Capítulo 03: Salvación

Recostada en sus aposentos a oscuras miraba por la ventana directamente al satélite nocturno, pensando que al menos la luna era la misma que en el pasado. No la habían cambiado. Prefería centrar sus pensamientos en eso pues podía sentir al "comandante" entre sus piernas, para ser más específicos a su esencia. No solo eso, podía olerlo.

No pudo soportarlo más.

DeDiamante salió de la cama y aún en camisón abrió la puerta de la habitación que le habían asignado, camino por los pasillos y escaleras oscuras de la casa hasta salir por la puerta trasera al jardín. Necesitaba una bocanada de aire fresco, oler cualquier otra cosa si no iba a vomitar y no estaba muy segura de lo que le sucedería si la atrapaban vomitando sobre las flores de la señora de la casa, pero sabía que no sería algo muy bueno.

A decir verdad, el haber hecho eso ayudó mucho, así que siguió aspirando el aire de la noche hasta que alzó la mirada y pudo ver que en el balcón del chalet estaba Seiya con la luz prendida, con un libro en la mano y mirándola directamente a ella. Se congelo por unos segundos, asustada de ser descubierta, aunque técnicamente no había echo nada malo… bueno, pese a lo enseñado en el instituto Raquel ella no veía a mal mostrarse en pijama a un hombre, aún así, cuando recobro la compostura entro de vuelta a la casa y volvió a su cuarto.

XxX

Una noche, cuando aún estaba en el instituto Raquel me despertaron susurros.

Buenos días. ¿Cómo está? — era Minako. Deambulaba entre los catres en los que dormíamos, completamente desnuda, hablándole a la nada. Me levante de mi lugar y me acerque a ella con cautela, luego le toque el hombro —Hola ¿Hola? Seré su sirvienta a partir de ahora. ¿Puedo traerle una taza de café? — pero eso no la hizo volver en sí, ni aunque la llame por su nombre.

¡Ponte la ropa tonta! —me gire, Ami también se había levantado —La tía Beryl está revisando las camas— susurraba apurada.

Yo, intentando ayudar, la tomé de los brazos con suavidad y comencé a hablarle pensando que estaba teniendo un episodio de sonambulismo. —Minako. Tienes que despertar y volver a la cama. Te castigarán si no lo haces. — la tome de la mano e intente dirigirla hacía su catre pero enseguida la retrajo y siguió diciendo incoherencias. Entonces Ami se adelantó unos pasos y le soltó una tremenda cachetada.

Ya no estas donde sea que creas que estas. Se acabo. Vuelve a la cama. — yo no sabía si estaba sorprendida por la forma de actuar de Ami o por su rostro cargado de una firmeza que no era propio de ella.

¿No le gusto el café? Puedo traerle otro…— continúo delirando Minako.

Me llamo Ami y esto es el centro rojo. —

No conozco a ninguna Ami. — espeto dentro de sus delirios la rubia.

¿No sabes lo que te harán? —Ami parecía ir perdiendo la paciencia —Te enviaran a las colonias, limpiaras residuos tóxicos y luego morirás. — trago saliva, se notaba que la peliazul luchaba por no echarse a llorar. —Morirás, Minako. —

Hubo un silencio de unos cuantos segundos y de pronto un sollozo salió de la boca de la rubia.

Quiero…— se le quebró la voz —Quiero a mi mamá. — gimoteo.

Lo sé. Ven aquí. — susurre abrazándola, porque, aunque ambas ya éramos adultas yo también anhelaba a mi madre. Quería llorar con ella, pero hice acopio de todas mis fuerzas y tomé su camisón para ayudarla a vestirse —Hay que ponerte esto. —cuando termine de vestirla, la ayude a regresar a la cama y luego volví a la mía junto a Ami.

