Disclaimer: SNK y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. No gano dinero con esto, solo lo hago por diversión y porque quiero escapar de la vida adulta.
I. La salida.
Llevaba un buen rato sentado frente a la puerta de aquella oficina. Hacía frío; el edificio era antiguo y el pasillo largo, de techo alto y piso de linóleo. Los trámites burocráticos eran largos y dificultosos, como si buscaran aburrir a la gente y rendirse. Pero él no. Estaba dispuesto a esperar todo lo necesario hasta lograr finalizar su papeleo. Luego de casi una hora de espera, la mujer por fin abrió la puerta y lo invitó a entrar a la oficina haciendo una venia con la cabeza.
A Levi Ackerman le quedaban algunos meses para cumplir la mayoría de edad. Luego de varios trámites, visitas a la corte y mediaciones; había logrado acordar una salida del centro reformatorio para menores cuya administración era gubernamental. Estaba ahí desde los 12 años, cuando fue enviado luego de ser atrapado asaltando a mano armada a un importante empresario de la ciudad. Sin embargo, hace dieciocho meses había aparecido un familiar adulto y eso lo había cambiado todo.
- Entonces, Ackerman. -la mujer le miró por encima de sus lentes. Tenía un moño bajo en el cabello y la piel comenzaba a mostrar sus primeras arrugas y manchas en las manos por el avance de la edad.
- Sí señora.
- Tengo tu documentación… visitaste la corte de familias hace un año ya que un hombre llamado Kenny Ackerman se presentó como tu pariente directo… Acordó con el juez hacerse cargo de ti al menos hasta que cumplas los 18.
- Así es.
- Y tú lo reconociste como pariente… pese a que declaraste no haber estado bajo su tutela cuando fuiste detenido a los 12 años. De hecho, no había ningún adulto que fuera pariente directo según tu expediente, pero este hombre es hermano de tu madre.
- Él ha vivido fuera del país muchos años.
- ¿Y por qué ahora puede ser tu tutor legal? ¿Cómo sabemos que no saldrá de aquí a dos meses más?
- Tiene buen trabajo en el gobierno y recibe buen sueldo. Tampoco nos llevamos mal. – lo último era mentira, pero no importaba.
- Claro… visitamos su hogar y está bien acondicionado para recibirte de manera segura.
El muchacho pelinegro, guardó silencio.
- Levi, necesito que entiendas algo – la mujer se incorporó para quedársele viendo fijamente- te escapaste incontables veces de aquí, cinco terapeutas y tres psiquiatras desistieron de tu seguimiento conductual en los últimos tres años y golpeaste a varios chicos hasta la inconsciencia en riñas internas. Tu historial no te acompaña para salir de aquí; cambiaste de actitud hace muy poco tiempo. Sé que tu tío tiene un puesto de poder; otros chicos con mejor conducta y parientes más presentes que el tuyo dan tumbos durante años en los tribunales de familia para salir solo el fin de semana de aquí.
Levi siguió en silencio.
- El punto es, ten cuidado- dijo la mujer muy seria y mirándolo a los ojos- Si la policía te captura ya no volverás aquí, te enviarán directamente a una prisión estatal si ya eres mayor de edad.
- Lo sé.
- Debes visitar quincenalmente a un terapeuta asignado por la corte.
- Lo sé también.
- Y no puedes salir del país.
- ¿Dónde podría ir? – la mujer se encogió de hombros frente a la pregunta.
- Ten, dentro están todas las copias de los documentos y las indicaciones para la terapia. Tu tío Kenny ya firmó su parte de la documentación. Prefirió esperarte afuera. Ve a buscar tus cosas.
- Gracias.
- Te diré algo y por favor no me malinterpretes: no quiero volver a saber de ti. Si veo tu nombre, que sea solo en un papel que diga que te comportaste.
El adolescente asintió en silencio. No se le movía un solo músculo de la cara.
Caminó hasta el pasillo donde estaban los cuartos de varones. Su cama estaba en un cuarto donde dormía con cinco chicos más. Ya había dejado sus pocas cosas listas, pero le faltaban aún recoger otros pendientes. Miró por la puerta que nadie anduviera alrededor y entonces volvió y movió ágilmente el camarote hacia un lado. Si bien era de estatura baja y delgado, era bastante fuerte. Levantó uno de los linóleos del piso: bajo este había logrado cavar un pequeño agujero. En realidad, muchos lo hacían para esconder cigarrillos, armas blancas creadas con retazos de afeitadoras o trozos de madera, entre otras cosas. Su pequeño escondite eso sí no tenía nada de eso. Sacó una bolsa plástica y con cuidado la abrió.
