Aquí estamos una vez más. Me ahorro los comentarios y vamos al meollo de la cuestión xD
Disclaimer: Nada es nuestro. Sino Shinichi ya sería Shinichi y tendría mini shinichis y minirans... y kaito minikaitos y miniaokos...
Capítulo 10
Kaito libera un silbido.
- El asesino de ese hombre… Sí que es tener mala suerte. Pero…
- ¿Qué ocurre? – Preguntó el detective al verle tan reflexivo.
El ladrón lo miró. - ¿Por qué esperar doce años y no matarla cuando tuvo oportunidad en cuanto le descubrió? No tiene sentido.
Shinichi se quedó pensativo. Es una buena pregunta. — Bueno… Puede que sea porque no tendría tiempo de matarla en aquella ocasión, al gritar Ran, llamó la atención de los demás invitados. No tendría tiempo de matarla y escapar.
- Te lo creería si hubiese ido tras Ran al día siguiente, pero a cambio de eso, esperó doce años… ¿Por qué?
- Es cierto, no tiene sentido. Tenemos muchas preguntas sin respuesta. – Ambos estuvieron pensando en eso.
En el hospital, Ran despierta de una pequeña siesta que se había echado y vio cómo Aoko se había quedado dormida en la silla. Sonríe levemente y se levanta de la cama.
Da unas vueltas y en eso sale del cuarto, le pareció extraño que no hubiera alguien vigilando y en ese momento siente cómo la observaban. Miró por todas partes, pero no encontró nada. Al final todo fue producto de su imaginación a causa de los nervios. Se gira y ve un sobre pegado a la puerta. Curiosa, busca el remitente.
- Vermouth... Ese es el mismo nombre de la fiesta de Halloween...
- Al darle la vuelta, descubre que estaba escrito para ella. Volvió a mirar hacia todos lados, siguiendo sin ver a nadie por los pasillos. Miró el sobre que tenía en la mano y se atrevió a abrirlo, no sin un poco de reticencia.
Ángel, el nuevo jefe de la Organización necesita matarte porque tú y Aoko...
Pero no terminó porque sintió cómo detrás de ella algo rozó su rostro.
Era una bala. Atascada en la pared.
Voltea y ve una silueta a lo lejos que la apuntaba. Logró agacharse a tiempo y despertó a Aoko.
- ¿Eh? — Se sobresalta y luce bastante desorientada. — ¿Qué pasa?
- ¡Corre! - Llevándosela de la mano y logrando escapar de otra bala. Corrían por el oscuro y solitario corredor. Sin ver atrás.
Sentían cómo las balas chocaban contra las paredes y el suelo. Ellas no paraban de correr agarradas de la mano.
Llegaron a los ascensores y apretaban el botón cada segundo. Voltearon y sobre sus hombros vieron la figura corriendo hacia ellas y recargando la pistola con silenciador.
- ¿Qué hacemos Ran? – Gritó desesperada Aoko.
La chica pensó rápidamente. - ¡Ven! – Traspasaron una puerta al lado de los ascensores y acabaron en las escaleras, que las empezaron a bajar rápidamente, saltando los últimos escalones.
Llegaron a la primera planta y salieron del hospital. Mientras corrían, miraban hacia atrás cuando se tropezaron contra alguien. Casi cayeron, pero las sujetaron a tiempo. - ¿Qué pasa? – Preguntó una voz muy conocida para ellas.
- ¡Shinichi!
- ¡Kaito! - Ambas iban a abrazarlos, cuando el sonido de disparos las hicieron reaccionar.
- ¡Eso pasa! - Gritaron a la vez.
Detective y ladrón maldijeron, pescaron a sus novias y salieron corriendo y no paraban de oír el sonido de disparos cada cuatro segundos. En algún momento, Aoko cayó al suelo mientras se quejaba de dolor. Es cierto que se mantenía activa persiguiendo a Kaito por la escuela para darle palizas, pero esta carrera de salvarse el pescuezo no está para nada acostumbrada. No es tan fuerte como Ran. Y cuando Kaito logró levantarla, esquivaron apenas una bala.
- Cada vez son más rápidos. - Maldijo el mago.
- Debe de haber más de uno. - Opinó Shinichi mientras volvían a correr.
- ¿Por qué diablos nos están atacando? - Exclamó Ran.
- Por lo que hemos averiguado, viste en Kyoto al jefe de la Organización.
- ¡¿Cómo?! — Perpleja.
- ¡Qué sutil eres Kuroba!
Al doblar una esquina, se detuvieron de golpe al ver la silueta de un hombre que los apuntaba con un arma y era acompañado por dos más.
- Esos son... - Susurró Ran.
- Gin y Vodka.
