es lo que está pasando?
—¡No hay tiempo! —Suoh no quiso sentarse, y en cambio trataba de llevar a Vladimir al piso superior, al que echaba repetidas miradas. —Feyn lo está persiguiendo por toda la casa. ¡Kenshi estará molesto si destroza la casa! ¡Tesoro, empieza a correr!
Apretando los labios, el ruso dejó a Irina a cargo de su pareja mientras él subía las escaleras a toda prisa. Ahí arriba, sin el aislamiento que le puso Kenshi a las paredes para la protección de la casa en caso de que algo explotará en el laboratorio, pudo escuchar con claridad los gritos de Zachary alrededor de la casa. Era impresionante la capacidad vocal del americano.
Guiándose por el sonido, salió al exterior. Desde el jardín Vladimir pudo ver la figura del rubio corriendo por uno de los corredores exteriores, Klaus normalmente era más rápido gracias al genoma pero estaba tan iracundo que no coordinaba correctamente.
Algunos guardias alrededor contemplaban la escena sín saber qué hacer, no tenían orden de atacar pero Klaus parecía a punto de atrapar al vándalo escandaloso.
En el laboratorio, Suoh estaba tan preocupado y asustado que se retrajo dejando lidiar a Kenshi con lo demás. Apenas le comunicó lo que había visto al japonés, quien no podía creérselo. ¡Klaus se había vuelto loco! ¿Qué le había picado de pronto al dragón para ir tras Zachary? Se dirigió con Irina a la habitación de Michelle. Suoh le dijo que no había visto al joven durante la trifulca, y eso le puso nervioso. Legados al dormitorio, vieron el desastre que era la puerta pero no había rastros del chico. ¿Dónde estaba Michelle?
—Ven. Busquemos por los pasillos, deprisa.
No estaba en las habitaciones de Irina ni Ruslán. Kenshi lo llamó, recibiendo un grito ahogado proviniendo del cuarto de Klaus.
—Irina, aquí. —Ambos entraron, encontrando que los golpes venían del interior del armario—. Dragón imbécil... —Kenshi se apresuró a quitar la vara, Michelle saliendo a trompicones del interior—. Bravo, Michelle. Oficialmente has salido del armario. Estoy orgulloso —ironizó el japonés con una sonrisa de burla.
—No comiences ahora. ¿Dónde está papá? ¿Le hizo daño a Zach? —Miró de Kenshi a Irina, y ni siquiera esperó respuesta de ambos antes de salir corriendo tras su pista. No necesitó mirar tras de sí para saber que Kenshi e Irina iban con él—. ¡Se enteró que Zach es hijo de Tyrone Wilson! ¡Ahora quiere matarlo! ¡Está loco!
—¡Qué! —Kenshi se detuvo por un momento—. ¿Es hijo de Wilson? Ahora entiendo por qué el muchacho me era familia.
Escucharon un grito agudo que incluso Michelle pudo oír.
—Lo atrapó —alertó Irina, y todos corrieron más rápido.
Llegaron a tiempo al jardín para ver a Feyn encima de Zachary a punto de golpearlo, el rubio bajo su cuerpo protegiéndose la cabeza con los antebrazos. Feyn estaba a punto de asestarle el primer golpe cuando Vladimir le cayó encima, apartándolo del rubio. Zachary apenas sintió que era liberado gateó fuera del alcance del alemán.
—¡Suéltame! ¡Voy a matar a esa alimaña! —peleó Feyn con el ruso, retorciéndose con fuerza para soltarse.
Michelle se apresuró a ir con Zachary, abrazándolo contra su cuerpo y asegurándose de que estuviera bien.
—Dios mío, lo siento tanto. ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? Por todos los, estás tan pálido... —Besó su sien, apartando los mechones de cabello rubio.
—Feyn, cálmate ya. —Kenshi se acercó si bien se quedó a cierta distancia. El dragón estaba tan...—. Él no es Tyrone. Lo mataste hace años, Zachary no es nuestro enemigo.
—Lo será su tan sólo le damos la oportunidad —gruñó el dragón. Por el rabillo del ojo vio a su cría abrazando y consolando al chico americano, eso sólo lo enfureció más—. ¡Michelle! ¡Aléjate de ese Yanke ahora! ¡Cría malcriada y desobediente!
—Feyn, si no te calmas en los próximos minutos, te inyectaré un sedante para elefantes —amenazó el ruso, harto del comportamiento del dragón.
—Si te nos acercas con una aguja, te morderé tan fuerte que te arrancaré un pedazo de carne —amenazó el dragón negro.
—¡No! —Michelle le miró enojado y dolido, cubriendo a Zachary con su cuerpo para mantenerlo protegido del dragón—. Déjanos en paz.
—De tal palo... —Kenshi negó, y colocó una mano en el hombro de Irina—. Llévatelos de aquí. Vayan con Jim. Mandaré a alguien a buscarlos cuando logremos calmar a tu padre —murmuró, y esperó a que la joven se marchara con los otros dos. Entonces, se acuclilló junto a Feyn, buscando atraer su atención—. Oye, yo estuve ahí, ¿recuerdas? Sé lo que ese bastardo quería hacer. Y es por su culpa Haruto no está aquí... pero mientras todo eso ocurría, Zachary era un niño apenas más grande que Michelle. Y tú acabaste con la mierda de Tyrone. No ha sido influenciado por él. Perderás a la cría si sigues queriendo matar a un chico que hasta ahora no ha hecho nada contra nosotros.
Dado que Zachary fue sacado de su alcance, el dragón dejó de luchar. Vladimir dejó de presionarlo contra el suelo pero no lo soltó, por si acaso.
—Es la cría de esa alimaña. Si le permito quedarse, le hará daño a mi bebé, querrá vengarse y no podré protegerte... —En este punto el dragón estaba desesperado porque Kenshi lo entendiera—. No llegué a tiempo para salvar a tu padre y no pude hacer nada cuando te capturaron en américa.
—Mi padre jamás hizo algo para ganarse mi aprecio y lo sabes, fue una alimaña también. Y la captura... —Kenshi dio un gesto a los otros soldados para que se marcharan y les dejaran solos. No continuó esa línea—. Zachary no es como su padre. Es solo un joven que está cagado de miedo porque una lagartija subdesarrollada quiere sus huesos como mondadientes. —Volvió la atención al dragón—. No es nuestro enemigo. Quien le hace daño a Michelle eres tú. Nunca ha visto a su padre de esta manera y lo estás asustando. ¿Quieres que tu cría te tenga miedo y te odie?
—...No, no quiero eso. —Sintió sus brazos ser liberado lentamente, se enderezó masajeándose los brazos, las alas y la cola estaban laxas a su lado, muestra de su angustia.
Kenshi dio una pequeña mirada a Vladimir, antes de ponerse en pie. Con su ayuda levantó a Feyn del suelo, y rodeó su cintura mientras lo conducía al interior.
—Sabemos que no quieren eso. Así que, ¿qué te parece si tan solo vigilas a Zachary en vez de querer atacarlo? Y será mejor que hablen con Michelle. Justo ahora está pasando por muchas cosas y no merece algo como esto, ¿no crees?
—Klaus habló con la cría —murmuró enfurruñado, caminaba encorvado con las alas plegadas a su espalda y los brazos cruzados sobre su pecho—. Le dijo lo que hizo esa alimaña. —Notando la expresión horrorizada de Kenshi, se corrigió—. En parte, no le dijo todo.
—Voy a pensar que lo hizo para explicarle por qué tú recelo con él... —Kenshi suspiró, y trató de levantarle el ánimo dándole un par de caricias y palmadas en la espalda—. No te preocupes, ¿está bien? ¿Qué tal si dejas que Klaus vuelva? Estará con dolor de cabeza después...
El dragón sonrió de medio lado. —Se lo merece.
