Capítulo 35: FINAL
.
.
.
Klaus y Narcisse acordaron encontrarse en la casa de Montreal varias horas después. Klaus ayudó a Narcisse a volver a Canadá guiándolo por el bosque para que los soldados no lo vieran, el joven se despidió con un efusivo beso que dejó al dragón aturdido y distraído.
Al encontrarse con Kanya dentro de la casa, el hombre estuvo esperando por él todo ese tiempo, preocupado sobre lo que hablaron en el lago. Klaus no pudo más que abrazarlo sintiéndose agradecido por tener un amigo que se preocupara tanto por él. Ambos se sentaron en la cama de Klaus, contándole todo lo que dijeron con la mala suerte de que Irina escuchó la mayor parte.
Decir que estaba enojada con su padre era quedarse corto.
Irina fue apoyada por Kenshi. El japonés no podía creer que Narcisse tuviera las bolas para ir a Japón ni que Klaus fuera tan estúpido para aceptarlo de nuevo. Ni siquiera intentó convencer a Irina de quedarse en casa cuando la joven anunció que se iría a vivir con Jim. Ni la chica, ni él, e incluso Suoh se dignaron a dirigirle la palabra a Klaus.
Kanya estaba un poco apenado por todo lo que ocurría. Aunque comprendía las decisiones de Klaus luego de escucharlo, no estaba parcialmente de acuerdo pero, contrario a los demás, no se dignó a aplicarle la ley del hielo al alemán. Se quedó a su lado apoyándolo y sirviéndole de confort.
—Solo dales un poco de tiempo. —Había dicho—. Lo aceptarán a largo plazo, en cuanto vean que seas feliz.
Michelle tampoco estaba de acuerdo. Por un momento hasta creyó que la aparición de Narcisse, tan de repente, fuera culpa de Zachary, pero sabía que él no le traicionaría de tal forma ni mucho menos mentiría cuando dijo que no sabía nada de Narcisse. Sin embargo, advirtió a Klaus que le estaría vigilando y que la próxima vez que Narcisse se atreviera a herirlo, lo lamentaría profundamente.
Vladimir, a pesar de todo, comprendió el proceder de Klaus. Su esposo no era exactamente una santa paloma y en su momento ambos se hicieron bastante daño el uno al otro. A pesar de todas las adversidades se seguían amando y ahora iban a tener un segundo hijo por lo que pensaba que si Narcisse ponía de su parte, seguramente podrían salir adelante. Por supuesto no le compartió éste pensamiento a Kenshi, no tenía ganar de dormir en un cuarto aparte él solo, muchas gracias.
Apreciando el apoyo de Vladimir, Kanya y Michelle —a su modo—, Klaus fue a casa de Narcisse en Montreal.
Narcisse recibió a Klaus con un nuevo abrazo. Constantemente lo abrazaba sin ninguna otra intención, contrario a otras ocasiones en las que solo quería que tuvieran sexo. Dada la diferencia de horas en Canadá, todo estaba oscuro y la mayoría de los sirvientes se preparaban para dormir, pero Narcisse permaneció despierto por Klaus tanto como pudo.
Los próximos días, Kenshi iba de visita al bar de Jim para ver a Irina. El moreno varias veces trató de convencer a la joven de volver a casa y discutir con Klaus sin éxito alguno. El apoyo de Kenshi tampoco ayudaba mucho, menos que aún estuviera la orden de no dejar entrar a Narcisse. Para Ruslán y Michelle, que la orden siguiera vigente era un poco exagerado, solo que era muy complicado hacer cambiar de parecer a Kenshi. Al menos por ahora, esperaban.
Kanya se marchó un par de días después, casi permaneció dos meses ahí en Japón y consideró que era tiempo de continuar sus viajes. Veía a Klaus bien y feliz ahora, el alemán a veces se desaparecía por horas luego de los entrenamientos, otra ocasiones los fines de semana, supuso que iba al pueblo a verse con el tal Narcisse. Por lo demás, podría marcharse tranquilo. Le había preocupado irse sin que Klaus solucionara nada con su hija, el asunto era que él apenas le agradaba a Irina y sospechaba que su animosidad aumentara si intentase mediar entre Klaus y ella. Era mejor que por esta vez arreglasen sus problemas juntos sin que él intentase meter las narices.
