Capitulo: El santuario de Athena
-SAGA-
—¡KANON!
La voz de Saga surgió como un rugido. Miró como el cuerpo de su hermano se precipitaba al agua y sintió como si fuera él mismo el que se ahogaba.
Intentó levantarse y correr inútilmente tras él. Sin embargo, los tres matones comenzaron a bajar por la empinada y apuntaron sus armas al mayor de los gemelos. Tres disparos cruzaron el aire. Aioros se lanzó empujándolo y cayendo ambos en la arena.
—¡Muro de cristal!
La siguiente ráfaga de detonaciones golpearon una barrera semi transparente que se iluminó ante cada golpe.
Aioros y Saga miraron desconcertados a un chico que se había materializado frente a ellos. Vestía una armadura dorada y su cabello lila era azotado por el viento. Los miró sobre su hombro con una mezcla de excitación y enfado contenido. Giró y colocó cada una de sus manos en los hombros de los chicos. Saga y Aioros pudieron ver un resplandor dorado en su cuerpo y luego, el muro de cristal se quebró liberando una ola de energía. Justo en ese momento, desaparecieron.
Saga cayó de rodillas sobre un suelo de mármol. Sus manos estaban heladas y sudorosas, temblaba ligeramente y sentía como si le fuera imposible respirar. A pesar de todas las cosas sorprendentes que había presenciado en el último minuto, ninguna podía quitar la última imagen de Kanon.
Tomó aire lentamente y cerró sus ojos con fuerza. Las lágrimas comenzaron a caer una a una y cuando ya no pudo más, el nudo que oprimía su garganta se desgarró con un agobiante lamento.
Aioros miró a su amigo, sin saber muy bien que hacer, dejando que las lágrimas rodaran silenciosamente por sus mejillas. Sabía que en aquello momentos, no existía nada que pudiera consolarlo y aun así se sentía tan impotente por no poder ayudarlo.
Levantó su rostro al escuchar pisadas apresuradas, y observó a Milo y Aioria correr hacía ellos. Unos pasos atrás, caminaba Shaka junto a un señor mayor vestido con una túnica blanca.
—¿Qué…? —. Milo se detuvo, mirando alternativamente a los mayores. —¿Y Kanon?
Aioros bajó su mirada y negó lentamente.
—Mu, ¿Qué ha sucedido? —ordenó el mayor de todos.
—Lo siento, Su Excelencia. Fuimos atacados.
—¿Espectros?
—Matones.
Shion apretó sus puños con fuerza y miró hacia el gemelo.
—Esperen, ¿qué quieren decir? —intervino Milo. —No estarán insinuando que…
Y antes de poder terminar, Aioros lo atrajo en un abrazó.
—Lo siento, Milo. —le susurró a su oído —. Realmente lo siento mucho.
—¡No! —gritó, empujando a Aioros. —¡Saga, dime que es todo esto!
Pero el mayor de los gemelos no respondió. Se levantó en silencio y con un gesto brusco limpió sus lágrimas. Sin ver a nadie, comenzó a descender la escalinata.
—¿A dónde crees que vas, muchacho? —preguntó Shion. —Este es el único lugar seguro para ti ahora.
—Cree que eso me interesa —masculló entre dientes —No me quedaré escondido, mientras mi hermano esta…
—¿Y qué harás tu solo?
Ignorándolo, Saga siguió caminando. Shion avanzó un par de pasos y extendió su brazo, la cosmoenergia dorada brilló en él y en Saga. En ese instante, el cuerpo del gemelo se paralizó. Intentó moverse, pero solo sentía sus músculos temblar ante el esfuerzo.
—¿Qué has hecho? Libérame —ordenó.
—Cálmate...
—¡Asesinaron a mi hermano! No me pidas que me calme
Haciendo un esfuerzo sobre humano, Saga logró mover su cabeza para verlo sobre su hombro. Shion apretó su mandíbula y su cosmos brillo con más fuerza. En aquel instante Saga perdió la consciencia.