—¿Exactamente por qué? —cuestionó Vladimir con una mueca.
—Por dejarse tocar, por eso —gruñó el dragón, después de eso se retrajo dejando el control a Klaus. El alemán, ante el súbito mareo, sintió débil las rodillas, si no fuera por el ruso que se movió rápido y envolvió sus brazos alrededor de Klaus, hubiera caído al suelo.
—Ugh..., mi cabeza —murmuró el alemán sintiendo una fuerte migraña.
—¿'Dejarse tocar'? —Kenshi preguntó, pero luego no le dio tanta importancia, más preocupado en llevar a Klaus al interior de la casa que nada.
Allí, ordenó un poco de té y le pidió a uno de los gemelos que fuera por una pastilla para la migraña, en tanto todos ocupaban asiento en el salón. Un par de minutos después, Kenshi sirvió té, mientras Kuma le daba la píldora al alemán.
—Hiciste un buen espectáculo hoy.
—¿Qué hice? —gruñó el alemán. Ahora que el dragón se retrajo, Klaus ocultó las alas para poder recostarse cómodamente.
—Perseguiste a Zachary por todo el lugar, el idiota gritaba aterrorizado —contó Vladimir.
—Ugh... Es hijo de Wilson. —Se cubrió las ojos con los brazos—. Y ese pequeño hijo de puta... con mi bebé.
—Klaus, no me hagas ir por el jabón. Abstente de usar esas palabrotas en el salón. —Kenshi sorbió un poco de té—. Y hablando de bebé. Deberás disculparte con Michelle. No está muy contento de que intentaras matar a su novio... Oh, que por cierto. —Miró a Vladimir con una sonrisa divertida—. Este energúmeno lo encerró en su armario. ¿Entiendes? Michelle oficialmente salió del clóset.
—Kenshi, no es gracioso —regañó aunque sin convicción, él también estaba sonriendo—. Sé que están molestos pero siendo justos, el chico aún no ha hecho nada, no puedes condenarlo sólo por quién es su padre.
—¿Entonces qué? ¿Tengo que esperar a que apuñale a Michelle por la espalda? ¿Entonces si tendré permitido darle su merecido? —Su frustración fue en aumento causando que su migraña empeorara.
—Deja de ser un energúmeno violento por un rato y descansa. Si sigues tenso, la migraña empeorará.
—¡Ja! El caso le dice a la olla. —Se burló Klaus de mal humor, se puso de lado poniéndose un paño húmedo sobre los ojos y la frente, la frescura de la prenda lograba aliviarle.
—¿Quién diría que él sería un rey del drama? —Kenshi se burló, bajando la taza de té por un momento—. Siento que le estuve enseñando bien. —Se giró un instante a uno de los gemelos, y que llamara al bar de Jim para que trajeran a los chicos en media hora—. Te lo dije. Puedo comprender los sentimientos que tienen hacia los Wilson, presencié de primera mano con ustedes lo que hicieron pero Zachary... Él no tiene la maldad de su padre y su abuelo. Ni siquiera se parecen salvo en algunos rasgos... Es como si quisieras condenar a Michelle por los crímenes que esa mujer hizo, y él afortunadamente no creció con ella. —Kenshi suspiró, y bajó la mirada a su taza—. No te estoy diciendo que abraces al chico y le tomes cariño pero... ¿amenazarlo de muerte? Si al menos pretendes matarlo, hazlo fuera de mis terrenos. ¡Me destrozaste una puerta y un cuadro de mi madre con tu estúpida cacería!
—Lo siento —dijo sin muchas ganas—. La próxima vez me lo llevaré al bosque para que nadie lo escuché gritar y lo ahogaré en el lago.
Vladimir le dio un golpe en el hombro. —No hagas esos comentarios frente a Michelle.
El alemán simplemente gruñó y se quedó tranquilo, descansando en el piso esperando que la migraña pasara. Kenshi contuvo una pequeña risa a pesar de que trataba de mantenerse serio. Pasó un rato mientras esperaban a que el alemán se calmase lo suficiente, y pronto llegaron los jóvenes. Kenshi agradeció de forma interna que Zachary no estuviera a la vista, probablemente se haya marchado de vuelta a Canadá.
El castaño no miró hacia Klaus, solo se dirigió a sus abuelos directamente.
—¿La puerta de mi cuarto está arreglada?
—Por hoy, no. Podrías dormir con Ruslán por esta noche. Mañana temprano pediré que la reparen...
Michelle asintió.
—Estoy cansado. Iré a dormir ahora... —dijo comenzando a despedirse. No parecía tener ganas de quedarse más tiempo.
—Michelle —llamó Klaus desde el suelo sin moverse. Por fin el dolor se había calmado y no quería hacer nada para que regresara—. Lo sabías. ¿No es así? Por eso me preguntaste si conocía a Wilson.
Michelle no tenía ganas de hablar, quería irse y ya, recostarse en el futón y cerrar los ojos. Había deseado, estuvo a punto de, irse con Zachary y pasar la noche con él pero Jim prácticamente le ordenó volver a casa.
Con un suspiro grande, pero sin voltearse a verlo, Michelle respondió.
—No al principio. Angie fue la que nos advirtió de no mencionar su apellido frente a ti. —Quería dejarlo ahí e irse, pero añadió—. Ella no nos dijo mucho, así que por eso te pregunté.
Hubo una larga e incómoda pausa y luego contestó. —Todavía estás castigado.
Irina haciendo una mueca. Tomó la mano de su hermano para sacarlo de la habitación, era mejor irse a dormir, en poco tiempo todo se volvió un caos y sinceramente sabía que si dejaba a Michelle ahí, iba a empeorar.
—Buenas noches —dijo a los adultos y los dos hermanos se fueron a acostar.
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Michelle no durmió esa noche con Ruslán sino con Irina, pasó un largo rato hablando con su hermana hasta que el sueño los venció a ambos. No tuvo pesadillas esa noche, sin embargo al despertar en la mañana se sintió igual de cansado a como si las hubiera tenido. El desayuno tuvo un ambiente tenso, sobre todo entre Klaus y Michelle a pesar de los intentos de todos por calmar las aguas. Michelle fue el primero en marcharse de la mesa y ni siquiera llegó a terminar su plato, algo poco común en él. Dejó avisado que estaría con Jim hasta la hora del almuerzo.
El asunto es que Michelle nunca pisó el bar de Jim. Apenas pudo, el joven se alejó a los bosques y usó uno de los árboles para llegar a Canadá. Una vez allí, encaminó sus pasos al parque donde en otras ocasiones fue con Zachary, y se sentó. Antes de salir de casa, dejó avisado al rubio que iría y lo esperaría allá. Ya había anochecido en Canadá, pero Michelle vio varias tiendas aún abiertas. Nunca desobedeció a su padre, era el hecho de que sentía que no podía escoger entre Klaus y Zachary, ni quería escoger. Además, tenía cosas más importantes que lidiar con las emociones contradictorias hacia su papá.
Tal como acordaron, Zachary llegó al parque en poco tiempo. Temeroso miró a los lados antes de acercarse a Michelle, le dio un pequeño beso en los labios y se sentó a su lado.
—¿Estás seguro de que es buena idea que estés aquí? De verdad que no quisiera que un lagarto gigante me persiguiera en medio de la noche.
—No saben que estoy aquí. —Michelle al instante se abrazó a Zachary, recostándose en su pecho unos minutos—. Casi no pude dormir anoche... No sé qué es peor, si las pesadillas o esto. —Cerró los ojos, y respiró hondo—. ¿Tú estás bien? Sé que no te hizo nada pero...
—Estoy bien. Sólo me llevé un buen susto, es todo —desestimó el rubio, abrazando a Michelle. Acarició su espalda con círculos tranquilizadores—. Puedo decir con seguridad que es el peor enfrentamiento que he tenido con un suegro, y eso que una vez me apuntaron con una escopeta.