Se cumplían dos semanas desde que Klaus volvió con Narcisse cuando Irina se hartó de la situación. Le gustaba visitar a su tío Jim pero no vivir indeterminadamente en el bar, extrañaba su cuarto y su casa. Enojada, se plantó ante su padre exigiéndole terminar la tóxica relación con el franco-canadiense. Klaus tan sólo la abrazó y le dijo que no podía hacerlo, le dolía que Irina estuviera lejos de él pero no iba a ceder ante la demanda de la joven porque alejarse de Narcisse era como renunciar a un pedazo de su corazón y, aunque a ella no le gustara, esperaba que al menos lo apoyara porque lo amaba.
Ante ese argumento Irina volvió a la casa Feudal, todavía no le agradaba Narcisse y seguía siendo igual de territorial que antes pero ya no le reclama a su padre por estar con él.
Narcisse estaba cambiando. Muy lento, pero lo hacía. Algunas veces, cuando Klaus y él paseaban por Montreal, el joven no perdía la costumbre de coquetear con descaro con otras personas, hombres o mujeres, jóvenes o mayores a él por igual, solo que nunca no volvió a relacionarse íntimamente con nadie más que Klaus y siempre que lo visitaba permanecía a su lado. Y como prometió, su relación con Silvain solo se daba a través de Adrián, sea llamada o una reunión.
Con el embarazo de Kenshi avanzando, el japonés comenzaba a delegar algunas tareas a los gemelos y Ruslán. Éste usualmente se escapaba para ver a Gerardo, hasta que el regaño de su papá le obligó a permanecer en casa.
—Si tanto quieren verse, que venga él aquí. Tú tienes obligaciones.
Por lo que Gerardo se volvió un invitado recurrente a la casa. Ruslán se cuestionaba si su papá lo había hecho para mantenerlo en casa o por otras razones, pues cada vez que deseaba estar un rato con el mago descubría que su papá se lo había llevado a su campo de hierbas.
Michelle, por otro lado, cada vez que Zachary llamaba o lo visitaba, daban un paseo largo y discutían su deseo de ir a América juntos. Michelle quería planear todo bien antes de planteárselo a su padre, iba muy en serio con su sueño de estudiar enfermería y vivir con Zachary juntos.
Conforme el embarazo de Kenshi avanzaba, Vladimir se ponían más insoportable. Al igual que en el tiempo con el embarazo de Ruslán, estaba detrás de Kenshi todo el tiempo, queriendo monitorearlo, cuidando que no se exaltara pero eso sólo hacía que los nervios del japonés se crisparan más.
Por otro lado, Irina estaba emocionada con el próximo nacimiento. Estaba bastante segura de que ésta vez sería una niña, podía decirlo por la forma puntiaguda de su vientre y eso la emocionaba. Cada que podía compraba ropa adorable en colores rosa, lila y amarillo pastel.
Kenshi se mostraba comprensivo con Vladimir, bastante tolerante algunos días e irritable otros cuando las hormonas lo atacaban. No obstante, cada vez que intentaba tener un rato para sí mismo o simplemente hacer cosas por su cuenta, Vladimir aparecía para hacer las cosas por él o chequearlo por cualquier cosa. Suoh por lo general estaba encantado con el tesoro siempre a su lado, pero el embarazo a veces alteraba su humor habitual y hasta él mismo se fastidiaba a tal punto que gruñía, se buscaba una habitación alejada de la casa y no dejaba al ruso entrar hasta que se calmara o se sintiera satisfecho de su tiempo a solas.
