Los personajes de Love Live Sunshine no son de mi propiedad.
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No, por favor.
Fue lo primero que pudo pensar al momento de bajar del vagón del tren y esperar a que el pasillo se vaciaría. Los empresarios, los trabajadores y los pocos alumnos que seguían yendo a la escuela a reponerse de algunas materias fueron directamente a la salida. Unas cuantas personas distraídas se quedaron recargadas en las paredes y las columnas; otros, apresurados, llegaron a la zona de abordaje solo para ver como las puertas se cerraban.
Era el típico movimiento de una estación en el Metro de Tokio, algo mermado por el horario. Irremediablemente pensaba en su antiguo hogar. La nostalgia fue lo primero que abordó en su cuerpo, hasta que volvió en sí y recordó que tenía que buscarla.
"Abajo del reloj verde de manecillas. Iré de negro."
Era tan ambiguo, como si no hubiera más gente entrando y saliendo con ropa del mismo color. Al menos, ella había sido más específica, diciéndole que llevaría un vestido rosa y una chaqueta de mezclilla con mangas a tres cuartos.
Se acercó a la columna que servía de base para el reloj y se quedó de pie ahí, mirando a diestra y siniestra, sin señal de la dichosa amiga de Hanamaru. Esperó por unos 5 minutos y desistió, sacó su celular y marcó el número que había registrado con el nombre de Yoshiko. Posó el suyo en su oreja y además de escuchar el pitido de su llamada, oyó el timbre de un celular cercano, casi opuesto.
– ¿Diga?
Escuchó contestar a sus espaldas y al mismo tiempo en la bocina de su móvil. Se movió, dio vuelta, rodeó la columna y la vio. No había mentido, vestía de negro, a excepción de la blusa vino que traía debajo de la chamarra de cuero. Era como ver a una persona desaliñada, con aspecto un tanto rudo y con exceso de buen estilo. Era, en pocas palabras, atractiva.
Ella pareció reconocerla, o eso le dio a entender el hecho de que terminara la llamada, se quitara los audífonos y guardara su celular.
No, por favor.
Volvió a pensar.
– ¿Riko?
– ¿Yoshiko?
Preguntaron con extraña armonía.
– Sí –contestaron al unísono.
Se habían visto con anterioridad, ambas en la biblioteca, en una de las pocas ocasiones que la peliazul iba a visitar a su amiga. Eran momentos en los que se dedicaban miradas de reojo, una por su incapacidad social y la otra por su cordialidad.
– ¿Vamos? –carraspeó Yoshiko.
– Sí.
– El lugar queda muy cerca de aquí –agregó la chica mientras empezaba a caminar.
Riko la siguió unos pasos detrás, era una extraña costumbre, observar a la gente que camina cercana a ella. Así fue como había descubierto distintas manías en sus amistades y familiares; su madre –al igual que ella– tendía a acomodarse el flequillo detrás de la oreja; Chika llevaba una de sus manos a su nuca cada que se sentía nerviosa; You unía ambas manos a sus espaldas antes de girar el cuerpo y encarar a la persona con quien hablaba; Umi a veces cerraba y estiraba los puños al caminar; su padre…
– El suelo parece un sujeto interesante, ¿eh?
– ¿Ah? –la pelirroja alzó la cabeza y se detuvo–. Lo siento –espetó, sin entender muy bien lo que sucedía.
La chica se volteó, tenía ambas manos escondidas en las bolsas de su chamarra, la miró con severidad, se encogió de hombros, giró sobre sus talones y siguió caminando.
Un par de calles adelante, Yoshiko se detuvo, entró a lo que parecía ser un edificio residencial blanco. Subieron por las escaleras, a pesar de haber un elevador, hasta el cuarto y último piso. Caminaron otro poco, Riko con el cansancio empezando a manifestarse en su cuerpo pero maravillada por lo que se veía desde esa altura, hasta que se detuvieron frente a la puerta adornada por un 4D.
Vio a la peliazul picar aleatoriamente un pequeño espacio negro que quedaba sobre la manija de la puerta, se escuchó un click y procedió a abrir el departamento.
La pelirroja se quedó de pie en la entrada, viendo el interior del austero departamento, se notaba vacío. Al entrar descubriría que era demasiado amplio para una sola persona. Yoshiko mantenía su mano extendida, invitándola a pasar.