Michelle contuvo una risa muy breve.
—Es preferible una escopeta. —Irina, Ruslán y él habían estado dispuestos a discutir el asunto del genoma, pero mayor fue su sorpresa al escuchar que Narcisse ya había mencionado al dragón. Bueno, al menos le ahorraba a Michelle el explicárselo..., solo que no deseó que el rubio se enterase de esa manera o, al menos según sus palabras, lo confirmara como una realidad—. Acompáñame a ver a Aldebarán. —Michelle aún continuó recostado de Zachary, disfrutando un poco más su calidez—. Me gustaría preguntarle sobre los magos que tienen el libro negro... Si le pregunto a Gerardo, tal vez no me quiera decir más porque él sabe para qué lo querré, o Ruslán se enteraría. Y el muy bocón se lo diría a papá.
—Seguramente Aldebarán también sabrá cuáles son tus intenciones. —Le recordó el rubio—. Después de todo, ve el futuro ¿Cierto?
—Lo sé pero..., espero que quiera ayudarnos, o ayudarme a encontrarlo. —Michelle finalmente levantó la mirada, su índice acariciando a lo largo de la mandíbula del joven—. Gerardo no me dio una dirección exacta. Hungría es un sitio enorme.
Renuente, Zach asintió. Michelle estaba hasta el cuello de problemas y aun así insistía en meterse en más, ya le había prometido que le ayudaría en todo lo que estuviera a su alcance y lo iba a cumplir.
Se dieron unos cuantos besos, antes de que se hiciera más tarde caminaron a casa de Aldebarán. Caminaban abrazados, compartiendo calor hasta dejar el área más poblada y tomar el camino de tierra que llegaba hasta la casa del guardián. En realidad no debieron sorprenderse cuando encontraron al hombre de larga barba sentado en el porche con un mullido suéter y un libro en el regazo.
—Hola, Al —saludó Michelle, con una sonrisa pequeña, acercándose por un abrazo rápido. El hombre tenía un rostro joven pero esa barba siempre le haría sentir como si estuviera ante un abuelo—. Nos estabas esperando, ¿no? ¿Cómo has estado desde aquel día que nos fuimos?
—Mejor que tú, sin duda. —Le dio la mano a Zachary como saludo e invitó a los dos jóvenes a sentarse en el porche con él—. Te has metido en bastantes problemas últimamente.
—Yo no... Oh, para que lo niego. —Se sentó con Zachary a su lado, echando un vistazo por el campo—. El demonio que esclavizó a mi madre me ha atormentado a través de pesadillas y hace poco mi papá intentó asesinar a mi novio. Sí, he tenido unas semanas muy activas últimamente —ironizó un poco, girándose de nuevo a ver al hombre—. Necesito enfocarme en una cosa a la vez, así que esperaba que tú, bueno, si pudieras echarme la mano con una cosa...
—Quieres ir por el libro negro —completó el guardián sin que Michelle tuviera que decirle nada. Zachary a su lado silbó impresionado.
—Es realmente bueno. Ni siquiera tuviste que explicarle nada —comentó Zach bastante divertido.
—Veo que sigues firme en tu decisión. —El mago tomó algunos mechones de su barba para trenzarla mientras hablaba—. Tengo curiosidad sobre cómo vas a llegar a ellos.
—¿No lo sabes ya? —A Michelle le dieron ganas de sonreír, más que nada cuando notó a Aldebarán haciendo una experta trenza en su barba. Le recordaba a su papá trenzando su cabello o cuando hacía peinados a Irina—. En términos generales, pensaba que me especificaras la dirección de los magos Vida y Muerte. Gerardo dijo que ellos tenían ese libro. Él fue muy vago a la hora de decirme dónde están. Solo que están en Hungría.
Aldebarán miró por el rabillo del ojo a Michelle por un momento. Cuando terminó de hacerse la trenza en la barba, habló—. No puedo saber exactamente dónde están pero puedo decirte dónde probablemente van a estar.
—Cualquier cosa que nos diga puede servir —animó el rubio esperando que el guardián accediera a ayudarlos—. Por favor.
Aldebarán dejó el libro que tenía en el regazo en una mesita que tenía al lado de su silla y convocó una esfera de luz amarilla con otras dos esferas dentro, las tres girando en diferentes direcciones y velocidades.
—¿Qué es eso? —preguntó Zachary, curioso.
—Es su magia. —Michelle, por instinto, se inclinó un poco más hacia las esferas—. Cada una representa un tiempo distinto. Pasado, presente y futuro. —Sus ojos viajaron al mago—. ¿Cierto? ¿Cuánto te demoraste en aprender a usarla, Al? Se ve tan... —La mirada de Michelle siguió cada esfera por al menos unos segundos, envuelto en la breve distracción— complicada.
—El tiempo sin duda lo es. Es muy delicado. —Con cada movimiento de sus manos, cada esfera se movía por su cuenta sin detenerse—. Lo que nos interesa en este momento es el futuro inmediato para saber en dónde están los gemelos. Cabe destacar que futuro inmediato puede ser en los próximos 5 minutos o los próximos 5 meses.
—¿Qué? Al, no hablarás en serio ¿o sí? —Michelle no podría considerar esperar 5 meses para poder hallar a los gemelos y por consiguiente el libro negro. ¡Cinco meses para deshacerse de ese demonio!—. Necesito saber dónde están los gemelos justo ahora.
Zachary le puso una mano en el hombro a su novio—. Mich, cálmate, deja que Aldebarán nos diga lo que sabe. Después decidiremos que hacer con esa información.
Michelle le ignoró.
—¿En dónde están?
—Hmm. —Con sus manos, Aldebarán movía la esfera en diferentes direcciones, sus ojos brillando con la luz de la esfera—. Hay tres posibles futuros: en los próximos minutos los gemelos van a llegar corriendo por esa vereda gritando que es el fin del mundo... Mmm, dudo que eso pase en esta línea de tiempo. El segundo futuro es Ametty anunciando su embarazo... Oh, eso no me lo esperaba. El tercero... —Frunció el ceño ante lo que estaba viendo.
—¿Qué? —Michelle sentía que perdería la paciencia—. ¿Qué has visto? No te quedes callado con ese tono de suspenso. Me pone nervioso. —Se removió en su asiento, tratando de ver lo que el mago vio.
—¿Cómo puede pasar un fin del mundo? ¿No debería ser él como mago del tiempo quien prediga un fin del mundo? —cuestionó Zach no encontrándole sentido a ese escenario, hasta que sintió el silencioso regaño en la mirada que Michelle le dio—. Sólo decía —murmuró encogiéndose de hombros.
Respirando hondo, Aldebarán desvaneció la esfera como si los otros dos pudieran inclinarse para husmear lo que él vio—. Es el futuro más probable, pero no es uno bueno.
Michelle trató de decir algo, solo que las palabras no salían de su boca. Cada advertencia que le dieron su papá, Levoch, Angie, hasta el mismo tío Jim y Gerardo, todos en general, causaban que su garganta se cerrará. ¿Veía Aldebarán un futuro terrible? ¿Qué tanto? Michelle hizo un esfuerzo en tragar el nudo de su garganta.
—Tú... —Sospechó que el mago no iba a revelarle nada. Eso solo lo frustró y preocupó más—. En ese futuro... ¿Consigo deshacerme del demonio y liberar a Angie? —Era lo único que le importaba, nada más.
—No puedo revelar el futuro a los mortales, afectaría su libre albedrío. —Conmovido por la angustia de Michelle, se permitió darle un poco de información—. Tu madre será libre pero no de la manera que esperas. El futuro donde te encuentras con Enoch coincide con nuestra línea de tiempo.
Michelle asintió, todavía inseguro. Las palabras de Aldebarán no sirvieron para alentarlo como él esperaba. Cada escenario que podía imaginar aparecía en su mente, uno peor que el anterior.