Si hace esto de nuevo y yo no estoy, dale una bofetada. — me dijo la peliazul y yo asentí, pero pese a la oscuridad se notaba en mis ojos que quería echarme a llorar junto a Minako. —Oye, esto es contagioso…—señalo a la otra rubia —¿Quieres volver a ver a tu hija? —

Si— conteste, intentando recuperarme.

Entonces tienes que mantener la calma. —

Respiré profundo y volví a asentir.

Mantén la calma. —

XxX

DeDiamante miraba por la ventana de su cuarto lo que Seiya hacía en el jardín. Lavaba el coche aprovechando el buen clima. El la había visto afuera anoche y los ojos no habían venido por ella, ni un hombre de negro se había presentado en la casa Blackmoon. Tampoco parecía haberle contado a nadie en la casa, al menos hasta el momento. "¿Porqué?" se preguntaba a sí misma la criada. Mantener la calma le estaba resultando una tarea titánica, deseaba que Ami estuviera ahí para darle una buena bofetada para que la ansiedad no la dominara.

El sonido de campanas la saco de sus pensamientos. Tres veces sonó y eso hizo que por fin se alejara de la ventana porque hoy había una "Salvación" y ella tenía que estar presente, esa era otra de las obligaciones.

Bajo las escaleras y fue hasta la cocina donde se encontró con Makoto que cortaba unos vegetales.

-Bendito sea el día. - saludo DeDiamante –He sido llamada…-

La castaña alzó la mirada –Lo escuche. - dijo, dando a entender que lo sabía –Ahora debo hacer mi trabajo y tus compras. - hablaba de manera cortante, pero Usagi no se lo tomaba personal, si Makoto era una Martha era porque era infértil, si no estaría en su lugar. Verla debía recordárselo toda la vida.

-Lo siento. - la verdad es que pese a su situación DeDiamante no quería causarle problemas a nadie. Menos a otra mujer.

-Buenos días. - una voz masculina interrumpió la charla tensa, cuando ambas se giraron vieron a Seiya que había recién entrado en la cocina.

-Buenos días. - respondió DeDiamante y enseguida agrego –Alabado sea el día. - estaba nerviosa, tanto que por un momento olvido las formalidades y es que él no dejaba de mirarla.

-El comandante quiere que traigas más naranjas, si aún quedan. - la orden era para Makoto, pero los ojos de Seiya seguían posados en DeDiamante.

-Si señor, con mucho gusto. ¿Alguna otra petición? - respondió la Martha, que había vuelto a su labor de cortar vegetales y no parecía darse cuenta de lo que pasaba entre los otros dos.

-Tenían atún en panes y pescados ayer. - dijo la criada de pronto –Tenían buen aspecto. - agrego dudativa –Deberías… deberías traer un poco. - era un lenguaje entre los dos, de cosas que apenas se habían dicho, pero de esta manera DeDiamante le decía que no le tenía miedo, aun cuando estuviera aterrada de las consecuencias de lo que había pasado en la noche.

-Naranjas y atún. - Makoto rompió el momento tenso, esta vez entre la criada y el chofer –Suena Delicioso. - obviamente estaba siendo sarcástica –Él te guarde. -

-Él te guarde. - contesto la rubia y aprovechando que la otra había decidido salir de la cocina tal vez para irse de una vez al mercado, volteo a ver a Seiya dirigiéndole una mirada confrontativa y este a su vez alzó las cejas. Estaba sorprendido, pero sonreía y esto le hizo sonreír a la chica.

Se miraron por unos cuantos segundos –Ve con Dios. - dijo finalmente el hombre, se dio la media vuelta y salió por donde había venido.

XxX

Cuando había una Salvación todas las criadas de la zona debían acudir, así que cuando DeDiamante salió de la casa pudo ver manchas rojas con blanco dirigiéndose hacia el mismo lugar: un claro en el bosque más cercano. No sólo había criadas, cada ciertos metros se podían ver hombres de negro portando un arma, vigilándolas. Porque ellas no llevaban cadenas que las ataran a esa vida, sin embargo libres no eran.

