Los personajes de Love Live Sunshine no son de mi propiedad.

4

– Muchas gracias por traer a mi hermana sana y salva.

Con una pronunciada reverencia, la pelinegra se alejó de las dos chicas en compañía de la pequeña pelirroja. Mientras, las otras permanecían estáticas viendo a las dos hermanas Kurosawa desaparecer en el pasillo. Era una disonancia extraña la que aquellas hermanas provocaban, la única prueba de que compartían sangre era el esmeralda que ambas portaban por iris.

– Zuramaru, esa era la chica que… –una mano le había tapado la boca, impidiéndole hablar.

– Ella me ha pedido que aquello permanezca en secreto –susurró–. Se supone que tú no deberías saberlo.

– Pero lo sé –se había quitado la mano de su amiga y había volteado a verla.

– Eres mi mejor amiga, no podía no decírtelo –se encogió de hombros y dio media vuelta para dirigirse a la cafetería más cercana, el hambre empezaba a molestarla.

– ¿Quién diría que la pequeña Ruby tomaría un camino tan alejado al de su hermana? –la peliazul la imitó, sus clases habían concluido.

– Si lo analizas un poco no es tan alejado, Dia-san está en teatro, Ruby-chan en diseño –cerró los ojos al sentir como se le retorcía el estómago–. Ruby-chan se encargará del vestuario de su hermana, tenlo por seguro.

– Ahora tengo más competencia –suspiró, llevó su brazo a los hombros de Hanamaru y se recargó con desgana–, lo bueno es que tengo de mi lado a la futura guionista.

– Eso nunca –quitándose el brazo de Yoshiko, procedió a la máquina de dulces para conseguir pronto algo de comida.

Presionó unos botones, depositó unas cuantas monedas y por fin tuvo en sus manos el paquete de pan. Sin demora lo abrió para darle una mordida. Aquello le sabía a gloria, era como flotar, como renacer. Una sonrisa nada disimulada anunció que se encontraba satisfecha. Yoshiko sacó una simple tabla de chocolate, la cual iba comiendo mientras continuaba su plática.

– Lo de la convocatoria para la obra de teatro es tu oportunidad.

En ese momento la castaña volvió a darle la espalda para encaminarse a la salida del edificio, seguía a paso recio y en dirección contraria a la que había salido su amiga de la preparatoria, Ruby, y su hermana.

– No, Yoshiko.

– Claro que sí, velo como un pequeño paso.

– No es un pequeño paso, es como un todo –hizo un gesto con la mano de alejar un pensamiento–, ¿Quién les hizo pensar que sacar a Sonoda y ponerla en el jurado era buena idea?

– Yo creo que es bueno –se encogió de hombros– te da la posibilidad de acercarte a personas que tienen éxito en lo que hacen.

– Pero imagínate que te diga –hizo una pausa para tragar el bocado de pan, agravó la voz y continuó– que tu trabajo es una basura.

Yoshiko pudo traer a su mente la dura mirada de Umi y en su imaginación escuchó aquellas frías palabras. Sí, en definitiva, sería destructivo.

– ¡Lo ves! –continuó la castaña ante el silencio de la morena–. Tengo suficiente con saber que tú y Riko-chan estarán ahí.

– ¿Riko? –fue tan natural su confusión que no pudo evitar preguntar.

Al escuchar el cuestionamiento, la castaña se detuvo y ladeó el rostro, su mirar se había vuelto escrutador y parecía estar molesta. Yoshiko tragó saliva.

– ¿No sabías que Riko-chan va a participar? –recibió un movimiento negativo de cabeza por respuesta– ¿Acaso no hablas con Riko-chan? –dio la vuelta y fue al encuentro con su amiga.

– No puedo –retrocedió ligeramente cuando vio que la castaña se ponía de puntillas para acercarse a su rostro. No pudo evitar enrojecerse al saber que alrededor había más personas pasando y observándolas, así que cerró los ojos con fuerza–. Ella siempre llega tarde a casa.

– Tiene un día libre entre semana –se alejó y se cruzó de brazos dubitativa.