—En esa línea de tiempo, ¿en dónde se encuentran Vida y Muerte?
Suspirando, Aldebarán se levantó de su cómoda silla para buscar pluma y papel. —Hungría, creo que vi parte de la dirección de su casa, no es exacta pero al menos estarás un poco más cerca.
—Gracias —dijo Zachary levantándose de su asiento, esperando que el mago escribiera la dirección.
El mago le ofreció el papel a Michelle. —Recuerda, al final sólo tú puedes decidir.
Michelle tomó la nota en su mano, leyendo la dirección una vez. Podría tomarlo y no ir, no arriesgarse, volver a casa y hacer como hizo Angie con él hace mucho, hacer como ella le pidió: olvidarla. Después de todo, ella apenas hizo algo por él. Pero eran esas pequeñas cosas lo que la volvían valiosa para Michelle, y tenía problemas en simplemente olvidarla. No iba a hacerlo.
Aferró la nota, seguro.
—Gracias, Al. ¿Hay algo que pueda hacer para agradecerte tu ayuda?
—Tan sólo espero que no te arrepientas de tus decisiones es todo —dijo el mago dándole la mano a ambos jóvenes como despedida—. Por cierto, hay seis horas de diferencia con Hungría.
—Eso quiere decir que si vamos ahora sería de madrugada —pensó en voz alta Zachary.
Michelle no los veía a ninguno, sus ojos estaban fijos en la dirección pero escuchó claramente a Zachary. Podría volver y esperar el momento oportuno, solo que no quería irse, enfrentar otra vez la tensión entre su papá y él. Michelle guardó la nota en su bolsillo, dignándose a ver al mago.
—Gracias por todo, Al —dijo otra vez—. Volveré a visitarte después, aunque puede que eso ya lo sepas. —Tomó la mano de Zach, atrayendo su atención—. ¿Puedo quedarme contigo un rato más? No quiero volver a casa y esperar allá.
—Claro pero... ¿No sé preocuparía tu familia? —Aldebarán bostezó y se despidió con un gesto de su mano. Zach tomó la mano de Michelle, comenzaron a caminar de regreso al área más poblada—. ¿Avisaste a alguien ir estabas aquí?
—No exactamente... En casa creen que estoy con tío Jim, tío Jim cree que estoy en casa. Les dije que estaría allí para el almuerzo. Aún me quedan unas horas más. —Extrajo un reloj de bolsillo que se había llevado para estar al pendiente. Tenía unas tres, casi cuatro horas por delante—. Jamás creí que diría esto, pero solo quiero estar lejos de allí un rato, sin que nadie moleste.
—François no nos dejará usar el apartamento a esta hora pero podemos rentar un cuarto en el bar local —sugirió juguetón—. Podemos pasar un agradable rato antes de que tengas que irte.
Eso arrancó una sonrisa en Michelle.
—Siempre puedo confiar con que me levantes el ánimo. —En vez de seguir sujetando su mano, Michelle pasó su brazo a abrazar el costado de Zachary—. ¿Has hablado con Narcisse?
—No mucho. He estado adelantando tareas para poder verte. —Apretó a Michelle contra su costado. El chico era tan cálido, imaginaba que su alta temperatura era debido a su naturaleza previa como felino—. Aunque se comporta extraño.
—¿Raro? —Eso extrañó a Michelle. Narcisse de por sí era alguien raro para él, pero que Zachary lo expresara abiertamente, era que con probabilidad estaba más raro a lo usual—. ¿En qué sentido? —Se cuestionó si se debía a los días que su papá estuvo con él hace poco.
—Varios chicos han pasado por el dormitorio buscando a Narcisse, eso es algo común. Lo raro es que los haya rechazado... Él nunca rechaza una revolcada. —Sus cejas se alzaron en un gesto desconcertado.
—Bueno... —Michelle lo consideró unos segundos—. Quizá ha comprendido que debe tomar en serio ser pareja de mi papá si lo quiere. Puede que hayan formalizado... —interrumpió sus palabras con un corto resoplido. Si lo hubieran formalizado, su papá habría llegado feliz. La mención del tal Adrián por parte de Zach volvió a su mente—. ¿Qué hay de aquel tipo, Adrián? ¿Narcisse no te ha comentado que ocurrió entre ellos y papá?
—No necesito que me lo cuente para saber qué pasó. —Zach abrazó con más fuerza a Michelle cuando por fin llegaron a la zona de los bares. No quería que nadie pensara que tenía una oportunidad con el castaño—. Narcisse no hace nada sin Adrián. Cambia de amantes igual de rápido que se cambia de ropa pero Adrián es su constante. Seguramente tu padre los encontró en una situación comprometedora y tomando en cuenta lo posesivo que es tu papá... —Se encogió de hombros—. Eso no debe haber salido bien. Lo que me intriga es... ¿Por qué Yu insiste en estar con un tipo tan tradicional? Sin ofender.
—No lo haces. Yo también me pregunto lo mismo. Papá nunca aceptaría a un tercero en la relación, y Narcisse debe haberse dado cuenta de eso. —Michelle hizo una pausa mientras Zachary pedía una habitación, apenas recibieron la llave y comenzaron a dirigirse a los pasillos, habló—. Pero algo más debió haber pasado, algo grave. Tú lo dijiste, papá es territorial. Y más si Narcisse es el tesoro, o supuestamente lo es. Si hubiera encontrado a Narcisse con Adrián, no quedaría nada de Adrián... En cambio, papá ni siquiera ha ido a ver a Narcisse estos días.
—Adrián sigue respirando y no lo vi golpeado cuando dejó a Yu en el internado. —Llegaron a la habitación en poco tiempo, Zach abrió la puerta rápidamente, acostumbrado a ese tipo de lugares—. Tan sólo espero que esto no nos afecte a nosotros.
—Yo también lo espero. No quiero que lo de ayer se repita de nuevo. —Michelle entró, echando un curioso vistazo a la habitación. Era cómoda y agradable, le recordaba a las que tenía dispuestas el tío Jim por excepción de los muebles. Se acercó a la ventana—. Puede que Canadá no sea uno de tus lugares favoritos, pero este lugar en bonito por las noches. Si pudieras, ¿qué sitio del mundo visitarías en primer lugar?
—Nevada, en Estados Unidos. —Sonrió el americano—. He escuchado que es un buen lugar para invertir, los negocios de apuestas están en auge y los pequeños negocios necesitan inversionistas.
—Nevada... —Suspiró Michelle el nombre, tratando sin éxito de imaginar cómo sería el lugar—. Suena como un buen lugar para iniciar un futuro. De por sí mi primer lugar sería cualquiera de Estados Unidos, en especial Las Vegas. —Una pequeña risa, como si algo le causara gracia, salió de la boca del castaño—. Parecerá algo cliché, pero he escuchado cosas muy distintas de allí —Se alejó de la ventana para ir al borde de la cama, donde se dejó caer.
—¿Ah, sí? ¿Cómo qué? —Sonrió el rubio con una mirada predadora. Se movió lentamente, arrodillándose entre las piernas del castaño con sus manos sobre sus muslos, acariciando suavemente los muslos internos.
—Pues..., una vez tío Jim dijo que "Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas". —Michelle estiró una mano, delineando con el pulgar el contorno de los labios del rubio—. He querido ir y hacer muchas cosas locas en honor a esa frase... Tío Jim me contó que mi verdadero padre, él ha viajado mucho antes de volver a Japón la última vez, visitó Las Vegas. Mi padre le contó que estuvo en los casinos, donde ganó y perdió mucho dinero, bebió hasta vomitar, y estuvo... disfrutando con muy buena compañía también. —Aunque sentía un sonrojo en sus mejillas, no estaba avergonzado, es más, casi reía—. Tío Jim dijo que era un lugar para los malos vicios.