—Síganme —ordenó el patriarca comenzando el recorrido.
Eran apenas uno niños. De todas las aventuras que habían vivido junto, había una en particular que Saga no podía olvidar.
Kanon siempre fue el más curioso y aquella mañana habían descubierto un panal en un árbol cercano a su casa. Nunca antes habían visto algo así, y el menor subió al árbol, tocando aquello con una rama. Saga, mientras tanto, vigilaba desde el suelo. Al ver a su madre salir, le gritó a su hermano y el niño se sobresaltó, atravesando el panal con su mano. Las abejas salieron como una nube negra rodeando al menor de los niños. Kanon se las quitó de encima, pero en su prisa cayó de la rama. Lo vio levantarse y ambos corrieron, mientras aquel enjabare los perseguía. Una vez dentro de la cocina, comenzaron a reír dejándose caer en el suelo. Su madre les colocó unas galletas y jugo, y ellos se apresaron en ir por ellas.
Sin embargo, algo raro pasaba. Kanon se rascaba las picaduras de forma incesante y comenzaba a toser cada vez más... hasta que respirar comenzó a ser difícil, su piel se inflama y estaba roja, muy roja.
Saga corrió hasta sus padres con lágrimas en los ojos. El torbellino de sucesos lo dejo desconcertada y pronto se encontró en el hospital. Su madre entró con los doctores, mientras su padre lo sujetaba entre sus brazos. La angustia, el miedo, el dolor... todo aquello lo recordaba con una claridad pasmosa.
Cuando volvió a ver a Kanon, dormido y con un suero en su brazo, lo tomó de su mano libre y secretamente prometió cuidar siempre de su hermano menor.
Sin importar lo que costara, sin importar nada...
Esa mañana de verano se falló a sí mismo, le falló a sus padres y le falló a su hermano.
Las lágrimas se escabulleron silenciosa por sus mejillas cuando sus ojos se abrieron con pesadez. Saga sentía su cuerpo entero adolorido, un terrible dolor de cabeza y su boca seca como si estuviera saliendo de alguna borrachera. Intentaba recordar donde estaba, pero aquel lugar no se le hacía familiar y sus recuerdos se mezclaban con sueños confuso.
La realidad le dio un golpe al recordar todo, y un sentimiento extraño se extendió por su cuerpo. Decepción, vacío, ira, impotencia... soledad.
Llevó una mano a su cabeza, abrumado por el dolor. Quería lanzar un grito que se llevara toda su angustia y sufrimiento, pero calló, ahogándose internamente.
No supo cuánto tiempo estuvo sumido en ensoñaciones y culpas, solo regresando a la realidad cuando escucho abrir la puerta de la habitación. Con cansancio, miró a Aioros acercándose, con una mueca extraña en el rostro. Suspiró, sabiendo las intenciones del castaño, y deseo que lo dejaran solo. No quería pensar en cómo se sentía, no quería darle voz a toda aquella locura, no quería tener que superar nada.
Era su hermano, su hermano gemelo ¡por todos los dioses! ¿Cómo debía de superar eso?
— ¿Cómo estás? —Aioros se sentó con súbita timidez. La mirada dura de Saga fue más que suficiente para hacerse una idea, y el chico quiso golpearse mentalmente. Carraspeó y pensó en algo más atinado que pudiera decir —. El patriarca espera que te unas a nosotros en la cena, dice que debes de sentirte terrible después de ser inmovilizado con telequinesis.
—¿El Patriarca? —preguntó, alzando una de sus cejas.
El rostro de Aiorios se encendió y sus manos comenzaron a juguetear nerviosas
—Su nombre es Shion —dijo como quien realmente no quiere hacerlo. Tenía que admitir que todo aquello era un poco ridículo —. Es el patriarca... del santuario... de Athena.
A pesar de la ligera vergüenza había mucho respeto y admiración en aquellas palabras, tanto que las cejas de Saga se elevaron hasta su cabello.
