Capítulo 04: Separación
El techo estaba pintado de color azul, al igual que las aves que lo adornaban o el cielo allá afuera. Usagi piensa en todo lo que contenga la palabra azul o sea de ese color y la lleve fuera de la habitación donde estaba siendo violada por Diamante, como el coche que tenían. Lo habían encontrado en línea. Olía a miel de maple. Mamoru decía que era una gotera en el radiador, que probablemente era malo para los niños. Iba y venía al compás de las estocadas del comandante mientras recordaba que cuando su esposo lo había arreglado, extrañaba el olor. Chibiusa también. Ella decía que olía a sábados.
Pensar en ella le hacía sonreír, no podía evitarlo. Tenía suerte de que Rei estaba mirando hacia otro lado, que odiaba mirar el coito entre su esposo y la criada, más cuando tardaba y vaya que estaba tardando. La rubia bajo la mirada para ver a Diamante que estaba muy "concentrado" en hacer su "trabajo" pero al m ismo tiempo en no demostrar ni una emoción.
"Desearía que se apurara." Pensó con desprecio, harta de que cada vez le costara más depositar su asquerosa semilla.
Hacía mucho que no sentía emoción por nada, sin embargo, tras la última charla con DeZafiro no podía esperar a que fuera momento de ir por las compras. Aquella mañana se le dificulto ocultar su alegría al ver a su nueva amiga esperándola en la entrada de la casa.
-Hola. - la saludo bajo, pero efusiva sin embargo no recibió la misma clase de respuesta.
-Bendito el fruto. -
Basto con mirar hacia la cochera y darse cuenta de que estaba Seiya subiendo unas cuantas cajas a la camioneta de la casa, y que las observaba. Debía recordar que necesitaba ser cuidadosa. -Que el señor madure. –
Caminaron calladas al principio, sin comentar nada. DeDiamante se sentía un poco avergonzada por su comportamiento frente a Seiya y es que esos errores eran imperdonables ante la dictadura en la que vivían, les podía costar la vida. Sin embargo, se animó a preguntar- ¿Crees que sea seguro hablar ya? –
-Sí tenemos cuidado. – respondió la otra, no había reproche en su constatación y eso la hacía sentir mejor. - ¿Trabajabas? -
-Sí, era auxiliar en una pequeña editorial. Nos encargábamos de publicar una revista para amas de casa. Después del nacimiento de Chibiusa estaba medio tiempo y la mayor parte de lo que hacía era papeleo. -
-Vaya… parece aburrido, aunque ahora mismo eso suena divertidísimo. - sonrió.
DeDiamante también sonrió. –Sí, suena maravilloso. –
-Yo trabajaba en la universidad, daba clases sobre biología celular. -
-Vaya. - dijo genuinamente sorprendida - ¿No enviaron a las colonias a todos los profesores universitarios?
-Tengo dos buenos ovarios. - sonrió ladina la mujer –Tuvieron la amabilidad de olvidarse de mi pasado pecaminoso. – obviamente estaba siendo sarcástica. - ¡Qué suerte la mía! ¿No crees? -
Ambas se detuvieron, enfrente de la banqueta por la que caminaban estaba un templo shinto que estaban derribando. –Es el templo al que venía con mi familia a los matsuris.- los ojos azules se le llenaron de lágrimas y su voz estaba cargada de tristeza.
-Derribaron casi todos los templos en Kyoto, los dinamitaron y los restos los arrojaron al mar. Los están borrando de la faz de la tierra. - ahora era DeZafiro quien destilaba tristeza en sus palabras.
Ambas guardaron silencio y solo se miraron a los ojos, estaban borrando su pasado como si no valiera nada, como si no hubiera existido para que ellas no tuvieran como demostrar que su vida había sido otra muy diferente.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó de pronto DeDiamante - ¿Cómo sabes que hay un ojo en mi casa?-
La otra estuvo a punto de contestar, pero entonces una camioneta negra estilo van se estaciono unos cuantos metros delante de ellas. Era una camioneta de vigilantes, era fácil distinguirlas porque tenían un ojo abierto en los laterales y las puertas traseras. Ambas cerraron la boca cuando las puertas de la camioneta se abrieron, de ella salieron dos hombres vestidos de trajes negros. Contuvieron la respiración cuando cruzaron la calle y fueron a por un hombre que caminaba en paralelo a ellas, lo amagaron y a la fuerza lo hicieron subir por donde ellos habían venido.