– Pues no ha llegado ningún día temprano –la peliazul abrió un ojo para revisar si era terreno seguro, suspiró al ver a Hanamaru unos cuantos pasos lejos y con la mano en la barbilla.

Ella no mentía, en efecto, la pelirroja usaba el lugar únicamente como el espacio al que tenía que llegar a dormir. Era rara la vez que la veía cenar o desayunar, había veces en que parecía que no llegaba, salvo por el ruido que hacía al prepararse para iniciar su nuevo día y que la advertía de su presencia.

– ¡Qué insoportables son! –soltó Hanamaru para sorpresa de la peliazul.

– ¿Yo por qué, si nada he hecho?

– Exactamente por eso –giró nuevamente para seguir su camino al exterior, el edificio empezaba a parecerle interminable.

Apresuró el paso en un intento de alcanzar rápidamente el final del pasillo, vio como el camino empezaba a iluminarse por las puertas abiertas que anunciaban la salida y sin quererlo dio de frente contra una persona que estaba accediendo al lugar. Fue la física y su falta de fuerza la que la obligó a irse para atrás, sintió el golpe del sentón que dio al caerse al suelo y cerró los ojos.

La peliazul se apresuró en vano para intentar detener su caída, lo único que evitó fue que se fuera completamente al suelo, la mitad del cuerpo quedó recargado en sus piernas. Cuando vio que se recuperaba, le tendió la mano para ayudarla.

– ¿Estás bien, Zuramaru?

La castaña únicamente asintió con la cabeza, se limpió sus ropas y acomodó la falda que traía puesta. Le sonrió al preocupado rostro de su amiga y encaró a quien la había tirado. Era una chica de cabello corto azul y ojos del mismo color. Estaba segura de conocerla en algún lado. La otra chica pareció reconocerlas.

– ¿Kunikida y Tsushima? ¿Son ustedes?

Yoshiko se quedó quieta al escuchar su apellido y miró con curiosidad a la otra chica. Vio a su amiga asentir y, en ese momento, la extraña se llevó ambas manos a la boca, mostrando su asombro. Pensó que en algún momento se les iba a aventar encima y las iba a abrazar, cosa que sería muy vergonzosa, pues no se acordaba de la chica.

La vio hacer una pronunciada reverencia y balbucear un sinfín de palabras mientras tartamudeaba al disculparse. Sus ojos magentas se abrieron sorprendidos mientras a sus oídos llegaba un maltrecho: siento mucho lo que pasó en secundaria.

Dejó de entender lo que sucedía a su alrededor, no comprendió porque Hanamaru la ayudaba a levantarse y le decía que no era necesario, que todo había quedado en el pasado. Vio a la chica despedirse, acongojada y con pesadumbre en su mirada… y la recordó, pero no por aquellas adoloridas expresiones, sino por una risa socarrona que deliberadamente portaba siempre que la veía.

Estuvo rememorando muchos eventos ocurridos en su infancia y hubiera soltado un par de lágrimas de no ser por la mano cálida de la castaña que tomaba la suya. Igual que de niñas. Le preguntó con la mirada si se encontraba bien y ella le respondió con una sonrisa nostálgica. Hanamaru la obligó a seguir caminando y se cubrió la cara del sol cuando estuvo en el exterior. Entrecerró los ojos y miró al cielo azul.

– Hagamos una apuesta –escuchó hablar a la castaña–. Tengo casi dos semanas para compartir mi propuesta para la obra de teatro escolar, si en ese tiempo logras acercarte a Riko-chan, participaré.

No recibió respuesta, ¿acaso Yoshiko seguía inmersa en sus pensamientos? Volteó para cerciorarse de su estado y la vio contemplando el cielo con su mano tapando los rayos del sol que daban a sus ojos. Observó como se formaba la sonrisa en sus labios, aquella que aseguraba su victoria y que pertenecía a un personaje que ella adoraba.

– Has declarado tu sentencia de muerte, my little demon.