—Parece que lo crees.
—Cuando salgas de aquí, tú también lo harás.
—Solo hay algo que hare al salir de aquí, lo sabes bien.
Aioros soltó un suspiró y se puso de pie, caminando hasta el balcón, llamando a Saga para que lo acompañara.
—Espero que esto no sea para recibir uno de tus sermones motivacionales —dijo el peliazul, una vez que estuvo a su lado.
Aioros frunció sus labios, molesto, y fijó su vista cristalina en el horizonte. Saga lo imitó, saciando la curiosidad que lo carcomía.
Era un lugar hermoso, hecho de mármol blanco y acabados jónicos y mejor preservado que la mayoría de los templos griegos. Era impresionante ya que la habitación contaba con la misma estructura y toda la comodidad que podía imaginar. Los jardines estaban esmeradamente cuidados y desde donde estaba podía observar la parte alta de un coliseo en perfecto estado. Incluso había soldados caminando con lanza, escudos y perchero; se sentía como si hubiese viajado en el tiempo y, aun así, todo aquello parecía extrañamente muerto. Solamente eran ruinas perfectamente cuidadas.
—Quiero hacer los mismo que tu —dijo Aioros, apoyándose en el balcón y con su vista fija en el atardecer. —Tengo un hermano y puedo imaginarme lo que sientes. Además, Kanon... era mi amigo.
Saga apretó su mandíbula con fuerza, conteniendo un torrente de sentimientos que la palabra "era" desemboco en su interior.
—Shion envió guardias a buscar...
—No lo van a encontrar —interrumpió Saga —si Kanon está vivo se esconderá y no podrán... Solo yo lo puedo encontrar —agregó en un murmullo.
Al ver la mirada compungida de Aioros, bajó su rostro y apretó sus labios. Era una locura que estuviera vivo, lo sabía, pero no podía evitar aferrarse a la única e irracional esperanza que quedaba en su corazón.
—¿Sabes que es lo más absurdo? —continuo después de una breve pausa —Hace unos días soñó que se ahogaba, le prometí que no dejaría que eso pasara. — Cerró sus ojos con dolor y sintió el brazo de Aioros sobre su hombro, atrayéndolo a un abrazo que no sabía que necesitaba. —Debo regresar a casa —murmuró con voz quebrada —, tengo que decirles a mamá y papá.
Y su cuerpo comenzó a convulsionar entre sollozos.
-THETIS-
Thetis se removió incomoda una vez más. Estaba cansada, sofocada y hambrienta. Ni siquiera ella podía explicarse por qué, pero aquella mañana se encontró tomando el autobús junto a Marín.
— No te atrevas a decir algo —espetó cuando se sentó junto a la pelirroja. Cruzó sus brazos y se enfurruñó durante todo el trayecto.
Marín parecía bastante optimista. Con un entusiasmo que pocas veces había notado. Sin embargo, al llegar al cabo se dieron cuenta que no sería tan sencillo. Al parecer, había sucedido un altercado. Los pobladores escucharon sonidos de armas y había una gran mancha de sangre en el antiguo templo de Poseidón que terminaba en el borde del acantilado. Todo el lugar estaba cercado y los policías no permitían que nadie traspasara las bayas.
El optimismo de Marín se convirtió rápidamente en frustración. Por alguna razón que Thetis desconocía, estaba convencida que debían seguir hacia el templo.
—Me parece una idiotez ir a un lugar donde acaban de asesinar a alguien — renegó —podrían seguir ahí.
—No estarían ahí con la policía —aclaró Marín.
—A menos que la policía sea parte, o podría ser de esos asesinos que le gusta ver los resultados de su obra.
Marín solo le lanzó una mirada reprobatoria y se marchó a buscar pistas. No encontró ningún rastro de los chicos y finalmente, se refugiaron en una cafetería.
