Usio: Gracias por leer, lamento que sufran con esta Kazuha pero aún está empezando a sufrir y la pobre se merece más trasfondo
Arual: Nada que comentar... ¿Perdón? ^^U
Disclaimer: Nada es nuestro, nos encanta hacer sufrir a los personajes, Gosho es un buen maestro.
Capítulo 14
PASADO.
Son las cuatro de la mañana, pero Kazuha se encuentra bastante despierta, contemplando a Ran y Aoko. Por su cara pasa la confusión. Hace mucho que ya no se sentía así y no le gusta. Ella sabe lo que quiere y no debe retroceder o las consecuencias serán enormes.
Agarra su celular y en silencio sale de la habitación, usando sus habilidades de sicario profesional para ir a la calle sin despertar a nadie, ni a Kuroba con sus sentidos de ladrón activados aun cuando duerme.
Salió con el pijama puesto y un abrigo encima para el frío de la madrugada. Se alejó dos cuadras de la agencia con los ojos tecleando un mensaje a esa persona. Es un mensaje simple: llama.
A los dos segundos su celular suena y ella responde a pesar que el número no está guardado en su agenda de contactos.
—¿Qué puedo hacer por ti Anisette?
—No me vengas con esa actitud de cordial ignorante. ¿Por qué no me has dicho que la Organización va tras Ra… Mouri Ran?
Tiempo muerto en el celular. No le responde de inmediato y por un segundo Kazuha teme haber metido la pata.
—No era necesario. — Se oye al fin.
Y esa respuesta la enfurece.
—¡¿Qué no era necesario?! — Mira por todos lados muy atenta y nerviosa. Y no porque alguien la puede asaltar, sino porque no quiere matar a alguien sólo por haber escuchado algo que no debe. — ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo la tienes en la mira?
—Más de nueve años.
—¡¿Nueve años?!
—Sí… ¿Y cuál es el problema con eso?
Si le hubiese avisado, jamás habría entablado una amistad con Ran, ni con Aoko. Sólo habría tenido una relación totalmente cordial. O haber fingido ser su amiga para traerla más fácil al matadero si su jefe se lo pedía. Y con Kudo también si le hubieran dicho lo de la droga y que se supone que debía estar muerto. Pero no puede decir todo eso porque no puede poner las emociones en una conversación con su jefe.
Hay que ser fría de corazón o él te lo muele.
—Es un problema si he estado dos años con ellos. Me habría preparado mejor.
—Oohhh… ¿Acaso no eres capaz de separar las emociones del trabajo? Me desilusionas Anisette, te creía capaz de eso y más.
Ahora entiende. Es otro juego de psicología. Para probarla otra vez que tan lejos puede llegar. Y eso la enfurece. ¿De verdad cree que ella es capaz de echar a perder todo lo que ha sacrificado por su Deseo?
—Lo dice el hombre que le perdona todo a Vermouth sólo por ser bonita… aun cuando te ha ocultado la verdad de Kudo y Sherry.
Otro silencio.
—¿De qué hablas Anisette?
¿No lo sabe? ¿Sigue a Ran sin saber que su novio sigue vivo?
—Kudo está vivo. Si me hubieras dicho también que Kudo Shinichi fue una víctima de Gin, te habría dicho desde el inicio que él no está muerto porque se la pasaba hablando con Mouri Ran por teléfono.
Y le sigue hablando de todo lo que ha pasado desde que conoció a Ran y Conan, incluso le comentó de la plática que tuvo horas antes, sobre el encuentro de Kudo con Gin y Vodka en Tropical Land, que Sherry es una niña que vive con Agasa y de todas las investigaciones que han hecho para detener a la Organización.
No toma pausa o hay riesgo que se va a quebrar y llorar por la acumulación de diversos sentimientos que la corroe. Y eso es algo que nunca debe hacer ante el jefe. Esté o no frente a ella.
—Anisette… estoy en verdad decepcionado con Vermouth y aliviado contigo. Cometí un error al no creerte una aliada digna.
Sí, claro. Es obvia su actuación de remordimiento pero al menos ya no le va a tomar el pelo. Le ha probado otra vez que es alguien de confianza.
—Y por falta de personal de confianza, voy a tener que necesitarte de nuevo Anisette… consígueme a esas mujeres.
Kazuha siente una piedra en el estómago y maldijo una vez más la fuerte amistad que tiene con Ran (y ahora con Aoko también) que le está rogando que rechace la orden. Tiene la garganta atorada que tiene miedo que se le escape alguna señal de debilidad.
