Capítulo 34

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Un par de soldados tuvieron que ayudar a Michelle con el peso de Klaus. Irina, al enterarse del estado de su papá, fue por Vladimir. El ruso ayudado por los dos jóvenes le quitaron la ropa mojada a Klaus para limpiarle la piel con trapos húmedos, mientras lo desvestían notaron todas las marcas en su cuerpo que le hicieron en Canadá. Irina estaba escandalizada por las marcas rojizas alargadas y los moretones en su cuello y pecho.

Vladimir la obligó a enfocarse, entre los tres atendieron a Klaus, dejándolo vestido y arropado en el futón de su cuarto.

—¿Cómo pudo... hacerle esto? —Michelle decidió recostarse al lado de su padre, esperando transmitirle un poco de su calor, a veces frotando los brazos a través de las cobijas que lo cubrían—. Pensaba que él lo quería.

—¡Ese bastardo no quiere a nadie! —soltó Irina al borde del llanto. No le gustaba ver a su papá de esa manera, tan lastimado física y emocionalmente hasta el punto de vomitar.

—Irina —amonestó el ruso por su lenguaje.

—No me voy a retractar, es la verdad. Hasta me hace extrañar a Bárbara.

—Bárbara jamás le haría daño a papá. —Michelle cerró los ojos, recostando la cabeza en el hombro del alemán. Cuánto deseaba ronronear en ese momento, puede que así su papá pudiera sentirse reconfortado aunque estuviera inconsciente. Esperaba que tuviera buenos sueños que le hicieran descansar profundo.

—Bárbara era una diosa comparada a esa alimaña, escoria rastrera que es Narcisse. —Kenshi venía entrando junto a Jim, que le ayudaba a traer algunas tazas de té—. Debiste de haberme dejado destrozarle los huesos aquella vez —se quejó a Vladimir, recordando el momento en que estuvo atacando a Yu en el dojo.

—Está en un estado delicado —murmuró Jim, sirviendo una taza a Irina y Vladimir—. No debería exaltarse, o podría hacerle daño al bebé.

—No sería bueno que tus hombres te vieran perder la compostura de esa manera. —Agradeciendo el té, Vladimir se hizo a un lado para que su esposo se sentara junto a él.

—Dejando eso a un lado... —comenzó Irina, soplando su taza de té para no quemarse los labios—. ¿Mi papá está bien? Llegó un poco mojado pero no tiene hipotermia, y aparte de los moretones que se están formando, en realidad no parece que esté herido de gravedad.

—Estará bien, físicamente —aclaró Vladimir—. Las marcas en su cuerpo sanarán en poco tiempo. Por otro lado... parece que tuvo un colapso emocional.

—Y no es para menos. —Jim le dio una taza a Kenshi y cuando fue hacia Michelle, se negó por ahora—. Luego de años por fin encontró a Yuki de nuevo, y no es lo que él esperaba. —Jim se sentó junto a irían, dejando la bandeja a un lado—. Ambos, Feyn y él se sentirán decepcionados y deprimidos.

—Yo le dije que se quedara con Bárbara. —Kenshi masculló, antes de soplar su té—. Hubiera sido feliz, y hasta ya estaríamos planificando la boda.

Michelle hizo una mueca sin decir nada. Aunque le gustaba la idea de su papá feliz con alguien digno, se preocupaba de que dicha persona digna estaría acompañada de su propio ex-novio.

—Sabes que no es así de simple —dijo Vlad mirando a Klaus—. Klaus estaba intentando seguir con su vida, Kanya le ayudó a iniciar y estaba progresando con Bárbara pero Feyn... El dragón nunca quiso seguir, y parte de Klaus tampoco. Quizá con esta decepción ambos por fin puedan seguir adelante.

—Eso espero. Pero más le vale a ese imbécil no aparecer por aquí, o me da igual si los soldados me ven perdiendo el control —gruñó Kenshi.

Jim volteó su cabeza para mirar a Klaus. Michelle a veces frotaba sus brazos con flojos movimientos, seguía con la cabeza descansando en el hombro de su padre, observando su pecho como si se asegurase de que respiraba. Le llenó de ternura y un poco de tristeza. Las veces que había visto a Narcisse había pensado que, si bien era muy lo opuesto a Yuki, confiaba en que todavía tuviera la esencia del dulce y amable japonés que conquistó el corazón de Klaus y del dragón. Cuánto lamentaba haberse equivocado. Klaus era un hombre tan íntegro, educado, cariñoso y un padre amoroso, Kenshi tenía razón en que merecía alguien digno a su lado. Rezó interiormente a sus dioses porque esa persona llegase y reparase el corazón roto del alemán.

—¿Creen que tal vez debamos pedirle a Kanya que venga de visita? —preguntó Michelle, rompiendo el silencio en la habitación.

—¿Siquiera sabes dónde está metido? —Kenshi alzó una ceja.

—La última vez que llamó estaba por los límites de Botsuana, pero que tenía ganas de volver a Japón unas semanas —respondió el joven.

—¿Botsuana? —Jim parpadeó varias veces—. Le tomará semanas llegar a Japón.

—Si vamos por él usando las raíces, nos tomará unas pocas horas de con Kanya. —Que precisamente Irina dijera eso demostraba lo mucho que se preocupaba por su padre.

—No deberían mostrarle a ese hombre el viaje por las raíces —opinó Kenshi, receloso—. Tal vez Klaus confíe en él, pero el viaje por las raíces es cosa de los magos. —Kenshi desvió su atención a Klaus—. No podemos hacer mucho con esa alimaña de Narcisse...

—¿Creen... creen que traicionaría a papá con lo del genoma? —Michelle dejó entrever lo preocupado que eso le hacía sentir.

—Él parecía más interesado en su pene que en el secreto del genoma —opinó Vladimir, dejando la taza vacía a un lado—. Dudo que debamos preocuparnos por eso.

—Podemos ir por Kanya. No creo que haya problemas. —Michelle lentamente se levantó del lado de Klaus, se aseguró de que la cobija que lo cubría no se haya movido, y se sentó. Jim aprovechó para servirle la taza de té que había negado anteriormente—. Además, papá necesita un amigo ahora.

Jim sonrió mientras le daba la taza de té a Michelle.

—Tu padre diría algo como "no hay nada mejor que unas copitas de sake para ahogar las penas". —Suspiró—. Shin era bueno en eso.

—Bien, suficiente. Dejemos descansar a Klaus. Tanta gente a su alrededor no es bueno. —Vladimir corrió a todo el mundo de la habitación, incluyendo a una quejosa Irina y un preocupado Michelle. Necesitaba verificar algo y no podía hacerlo con tanta gente alrededor.