Llevaba un cuaderno gastado con una lapicera y un discman viejo con sus audífonos. Su tío Kenny lo había infiltrado para él cuando se lo pidió junto con ropa y artículos de aseo personal cuando recién comenzó a visitarlo hacia un año y medio. Además del discman, había hecho varios sobres con hojas de cuaderno donde estaban sus Cds los cuales había obtenido en sus salidas.
Muchos chicos ya habían logrado infiltrar teléfonos celulares con servicios de streaming durante el último tiempo, pero Levi había desistido de ello cuando le ofrecían adquirir uno ya que al momento de los registros de los cuidadores los castigos eran mucho más severos.
"E.S 1. Rojo y Negro" decía el primer sobre. Lo miró con un dejo de nostalgia y rápidamente guardó todo dentro de la bolsa y echó el paquete en el fondo de su bolso. Salió caminando a paso rápido hacia la salida. Su tío estaba parado junto a un elegante automóvil negro Mercedes del año. Era mucho más alto que Levi, de cabello negro peinado hacia atrás dejando notar sus entradas, mirada aguda y pómulos filosos. Los años le habían caído encima pero no dejaba de lucir temerario, además de atlético.
- Enano.
- Kenny.
Subieron al vehículo. Levi echó su bolso en el asiento trasero y se sentó en el puesto de copiloto. Kenny echó a andar el auto.
- Parece que no te va mal. – comentó el menor.
- El auto es gubernamental. Quería causar buena impresión.
El resto del camino fue en silencio. Efectivamente Kenny vivía en un buen barrio al oriente de la capital. El portón del edificio donde vivía se abrió de manera automática y Kenny estacionó. Bajaron y luego de subir por el ascensor y caminar por el pasillo del sexto piso su tío abrió la ancha puerta de su apartamento. Jamás pensó que su tío efectivamente viviera en un lugar así; tan fastuoso, acomodado y… limpio. Parecía mucho espacio para una sola persona, pensó, para luego mirar a su tío con cierto dejo de desconfianza. Después de todo, no podía ser todo tan presuntamente ideal con una persona que había negado en su infancia y vuelto a ver hacía solo dos años. Levi se quitó los zapatos al entrar; la sala era amplia y todo lucía ordenado. Kenny lo invitó a avanzar con un silbido. Sí, seguía siendo el mismo de siempre al parecer. Lo siguió y se quedó inmóvil al ver lo que a partir de ese momento sería su cuarto. Amplio, iluminado e impecable.
- ¿Estás seguro de que quieres que duerma aquí?
- Claro, a menos que quieras irte al cuarto de servicio. – el menor no dijo nada- Debo volver al trabajo enano. Organiza tus cosas como desees. -se despidió Kenny.
Levi se quedó en el marco de la puerta mirando absorto aquel espacio. Escuchó la puerta principal cerrarse. Claro que Kenny debía volver al trabajo. Sabía que era un trabajo sucio, pero muy bien disfrazado pues trabajaba para la familia Reiss. Políticos que llevaban años ocupando diversos cargos gubernamentales, viviendo a costas del estado y castigando con sus legislaciones a chicos como él, que no tenían mayores oportunidades. Muchas veces había visto a uno que otro miembro de la familia hablando en televisión y una vez hasta tuvo la dicha de poder robarle a uno, solo que no lo supo hasta después. Rod Reiss, un gordo de cara bonachona al que a punta de navaja le arrebató la billetera una madrugada a la salida de una autopista. A él no lo atraparon, pero a sus compinches de esa noche que venían de otro hogar de menores sí; incluso había salido en televisión… Rod, él había salido en televisión condenando la delincuencia. De los menores nunca más supo.
De cierto modo, al menos tener un cuarto propio y un hogar temporal parecía un nuevo comienzo de toda esa vida.
Entró al cuarto y se sentó en el suelo junto a la cama con su bolso al lado. Dentro traía apenas unos pocos pantalones y camisetas, además de ropa interior. La única sudadera que tenía la traía puesta y se bajó la cremallera. Se preguntó si podría buscar un trabajo, o alguna manera de tener dinero que no fuera delinquiendo como solía hacerlo y al menos poder comprarse un teléfono celular propio.