—¿Cómo me pides algo así justo ahora? No puedo llegar y mandarme a cambiar. Heiji se daría cuenta y me diste tu palabra que lo dejarías vivo.
No puede permitir que algo malo le pase a Heiji. Haría lo que este a su alcance mientras aún pueda protegerlo o no viviría con la culpa.
Ya ha perdido demasiado.
—Sé lo que te he prometido Kazuha… — El cuerpo de la adolescente tiembla al oír su nombre real en esa voz fría e indescifrable. — pero tú no olvides que tienes un trato conmigo.
Duro golpe.
—Ya lo sé… mi señor, pero por favor… si aún es posible, mantén a Heiji a salvo…
Otra vez aquel silencio frío de suspenso que puede llegar a matarla.
—Este es el plan Kazuha y así tu hombre estará a salvo.
PRESENTE.
Un jarrón explota.
—¡Sal de tu escondite y déjate matar de una vez! — Grita entre los disparos.
—¡No gracias! — Responde Kaito evaluando la situación.
Sólo espera haberle dado tiempo a los demás para resguardarse. Hasta desea que Hakuba se encuentre a salvo.
Un ruido particular llamó su atención y ve como frente a él cae lo que parece ser una granada.
—¡Maldita loca! — Critica el ladrón mientras corre agachado por su izquierda, salvándose de la explosión de gas somnífero que emite la granada.
—¡Te tengo! — Celebra feliz consigo misma una vez su bala penetra la piel del ladrón.
El disparó le llego bajo la rodilla izquierda, perdiendo el equilibrio y cae al suelo rodando que parece una rueda. Termina boca abajo y vuelve a maldecir, cargando su mirada llena de rabia en la inmune Anisette.
Ella no se acerca. No va a confiarse ante un ladrón y mago de élite como él. Basta con apuntar y disparar en el cráneo.
—En estos momentos mi compañero ya tiene en su poder a los blancos del jefe… así que me voy a asegurar de llevar un recuerdo a tu novia… ¿Qué tal tu cabeza?
A pesar que está por morir, Kaito Kid mantiene su mirada de póquer y sonríe.
—¿Tan grande es tu arrepentimiento que ni te atreves a llamarla por su apellido siquiera?
Toco la vena sensible de Kazuha, presiona con más fuerza el arma y lo ve con odio.
Porque tiene razón.
Para su mala suerte, está dudando, se le nota por los dos segundos que tardó en disparar. Tienes que hacerlo, se recuerda tratando de no sucumbir al arrepentimiento.
—No es personal Kuroba.
Explosión.
Todas las ampolletas del lugar estallan, obligando a Anisette cubrirse con la mano libre y sin dejar de apuntar. Confusa, contempla sin creerlo a una mujer, en ropas cortas y atrevidas, acercándose a Kid… ¡Volando sobre una escoba!
—¡¿Akako?!
—¡Sujétate de mí escoba y cállate Kuroba!
—¿Una bruja de verdad? — había escuchado algo al respecto por las investigaciones de Pandora, pero no se esperaba conocer a una en carne y hueso.
Apenas la bruja se eleva con Kid, reacciona por fin y empieza a disparar, pero la escoba es más rápida y consiguió sacar a la bruja y al mago.
—¡Maldición! — Tira su rifle al suelo y se lleva las dos manos al pelo sin importarle que la sangre de su herida le manche el pelo.
Ahora Heiji lo va a saber.
Si no lo mata Bourbon primero.
Cálmate, cálmate, cálmate. Se repite una y otra vez, dando grandes bocanadas de aire.
Le ha disparado a Kuroba, así que aún tiene una oportunidad de triunfar ante el jefe. Sólo debe darle lo segundo que más desea y su Deseo estará garantizado, como también la vida de Heiji.
Presiona su comunicador de la oreja.
—Voy tras Sherry.
—Entendido.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Bourbon desconecta la llamada y contempla satisfecho a las chicas inconscientes y amarradas en la camioneta roja. Mira el edificio abandonado del FBI, pensando en Hattori anestesiado en el salón de estar.
Va a cerrar la puerta pero al ver a Aoko, titubea por un segundo sobre el plan. Quiere acariciarle la mejilla pero se recompone rápido y cierra.
La vida está llena de ironías e injusticias.
Ordena a sus hombres que se adelante para resguardar la siguiente misión de Anisette.