Se encontró con DeZafiro cerca del claro, esta se le acerco y la saludo como siempre.

-Bendito sea el fruto. –

Y ella contesto como siempre.

-Que el señor madure. –

A partir de ahí caminaron juntas, una a lado de la otra hasta que llegaron al claro donde había todavía más vigilancia que en el camino pues había hombres en plataformas altas, colocadas en zonas estratégicas para poder observarlas mejor desde las alturas.

Al llegar, las mujeres se ponían en filas de ocho mirando hacia una especie de escenario. DeDiamante logro colocarse justo alado de una cara conocida, era una chica que había estado con ella en el centro rojo.

-Él te guarde. – saludo la rubia a la castaña rojiza, tratando de ocultar una sonrisa de felicidad al poder volver a verla.

-Él te guarde. - respondió la otra de la misma manera y enseguida agrego en voz muy baja –Hola.-

-Hola. - la criada tenía unas terribles ganas de abrazar a su amiga - ¿Cuál es tu destino? – le pregunto, no sabiendo por dónde empezar para ponerse al corriente de todo lo que había pasado desde la última vez que la había visto.

-Con el comandante Nephrite. ¿Y tú?-

-Con el comandante Diamante-

-Uh, nombre pomposo, casa pomposa. - comentó la otra a modo de broma, haciendo mucho esfuerzo por no reírse de su propia broma.

DeDiamante también sonrió, le gustaba encontrarse con amigas, aun cuando esos lazos habían sido forjados en el centro rojo. Hablar con alguien de esa forma tan familiar la hacían sentir normal otra vez. -¿Has tenido noticias de alguien? –

La otra suspiro –Vi a Tooru hace unos meses. Tuvo un aborto. -

-Que mal. -

Silencio por unos segundos.

-¿Has sabido algo de Ami?-

La ojiazul negó con la cabeza –No, no desde el centro rojo. -

Naru, que es como se llamaba realmente su amiga y quien sabe cómo es que se llamaba ahora, bajo la mirada solo para susurrar más bajo todavía: -Yo tampoco. –

-Murió.- una voz conocida atrajo la atención de las chicas un par de filas más adelante, era Minako, que también se había convertido en criada como ellas y vestía completamente de rojo también como ellas, solo que ella llevaba un parche en su ojo dañado y estaba notablemente embarazada. Acariciaba su abultado vientre con cariño.

-¿Minako?- preguntó sorprendida Naru y antes de que DeDiamante pudiera decir algo una voz las mando callar pues la ceremonia iba a comenzar.

Una fila de tías entro al escenario, liderada por aquella pelirroja que las había entrenado en el centro rojo.

-Minako…- llamó bajo DeDiamante, no importándole que iba a dar comienzo la ceremonia -¿Quién murió?-

La embarazada se giró, tenía una sonrisa extraña en el rostro, como si estuviera feliz pero lo que decía no correspondía con sus expresiones. –Ami. Intento huir. La atraparon y la mandaron a las colonias. Así que está muerta, a estas alturas está muerta. –

Escuchar aquello desestabilizo a Dediamante, comenzó a sentir como algo se atoraba en su garganta y escuchaba una especie de silbido en sus oídos, la voz de la tía hablando por el micrófono en el escenario apenas le llegaba.

-De rodillas. - dijo la mujer pelirroja que tenía el micrófono en la mano y todas las criadas, incluso DeDiamante que parecía en shock en aquel momento. –Buenos días. -

-Buenos días tía Beryl.- contestaron todas al unísono.

-Ya todos conocemos las nefastas circunstancias que nos reunieron esta hermosa mañana, cuando todas preferiríamos estar haciendo otra cosa. – suspiro –Pero el deber es un jefe duro. – y es en nombre del deber que estamos aquí. - al escenario entraron dos hombres armados, arrastrando a un tercero que iba esposado. Estaba notablemente golpeado y mantenía la mirada gacha, asustado de su destino.