Su madre, Kuchel; mujer de cabello liso y negro y ojos grises como los que él mismo había heredado, había sido prostituta en uno de los barrios más empobrecidos de la ciudad. Procuraba dejarlo "dormido" por las noches antes de salir. Levi dormía en una pequeña buhardilla mientras su mamá no estaba. Una mañana, cuando tenía seis años, la encontró en la cama, fría y sin pulso. No se atrevió a llamar a la policía, tuvo miedo porque ya habían ido otras veces a la casa a registrar el lugar dando vuelta todo, empujando a Levi al piso y una vez hasta habían apuntado a su mamá con un arma mientras buscaban drogas que nunca estuvieron en la casa, y no quería pasar por eso otra vez. Tampoco sabía si su mamá tenía amigas y su teléfono móvil no estaba en ningún lugar de la casa. El shock de la repentina muerte de su madre lo dejó en blanco, sin comer ni dormir durante más de una semana hasta que su tío había aparecido repentinamente en la casa encontrándolo delgado, pálido y con la ropa sucia. Le dio sepultura a su hermana y se llevó a Levi consigo a su casa donde recibía "trabajos especiales" que consistía básicamente en robar o asesinar gente según fuera la necesidad de sus clientes. El resto del tiempo se la pasaba bebiendo y maltratando a Levi mientras le enseñaba a usar sus armas. Levi asistía esporádicamente a la escuela y también comenzó a huir de casa por las tardes a aplicar las enseñanzas que le había transmitido su tío en cuanto al uso de armas blancas. Robaba disimuladamente en las calles; joyas, collares, billeteras y cuando algún adulto lo atrapaba mostraba de inmediato su navaja. Vivió así hasta que fue atrapado por la policía. Lo interrogaron para saber dónde vivía, pero no dijo nada y prefirió decir que había dormido en varios albergues durante los últimos años. Sabía que si delataba a Kenny podía ser mucho peor que si se quedaba con la policía por lo cual prefirió guardar silencio.
Ahora se encontraba en un cuarto de invitados (enorme, con una vista hermosa a la ciudad que se veía lejana desde ahí) pero sin un peso, con un poco de ropa y sin saber qué hacer ahora que estaba fuera del centro de menores. Tenía la enorme responsabilidad de cuidar y mantener la libertad que tenía en ese momento. ¿A qué hora regresaría Kenny? No lo sabía ni tenía como saberlo. Decidió entonces ordenar las pocas cosas que tenía en el bolso, pero solo sacó la bolsa con el discman y uno de los cd. En vez de poner el que había mirado antes de salir del hogar, puso el número 3, uno de sus favoritos. En total tenía solo 5 discos y se los sabía de memoria, lo cual no significaba que le aburrieran, al contrario, le entretenía ir al compás del sonido. Era su colección particular de Cd Drama pirata, todos conseguidos en sus correrías por la ciudad durante los últimos años.
La primera pista de la obra llamada "Kiss Kiss" comenzó a sonar. El locutor presentaba a los actores, pero Levi avanzó rápidamente de un acto a otro hasta llegar al que le gustaba. La voz del actor de doblaje comenzó a hablarle dulcemente a través de los audífonos
- Caminar por la noche es peligroso, así que por favor agárrese de mi brazo… (un suspiro del actor) Caminando así puedo protegerle adecuadamente porque su altura apenas alcanza mi pecho (otro suspiro) Debo protegerle, después de todo ese es mi deber como mayordomo...
Levi esbozó una leve y casi imperceptible sonrisa al escuchar esa parte. La voz lo cautivaba por completo y aún más esos pequeños gestos como suspiros o ruiditos con los labios. El dueño de la voz: el actor Erwin Smith. Un joven que aún estaba en la universidad pero que ya había participado de varias obras de teatro, comerciales y una serie de televisión. Levi había escuchado su voz por primera vez una tarde lluvia en el hogar mientras en la sala común veían Jojo's Bizarre Aventure, en la voz de Jotaro. Vio el capítulo completo solo esperando volver a escuchar esa voz, pero no volvió a suceder. Tampoco pretendió pelear a la tarde siguiente para que pusieran otro episodio en la sala o se vería sospechoso, pero en una de las tantas veces que huyó del centro de menores hasta el centro de la ciudad se coló en un cibercafé y buscó la serie nuevamente en la web. Entonces conoció su nombre y luego Youtube le sugirió ver una de las apariciones del actor leyendo sus líneas en un programa en vivo. Levi hizo clic algo nervioso y se quedó pasmado mirando en la pantalla a aquel joven alto, de cabello rubio y ojos azules además de su nariz prominente y marcada que leía sus líneas de manera profesional pero también encantadora. Levi, de entonces 15 años, sintió como un frío le recorría la columna desde la nuca hasta el sacro. No sabía si le gustaban los hombres, pero ese joven le parecía encantador. Estuvo casi dos horas escondido en la caseta privada de aquel cibercafé frente al computador. Pagó con el poco dinero que le quedaba, el cual había robado de camino al centro en el autobús. Cuando ya había retomado el contacto con Kenny y sintió que estaba en terreno algo más seguro respecto a su relación, se atrevió a pedirle un discman. Los CDs los obtenía por aquí y por allá en sus correrías por las calles.