Un brazo saliendo del agua, luego el otro. Después de tres repeticiones, su rostro salía a flote y recuperaba el aire para seguir nadando. Igual que las otras veces que había presenciado las prácticas, You salió victoriosa incluso sobre las que llevaban más años ahí. Se escucharon las ovaciones y los aplausos ante la que prometía ser prodigiosa en natación. Pudo ver a su compañera pelinaranja levantarse de su asiento para gritar con fuerza y aplaudir. Ella se levantó por inercia y aplaudió con una sonrisa en su rostro.

Vieron salir a la peligris de la alberca, quitarse la gorra de nado para dejar libre su parcialmente seco cabello. En una simple sacudida de su melena, acompañada por su sonrisa, pudo alborotar los ánimos de los presentes. Sus compañeros de club se acercaron, la celebraron, incluso los que tenían reservada la envidia al perder. Fue en ese momento en que volteó y miró en dirección a donde se encontraban sus amigas, a las cuales saludó con un movimiento de su brazo.

– You-chan es genial, ¿no lo crees, Riko-chan? –preguntó su amiga a lo que ella únicamente pudo asentir.

Riko sabía que parte de aquel ritual de You estaba dedicado a una sola persona y sonreía ante aquella idea. Miró a su pelinaranja amiga y le sonrió a sabiendas, pues ella seguía siendo muy ingenua.

Se quedaron un rato donde estaban sentadas, sabían que la peligris tardaría otro poco en estar lista pues tenía que ir a las duchas. Hablaron de sus clases, de la obra de teatro, de la convocatoria para el guión que estaba a unos días de concluir y de ellas. Cuando pasaron alrededor de 15 minutos, descendieron de las gradas y se encaminaron a los vestidores.

– ¿Este año entrarás a un club o taller? –escuchó a su compañera preguntar mientras bajaban las escaleras.

– Trabajo, Chika-chan.

– Cierto –se llevó una mano a la cabeza y sobó su cuello–. Desde que trabajas ya no tenemos tiempo de nada.

– Mis días libres los he pasado con ustedes –espetó con tranquilidad, sabía que Chika era una persona que fácilmente se aburría–. Hay veces que tengo que ver a mis tíos, pero eso es muy esporádico. Y a mi madre la visitó en vacaciones. Paso la mayor parte del tiempo con ustedes.

– Eso también es cierto –una risa nerviosa salió de los labios de la pelinaranja.

– ¿Piensas seguir en gimnasia?

– No –dio un brinco para llegar al suelo y le extendió la mano a la pelirroja para ayudarla a bajar los últimos escalones.

Riko le tendió la mano y siguió con gracia su camino. Chika la miraba con suma atención y no soltó su mano, ni siquiera cuando continuó la plática:

– Sin ti ya no es lo mismo –ambas se miraban a los ojos–, no es divertido.

Un segundo, un tenue y disimulado suspiro.

– ¡Chika!

Aquel gritó hizo que sus manos se distanciaran, la nombrada volteó y se encontró con la mirada amatista de otra de sus amigas de la infancia, Kanan Matsuura, capitana del club de natación. La pelinaranja corrió a su encuentro, mientras Riko caminaba con calma para alcanzarlas.

– ¡Cuánto tiempo, Kanan-chan! –la abrazó con efusividad, mientras la mayor le daba unas palmaditas en la cabeza y sonreía con ternura.

– Solo fueron las vacaciones, Chika –al abrir los ojos, dio con la presta sonrisa de la pelirroja–. Hola, Riko.

– Kanan –una leve reverencia, siempre fue respetuosa con sus superiores.

– Aún así es bueno verte.

– Igual que en los viejos tiempos –aquella era la voz de la peligris que se acercaba a ellas.

– ¡You-chan, estuviste increíble!

– No es para tanto –un leve sonrojo y una sonrisa tímida.

– En realidad, mejoraste mucho –la voz maternal de la mayor se hizo presente.

– Hoy estuviste imparable –el cumplido de la pelirroja.

– Vamos, chicas, me harán sonrojar.

Todas empezaron a codear a la peligris, mientras la chica se ponía roja de forma involuntaria. Debilidad la suya los cumplidos, podía pasar por una persona creída, pero en realidad era humilde respecto a la destreza que poseía.

– ¿Y a donde iremos hoy? –aquella era la cuestión y aunque Kanan no formara parte de sus planes, con total naturalidad podía entrar, como en muchas ocasiones había sucedido y por las cuales Riko pudo acercarse a la peliazul.

– Oh no, hoy no puedo –You puso lo brazos en forma de cruz y negó con tristeza–. Ayer en la noche regresó mi padre de un crucero largo y hoy es su único día de descanso, quiero pasarlo con él.

– Sólo porque sé que adoras a tu padre te perdono –fue la respuesta de Chika, por la que recibió un suave golpe en el brazo por parte de la pelirroja.

–Probablemente iremos a casa de los Ohara, me dijo que lo invitaron a cenar –sonrió.

– Me saludas a Mari, por favor.

– La saludo y le doy tu número si quieres –una sonrisa pícara asomó de los labios de You.

– Eso no es necesario –la peliazul cerró los ojos, se sonrojó sutilmente y fingió toser para taparse el rostro–. Las dejo, tengo que cerrar el club.

– ¡Adiós, Kanan-chan!

Aquello era algo que logró sorprenderla en un primer momento, la naturalidad con la que Kanan asumía su preferencia sexual y por esa simple razón, fue que Riko logró acercarse más a la peliazul. Le sonrió y se despidió de ella con un movimiento de su mano. Regresó la vista a sus amigas, las 3 se encaminaron a la salida.

– Vale, entonces creo que iré a ayudar a mi madre en el ryokan –Chika iba en medio de las tres y, al decir aquello, miró a la pelirroja sin voltear el rostro– ¿No quieres venir Riko-chan?

– No, porque siempre que voy a tu madre le da pena ponerte a trabajar. Ya te toca ayudarle.

– Sí, Chika-chan –esa fue You, quien chocó las palmas con Riko y ambas empezaron a reírse.

– ¡Oigan!

Llegaron a la salida de la Universidad entre risas y bromas sobre la pereza de Chika, la fama de You y el trabajo de Riko. Al llegar al sendero que daba con la avenida principal, menguó la plática, pues era momento de despedirse.

– Entonces, ¿te has decidido por algún club?

– He estado pensando en meterme a sóftbol, ahí van otras chicas de mi clase –se encogió de hombros–. Además, cambiaron a la capitana insoportable y dejaron a Rin Hoshizora.

– ¿Por qué no te metes a natación conmigo?

– ¡Mucho trabajo!

Las tres empezaron a reírse nuevamente.

– Aunque también me interesa entrar al taller de actuación –se detuvo enfrente de la avenida principal y sus dos amigas detrás de ella–. Escuché que lo va a dar Ayase Eli, ya saben, la chica famosa.

You y Riko se miraron entre sí, extrañadas por aquella decisión.

– ¿Te gusta actuar, Chika-chan?

– Un poco. Tengo clases de Actuación aplicada al canto, es divertido –una sincera sonrisa.

La pelirroja y la peligris se miraron entre sí. You se encogió de hombros.

– Bueno, yo me voy, ¿vienes, Chika-chan?

– Claro, te dejamos Riko-chan.

Ambas, Chika y You, se despidieron de la pelirroja con un abrazo. Riko las observó alejarse, mientras ellas hablaban de cosas que quizá no llegaría a conocer. Suspiró, la verdad era que lo prefería así, siempre se inclinó más por ser espectadora del cuadro que armaban estéticamente las otras dos.

Bien pudo irse a casa de la pelinaranja, como estuvo haciendo hace un par de semanas, desde que se había mudado, pero Hanamaru le había recriminado su ausencia. No era que le desagradara su nuevo hogar, pero rehuía a consciencia de él. Quizá por el hecho de que siempre le fue difícil hacer nuevas amistades. Empero, la amistad que formó con Hanamaru se dio de manera natural, el trabajo era llevadero y por ello estaba agradecida con ella.

Quizá no estaba de mas conocer a la amiga de su amiga. Se encogió de hombros y se dirigió al departamento.

Una simple alarma, un simple hecho: había dejado su mochila en el salón al salir. Corrió lo más rápido que pudo, pero ni así logró conseguirlo. Su salón estaba ubicado en el tercer piso del edificio D, de las escaleras al fondo, era la tercera aula.

Llegó hiperventilando del esfuerzo y eso mismo alertó a quienes seguían en el lugar: dos niñas y un niño. Una de ellas tenía su mochila entre las manos de cabeza y, al parecer, vacía. En el suelo estaban regadas sus pertenencias y se asustó al no ver su Nintendo. El niño tenía la consola en sus manos.

Los tres sonrieron a sabiendas. Ella miró a ambos lados del salón y lo único que pasaba por su mente era "¿dónde está Zuramaru?".

Dio un paso al interior, las chicas siguieron en su antigua tarea de pisar sus pertenencias. Mientras el otro se acercaba a la ventana con el videojuego en sus manos.

Te acercas y despídete de él.

¿Dónde está Hanamaru? Se atrevió a preguntar.

Se miraron unos a otros. Ella lo sabía, faltaba el líder entre ellos. Empezaron a reírse y vio como el niño soltó su consola para dejarla caer los tres pisos del edificio.

Abrió los ojos y las ganas de llorar acrecentaron, giró su cuerpo y salió corriendo escaleras abajo. Escuchó el grito de una de las chicas: ¡Nos va a acusar, agárrenla! Sin embargo, eso era lo que menos tenía en mente. ¿En donde podrían haber encerrado a su pequeña amiga? ¿Habrían tirado sus pertenencias a la basura o habían orinado de nuevo sobre ellas?

Se detuvo momentáneamente al llegar al primer piso, miró perpleja su Nintendo hecho pedazos y el grito del párvulo llegó a sus oídos.

¡No iras a ningun lado, rarita!

Cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde, aquel chico le había agarrado por el brazo y la había tirado al suelo con el impulso de su carrera. Estando en el piso, el niño la obligó a tragar la tierra y todo lo que del suelo recogían sus manos. De repente se detuvo asustado y mostrando su mano ensangrentada la miró con rabia.

¿Qué diablos me has hecho? –posicionando su mano herida sobre su boca, saboreó la sangre agria del chico– ¡¿Qué me hiciste, maldita?!

Ella cerró los ojos, mientras sentía su rostro ensuciarse de aquella sangre que parecía salir a borbotones. Escuchó un grito a oscuras…

Abrió los ojos y dio con el techo de su departamento. Otra pesadilla, no había tenido descanso alguno. Fue en vano el sacrificio de sus clases de aquel día, el sueño no había sido amable con ella desde que se había topado con aquella chica a las afueras de su facultad. Se sentó en la cama, se frotó los ojos y respiró hondo.

Escuchó la puerta del departamento ser abierta. ¿Qué hora sería? Se levantó de la cama y asomó la cabeza por la puerta de su habitación. Riko había regresado, parecía sorprendente. Aún seguía en pie la apuesta con Hanamaru, pero tan malos habían sido sus días desde entonces, como si la mala suerte se hubiera posado nuevamente en ella, que poco descanso y humor había tenido para siquiera acercarse a ella. Además, la pelirroja también parecía indispuesta a hacerlo.

Riko la miró y le sonrió. Yoshiko no correspondió el gesto, cosa que le sorprendió, podía ser incomoda su respuesta, pero siempre había una.

– Buenas tardes, Yoshiko.

– Buenas.

– ¿Estabas dormida?

¿A qué se debía el interés? Eso era lo que se preguntaba la peliazul, quien aún seguía molesta por su pesadilla. ¿Y si le decía que no se sentía bien para poder encerrarse en su cuarto? Eso significaría perder la apuesta y ella no era buena perdiendo. Aquella era su oportunidad de oro, Riko nunca regresaba en sus días libres al departamento. Es más, ¿qué hacía ahí? ¿Acaso Hanamaru se había enterado de su ausencia en la escuela? Lo dudaba. En aquel momento ya hubiera tenido mil mensajes en su celular.

– Algo así –carraspeó.

– Parece que no lo disfrutaste –una risa suave salió de sus labios y taladró la cabeza de Yoshiko–. ¿Ya comiste?

– No…

– Voy a preparar comida para mí –se encaminó a la cocina y, cuando quedó de frente al pasillo, donde Yoshiko seguía escondiéndose tras la puerta de su habitación, le preguntó–. ¿Quieres acompañarme?

La peliazul se le quedó mirando, entrecerró los ojos desconfiando de lo que escuchaban sus oídos y veían sus ojos. ¿Y si era producto de su imaginación? Volvió a su habitación, se pellizcó el brazo a escondidas de la pelirroja, sintió la punzada de dolor y volvió a asomarse. Ahí seguía ella, con una expresión de confusión adornando su pasivo rostro.

– Si no te molesta.

Y la vio sonreír con soltura y asentir.

La peliazul volvió a su habitación, se miró en el pequeño espejo de óvalo que tenía en uno de sus muebles negros, tenía unas ojeras pronunciadas. Se llevó la sudadera que portaba a la nariz, la olisqueó y reconoció el olor de su sudor, producto de la agitación en sus pesadillas. Observó desde arriba su cuerpo: seguía en pijama. ¿Sería bueno bañarse y ponerse algo más decente? Probablemente, aunque era demasiado tarde para hacerlo. No le importó, prefirió hacerlo por mero respeto.

Cuando salió del baño y se hubo cambiado, el aroma de la comida recién hecha había inundado el departamento. Aquello era nuevo, la comida que ella preparaba –la que no era instantánea– nunca olía tan bien.

Se acercó a la cocina, donde vio a Riko apagar las parrillas de la estufa que estaba utilizando. La pelirroja se sobresaltó al verla en la entrada, esta vez sí le sonrió débilmente. Le pidió ayuda para poner los vasos y servir los platos. Había preparado tonkatsu en cuestión de minutos. Ya no tenía la mas mínima duda, su inquilina era una bendición, un ángel caído del cielo.

– ¡Provecho! –soltó Yoshiko mientras tomaba los palillos y empezaba sin reservas con la carne.

Comieron en un apacible silencio, no era la primera vez que Riko preparaba comida, solía dejar siempre desayuno para la peliazul, a modo de agradecimiento por el techo y de disculpa por sus ausencias. Sin embargo, sí era la primera vez que compartían una comida de principio a fin.

– ¿Hoy no tuviste clases? –preguntó cuando vio que terminó con su plato la peliazul.

– Sí –desvió la mirada–, ya pediré los apuntes después.

– ¿Sufres de insomnio?

– En realidad no –negó con la cabeza–. Tuve pesadillas.

Riko abrió los ojos ante aquella confesión, no le parecía que los malos sueños fueran lo suficientemente fuertes como para que la desgana te impida ir a clases. Se levantó, recogió los platos y vasos, los llevó a la tarja y los depositó ahí, ya los lavaría después. Regresó a la mesa, donde aún seguía la peliazul sentada, como si estuviera esperándola.

– ¿Qué clase de pesadillas tienes?

– Es… –volvió a desviar la mirada– es una larga historia.

La pelirroja alzó una ceja y miró el reloj de pulsera que portaba.

– Bueno, sí así lo gustas, tenemos tiempo –la miró con curiosidad y después sonrió–. Sino, podrías pedir tus apuntes y estudiar.

– Errr –sus ojos viajaron de un lado a otro–. No, gracias.

De nuevo la delicada risa de Riko se manifestaba. Todo en ella evidenciaba cierta fragilidad femenina, sus ropas, su cabello, su mirar y su postura.

– Pues te escucho.

Incluso sus tranquilos mandatos.

– Errr –bajó la cabeza a la mesa y estiró los brazos, casi toca a Riko de no ser porque la chica retrocedió–. Es algo personal.

– ¿Son cosas indecentes?

– ¡Por supuesto que no! –se levantó de golpe y la miró con reproche–. Sólo que es una parte complicada de mi vida.

– Pues hagamos un trueque de información –le sonrió–. Me cuentas esto y yo te digo algo personal en igual medida.

– ¡Cuanto atrevimiento, Sakurauchi–san! –se llevó una mano a los labios y abrió los ojos con fingido asombro.

– Vamos, no lo hagas tan complicado –Riko negó con la cabeza y empezó a reírse.

Por alguna razón, Yoshiko recordó la forma en que Hanamaru le había dicho que era insoportable e hizo un mohín.

– Vale, vale –se relamió los labios, la victoria estaba asegurada, pero no quería ganar con algo así. Ahora, ¿por dónde empezaría? ¿qué le contaría? ¿qué omitiría?

Se vio asustada al tener la mente en blanco, aquello no era algo que hablara con facilidad, sólo Hanamaru lo sabía porque estuvo involucrada en ello… muy a su pesar.

– ¿De qué son tus pesadillas? –preguntó la pelirroja y Yoshiko agradeció que lo hiciera.

– De cuando sufrí acoso en la escuela.

– Ya veo –meditó un poco la información recibida.

– No pienses que aún sucede, eso pasó hasta la secundaria.

– ¿O sea que en la secundaria sucedió?

– Sí, pero también en la primaria y parte del prescolar.

– Vaya…

Un silencio prolongado donde ninguna supo qué decir.

– Mis pesadillas empezaron cuando iba en la secundaria, dejé de tenerlas hace un par de años y regresaron –asintió con los ojos cerrados, suponía que esa era suficiente información.

– ¿Nadie te ayudaba o no hablabas sobre ello? –Sakurauchi la curiosa se había manifestado.

– Pues… –sus ojos fueron de derecha a izquierda, luego miraron a la mesa y a sus manos entrelazadas–. Lo hablé con mi madre, pero ella trabajaba la mayor parte del tiempo, entonces no pudo hacer algo al respecto. Y cuando lo hablaba con los maestros, las cosas se ponían más turbulentas con mis agresores.

– ¿Y Hanamaru? A ella la conoces desde pequeña, ¿no?

– Sí… –entrecerró los ojos y miró a la pelirroja con desconcierto–. Cuando intentó defenderme, empezaron a molestarla.

La pelirroja procesó la información, hizo conexiones en su cabeza sobre lo que alguna vez Hanamaru le había contado y quedó claro para ella: Yoshiko y la castaña compartían una amistad más profunda e íntima que sus mismas amigas. Una construida a base de debilidades superadas en comunión y no de años de conocerse.

– Basta de mí –reclamó la peliazul, al ver que su compañera parecía tener muchas dudas aún en su cabeza. No estaba dispuesta a decirle que tuvo que asistir a terapia para detener las pesadillas y que parte de las consecuencias, obligaron a su madre y a ella a mudarse–. Te toca.

Sin embargo, Riko seguía inmersa en sus pensamientos, había muchas cosas que no entendía y que quería comprender de experiencia propia. Miró los iris magentas de la menor y se halló con la expectativa de un intercambio. ¿Qué podría decirle que fuera igual de importante? Un aspecto de su vida que la haya marcado de por vida ¿El casamiento de su padre con una mujer seis años mayor que ella? ¿Que gran parte de su vida la vivió en Inglaterra? ¿La relación tensa con su madre? No, quizá no era necesario tocar nada de eso.

Dejó pasar su desasosiego, se tranquilizó y volvió a su estado taciturno de siempre. No habría problema en decirlo, ya tenía el ejemplo de alguien más que había sobrevivido al estigma. Aspiró hondo y lo soltó.

– Me gustan las mujeres.

Después de eso Yoshiko no tuvo siquiera la necesidad de hacerle saber a Hanamaru que había perdido, la misma Riko se lo hizo saber al día siguiente en el trabajo. La castaña maldijo por lo bajo su derrota, ahora tenía que desvelarse dos días para entregar algo a la convocatoria antes de que concluyera.

N/A: Hola de nuevo, mis queridos lectores.

Son casi las 3 am, pero era tanta mi necesidad de escribir y tan poco mi tiempo, que me desvelé por ello. Hay pocas cosas que valen mi falta de sueño y esta es una de ellas.

Espero les guste como va el rumbo de la historia y el ritmo también.

El siguiente capitulo serán ya parte de los resultados de algunas convocatorias para lo de la obra de teatro. Sobre el pasado de Yoshiko, sí, se descubrirán más cosas después, pero poco a poco. Igual sobre Riko.

Los dejo o3o

¡Cuídense y hasta la próxima!