– Con permiso –con voz sutil y una reverencia de por medio, se adentró al lugar.
– Propio, mi pequeño… –se detuvo en seco.
Al parecer Riko no la había escuchado, observaba el lugar con una mezcla entre asombro y confusión.
– ¿Vives aquí? –Recibió un asentimiento por respuesta–. ¿Tu sola? –Otro gesto idéntico–. ¿Cómo le haces para pagar este lugar?
En efecto, la curiosa Riko Sakurauchi, como la llamaba Hanamaru, se había manifestado. Acorde a lo que su amiga le había dicho y había supuesto que preguntaría, habían inventado una historia –en caso de que ella no quisiera revelar la verdadera– para responder todas sus dudas.
– El edificio es de un familiar –una verdad a medias– y me renta el lugar a muy bajo costo –una mentira.
– Ya veo…
– Tu habitación sería aquella –señaló el cuarto que había limpiado con ayuda de su mejor amiga–. Mi habitación es la que está frente a la tuya, la otra es un… almacén. El baño está al fondo –se movió y se dirigió a la sala–. De este lado está la cocina –caminaba al paso que mostraba el lugar–. Aquí hay un balcón donde podrás colgar tu ropa, si no quieres usar la azotea de compartimiento común. Aunque en realidad tengo secadora así que…
– Espera, espera –se acercó al balcón, salió y señaló la escuela que ya conocía desde hace un año–. ¿Esa es Otonokizaka?
– Sí –se acercó a ella, pero no salió por completo–, necesitaba acercarme a mi futura escuela.
– ¿Tú también? –Ladeó la cabeza para verla– ¿También estudias ahí?
– Voy a estudiar ahí, Teatro –mostró su blanquecina dentadura con una sonrisa, mientras inflaba su pecho y ponía ambas manos en sus caderas.
La pelirroja abrió los ojos y regresó su vista a la Universidad. Su transcurso diario desde el Dojo Sonoda era diferente, fue consciente de lo cerca que le quedaba su escuela desde aquel departamento, por ende, su trabajo también. Sonrió al sentir una brisa de aire revolverle el cabello, acto reflejo, se llevó el flequillo detrás de la oreja.
– ¿Cuándo puedo empezar a traer mis cosas?
– ¿Eh? –La rápida aceptación de la chica la sorprendió– ¿No tienes otras preguntas?
– Supongo que la renta –se giró y se recargó sobre la barandilla del balcón.
– 15, 000 yenes –también se había puesto de acuerdo con la castaña para establecer una renta cómoda.
– ¿En serio? –sus ojos brillaron al ver a Yoshiko asentir–. Entonces es un trato.
…
…
Dos pares de ojos ambarinos y una mirada gris estaban sobre ella, todas eran severas, pero agradecía estar inclinada, haciendo una pronunciada reverencia en señal de agradecimiento y disculpa.
– Yo estoy de acuerdo –el primero en hablar fue el hombre, hermano de su madre, la evidencia era el color de su cabello–. Quizá Umi podría seguir el ejemplo de su prima.
– ¡Padre!
El hombre soltó una estruendosa risa, mientras la nombrada mantenía el ceño fruncido y un notorio sonrojo que le arrebolaba hasta las orejas. La mujer ablandó la mirada y le sonrió a su hija.
– Mientras sepas que puedes regresar cuando quieras, no te detengo.
Umi no le había mentido, sus tíos no impedirían que ella creciera, aunque fuera lejos de casa. Seguramente, lo más difícil sería hacerle saber a su madre que ya no vivía con sus tíos. Confiaba en que el hecho de decirle que compartía los gastos con alguien más le tranquilizara, siempre y cuando le dijera que era una amiga. Ya lo había pensado y era preferible pedirle disculpas a pedirle permiso. Después de haberse alejado por años de ella y luego ir lejos a la universidad, lo que menos podía hacer era decirle la verdad sobre su situación, sin ceder.
Aquel día sus tíos le organizaron una pequeña despedida, a pesar de saber que la chica permanecería otros días en casa, hasta que fuera su día libre en el trabajo y pudiera moverse. Llamó a sus amigas y les avisó que había encontrado un espacio, ambas se ofrecieron a ayudarla el día de la mudanza. De igual manera, Umi estaba dispuesta a apoyar, empero, sus intenciones eran ir al lugar y ver qué clase de persona viviría con su prima.