Jim calculaba que el bebé nacería a mediados de diciembre, y también creía como Irina que sería una niña. Yuki tenía una forma similar cuando esperaba a Irina. Dado que el bebé nacería por tales fechas, Michelle sugirió el adelantarse e ir a Rusia antes. Iban sin falta semanas antes de las fechas navideñas, y sabía que Vladimir tenía un laboratorio mejor equipado para atender a Kenshi durante el parto. Pero el japonés se rehusó, sabiendo que la casa además no tenía tanto espacio para él esconderse de Vladimir como deseaba. Los meses pasaban rápido y él sentía su panza a reventar, sin mencionar que el invierno estaba llegando. Con el montón de ropa que tenía que colocarse, Kenshi se sentía un pingüino.
Programaron el parto para la primera semana de diciembre, de ese modo le aseguraban a Sasha que estarían a tiempo en la casa de Rusia. El mayordomo ante las noticias se encargó de decorar la casa igual que hacía todos los años. Gracias a él es que celebraban la navidad, a Vladimir le traía sin cuidado la celebración dado su significado religioso.
Dado que iban a hacer la cesárea en la casa de Japón el ruso se aseguró de tener uno de los cuartos bien equipados con todo lo necesario, pidió la asistencia del sanador del pueblo mientras Michelle e Irina fungían como enfermeros asistentes. Los gemelos también se aseguraron de buscar una matrona para que atendiera al bebé durante los primeros días del alumbramiento.
Unos días antes de la fecha preestablecida, durante su siesta Kenshi comenzó a sufrir dolores en su bajo vientre que comenzaron a aumentar y de inmediato reconoció. El bebé quería salir. Kuma e Irina lo llevaron al laboratorio en medio de quejidos, en tanto Kaoru iba por el sanador del pueblo. Con la experiencia de haber tenido a Ruslán, ya estaba mejor preparado para soportar los dolores y el proceso de la cesárea.
Vladimir que tenía todo preparado para el momento en que su esposo sintiera las contracciones. Dejó a Klaus a cargo de Kroki y a los gemelos a cargo de la casa. Michelle e Irina fueron sus ayudantes mientras llegaba el sanador del pueblo, ambos jóvenes se encargaron de vestir a Kenshi con una bata ligera y acomodarlo en la camilla, mientras Vladimir preparaba una larga aguja con anestesia. La matrona también estaba lista para recibir al bebé en cuanto naciera.
Como la primera vez, Kenshi estuvo consciente durante todo el proceso. Vladimir lo prefería de esa manera para asegurarse de que todo estaba bien por lo que el japonés estaba acostado en la camilla con una cortina de tela impidiéndole la vista, cuatro manos hurgando dentro de el y sin sentir nada, sólo una extraña sensación de que sus órganos se estaban moviendo para remover al bebé de su vientre.
Jim llegó poco después ayudando al sanador, y se quedó para colaborar en lo que hiciera falta. Michelle estaba particularmente emocionado. Junto a su hermana habian asistido a su abuelo en cuanto se les consideró aptos, pero no había sido nada tan grande como un parto o una cirugía en general.
El parto no duró mucho, apenas unas horas después un llanto inundó la estancia. Pronto la matrona se hizo cargo con apoyo de Jim y el sanador. Era una niña, y con muy buenos pulmones. Kenshi se removía inquieto, queriendo ver a la cría. Vladimir le regañaría, lo sabía, solo no podía evitarlo, el instinto le exigía que se asegurase de que la bebé estuviera bien, no importaba que el sanador y el mismo Jim indicaran que estaba sana, con un peso y altura adecuados.
Vladimir le pidió a Jim que trajera a la niña un momento mientras se encargaba de coser el vientre de Kenshi. Dado el esfuerzo de mantenerse despierto durante la cesárea y la anestesia que aún le mantenía inmóvil en la camilla, Kenshi terminó por quedarse dormido.
La próxima vez que despertó estaba en su propia cama, Vladimir estaba junto a él cargando un diminuto bulto con olor a albaricoque y talco para bebé.
.
.
.
.
Kenshi trató de desperezarse pronto, parpadeando repetidas veces y enseguida pidiendo que le pasaran a la bebé a sus brazos. Al tenerla en ellos, un par de pequeños ojos tan negros como los suyos se enfocaron en él. La pequeña, contrario a Ruslán que había sacado más de Vladimir, era como él. Suoh empezó a emitir un ronroneo suave de ternura cuando la vio levantar su mano a su cara.
