Disclaimer: Personajes de Gosho, nosotras los utilizamos sin ánimo de lucro.


Capítulo 13

- Koizumi, ¿qué quieres decir con que Pandora es sangre? ¡Explícate de una vez!

- Las personas corrientes sois tan cortos de entendederas… Todo esto te supera… Por eso la línea de vida de ella era tan corta… La han encontrado y la quieren… - Dijo más para sí misma que para su interlocutor.

- ¡Estás acabando con mi paciencia! – Terminó gritando el ladrón. - ¿Por qué quieren a Aoko? – La bruja le miró sin inmutarse. - ¡Responde! – Exclamó desesperado. Necesitaba respuestas a lo que les estaba pasando. No sólo a él y a Aoko, sino a Kudo, Mouri, incluso a Hattori y Toyama.

- Cinco minutos y dos segundos. – Dijo el inglés mirando su reloj de bolsillo.

- No se te escapa ni un segundo, ¿eh? – Cuestionó el otro detective.

- En la vida hay que saber el momento exacto en el que vives. – Dijo guardando el objeto en el bolsillo. – Si no, puedes llegar tarde a importantes acontecimientos.

- No lo dudo, pero a veces llegar tarde te regala momentos más importantes. – Se encogió de hombros.

- No lo pongo en duda. Pero con tu amigo hay que calcularlo todo al milímetro. – Sonrió levemente.

En ese momento, el teléfono comenzó a sonar y lo cogió sin siquiera mirar el identificador de llamada. – Kudo.

- ¡Llama a Black! ¡Ahora!

- ¿Qué es lo que te pasa? – Preguntó con las cejas fruncidas. – Casi no te queda tiempo… - Dijo en baja voz mirando su reloj de pulsera.

- ¡Ya sé por qué quieren a Mouri y Aoko! ¡Y las necesitan pronto! ¡No hay tiempo que perder!

- Kuroba, explícate. – El inglés desvió su atención a Shinichi cuando le escuchó. - ¿Quién te lo ha dicho?

Escuchó cómo el móvil cambiaba de manos y comenzó a hablarle una chica. – Escúchame bien, Kudo Shinichi, el cometa Voley está a punto de pasar, necesitan la sangre de dos chicas que fueron elegidas desde hace mucho. Una de ellas es Nakamori Aoko, y parece que su igual es Mouri Ran. Tenéis que sacarlas de Japón cuanto antes. Su sangre sólo se activará donde más cerca pase el cometa, y eso es aquí.

Shinichi no sabía qué pensar. ¿Debía creer a esa chica que no conocía de nada? Todo lo que decía era surrealista. - ¿Quién eres?

- Soy una bruja del clan rojo, Koizumi Akako.

- ¿Koizumi? ¿Bruja?

- ¿Akako? – Shinichi miró a Saguru. - ¿Estás hablando con ella?

- Dile a Hakuba que salga de ahí. Y tú también debes hacerlo. Eso se teñirá de sangre.

- ¿Pero qué…?

- ¡Si no salen de ahí no volverán a ver el amanecer! Yo me ocupo de Kuroba. – Y dicho eso, la línea se cortó.

Shinichi se quedó observando el aparato, sin saber qué pensar de todo lo que había escuchado. - ¿Qué te ha dicho? – Le preguntó el inglés muy serio, y éste le miró sin saber qué decir. - ¡Kudo!

- Ha dicho que… Tenemos que salir de aquí o moriremos.

Saguru se puso manos a la obra. - ¡Kid no va a venir! – Los agentes le miraron interrogantes. - ¡Retírense todos!

- ¿Hakuba? – Cuestionó el otro chico.

- Si algo sé de Koizumi Akako, es que muy pocas veces se equivoca. – Le miró. – Si ella dice que nos matarán si nos quedamos, pasará.

Anisette observaba movimiento desde la mirilla de su rifle, extrañándose que estuviesen recogiendo todo. Marcó el número que tenía como marcación rápida para su compañero. – Bourbón. – Dijo sin dejarle hablar. – Algo no anda bien. Kid se retrasa y la policía está recogiendo.

- Entonces tendremos que apresurarnos.

- Sí, voy a… - Se paralizó al ver a Shinichi. La estaba mirando fijamente con las gafas que usaba como Conan, y sabía que esas no eran gafas normales. Chasqueó la lengua. – Lo siento, Kudo.

Momentos antes, Shinichi había visto un extraño destello desde el edificio de enfrente. Por suerte, se había traído consigo las gafas de Conan y aumentó la imagen, sorprendiéndose con lo que le mostraban. - ¿Toyama?

Alguien pasó apresurado por su lado, tropezándose y moviéndolo unos centímetros que le podían haber costado la vida. Donde antes estaba, había un agujero de bala en el piso. Miró de nuevo a Kazuha, recargando su arma, y apartó al que se acercaba por su lado. - ¡A cubierto!

Kaito y Akako escucharon los disparos desde donde se encontraban. Se fijaron en el edificio donde se encontraban los detectives y la policía, intentando cubrirse en el poco espacio que había fuera de la vista de los grandes ventanales.

- Tengo que hacer algo…

- ¿Y qué vas a hacer? – Preguntó histérica. - ¿Ir a donde está el francotirador y atacarle por la espalda?