Los días pasaron, Riko quedó con Yoshiko en que el miércoles a las 11 horas llegaría con un par de personas a dejar gran parte de sus cosas. Su tía había sido lo suficientemente amable para regalarle el futón que ocupaba para dormir en la misma habitación que su prima. Su tío le había dado un poco de dinero por si llegaba a necesitarlo.
Y así, desde el Dojo Sonoda, 4 personas iban con las pertenencias de la pelirroja en las manos. Al llegar al edificio, la primera en manifestar su asombro fue la pelinaranja.
– ¡He visto este edificio desde la azotea de la escuela!
– Tienes razón, Chika-chan.
– ¿En qué piso vas a vivir?
– En el último –rió nerviosamente.
– ¡A la orden! –casi pudo ver a su peligris amiga hacer un saludo de marinero.
Riko se adelantó para ver si funcionaba el elevador, sintió alivio al ver que así era. Sus amigas y su prima la alcanzaron. Umi había permanecido en silencio gran parte del camino, sin embargo, tener de compañía a las amistades de Riko, le daba nostalgia. Era como verse a sí misma unos años atrás con sus dos amigas de la infancia.
Al abrirse las puertas, las cuatro contemplaron el paisaje.
– ¡Desde aquí se ven los Jardines del Este del Palacio Imperial! –exclamó Chika, dejando las pertenencias de Riko en el suelo.
– ¡Chika-chan, ten más cuidado! –reprendió You.
– No importa, a ella no le di cosas frágiles –se escucharon las risas de las tres menores.
Siguieron su curso hasta dar con la puerta 4D, Riko tocó sutilmente y Yoshiko abrió. Sus ojos se agrandaron al ver a las 4 personas que estaban en la entrada, la pelirroja había dicho que serían un par de personas, pensó que sólo se traba de ella y alguien más. Tragó saliva.
– Hola, Yoshiko –Riko le sonrió desde detrás de la caja que llevaba en las manos.
– ¿Les ayudo en algo? –preguntó, haciéndose a un lado para dejar pasar a las chicas.
– No te preocupes, ahorita me hago bolas con ellas –se rió por lo bajo.
Yoshiko escuchó un Yousoro provenir de una de las chicas. Vio a Riko liderar el camino que seguían, tan precipitada había sido la decisión de la pelirroja que no le sorprendió escuchar otra voz exclamar sobre lo grande que era la habitación. Sonrió para sí misma. Se dirigió a la cocina para preparar una jarra con agua y unos vasos de vidrio. Giró su cuerpo para ir a la recámara, pero una mirada carmín y curiosa estaba sobre ella.
– Hola –la saludó con una sincera sonrisa–, de parte de la familia Takami –le extendió una bolsa de papel con algo en su interior.
– Gracias… –hizo una pausa mientras tomaba el regalo, esperando que la chica se presentara.
–Chika, Takami Chika-
– Yoshiko, Yoshiko Tsushima –imitó el tono que hizo la pelinaranja al presentarse.
Ambas se sonrieron. Chika con un movimiento de cabeza le anunció que tenía que regresar, la peliazul asintió y la vio desaparecer. Cuando se quedó sola, decidió ver lo que había en el interior de la bolsa. Mikan, el único fruto que no le gustaba. Era irónico, pero la mala suerte siempre estaba de su lado. Por algo había sido Yohane, el ángel caído, condenado a una vida de oscuridad.
Dejó la bolsa en los mesones de la cocina. Volvió su vista a los vasos y el agua que recién había servido, ahora temía que a mitad del camino se le cayeran. Suspiró. Decidió llevar dos vasos primero y luego otros dos.
– ¿Te ayudo? –Le preguntó una voz gentil–, pareces tener dificultades.
Umi no esperó respuesta de la menor, sino que se acercó y tomó los otros vasos en sus manos.
– G-gracias –carraspeó.
Se encaminaron a la habitación de Riko. Umi anunció que traían agua y todas dejaron los que hacían para ir por los vasos que les extendían ambas peliazules. Bebieron el agua, unas más rápido que otras, regresaron los trastos y de nuevo, las dos, se dirigieron a la cocina.
