Los personajes de Love Live Sunshine no son de mi propiedad.
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Se pasó el fleco detrás de la oreja y lo sostuvo con un broche adornado con una flor rosa pálido. Se sonrió a si misma en el espejo, se dio el visto bueno y salió del baño.
Hizo una nota mental: comprar un espejo más grande para el cuarto.
Regresó a su habitación, tomó sus pertenencias y se detuvo en el pasillo. La imagen que ofrecía la puerta abierta de la recámara de Yoshiko no distaba mucho de la que había encontrado recién despierta. Incluso habiendo pasado poco más de una hora, la chica permanecía dormida en la misma posición. ¿Quién era capaz de dormir boca abajo? Su compañera. Hacer ruido en la cocina no había bastado para despertarla, meterse a bañar tampoco. Dudó en despertarla o dejarla dormir, era su primer día de clases en la universidad, debía ser puntual ¿no?
– ¿Por qué mis días no pueden ser normales? –susurró y suspiró resignada.
Al alzar la vista, vio que su compañera daba señales de vida y después de unos segundos yacía sentada en su cama. Le dedicó una mirada soñolienta, un pronunciado bostezo y con la conciencia recuperada pasó a frotarse los ojos.
– Buenos días –le saludó desde el pasillo–. Ya me voy a la escuela, te dejé de lo que me preparé para desayunar.
La menor permaneció sentada, con las piernas cruzadas y ligeramente encorvada. Pestañeó varias veces y procedió a estirarse.
Todo aquello parecía una especie de ritual que sentía no debía presenciar.
– Gracias.
Riko carraspeó, hizo una reverencia y, con un ligero sonrojo, giró su cuerpo para seguir su camino. Una extraña sensación la detuvo en medio de lo que se suponía debía ser una sala, la parquedad de muebles era algo con lo que su obsesiva mente debía lidiar. Ya no vivía en el dojo. Ladeó el rostro y vio la cara de su compañera asomándose por la puerta de la habitación. Ella le sonrió y con la señal de paz en su mano se despidió de ella.
– Ten un lindo día, Riko.
Le sonrió con sutileza y salió del departamento. Aquella chica sí que era rara. Ayer en la noche había sentido que estaba molesta con ella y apenas demostró lo contrario. Habría que acostumbrarse.
Siguió su camino hacia la universidad, iba más temprano de lo que requería su horario, pero había quedado de verse con sus dos amigas. Las 3 estudiaban cosas diferentes, la razón por la que se conocían era el hecho de que Chika y ella estudiaban en la misma facultad. El primer año tuvieron la fortuna de coincidir en varias clases, pues los dos primeros semestres la mayoría de las asignaturas cursadas eran tronco común, salvo un par de materias especializadas en el área. Chika iba para canto, ella para piano, ambas en la facultad de música. El caso de You era distinto, ella estudiaba turismo, por lo que el puente había sido la pelinaranja, su amiga de la infancia.
Estaba a casi nada de llegar a las inmediaciones de la universidad, en una de las entradas vislumbró la cabellera naranja de su amiga. Ella pareció reconocerla y la saludó con una mano desde la distancia. Chika siempre presumía de una energía inigualable. Al cercarse más pudo detallar su apariencia, una blusa blanca holgada a tres cuartos, pantalones boyfriend deshilachados, converse naranjas; no podía negarlo, tenía un estilo andrógino del cual seguramente ni siquiera ella era consciente.
– Chika-chan –saludó con una sonrisa.
– Creo que me emocioné y llegué antes –se llevó una mano al cuello mientras sonreía.
– ¿Y You-chan?
– Me dijo que no podría llegar con nosotras pero que nos vería en alguna hora libre que tuviera–empezó a caminar al interior de la universidad con Riko siguiéndole el paso.
Chika llevaba la misma bandolera desde que la había conocido, con un pequeño llavero de mikan colgado de la cinta de la hombrera. Siempre la usaba cruzada, dejando la bolsa a sus espaldas para así poder meter las manos en los bolsillos de su pantalón o sudadera.
– No tenemos clases compartidas, ¿cierto? –preguntó la pelinaranja, quien solía ser la que lideraba las pláticas entre ellas.
– No, te han cambiado Historia de la Música Universal por japonesa –contestó, acercándose a ella para quedar a su lado.
– Diferentes salones, diferentes clases –suspiró, se llevó ambas manos al cabello–. ¿Te diste cuenta de cuantas materias tengo este semestre?