Se reunió con Kenshi en su dormitorio varias horas después de haber alimentado a Kroki y dejarlo en la incubadora, por suerte el apego emocional del lagarto cedió lo suficiente para que pudiera dejarlo dormir en el laboratorio y no causar un desastre.

—Después de que se fueron, revisé el cuerpo de Klaus con más detalle. —Le comentó a su esposo mientras se cambiaba la ropa—. Las marcas en su cuerpo se veían demasiado intensas, pensé que debía asegurarme de que no lo hubieran forzado.

Kenshi tenía poco de haberse recostado en la cama, su mirada fija en el techo mientras pensaba en las palabras de Vladimir.

—Esto es algo mucho más profundo. Y no creo que Narcisse sea el único responsable. —Se removió hasta colocarse de costado, su mano sirviendo de apoyo para la cabeza—. Los niños notaron olores raros en él, Michelle solo pudo notar una colonia muy sutil en la ropa pero Narcisse jamás usó algo similar... —Se frotó los ojos, sintiéndose un poco frustrado mientras hablaba—. Desde aquella vez que Tyrone Wilson intentó hacer algo contra él, Klaus es reacio a dejar que otras personas le toquen... —Miró a su esposo, preocupado—. Lo entiendes, ¿no? Puede que no le hayan violentado ahora, pero se dejó hacer esas cosas ¿por Narcisse? No es sano.

—Antes de que Irina y Michelle me ayudaran a limpiar su cuerpo, pude percibir el olor de Narcisse, durazno y otros dos que no sé a quienes pertenecen, canela y vinagre, una mezcla horrible si me preguntas. No sé cómo él pudo soportarlo. —Negó con la cabeza. Apenas terminó de abrocharse los botones del pijama, se unió a Kenshi en la cama—. No es bueno que continúe con ésta relación.

Deslizándose más cerca, Kenshi se acurrucó contra el cuerpo de Vladimir, Suoh ronroneando sutilmente por la cercanía con el tesoro.

—No imagino lo difícil que será para Feyn y para él, pero a largo plazo lo entenderán. Ese mocoso no es Yuki, es más un insulto a su memoria...

—Debemos pensar seriamente en traer a Kanya, pronto. —Besó la frente de Kenshi, igualmente complacido por la cercanía—. A Klaus le hará bien ver a su amigo.

Kenshi no respondió enseguida. Seguía sintiendo recelo en traer a Kanya a la casa, pero Klaus necesitaba el tipo de apoyo y la compañía de alguien externo a la familia. No podía negarse a eso.

—Le diré a Jim que acompañe a los chicos a buscarlo. Él conoce esos lados mejor que nosotros. También... ordenaré que no dejen pasar a Narcisse, si es que es tan cara dura para venir por acá de nuevo. —Cerró los ojos, tratando de relajar su cuerpo a pesar de la tensión que le evocaba ese chico—. Es mejor que Klaus empiece a olvidarse de él. Kanya, los chicos, los soldados, pueden ser un buen enfoque para distraerse. —Bostezó.

—Hay que vigilar que no se obsesione con el trabajo. —Vladimir rodeó a Kenshi con ambos brazos y una de sus piernas se coló entre los muslos del japonés para dormir, ambos suspiraron satisfechos ante la conocida postura. Después de darse un beso y las buenas noches, se entregaron al cansancio.

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Como acordó, Jim viajó con Irina y Michelle a Botsuana en busca de Kanya sin informarle a Klaus del hecho. Afortunadamente tenían fotografías del hombre en sus viajes que enviaba a Klaus junto a las postales u obsequios. Tardaron dos días en dar con el hombre, que estaba próximo a partir fuera de la región. Con una droga que Irina trajo del laboratorio de Vladimir, Jim logró drogar al tailandés para poder traérselo a Japón.

—Es más fácil así que explicarle el viaje por las raíces. —Se burló Michelle, cosa que no divirtió mucho a Jim por la lástima que le inspiró Kanya.

Una vez en Japón, llevaron a Kanya a una de las habitaciones listas para él en la casa sin que Klaus se diera cuenta, y esperaron a que despertara.

Cuando Kanya abrió los ojos, lo primero que vio fue a Irina sentada al lado de su futón leyendo un libro. En cuanto lo vio abrir los ojos, le pasó un vaso de agua.

—Bébela. Llevas bastante rato inconsciente. Necesitas hidratarte.

Kanya primero dio un vistazo a su alrededor, confundido. Reconocía el estilo de una habitación japonesa. Pero no entendía cuándo llegó a Japón. ¿Y qué le había pasado? Recordaba haberse topado con Jim y los hijos de Klaus, cosa que le sorprendió en sobremanera pues jamás esperó verlos allí, los invitó a comer, fue al baño un momento y cuando volvió a la mesa para comer...

Tomó el vaso de agua, bebió un sorbo largo que casi acabó con su contenido y lo bajó, incorporándose completamente hasta quedar sentado.

—¿Cu-cuándo llegamos aquí?

—Hace unas horas. —Irina sirvió un segundo vaso de agua y lo dejó al lado de Kanya—. Nos encargamos de traer tu equipaje. —Señaló a la esquina de la habitación donde estaba una maleta vieja—. Al final del pasillo está el baño, puedes asearte antes de que sirvamos el almuerzo... Te recomiendo que uses uno de los kimonos que están en el armario —dijo mirando desaprobadoramente la ropa del hombre—. Por cierto, papá no sabe que estás aquí.

—Eh... Gra-gracias. —Kanya se mordió el labio inferior, dudando un momento. Tomó el vaso para beber un sorbo más de agua—. Yo... no recuerdo muy bien la conversación. ¿Di-dijeron que Klaus... necesita mi ayuda? ¿Qué le pasó realmente?

—Un idiota cayó en su vida, eso pasó —dijo la joven con resentimiento—. Creo que ya lo sabías: papá le propuso matrimonio a Bárbara pero todo eso se fue a la basura cuando un quinceañero se le metió por los ojos a mi papá.

—Oh, sí. Tu papá se había sentido un poco mal debido a miss Bárbara... pe-pero la última vez lo escuché un poco entusiasta debido a ese chico que conoció. —Kanya bajó el vaso de agua, dejándolo a un lado—. Que le recordaba a su pareja Yuki. ¿No... no funcionó su relación?

—Sí, bueno..., no sabía la clase de demonio con el que se estaba metiendo. —Se pasó la mano por el cabello con cuidado de no desarreglarse el moño que se hizo esa mañana—. Hace menos de una semana papá llegó empapado, vomitó en el jardín. El abuelo Vlad dice que tuvo un colapso emocional... Narcisse le rompió el corazón.