Una bala le roza la mejilla apenas iba a abrir la puerta del piloto. A pesar de la situación, sonríe.
—Ooooh… se nota que eres un digno agente del FBI. — Se voltea para ver a Ryan. — Mis respetos.
A Ryan le complicaba hasta respirar ya que fueron atacados con balas anestésicas. Todo su cuerpo le pesaba que estaba obligado a usar un esfuerzo sobrehumano para sostener el arma y apoyarse en Heiji, quien se siente igual de anestesiado y eso hay que sumarle las heridas que todavía no sanan. También se está apoyando de Ryan y pudo despertar gracias a que el agente le dio un golpe en la cabeza.
Aunque ninguno de los dos sabe cuánto tiempo van a durar.
—Libéralas… — A pesar de no estar cien por ciento sano, Ryan igual es capaz de hablar con tono autoritario… aunque le cuesta demasiado. — No fallaré de nuevo…
—No estás en condición de exigir agente.
Vuelve a disparar pero Bourbon está más preparado y lo esquiva agachándose. Luego es su turno de apuntar y disparar, dándole en la mano.
—Yo gané. — Triunfal.
—Maldición. — La anestesia no le quita el cabreo a Heiji. Da dos pasos que fueron todo un esfuerzo para él. — Entrégame a Kazuha… y a las otras…
Bourbon vuelve a sonreír.
—Se lo advertí a Anisette.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—Ya que no veremos a Kudo y a los demás hasta la tarde, recorramos la ciudad.
—Claro Heiji. — Sonríe. — Déjame ir al baño primero.
Kazuha duda un segundo y voltea para ver a su amigo de la infancia, quien se extraña de su comportamiento.
—¿Kazuha?
La chica de Osaka se lo queda mirando un rato más y luego lo besa, dejándolo inmóvil del shock.
No olvides que te amo, no importa qué. Es lo que quiere trasmitirle con aquel beso… ya que posiblemente nunca podrá decírselo de nuevo si quiere mantenerlo vivo.
—No fue mi imaginación. — Se justifica por su comportamiento. — O hubiera sido demasiado humillante. — Sonríe.
Al comprenderla, murmura lo tonta que es mientras la toma por la nuca y chocan sus frentes suavemente.
La puerta se abre bruscamente, produciendo que se separen y miran horrorizados a los hombres de negro con armas en mano, liderados por un hombre moreno y rubio. No se le veía el rostro a causa de la bufanda gris que le tapa de la nariz para abajo.
No perdieron el tiempo. Rápido fueron directo a Heiji y le golpearon la cara con sus pistolas. Otros agarraron a Kazuha, quien mira horrorizada lo sucedido.
—¡Heiji!
—¡Suelten a Kazuha!
De respuesta se gana otro golpe que lo deja inconsciente. Kazuha se libera con un codazo y corre hacía él, queriendo tocarlo pero logra detenerse al último minuto. No debe enseñar emociones ante la Organización. Ella es Anisette ahora, un sicario que ha sido entrenada por el mismo Gin para tener sangre fría.
El moreno rubio se pone a su lado mientras se quita la bufanda. Se ve indiferente pero Kazuha sabe muy bien que por dentro se está burlando de ella.
—Toyama. — La saluda pero con los ojos en Hattori.
—Amuro. — Si le va a llamar por el nombre, ella puede hacer lo mismo. Aun si no es su verdadero nombre. — El jefe no me dijo que vendrías.
—Soy más… sutil a comparación de Chianti. Dudo que la quieras aquí… ¿O sí?
Por supuesto que no. Con lo loca y sedienta de sangre que es, sabe qué intenciones tendrá con Heiji. No debe matarlo, pero no va a detener su deseo de tortura, usando de justificado "es para que no se mueva del hospital", que es justo lo que Kazuha quiere. Que esté en el hospital durante esta guerra para que no se siga involucrando y esté seguro.
Un ruido familiar alerta sus sentidos y mira enojada cómo su colega está apuntando con el arma al detective.
—¡¿Qué estás haciendo?!
—Con unos puñetazos no lo van a dejar hospitalizado. — Se justifica. — Hay que dispararle… ¿O quieres hacerlo tú?
Le ofrece el arma.
Kazuha se sorprende. No porque le pide que lo haga, sino porque Amuro quiere hacerlo por ella, para que ya no tenga más carga de culpa sobre los hombros. Quiere saber por qué tanta generosidad pero él sólo mantiene la vista fija en ella, como si aquel lenguaje visual fuese suficiente.