Ambas mujeres asustadas, sin querer respirar para no llamar la atención, continuaron su camino.
-Está bien sentirse aliviada de que no fue uno mismo…- murmuro Dezafiro después, para cortar el silencio.
-Pero fue alguien más. - contesto Usagi, a punto de llorar, sintiéndose nefasta por el destino de aquel pobre hombre.
-Lo sé. - concedió la otra –Pero, hay una manera de ayudarlos. -
DeDiamante giro todo su rostro para verla, en su mirada había una especie de sorpresa, pero también algo de incredulidad más no dijo nada.
-Puedes unirte a nosotros. –
- ¿A qué te refieres con "nosotros"? -
DeZafiro se acercó la otra criada, coloco su mano en su brazo como si quisiera retenerla, como si temiera que huyera. –Hay una red… -
-No lo sé…- continuó la marcha –Yo no soy esa clase de persona. -
-Nadie lo es hasta que tiene que serlo. - hizo una pausa prudente y agrego –El Comandante Diamante es importante. Esta muy en lo alto. Deberías averiguar más y contarnos. –
- ¿Averiguar qué?
-Lo que sea. - se hundió de hombros –No digas nada. - advirtió.
-Claro que no.- aseguro, era obvio que no podía decirle a nadie que hablaron de eso.
Entonces DeZafiro se alejó, ya habían llegado de regreso a la casa Blackmoon y ella tenía que ir a su "hogar". Entonces comenzó a llover, pero DeDiamante se quedó un momento en la lluvia preguntándose si realmente había un "nosotros", porque parecía a esos juegos tontos de secretos en las primarias. Sin embargo, tenía cierta lógica que hubiera un "nosotros" porque había un "ellos".
XXX
- ¿Te atrapo la lluvia? – pregunto Seiya, al encontrarse a la criada en la zona de descanso de la servidumbre.
-Si. – contesto la rubia, quitándose el gorro que la hacía sentir como un caballo al que le obligaban mirar sólo al frente.
-Estuviste fuera por mucho tiempo. – el chico abrió una lata de galletas que había sobre la mesa.
-A veces volvemos a casa por el rio. - la chica se quitó la capa, luego tomo un trapo para sentarse, agacharse y comenzar a secar sus botas. Para hacerlo levanto el vestido, pero no cayó en cuenta de que había dejado descubierta gran parte de su pierna en el proceso hasta que noto que Seiya la miraba fijamente. Se cubrió con recato.
-Tienes que tener cuidado. - dijo finalmente el joven, dejando la lata de galletas en paz.
- ¿Con el rio?
-Con DeZafiro. -
-Hacemos las compras. Es mi compañera. -
-No te acerques demasiado a ella. Es peligroso. - insistió.
DeDiamante no respondió, pero asintió y de paso sonrió con amabilidad. Tomo su capa y gorro y fue a colgarlas a un perchero que estaba colgado en la pared, aun lado de la puerta de servicio. Pensó que Seiya se retiraría, pero se quedó ahí viéndola un rato más.
-Quiere verte. -
- ¿Quién? – volteo extrañada la rubia.
-El comandante. Esta noche, en su oficina. - Seiya parecía que había soltado un peso al decir aquellas palabras.
- ¿Para qué? -
-A las nueve en punto. No llegues tarde. - se giró y salió de la habitación.
La criada apretó sus labios, se le veía notablemente nerviosa pues jugaba con sus manos constantemente y para que nadie más la viera huyo a la seguridad de su habitación donde se dedicó a caminar en círculos tratando de calmar su ansiedad.
Tenía sus razones para estar así, primero que nada, una criada y un comandante no podían quedarse a solas. No son concubinas, son úteros con piernas.
¿Y si sabía de DeZafiro? ¿Y si el comandante la estaba invitando a su propio final? No, porque aquello no era una invitación. No podía negarse a asistir.
XXX
Afuera se estaciono una camioneta roja, ella la vio por la ventana y enseguida escucho que Makoto la llamaba desde abajo -¡DeDiamante! ¡Es el partomovil!- la martha entro a su habitación con premura, cargando su capa roja y gorro blanco. –Rápido. No esperan todo el día. – la ayudo a vestirse, se veía más alegre que de costumbre.