– Desde primero has tenido más que You-chan y yo –rió suavemente, llevándose una mano a los labios.
– Si tan sólo hubiera puesto Piano y no Piano aplicado al canto, quizá estaríamos juntas –volvió a suspirar, con pesadez.
– No es posible –le apretó el hombro, tratando de animarla–. Las clases de piano que nos imparten son diferentes a las que dan en canto.
– Mou, Riko-chan es una persona fría –hizo un puchero y siguió caminando.
Llegaron a la Facultad de Música y se pusieron a buscar sus respectivos salones. Por el horario que tenían, sabían que Chika sería la primera en irse para asistir a su primera clase. Disfrutaron el corto tiempo con el que aún contaban, Riko le platicó los pormenores de su nuevo hogar y de la actitud tan extraña que había tenido Yoshiko el día pasado, prohibiéndole llevar a sus parejas, siendo que ella no tenía. Rieron y pronto fue momento de despedirse.
Una vez a solas, fue sin dilación a su salón. Dentro de su carrera, Riko Sakurauchi era conocida por ser la preferida en su generación por el maestro de piano, por saber responder a diferentes preguntas que hacían los maestros de Historia de la Música, Interpretación y Lectura de partituras, por ser la única que venía de una escuela distinta –además extranjera– y por tener aspiraciones lo suficientemente grandes como para esforzarse incluso más. Por lo tanto, causaba cierto desasosiego entre sus compañeros y al mismo tiempo, una distanciada admiración. De ahí nacía la cordialidad con la que sus compañeros la trataban, de eso y de la misma actitud que ella tenía para con ellos.
Riko era amable pero seria, cordial pero fría, apasionada pero severa. Ante los ojos ajenos había un sinfín de contradicciones que se izaban en ella y formaban una muralla de incomprensión que servía para mantener alejados a los curiosos. Salvo a Chika Takami, quien más que ser curiosa, era despistada. Y la pelirroja lo agradecía.
Los demás alumnos fueron llegando poco a poco, algunos la saludaron amablemente, otros sólo pasaban a sentarse o a hablar con sus compañeros. Su primera clase del día era Psicopedagogía musical. La maestra no tardó en hacer aparición y, después de pasar lista, comenzó con su clase.
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– Sí, te digo que voy con tiempo –le dijo a su bocina del celular–. Tú tranquila, Zuramaru, en cuanto pueda, iré a visitarte. Suerte con tu clase.
Lo único que podía alegrarle de iniciar de nuevo con el ciclo, era saber que en la universidad las presentaciones eran innecesarias y menos en un espacio donde la gente iba para dedicarse a ser otras personas. O al menos así era como ella lo veía.
Sin embargo, mientras más se acercaba a su destino, más rápido le latía el corazón y no por la emoción, sino por un nerviosismo que temía se le fuera al estómago. No era momento de flaquear, para ello se había preparado y no sólo académicamente. Empero, no podía celebrar que sus habilidades sociales hubieran mejorado.
Al llegar a la Facultad de Artes Escénicas, buscó los salones de la Escuela de Teatro y fue directamente al suyo. Estaba a cinco minutos de iniciar su clase, Riko había sido muy amble en prepararle el desayuno, porque así pudo recuperar el tiempo que había perdido quedándose dormida.
Al entrar al salón dio directamente con una multitud ya animada. No estaba acostumbrada a aquello, los primeros días siempre eran incomodos para todos, ¿no es cierto? Sería momento de aplicar los conocimientos que había adquirido en un curso de actuación que había tomado, en el cual su maestra le había dicho: Frente a los otros, siempre somos personajes. Yoshiko era su personaje, ella lo sabía. Y aún así, se estaba encarnizando en ella.
Buscó el lugar más próximo que estuviera vacío, lo encontró detrás de una rubia que permanecía callada y cabizbaja, parecía ser de procedencia extranjera.
– Ptss.
Escuchó que alguien llamaba, en la puerta estaba asomándose una chica de cabello castaño rojizo y con ojos azules.
– Ey, Alisa –volvió a llamar.
La chica dirigió su vista a Yoshiko y le hizo señales para que llamara a la rubia que tenía enfrente. Tragó saliva, así era como empezaba y esperaba no estropearlo.
– Despistada, te hablan –una joven se había adelantado a ella, iba entrando al salón.