—Asegúrate de no dejarlo discapacitado de piernas o te arranco las tripas vivo.
—Creo que hay que llegar a tal extremo si quieres mantenerlo vivo.
Ella le responde con una mirada mordaz y le da la espalda para alcanzar el auto que los espera a cuatro cuadras mientras se quita el lazo del pelo y lo deja caer por ahí como una evidencia de haber sido secuestrada. Entonces se cubre con un abrigo negro como una señal silenciosa del regreso de la asesina para trabajar y cumplir los caprichos de su jefe.
Amuro la ve alejarse con una sonrisa de culpa una vez no quedo extras que puedan darse cuenta de sus gestos faciales. Da la media vuelta para contemplar otra vez a Heiji, quien sigue durmiendo sin darse cuenta otra vez que ha tenido un alma rota y una asesina a su lado. Quizás sea porque él, sin saberlo, ha sido un balance para mantener a Kazuha cuerda y seguir fingiendo felicidad cuando por dentro se muere una y otra vez.
Suspira resignado y apunta al adolescente.
—Lo siento. — Y dispara.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—Le dije a Anisette que teníamos que dejarte en una silla de ruedas pero te ama tanto que es tozuda.
Dispara una vez más, rozando la rodilla de Heiji. El ardor obliga al moreno soltar a Ryan y caer, quejándose de dolor.
—Mierda… de verdad esperaba más. — Murmura Bourbon.
Se sube a su vehículo sin darse cuenta que Ryan saca de su zapato una pistola tamaño del puño y le da en el maletero una vez emprende marcha. Se incrusta algo negro y pequeño que desprende una luz roja y parpadeante.
—Que humillante. — Se queja muy cabreado. Le ha fallado a la agencia. A su prima. — Hattori, ¿Sigues despierto?
El silencio es prueba que no. Al parecer los sedantes volvieron a ganarle al detective gracias al roce de bala, aprovechándose de su defensa baja. Despotrica el mundo y saca el celular. Debe avisar a Kudo mientras aún tiene fuerzas de estar despierto para que encuentre el vehículo.
Una última oportunidad.
Con manos torpes teclea el mensaje, resumiendo lo sucedido y enviándole el código de rastreo para que encuentre a las chicas con Kid. Se demora la vida en ello por culpa de los analgésicos, por lo que sólo lleva la mitad cuando escucha una camioneta acercarse y vuelve a maldecir. No va a morirse sin enviar el mensaje primero.
—Ryan.
Se sorprende y alza la cabeza.
Esa voz la conoce bien.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—¡Kudo!
Detective e inglés miran en la misma dirección. Ladrón y bruja llegan súper rápido. Algo sorprendente si uno de ellos tiene una bala en la carne.
—¿Estás bien Kuroba? — Pregunta Hakuba verdaderamente preocupado.
—Aún estoy vivo. — Responde sin importarle ahora mismo mantener la identidad. — Maldita sea Toyama.
—Entonces no fue un error de visión. — Dijo Shinichi sin saber ahora qué decirle a Hattori. Se sentía traicionado y confundido. — ¿Por qué?
—Ustedes son los detectives, averígüenlo. — Se queja Akako bastante furiosa. — ¿Nos podemos si preocupar primero del inútil agonizante? — Obviamente refiriéndose a Kid.
El mencionado la ve con ojos asesinos. En cambio, Hakuba toma las riendas del asunto y les ordena a que le sigan a su auto, que lo dejó estacionado cerca.
—¿Y qué le vas a decir a tu niñera? — Pregunta el mago, esforzándose por mantenerse en pie con la pierna lesionada y con Shinichi de apoyo extra.
—Baaya no vino. Yo conduzco. — Lo ayuda a sentarse en el copiloto.
—¡No tienes ni la edad para portar licencia!
—Mira quien habla, ¿Te ha detenido eso acaso? — Recordando todas las salidas que consiguió el ladrón tras un volante. — Y sí, tengo una licencia a diferencia de ti.
—¡Tienes licencia para conducir en Inglaterra! — Escucha en los asientos de atrás a Shinichi y Akako riéndose, divertidos de su mal rato con Hakuba.
—Detalles. — Se pone el cinturón. Kaito, en su mente, lo despotrica por ser un aprovechado al ser el hijo del jefe líder de los policías japoneses. — ¿Dónde atendemos al casi muerto? No es buena idea ir a un hospital.