La tía Beryl se acercó al hombre, lo miro con desprecio y luego dirigió la mirada a las criadas allá abajo que seguían arrodilladas –Este hombre…- la voz se le corto por un segundo. –Fue condenado por violación. – Hubo exclamaciones de sorpresa entre las criadas y unos casi imperceptibles cuchicheos. DeDiamante seguía azorada por las palabras de Minako. -Y, como saben, la pena por violación es la muerte. - Algunas criadas se estremecieron. –Esta asquerosa criatura no nos dejó otra alternativa. – DeDiamante soltó una solitaria lagrima, ya sin poder contenerse -¿Estoy en lo cierto chicas? –

-Sí, tía Beryl.- contestaron de nuevo al unísono.-

-DeDiamante.- escucho una voz, no era Minako ni Naru, era DeZafiro que la llamaba por lo bajo, escondiendo su voz entre las demás.

-Saben que hago todo lo que puedo para protegerlas. - continuo la tía Beryl, hablándoles en general –El mundo puede ser un lugar horrible.- DeDiamante alzó la mirada, el odio que reflejaban sus ojos azules los hacían ver oscuros, muy distantes a la amabilidad que siempre destilaban. –Pero no podemos desear que se vaya esa fealdad. No podemos escondernos de esa fealdad. Este hombre. - Beryl señalo al acusado –violo a una criada. Ella estaba embarazada y el bebé murió. - las exclamaciones de asombro de las chicas se convirtieron en ruidos espantados, unas incluso comenzaron a llorar. –Chicas, silencio por favor. Pónganse de pie. - les ordeno y ellas fueron obedeciendo. –Gorros. - con aquella palabra todos se quitaron el grande sombrero que las cubría por completo, dejándolas simplemente con una cofia blanca que cubría sus recogidos cabellos. Lo dejaron en el suelo –Acérquense y formen un circulo. - todas obedecieron y en orden fueron armando un gran circulo frente al escenario. Mientras ellas terminaban, bajaron al hombre esposado y lo colocaron en medio del círculo. –Ya conocen las reglas. - continuo la tía –Cuando suene el silbato, lo que hagan es cosa suya hasta que el silbato suene otra vez. -

Entonces las criadas fueron cerrando el círculo cada vez más y cuando sonó el silbato la primera en soltar una patada para derribar al hombre al suelo fue la mismísima DeDiamante, luego le pateo la cara y un chorro de sangre salió disparado de su boca y fue entonces que todas las demás se unieron lanzando puñetazos, arañazos y patadas.

Todas golpeaban a aquel hombre con furia, los ojos de las chicas estaban inyectados en odio. No importaba realmente lo que había hecho aquel hombre, aquellas mujeres estaban pasando por tanto que aquel era el único momento para sacar todo lo que había en ellas.

Todas excepto Minako participaron, pues esta quería proteger el fruto de su vientre, pero incluso ella sonreía maniacamente ante la masacre mientras giraba en círculos bailando al son de la música de los gritos de las criadas.

El silbato sonó nuevamente y todas pararon. Muchas tenían las manos y el rostro manchados de la sangre que había salpicado. DeDiamante lloraba, no por el crimen de él, sino por Ami.

-DeDiamante.- de nuevo DeZafiro la llamaba. Esta vez la toco del hombro, como si intentara reconfortarla. Cuando ella reacciono ya el cuerpo del hombre había sido cubierto con una sábana y las demás se retiraban a sus hogares.

XxX

Era una noche fría y yo trataba de comunicarme vía celular con Mamoru mientras esperaba a Ami a las afueras de un pub muy famoso en la ciudad.

- ¡Perdón! – dijo mi amiga cuando llegó, se le notaba en el rostro lo apenada que se sentía ya que ella no solía llegar nunca tarde -¡El maldito Uber!- refunfuño -¿Ya diste nuestros nombres?- pregunto, asomándose al interior del lugar.

