ficción

Historias de Albert y Candy

presenta

Quédate Conmigo

Por Mayra Exitosa

Para Elizabeth Legan llevar a cabo la boda más rápido del oeste era una ilusión que la mantenía fuerte y positiva, pues al final llegaba al salón para verificar los últimos detalles, coincidiendo con Anthony quien se encontraba a cargo del hotel, dándose cuenta que ella no era la esposa de su tío, y no recordaba que hubiera otra mujer Legan, así que la abordaba, - ¿ya en los últimos detalles para su boda, señorita Legan? - Si, usted debe ser el directivo de aquí, supongo. - Así es. Confirmaba Anthony al darse cuenta que ella lo confundía con parte del corporativo, miraba la carpeta de la boda y no aparecían los nombres, ahora lo entendía, ella era la novia, pero no venía el nombre de su esposo. - Y su prometido ¿vendrá? - No, hasta el día de la boda, está realizando algunas filmaciones en Malasia, debe venir una semana antes para las últimas pruebas de vestuario y los detalles finales. - ¿filmando? Se refiere a… - A Terrance Grandchester, mi prometido, solo que al parecer mantuvieron el anonimato que mi cuñado… - ¿cuñado? Elizabeth sintió que no debería comentar quien había pagado el evento, por lo que ya no quiso aclarar nada, sin embargo eso le dio la respuesta que buscaba el joven Brown. Pues ahora lo comprendía, su tío debía haberse casado con una hermana de ella, por lo que sí existía otra Legan, por eso lo llamaba cuñado y para verificar ese término consultaba en su dispositivo, quien había dado de alta el evento y venía directo de las oficinas generales, por lo que su tío William debía estar tras esa celebración.

Candy por su parte, compraba zapatos muy costosos, suaves y elegantes, que daban una belleza a sus estilizados y pequeños pies, los cuales admiraba el rubio satisfecho por la belleza de su mujer, luego comentaba con ella tomando su mano para darle suaves besos, - se ven perfectos, veo que al final no te has decidido, has comprado zapatillas para los tres vestidos que vi en el guardarropa, - ¿los viste? - Si, el color champán brillante, el verde pistache y el azul marino. - Si, supongo que solo deseabas que comparara uno. - No, puedes comprarte cientos si lo deseas, solo que debían estar en el guardarropa de la mansión de Chicago, nuestro departamento en New York, es muy amplio, más no lo suficiente para cuando nazca nuestro hijo. - No lo había pensado, ¿tenemos una mansión en Chicago? - Tres para ser exactos, una de ellas se encuentra en Lakewood, te llevaré a conocerlas pronto, lo prometo.

Candy ahora lo comprendía, cuando Annie le dijo que su él era muy rico, para luego haberla dejado en ese departamento solo porque su matrimonio legal no tenía la validez, pero si fuera así, el podía anular su matrimonio ahora, sin embargo la existencia de su embarazo, lo había llevado hasta ella. - Albert, si no estuviera embarazada. - Estaríamos volviendo a la isla del cielo unas semanas de cada mes. - ¿de cada mes? - ¿no te gusta la idea? Ya terminaron los interiores de la mansión, supongo que te gustaría ir a ver como quedo tu palacio. - ¿mi palacio? - la isla tiene esa mansión para ti. - ¿para mí? Pero si la estabas construyendo antes de que nos casáramos por obligación. - No lo digas así, no eres una obligación, fuiste más bien… un regalo sorpresa. - ¡un regalo! - Candy, tenemos muchas cosas que aclarar, pero ahora no es el momento, lo importante es conseguir tus documentos para hacer oficial nuestro matrimonio y que puedas ser mi esposa legalmente. Ella asintió sin decir más, pero él no dejo de tomarla de la mano, para después indicarles a unos de los hombres que los acompañaban, que tomaran las bolsas de las compras de las zapatillas que había adquirido a juego para cada uno de los vestidos que tenía separados en el departamento su mujer.

El rubio estaba tratándola por fin como su esposa, no se había separado de ella en ningún momento, ahora sin aviso se dirigian en auto a una joyería, donde le compraría gargantillas, pulseras y aretes, entre otras cosas para lucir en su evento próximo y eso si que rebasaba por mucho los costosos vestidos, zapatillas y todo cuanto fuera, pues para la rubia todo circulaba así debido a su embarazo, ahora no era la obligación, sino que le interesaba comprarle lo que deseara, solo por que pronto lo convertiría en padre. Era lógico, luego de haberse imaginado que había nacido un sentimiento de amor aquellas semanas en su luna de miel, cuando apenas y tenían poco tiempo de convivir, para después la separación abrupta de meses, si no se hubiera enterado del ingreso al hospital, el podría haber continuado en su supuesta búsqueda por encontrarla y quizás todavía debía estarse debatiendo en tener a la actriz a su disponibilidad.