—Llévanos a la agencia del FBI. — Responde Shinichi. — Allí están Ran y Nakamori.
Saguru enciende el motor del auto y emprende la marcha. Mientras conduce le echa otro vistazo a la herida de Kaito y sus lamentos, por lo que saca de la guantera una bufanda.
—Para la presión.
El ladrón acepta malhumorado.
Dobla una esquina y el celular rompe el silencio. El detective del Este lo busca en el bolsillo y se preocupa al comprobar que es Ryan.
—¡Mierda! — Teclea rápido.
—¿Qué pasa? — Kaito se alarma pero no deja de vendarse.
—¡Dobla a la izquierda y acelera!
—¿Qué? — A Saguru le parece extraño su comportamiento.
—¡Hazlo!
El inglés no lo duda más y pisa el acelerador a fondo y al mismo tiempo dobla a la izquierda. Shinichi le da indicaciones y Saguru lo cumple tan bien que es milagro que no haya aún un accidente por la exagerada velocidad.
—¡Por cosas como esta prefiero mi escoba!
—¿Y ahora que te picó Kudo? — Se queja Kaito porque la abrupta velocidad provocó que se golpeara la cabeza en la ventana.
—¡Se las han llevado!
Ya no fue necesario agregar más palabras.
—¡Acelera pomposo!
—¡El pedal está hasta el fondo Kuroba!
—¡No es suficiente!
—¡No estamos en la escuela para que vuelvan a actuar como idiotas! — Les recuerda Akako.
Siguen con su carrera contra reloj. Shinichi da las indicaciones, Saguru las obedece y Kaito no para de quejarse de lo lento que van a pesar de estar superando los doscientos en velocidad.
—Los alcanzaremos en dos cuadras.
No tardan en distinguir una camioneta roja. Shinichi anuncia que es ese y Hakuba hace una pirueta, dobla a la derecha, dirección opuesta, y, sin prestarle atención a las quejas de Kaito, dobla luego a la izquierda, otra vez a la izquierda y pisa el freno tan de golpe que los otros se sacuden y deben buscar donde aferrarse.
En un segundo están quietos.
Y al otro sienten la luz de la camioneta a su izquierda.
Shinichi consiguió quitarle a Akako el cinturón de seguridad y la atrae a su cuerpo para protegerla del impacto. Hakuba se quitó el cinturón mientras frenaba y consigue correrse para quedar sentado como puede sobre Kaito y disculpándose del dolor que le causó.
El impacto los sacude violentamente y de seguro tendrán varios músculos adoloridos pero al menos consiguen detener la camioneta y seguir vivos. Vaya manera de arruinar un clásico. Baaya va a matarme, piensa Saguru con los ojos en la camioneta roja y en los daños que consiguió su propio vehículo.
—No pienso decirle a Aoko esta parte. — Se queja Kaito cabreado de tener a su rival sobre él. ¡Que tiene la pierna herida!
—Yo tampoco Kuroba.
Shinichi es el primero en salir y corre hacia la camioneta gritando el nombre de su novia a cada respiración. Pero sólo se pilla un vehículo con un maniquí en el volante y dos más atrás, amarradas para parecer rehenes. De seguro es controlado de algún lugar por control remoto.
Y los tres maniquíes tenían rallado con rotulador negro: Les he ganado. Pandora es mío.
—¡Mierda! — Golpea con fuerza la puerta y con la imagen de Ran en su mente. Saguru y Akako se acercaron y comprobaron igual de perplejos por el engaño (consiguieron dejar a Kaito quieto en el auto). — ¡Ran! — Cierra los ojos y vuelve a usar la fuerza de su puño. — ¡RAAAAAN!
En el auto, Kaito se horroriza. Si Kudo está así, eso significa…
—No… ¡No! — Quiere pararse y salir de ahí pero la pierna no le deja. — ¡Maldición, maldición, maldición! — Lo repite mientras golpea con los puños la guantera sin parar. — ¡AOKOOOO!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Tecleando, Shiho puede oír al profesor cocinar con una cálida música de fondo. Su mente aprovecha esa debilidad para recordarle todo su pasado en la Organización. Se frota los ojos, agotada de la conciencia que la carcome. Como también le cansa el miedo, la idea de ser asesinada en cada momento. Y ahora es mucho peor.
Le llega un mensaje. Parece ser de Kudo. La petición le extraña y al mismo tiempo le molesta. ¿Equipo de primeros auxilios? Ella es científica, no doctora. Una rama diferente de la ciencia.