- Tu piel es tan suave… ¿Me dejarías besar tus manos? (un ruido de beso ligero) ¿y tus brazos? (otro ruido de beso) Quisiera seguir, si me permites…
Levi estaba absorto echado encima de la cama con los brazos en alto, mirándoselos en contraste con el techo. Sus brazos no eran blancos ni perfectos, al contrario, si bien era pálido sus brazos estaban marcados por costras, moretones y cicatrices producto de todo lo que había vivido los últimos años. Suspiró fuertemente mientras aún escuchaba la voz de Erwin en sus oídos, pero de pronto escuchó un ruido en el mundo exterior. Se quitó los audífonos y se incorporó en la cama con los ojos muy abiertos. Kenny estaba parado en la puerta del cuarto.
- ¿Ya te acomodaste? – Levi se encogió de hombros, no había mucho que acomodar- escucha, creo que en la cena deberemos hablar de lo que harás… tienes responsabilidades que cumplir y no quiero tenerte aquí de mantenido.
Levi solo se le quedó viendo.
- Tampoco quiero que sigas siendo un delincuente juvenil. Así que ten, te traje un teléfono. Mi número ya está guardado. Úsalo bien y busca un empleo.
- Gra…
- No me des las gracias. Hablo en serio enano, compórtate. Hago esto por la memoria de mi hermana. – el menor asintió en silencio y Kenny se marchó.
El teléfono venía ya abierto y activado así que muy buena espina no le daba, pero al menos era algo. Lo quedó viendo mientras pensaba qué hacer, luego buscó una dirección y cuando más o menos se ubicó en como poder llegar a su destino, guardó el discman con los audífonos y buscó un escondite por si Kenny se metía a hurgar. No tenía muchas opciones así que volvió a dejarlo en el fondo de su bolso y salió. Ni siquiera tenía llaves para regresar y entrar.
Tuvo que caminar un buen trecho buscando la parada de autobuses más cercana y moverse hasta el centro de la ciudad. Una vez ahí ya se sentía más en su territorio. Dominaba bien las calles y los distintos pasajes y callejones por los cuales podía colarse. Solo que ahora no llevaba nada para defenderse, excepto sus habilidades básicas de autodefensa con los puños. Caminó un poco por las calles, luego otro poco más. Fue cambiando de barrio; del gastronómico y turístico pasó al residencial, al cruzar una avenida llegó al barrio universitario y finalmente terminó en el sector de locales comerciales donde vendían de todo a precios por mayor para comerciantes. El lugar era una infinidad de calles en plano damero donde la gente y los vehículos circulaban en gran volumen hasta que se oscurecía. Se coló en una tienda de artículos de higiene y se dedicó a dar vueltas por los pasillos si es que algo le parecía interesante. Vio un cepillo de dientes. No tenía uno y si había algo que odiaba era su boca con ese sabor a restos de comida o por las mañanas con ese sabor a saliva retenida. Una de las pocas cosas de las que se libraba en el centro de menores era de las revisiones anuales del dentista, pues nunca le habían encontrado una sola caries.
Sin siquiera pensarlo, se echó dos cepillos al bolsillo de la sudadera y pretendió seguir caminando por el pasillo, pero al darse la media vuelta se encontró con una vendedora. Era aún más pequeña que él, pero de mirada desafiante y decidida. Llevaba una pechera institucional y algunas chapitas con publicidad.
- ¡Hola! ¿Puedo ayudarte en algo?
- Eh… no, gracias.
- ¡Sé que sí, vamos! ¿Necesitas dentífrico para esos cepillos que llevas?
- Yo no… Con permiso.
No era primera vez que lo sorprendían robando, así que sabía qué hacer. Puso el cuerpo rígido mientras comenzaba a caminar rápidamente hacia la vendedora, pues la salida estaba en esa dirección. No podía perder la libertad en menos de cuatro horas, imposible, menos con la oportunidad que tenía al fin. El pensamiento lo distrajo. La vendedora se fue encima de él y logró hacer que perdiera el equilibrio. No supo qué sintió en ese momento que cayó, fue una mezcla entre desesperación y rabia. Con la carrera la vendedora había logrado botar varias cosas del pasillo haciendo ruido, por lo cual ya había al menos unas diez personas mirando.