-Gracias. -
-Orare por nuevas noticias. - la castaña la acompaño hasta la camioneta, dejándola casi en el interior donde había otras criadas. Se sentó a un lado de Naru que ya se encontraba adentro.
-Todo estará bien. - le susurro mientras la que estaba de su otro lado oraba con una sonrisa de oreja a oreja y murmuraba lo maravilloso que era lo que estaba sucediendo.
- ¿De quién se trata? - se animó a preguntarle a su amiga.
-DeKou. - contesto, pero no fue Naru, sino la otra que rezaba. –Bendito sea. -
Se refería a la loca tuerta de Minako. DeDiamante se preguntó angustiada que daría a luz, ¿Sería un no bebé con cabeza de alfiler, o un hocico como perro, o sin corazón? Todas sabían que las probabilidades de un niño sano eran de una en cinco, claro, primero debías quedar embarazada y esa era también una tarea difícil.
XXX
El día en que me puse de parto Mamoru condujo a toda velocidad, pero respetando cada señal de tránsito. Ignorando toda recomendación de transito yo me senté en el asiento de copiloto porque me sentía más segura con la mano de mi esposo frotando mi abultado vientre.
Mientras yo me quejaba por las contracciones él me tranquilizaba diciéndome que cada vez estábamos más cerca.
Cuando llegamos, afuera del hospital había una barricada de adeptos al partido rezando por cada embarazada que entraba al lugar, daban muy mal rollo elevando las manos al cielo y llorando. No tenía nada en contra de su fe, solo que estorbaban más de lo que ayudaban.
XXX
Las criadas entraron en grupo a la casa del comandante Kou, un aroma delicioso, familiar, pero a la vez tan alejado les golpeo en la cara. Fue imposible para ellas no aspirar fuerte el aroma pues hacía mucho tiempo que no gozaban de ese aroma en particular.
-Hay café de verdad ¿Puedes olerlo? - DeDiamante fue muy cuidadosa al hablarle a Naru al tiempo que se quitaba el sombrero y lo dejaba sobre una mesa de mármol que se encontraba justo en la entrada, ahí todas estaban dejándolo.
-Nosotras trabajamos y ellas se atragantan. - dijo de igual manera Naru, porque si las escuchaban serían severamente castigadas.
La rubia aguanto una risa y al girar su rostro al recibidor entendió porque Naru dijo aquello, había un montón de postres dispuestos para las señoras de azul. Suspiro, alejo su vista de aquellos manjares y camino por el recibidor de donde claramente se veía la estancia donde estaban las esposas sentadas sobre la alfombra, alrededor de la señora de la casa que iba en bata y estaba recostada sobre elegantes y cómodos cojines.
-Respira, lo estás haciendo muy bien. - escucho a una, al principio no entendía que era lo que estaban haciendo pues aquel era el primer parto al que asistían pero luego lo comprendió bien, estaban haciendo una pantomima barata de lo que era dar a luz, propia de alguien que jamás ha tenido hijos. Incluso la mujer de la casa se tocaba el vientre plano y decía que le dolía, otra tocaba el arpa intentando "calmarlas". Era irreal y estúpido. DeDiamante casi suelta la risotada y para evitarlo se alejó de la escena y subió las escaleras junto a las demás para poder llegar a la habitación que era su destino original.
Del interior se escuchaban voces que al unísono recitaban con calma "Inhala…Exhala…" y seguido de ello podía escucharse a una mujer obedeciendo a aquella sugerencia, respirando como podía entre cada contracción. Minako estaba en una gran y lujosa cama (sólo por aquella ocasión), vestía con una bata blanca, tenía el rubio cabello suelto y la frente sudada por el esfuerzo que hacía entre contracciones. A su lado estaba la tía Beryl, hablándole al oído y otra tía la atendía en todo lo que necesitara mientras las demás criadas rodeaban la cama y seguían coreando que respirara.
Dentro olía a algo primitivo y ancestral, a madriguera, a la cobija de una gata que acaba de parir antes de ser esterilizada. Era un olor familiar para DeDiamante. Se acercó a un costado de la cama –Hey… - la llamo inclinándose un poco para estar a su altura, Minako se giró y la miro con su único ojo azul –Lo estás haciendo muy bien. – le sonrió con amor, porque era ella la que de verdad merecía esas palabras. Minako también sonrió. Luego le toco el vientre abultado y desnudo, para sentir el movimiento dentro.