—Profesor. — Lo mira y él deja lo que hace. — Kudo-kun ha enviado un mensaje.
—¿Qué es lo que dice?
—Quiere que le preparemos un kit de emergencias.
El profesor se preocupa y rápido va a buscar todo lo que haga falta. — ¿Se habrá lastimado con gravedad al ir tras la Organización?
—No me ha dicho algo más. — Lo sigue preocupada. Se le ha olvidado aquel detalle, Kudo es taaaaaaaaaaan… despreocupado de su seguridad.
Escuchan un vehículo frenar en seco frente a la casa. Shiho corre a la ventana, alerta por si son los de la Organización. Pero, para su alivio, son Shinichi y Saguru cargando a Kuroba mientras Akai, Ryan, Heiji y una mujer de poca ropa les sigue por detrás.
Momento. ¿Quién es esa? ¿Dónde están Ran y Nakamori? ¿Cómo es que Kuroba ha terminado así?
Abre la puerta de par en par, gritándole a Agasa que se apure con las cosas. La casa se vuelve de locos con tantos gritos y órdenes. Ninguno era doctor pero se aprovecharon de los conocimientos de los agentes y de Shiho para tratar la rodilla de Kaito.
Finalmente todo vuelve a la calma. A Kaito le colocaron ropa de Shinichi (se quejaba por eso pero es mejor que usar ropa súper holgada del profesor), Akako alega con los agentes por no dejarla regresar a su casa apenas le dijeron que ella sabe un par de cosas con respecto a los planes de la Organización y Shiho se pregunta ahora, mientras se deshace de las ropas del ladrón, como es que aún no se llevan a Kid tras las rejas.
Akai se había reunido con Heiji y Ryan, los ayudó a entrar a la camioneta y siguieron la señal para encontrarse dos vehículos destruidos y a los adolescentes destruidos y sin saber qué hacer. Luego de comprobar que los malos consiguieron su objetivo, decidieron que primero hay que atender la herida de Kaito, por lo que juntos fueron donde el profesor Agasa y Shiho, dejando el desastre automovilístico a Jodie y Camel. Cuando el agente mayor vio a Kaito con el traje de Kid y herido, bastó para entender todo lo que Shinichi le pidió ayuda y luego le darán las respuestas. Después todo será decisión suya. Así fue como todos terminaron en la casa de Agasa y Shiho.
—Lo siento Hattori pero tu novia es una desquiciada con el arma.
—Cállate Kuroba o te parto la cara.
—Alguien está en negación. — Lo ignora. — Me importa un comino lo que pienses, ella es responsable del secuestro de Aoko. Es parte de esos locos y, lo siento, pero no voy a dudar en darle una paliza si con eso recupero a Aoko.
Hattori prepara el puño para cumplir su palabra pero Shinichi, intuyendo sus intenciones, se para frente a él.
—Lo siento Hattori, yo también la vi antes que nos disparara a todos en el edificio, sin importarle matar a inocentes… es parte de ellos.
—No lo es… Kudo, es Kazuha…
—Yo tampoco no puedo creerlo, pero ahí estaba…disparando a inocentes con tal de matarme…
—Y a mi pierna. — Interrumpe Kaito, ganándose un zape por parte de sus compañeros de clases.
—Y la pierna del quejica. — Agrega Shinichi, mosqueando a su doble. — De verdad lo siento, Hattori… pero hasta no saber la verdad, debemos tratarla de sospechosa.
—¡Por supuesto que no!
—¡Hey! — Ryan se impone. — Lamento que seas tonto para no darte cuenta pero no olvides que mi prima y Nakamori están en manos de la Organización en estos momentos.
Hattori ya no supo cómo debatir eso. Sabe que Kazuha no es una criminal pero no puede olvidar a Mouri y Nakamori. Están en problemas también y no puede fallarles. Ni a ellas ni a Kazuha. Y estar quejándose no va a conseguir nada.
—Son tan dulces que me da diarrea. — Se queja Akako con su característico estilo. — No perderías el tiempo con ellos si aceptarás ser mi esclavo.
—No, gracias. — Se queja el mago.
—¿Quién eres y por qué andas como si fueras la reina de esta casa? — Pregunta Shiho cuando en realidad quiere saber por qué anda en casi nada de ropa.
—Koizumi Akako y estoy encerrada aquí porque tus amigos agentes no me dejan ir.