Yo asentí –Me dijeron que en 20 minutos nos harán pasar. - colgué la llamada y volví a intentar marcar.

- ¿Qué? - se quejó Ami –Nos vamos a congelar.- ¿Quieres que vayamos a otro lugar?.-

No respondí, del otro lado de la línea tampoco me respondían. Me estaba comenzando a poner ansiosa.

-Oye, ¿Pasa algo? - me pregunto preocupada mi amiga.

-Lo siento- me disculpé, colgué de nuevo la llamada –Intento comunicarme con Mamoru pero al parecer tiene una conexión terrible porque no le llegan mis llamadas. - volví a marcar el numero manualmente, como si eso hiciera que esta vez me contestará.

-Ok…- dijo Ami, sin entender porque la urgencia,

-Es que…- baje el celular, suspire y la mire a los ojos -… creo que estoy embarazada. -

- ¿Qué? - exclamó sorprendida Ami –Dios mío, ¿Estas…? ¡Ven acá! - me abrazo cálidamente mientras sonreía muy feliz por mí, pero después al ver mi rostro que era de evidente preocupación se alejó, tomo mis manos y las acaricio con cariño –No te preocupes bella, quedar embarazada hoy en día es la parte difícil. Eso es lo que dicen y…¡Tú lo hiciste!- sonrió, intentando contagiarme tranquilidad.

-Pero no es eso lo único que dicen ¿Sabes? - respondí sintiendo un montón de sentimientos negativos arremolinarse en mi garganta. –Conozco a cinco mujeres de mi trabajo que tuvieron abortos. Algunas de ellas estaban muy avanzadas. - baje la mirada, no quería llorar.

-Bueno, eso no va pasarte. - Ami de nuevo intento animarme

- ¿Conoces a Megumi de publicidad? Llego a término, pero el niño sólo vivió unos días. -

La sonrisa en el rostro de mi amiga desapareció. –Pero que le haya pasado a ella no quiere decir que te pase a ti también Usagi.-

-No puedes saber eso ¿Verdad Ami? - mordí mi labio inferior, estaba muy asustada –Podría pasarme…-

-Bien, de acuerdo…- Ami entendió que yo no intentaba ser grosera, que sólo estaba asustada y buscaba a toda costa no sentirme así –Sí eso llegará a pasar, tienes a un hombre increíble y me tienes a mí. Pase lo que pase, estaré ahí. - me sonrió llena de seguridad, amor y cariño –Tu y yo como siempre. -

Entonces pude sonreír por primera vez después de que me entere de que estaba embarazada por primera vez.

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DeDiamante y Dezafiro iban de regreso a casa, en pareja, justo como las normas lo decían. Ni una había dicho una sola palabra, hasta que después de un rato la más alta hablo.

-Siento mucho lo de tu amiga. ¿Ami se llamaba? - la otra no se giró a mirarla, era obvio que sintiera desconfianza si después de todo el tiempo en que se habían visto había actuado como una puritana - ¿La conocías del centro rojo?- insistió con paciencia.

-De antes. - contesto, tras debatirse internamente si era prudente hablar con ella, pero tenía tantos sentimientos en su pecho que tenía la necesidad de externarlos con quien sea que estuviera dispuesto a escuchar.

- ¿Alguna vez ha habido un antes? - comentó amargamente. –Aquí antes era una heladería. - comentó a la vez que pasaban alado de una tienda con escaparate, solo que ya no era una heladería, era una tienda de ropa para niñas. Tenía un maniquí con ropa igual a la de las criadas, pero en rosa. Detuvo si paso, la mujer veía el interior como si estuviera mirando al pasado –Tenían el mejor helado de pistache. Era mejor que el sexo. Mejor que el buen sexo. -

DeDiamante sintió genuino asombro ante las palabras de la otra mujer. –Siempre pensé que eras una autentica Creyente. –

-Yo también lo creía de ti. Tan piadosa. - ambas mujeres veían el escaparate que a su vez las reflejaba y entonces de esa manera podían verse los ojos azules que ambas tenían –Lo hacen muy bien. Lo de hacernos desconfiar unas de otras. -

El corazón DeDiamante se hincho de alegría al no estar sola en aquella bizarra realidad. Entonces en la esquina dio la vuelta una camioneta negra –Ojos. - aviso.