- Quítatequítatequítate… - Levi tomó a la vendedora con ambas manos, dejando caer los cepillos de dientes.
- ¡Isabel! ¿Estás bien? – otro vendedor apareció. Levi se sentía fuera de sí. Sabía exactamente como librarse de la situación, pero estaba paralizado. Acabado.
La mujer bajita se incorporó, pero mantuvo una de sus manos firme en el pecho de Levi que seguía sin poder reaccionar bien a todo lo que estaba sucediendo. Había salido del centro hace menos de tres horas y ahora iba a volver. Quería empujar a la mujer y huir, mas no podía.
- ¡Sí, estoy bien! Me tropecé…
- ¿Y ese quién es? – el hombre se acercaba rápidamente hasta ellos. La gente comenzó a perder interés en la escena al ver que había sido algo doméstico.
- Oh, este es… un chico que me preguntaba como poder trabajar aquí, vio el anuncio pegado afuera del local.
Levi se le quedó mirando. La chica le puso cara de que siguiera con la mentira.
- ¿Ah sí?
- Sí, él es… - la mujer se paró completamente. Era la oportunidad de poder escapar corriendo de ese lugar. Pero en vez de eso, Levi tomó otra decisión en menos de dos segundos.
- Soy Levi.
- Levi. – repitió el chico. Tenía el cabello castaño y revuelto- ¿Quieres trabajar? -No recibió respuesta- ¿Tienes tu currículum? -silencio- ¿Documentos? -más silencio- ¿Me entiendes lo que hablo al menos?
- S… sí. -titubeó el pelinegro.
- Ya veo… - la mirada de desconfianza seguía en los ojos del chico- puedes pasar de inmediato a hablar con el encargado si quieres.
- ¡Justo eso le había dicho! – dijo la chica, Isabel- Ven, te acompañaré…
El pelinegro la siguió hasta una puerta mientras el otro chico se quedó ordenando el tiradero que había quedado en el pasillo. El encargado no se fijó mucho en nada, solo le pidió que fuera puntual y responsable.
- Solo debes saber que si te sorprendo hurtando, te largas. ¿De acuerdo?
- ¿Por qué querría robar? – respondió Levi mirando al sujeto.
- Bien, comienzas mañana. Isabel, puedes quitar el anuncio.
- ¡Claro que sí, jefe!
La chica acompañó a Levi a la salida del local para poder arrancar el cartel de "se busca persona para turno de la tarde".
- No debiste hacer eso. – masculló Levi.
- No, pero tienes que estar muy arruinado para robar cepillos de dientes.
- Ahora podré robar más. Acabas de confiar en un extraño.
- Nah, sé que no lo harás.
- Acabo de salir de un reformatorio de menores.
Esa información pilló desprevenida a la chica que entonces se le quedó mirando con los ojos muy abiertos. Recién entonces Levi notó que sus ojos eran café oscuro.
- Mañana me cuentas, Levi.
- ¡Isabel, necesito tu ayuda en el pasillo 20! -le hablaron por el radio que llevaba a la cintura. La chica se quitó el aparato y respondió llevándoselo a la boca.
- Enseguida, Farlan. – Se guardó el radio- Si es como dices, Levi, hoy tomaste la primera decisión correcta. Mañana vuelve aquí y no la cagues. – el pelinegro se le quedó viendo y la chica le entregó un pack de dos cepillos de dientes, de mucho mejor calidad que los que había querido robar- nos vemos mañana, compañero nuevo.
Volvió confuso y abatido al apartamento. Menos mal Kenny ya estaba en casa así que pudo entrar sin mayor problema.
- ¿Dónde estabas, enano?
- Ahm… yo… conseguí un empleo. En un local comercial. Comienzo mañana.
Kenny se le quedó mirando de arriba abajo.
- ¿No me estás mintiendo? – Levi negó con la cabeza- Bien… bien.
- Iré a la habitación…
- ¿No vas a cenar?
- Claro, ya vengo…
Pasó por el baño para lavarse las manos y sacó de su bolsillo los cepillos de dientes. Dejó uno en el mueble del baño y el otro lo guardó en su bolso. Un recuerdo de esa, su primera decisión en la libertad.
Hola!
Espero que les haya gustado este primer capítulo... He pasado casi todo el año escribiendo fics en mis cuadernos pero publicar ha sido difícil. Independiente de que hayan o no views o comentarios, me he prometido continuar y concluir esta historia... pero si llegaste hasta aquí, espero tu comentario :) Espero actualizar quincalmente. Saludos!
D.