– ¿Eh? –la rubia levantó el rostro–. ¡Yukiho! –se puso rápidamente de pie para ir con su amiga.
La recién llegada se sentó a su lado. Poseía una dura mirada con un color de ojos similares a los suyos.
– No soporto a las personas inseguras –fue lo primero que le dijo–. El teatro no está hecho para ellas, ¿no crees?
La peliazul se le quedó mirando. Vestía una chamarra de cuero negra, pantalón oscuro, tenis grises y una blusa que semejaba sus iris magentas; era una combinación de colores que sin duda ella utilizaría. Sonrió para sí misma, lo que la otra interpretó como la aceptación de su argumento.
– Leah –extendió su mano.
– Yoshiko –le dio la suya.
Ambas vieron a la rubia regresar y con un ligero sonrojo agradeció a Leah el haberle avisado sobre la presencia de Yukiho.
Sonó la campana y así dio inicio su primera clase del semestre: Actuación. El maestro llegó un par de minutos después y con un sonoro aplauso dio aviso de su presencia. Esperó a que el orden reinara en la habitación.
– Buenos días, jóvenes.
– Buenos días –escuchó la unísona respuesta de los alumnos.
– No quiero aburrirlos ni aburrirme con sus presentaciones –una pausa donde se manifestaron un par de risas–, así que empecemos con algo más divertido: una pregunta.
Un abucheo grupal, en el que no participaron ni Yoshiko ni Alisa.
– ¿Cómo se trabajan los personajes en la actuación?
Un silencio, varias manos alzándose. El maestro señaló a un alumno con la mano en alto.
– Mediante el guión.
– Muy básico –hizo un movimiento con las manos de descartar la idea y volvieron oírse las risas–, ¿alguien más?
Un par de manos dubitativas cedieron y bajaron, sólo un par quedaron en el aire.
– La chica de la ventana.
– Con las acotaciones actorales.
Las manos del docente se juntaron y las puso cerca de sus labios en señal de reflexión.
– Bien –dijo no muy seguro–, ¿quién puede decirme qué son las acotaciones?
– Información adicional que pone el guionista para una mejor interpretación.
– ¡Exacto! Por eso me gustan los salones de Teatro, son tan participativos todos –aplaudió y volvió a ver a la que anteriormente había contestado–. Acorde a esto, señorita, ¿las acotaciones actorales lo son todo?
– No…
Yoshiko escuchó la risa burlona de Leah, quien al instante alzó la mano para participar.
– Aún no se asustan, ese es el espíritu –agregó, señalando a la Leah.
– Para darle vida a un personaje es necesario conocerlo, sentir y vivenciar todo lo que pasa en la obra, y no sólo el libreto, sino atreverse e ir más allá – su tono detonó seguridad.
– ¡Muy bien! –una sonrisa se dibujó en la chica– Pero… hace falta algo.
Los ojos oscuros del maestro pasaron por todos los presentes en el salón. Tras unos segundos de espera, vio que otra mano se alzaba no muy segura.
– Dinos.
– Es importante vivenciar al personaje, pero también lo es representarlo estéticamente, vestirlo y adaptarlo a nuestro cuerpo, sentir sus lesiones, sus incapacidades y darle vida por completo –la voz de Yoshiko había empezado baja, pero subió gradualmente–. De nada sirve un militar en traje.
– ¡Perfecto! –volvió a aplaudir–. Chicos, con todo esto quiero que se den cuenta que materializar un personaje no tiene una guía absoluta, pueden darte consejos, pero los pasos a seguir tú los pones. Dicho esto –un respiro–, hay dos formas básicas de hacerlo. De la carcasa para adentro y de las vísceras a la cubierta. Es decir, vistan al personaje, caminen como el personaje, hagan sus poses y luego piensen como él. O al revés.
Varios murmullos, oscilando entre el asentimiento y la negación, se manifestaron en el salón. El maestro volvió a escanear el salón y señalando a Arisa y a otro compañero, luego continuó.
– Ustedes dos serán los primeros en participar. Acompáñame.
El hombre sacó a los dos alumnos al pasillo. Yoshiko y Leah se miraron mutuamente.
– Buena respuesta, Yoshiko.
– Lo mismo digo.