-Continuemos. - se apuró a decir y las dos comenzaron el camino de nuevo, para alejarse de aquella camioneta que si veía algo que considerara una falta no dudaría en llevárselas.

- ¿Cuántos años tendría tu hija? - preguntó después de un rato de caminar y charlar.

-Seis, tendría seis. -

-Mi mujer y yo tuvimos una hija también. Hotaru. Tendría casi siete. - se notaba calidez en la mirada cuando hablaba de su familia –Ellos tenían pasaportes Europeos, yo no así que me atraparon en el aeropuerto. -

La otra asintió, acompañándola en ese sentimiento. –Nosotros intentamos huir por tierra para después tomar una embarcación. Sin embargo, mi marido y yo nos separamos. –Trago saliva –Le dispararon. - aún le dolía recordar aquel fatídico día.

-No iban a dejar que ninguna de nosotras escapara. Menos si llevabas una etiqueta roja. - se refería al hecho de que eran fértiles, muy valiosas para el régimen. –Esta es tu parada. – para cuando acordaron ya estaban frente a la casa Blackmoon. –Bueno, como decían antes, es un gusto poder conocerte al fin. -

DeDiamante le sonrió sinceramente –Igualmente. - dicho esto abrió la reja y entro, entonces la otra chica se acercó a la reja.

-Hay un ojo en tu casa. - susurro lo más bajo que pudo, su rostro estaba lleno de preocupación –Ten mucho cuidado. - se alejó e hizo una reverencia con la cabeza –Bendito sea el fruto. - dijo a modo de despedida y se fue, dejando a una consternada DeDiamante.

XxX

Una vez dentro de "casa", DeDiamante no pudo evitar sentirse vigilada por todos los que habitaban ahí y por un momento sintió como unas manos invisibles la tomaban del cuello y le cortaban el aire. Camino alejándose de la servidumbre, que eran más ese día porque había una reunión y la señora de la casa había pedido prestadas un par de Marthas más.

En su afán de evitar un ataque de pánico camino por los pasillos hasta que escucho voces y se detuvo, esperando no ser vista protegida por las sombras del pasillo. Desde donde estaba podía ver como Diamante atendía a otros comandantes y los invitaba a entrar a lo que sería su despacho, también vio a la señora Rei intentando colarse en la reunión, pero su marido se lo impidió colocando su cuerpo para evitarlo y con una sonrisa suave, pero palabras firmes le dijo: -No hay descanso para los agotados. Nos vemos en la cena. - y le cerró la puerta en la cara.

La mujer se quedó mirando la puerta unos momentos y luego se giró para retirarse por el pasillo, ahí se topó con DeDiamante y la fulmino con la mirada –Vete a tu habitación. – a lo cual obedeció sin decir absolutamente nada, ni si quiera se dignó a ofenderse por el trato, estaba muy ocupada pensando en el ojo que habitaba en la casa y que la estaba vigilando. No podía permitir algún cambio en ella, todo tenía que seguir igual, porque pensaba sobrevivir por ella. Su nombre es ChibiUsa. Su marido se llamaba Mamoru. Su nombre es Usagi.

Notas de la autora: Después de un largo hiatus, he vuelto. Han pasado muchas cosas en mi vida, pero basicamente: Depresión. Ya me siento mejor, y espero se note con mis escritos. Espero este capitulo les guste, que mi beta esta super orgullosa y si soy sincera yo tmb. Cualquier comentario es bien recibido.