Kanya estuvo agradecido de haber colocado el vaso a un lado, la impresión de esa noticia le habría hecho soltarlo y derramado el contenido en su regazo. La preocupación por el estado emocional de Klaus casi le impulsó a ir en búsqueda del hombre, pero logró contenerse. Primero tendría que asearse un poco, cambiarse.

—Yo... Y-yo iré a verlo ahora. Eh. Tomaré tu palabra y me cambiaré. —Kanya comenzó a pararse del futón, estando en pie se dirigió a su equipaje pero poco antes de comenzar a buscar un cambio de ropa, miró a Irina—. ¿Está... muy mal?

Haciendo una mueca, la pelinegra miró la ropa.

—Te lo diré con tacto... La ropa en el armario es de tu talla. Bota todo lo que hay en esa maleta y usa eso.

Kanya echó un vistazo a la ropa que llevaba puesta.

—Supongo que... no me vendría mal renovar mi ropa, ¿no?

Entonces, caminó hacia el armario, se disculpó con Irina y luego de tomar la ropa adecuada, fue al baño para asearse.

Se reunió con los demás para la hora del almuerzo. A casi nadie le sorprendió ver entrar al tailandés al comedor, excepto a Klaus, desde luego. Kanya le brindó una tímida sonrisa mientras se aproximaba a él.

—No es un fantasma lo que ves. Desde luego soy yo.

—¡Kanya! —Sorprendido, Klaus se levantó de la mesa. Envolvió al tailandés en un apretado abrazo—. No esperaba verte aquí. ¿Cómo? ¿Por qué? En la última llamada me dijiste que ibas a partir a otro destino.

—Nosotros lo trajimos —dijo Irina, mirando el encuentro.

—¿Ustedes...? —Confundido, Klaus miró a su familia sin entender lo que estaba pasando.

—M-me dijeron que necesitabas un amigo. —Kanya se encogió de hombros—. Y me siento honrado de que me ha-hayan considerado como tal. Así que acepte venir, acompañarte a—al menos por una temporada. —Respiró profundamente, bajando la mirada al yukata que le habían dado. Era cómodo, justo a su talla, pero se sentía extraño usándolo—. Creo que ya era tiempo de venir y pasar un tiempo aquí. Han sido años desde que me fu-fui de Japón.

—Trajimos a Kanya porque no queremos que sigas triste. —Michelle se acercó a su padre, tomando su mano.

Ruslán frunció el ceño a la vestimenta de Kanya.

—¿De dónde sacaron la ropa?

—Lo mandé a traer. —Kenshi asintió en aprobación cuando acabó de inspeccionar al invitado—. Sus ropas eran horrendas. Sin ofender.

—Eh..., no ha-hay problema. —A pesar del color tostado de su piel, Kanya se sonrojó un poco—. Gracias por la ropa.

Sinceramente no quería hablar sobre el motivo por el que vieron necesario traer a Kanya pero estaba feliz de ver al tailandés después de tanto tiempo de sólo estar en contacto por cartas y llamadas telefónicas.

—Siéntense, están a punto de servir el almuerzo —dijo Vladimir invitando a Kanya a la mesa. Una vez todos sentados, Klaus miró sospechosamente a su familia.

—¿Cómo lo trajeron tan rápido? Estabas en Botsuana, ¿no es así? —Esperó la confirmación de Kanya.

—Bu-bueno, sí. Aunque creo que debí tener un sueño muy profundo porque no recuerdo el viaje en barco. —Hizo una pequeña inclinación a los demás—. Lamento haber sido una carga en el camino.

Kenshi sonrió, un gesto de travesura que no intentó ocultar.

—No hay de qué. Irina se encargó de todo el proceso..., claro, con ayuda de Jim.

Michelle a duras penas contuvo una risa, y optó por cambiar el tema. Al menos por ahora. Su padre tenía una expresión de que quería respuestas más claras.

—¿A dónde pensabas ir cuando te encontramos?

—Oh, mmh, planeaba a-aventurarme a la selva amazónica. —Kanya fue sentado junto a Michelle, y una vez todos listos, empezaron servirles—. Había varias especies de aves que deseaba fo-fotografiar. Van a tener que esperar un poco. Luego, pensaba venir acá. El vi-viaje se adelantó.

—¿Amazonas? Eso está en otro continente ¿Cómo pretendías llegar allá? —Klaus tomó el plato de Kanya sirviéndole de todo un poco.

—Siempre me pareció interesante la facilidad que te mueves de un lado a otro —comentó Vladimir—. A pesar de tus limitados recursos nada te detiene.

—Trabajo muy duro para poder costearme los viajes. A veces me hago muy amigo de los capitanes de los barcos. —Kanya agradeció a Klaus con un gesto de cabeza, y se tomó primero un sorbo del té—. Oh, como extrañaba el té japonés. En otros lugares nunca es igual...

—Imagino que la comida tampoco —opinó Michelle, su plato de rebosar.

—Para nada. A veces eran muy dulces, otras muy salada, otras muy... —Un ruido extraño atrajo la atención de Kanya, pero siguió—. otras muy... —Un nuevo ruido lo interrumpió—. ¿Qué es... ese ruido? Suena como un chillido extraño.

Kenshi carraspeó, bajando los palillos y dirigiendo su atención a Vladimir.

—¿Es en serio? Dijiste que no te gustaban los animales, y no te despegas de él. —Le dio una gran sonrisa divertida por la situación—. Mira quién se ha encariñado.

—¿Trajiste a Kroki al comedor? —Ruslán se veía incrédulo.

Irina se cubrió los labios para no soltar la risa. Vladimir, en cambio, le frunció el ceño a su esposo.

—No me estoy encariñando. —Sacó al pequeño lagarto de apenas quince centímetros del bolsillo de su camisa—. No es sano que pase tanto tiempo en cautiverio, debe acostumbrarse a su entorno.

—Claro. Déjalo en el jardín entonces. —Se burló Klaus.

—Es de sangre fría, necesita calor corporal —explicó el doctor como si fuera de lo más normal cargar con un cocodrilo en el bolsillo.

—Ajá. Oye... —Kenshi suspiró largo, un poco molesto con que el ruso se haya traído al animal a la mesa—. No tiene nada de malo con hacer a un lado el orgullo y admitir que te encariñaste con Kroki. Es adorable y te gustan los reptiles...

—Dios mío... —Kanya, aunque no estaba cerca de Kroki, se alejó por instinto de él—, ¿es una cría de cocodrilo?

—Papá encontró el huevo hace semanas y mi padre lo mantuvo en una incubadora. Nació hace poco, pero se ha apegado a mi padre —explicó Ruslán a Kanya.

Klaus sonrió de lado mirando a Kanya. Pasó un brazo sobre los hombros del tailandés para tranquilizarlo.