Thetis movió su silla más cerca de las ventanas, buscando que un poco de brisa llegara hasta ella y cuando escucho un gritó ahogado de Marín, levantó la vista, topándose con la camarera que llevaba su hamburguesa y un refresco con hielo, que parecía sacado del paraíso.
Sonrió, corrigió su postura en la silla y se preparó para aplacar el hambre intensa que sentía.
Sin embargo, Marín no se había sobre saltado por la comida. Su mirada estaba clavada en el televisor y apresuraba a Thetis a mirar. Cuando la rubia llevó su mirada a las noticias del telediario, se sorprendió al ver la casa de Aioria en escombros y luego, comenzaron a pasar fotografías de los desaparecidos.
— Marín, estoy segura que ellos están bien. Tal vez ya se habían marchado cuando todo esto sucedió.
La pelirroja asintió, sin demostrar toda su preocupación en el rosto.
— ¿Saga tiene un hermano? —dijo de pronto Thetis. Marín observó como en la pantalla se miraba una foto de los gemelos.
—Kanon, su hermano gemelo. Te hemos hablado de él, su novia es la bruja de Pandora.
Thetis lo miró, sorbiendo distraída. De pronto, ya no le parecía tan apetitosa la hamburguesa.
—Pensé que se referían a Saga.
—Intentemos una vez más, quiero ir al templo antes de que anochezca.
Caminaron por la ciudad, mezclada entre los turistas y con cuidado fueron acercándose a las ruinas, sin percatarse de los dos hombres que las seguían desde la cafetería.
Fingieron ver el mar, mientras intentaban escuchar los reportes de los oficiales.
—Señoritas —ambas voltearon para encontrarse con dos hombres que, sin saber, las había estado siguiendo — ¿Los conocen? —dijo mostrando las mismas fotografías que habían compartido en el telediario.
Ambas amigas se miraron, pero antes de poder contestar, el otro hombre hablo.
—Las escuchamos en la cafetería.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Marín, intentando ganar tiempo.
—Policías —contestó el primero en hablar. Tenía ropa de civil, un cabello negro corto y ojos alargados. —Solo queremos realizar unas preguntas. Por favor, acompáñenos.
—¿Sus identificaciones? —volvió a preguntar Marín, cruzándose de brazos.
—Por favor, acompáñennos. No queremos hacer un escándalo. —dijo el otro señor, su cabello era rubio un poco más largo que su compañero y tenía unos ojos fríos del color de un cielo tormentoso.
Movió su brazo, mostrando por unos segundos el arma que descansaba en su cintura.
—Ellos no van a ayudarlas. Les aseguro que es mejor que estén con nosotros.
Thetis dio un paso hacia atrás, tomando la mano de Marín. La chica pelirroja tiró de ella y comenzaron a correr hacia los turistas. Intentaron despistar a los hombres, pero se dieron cuenta que no eran los únicos, dos más esperaban en la plaza.
—Vete a las ruinas —le dijo Thetis, —intentare distraerlos.
— Pero…
—Eres tú la que debe de ir a ese lugar, no yo. ¡Ve! Busca a tu hermano
Thetis corrió hacia el ágora, tirando algunos puestos de fruta en su huida, mientras chocaba con algunas personas y cuando vio la estación de bus sintió un gran alivio. Sin embargo, su huida se vio frustrada cuando uno de los hombres la tomó de un brazo.
Quiso gritar, pero su voz se atoró en su garganta al ver el arma en la cintura del hombre, y las lágrimas se aglomeraron en sus ojos.
—Acompáñame y no sigas dando problemas.
Caminaron hasta los muelles y a medida que el número de personas disminuía, sus esperanzas de liberarse también. Atravesaron una plataforma y subieron a un yate llamado "Anfitrite".
Thetis se sentó en una de las tumbonas, sopesando la idea de saltar al mar y huir. Miró a su alrededor, había tres hombres vigilando cada uno de sus movimientos. Solo podía esperar que Marín lograra escapar.