– ¿Así que rentas este lugar?
– Sí –contestó, mientras depositaba los trastes sucios en el lavadero.
– La renta es ridículamente baja para el distrito en que se encuentra –comentó, recelosa.
– Es de un familiar.
– Ya –la mayor se cruzó de brazos–. ¿De dónde se conocen tú y Riko?
– Tenemos una amiga en común –al menos en eso no mentía.
– ¿Estudias, trabajas?
– Ambas –verdad a medias.
– ¿Qué estudias?
– Voy a estudiar Teatro.
En ese momento Umi detuvo su bombardeo de preguntas, se le quedó mirando y entrecerró los ojos. Suspiró y le sonrió.
– Entonces nos veremos pronto –se acercó a ella y, tomándola de un hombro, agregó–, estaré al pendiente de Riko.
Eso fue lo último que le dedicó Umi antes de anunciarle a su prima que se retiraba. Las otras chicas se quedaron acompañando a Riko por unos minutos, después, siguiendo el ejemplo de la mayor, se retiraron a sus respectivas casas. Y únicamente así, Yoshiko se acercó a hablar con la pelirroja.
Al recargarse en las jamba de la puerta que daba a la habitación de su nueva inquilina, la vio tirada en el suelo con los ojos cerrados, los brazos totalmente extendidos y las piernas ligeramente abiertas. Las cajas que habían traído estaban acomodadas en un rincón, al igual que el futón. Lo único que habían acomodado era su teclado y un pequeño escritorio.
– Pareces cansada –empezó la plática–, y pensar que en tu trabajo cargas más cosas.
– Es cansancio emocional –contestó sin abrir los ojos–, la libertad me sabe extraña.
– ¿Libertad? ¿Por eso querías salir de tu casa?
– Quizá –levantó el torso y se quedó sentada en el suelo, mirando desde abajo a su compañera con una sonrisa de por medio–. Estoy expectante, no sé qué pasará, pero tengo un buen presentimiento.
Yoshiko no supo que contestar a aquello, parecía que la pelirroja hablaba para sí misma. Decidió dejar de lado el tema y preguntarle si se quedaría. Así fue. Sería la primera noche que la chica pasaría en el lugar. Ninguna dijo algo al respecto.
…
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Aquel sábado decidió ir por su amiga al trabajo para invitarla a cenar, sabía que a Hanamaru le tocaría cerrar la biblioteca porque Riko ya se encontraba en el departamento.
Se sentía extraña. Su vida había cambiado drásticamente. El pasado miércoles su nueva inquilina se había quedado a dormir y ella fue incapaz de juntar pestañas, así que decidió jugar videojuegos hasta que se hubo cansado. Al día siguiente se acordaron otras cosas, ella le brindó la contraseña del departamento, mientras Riko le había dicho que le ayudaría con los gastos del hogar, eso incluía comida y servicios.
Después, la pelirroja sólo regresaba al lugar a dejar cosas, pues le había dicho que pasaría los últimos días con sus tíos antes de entrar a la escuela y separarse oficialmente de ellos. Sus entradas y salidas la mantenían alerta, no porque pudiera estar haciendo algo indebido, sino que había cosas en su vida que celaba, por eso mantenía la otra habitación cerrada.
Extrañamente, ese día que había regresado Riko de trabajar, le había dado la primera mensualidad. Por ello decidió salir, porque no supo lidiar con el dinero y sus pensamientos.
Llegando a la biblioteca, le solicitó a la castaña que avisara en casa que regresaría un poco tarde, que ella se encargaría de llevarla. Después, se dirigieron a una cafetería, donde Hanamaru pidió un anpan y un té; mientras Yoshiko ordenó un chocolate frío y una crepa con crema de avellana y fresas.
– Espero no estés malgastando tu dinero en mí, zura –dio un bocado a su comida y pareció disfrutarla.
– No, te iba a dar esto –le extendió la bolsa de papel que le habían regalado–. Me la dio una amiga de Riko.
La castaña la tomó la bolsa y miró en su interior, sus ojos brillaron al ver una gran cantidad de mikan en perfecto estado.
– ¡Debes hacerla tu amiga, zura! –agregó con una sonrisa.
– ¿Para tu beneficio? –un pedazo de anpan lo dirigió a sus labios– No.