—Es tan linda... —Kenshi se acomodó para tenerla a su costado. Cuando acostaba a Ruslán de esa manera, el bebé de inmediato cerraba los ojos para dormir, pero ella estaba activa y atenta a los dos extraños a su alrededor—. ¿Es como Rus? ¿Cuánto tiempo llevo dormido?
—Un par de horas —respondió el ruso, acurrucándose con su cría y su tesoro—. La nodriza le dio su primera comida hace un rato. —La pequeña atrapó su dedo, caprichosa al igual que su papi no quiso soltarlo—. No la he examinado a fondo, le hice el chequeo de rutina pero no he tomado una muestra de sangre, tampoco he revisado su estructura fisiológica.
—Mmh... —La niña miraba atentamente cuando uno u otro hablaba, también mantenía apretado el dedo de Vladimir que aún no soltaba. Tomando una decisión, poco a poco las escamas naranjas de Kenshi comenzaron a cubrir su piel, visualizándose en su rostro y la cola y alas quedando laxas a su espalda—. Es que... Ruslán e Irina nos imitaban siempre que nos veían así. —Trató de explicarse, bajando la mirada a la niña.
La bebé tenía los ojos muy abiertos, quieta y su atención fija en Kenshi. Kenshi guió la mano libre del bebé a su rostro, dejándola tocar las escamas. La bebé lo observaba curiosa, parecía preguntarse por qué se veía diferente ahora. Y entonces comenzó a balbucear y gritar emocionada, pero no hizo más nada.
—Bueno..., supongo que tomará tiempo. —Kenshi se recostó más cerca, permitiendo a la niña seguir tocando las escamas de su cara, incluso había soltado a Vladimir—. Hay que buscarle un nombre.
—Dale tiempo. Apenas tiene unas pocas horas de nacida. —Dio un beso en la frente de su pareja, disfrutando de ver a la niña tocar la cara de Kenshi y reirse—. Estaba pensando que deberíamos escoger un nombre japonés esta vez.
—Uno japonés... —repitió Kenshi, cerrando los ojos y disfrutando del toque de la bebé en su cara. Dio un par de sugerencias, pero ninguno convencía a la pareja.
Pronto llegaron Kuma y Kaoru al cuarto a traerle algo de comer a Kenshi, oportunidad que el japonés no desaprovechó.
—Vlad sugirió ponerle un nombre japonés a la cría, no soy muy bueno con nombres para niñas. ¿Qué se les ocurre a ustedes? —Y entrecerró los ojos—. Que tenga elegancia, un nombre digno y que suene bien. Así que elijan cuidadosamente.
—Hmm. ¿Sakura? —sugirió Kuma.
—Todas las chicas se llaman Sakura —desestimó Kaoru—. Es un nombre muy común.
—¿Qué sugieres entonces? —replicó el gemelo.
—Algo fuerte, la niña seguramente será igual de terca que Kenshi-sama.
—Implacable —concordó Kuma.
—Caprichosa —dijeron los dos mirando a Kenshi fijamente. Vladimir hizo un esfuerzo para no reírse sabiendo que pagaría por eso más tarde.
—Busquen su muerte natural. —Puede que sea por el cansancio de la cesárea o el efecto calmante que tenían las manos de la bebé en su rostro, pero Kenshi estaba más enfocado en mantener su rostro cerca de ella, recibiendo sus caricias y olor, que las palabras de los gemelos—. No quiero que tenga un nombre común, así que descarten Sakura, Akumi, Naoko, Natsu o lo que sea se les ocurra. —La niña logró atajar un mechón de cabello que se deslizó, y Kenshi pronto se las arregló para que lo soltara—. Eso no conmigo. Espera que venga Klaus, a él si se lo puedes jalar, tiene mucho cabello.
—¿Qué tal Cho?
—Fumiko suena mejor.
—Kaori.
—Kumi. —Kuma hizo una fea cara ante la pésima sugerencia de su hermano.