-SAGA-
La luna llena brilla en todo su esplendor aquella fresca noche de verano. A los pies de la enorme estatua de Athena, cuatro fogatas se encendieron, como agradecimiento por los guerreros que habían encontrado el camino de su destino. Shion precedía aquella pequeña ceremonia, y sumido en las sombras, Saga lo observaba detalladamente.
Los guardias se mantenían impasibles, con lanzas y escudos en brazos, mientras el patriarca rezaba las plegarias en griego antiguo. Una vez que se levantó, tomaron sus puestos como custodios de las ofrendas.
—Acércate —dijo Shion, sin voltear a verlo.
Un poco sorprendido, Saga caminó vacilante.
—No era mi intención espiar.
—No me molesta, los dioses no deben ser adorados en secreto. —Hizo una leve pausa y su rostro se iluminó con una sonrisa —. Imaginó lo extraño que esto debe ser para ti, solo entiende que lo que el resto del mundo cree que es un mito, una historia; es nuestra realidad. Los dioses son tan reales como tú y como yo.
—Es una vida distinta. —dijo Saga, encogiéndose de hombros. Alzó su vista y miró la estatua de la diosa coronada por las estrellas. — Es extraño, hace unos días hablábamos con mi hermano sobre esa estatua... bueno, era sobre la del Partenón. Supongo que lucía igual.
—No te equivocas, es justamente la misma estatua —aclaró Shion —, cuando Athena consideró que el santuario debía trabajar en las sombras. Los Santos de esa época la retiraron y se desplazaron hasta esta zona. Ocultos y protegidos por el cosmos de la diosa.
Saga hizo lo posible por quitar la expresión escéptica de su rostro, fallando terriblemente. Aun así, Shion no hizo ningún comentario, tal vez siendo amable... o simplemente estaba loco – pensaba Saga.
—Realmente, lamento mucho lo que ha pasado con tu hermano. Me dijo Aioros que eran gemelos.
Saga asintió.
—Si, Kanon es el menor. Diez minutos de diferencia —y una pequeña sonrisa triste, se dibujó en su rostro.
—Lo encontraremos, te lo prometo.
—Gracias —murmuró en un hilo de voz.
—El mundo está en un grave peligro, y temó que este ataque es el comienzo.
—No —dijo con determinación —. Lo que ha pasado es el resultado de mi hermano siendo un estúpido. Creyó poder controlar a un hombre peligroso y ahora toda la compañía Heinstein está detrás de nosotros.
—¿Heinstein?
—Son una familia...
—Se muy bien quienes son. —Saga arrugó su entrecejo, con una creciente preocupación.
—Habrá una guerra muy pronto, necesitaremos de tu ayuda —prosiguió Shion, ajeno a las elucubraciones del chico.
—Lo siento, no soy un soldado. No...
—No son soldados los que busco, son héroes.
Y los ojos de Shion se fijaron en los de Saga con tal intensidad, que Saga sintió algo en su interior removerse. Finalmente miró hacia la estatua, llevado una mano a sus cabellos, nervioso.
—No soy ningún héroe. No logre hacer nada por salvar a mi hermano, aun cuando sabía que debía estar a su lado y ahora tengo una familia a la cual debo proteger y no tengo idea de cómo hacerlo —retrocedió un par de pasos, alejándose de Shion, sintiéndose extrañamente asfixiado. Todo aquello comenzaba a causarle un ataque de ansiedad. —Gracias por su ayuda, pero no me involucrare en una lucha que no me concierne.
—Entiendo —murmuró Shion —En ese caso, permíteme ayudarte. Darte protección.
—¿A cambio de qué?
—El deber de un santo de Athena es proteger a la humanidad. No pedimos nada a cambio.
—Su excelencia, —interrumpió un soldado — encontramos aun polizón, dice que puede utilizar el cosmos.
Shion asintió y con un movimiento de cabeza, le indicó que lo siguiera. La curiosidad no podía resistirla y fue así como atravesó algunos pasillos hasta llegar a una amplia sala de audiencias. Todo aquello era asombroso y casi irreal, pero sus pensamientos fueron echados de lado cuando las puertas se abrieron.