—Eso es porque sabes algo y eres testigo. — Se justifica Ryan.
—Ya le dije todo a Kuroba. Que él les explique y yo me voy.
—Eres bienvenida de irte. — Ofrece la científica.
—Oye, oye… — Se queja Shinichi. — Si no te conociera, diría que estás celosa…
Mala idea comentarlo. Shiho le dirige una mirada llena de rabia y odio que de seguro le va a salir cuernos por el fuego en sus ojos. El detective queda tieso y traga saliva con dificultad.
No había estado tan enojada desde que hizo un comentario de su cuerpo desnudo de niña.
—¿Dijiste algo Kudo-kun?
—¿Yo? N-nada…
—Pandora. — Dice Kaito de pronto. — Es una joya que tiene la capacidad de dar la Vida Eterna… eso se ha creído toda la vida pero la realidad es que Pandora no es una joya… es sangre.
—¿Eterna Juventud? — Escupe Ryan. — Eso es una tontería. No puedo creer que la Organización pierda el tiempo en cuentos.
—Dile eso entonces a mi padre, que fue asesinado por ellos por no querer ayudarlos en conseguírselas.
—Toda la vida han creído que es una joya… — Akako toma la palabra mientras se acariciaba un mechón de pelo. — Pero no lo es… en realidad, es cómo hacer magia de alquimia. Dar para recibir.
—El por qué se creía que era una joya dentro de ella fue por una mala traducción… no son dos joyas, son dos personas. — Kaito continúa con la explicación. — Para obtener tal poder, debes sacrificar la vida de dos mujeres.
A Shinichi se le congela el cuerpo, puede sentir como la sangre, por un segundo, no le circula por el cuerpo al darse cuenta de dónde iba la conversación.
—Ese hombre quiere matar a Ran y a Nakamori para conseguir la inmortalidad.
—Espera. — Heiji protesta apenas se llega a ese razonamiento. — Es ridículo, ¿Por qué ellas? Puede matar a cualquier par de mujeres, incluso de su propia Organización, y se habría ahorrado muchos problemas.
—Porque Pandora no aparece ante cualquier sangre. — Akako sigue más atenta en su pelo que en su público. — Cuando el cometa Volley se acerca, en el país donde más cerca pasa, nace Pandora en dos bebés gemelas pero que hayan nacido de diferentes madres. Nakamori y esa chica Mouri son Pandora, y el destino de las Pandoras siempre es muerte y destrucción. — Con seriedad y enojo ve a los presentes. — Ahora que ese hombre tiene a las gemelas, todo está acabado.
Tan concentrados estaban que no notaron que el veneno había entrado a la casa hasta que ya fue tarde. El primero en notarlo fue Agasa, quien bostezo y pensó que era simplemente sueño por el cansancio. Pero entonces Shiho y Ryan también notaron cansancio y el agente no lo tomo como algo urgente ya que con lo ocurrido estas últimas horas es normal que este cansado. Pero que Akai bostece, ya prendió las alarmas. No es normal que el hombre muestre cansancio a los demás, por lo que el asunto debe ser grave. Los demás también empezaron a esforzarse por seguir despiertos, pero el sueño es tan fuerte que no pueden vencerlo.
Todos caen de rodillas (menos el ladrón, quien sigue sentado desde el inicio gracias a su herida) y aquello fue una señal para que hombres de ropas oscuras entrasen desde la puerta de atrás con máscaras de gas. Con pistolas en mano, los rodean, listo para matar a la orden de su superior.
—¿Cómo… es que no… los sentimos llegar?
—No puedo… moverme… — Reprocha Ryan sin comprender por qué le tiembla tanto la mano.
—No sólo ingerimos gas somnífero… también paralizante… — Comprende Shiho aferrándose a lo más cerca que tenía al ver a sus ex colegas allí: Saguru.
—Pero… ¿Cómo? — Pregunta Agasa.
—No lo sé. — Admitieron los detectives adolescentes y el ladrón al mismo tiempo.
Uno de los hombres que no portaba un arma, alza la mano derecha y muestra un Walkie Takie. Presiona un botón rojo. — Anisette-sama, todo está tal cómo predijo.
—Vaya… pues entonces gracias Kuroba Kaito por ayudarme a introducir el gas. — Se oye una voz femenina al otro lado que la mayoría conoce bien.
—No… — Heiji no puede creer lo que oye al otro lado de la línea. Debe ser un truco. — Ka… ¡¿Kazuha?!