—Oh, sí, definitivamente lo es —ronroneó el ojo azul—. ¿Quieres eso? ¿Buena compañía, sexo sin compromiso con mucho alcohol y drogas?
—¿Qué tal si omitimos la parte de las drogas y tal vez reducimos el alcohol? —Michelle se inclinó, a punto de tocar los labios de Zachary, solo que desvió la dirección a la mejilla izquierda—. Prefiero estar por completo en mis cabales para recordar todo con absoluto detalle.
—Suena bien para mi. —Esta vez Zachary fue quien se inclinó, capturando los labios de su novio. Sus manos subieron un poco más por sus muslos, su pulgar derecho tanteo juguetonamente el borde de la cremallera, justo encima del bulto que comenzaba a formarse dentro de los pantalones del castaño.
Las manos de Michelle enmarcaron el rostro de Zachary, sus labios devolviendo el beso profundo y ansioso, dando un suave mordisco al labio inferior.
—No quiero irme de aquí sin sentirte por completo hoy. —Sus dedos bajaron al cuello, las yemas dando sutiles caricias a su piel hasta llegar a la camisa del uniforme que comenzó a abrir, botón a botón—. Me siento listo.
Zachary pausó por un momento las audaces caricias, mirando a Michelle, a esos bonitos ojos castaños, las pupilas rasgadas y amarillas ciertamente eran hipnotizantes pero los actuales sencillos ojos marrones eran igual de lindos y las largas pestañas —herencia de Angie sin duda—, le agregaban atractivo.
—¿Estás seguro? ¿Completamente seguro?
Asintiendo, Michelle separó sus manos, quitándose la camiseta y los zapatos, importándole poco donde acababan. Llevó las manos del rubio a su pecho.
—Completamente seguro, si es contigo. —Sus manos ni siquiera temblaban, no estaba ni la mitad de nervioso a aquella vez que lo intentó con Damián—. Confío en ti —añadió, buscando un nuevo beso, por fin deshaciendo a Zachary de su camisa, besando su cuello, su hombro, con sus manos delineando los suaves músculos de su torso.
Conmovido y emocionado como estaba, el rubio empujó a Michelle sobre la cama, adorando cada centímetro de su cuerpo, pasando por los pequeños pezones oscuros y bajando por su estómago hasta el borde del pantalón. Con manos expertas, le quitó el cinturón y los pantalones dejándolo sólo en ropa interior.
—Mira qué tenemos aquí —dijo Zachary, bastante divertido por la tienda de campaña que formaba el pene del joven.
—Eso es lo que tú provocas. —Michelle no quiso ser el único en las mismas condiciones, por lo que, contrario a Zachary, sus manos se movieron un poco torpes al momento de querer arrebatarle el resto del uniforme. Una sonrisa amplia se dibujó en su boca—. Veo que tampoco eres inmune a mis encantos —añadió con algo de arrogancia, un brillo pícaro en sus ojos al tiempo que los volteaba a ambos, Michelle quedando a horcajadas sobre el rubio—. Quiero... que me enseñes todo lo que sabes respecto a esto, al sexo —Se inclinó, alcanzando así el hombro izquierdo de Zachary que besó, una de sus manos acariciando el pezón mientras frotaba lentamente los penes de ambos—. Quiero ser capaz de darte el mismo placer como me lo das a mí.
—Mmm, eso tomará un tiempo, tengo muchos trucos bajo la manga. —Movió sus cejas en un gesto pícaro—. Pero por ahora me temo que tendrás que ser el humilde alumno y dejar trabajar al maestro. —Agarrando desprevenido a Michelle, volvió a darle vuelta en la cama, y antes de que pudiera protestar el rubio hundió su rostro en su pubis, mordisqueando el vientre, sonrió al notar la extraña ropa interior—. Todavía usas esta cosa. —Con sus dedos hizo a un lado la larga tela blanca que envolvía su premio.
—La uso desde que dejé el pañal. —Michelle se apoyó en sus brazos, abriendo un poco las piernas para darle el espacio necesario a su amante—. Además, puedo ver que te gusta, es aún más razón para seguir usándolo. —Removiéndose, ocupó una postura más cómoda—. Hazlo, tócame como quieras.
—Me gusta porque es fácil de quitar. —Una vez quitó toda la tela, sonrió, deleitándose con su desnudez, sopló suavemente la punta de su pene húmedo provocando un temblor en su cuerpo—. Me encanta que seas tan sensible. ¿Nervioso? —Mientras preguntaba, sacó su lengua dando un largo lametón desde sus bolas hasta la punta de su pene.
Michelle estuvo por contestar, pero cogió aire, sus ojos entrecerrados y fijos en el rostro de Zachary. Su propio rostro lo sentía caliente, demostrando un suave sonrojo, solo que ni por asomo tenía nervios.
—No estoy nervioso, solo... a-ansioso. Te lo dije. —Apoyándose en un brazo, el otro lo estiró para alcanzar los mechones rubios—. Confío en ti. —Dicho eso, se recostó, bajando la mirada para ver cada uno de sus movimientos, acariciando su pecho con una mano, pellizcándose el pezón con la otra. —Continúa.
—Eso es, chico sexy —animó el rubio, dedicándose por completo a atender la erección de Michelle. Chupó y mordió con entusiasmo toda el área mientras sus manos acariciaban los muslos abiertos. Uno de sus pulgares se acercó hasta la entrada del menor, tanteando suavemente al principio.
—Zachary, oh, ve un poco más... —Michelle aferró otra vez los cabellos del joven, tomando respiraciones profundas. Las masturbadas que tuvo que darse antes de dormir para evitar al demonio le permitieron tener un poco más de control de sí mismo, pero era mínimo y necesitaba ir más calmado. Esto era mucho más intenso que su propia mano.
—Se sienten tan bi...—Sus palabras se interrumpieron cuando algo presionó en su culo, incomodándolo—. Es..., o-oye, ¿do-dolerá algo?
—Un poco —dijo no queriendo mentirle, sus labios estaban hinchados y rojos por el trabajo oral que le estaba haciendo a su novio—. Seré muy cuidadoso, un montón de preparación y lubricante. —Se movió entre sus piernas para alcanzar sus labios—. Si te duele, puedes halar mi cabello. ¿Está bien?
—Pero... No trajimos nada de eso. —Michelle lo miró, un poco confundido. Él no era como Narcisse, que con seguridad traería siempre un arsenal encima para cualquier mínima ocasión para tirarse a alguien—. Hablo de los lubricantes. Es decir, todo esto fue tan espontáneo que...
—Ciertamente, es una pena —dijo el rubio con una sonrisa predadores y los ojos brillantes. Se inclinó para besar a Michelle, su lengua invadió su boca hipnotizando sus sentidos. Distraído y deseoso como estaba, puso sus manos bajo las rodillas del joven, las cuales levantó sin previo aviso hasta que tocaron los hombros de Michelle, dejando completamente expuestas sus bolas y trasero—. Entonces tendremos que improvisar. —Llenándose la boca con saliva, sacó su lengua y comenzó a lamer su ano, primero superficialmente y después comenzó a empujar su lengua entre el anillo de músculos intentando relajarlo.
—¡Zach! —El movimiento le tomó tan de sorpresa que Michelle solo atinó a sostenerse las piernas. Era tan extraño, húmedo, y Michelle estaba descubriendo lo extremadamente sensible que era allí. Todo su cuerpo vibraba, y no se daba cuenta de lo poco silencioso que era en ese momento. Ni que lo excitaba más, si la húmeda lengua del rubio en su culo o los ruidos que hacía—. Es demasiado... —Su cabeza cayó en la almohada, y el único pensamiento en su mente era que deseaba más. Incluso, sin notarlo, su mano había tomado de nueva cuenta su erección, masturbándose lento— intenso.