—¡Marín! —dijo, sin poder evitar acercarse a la chica que estaba con unos grilletes en sus manos. Su mirada acusadora viajó hasta Shion, pero el anciano solamente lo ignoro.
—La encontramos merodeando por la zona de entrenamiento.
—Eres hábil —dijo Shion —lograste internarte antes de que te descubrieran. ¿Marín es tu nombre?
La pelirroja asintió cohibida.
—¿Cómo has llegado hasta aquí?
—Los seguí —lanzó una fugaz mirada a Saga, sonrojándose levemente. —Sabía que vendrían a este lugar. Los he buscado por años, soy como ustedes.
—¿Qué quieres decir con eso?
Ella levantó sus brazos, mostrando sus grilletes. Cerró los ojos y una suave cosmoenergia plateada la abrazó. El metal de sus manos se disolvió sin ningún esfuerzo, cuando abrió sus ojos, Shion sonreía.
—Los ángeles de Artemisa se llevaron a mi hermano, pero me dijeron que yo pertenecía a Athena.
Shion se levantó y colocó ambas manos sobre los hombros de la chica.
—Bienvenida a tu casa. Ubíquenla en una habitación del recinto.
Saga se sorprendió al ver el par de doncellas salir y llevarse a la chica en cuestión de segundos.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó, cuando Shion y él estuvieron solos.
—Eso es el cosmos. La energía que rige el universo, los guerreros de Athena la usamos para mantener la paz en el mundo.
—Yo... ¿podría hacer eso?
Shion lo miró directo a los ojos, con aquella sensación especial que cubría sus orbes amatista y que parecía conocer los secretos de su alma.
—Podrías —respondió finalmente —. Con el entrenamiento adecuado. — Saga miró sus manos, anonadado. Cerró sus puños y pensó en aquellos tres matones. —Pero debes de saber que luchamos por la justicia de la diosa, no por intereses personales. Mañana temprano, Mu te llevara a casa.
-AIORIA-
Aquella mañana había visto partir a Saga desde su ventana. Tenía una habitación cómoda y la cama más confortable de su vida. En otro momento no se hubiera levantado en toda la mañana, pero las pesadillas no lo dejaban dormir.
Le gustaría decir que era una conmoción por todo lo que vivieron el día anterior, pero rara vez pensaba en ello. Sus sueños con la muerte de su propio hermano lo tenían asfixiado, las voces llamándolo traidor se multiplicaron y solo deseaba huir de ahí, lo más largo que pudieran.
Pero Aioros no lo entendía… estaba fascinado. Por mucho que quisiera ocultarlo, debido a la pena de Saga, Aioria podía ver como sus ojos brillaban cada vez que recorrían la escalinata zodiacal, como acudía incondicionalmente a Shion, con una confianza surgida de la nada y parecía como si de alguna forma todo aquello fuera lógico para él.
Y todo eso le molestaba mucho. ¿Es que acaso no podían ver el peligro en el que se estaban metiendo? Quería irse con Saga, regresar a su casa y a su vida normal y segura, pero nadie lo escuchaba. Nadie, ni su hermano con su repentino embelesamiento, ni Milo que se había convertido en un ser misterioso y hermético ¡no sabía nada de él desde la noche anterior! Con Saga, ni tenía que tratar.
Así que ahí estaba él, en plena mañana, esperando en el coliseo por un entrenamiento que no deseaba recibir. Estiró todo su cuerpo, para después dejarse caer en las gradas mientras seguía esperando a que alguien más se dignara en llegar.
Acomodó los protectores de sus manos, por tener algo que hacer, y en ese momento escuchó unos suaves pasos entrar al lugar. Levantó su vista, casi listo para soltar improperios, pero al ver a la persona que entró su boca se enmudeció completamente.