Ambas volvieron a sonreírse. El maestro regresó con los alumnos y así los demás presenciaron la primera actividad de la clase. Se les había encargado que trajeran a la vida a un matrimonio viejo, en el cual el hombre, tras enterarse que padece una enfermedad terminal, decide contarle a su esposa que tiene otra familia y que quiere divorciarse para ser feliz lo que resta de sus días con los otros. Para sorpresa de Leah, Arisa encarnizó al personaje con maestría y elegancia.
Todos aplaudieron al finalizar la pequeña escena, inclusive el maestro. Yoshiko se acercó a la pelimorada, tocó su brazo y cuando tuvo su atención, le comentó en voz baja.
– A diferencia de lo que tú crees, yo pienso que el teatro es para todo aquel que busque otras realidades. Frente a los otros, siempre somos personajes. Y no sólo uno, sino varios.
– Tsk –bufó Leah con una sonrisa divertida en los labios–. No me gustan las sorpresas, ni que me agarren desprevenida, Yoshiko.
– Maestro, perdón que interrumpamos, ¿podemos robarles unos minutos a sus alumnos?
Ambas voltearon al frente y dieron con la directora de la Escuela de Teatro en la puerta, seguramente daría un mensaje. El silencio se hizo presente en cuestión de segundos. El maestro la dejó pasar y así se dieron cuenta de que venía con otras personas, entre las cuales Yoshiko sólo reconoció a Umi, la prima de Riko.
– Buenos días, chicos. Seré breve. Hoy les traemos una importante noticia, de la cual nos orgullecemos todos. Por primera vez se abre la convocatoria para la participación en la obra de teatro escolar para los alumnos de nuevo ingreso, antes abierta únicamente para los de tercero en adelante.
La sorpresa y emoción no tardó en hacerse presente, Yoshiko y Leah volvieron a verse para después regresar su vista al frente.
– Asimismo, hemos logrado que la participación de las otras facultades en el área de las artes se sume, es decir, será un evento más grande. De esta manera, los alumnos de literatura podrán participar en la creación del guión. Los de música en la musicalización de la obra. Los de artes plásticas y diseño en el vestuario y promoción del evento. Y por supuesto, nosotros como principales actores.
Yoshiko mantenía la vista en la directora, pero la insistente y pesada mirada de alguien más le hizo dirigir sus ojos en aquella dirección, Umi la observaba.
– Lo que se debe hacer es la propuesta. Empezaremos con los guiones y de ahí nacerá todo. En su caso, no serán propuestas, sino audiciones. Aquí tengo a los alumnos representantes de cada facultad, quienes formarán parte del grupo de jueces, por lo tanto, no podrán participar. Por favor, preséntense ustedes.
– Umi Sonoda, estudiante de Literatura Clásica, séptimo grado –una reverencia por parte de la peliazul.
– Maki Nishikino, estudiante de Música, quinto grado –una de sus manos dio con un mechón de su cabello, su sonrojó crecía mientras empezaba a jugar con él.
Los ojos magentas de Yoshiko viajaron de Umi a Maki. Conocía a la pelirroja por su prima Nico, sin embargo, era información que no podía compartir.
– Kotori Minami, estudiante de Diseño, séptimo semestre –una cálida sonrisa.
– Eli Ayase, egresada en Teatro.
Sí, también a la rubia la conocía por el revuelo que había causado cuando, al salir de la carrera, consiguió un trabajo envidiable en una de las compañías de actuación mejor pagadas. Las malas lenguas decían que se trataba de un trato sucio, sólo pocos sabían que era obra de su excelencia como actriz y una cuestión de suerte, pues el dueño había asistido a la obra estudiantil en la que ella participó.
– Eli es egresada, seguramente algunos ya dan con su nombre, y por puro amor a su casa ha aceptado ayudarnos con el proyecto –de nuevo, los murmullos se manifestaron entre los alumnos–. Dicho esto, si ustedes desean participar en otras áreas, también podrán hacerlo, sólo es cosa de que se informen y lo den todo de sí. Para más información, la convocatoria con sus lineamientos está en la página de la escuela. Cualquier duda que surja posteriormente, será resuelta por las autoridades o sus compañeras –la directora giró su cuerpo hacia el maestro–. Eso sería todo, muchas gracias.
Así fue como salieron todas, Yoshiko escuchó algún comentario de pésimo humor relacionado con el cuerpo de jueces lleno de mujeres, por otro lado, alguno sobre Eli, en otra dirección hablaban de Umi y muy pocos eran los que decían algo sobre el gran evento. Volvió sus ojos a Leah, quien parecía estar meditando la situación. Cuando ella ladeó el rostro para verla, pudo observar la determinación en persona. Sólo ellas sabían lo que significaba que las siempre ganadoras tuvieran prohibido participar: una valiosa oportunidad.