—No, no. Eso es trampa. —Tomó la mano de Michelle apartándola de su erección, succionó una de sus bolas haciendo gemir a Michelle—. Oh, Mich, si tan sólo pudieras verte... Eres un glorioso desastre. —Dio una ligera mordida en su nalga derecha, luego dejó que todo su cuerpo volviera a descansar sobre el colchón, se movió sobre el castaño, sus rodillas a cada lado de la cabeza de Michelle—. Necesito que llenes de saliva mi pene. Debe estar realmente húmedo. ¿Puedes hacer eso por mi, lindura? —Acercó su duro miembro a los labios de Michelle, tentándolo para que lo dejara entrar a esa caliente cavidad.
—Yo... Sí, puedo hacerlo.
Michelle guió sus manos en una sutil caricia por la cintura de Zachary hasta sostener la erección del rubio. Humedeció sus labios, y con ellos rodeó la punta, saboreando de gusto el presemen que salía por ella, tomándose la plena misión de dejarlo húmedo y listo para él. Abarcó hasta donde podía en su boca, casi al punto en que rozaba el fondo de su garganta. Su mente se hallaba dividida en su labor con el pene de Zachary en su boca y manos, y lo que su novio hacía entre sus piernas. Estaba por volverse loco.
Satisfecho con el desempeño de su virgen amante, el rubio siguió preparando el ano de Michelle, con sus dedos llenos de saliva introdujo uno de ellos mientras su boca seguía succionando su pene, estuvo así un largo rato, lamiendo todo el falo y sus dedos entrando y saliendo, preparando su recto para la invasión. Los labios de Michelle estaban hinchados, su respiración errática mientras continuaba mamando la erección de Zach, sus dedos mojados por la saliva que rodeaba todo el pene. Michelle se hallaba en su punto. Hacía un esfuerzo por respirar hondo para controlarse y no correrse tan pronto, que tuvo que parar un instante.
—A-alto. Necesito un respiro... —Cerró fuerte sus ojos, apoyando la frente en el muslo de su amante—. Siento que pierdo el control. —Sus propias manos temblaban, casi de forma perceptible.
Con un último beso en el glande rojizo, Zachary se apartó, sus ojos brillaban gracias a la lujuria que reflejaban en ese momento. Se movió sobre Michelle para acostarse a su lado y besar sus labios lentamente, lo suficiente para dejar al chico tomar un poco de aire.
—Respira profundo un par de veces.
Siguiendo las indicaciones de Zachary, el castaño tomó respiraciones cortas y profundas, logrando recobrarse lo suficiente y no sentir que su cuerpo estallaría de un momento a otro.
—Lo siento, esto me ha sobrepasado un poco —murmuró, un poco apenado—. No me he contenido antes.
—Esta bien. —Besó su cuello y sus hombros, incapaz de quedarse quieto por un momento, sus manos picaban por acariciar todo el cuerpo de Michelle—. Lo estás haciendo muy bien... para ser un primerizo. —Bajó por su pecho hasta alcanzar con sus labios los pequeños pezones, rozando con sus dientes la sensible protuberancia.
—Creo que es porque tengo un gran maestro. —Cerrando sus ojos, todo el cuerpo de Michelle sufrió un suave estremecimiento. Estaba tan sensible que cada toque de Zachary era un dulce placer. Tembló otra vez en anticipación a lo que vendría, y se enfocó en retomar el control de su cuerpo—. No tienes idea de lo mucho que te deseo. —Sus dedos acariciaron el cabello rubio del mayor, alzando su cabeza para ver los ojos azules llenos de lujuria. Michelle se cuestionaba si los suyos estaban igual—. Me parece que eres justo lo que necesitaba... —Y, conteniendo una risa, añadió—. No importa si gritas como niña.
—Yo no grito como niña —refunfuñó el rubio, dio una suave mordida en su costado demostrando su descontento. Moviéndose sobre el castaño, volvió a acomodarse entre sus piernas, su miembro pesado y goteante rozó el de Michelle en un beso indecente.
Michelle soltó un suave quejido, riéndose en parte por la burla hecha.
—Está bien, vamos a fingir que no lo haces. —Su mano tomó las erecciones de ambos, masturbándolos un poco. —Creo que me siento listo. —Se acercó buscando un beso rápido—. Fóllame, Zach.
—Tus deseos son ordenes —murmuró el rubio con un beso en sus labios. Mientras Michelle se distraía con el profundo beso, Zachary tomó su erección, alineó la punta con la entrada de su inexperto amante y empujó, Michelle respingó dentro del beso ante la repentina intrusión pero el americano continuó besándolo con más fervor para que se distrajera.
El corazón de Michelle martillaba con fuerza, obligando a su cuerpo a relajarse. Estaba parcialmente recordando los consejos que Kenshi le dio, entre esos el mantener el cuerpo relajado. Agradeciendo en eso, centró toda su atención en el roce de los labios, el roce de la lengua y el choque de sus dientes, respirando hondo entre cada beso. Tuvo que detenerse cuando sintió el roce de las bolas de Zachary contra sus nalgas y lo lleno que estaba de él.
—Oh, Dios... —Tomaba profundas respiraciones, calmándose, acostumbrando su cuerpo a la invasión—. ¿Estás bien? —susurró, un poco tembloroso, dando besos en el mentón y a lo largo de la mandíbula del rubio.
—Creo que eso debería preguntarlo yo —murmuró con una sonrisa temblorosa, sostuvo a Michelle entre sus brazos mientras esperaba a que se relajara. Una vez que sintió sus músculos acostumbrarse, comenzó un lento movimiento, con embestidas superficiales.
—Estoy bien... —Michelle devolvió el abrazo, sus piernas rodeando la cintura de Zachary. Besaba todo lo que pudiera alcanzar; sus labios, su rostro, su cuello, sus hombros. Un sonoro jadeo escapó de su boca en el momento en que Zachary tocó algo que le estremeció. Kenshi había destacado que la próstata era un punto extremadamente sensible en un hombre, pero Michelle no imaginó cuánto—. Zach... —Una de sus manos, que estuvo acariciando la nuca del rubio, se aferró allí—, vuelve a hacer lo que hiciste..., por favor.
—¿Te refieres a...esto? —preguntó con una sonrisa pícara en su rostro, sabiendo lo que provocaba en Michelle cuando movía su cadera en un ángulo diferente, su sonrisa se amplió al escuchar el sonido jadeo de Mich—. Oh, sí, veo que te gusta mucho
—Y-yo..., sí. Demasiado. —Michelle cerró brevemente los ojos, e incluso así pudo observar punto blancos de placer cuando de nuevo Zachary golpeó ese punto en su interior. Él no tenía palabras, y las que Kenshi usó no le parecían suficientes o adecuadas para ese exquisito placer que recorría su cuerpo cada vez que Zach atinaba allí—. Otra vez. Otra. ¿Podrías... más rápido? Es tan, tan... bien.
—Oh, sí... Mich...
En poco tiempo los dos adolescentes se volvieron un enredo de miembros sudorosos, lo único que se escuchaba en la habitación eran los gemidos que iban en aumento y desespero junto a las erráticas respiraciones, lo que delataba un inevitable orgasmo que los consumiría por completo en poco tiempo.
Los movimientos fueron tales que Michelle apenas estaba consciente de hacerlos, el placer entero nublando su mente. En un momento se había movido hasta quedar sobre Zachary, montándolo bajo su guía al tiempo que lamía y mordía sus pezones y su pecho, dejando marcas por la piel de Zach, y al siguiente minuto volvía a estar bajo su peso, masturbándose con furia, siendo embestido una y otra y otra vez. El clímax lo asaltó de pronto que le arrebató el aire, tan fuerte y maravilloso que ninguno de los momentos íntimos que tuvo consigo en otras noches se compararía. Una parte de su mente se dijo que no querría un solitario cuando podría estar con Zachary en su lugar. Cayó laxo en la cama, su pecho manchado y la respiración irregular.