- Vaya, vaya... Al parecer Gin no hizo bien su trabajo. - Dijo aquella silueta mientras poco a poco salía de las oscuras sombras, dejando que la luna lo alumbrase. Un hombre de cabellos castaños y... Ojos grises. - Tanto tiempo sin verte… — Viendo a Ran. —, Niña. – A su lado apareció un hombre sudoroso y casi sin respiración. —Buen trabajo… Seas quien seas. – El hombre le miró entrecortadamente. Volvió a mirar a los cuatro jóvenes. – Gin… Creía que te habías deshecho del detective.
-Yo también, jefe. – Respondió el rubio con voz ronca.
-Eres todo un problema, detective, siempre metiendo las narices… Y sabía que no me ibas a dejar matar tan fácilmente a la chica.
-Así que lo de darme el veneno no fue casualidad… - Dijo furibundo el detective del este.
El hombre sonrió. – Llevamos mucho tiempo observándolos, vuestra relación, y sabíamos que entre vosotros dos había algo. Por eso decidimos matarte a ti primero.
- ¿Por qué esperar doce años? – Cuestionó Kaito. Con el brazo derecho cubría a Aoko para mantenerla detrás de él. El jefe le pareció bastante divertido y una pérdida de tiempo aquel acto inútil.
Aoko se había dejado arrastrar por su novio sin resistencia porque estaba perdida en esos ojos grises. Entonces él la mira directo a los ojos y su sangre se hiela.
—También ha pasado un tiempo desde que nos vimos, Nakamori Aoko.
—Nos… ¿Nos hemos visto antes?
—En uno de los atracos de tu novio.
Es verdad. En uno de los espectáculos de Kid en que fue forzada a ir por Keiko, el de los zapatos de cristal, se había perdido por la locura de la gente en querer pasar las redes que instaló el viejo Suzuki y cayó al suelo. Un sujeto amablemente la ayudó a ponerse de pie y la colocó en un lugar seguro.
Ese hombre es el que tiene frente suyo ahora.
—Tú me ayudaste. Cuando Kaito robó esas zapatillas Paso Purpura en Kinza.
—Tengo que proteger mis tesoros. —Se oye burlón y risueño. Cualquiera no sospecharía que es el líder de una organización peligrosa. — Te estuve observando también por muchos años. Nunca pensé que la otra mitad de la llave fuese la hija de esa maldita mujer. Pero bueno, no estamos aquí para hablar del pasado, sino del futuro… Así que chicas, sean dóciles como corderos y vengan conmigo now.
Shinichi y Kaito no necesitaron de palabras para oponerse, sólo les basto colocarse de escudos y mirar a los tres hombres con ojos desafiantes. El jefe de los ojos grises se echa a reír mientras mueve la cabeza en negación.
—Los jóvenes de hoy en día… Por eso has tenido problemas con Sherry, Gin. — Viendo al rubio. — Esa víbora se te escapa entre los dedos por ser una mujer y una impertinente que hace lo que quiere.
Será que por eso le encanta Vermouth.
—Por favor, chicos… tengo a cuatro aliados apuntándolos. — Tal parece que la hipótesis de Shinichi es cierta y además de Gin, Vodka y el sujeto sin nombre, hay otro oculto en las sombras que se encargó de traer a los cuatro adolescentes a la boca del lobo. — Sé que son inteligentes, por lo que saben que no van a poder ganar.
Ran percibe algo a lo lejos gracias a sus ágiles y agudos ojos. El reflejo de una lente. La lente de un rifle.
Hay salvación.
Se prepara para atacar y al segundo siguiente se oye un disparo que roza el brazo de Gin que sostiene la pistola, obligándolo a botarla. Ran aprovecha la conmoción y a gran velocidad está frente a él y le da un puñetazo directo en la quijada. Sin moverse de su posición, gira su cuerpo para golpear el abdomen del jefe con el tacón de su pie derecho.
—¡Genial Ran! — Felicita Aoko al momento que Kaito desarmó a Vodka con su pistola de cartas.
—¡Vamos! — Ran señala la dirección de dónde vino la bala luego de que Shinichi usase su aguja anestésica con el sin nombre.
Volvieron a correr sin mirar atrás ni dudar de si debían ir o no a lo desconocido con hombres peligrosos que se pueden reincorporar en segundos. Aunque el misterioso y cuarto tirador sigue andando por ahí, porque vuelven a sentir los ataques cerca de los talones, las mejillas y los brazos.
Los esperaba un auto negro y deportivo con las ventanas a prueba de balas, según captaron Kaito y Shinichi. El vidrio del conductor va bajando mientras se iban acercando y el detective y Ran se sorprenden de quién es.
—¡¿Ryan?! — Grita. ¿Qué hace su primo ahí?
—¡¿Ese no es Hattori?! — Pregunta Kaito al ver al copiloto… amarrado de pies a cabeza y con una mordaza en la boca. — ¿Pero qué…?
—¡Callen y suban que ahí vienen!
No miraron para comprobarlo. Se metieron a lo loco en la parte de atrás. Shinichi es el último en subir y un segundo antes una bala le rozó el cuello, así que entra al auto con un hilo de sangre allí. Ryan no espera a que cierren la puerta para partir e incluso le grita perdedor a Gin antes de perderse.