XXX
Cuando Chibiusa nació era tan pequeña que sus dos piecitos cabían en una de mis manos, sus manitas apenas podía tomar uno de mis dedos. Le bese su hermosa carita hasta que me canse, la olí obsesivamente porque para mí ese aroma era maravilloso.
-Hueles muy bien…- le decía a la pequeña cosita entre mis brazos -… así es. - de fondo, los ronquidos de un exhausto Mamoru pues había pasado la noche en vela esperando a que nuestra hija naciera. - ¿Papá no te deja dormir? -
Si por mi fuera podría estar todo el día así, pero nos interrumpió mi obstetra.
-Hola mamá. - vestía una filipina rosa.
-Hola. -
- ¿Cómo estamos? -
-Creo que bien. ¿Me harán saber cuándo los resultados de laboratorio lleguen? - pregunté angustiada, aquel tema era algo que no abandonaba mi cabeza. Necesitaba saber que Chibiusa estaba bien y libre de peligro.
-Llegaron hace unos momentos. - el hombre me sonrió – Todo está normal. La revisión genética y las pruebas cardiacas salieron perfectas. Es una pequeñita saludable. –
Yo sonreí aliviada y agradecí a los cielos, el doctor salió dándole paso a la enfermera encargada del área de los cuneros que venía a darle su primer baño a mi pequeñita. Con delicadeza la pase a los brazos de ella. - ¿Cree que pueda acompañarla? – pregunte, la verdad es que me costaba separarme de mi hija.
-Claro que sí. – me concedió y la acompañe hasta los cuneros que estaban vacíos. No había ni un solo bebe aparte de Chibiusa.
- ¿Dónde están los bebes? -
-Fue una noche difícil…- murmuro con pesar la enfermera -…dos fueron a la unidad de cuidados intensivos y los otros están con Dios. – volteo a ver a mi hija entre sus brazos y le sonrió radiante –Vamos Chibiusa, es hora de tu baño. – dijo mientras se adentraba al área trasera de la sala, donde bañaban a los pequeños.
Por mi parte me quede viendo la sala sola, verla vacía trajo una tristeza inesperada en mi. Recorrí el lugar y en ese momento me sentí tan afortunada.
XXX
DeDiamante bajo a la cocina con un par de platos sucios, las esposas seguían en su ridícula interpretación. Detrás de ella venía DeZafiro, también con platos sucios. –Hay mucha gente allá. - comentó con fastidio. –Al menos alguien puso alcohol en el vino. –
La primera no respondió, recordaba las palabras de Seiya hacía un rato.
- ¿Pasa algo? –
Miro alrededor, buscando moros en la costa – Quiere verme. - dijo muy bajo, como si temiera que hubiera micrófonos y las escucharan –Sola. –
Tardo un poco en darse cuenta de a qué se refería - ¿Tu comandante? –
Asintió.
-Diablos. – desvió la mirada, como si pudiera encontrar que decirle en otro lado de la cocina - ¿No sabes por qué? –
Negó.
-Quizás hizo lo mismo con la anterior que tú. Quizás ella le contó a alguien. Déjame ver que puedo averiguar. -
-Es demasiado peligroso. –
-Estaré bien. Soy escurridiza. –
DeZafiro salió de la cocina y la dejo sola, pero no fue por mucho tiempo, al poco entro Rei.
- ¿Qué estás haciendo? –
-Sólo estoy ayudando señora Blackmoon. –
-Déjalo ahí, ven conmigo. - salió también de la cocina y a DeDiamante no le quedó otra que seguirla hasta el comedor, donde había otras dos esposas bebiendo café que la misma Rei les había servido.
-DeDiamante, ¿Qué es lo que está sucediendo allá arriba? -
-Sus contracciones se están haciendo cada vez más frecuentes. -
-Está tardando muchísimo. - comentó con desdén una de ellas.
- ¿Esta él bebé al revés querida? ¿escuchaste que dijeran eso? - inquirió la que no había dicho nada.
-No, señora. - contesto, intentando no lanzarles una mirada de desaprobación por ser tan desconsideradas. Pensó que quizás si no podían tener hijos era más por estupidez que por razones biológicas. Dios no podía mandarles bebes a personas tan inconscientes.