Zachary, completamente satisfecho, contempló a Michelle, para él no había nada mejor que ver a su pareja saciada con los ojos brillantes después de un intenso orgasmo y una sonrisa boba en los labios.
Con su codo, se apoyó en la cama para no aplastar por completo al castaño con su peso. —¿Qué dices? ¿Una primera vez memorable?
—Demasiado increíble... —Michelle cerró sus ojos, con sus dedos quitó mechones de cabello castaño que se pegaban a su frente por el sudor, y una vez más observó a Zachary. Sonreía. Tenia un sentimiento de satisfacción como nunca antes—. Me parece que voy a querer repetir esto después. —Sus pulgares acariciaron los pómulos del rublo—. ¿Qué tal tú?
—Dame diez minutos y podré darte un orgasmo aún mejor que este. —El americano estaba reptando por el pecho del joven, pasando su lengua por el pecho y el estómago, cuanto estuvo a punto de llegar a la ingle sintió las manos de Michelle alzándole el rostro para detenerlo—. ¿No quieres?
—Oh, sí, y mucho, pero tengo que volver a casa. —Michelle lucía decepcionado. Quería quedarse con Zachary, de ser posible toda la noche así tuviera que dormir siestas debido a la diferencia de horario, el problema era que había dicho que estaría para la hora del almuerzo—. Se supone que estoy castigado... —Michelle empezó a sonreír hasta reírse un poco—. Pero si los castigos fueran así, haría travesuras todo el tiempo.
—Estoy seguro de que puedo darte una manada antes de que tengas que irte —intentó persuadir Zachary, decepcionado vio como el castaño se paraba de la cama para ponerse la tela blanca alrededor de la cadera como ropa interior—. ¿Necesitas que te acompañe? —preguntó un poco temeroso. No quería volver a encontrarse con su suegro tan pronto.
—No —dijo presuroso, como si hubiera pensado lo mismo que Zachary—. Con que me acompañes hasta los árboles está bien, no es necesario que llegues conmigo a Japón. —Con movimientos fluidos terminó de cubrir su entrepierna—. Además, aquí ya es tarde. Seguro que debes volver al internado. Trata de dormir un poco. En un par de horas..., bien, mañana para ti, podríamos ir con los magos —Se detuvo un poco en el proceso de colocarse el pantalón, le dio una mirada dudosa a Zachary, y continuó—. Solo si aún quieres acompañarme allí.
—¡Claro! —Desnudo como estaba, se levantó de la cama, abrazó a Michelle dejando un beso en su frente—. No pienso dejarte solo ahora que más me necesitas.
Enternecido, Michelle abrazó fuerte el cuerpo de su novio.
—No sé qué hice para merecerte. —Besó su cuello una última vez—. Gracias. Ahora, cúbrete.
Se vistieron juntos, y Michelle esperó a Zachary mientras hablaba con el dueño del bar. Caminaron de la mano hacia el parque con los árboles, donde se despidieron con un último y largo beso por ese día. Pronto llegó Michelle a Japón, se aseguró estar presentable antes de dirigirse a casa. Usó el camino largo pero que indicaría que venia del bar de Jim.
Justo cuando estaba pasando por en frente del bar, sintió un tirón en el cuello de su camisa que le cortó la respiración por un segundo. Michelle iba a protestar por el rudo trato cuando se dio cuenta de quien le estaba reteniendo.
—¿A dónde crees que vas? —gruñó Klaus mirándolo con el ceño fruncido.
—Pa-papá..., ¿qué haces...? —Michelle tuvo la mente en blanco por un breve instante—. Iba para la casa, al almuerzo. —Su corazón jamás latió tan rápido como en ese momento—. Recuerdas que avisé que estaría con tío Jim un rato.
—Si vas a mentirme al menos esfuérzate para que te crea. —Cambió su agarre de su camisa a su brazo, los largos dedos apretando con bastante fuerza—. ¿Qué diablos pasa contigo? Nunca fuiste así de desobediente.
—No me sucede nada. —Las mejillas de Michelle estaban sonrojadas, aunque no sabía si debido a la vergüenza por ser atrapado en el acto, por ser regañado en plena vía pública o por la molestia de ser tratado como un niño—. Papá, me estás haciendo daño —insistió, su mano tratando de aflojar el agarre del alemán—. Estuve por ahí, no hacía ningún delito.
—Verdadero daño te voy a hacer si vuelves a escaparte. —Le gruñó en voz baja. Ignorando el tironeo del chico, lo llevó al interior del bar del que aparentemente salió Klaus antes de atraparlo.
Para sorpresa del castaño, lo dirigió al fondo del local donde se encontró con cierta morena de cabello negro. Esta vez, Michelle perdió completo color en su rostro. En un primer momento había pensado que Klaus lo llevaría allí para formarle la bronca del siglo con más privacidad, pero ni por asomo imaginó ver a Angie.
—Tú... —Michelle se veía incapaz de mirarla a los ojos. Hacerlo le haría recordar lo ocurrido en Monterrey. No supo qué decir, de pronto cohibido.
—Asumo que por esa demostración de elocuencia te sorprende que esté aquí —dijo la morena con voz plana. No mostraba signos de enojo, tampoco podía ver moretones o golpes visibles, posiblemente los estuviera cubriendo con ropa y maquillaje pero a todas luces la morena se veía igual de peligrosa y mortal como la primera vez que la conoció—. Supongo que ahora estarás feliz. —Una de sus gruesas cejas se arqueó irónicamente—. Sólo te pedí una cosa Michelle, una... Por supuesto, el niño tenía que probar los límites de lo prohibido. ¿No es así? ¿Acaso tu vida en Japón están aburrida para tener que ir con el demonio? O quizás tienes un deseo suicida del que tu padre no tiene conocimiento.
—Yo... —Michelle se sintió todavía más intimidado a causa de sus palabras que antes por su presencia—. Yo en verdad no quise que nada de lo que pasó sucediera. Quería solo hablar con Levoch, conocerlo y..., bien, sí tenía curiosidad de saber dónde trabajabas. Pero nunca quise que él supiera que yo estaba ahí o qu-que te hiciera... aquello.
—Prácticamente te pusiste en bandeja de plata para él —siseó Angie, mostrando por primera vez su molestia—. Levoch habló contigo, te llevó a un sitio seguro, tendrías que haber tomado tu sensible moral y devolverte a la vida perfecta en la que te dejé.
—Independientemente de eso, él me atacaba en sueños. Nada podría asegurar de que me dejaría en paz si igual permanecía aquí. —Sus manos formaron un puño, y dio un paso al frente—. Pero, hay una forma de acabar con él. Unos magos lo tienen, en un libro negro. Podrías ser libre de él, de forma definitiva.
—¡Suficiente! —gritó Angie, golpeó la mesa con su palma haciendo que Michelle saltar en su sitio—. Estoy harta de los bienhechores que creen que metiéndose en mi vida a la fuerza lograrán algo. Te tengo noticias, Michelle, lo único que conseguirás es que te maten. ¿Crees que eres un desafío para el demonio? ¡No lo eres!
—¡Oye! No le hables así —intervino Klaus, pensando que la morena estaba siendo demasiado dura en sus palabras.
—Entonces. ¿Quién lo hará? ¿Tú? —inquirió burlesca con los ojos entrecerrados—. Lo proteges tanto que has terminado por criar a una niñita con la cabeza llena de fantasías de un mundo perfecto.
—Prefiero ser una niñita fantasiosa que estar siendo jodido sin poder hacer nada por un demonio. ¡Tienes una maldita oportunidad para ser libre y no lo tomas! ¡Si tú no harás nada, yo lo haré, y luego te veré caminando sin él sobre tus hombros! —Michelle tenía la vista borrosa y supo que eran lágrimas contenidas. No quiso seguir allí, por lo que se giró y comenzó a marcharse del bar.