—Es inofensivo. —En realidad no lo era. Un cocodrilo siempre sería un peligro, incluso siendo tan pequeño podría arrancarle un dedo a alguien si no tenían cuidado, pero no le iba a decir eso a Kanya, lo podría nervioso.

Con el reptil en sus manos, Vladimir miró de reojo a Kenshi.

—No me gustan los animales, pero los reptiles son realmente fascinantes a su modo y Krokodill es tan dócil.

—Te lo he dicho. —Kenshi colocó su mano en la muñeca del ruso. A veces el ingrato de Kroki le daba por querer morderlo en juego—. Estoy feliz y orgulloso de que tengas una mascota acorde a ti... pero no para que lo traigas a la mesa. No te gusta que traiga animales a la casa, entonces no traigas dichos animales al comedor. —Señaló al reptil. —Por hoy te lo dejo pasar, pero a la próxima que espere en el laboratorio hasta que acabemos de comer.

Los jóvenes habían estado conteniendo una risa, pero Michelle fue el primero en soltarla, incapaz de resistirlo.

—Es divertido porque, tanto que regañabas a tío Keso, y ahora es tío Keso quien te regaña a ti, abuelo.

—Ciertamente. —Ruslán asintió, y tomó un sashimi con los palillos—. Velo de esta forma. Papá te ha regalado una mascota.

—Lo hice. Así que espero que seas responsable. —Siguió la burla el japonés.

Kanya había escuchado en silencio, pero tuvo que dirigirse a Klaus esta vez. Sonreía tímido de nuevo.

—Tu familia si-sigue siendo tan peculiar como lo recuerdo... Me siento nostálgico.

—Te extrañé todo este tiempo —confesó Klaus—. Hablar por teléfono y cartas es entretenido pero no es lo mismo que tenerte aquí. —Dio un apretón en los hombros de Kanya antes de separarse y enderezarse en su propio asiento, mientras lo demás seguían bromeando a costa de Vladimir—. ¿Te vas a quedar aquí, en la Casa Feudal?

Kanya se sintió un poco afectado por las palabras de Klaus, avergonzado y profundamente querido. Era una combinación de emociones poco usual para él. Optó enfocarse en su comida de nuevo.

—Pues, sí. Me han da-dado una habitación bonita, y ro-ropa bonita. Sería un insulto si me voy a otro lado, ¿no? —Le dio una mirada de reojo—. Además, aquí me tienes más cerca.

— Si Kenshi e Irina, de entre todas las personas, fueron específicamente a buscarte tan sólo para animarme lo ideal es que te quedes aquí —concordó el alemán tomando un rollo de sushi tempurizado—. Tenemos mucho de qué hablar. Quiero que me cuentes todo lo que has visto y hecho.

Durante el almuerzo Kanya lo distrajo conversando con los lugares a los que había visitado, las fotografías que tomó, algunas ya vendidas. Había pasado por Camboya, Malasia, Singapur, Madagascar hasta alcanzar Zimbabue. Por algunas semanas había pensado en dirigirse a Somalia hasta que se instaló en Botsuana. En Madagascar fue donde más disfrutó la estadía, su charla dirigiéndose a los animales, tema que atrajo la atención de Vladimir.

Luego de la comida y el postre, Kanya llevó a Klaus a su habitación para mostrarle las fotografías que tomó, cada una con una anécdota más disparatada que la otra. Kanya había adelgazado, también estaba más bronceado, el yukata que había elegido acentuaba mucho lo tostada de su piel. En muy pocas imágenes aparecía él, pero Kanya hablaba de ellas con tal pasión que hasta su característica tartamudez desaparecía.

Klaus estuvo un largo rato escuchando cada una de sus historias. Una vez que dejó el tartamudeo, disfrutó de su voz, de su tono entusiasta, en algún momento ambos hombres terminaron recostados en el futón del tailandés, uno al lado del otro con las fotografías en medio. Gracias a la calidez del cuarto y el tono fluido de Kanya mientras hablaba, Klaus llegó a quedarse dormido, ronroneando suavemente ante el agradable ambiente.

Kanya se demoró unos minutos en darse cuenta que Klaus se durmió, ensimismado en sus historias hasta que el silencio por parte de Klaus atrajo su atención. Le dejó dormir hasta la hora de la merienda cuando uno de los hijos del alemán, Michelle, apareció para llevarlos al salón.

Durante los próximos días Kanya constantemente paseaba con Klaus por los alrededores de los terrenos Ottori. Algunos días en los que Klaus tenía que entrenar con los soldados, Kanya lo acompañaba y se quedaba a un lado observando. Un tiempo después había decidido llevar su cámara y fotografiarlo a él o a los soldados durante sus entrenamientos. Cuando no estaba con Klaus, Michelle y Ruslán se llevaban a Kanya al salón para que les hablara de sus viajes. El hombre había viajado tanto, conocía tantos lugares que entretenía a los chicos.

Zachary todavía estaba en época de vacaciones. Ya no podía aguantar estar en la misma casa con su padrastro por lo que prefirió dar un paseo muy lejos de él y no había lugar más lejano que la casa de su novio en Japón. Odiaba y adoraba viajar por las raíces, era un método rápido, eficaz y sumamente incómodo para viajar.

Siempre que llegaba a Japón los soldados se le quedaban mirando sospechosamente. A estas alturas ya estaba acostumbrado, siempre saludaba aunque no le respondieran. No le importaba mientras no lo atacaran. Estaba intentando localizar a Michelle cuando a lo lejos vio a Klaus. Su primer instinto fue esconderse tras un árbol, por lo menos hasta que el alemán se alejara lo suficiente. Por ahora no lo había vuelto atacar pero mejor prevenir que lamentar.

Le pareció curioso verlo al lado de un hombre que nunca había visto, tampoco recordaba que Michelle lo hubiera mencionado. Se veían bastante cercanos, reían y hablaban sin problemas... ¿Sería un amigo?

Con un encogimiento de hombros, siguió su camino aprovechando que Klaus estaba distraído.

Encontró a Michelle junto a Kroki, a quien alimentaba. Estaban a las puertas de la cocina que daba al patio, muy cerca de los matorrales. Kenshi había querido un tiempo a solas con Vladimir, y le ordenó a Michelle encargarse del reptil. Por ahora estaba tranquilo, pero Michelle se había llevado consigo un mini-botiquín en caso de recibir alguna mordida accidental.

—...y este es el último pedazo de carne —advirtió, entregándole el pequeño filete que cortó para él, cuando la presencia de alguien más atrajo su atención—. ¡Zach! —nombró emocionado de verlo allí.

Estuvo a punto de acercarse cuando notó al reptil que tenía en las manos.

—H-hey ¿Qué haces con ese dinosaurio?