Se levantó, intento decir algo, pero estaba completamente sorprendido. Marín avanzaba hacia él con una timidez inusitada. Aioria finalmente sonrió y se lanzó a abrazarla.
—¿Cómo es que estas aquí?
—Tengo mucho que contarte.
La chica le tomó su mano, guiándolo de nuevo a las graderías, sin que él pusiera ninguna resistencia. Por primera vez desde que llegara a ese lugar no se sentía solo.
Se sentaron uno junto al otro. Él la escuchó hablar, mientras jugueteaba con una máscara plateada que cargaba en sus manos.
La sonrisa de Aioria se fue borrando poco a poco y sus ojos verdes se iban endureciendo.
—¿Tu, sabias todo esto?
Marín se apresuró a negar, sus rizos rojos rebotaban sobre su rostro.
—Sentí algo en ustedes, el mismo poder que tengo yo, pero rápidamente supe que ustedes no tenían idea de nada.
—Espera... ¿te acercaste a nosotros por eso?
Marín lo miró a los ojos por unos segundos, pero no podía resistir el fuego de aquella mirada.
—Aioria...
—Es una pregunta simple.
Ella bajó su mirada y Aioria saltó de su lugar.
—Genial ¡sencillamente genial!
—Estas mal interpretándome.
—¿Y qué quieres que piense? Tu no dices nada.
—Me quedare en el santuario —agregó sin levantar su rostro —. Seré una guerrera de Athena.
Aioria caminó de un lado al otro, intentando pensar en los aspectos positivos de aquello. Por lo menos la tendría, se apoyarían...
—Eso significa renunciar a mi feminidad.
El chico se detuvo de pronto, mirándola confuso.
—¿A qué te refieres con eso?
Con manos temblorosas, Marín colocó la máscara en su rostro. No le permitió verla por una última vez, no le advirtió lo que se avecinaba. Aioria recibió aquel último golpe, como una puñalada en su estómago.
—Significa que tú y yo, no podemos seguir juntos.
-THETIS-
Sabía que debía estar preocupada y temerosa, pero no era así. Realmente estaba aburrida. Levantó su vista para apreciar el interminable mar que la rodeaba y luego volvió su atención a su desayuno, mientras seguía intentando hacer una casa con los wafles, como había visto en una película.
No podía quejarse –bueno, talvez si porque técnicamente estaba secuestrada -, pero estaba llena de comodidades. Anfitrite había zarpado antes de que cayera la noche, le habían servido una cena exquisita y su recamara era impresionante. El cuarto de baño tenía el doble del tamaño del que tenía en su apartamento, y la cama era infernalmente cómoda. Debería darle vergüenza lo bien que durmió, dadas las circunstancia, pero si iba a morir y ser comida de peces, al menos tenían la decencia de darle unos lujosos últimos momentos.
—¿Más jugo? —asintió, aun concentrada en su proyecto arquitectónico y solo alzó la vista cuando escuchó como corrían la silla frente a ella.
Su mente quedó en blanco al ver a su secuestrador y fue incapaz de decir ninguna palabra, mientras le servían un desayuno él.
—Disculpa mi descortesía. Ayer me indispuse y no pude presentarme correctamente —le dijo con una ligera sonrisa.
Thetis solo asintió estupefacta. No necesitaba presentarse, ¡por supuesto que sabía quién era! No había ninguna adolescente que no conociera el nombre de aquel chico. Guapo, multimillonario y carismático, solo podía ser...
—Mi nombre es Julián.
—Soy Thetis —dijo en un hilo de voz, uno segundos después.
—Como la nereida, bonito nombre.
—Gracias —murmuró. Julián bajó su mirada al plato de desayuno y la chica sintió como sus mejillas se enrojecían al ver el semblante confuso del chico ante su obra. Bien, estaba quedando como una estúpida frente a Julián Solo. ¡Genial!
—Nunca imagine que se pudieran hacer eso con unos wafles...