— Deberías lavarte el hedor a sándalo antes de hacer eso —dijo con un tono meloso. Volvió a sentarse viendo el iracundo espectáculo que era Klaus.
—¿¡Tú qué!? —Volviendo a tomar a Michelle del brazo antes de que saliera de su alcance, acercó la nariz a su cuello, sus ojos se volvieron amarillos y soltó un gruñido—. Te dije que te alejaras de el yankee. Estás castigado y aun así me desobedeces para ir a revolcarte con ese tipo.
Michelle fulminó con la mirada a Angie, sintiéndose traicionado. Tal vez ella solo le dio la vida, pero seguía siendo su madre, ¡debería al menos tener un poco de lealtad a él! Aunque claro, él debió de haberse dado un baño al menos antes de volver a Japón. Pasándose un brazo por los ojos para limpiarse las lágrimas, enfrentó al dragón de su padre. Quiso decir algo, pero lo pensó un momento. No quería enfocar la molestia de Feyn en Zachary otra vez, a sabiendas de qué podía hacerle si lo viera. Entonces, algo se le ocurrió.
—¿Por qué no has ido a ver a Narcisse? —preguntó en cambio—. Zach me dijo que Narcisse ha estado actuando extraño desde que volvieron de las vacaciones de Pascuas.
El dragón parpadeó confundido por un momento, fue como si toda su ira chocará contra una pared y se estuviera recuperando del impacto. —Eso... no tiene nada que ver contigo.
—Pero, ¿por qué no has ido a verlo? —Siguió Michelle, no queriendo salir del tema. Estaba funcionando—. Dijiste que era el tesoro, ¿no? Creía que estarías con él todo el tiempo pero... Ni siquiera has ido a Canadá. Y con lo que supe de él a cómo ha actuado estos días, me parece más extraño aún.
—Es mi tesoro —dijo el dragón con más fuerza de la necesario, como si Michelle lo hubiera puesto en duda. Mordiéndose el interior del labio, la preocupación de coló en lugar de la furia—. ¿Qué quieres decir con extraño?
Michelle alzó las manos en paz.
—Estoy refiriéndome a que parece que no quieres verlo o que no te importa tanto... —contento de que la molestia del dragón se esfumase, se obligó a no sonreír en triunfo—. Me dijeron que ya no está actuando como antes. Ha rechazado a todo chico que se le acerca, sabes cómo es Narcisse y eso, pues bien, no es normal. También que parece un poco taciturno. —Eso último no era algo que Zachary dijera pero dio a entender. Se fijó en su padre—. ¿Se pelearon o algo así? Tal vez deberías tratar de ir a verlo... ¿No crees? —Y seguidamente, continuó—. Sé que a tío Keso no el gusta que él venga pero podrías ir tú... —Michelle se encogió de hombros, y comenzó a alejarse de Klaus—. Solo digo. Piénsalo. En serio su actitud no es la misma. —Cuando ya tuvo unos pasos lejos, se apresuró a girarse y esta vez correr a la salida. Mejor salir pitando cuanto antes lejos del agarre de Klaus ahora que estaba parcialmente calmado.
Creyéndose prácticamente libre, no se acordó de la presencia de cierta gatita rencorosa. Antes de que pudiera cantar victoria, sintió que alguien le metió el pie para que se tropezara. Al alzar la vista, vió a Angie mirándolo desde arriba con el ceño fruncido. Klaus reaccionó ante el fuerte ruido que causó Michelle. Con los labios apretados, tomándolo del brazo le hizo levantarse y no volvió a soltarlo.
—Tú, sigues castigado y esta vez no te voy a dejar escaparte —amenazó
—Traidora. —Michelle le dio una enojada mirada a Angie—. No puedes castigarme por algo así. —Esta vez, se dirigió a Klaus, sin mirarlo en ningún momento—. Suéltame. Quiero irme a casa de una vez y no contigo.
Los labios de Angie se estiraron en una sonrisa torcida, divertida con las palabras ofendidas de Michelle.
—Quizás eso te enseñe a mantenerte alejado de mí.
—Lástima —respondió Klaus a su hijo—. Ya no confío en ti. Desde ahora tienes prohibido salir de la casa, tampoco puedes acercarse al bosque dentro del terreno y serás vigilado por un guardia todo el tiempo.
—¡Pues no me importa! —Con lágrimas en sus ojos, Michelle le dio un fuerte empujón que le permitió zafarse del agarre—. No necesito tu confianza. Ni siquiera eres mi verdadero padre. —Evadió a Jim que se acercaba a ellos cuando corrió a la puerta, el hombre alzó una mano para detener a Klaus.
—Déjalo ir. Necesita estar solo...
—Si lo dejó solo irá de nuevo con ese americano. No entiende que es una mala influencia para él. Míralo, nunca tuve que hacer esto. Restringirlo como si fuera un delincuente —aclaró—. Pero desde que conoció a ese tipo me ha mentido y desobedecido, todo para estar junto a él.
—Me parece que él siempre ha sido así, y solo ahora es que lo está dejando salir. Shin era exactamente como él... —Jim bajó las manos, miró de soslayo a Angie—. Solo te digo que no lo presiones demasiado.
—Precisamente es por eso que no deben dejarlo ser así. ¿Acaso quieres que el chico termine como Shin? —dijo Angie, recordándoles la cruel realidad—. Me importa una mierda lo que pase con el chico de Wilson... —Ignoró el leve gruñido de Klaus—. Pero no lo quiero cerca de mi —advirtió a ambos hombres, ya había dicho lo que tenía que decir. No tenía sentido seguir en Japón.
Con un largo suspiro, Jim asintió.
—Lo mantendremos vigilado. —Se dirigió a Klaus esta vez al mismo tiempo que giraba para volver a atender el bar—. Iré en una hora a la casa Ottori a llevar dulces, creo que caerá bien a todo para variar.
—Yo no quiero dulces, llévale a los demás. —Negó el alemán sintiendo una horrible opresión en el estómago—. ¿Soy un mal padre? —preguntó sintiéndose realmente afectado por las palabras de Michelle—. Estoy consciente de que no nos une la sangre pero es mi deber hacer todo lo posible para protegerlo, incluso de sus propias malas decisiones.
—Klaus, has sido un padre maravilloso, y seremos claros que incluso más de lo que Shin pudo ser si hubiera seguido con vida. Michelle lo sabe. —Se acercó solo para apretar un poco el hombro del alemán en señal de apoyo—. Fue solo la fiebre del momento lo que le impulsó a decir esas palabras, pero estoy seguro que él te ama. Dale tiempo a calmarse. Necesitan... hablar sin discutir. Ser comprensivos el uno con el otro, por muy difícil que resulte. —Dio un par de palmadas y lo soltó—. Ve a casa, descansa.
Negó, terco, con la cabeza. —Necesito ir a Canadá.
Jim se preocupó por un momento. Le tomó unos segundos captar la verdadera razón del por qué Klaus quería ir allí.
—Iras a ver a Narcisse. —No era una pregunta—. ¿Lo crees buena idea?
Tardó un momento en responder, mordió el interior de su mejilla. —No lo sé.
Jim no dijo nada en seguida. Echó un vistazo a su reloj de pulsera, como si calculase algo.
—En Canadá ha anochecido. Si vas a ir, puede ser un buen momento ahora. —Le cedió una suave sonrisa—. Buena suerte.
El alemán asintió un poco aturdido.
—De acuerdo. Dejaré un par de arreglos hechos antes de irme. Si ves a Michelle, dile que está en restricción. —Odiaba tratar a su hijo cómo alguna clase de criminal pero el comportamiento del adolescente le estaba orillando a eso—. Volveré en unas horas.
CONTINUARÁ...
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