—Ése es un pésimo nombre. Nos odiara toda su vida si le ponemos "amargo". Sugiero Leiko. —Trastabillo al sentir el golpe en su costado, cortesía de Kaoru.
—Ahora estás inventando. Si le ponemos a la niña "arrogante", Kenshi nos cortará la cabeza. —Ellos siguieron hablando y diciendo nombres al azar, molestándose el uno al otro hasta que Vladimir escuchó un nombre que le agradó.
—¿Qué significa Katsumi?
—Katsumi. —Kenshi lo pensó un momento. —Pues, tiene varios significados dependiendo de los kanjis... Eh, pero en términos generales, algo como... belleza victoriosa —dijo después de un momento. Entonces, buscó la mirada de Vladimir—. Katsumi. —Volvió a repetir—. Me gusta.
—Katsumi Volsk. —Al ver la extraña mirada de su esposo, se encogió de hombros—. Tú ya tienes a tu heredero.
Kenshi tenía una ofendida expresión en su rostro. Se veía como si quisiera discutir, no obstante se carcajeó y le dejó estar por ahora.
—Si a este paso vamos, todos quedarán muy confundidos. Pero el próximo será Ottori... No que vaya a ocurrir pronto —advirtió, tanto al ruso como a Suoh, que ya lo sentía emocionarse—. Katsumi entonces. —Regresó la mirada a la niña, que los miraba a ambos moviendo brazos y piernas—. Katsumi. ¿Te gusta a ti también? —La ahora Katsumi sonrió ampliamente, mostrando las encías y balbuceando—. Tomaré eso como un sí.
Al día siguiente el resto de la familia pudo entrar al cuarto. Todos llevaron regalos tanto para la bebé como para Kenshi para consentirlo por esos nueve meses tan largos. Todos estaban felices con la nueva bebé, Irina saltaba de felicidad de por fin no ser la única mujer de la familia, su papá y Kenshi eran geniales pero a veces hacía falta la compañía femenina.
Michelle también se derretía por su nueva tía al igual que Klaus y Ruslán que adoraban a su nueva hermanita, casi una semana después de que Kenshi se recuperara de la cesárea organizaron un evento para que Katsumi fuera presentada al condado de Hiroshima, el emperador y los señores feudales vecinos igualmente presentaron sus regalos a la niña. Sasha y Finny también llamaron para felicitar a la pareja, diciendo es que les esperaban con la casa decorada para una fiesta navideña.
Enterado del nacimiento de la bebé, Narcisse se presentó en Japón con varios regalos en ofrenda de paz. Esperaba que al menos sirviera para permitirle la entrada a los terrenos Ottori —que ya había profanado, cosa que no le importó mucho. Kenshi no dejó que el joven franco-canadiense se acercase a la bebé, aunque tampoco lo corrió. Mientras se mantuviera lejos de su cría y no le hostigase la paciencia, le daría igual lo que hiciera. Al menos, consideró, veía a Klaus feliz. Era suficiente para él.
Katsumi en el paso de los días y los meses demostró ser curiosa y muy atenta de su alrededor. Quería tocarlo todo, nunca estaba quieta en su cuna, apenas veía a alguien quería ser cargada, paseada por todos los lugares de la casa. Su momento favorito era cada vez que Vladimir la colocaba en la cangurera, pataleaba y gritaba con emoción cuando veía al ruso usando el bolsito.
Durante ese tiempo se dieron cuenta de que Katsumi era diferente. A pesar de que los adultos la estimulaban para que mostrara sus escamas, la niña tan sólo sonreía y aplaudía pero no mostraba signos de imitarlos. Vladimir decidió hacer unos cuantos exámenes, tanto físicos como químicos. Al final, el ruso le comunicó a la familia que Katsumi era en su mayoría humana. No tenía escamas, ni cola, ni alas.
Al parecer el genoma D actuaba como gen recesivo, imponiéndose en la cadena de ADN. A pesar de eso, Katsumi tenía un porcentaje muy bajo del genoma D por lo que tenía una buena vista y oído pero nada más. Quizás podría tener una esperanza de vida más larga que el humano común pero no alcanzaría a los trescientos años que proveía el genoma Dragón en pleno funcionamiento.