—Estuvo cerca. — Aliviado. Los chicos ya se acomodaron atrás pero siguen algo apretados. — Que suerte que pille a este idiota moreno antes de lo pensado o no estaría para salvarlos.
—Ryan, ¿qué significa esto? — Exige Ran, aturdida por tantos giros en cinco minutos. — ¿Desde cuándo sabes usar un rifle? ¿Por qué parece que conoces a ese tal Gin?
—¿Y por qué tienes a Hattori con el mismo trato que se le da a un cerdo en un matadero? — Agrega Kaito.
—Ah, Jack me ordenó que lo buscara. Lo encontré hace una hora pero como no quiso hacerme caso y venir dócilmente, lo deje inconsciente y después lo amarré. Le tapé la boca porque no paraba de hablar y quejarse.
—¿Conoces a Jack? — Pregunta el detective pensando en el anciano hombre del FBI.
—¡Aún no respondes lo otro! — Se queja Ran.
—Lo siento, Ran. No lo podía decir pero soy del FBI. — Declara al tiempo que dobla a la derecha. — Como trabajo en investigar a la organización, siempre ando con identidades falsas o ellos sabrían quién soy e irían por mi familia.
—Eso explica el por qué no te has aparecido de nuevo. — Murmura Shinichi.
—He estado ocupado averiguando de sus últimos planes y descubrí que andaban tras mi prima y Nakamori. Así que después estuve trabajando en saber por qué. Desafortunadamente no he pillado nada. Lo quemaron todo.
Los cuatro miran a Hattori como si fuese una exposición especial de un circo y eso cabrea al moreno, por eso chilla al no poder decir algo por el pañuelo en la boca. Kaito, al tener mayor accesibilidad, tiene la tarea de quitarle el trapo de la boca. Iba a quitarle las cuerdas pero Ryan le dice que no porque parece estar bien dispuesto en lanzarse del auto en pleno movimiento.
—Lo siento amigo, el agente manda.
—¡Esto es estúpido! Kudo, quítame las sogas y ayúdame a salir.
—¿De verdad crees que tú solo vas a poder contra una organización para salvar a tu princesa? — Se burla el agente pasando un semáforo en rojo. A lo lejos escucha la bocina de un conductor molesto. — Eres un detective inteligente, usa el cerebro y el sentido común.
—Lo siento Hattori. — Dijo Shinichi apoyando una mano en su hombro. — Te entiendo, pero solo y sin un plan no podemos salvarla… todavía. Usemos nuestras cartas primero y veamos qué podemos hacer.
—¡No hay que perder el tiempo, cada segundo cuenta!
—Y por esa respuesta seguirás amarrado. — Decide Ryan disminuyendo la velocidad al estar acercándose a su destino. — Me lo agradecerás luego.
Aoko no había dicho nada. Pensaba en ese hombre mencionando a su madre. ¿De qué se conocerán? ¿Su madre habrá sido otra víctima de ese sujeto?
Vodka y el extraño sin nombre están nerviosos de ver a Gin y a su jefe bastante molestos.
Al final, el jefe lleva un dedo a su oreja derecha. Allí tiene un comunicador. — Anisette, ya puedes salir de tu escondite. — Entonces, pesca el arma de Gin para matar al desconocido a sangre fría. Está tan molesto que se desahoga asesinando a idiotas inferiores.
—Se han vuelto a escapar y sólo nos queda un mes.
—Tranquilo jefe, ya verá que conseguiremos a esas adolescentes antes de tiempo. — Vodka trata de calmarlo, no quería ser el próximo con una bala en el pecho.
—Debiste de haber verificado que el detective estuviese muerto, Gin.
—Me disculpo, es cierto que no tengo excusa, pero le prometo que no cometeré otro error. — Extiende su mano, esperando que le regrese el arma. — Va a tener a esas chicas y le entregaré los cadáveres de esos mocosos superdotados.
—Siempre tan cariñoso Gin, por eso sigues soltero.
A escena se hace presente Anisette, la cuarta tiradora por el rifle que cuelga de su hombro derecho. Viste pantalones ajustados, botas a las rodillas, una musculosa, chaqueta de cuero y guantes pegados a sus manos y dedos como segunda piel para evitar dejar huellas digitales. Todo el conjunto es color negro. Su pelo color castaño le rebaza los hombros y sus ojos de color verde brillan de picardía por el placer de burlarse de Gin. No es más que una adolescente de la edad de Ran y Aoko.
—Anisette, tú y Bourbon irán por ellas.
Eso no le gusta a la chica.
—No, teníamos un trato.
—Y como aún no tengo a las chicas conmigo, el trato sigue activo… Kazuha.
CONTINUARÁ...
PD: No nos maten mucho que aún tenemos que terminar la historia ^^U