—¿Por qué me secuestraste? —interrumpió, sin poder contenerse más. Al ver la perplejidad del chico, deseo, una vez más, golpearse a sí misma.
—¿Secuestrarte? Por qué haría yo tal cosa.
—No lo sé, tus hombres me trajeron hasta aquí amenazada. Creo que eso entra en la categoría de secuestro.
Julián soltó una carcajada y ya más relajado, comenzó a comer su comida.
—Lamento que sean tan... ¿bruscos? Supongo que es parte de su entrenamiento. Estas bajo un gran peligro Thetis y me gustaría poder ayudarte.
—No había nada peligroso en mi vida hasta que esos guardaespaldas tuyos comenzaron a perseguirme.
Julián sacó un folder donde estaban las fotografías de sus amigos.
—¿Los conoces?
—No —dijo tajantemente, pero la mirada significativa de Julián le indicaba que él conocía la verdad. —¿Sí? —agregó, casi pidiendo su aprobación.
—Mi familia tiene un trato con Kanon, para protegerlos. Comenzamos a actuar tarde, pero pensamos cumplir
—¡Señor! —Uno de los guardaespaldas interrumpió, visiblemente turbado. —Saga se encuentra en Oia.
—Pero ¿cómo...? No importa, debemos llegar antes de que se vaya. —el hombre desapareció tan rápido como llegó —¿Thetis, te gustaría acompañarnos?
—¿No me mataras o algo así verdad?
Julián soltó una leve risa y negó energéticamente.
—Prometo no hacerlo. Tengo la impresión de que serás una divertida compañera de aventuras.
—Bien, es mejor que ser secuestrada.
—Si quieres avisarle a alguien, en el bar hay un teléfono.
—Vivo sola... quiero decir están de viaje —se corrigió, al pensar que sería más seguro. Tal vez debería dejar de ver tantas series policiales, les estaban empezando a afectar.
Julián le tendió la mano para acompañarla y ella, sin pensarlo mucho, aceptó.
-SHION-
Los pies de Shion tocaron suavemente el suelo de Rozan. Permanecía tan inmutable como siempre y la paz del lugar le parecía irreal ante los acontecimientos recientes. Caminó lentamente hacia su viejo amigo, mientras las gotas de agua de la gran cascada refrescaban su cuerpo.
Dohko seguía ahí, sentado frente a la cascada, como hace 200 años atrás. Su cuerpo se consumía en un decrepito cascaron, dando la vida entera para cumplir una última misión. Se sentó junto a él y por unos minutos compartieron un agradable silencio, que solo los siglos de amistad permitían.
—¿Lo sentiste? —preguntó Shion. Y el anciano maestro asintió sin apartar sus ojos de la cascada.
—Una explosión de cosmos excepcional. No sentía algo así desde la última guerra santa. —Shion apretó los dientes, mientras recordaba como sus antiguos camaradas habían extinguido sus vidas uno a uno. — ¿Quién era?
—El menor de los gemelos.
Dohko lanzó un profundo suspiro y sus vivaces ojos verdes escrutaron el rostro de Shion.
—¿Cómo está el mayor?
—Logró romper mi telequinesis sin entrenamiento previo. Los guardias están buscando el cuerpo del menor, es lo menos que podemos hacer.
—¿Y el resto?
—Conmocionados, fueron atacados en una guerra en la cual no sabían que formaban parte —Shion observó el rostro confuso del anciano maestro y sonrió con tristeza —Fueron los Heinstein quienes enviaron a eliminar al chico. A el reemplazo del caballero de Géminis.
—Pero las almas de los espectros aún siguen selladas.
Shion alzo la vista a lo alto de la cascada. Sus ojos amatista miraron más allá de la capa de agua y su cosmos resonó ante la energía de su amada diosa. Más de doscientos años habían pasado ya, y en el sello, tan solo quedaba una sombra de lo que era el majestuoso cosmos de Athena.
—Y aun así la guerra santa ha comenzado —declaró el gran patriarca.