—¿Dinosaurio? —Michelle bajó la mirada a Kroki. Sonrió—. Este americano te ha confundido con un dinosaurio. ¿Puedes ser tan feroz? —Acarició al animal desde la cabeza hasta la cola—. Ven acá. Kroki es inofensivo. Es la mascota del abuelo Vlad. ¿Te acuerdas del huevo que tío Keso encontró hace tiempo?

Inseguro, Zachary se acercó a Michelle. Miró preocupado la enorme boca del reptil con pequeños dientes filosos.

—¿Kroki? ¿En serio están tratando a esa cosa como una mascota? Ustedes están locos.

—No le digas así, es muy adorable. —Michelle lo alzó hasta que estaba a la altura de su rostro—. Parece un perrito. Si vieras lo apegado que está con el abuelo. ¡Hasta lo esconde en su bolsillo! Tío Keso lo regañó el otro día por llevarlo al comedor a escondidas. ¿No es cierto, Kroki? —Le dio un par de caricias al animal—. ¿Nunca has tenido una mascota exótica?

—Lo más exótico que he tenido es un pez dorado. —Temeroso, Zach vio como el cocodrilo abría la boca demasiado enseñando los dientes—. En serio creo que deberías ponerlo en el suelo. No... no, mejor no hagas eso —dijo temeroso de que el animalejo comenzara a perseguirlo para morderle los tobillos.

—Tranquilo. Kroki no hará nada, y si lo hace, solo está jugando. Hemos recibido algunas mordidas pero los ha hecho sin intención. —Michelle bajó al animal, dejándolo sentir la hierba y que olfateara a su alrededor—. Tú... ¿has hablado con Narcisse estos días? —cuestionó, de pronto acordándose del chico.

Asustado de que el lagarto estuviera libre en el suelo, Zachary se subió a la mesa de la cocina.

—¿Yu? No... eh, no he sabido nada de él desde que comenzaron las vacaciones.

—Mmh. Ya veo... Kroki, no. ¿A dónde crees que vas? —Michelle se apresuró a levantarse y atajar al reptil que ya estaba a punto de entrar al bosque—. Krokodill malo. —Apretó suavemente su trompa en regaño, devolviéndose a la puerta de la cocina. Se sentó a un lado, y retuvo a la cría en su regazo—. Mi papá... ha terminado su relación con él.

—¿En serio? No me comentó nada al respecto. —Con cuidado, Zach bajo de la mesa para sentarse al lado de su novio. Quiso tomar la mano de Michelle pero el condenado animalejo intentó morderle un dedo—. Condenado... —murmuró enojado mirando al cocodrilo que mantenía su boca abierta—. La verdad es que esperaba que pasara tarde o temprano. Un hombre como tu padre nunca podría estar con Yu.

—Pues, supongo que sí pero... papá ha estado triste. Volvió muy mal, y no solo emocionalmente. Le hicieron cosas raras en casa de Yu. —Michelle se inclinó hacia un lado, apoyándose en el hombro de Zachary mientras pasaba los dedos por la cabeza de Kroki y su lomo—. Por fortuna logramos traer a Kanya. Es un viejo amigo de papá, y le ha estado haciendo bien los últimos días. Pero, me preocupa si a Narcisse le diera por aparecerse. Tío Keso dio orden de no dejarle entrar.

—¿Fue a la casa de Narcisse? ¿En Montreal? ¿Con Silvain? —Por la forma en que Zachary se exaltó, el castaño podía deducir que ir a esa casa fue una muy mala idea.

—Hmm. Esa es la reacción natural cuando conoces a Silvain. —Hizo una mueca de desagrado—. He escuchado historias terroríficas... Una vez un chico del internado acompañó a Yu a su casa, vacaciones de Navidad. Se retiró del internado a las pocas semanas de volver.

—Cielos... —Michelle se estremeció, apretando un poquito a Kroki contra su pecho—. ¿Qué tipo de persona es ese hombre? La verdad, no me extrañaría que tuviera un hijo como Narcisse... El punto es que, si llegas a hablar con él o verlo..., dile que no venga. Kanya ha hecho un esfuerzo en alegrar a papá y distraerlo. Temo que si él vea a Narcisse, todo ese esfuerzo se venga abajo. Papá en verdad lo quería mucho.

—¿Quería? ¿Pasado? —preguntó arqueando una rubia ceja—. ¿Estás seguro de eso?

—Bueno..., se debe sentir decepcionado y triste. —Michelle desvió su atención a un costado, que daba al frente de la casa donde supuso estaría su papá y Kanya—. Pero..., Narcisse es el tesoro. No creo que alguna vez deje de quererlo, es solo que, es complicado.

—Si Narcisse no ha hecho contacto en todo este tiempo, dudo que lo haga ahora. —Se encogió de hombros. No vió necesario decir que seguramente Narcisse ya tendría puesta su atención en alguien más, así era él. Zachary miró de reojo a Kroki—. ¿Vas a quedarte con él todo el día?

Tardíamente, Michelle notó las intenciones de su novio, y solo pudo reírse.

—Creo que es turno de Ruslán e Irina encargarse de él. —Poniéndose en pie, Michelle le hizo un gesto para que le acompañara—. Vamos.

Se internaron en la casa, y pronto Kroki fue cambiado de manos, permitiéndole a la pareja poder disfrutar un rato juntos aprovechando que Klaus seguía distraído con Kanya. Eso hasta la hora de la cena donde Michelle invitó a Zachary para desgracia del alemán.

Sin que lo notaran el tiempo pasó volando. Kanya ya tenía un mes en la Casa Feudal. Dada su naturaleza inquieta, volvió a pedir trabajo a Kenshi; el japonés le dio algunos encargos: ayudando en la cocina, limpiando el estanque de los Koi, ayudaba con lo que podía. También pasaba prácticamente todo su tiempo libre con Klaus, viéndolo entrenar, conversando. Irina todavía era un poco arisca con él pero se esforzaba en ser cordial por el bien de su padre, porque veía que Kanya lo hacía sonreír..

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Ese día era sábado, Klaus y Kanya caminaron por el bosque de bambú hasta llegar al lago. Era mediodía y estaban en verano, por lo que el alemán optó por unirse a Kanya bajo la sombra de un árbol para calentar sus escamas.

—Adoro los días de verano —comentó dejando que sus alas y cola se extendieran por el césped.

—Yo prefiero los días de pri-primavera. Todo es más verde y colorido. —Kanya tomó una piedra que estaba a su lado y la lanzó al lago—. Y huele muy bien. En verano hace calor, en otoño todo es seco y en invierno todo es frío —Se miró las manos—. Es difícil ma-mantenerse en invierno.