Para Gerald, una investigación de uno de sus informantes sobre la búsqueda de la imagen de su hija, lo alertaba, al parecer uno de los jóvenes Cornwell estaba buscando datos sobre Candy, este era informado de manera discreta, a lo que le sorprendía, puesto que ese joven era familiar del marido de su hija. - ¿qué interés por encontrarla? - Al parecer señor, él mayor de los Cornwell desea conquistar a la joven que ama y busca con desesperación. - Ella se encuentra casada. - Al parecer no lo saben y creen que su seudónimo es Candy Mc Bride. - Debe ser por la revista o el periódico donde se difundió su imagen, anulen todo como se solicitó desde el comienzo, no den datos de ella por ningún motivo, pueden meterse en problemas con su familia. - Bien señor, solo se le informaba para que estuviera enterado. - Gracias, sigan así. Y denle largas a la investigación el mayor tiempo posible. - Por supuesto. Mc Connery no comprendía al principio, más la boda había sido discreta y eso debía ser por la obligación en la que fue sometido el heredero de los Andrew, por lo que meditándolo sonreía para sí mismo, pues su hija se había ganado a otro de los hombres de la misma familia, en parte lo comprendía, tenía la belleza de su madre, más también apostaba que la educación de una dama elegante y sus conocimientos en organización de eventos, pudo haber llamado la atención de cualquier hombre de negocios, por lo que era muy listo Andrew o su hija lo había puesto en evidencia para que la valorara de esa manera que pudiera tener otros interesados en ella. - Ludy, ven a mi oficina por favor. - Si señor.

El día del evento llegaba, Niel iba acompañado de una hermosa modelo al evento de su hermana, la elegancia de la familia y de todos los invitados era de esperarse, por lo que Brown conocía de algunos lugares a Niel y estos se saludaban como viejos amigos, sin embargo, el rubio pudo notar cierto recelo de su conocido en verlo en el evento, pues no lo había invitado y este lucía relajado, informando que estaba a cargo del hotel y de que el evento fuera un éxito, por lo que eso pareció darle gusto, pues se sabía que Anthony era un heredero importante de la familia, como para que trabajar en uno de los hoteles, eso le daba una importancia mucho mayor para la familia.

El juez y todos los invitados iniciaban el desfile de ingreso desde hacía horas, cuando sin esperar aparecía en el evento la tan buscada empleada del año, acompañada por su tío, Johnson y un sequito de guardaespaldas bastante evidente y reconocidos por Anthony.

- Bienvenido tío William. - Que tal Anthony, ya conoces a mi esposa, Candy Andrew. La rubia había girado a ver algunos de los empleados que la saludaron cuando regreso a ver con quien la estaba presentando su marido, sorpresa fue ver al rubio que la había fastidiado varias ocasiones, diciéndole tío a su marido, por lo que con una sonrisa confirmaba, - ¡Ahora lo comprendo! ¡Eres su sobrino! - Mucho gusto, Tía. Candy se cubrió la boca al escucharlo decirle tía cuando en dos ocasiones había asegurado su belleza como la ideal para ser su mujer, ahora se cubría apenada por lo que se había ocasionado haber utilizado el apellido Mc Bride.

Mientras que para Albert notar el rostro de Anthony desencajado por las veces que lo vio coqueteándole a su mujer en esos videos en lo que sus sobrinos escondían información de su mujer, para que no la viera o supiera de sus conquistas, ocasionando mayor tiempo alejado de encontrarla, ahora debía entender que ella era su esposa, la que obligaron a tener en ese convenio en el que ellos habían salido bien librados y por lo que se habían hecho cargo de los hoteles como parte de una manera de compensar su enfado, asegurando que elevarían los ingresos donde ellos estuvieran presentes, para finalizar resultaba que el crédito se lo había llevado la rubia y no los aludidos sobrinos tratados como holgazanes por haber recibido apoyo de inversiones que dependían de la fortuna Andrew, a la que William estaba siendo sometido a un matrimonio forzado, por ser la cabeza principal y el heredero universal de dicha fortuna. - Con que ¡señora Andrew! - Si, querido sobrino, desde hace tiempo soy casada.

Continuara...


Gracias por todos sus comentarios en cada capítulo, espero sea de su agrado, esperando subir más seguido a como el tiempo lo permita.

Agradecida también por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alternativa, en parte o completa ninguno de estos.

Con sincero aprecio,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa