Faltaba media hora para el robo y aparte del inspector Nakamori, estaban Kogoro, Ran y Conan... El último muy emocionado por enfrentarse a Kid y derrotarlo, pero hubiera querido que Ran no estuviera, ya que tenía un extraño presentimiento, de que algo malo iba a ocurrir, pero no era el único... Ran también.
- "¿Qué es esta sensación?" - Pensaba la chica mientras veía el reloj. - "¿Qué...es?"
- Siento llegar tarde. – Apareció Saguru. Pero no venía solo.
- ¿Qué haces aquí Aoko? – Inquirió su padre.
- Lo primero que un padre tiene que hacer es ir a ver a tu hija después de tenerla abandonada una semana entera porque el señorito se fue de viaje. – Le dijo molesta. Se fijó en los acompañantes de su padre y se alegro. - ¡Ran-chan!
- ¡Aoko-chan! – Saltó la karateka también muy contenta. Se saludaron. – ¿Dónde está Kaito-kun? – Preguntó mirando por todos lados.
- Pues en casa. – Dijo sonriente. – Dijo que no se encontraba bien… pero yo se que se quedo en la cama el muy laja. Me encontré a Saguru en la calle y me quise venir a ver cómo atraparán a Kid. "Espero que no" – Rezó interiormente.
- ¡Esta vez lo atraparemos! - Dijo su padre muy confiado.
- Eso dicen siempre y nunca lo logran. - Dijo Aoko.
- ¡Pero esta vez también estoy yo! - Dijo Kogoro.
- Tú tampoco has hecho un buen trabajo papá.
- ¬¬ Mi hija es un amor - Dijeron los padres.
- "Esta vez voy a atraparlo" -Pensó Conan cada vez mas emocionado y aumentaba cuando los segundos y minutos avanzaban.
Las luces se apagaron por completo, Aoko y Ran se abrazaron preocupadas y sus padres, Saguru y Conan se prepararon... Cuando las luces volvieron, vieron a Kaito Kid en el techo con la joya en sus manos y Ran notó como su amiga se sonrojo levemente.
- "¿Aoko-chan?"
- Nuevamente ha sido fácil... ¿Cuándo tendré un reto...Inspector?
- ¡Kid! ¡Atrápenlo! - Y todos fueron tras el ladrón, menos Ran y Aoko.
- ¡Conan-kun! - Gritó Ran al verlo ir también.
Ran corrió tras el niño. – ¡Conan-kun! ¡Espera!
Aoko, tras ver que su amiga se iba corriendo, decidió ir tras ella. – ¡Ran-chan! ¡Espérame!
Siguieron corriendo, los policías fueron por otro camino, pero Conan sabía perfectamente a dónde tenía que ir. Subió las escaleras y llegó hasta la azotea, donde vio al ladrón con la joya en la mano y mirándola con el resplandor de la luna. El mago suspiró resignado. – Ésta tampoco es Pandora. ¿Dónde demonios estará?
- ¿Quién es dadora? – El mago se viró y vio al pequeño respirando entrecortadamente.
- Bienvenido a la fiesta, Tantei-kun. Y creo que no estamos solos. Tu chica está llegando.
- ¿Cómo?
- ¡Conan-kun! – De la puerta aparecieron Ran y Aoko. El mago y la chica se miraron y se sonrojaron levemente. Acción que el mago consiguió esconder con su chistera.
- Aoko-chan, ¿estás bien? Estas sonrojada.
- No es nada Ran-chan. Estoy algo fatigada de correr tanto.
- Si no os importa señoritas. – El mago abrió su ala delta. – Es hora de irse.
- "Maldición… Con Ran aquí no puedo hacer nada… mierda"
Entonces, un viento fuerte apareció. Miraron hacia el cielo y vieron helicópteros.
- ¿Y eso? No es de la policía. - Dijo Ran.
Kaito estaba por irse y Conan estaba por ir tras él cuando oyeron a las chicas gritar, voltean y ven que esos aparatos portaban hombres de negro, llevándoselas a la fuerza mientras las apuntaban con sus armas.
- ¡Aoko! - Gritó Kaito.
- ¡Ran! - Gritó Conan.
- ¿Eh? - Murmura la karateka al ver a Conan, ahora veía a... - ¿Shinichi?
- ¡Entra ya! – Empujándola.
- ¡Suéltame ya! - Gritaba Aoko mientras actuaba como un gato, rasguñando a su adversario.
- ¡Quédense quiet...! - Se interrumpió al ser atacado por el ladrón y Ran vio cómo Conan usó una pelota de fútbol, que dios sabe dónde saco, para dejar noqueado al que la sostenía.
Entonces, dos 9mm apuntaron a las sienes de las chicas, por lo que los dos jóvenes se quedaron paralizados. – Mira a quién tenemos aquí. – Dijo una voz desde las sombras de la cabina. – Pero si es nuestro querido ladrón. - ¿Qué tal tu búsqueda de Pandora? ¿Ha habido suerte?
- ¿Quién eres? – Preguntó furioso el ladrón.
- Es verdad, tú no me conoces. – Se dejó ver a la luz de la luna, su cabellera rubia destellaba bajo los rayos lunares.
- ¡Gin! – exclamo el pequeño.
- ¡Pero si tú...! - Exclamó Ran sorprendida al verlo.
- Si chiquilla. - Tomándola del mentón con violencia, provocando que la chica se quejase de dolor. - Yo soy al que viste el día que ese detective adolescente desapareció... El día en que murió.
- ¿Murió? - Preguntó Aoko.
- ¿Murió? - Dijo Ran sorprendida. - Eso es imposible...
- Lo maté aquel día... Fue como el postre después de haber matado al padre de este ladrón.
- ¡Tú! - Gritó Kid.
- ¿Qué quieres de nosotras? – Dijeron.
- Carnadas... - Dijo simplemente. - Entren o mataremos a muchas personas importantes para ustedes.
- Empezando… - La pistola pasó a amenazar al ladrón. – Por tu novio.
- Aoko… no lo hagas. – Los dos se miraron, Ran entendió enseguida lo que ocurría entre su amiga y el ladrón, al igual que el pequeño detective. El rubio le quitó el seguro a la pistola.
- ¡No! – Gritó desesperada. – No le hagas daño. – Sus ojos se empañaron. Notó que estaba apretando el gatillo. – ¡No! – Se escucharon dos disparos.
Quienes habían disparado fueron Gin y Vodka, pero no a los chicos, sino alguien que estaba detrás y que las chicas no se habían dado cuenta.
- ¡Papá! – Gritaron desesperadas las chicas. Los jóvenes viraron la cabeza y vieron a Kogoro y Genzo en el suelo, ensangrentados.
- ¡Entrad ya! – Las golpearon y las dejaron inconscientes. Los chicos corrieron todo lo que pudieron hacia los helicópteros, pero no llegaron a tiempo, ya estaban a mucha distancia del suelo.
- ¡Kid! ¡Encárgate del helicóptero! ¡Yo llamo a una ambulancia!
- Entendido detective.
Mientras Conan llamaba a la ambulancia y Kid seguía el helicóptero, Ran despertó de inmediato pero fingió estar dormida para examinar el territorio enemigo, notó que había una ventana al nivel de sus pies que podía pasar una persona y vio a Kid volando. Notó que Aoko seguía inconsciente y que los de negro disfrutaban su victoria que no se daban cuenta de su despertar, aprovecho la oportunidad y con una patada de karate, rompió la ventana e ignorando los gritos de Gin, tomo a Aoko y se tiraron por la ventana, confiando su vida y la de su amiga en el ladrón fantasma.
El ladrón vio cómo las dos morenas se arrojaban fuera del aparato. Planeó todo lo posible y tomó a Ran del brazo.
Ella miró hacia arriba y vio la mirada azul del ladrón. – Sujétala fuerte, y no te sueltes. – La karateka asintió con la cabeza y sujetó con todas sus fuerzas a Aoko, que aún estaba algo aturdida.
Escucharon disparos y miraron hacia atrás. – Nos están…
-Mierda. ¡Sujétate! – Hizo un movimiento brusco y cambió de dirección.
- ¡Kid! ¡Tu planeador! – Dijo mirando hacia arriba.
Estaban cayendo hacia el suelo, pero el planeador aún podía cumplir algo de su función y frenaba la caída. El joven mago tuvo que pensar con rapidez. Ese pequeño agujero no hubiera sido un problema, si no fuese porque pesaban demasiado.
A lo lejos, vio una azotea baja y se dirigió hacia ella. – ¡Salta! – La soltó a pocos metros del suelo y las dos cayeron rodando. El chico también rodó cuando llego al piso y se levantó rápidamente a la vez que Ran, los dos tenían magulladuras, pero no pudieron detenerse. Les dispararon y se agacharon. – ¡Corre! – Él empezó a correr y se dirigió a donde Ran intentaba arrastrar a su amiga. Kaito la cogió en brazos y fue a cubrirse bajo unos tanques de agua seguido por la karateka.
Los dos respiraban agitadamente. - ¿Por qué…?
No pudo terminar ya que les dispararon de nuevo. Ella se cubrió tras una viga de acero, al igual que el ladrón, que había apoyado a Aoko en la otra al lado y la cubrió con su cuerpo. – ¿Estás bien Mouri-san? – Preguntó el mago sin despegarse de Aoko.
-Si. No lo entiendo, si nos quieren vivas, ¿por qué nos disparan?
El ladrón no pudo contestar, ya que notó que algo se movía bajo su pecho. Se hizo hacia atrás y vio a Aoko mirándole. – ¿Estás bien? – Preguntó mirándola detalladamente.
- Si… pero me duele la cabeza. – Dijo llevándose la mano hacia ella.
- Me las pagarán. – Escucharon más disparos y el chico volvió a cubrirla con su cuerpo. Sacó su pistola y disparó al francotirador de la cabina.
- ¿Cómo demonios crees que eso va a servir? – Le recriminó Aoko sujetándole del cuello de la camisa y mirándole de frente. – Sus balas son de las que matan idiota.
- Estoy intentando ganar tiempo para idear un plan para salir con vida de esta. – Entonces vio un tubo de deshecho de escombros en el borde de la azotea. – Bien, saldremos corriendo los tres a la vez, y vosotras saltareis por ese tubo, no se darán cuenta si yo salto mientras os metéis, mi capa os cubrirá.
- Pero es muy peligroso. – Dijo Ran. – Estarás expuesto y te podrán herir.
- Ran-chan tiene razón.
- Es el único modo para escapar.
- No quiero separarme de ti. No quiero que te pase nada.
- No me pasará nada. – Le acarició suavemente la mejilla, como solo él sabía. Miró a la otra joven. - ¿Preparada? – La joven asintió. – Bien.
- Aterriza. – Dijo el rubio aún mirando por la mirilla del rifle.
- Pero jefe, los cables…
- ¡He dicho que aterrices! – Dijo mirándolo con cara de desquiciado.
- ¡Mire jefe! – Le avisó Vodka.
Vieron que las chicas y el ladrón salieron corriendo hacia el borde. Saltaron y las chicas desaparecieron, pero el ladrón escapaba volando. – ¡Seguidle! – El helicóptero siguió al mago. – Odio que me tomen el pelo. – Le apuntó con la mirilla y disparó.
El chico sintió un dolor muy agudo y perdió la conciencia. Cayó sin control y termino en el mar, perdiéndose entre las negras aguas.
Desde un sitio escondido, dos chicas vieron lo ocurrido, y una se abrazo a su amiga llorando.