—Sí... La primavera es bonita pero todavía hace frío y hay tantos olores que me pica la nariz. Irina no te ha molestado ¿o si?

—Eh, no. —Kanya negó con fervor. La chica no había sido tan amable como lo eran Michelle o Ruslán, pero no podía aspirar a más tomando en cuenta lo protectora que era con su padre. No era algo que le diría a Klaus tampoco—. Ella te a-ama mucho. Se preocupa por ti demasiado. He visto pocos hijos que hacen eso con sus padres a esa edad... Los adolescentes están más enfo-focados en otras cosas.

—Es muy territorial. Admito que sacó eso de mí —murmuró con una media sonrisa el alemán—. También es muy quisquillosa con los olores.

—Oh... ¿Cómo es que ella me lla-llamaba? ¿Humero? No, era de... de tinta ¡tintero! —Kanya se echó a reír, una risa un poco nasal y contagiosa—. No me extraña que no le caiga muy bien. —Palmeó el muslo de Klaus en un gesto de camarería—. Es una bu-buena chica... Eres muy afortunado de ser pa-padre de tan maravillosos hijos. —Kanya observó el lago por unos segundos y entonces se giró a Klaus. Estaba un poco nervioso—. Deseo que también lo seas en otros aspectos... He estado contigo desde hace un mes. Te veo más fe-feliz ahora. ¿Aún no te sientes seguro de ha-hablar sobre este chico?

La sonrisa de Klaus menguó, su semblante cambiando por completo como si el sólo pensamiento le produjera dolor.

—No quiero hablar de eso. —Se acostó en el pasto para no tener que ver a Kanya al rostro.

—Oye, no puedes retraerte siempre respecto a eso. —Kanya se acercó más, y posó una mano en el hombro de Klaus—. Nunca estuve en una si-situación parecida, así que no p-puedo comprender bien cómo te sientes... pero no lo tragaría. No creo que sea sano... —Kanya se recostó nuevamente en el árbol—. ¿Has visto a los perros vomitar y luego co-comerse su vomito? Creo que es algo así.

—Yo no hago eso —dijo indignado el alemán—. Es asqueroso lo que dices —reclamó.

—Lo estás haciendo. —Kanya se alzó de hombros. No había girado a verlo. —Te estás comiendo tu vomito. —Le dio un suave empujón—. Vamos, pu-puedes confiar en mí. ¿Qué ocurrió? Pensaba que eras feliz con él.

Al principio Klaus apretó los labios. De verdad no quería hablar de eso, el recuerdo del último encuentro era suficiente para hacerle doler el pecho. Suspirando, cedió. Pensó que si no lo hacía, se pondría a llorar. Moviéndose, acomodó la cabeza en el regazo de Kanya, en esa postura podía mirar al tailandés y al mismo tiempo permanecer recostado en la hierba con la cola y las alas extendidas tras él.

—Al principio lo era... feliz. —Era innecesario especificar pero Kanya no lo corrigió, por lo que continuó hablando—. De algún modo todo se descontroló. Yu insistía en estar con otras personas. Me molesté con él por eso pero me prometió que yo sería el único... Entonces me invitó un fin de semana a Montreal, lo encontré teniendo sexo con su mayordomo. —Había cierta rabia reverberante en su voz—. Me dio dos opciones: unirme a ellos o esperar a que terminaran.

—Eso... —De todas las cosas que pudo haber pasado, Kanya jamás imaginó algo así. Ni siquiera podía imaginarse en los zapatos de Klaus. Él había tenido pocos amoríos, viajaba mucho y era un hombre dado a la soledad. Pero se esforzó en estas en la misma situación que Klaus y, además de la incomodidad, se sentía ofendido—. T-tú... ¿qué hiciste? ¿Te marchaste? —Debía ser eso. No le extrañaba que Klaus se sintiera tan triste ante tamaña traición de alguien que amaba.

—Me uní —dijo en un susurro, avergonzado—. No podía soportar la idea de ellos dos juntos, sus olores combinan tan bien que me daba nauseas. —Le explicó a Kanya que el olor de Narcisse era durazno, y el de Adrián la canela—. Lo intenté, de verdad, pero no pude. Cuando Adrián intentó hacerme... —Negó con la cabeza—. No pude. Entré en pánico y el asunto terminó ahí. Creí que terminaría ahí...

—¿Y... no fue así? —cuestionó Kanya, inquieto. Su mano dudó por un momento, pero lo posó en el hombro de Klaus—. ¿Siguió viendo a ese... mayordomo?

Claramente Klaus se estaba poniendo tenso, su cola ya no hondeaba suavemente sino que se quedaba anormalmente quieta.

—Unos días antes de que llegaras, fui a conocer al padre de Narcisse, Silvain —tiene olor a vinagre. —Para una persona normal ese era un dato intrascendente pero para los dragones, nombrar el olor característico de una persona es muy importante—. Mientras almorzábamos, cayó una tormenta de verano que me retuvo en la casa. Avisé a Irina que no iba a poder volver en un rato. Cuando regresé al salón, Narcisse no estaba, así que fui a buscarlo y me encontré con Adrián. Intentaba convencerme de volver y esperar a Yu en el salón... ¿Adivinas lo que estaba tratando de esconderme? —No esperó a que Kanya respondiera—. Yu y Silvain teniendo sexo...

—Pe-pero dijiste que era su padre... —Pronto Kanya comprendió la gravedad del asunto—. Oh po-por dios, oh por dios... —Sus manos automáticamente sujetaron su cabello en un gesto de sorpresa, no sabía si sentirse asqueado u horrorizado, tal vez ambas cosas juntas—. ¿Qué clase de mo-monstruo se acu-acuesta con su propio hijo? —Miró a Klaus, aún afectado. —T-tú los denunciaste ¿no? ¡Están enfe-fe-fermos!

—No lo hice. —Desde hace rato que no estaba mirando a Kanya, su rostro obstinadamente girando a un lado para no tener que ver su horrorizada expresión—. Después de que Silvain me besara, le pregunté a Yu si eso era lo que de verdad quería, me dijo que sí y yo cedí —contó con tono de derrota, sintiéndose pequeño y asqueado consigo mismo por caer tan bajo—. Odié cada segundo de lo que sucedió en ese cuarto.

—Klaus... —Kanya no estaba seguro de qué decir. ¿Qué era adecuado para esta situación? No quería decir algo y hacer sentir mal a Klaus; no quería decir algo y no darle la verdadera importancia que merecía—. Yo... no sé qué decirte pero... ¿me permites da-darte un abrazo?

Aliviado de que Kanya no quisiera apartarse de él con asco por lo que había hecho, aceptó el contacto.