Saber eso entristeció a Suoh, no tendría a su cría durante toda su vida, por lo que un tiempo estuvo muy apegado a la niña. La llevaba a todas partes, le costaba un poco compartirla y aún con eso siempre mantenía un ojo en ella lo que a veces dificultaba que Kenshi pudiera hacer sus deberes para con el condado.
Los más jóvenes jugaban mucho con ella, sobre todo Ruslán e Irina. Para el primero, resultaba una alegría tener un hermano y más siendo una niña. Katsumi sonreía mucho y le fascinaba estar encima de Ruslán cuando él la acostaba sobre su pecho. A veces, mientras venia de visita con Gerardo, le gustaba verle cargar a la niña quien chillaba cada vez que el mago hacia alguna demostración de su magia. Katsumi era muy alegre, pocas veces lloraba salvo cuando tenía hambre o estaba aburrida, como predijeron los gemelos era igual de terca que Kenshi, muy inquieta y cada vez que la dejaban con sus juguetes hacia un desastre monumental alrededor. Sin embargo era consentida por todos, en especial sus padres, aunque parecía desarrollar un apego a grande con Kenshi. Todas las mañanas despertaba llorando porque quería verlo, y aunque disfrutaba estar con Vladimir, se emocionaba e inquietaba en cuanto el japonés entraba a la habitación.
Pasado un año, a pocos meses de cumplir sus dieciocho, Michelle consideró oportuno decirle a Klaus su plan de mudarse con Zachary a América y estudiar enfermería. Como supuso, su papá no estaba de acuerdo, no importaba que ya hubieran pasado dos años desde que conocieron a Zachary, no había podido hacer mucho para que su padre sintiera mejor desagrado por él y rencor hacia su familia. Aún con eso, Michelle siguió firme en su deseo de irse, era su sueño desde hace muchos años y esperaba que su padre lo entendiera.
Vladimir intentó razonar con Klaus pero el alemán le gruñó que su cría no iría a ninguna parte. Vladimir no podía refutar eso, estaba sinceramente aliviado de que Ruslán fuera sólo de visita a Italia. Después de todo, Kenshi le estaba dejando cada vez más deberes como aprendiz de señor Feudal para poder pasar más tiempo con su cría.
Fue Narcisse quien finalmente intervino en favor de Michelle, recordándole a Klaus que el castaño ya estaba grande y seguían siendo familia. Además gracias a Gerardo podrían visitarse en un momento, podrían cruzar todo el planeta sin ningún inconveniente.
Michelle agradeció infinitamente el apoyo de Narcisse, y prometió a su padre que lo visitarían todos los fines de semana, siempre que pudiera. Además, no iba a separarse de su familia por mucho tiempo, menos ahora que Katsumi se volvía muy juguetona.
Con el paso de los años, Michelle se enfocó en sus estudios de enfermería, con un trabajo de medio tiempo, apoyando a Zachary en sus inversiones. Recibían mucho la visita de Narcisse y Klaus. Iniciaron con un apartamento pequeño para los dos, pero estaban en plan de ahorro para poder comprar la casa con la que soñaban.
Y cada año, Michelle junto a Levoch, Gerardo y Klaus visitaban la tumba de Angie, sin falta, el día que cumplía años. El joven pidió a Gerardo que hiciera crecer un hermoso arbusto con las flores favoritas de su madre, pensamientos, junto a su tumba. Se arrodilló frente a la lápida, y luego de un saludo, sonrió.
—Sabes, mamá. Sigo haciendo lo que me pediste. Sigo viviendo —dijo frente a la tumba sin dejar de observarla—. Siempre sonrío, mamá..., justo como me lo pediste. Y soy feliz. Espero que tú pronto lo seas también… Y que en una próxima vida, pueda estar entre tus brazos aunque sea una vez.
FIN
.
.
.
...
Copyright 2016 protegido en SafeCreative
No al plagio. Sé Original.