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– ¿Vas a participar?
– No lo sé. ¿Tú?
– Dijeron que podemos hacer una propuesta en parejas o en grupo –miró al cielo con sus rubís, estaba despejado, completamente azul–. Puede que mis clases de Piano aplicado al canto sirvan de algo ahora, Riko-chan.
– ¿Quieres que participemos juntas? –sus ojos amielados se abrieron, vio a su amiga voltear a verla con una mano en la cabeza y, con un ligero sonrojo, asintió–. Lo pensaré.
– ¡Vamos, Riko-chan! –juntó las manos y agachó la cabeza en señal de súplica.
Esa fue una de las pocas veces en las que, caminando, Riko rebasó a Chika y la dejó atrás. Se detuvo unos pasos delante y extendiendo su mano hacía la pelinaranja agregó:
– No te quedes atrás, Chika-chan.
La nombrada suspiró derrotada y siguió caminando hasta quedar a la par de la pelirroja.
– Sabes que a Nishikino-san no le agrado… –la miró a los ojos–. Pero puedo intentarlo por ti –escuchó salir de sus labios en aquel tono tan específico que utilizaba únicamente con ella.
La pelirroja sintió un poco de calor en el pecho al soltar aquellas palabras, quizá fuera obra de la entrante primavera. Eso debía ser. Se llevó el flequillo detrás de la oreja, aunque ya estuviera ahí, sólo como un recordatorio del efecto que el olor de los cítricos le provocaba.
– ¡Genial! –festejó la pelinaranja.
– ¿Qué tanto festejan ustedes dos? –la voz de una tercera persona se unió a su plática, era una ya conocida.
– Riko-chan accedió a participar en la convocatoria para la obra de teatro conmigo –presumió con una pronunciada sonrisa.
Los ojos azules de You viajaron de los dientes blancos de su amiga de la infancia a la sutil curva que portaba Riko en su rostro. Ella también sonrió, pero no por la misma razón.
– Los de artes siempre se divierten más que los de humanidades.
– Oye, no puedes quejarte, ustedes salen de viaje cada año.
– Cierto.
Las tres rompieron en risas y continuaron su camino a la salida de la escuela.
You era diferente de ellas dos, siempre había gozado de ciertos privilegios y de renombre debido a que su padre era capitán de un barco crucero perteneciente a la familia Ohara. A manos de la primogénita de los empresarios Ohara, Mari, ella entendió que la preparación de los viajes era tan divertida como la idea de ser capitán. Sin embargo, una vez terminada su carrera y con el diplomado de cruceros en sus manos, iría de lleno a aprender navegación marítima.
Además, era querida por maestros y alumnos, no sólo por sus notas sobresalientes, sino por sus capacidades deportivas y disposición para ayudar a los demás. Lo que también le generaba un número considerable de pretendientes, no importando el género. Sin embargo, ante toda declaración, ella se disculpaba. Nadie lo sabía, excepto ella, pero su corazón ya estaba ocupado.
– ¿Te irás a trabajar tan pronto, Riko-chan? –preguntó You, al ver que la pelirroja era la única que se despedía.
– Sí, ahora que tengo más tiempo antes de que empiece lo pesado –suspiró–. Cuídense.
La pelirroja abrazó a ambas y partió hacía su trabajo.
– ¡Yousuro!
– ¡Nos vemos mañana, Riko-chan!
Los ojos azules dieron con los iris carmín de su amiga, el gruñido del estomago de Chika le obligó a sonreír con soltura.
– ¿Tienes hambre, Chika-chan?
– ¡Sí, vamos a comer! –declaró con el puño al cielo.
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N/A:
No sé de dónde me salió tanta inspiración y tantas ganas de escribir, pero realmente lo disfruté.
Espero no hacerme bolas con tanto personaje ¡y tampoco a ustedes! Por eso llevo una libreta con las notas correspondientes xD Mi cabeza está maquinando cosas raras para esta historia…
No tengo mucho que decir, así que muchísimas gracias a quienes comentaron :3 y a quienes han leído hasta este capítulo. Cualquier duda, comentario o sugerencia, es bienvenida.
¡Hasta la próxima!