—… — Nadie se daba cuenta que ese silencio se debe a que Kazuha, desde el auto, tuvo un segundo de reflejar culpa y arrepentimiento, aprovechando su momento de soledad. Sus colegas nocturnos de seguro imaginaran que está dando suspenso para torturarlos. — ¿Sorprendidos? De verdad que soy muy buena actriz. — Suelta una pequeña y baja risa. — Debería dedicarme a la actuación una vez que todo acabe y eclipsar a Vermouth y a tu madre Kudo.
—¡CALLATE! — El potente grito de Shinichi hace retroceder a los hombres de la Organización. Al otro lado de la línea, Kazuha no puede contener su sonrisa. Que haya liberado tal potente voz en su estado habla bien de su fuerza y resistencia. — ¡¿Por qué?! ¡Todo este tiempo… tú has estado jugando con nosotros! ¡Con Hattori!
Otra vez aquel silencio malinterpretado. Y por eso es que Kazuha decidió hablar a través del Walkie Takie y no en persona o todos notarían la agonía en sus ojos o lo que siente al causarle tal dolor a Heiji. Aquellos hombres de negro también lo notarían y se lo podrían contar a Gin. Y si se lo cuentan a Gin, éste se lo dirá al jefe y otra vez él no confiará en ella.
Y por su Deseo, debe obtener esa confianza.
Al final es cierto y no se puede obtener todo lo que queremos… debí aprenderlo el día que Akemi murió. Se muerde el labio de rabia al recordar a aquella guerrera caída. No, ella no se convertirá en Akemi. Ella va a obtener lo que quiere.
—No jugué con ustedes… ni con Heiji… es todo lo que diré por respeto a ustedes. — Suspira. — Tengo cosas importantes que hacer y los sentimientos no me los van a conseguir. Por eso hago lo que hago.
Los únicos que se mantenían despiertos eran los detectives, el agente Akai y el ladrón.
—¿Cosas que hacer? — Murmura Saguru apenas. — Interesante. ¿Qué será?
—Ustedes son los detectives, averígüenlo… si aún tienen tiempo. ¡Pero bueno! Dejémonos de habladurías y comencemos a trabajar: Traigan a Sherry, a Akai y la bala que le incruste a Kuroba.
—¿La bala? — Kaito mira la dirección en dónde dejaron la pequeña cosa y se sorprender de ver como un humo verde sale de allí. — ¡El gas… estaba ahí!
—Así es. — Kazuha vuelve a reírse bajito. — Por eso te doy las gracias… en agradecimiento, te entregaré a Nakamori en tan buen estado que creerás que está dormida y no muerta… muy gentil de mi parte, ¿No te parece?
Y todos caen dormidos.
Un hombre carga a Sherry mientras que dos llevan a Akai apoyando cada brazo en sus hombros. El que sostiene el Walkie Takie comenta a Anisette que han tomado la carga con facilidad y se reunirán con ella atrás para que se lleve los objetivos.
—Apresuren. — Apaga el maldito aparato y lo guarda en la guantera.
Deja que el asiento sostenga todo su peso y se lleva las manos a la frente, enredando después los dedos en su pelo. Cierra los ojos y se repite el mismo mantra que se ha dicho desde los ocho: falta poco, falta poco, falta poco. Y mientras se repite su mantra, lágrimas caen por su rostro sin quererlo.
—¡Maldición! — Con rabia se limpia la cara y se golpea la frente con el volante, en búsqueda de distracción para dejar de llorar. — No. Te. Dejes. Derrumbar. Ahora. — Con cada golpe, suelta una palabra.
¡NOOO! ¡NO KAZUHA!
Aquel grito de su memoria la paraliza un segundo. Se abraza con fuerza que no teme lastimarse los brazos con las uñas.
—Falta poco… falta poco… falta poco… así que ya no te preocupes.
Por el retrovisor, ve como se acercan los hombres a la furgoneta que esta estacionada al lado de su auto y vuelve a mostrar la frialdad de un digno miembro de la Organización.
—Falta poco, falta poco, falta poco, falta poco… — Vuelve a repetir pero esta vez no con trauma, sino con frialdad y una pisca de victoria. Sigue repitiendo su mantra mientras ve a los prisioneros dentro de la furgoneta y como sus hombres le hacen una señal que ya se pueden ir. — Falta poco, falta poco, falta poco…
Y enciende el motor.
CONTINUARÁ
