ficción
Historias de Albert y Candy
presenta
Quédate Conmigo
Por Mayra Exitosa
Lo que para el rubio tenía un gran significado al saber que su mujer lo nombraba una y otra vez inconscientemente en sus sueños, era como la música melancólica de una gaita escuchándose a los lejos en su tierra, Glasgow, Escocia. El rostro de su amada se rosaba suavemente pues parecía haberlo tomado como su cojín afelpado donde tallaba sus mejillas sintiéndola en la capa fina de bello de su pecho, como si supiera lo que estaba haciendo con ese sencillo acto, solo pudo darle suaves besos en su hombro por la ternura que emanaba al estar dormida, haciéndolo sentir culpable al haberla abandonado aquella tarde cuando le informaron que no era una Legan y por tal motivo la obligación a casarse con él sospechando que había sido una trampa.
No podía más que abrazarla sintiendo la soledad que debió pasar esos meses en los que se suponía tenía que haberla colmado de pasión, no que ella buscara sustentarse a sí misma al tener que trabajar con exceso de horas, sin darse cuenta que esperaba un hijo suyo, no pudo soportar más por lo que dejaba salir sus lagrimas, reprochándose una y otra vez por haber sido tan tonto al dejarla sola en aquel departamento austero, culpándola de sus desgracias cuando por ella se había salvado de unirse a una mujerzuela que lo había cambiado como si fuera un calcetín, de buenas a primeras se fue a la cama del actor y continuaba refugiándose en cualquiera que le abriera la puerta como si no le hubiera importado nunca el amor que dijo tener por él; mientras que al casarse con una mujer virtuosa, la cual había hecho pagar con una luna de miel austera sin lujos y haciéndole pasar malos ratos, incluso sin haber comprado un vestido para su sencilla boda religiosa, ella le había regalado su virtud, confiándose sin titubeos sola, sin ningún miembro de su familia o amistades, debió de procurarla y protegerla sin quejarse y averiguar antes de enfadarse y desquitarse con ella.
Fue tal la sensación que estrechaba más cuidadoso la pequeña y suave espalda desnuda de su mujer, la cubría con ambos brazos como cadenas para que no se separara de él lo menos posible, colmándola de besos en todo lo que quedaba cerca de su rostro, para luego cubrirla con el edredón de plumas suaves con el que ambos se conservaban el calor, y escuchando el suspiro de su boca al sentirse tranquila. - Mi hermosa mujer, como te he extrañado, no te volveré a dejar sola, ¡te lo juro mi vida! ¡Te lo juro!
En Miami, la llegada de dos mujeres contratadas por el corporativo hotelero de la dirección, sorprendía al falso jefe de mantenimiento, a quien le informaban que ellas estaban ahí para hacerse cargo de las actividades de la Coordinadora de Eventos y estarían fijas en ese y los otros dos hoteles de Florida, para elevar el estatus de elegancia de los clientes, tal como lo había estado realizando la señorita Mc Bride. - Pero ¿ella va a regresar? - No estamos informadas sobre eso, lo cierto es que estamos contratadas de manera definitiva. Lizbeth y Cristina ahora estarían a cargo y traían las encomiendas de sacar el evento perfectamente bien esa noche, para posteriormente revisar los eventos de la agenda y hacer las llamadas de los servicios contratados. Stear trataba de llamar a su hermano Archie y a su primo Anthony, pero estos al haber sido mal tratados por él, no le respondían.
En la mansión de la montaña, la mañana era cegadora, la rubia intentaba abrir los ojos y él la ajustaba un poco más sin desear que se soltara de su agarre, de pronto ella sintió el frío del amanecer y la luz destellante que se filtraba por la rejilla que había entre el marco de la ventana y la cortina, asustada perdiendo la noción de lugar, trataba de separarse para darse cuenta que él la estaba observando, a lo que el rubio encendía la lamparita de noche de la mesita del costado sin dejarla escapar de sus brazos; la joven esposa vio que no tenía ni una sola de sus prendas encima de su cuerpo y él con una sonrisa de lado, satisfecho solo atino a decir.
- Buenos días, señora Andrew. - ¡Al… Albert! - ¡sí! tu marido, el que te ha perseguido por todo este tiempo al volar en su jet uno de los medios más contaminantes del ambiente, yendo de New York a Miami y California, tantas veces tratando de que no escaparas, ahora por fin te atrape ¿a caso pensabas seguir huyendo de mi? - ¿yo? ¿Huyendo? Ella trataba de separarse y él no tenía la intención de dejarla por lo que sus piernas hacían ajustar las de ella en señal de que se encontraban ambos en la cama sin prenda alguna, así la destapaba un poco y su piel se ponía de gallina notando el frío que hacia fuera de la unión de sus cuerpos. Ella friolenta respondía nerviosa,
-No sé de lo que hablas ¿Por qué estoy desnuda? El rubio estaba bien preparado para toda esta charla a tal grado que tenía varios planes para efectuar según fuera respondiendo con facilidad o agresividad, de ella dependía todo y él iba a convencerla de que él era su mejor opción y no había ninguna otra posibilidad, por lo que con una sonrisa chueca respondía como si hubiera estado durmiendo con ella la semana anterior, - Pues desde que nos casamos no usábamos prendas ni una sola de las noches que estuvimos en nuestra cama, ¿tan pronto, lo olvidaste? Ella se apenaba, tomaba un poco de la cobija tratando de cubrir su rostro ruborizado, a lo que él le parecía gracioso, más ella insistió. - debo levantarme, quiero ir al tocador. - Con gusto te llevo, pero de esta habitación no salimos ninguno de los dos. - ¿Qué quieres decir? - Que no te volverás a separar de mi - ¿Quién fue el que me dejó olvidada tres noches y dos días en un departamento austero? - Fue un error, no debía haberme alejado. - ¿un error? ¡aggrsshh!
Jalando con la poca fuerza que tenía se separaba de él, sacando el cobertor completo de la cama con el que se cubría y corría al tocador cual novia arrastrando el vestido con cola, mientras él sonreía por verla molesta y friolenta, pues sabía que ese lugar tenía ese efecto, siempre estaba helada su habitación al amanecer, sobre todo en esas fechas. El rubio se levantaba rápido cuando ella desaparecía de su vista, se iba siguiendo el rastro tras ella, notando que entraba al sanitario, a lo que él preparaba la tina con agua tibia, mientras se atendía humedeciendo un poco sus cabellos y viendo la naciente de su barba que raspaba frente al espejo, por lo que se rasuraría ya luego de que ambos hablaran, pues no tenía pensado dejarla salir, para eso ya había escondido su maleta y las ropas que había usado, para que yaciera plenamente desnuda así no se iría a ninguna parte.
Continuara...
Gracias por su paciencia y dejar sus comentarios en cada capítulo. Agradecida también por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar
por ningún medio auditivo o plataforma alternativa, en parte o completa ninguno de estos.
Con sincero aprecio,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