Kanya abrazó fuerte a Klaus, tratando de transmitirle lo que no podía con palabras. Era mucho más de lo que esperaba. Cuando Klaus le contó que había acabado con su anterior pareja pues encontró al tesoro, creyó que por fin tendría el tipo de felicidad que no tenía con miss Bárbara. Se equivocó. Ambos se equivocaron, y cuánto lamentaba que fuera así.

—O-ojalá las cosas cambiasen pronto... —dijo, en voz baja. Se alejó para verlo—. Si hubiera algo que pudiera hacer para que... to-toda la tristeza se marchara... lo haría sin du-dudarlo.

—Estás aquí, distrayéndome... Siendo mi amigo.

Kanya podría no tener un olor convencionalmente agradable, pero para Klaus era como un calmante, porque le recordaba a un viejo amigo; un amigo que sin importar lo que le dijera estaba ahí para él, a pesar de su nerviosismo o su tartamudeo al hablar, nunca tuvo miedo de él.

—Me gustaría hacer más por ti. —Una temblorosa mano de Kanya acarició los mechones del cabello oscuro de Klaus. Pensó en cualquier cosa que sirviera para que el otro no se sintiera miserable, deseaba poder borrar las últimas semanas para él y que todo fuera un mal sueño. ¿Cómo había alguien tan ciego como aquel chico para no ver a la persona tan maravillosa como lo era Klaus? No lo entendía.

"¿Qué puedo hacer?" pensó con desespero. Entonces lo recordó. Algo que Klaus hizo en el pasado, y aunque no funcionó exactamente como esperaba, Kanya deseó que hiciera una diferencia esta vez.

—Co-con permiso —murmuró, y torpemente, antes de arrepentirse y no hacerlo, unió sus labios con torpeza a los de Klaus. Se cuestionó si él podía oír lo rápido que le latía el corazón en su pecho.

En otras circunstancias, Feyn se habría separado y gruñido por la invasión de su espacio personal. Justo ahora no tenía ni fuerzas ni ganas de oponerse a ese inocente contacto, se sentía complemente desinteresado por cualquier tipo de contacto físico por lo que no puso objeción ante el atrevido movimiento de Kanya.

Kanya apenas movió un poco sus labios antes de alejarse, en parte aliviado por no haber sido rechazado de forma tajante y al mismo tiempo avergonzado por su impulsividad. Siempre fue respetuoso de la relación de amistad que tenía con Klaus, pues eso era para él, y el haberse atrevido a besarlo todavía le causaba conflicto.

—Yo, eh, y-yo solo quería, pues que tú estuvieras bien... ¿N-no te molestó?

—No...no. Fue agradable. —Klaus juntó ambas frentes, un bajo ronroneo reverberando desde su garganta—. Gracias.

—D-de nada. —Kanya lentamente empezó a sonreír. Era algo tonto, solo le besó, pero que no molestara a Klaus y que en cambio logró un efecto positivo en él, le hacía sentirse satisfecho.

—Vaya. Estoy sorprendido de lo rápido que logras cambiarme... y por alguien así. ¿Por qué te enojabas entonces si iba con alguien más?

Kanya se separó de Klaus, su atención siguiendo la voz hasta toparse con su dueño. Era un joven, muy de la edad de los hijos de Klaus. Era muy lindo, y sus ojos tan peculiares, uno marrón contrario al otro casi cobrizo. Pero todo se arruinaba con la enojada expresión en su rostro y de brazos cruzados.

—T-tú... ¿Él es con quien tú...?

—Yu.

Klaus se levantó del suelo como si estuviera viendo una aparición. No esperaba encontrarse ahí a Narcisse, había pasado más de un mes sin ningún tipo de contacto.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó receloso. ¿No su suponía que Kenshi dio la orden de prohibirle el paso?

—Quería hablar contigo, aunque parece que estás muy bien acompañado por lo que veo. —Narcisse recorrió con la mirada a Kanya, un gesto de desagrado pintado en su cara—. ¿Ya estás follando con él? ¿Desde cuándo?

Kanya se sintió sonrojar, de pronto hacía calor y su rostro parecía arder. Con cierta torpeza, se levantó por igual.

—E-eh, cre-creo que es mejor que yo, eh... Vo-voy de regreso a la casa...

Klaus apretó los labios. No quería que Kanya se fuera pero entendía que ésta no era una pelea en la que debería involucrarlo, sería pedir demasiado de él.

—Te veré adentro. —Una vez que se alejó lo suficiente, Klaus volvió su atención a Narcisse. Respirando hondo, escondió sus alas y escamas. —No tenemos una relación carnal. Kanya llegó a Japón hace un mes.

—Justo el tiempo en que estábamos separados. —Narcisse trató de respirar hondo y calmarse. Nunca había sido una persona celosa, lo consideraba de mal gusto, pero haber visto a ese hombre con Klaus... El sentimiento era insoportable—. De acuerdo, está bien. Bien. —Sonrió y comenzó a acercarse a Klaus—. Te extrañé mucho.

Con el semblante pálido, Klaus retrocedió ante el avance del franco-canadiense.

—¿Qué crees que estás haciendo? No puedes sólo venir aquí como si nada hubiera pasado.

Narcisse dejó de sonreír, luciendo un poco confundido.

—¿Todavía... estás molesto por lo de Silvain? —Nuevamente intentó acercarse a él—. Ya no habrá más problema con él. Ahora estoy viviendo en Montreal, no he visto a Silvain en dos semanas, y no tiene que volver a ocurrir lo de ese día. —Con renovada emoción, Narcisse quiso abrazarlo—. ¡Podemos estar tranquilos, como antes!

—No estoy molesto, ya te lo había dicho. —Tomó las muñecas de Narcisse entre sus manos impidiendo el movimiento—. Yu, esto no se trata de Silvain. Es sobre ti...

Narcisse por un momento se quedó quieto, su atención desviándose al agarre de Klaus en sus manos. No le tomó mucho comprender que Klaus no quería que él le tocará. Pero lo que sí le costó comprender era por qué eso le afectaba.

—¿So... Sobre mí? No entiendo. ¿Qué sucede? Todo estaba bien. —Sus manos bajaron.

—Eso es lo que sigues diciendo pero no han estado bien desde hace bastante tiempo. —Klaus negó con la cabeza. Trataba de respirar profundo porque sentía que no estaba llegando suficiente aire a sus pulmones. Feyn también estaba inquieto en su mente, dividido entre el cálido sentimiento que siempre le provocaba el ver al tesoro, y el rechazo recién descubierto por las mismas acciones del joven—. He intentado complacerte, aceptarte cómo eres, como me pediste pero no puedo... No puedo aceptar que otros te toquen o que toques a otros. Si otro hombre me toca, siento que voy a vomitar.