– Mou…
– Zuramaru.
– ¿Sí?
– No sé si pueda acostumbrarme a Riko.
– Lo harás, zura –le dio un sorbo a su té–. Sólo ten paciencia, créeme cuando te digo que es una persona interesante, zura.
– No me refiero a eso –un leve sonrojo se posó en sus mejillas.
– Ara, ara –sus amielados ojos la escrutaron–. ¿Qué sucede?
– Nuestras vidas son totalmente distintas.
– ¿Te gustaría vivir con alguien similar a ti?
– No, pero aunque sea más cercano –suspiró–. Alguien como tú, por ejemplo.
Hanamaru permaneció en silencio, pensando momentáneamente, suponiendo lo que pasaba por la mente de su amiga. Si bien la conocía, podía asegurar que estaba temerosa de que alguien más la conociera y la rechazaran. Otra vez… Sin embargo, sabía que la pelirroja, a pesar de su aparente rectitud, tenía sus peculiaridades, como todos. Le sonrió con ternura a su amiga, quien la miraba exigiendo una solución.
– ¿Recuerdas cómo nos hicimos amigas, zura? –preguntó.
– Sí, me defendiste de unas personas que me estaban molestando.
– ¡No eso! –se rió–. Me refiero a la forma en que te acercaste a hablarme.
– Sí, te pedí que fueras mi fiel seguidora.
– Pues algo similar debes hacer con Riko.
– ¿Perdón? –la perplejidad se dibujaba en su rostro.
– Sólo hazlo.
Tomó el tenedor y cuchillo de su amiga, cortó un pedazo de crepa y le extendió la comida a la peliazul. Yoshiko la miró avergonzada, pero la sonrisa de la castaña le impedía negarse a tales actos por demás cariñosos. Tragó saliva, acercó sus labios al trozo de comida que le ofrecían y lo devoró, para rápidamente quitarle sus cubierto y ella encargarse de lo demás.
De regreso, se fueron en tren al templo de los Kunikida. Los padres de Hanamaru conocían a Yoshiko desde que era pequeña y aunque les parecía una chica extravagante, aceptaban y valoraban la amistad que le brindaba a su pequeña.
Antes de llegar a los aposentos de la castaña, pareció recordar algo. Se volvió a su amiga que iba unos pasos atrás.
– ¿Ya sabes por qué Riko-chan se muda de casa de sus tíos?
– Creo… –se quedó pensando–. Libertad.
– Oh… –una mueca siniestra se formó en su rostro– ¿Libertad o libertinaje, zura?
La peliazul entrecerró los ojos y de repente pareció alarmarse.
– Oye, el Dojo Sonoda, así como la misma Umi, parecen muy rectos, zura –giró sobre sus talones y continuó su camino, faltaban unos pasos para llegar a su hogar–. Decentes –escuchó los pasos de su amiga a su espalda, los cuales se detenían–. ¿Será que Riko-chan busca esa clase de libertad?
Y volvió a girar, para encontrarse con el rostro contrariado de Yoshiko.
– No creo, zura –sonrió con dulzura, se acercó a la peliazul, le depositó un beso en la mejilla y, despidiéndose, desapareció en el interior de los confines templo.
El estado de alarma de Yoshiko creció.
Está de más decir que de nuevo no pudo conciliar el sueño, que prefirió jugar videojuegos hasta escuchar la puerta de su departamento ser abierta y así, con pantalón de franela, una sudadera holgada con estampado de comics de Batman, calcetines negros y ojeras casi del mismo tono, fue a saludar hoscamente a la recién llegada.
– ¡Sakurauchi, tienes prohibido traer a tus novios!
...
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N/A:
Tenía (quizá tengo aún) un bloqueo para escribir (o quizá es desgana/pereza). La música es mi mayor aliada :3
No tengo mucho que decir de esta historia. Los siguientes capítulos ya van de lleno a la vida estudiantil de Riko y Yoshiko (y claro, a su vida como compañeras de cuarto XD).
A los que le dieron seguir y en favoritos, muchísimas gracias.
A quienes leyeron, gracias igualmente.
Al comentario de AaronVS3, espero no defraudarte y que te guste el camino que va a tomar la historia :3
¡Hasta la próxima!