El mago la miró como si le hubiese leído el pensamiento. – Tengo que darles la oportunidad de que se pongan a salvo. – Se giró para marcharse.

- ¿A costa de tu vida? – Le miró la espalda. El mago podía sentir que le quemaba.

- No puedo vivir sabiendo que alguien ha muerto y yo podía haber hecho algo. – Dijo por último perdiéndose en la oscuridad.

La bruja apretó los dientes, frustrada, y miró de nuevo el edificio donde se encontraban los agentes y detectives atrapados. – Maldito mago con aires de héroe…

Anisette seguía cargando contra los pobres infelices que había en la sala de Mermaid. Ya no le importaba a quien darle, no saldrían de allí antes de que el plan se cumpliese. Y si alguno no salía… Haber sido más rápido.

Tenía a un castaño con aires de inglés dando órdenes en el punto de mira cuando una sombra la despistó. Miró hacia arriba y vio una figura blanca prácticamente encima de ella. Pudo evadirla a tiempo, pegando su rifle a su cuerpo y apartándose hasta el otro lado de la oscura sala.

El mago guardó su parapente y la miró con desconcierto y enfado. No sabía qué sentimiento reinaba. Ella sonrió con una malicia pura de su gente. – Mira por donde… Uno de mis objetivos principales ha venido justo a la boca del lobo. ¿Preparado para morir?

Él la seguía mirando como si se fuese a volver loco con los sentimientos tan dispares que tenía. - ¿Por qué? – Consiguió pronunciar.

- ¡Vaya pregunta! – Se carcajeó. – Porque él me lo ha ordenado.

- No me refería a eso… - Dijo lúgubre. - ¿Por qué estás con ellos? – Ella se puso seria. - ¿Por qué disparas a gente inocente? – Señaló a su espalda. – Creía que Mouri y Kudo eran tus amigos. ¿Acaso no te importan? ¿Y Hattori? – Algo se resquebrajó dentro de ella, pero no dio señal de ello externamente. – De todos nosotros, él ha sido el que más lo ha pasado mal. ¡Incluso arriesgó a que sus heridas se abriesen para escapar del hospital e ir a buscarte!

- ¿Para qué responderte si no vas a salir vivo de aquí? – Sonrió con malicia de nuevo, ajustando su rifle y apuntando al mago. – Espero que te hayas despedido de Nakamori. Aunque bueno… - Se encogió de hombros. – Pronto se reunirá contigo de nuevo.

Iba a disparar, pero un dolor agudo comenzó en el dedo del gatillo. Lo miró y éste sangraba. Miró de nuevo al mago con odio y le vio con su pistola de cartas medio escondida entre sus ropas. – Espero que no seas ambidiestra, no quiero volver a lastimarte, Toyama. – Le dijo con seriedad.

Ella cambió con rapidez el arma y disparó, dándole poco tiempo al mago a cubrirse en un sofá cerca. – Nadie se interpondrá entre mi deseo y yo. – Dijo con rabia mientras acribillaba el objeto donde se escondía el chico.

- Algo ocurre… - Dijo preocupada Aoko. – Kid nunca se retrasa… Y ya pasan diez minutos de la hora. – Miró a su amiga suplicando apoyo.

Ran le cogió de las manos intentando confortarla. – No pasará nada, Shinichi…

- "Última hora en el caso de Kaito Kid. Alguien ha abierto fuego a los agentes del orden que se encontraban en la sala custodiando la joya deseada por el ladrón hace unos minutos. Se sabe que los detectives Hakuba Saguru y Kudo Shinichi se encontraban dentro. Mientras ocurría el tiroteo, se ha visto volar a Kaito Kid justo hacia donde provenían los disparos, parando todo de repente. No se sabe nada de los agentes y detectives que se encuentran dentro del edificio, seguiremos informan… ¡Esperen! ¡Han comenzado los disparos! Provienen del lugar donde Kaito Kid ha entrado hace unos instantes. No parece que estén disparando al edificio, ¿estarán atacando al ladrón?"

Aoko y Ran estaban lívidas, mirando en trance las noticias. Heiji no se encontraba mejor que ellas. Los tres miraban las noticias con el corazón en la garganta, deseando que los chicos volviesen sanos y salvo.

Tan ensimismados estaban, que no se habían dado cuenta de lo que ocurría fuera de la sala donde se encontraban hasta que un golpe medio derrumbó la puerta, haciendo saltar a los tres chicos.

Hombres armados les rodearon y apuntaron. Heiji intentó cubrir a las chicas entre la pared y él mismo, intentando protegerlas.

Un hombre con las manos en la espalda caminaba tranquilo hacia ellos, no se le podía ver el rostro por la máscara que llevaba, pero hubiera jurado que sonreía. Miró hacia el noticiero y silbó. – Veo que Anisette no se ha podido contener. Le pedí tiempo, pero esto…

- ¿Quién cojones eres? – Gritó enfurecido el moreno.

El aludido le miró con ojos fríos. – Mi nombre es Bourbón. Y no me importa matarte con tal de llevarme a esas dos chicas conmigo. – Dijo desenfundando la pistola que tenía en la cartuchera de la cintura y apuntándole a la cabeza.

CONTINUARÁ