—No volverá a suceder. En verdad —insistió Narcisse, tratando de hacerse sonar convincente—. Sabía que Silvain iba a querer jugar, siempre lo ha hecho con mis invitados para molestarme, no quería que te involucraras en nada de eso, y cuando aceptaste participar traté de hacerlo lo más fácil de digerir que pude... Pero no habrá más nadie. Ni Silvain ni Adrián, nadie. Lo prometo. —Narcisse tomó las manos de Klaus entre las suyas—. Yo... trataré de cambiar. Solo te quiero a ti.

Enojado, Klaus empujó a Narcisse lejos de él, furioso y dolido porque quisiera mentirle de esa manera.

—¿¡Por qué clase de idiota me tomas!? Dejaste bastante claro que no ibas a cambiar, que no estarías satisfecho conmigo y tarde o temprano buscarás abrir las piernas a alguien más... ¡Atrévete a negarlo!

Narcisse titubeó, por un breve momento no sabía qué decir, como si las palabras fueran un lenguaje nuevo.

—Yo... sé lo que dije. Pero lo hice porque Silvain estaba escuchando, a él no le gustan ninguna de las parejas que he tenido. Lo hizo porque quiere separarnos. Debes creerme... Antes de ir a verlo, no había estado con nadie más porque te lo dije, ¿no? Todo lo que hice fue porque Silvain estaba ahí... Es mi padre.

—¿Entonces qué? Cada vez que veas a tu padre te rendirás a lo que él diga aunque no estés de acuerdo. —Con cada palabra se sentía más y más frustrado, hablar con Narcisse no parecía llevar a ningún lado—. ¿Qué es lo que quieres de mí?

Narcisse no dijo nada por casi un minuto, varias veces intentó decir algo sin que nada saliera de su boca.

—Quiero que estés conmigo. No veré más a Silvain, todo será a través de Adrián... —Quiso decir más, pero no pudo por lo que solo suspiró, rindiéndose—. Dímelo... Dime que no quieres que vuelva más. Dime que no quieres verme más. Dime que no me quieres. —Narcisse se encogió de hombros, un movimiento un poco tembloroso, única demostración de cómo se sentía—. Y me iré. Y no regresaré. Y me aseguraré que no sepas de mí si es lo que deseas. No voy a... a obligarte más. En verdad te quiero, pero si no quieres esto, ¿qué importa lo demás?

Klaus debería decirle que se alejara, debería decirle que volviera a Canadá y nunca más lo contactara, debería recoger los destrozados pedazos de su corazón y no pensar en él... Debería.

Pero no podía ignorar ese rostro acongojado, todos sus instintos le decían que consolara a Narcisse, besarlo hasta dejarlo sin aliento y no pudiera pensar en nada más.

Klaus abrazó a Narcisse, deleitándose con el olor a durazno que tanto le gustaba.

—Te amo. Aunque lo intentara, no podría vivir sin ti.

En otra situación, Narcisse habría tirado de Klaus en busca de su boca, pero... extrañamente se sentía tan a gusto estando entre sus brazos que no estaba pensando en nada más. Narcisse solo lo abrazó fuerte, sin pretenderlo expresaba cuánto le había echado de menos.

—Entonces... ¿puedo quedarme contigo? —Sin soltarlo, Narcisse buscó la mirada de Klaus—. ¿Vamos a seguir juntos?

—Yo... No lo sé. —Apretó el abrazo, su barbilla descansando sobre la cabeza de Narcisse, el suave cabello castaño rojizo haciendo cosquillas en su nariz—. No sé si puedo confiar en ti.

Narcisse iba a quejarse. ¿Cómo podía Klaus no confiar en él? No lo hizo. Podía entender las razones, y estaba agradecido de que Klaus no pudiera ver la mueca en su rostro. Tenía que ganarse la confianza de Klaus.

—Dame otra oportunidad. Lo haré bien esta vez. Ahora viviré solo en Montreal. Bien, los sirvientes y Adrian me acompañarán. Y eso hasta que empiecen las clases de nuevo. —Narcisse cerró los ojos, se estiró un poco más, y su oído pudo alcanzar los latidos del corazón de Klaus—. No he estado con nadie, ni lo haré. Quiero estar contigo. Solo contigo.

"No me hagas que me arrepienta"

Fue el pensamiento que tuvo Klaus mientras asentía, tomando la barbilla de Narcisse entre sus dedos, el hombre le alzó el rostro dejando un suave beso en sus labios.

Narcisse sonrió, en cuanto Klaus separó sus labios, él tomó su mano entrelazando los dedos.

—Por cierto, ¿por qué hay tantos guardias afuera? ¿Fueron atacados o algo así?

—Kenshi prohibió tu entrada. —Ahora que lo pensaba...—. ¿Cómo lograste entrar sin que nadie te viera?

Separándose, Narcisse puso los brazos en jarras, desconcertado.

—Lo hacen ver como si hubiera cometido un crimen. —E hizo un gesto vago con la mano, restando importancia al asunto—. Me escabullí entre los árboles. Llevo rato aquí, esperaba verte salir, y uno de esos guardias dijo tu nombre y señaló el bosque a otro. Entonces recordé este lago cuando me trajiste la otra vez, así que interpreté que estabas aquí... Solo que no esperaba que estuvieras acompañado.

—Kanya es un viejo amigo. De cierto modo me ayudó a salir de la depresión por la muerte de Yuki. Me hizo darme cuenta que el dolor eventualmente cedería y podría continuar. —Miró los ojos heterocromáticos de Yu, intentando adivinar sus sentimientos respecto al tailandés—. Mi familia pensó que sería buena idea traer a Kanya de nuevo, para distraerme.

—Y... ¿has tenido una relación con él? Porque estaban muy juntos cuando llegué. —Se cruzó de brazos, un poco molesto.

—Somos amigos, nada más —respondió sin molestarse—. Me agrada la compañía de Kanya, me relaja.

Narcisse consideró que no podía molestarse. Aunque le había causado un sentimiento un poco desagradable ver a Klaus besar a Kanya, tenía que pensar que así mismo habría sentido Klaus antes y que era la misma relación que tenía con Zachary. Estar con el rubio le daba tranquilidad, le distraía y siempre se divertía con sus ocurrencias. Hacía mucho que no veía a Zach, y se cuestionaba qué estaría haciendo.

—De acuerdo. —Descruzando los brazos, Narcisse se acercó otra vez y juntó las caderas de ambos—. Entonces, ¿qué tal si vamos a decirles a los demás que ya no soy un prófugo de la justicia? A menos que quieras que nos veamos en Montreal...

—En Montreal —dijo después de pensarlo un momento—. Tengo que hablar con mi familia primero...


CONTINUARÁ...

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