-Bueno, entonces tendremos que ser pacientes ¿Verdad? - agregó la última y luego, tras el asentimiento de DeDiamante empezó a dirigirle una mirada condescendiente -¿Quieres un macaron querida?.-
-No deberías malcriarlas. - murmuro la que era más desconsiderada –El azúcar no es bueno para ellas. -
-Por una no creo que pase nada. - insistió. Hablaban frente a ella como si se tratara de una especie de animal. –Es un día especial. -
Rei había estado callada hasta entonces, pero sintiéndose orillada tuvo que hablar –DeDiamante ¿Quieres un macaron? -
-Sí, por favor. - contesto dudosa la criada. –Gracias. - se adelantó a decir.
Entonces Rei tomo uno de los Macarones que había en la mesa y lo extendió hacia su criada que con un movimiento mecánico lo tomo.
-Oh… Ella es tan educada…- comento la que había ofrecido el postre en primera instancia y aquello el lleno de rabia, pero aún así le dio una mordida.
-Puedes retirarte. -
Y así lo hizo, pero en cuanto les dio la espalda llevo la mano a su boca pues tenía la imperiosa necesidad de escupir aquel alimento al tiempo que pensaba que eran unas malditas perras. Fue al baño y ahí escupió hasta la última migaja en el retrete y tras arrojar lo que quedaba le bajo para que no quedara evidencia alguna de aquello.
XXX
De vuelta en la habitación donde estaba sucediendo el verdadero parto, las contracciones de Minako eran cada vez más seguidas y ella se quejaba exhausta tras cada una de ellas. La tía Beryl pedía que rezáramos, que con fe dios nos iba a conceder el milagro. De pronto Minako, sudorosa y cansada como estaba se enderezo en la cama y estiro una de sus manos hacía DeDiamante
-Solo quiero caminar, por favor…-
- ¡Denle espacio para que pueda caminar! - grito la mujer pelirroja al tiempo que DeDiamante y otra compañera ayudábamos a Minako a ponerse de pie para después ayudarla a dar torpes pasos por la habitación.
De nuevo otra contracción, Minako se retorció de dolor y de no ser por la ayuda de las criadas habría caído al suelo.
-Llévenla a la silla. - ordeno la tía y a trompicones lograron sentar a la rubia en la silla ceremonial, que estaba adecuada para que ella se sentara y pudiera a dar a luz con más facilidad, pero detrás, un poco más arriba a la altura dela cabeza podía sentarse otra persona. Esa persona era la esposa, que ayudada por las otras se sentó mientras Minako comenzaba a pujar para dar a luz.
La criada gritaba con cada empuje que hacía, sus compañeras le sostenían la mano mientras le susurraban que todo estaba perfecto y la esposa detrás fingía pujar también. Tras un par de esfuerzos más salió de su interior un bebé.
Silencio.
Todas en la habitación se quedaron calladas hasta que el llanto de la pequeña se hizo presente.
- ¡Es una hermosa y sana niña! - anunció la tía al tiempo que envolvía en una toalla a la pequeña después de cortar el cordón umbilical.
Mientras tanto, la esposa bajaba de la silla y presurosa y sin consideración fue a recostarse en la cama donde había estado Minako en labor de parto para que ahí le pasaran a la pequeña. Todo ante la recién parida criada, que sólo miraba la escena con una expresión de cansancio y anhelo.
A todas las demás criadas se le llenaron los ojos de lágrimas al ver como a una recién parida madre se le arrebataba la oportunidad de estar los primeros momentos con su bebé.
-Es perfecta. - murmuro Rei a su amiga allá en la cama. - ¿Tienes ya un nombre? -
-Si…- sonreía bobamente al ver a la pequeña -…Hana…-
Todas las esposas sonrieron y murmuraron lo hermoso que era aquel nombre.
Del otro lado de la habitación se encontraba la rubia al borde de las lágrimas, entonces DeDiamante la abrazo y empezó a susurrarle palabras de consuelo. De a poco, una a una de las criadas iba uniéndose al abrazo haciendo un abrazo grupal.
XXX
La verdad es que de cierta manera podía entender a Minako, quizás no por completo, pero yo pase por algo muy similar cuando recién había dado a luz.
Una noche desperté, aún me encontraba en el hospital y había pedido que dejaran la cuna de mi hija en la habitación sin embargo al abrir los ojos no la vi en ella. - ¿Mamoru? – llame a mi esposo, pensando que él había tomado a la bebé así que me puse de pie y decidí buscarlo por los pasillos.
Lo encontré muy pronto, venía con un sándwich y un jugo de la máquina expendedora.
- ¿Tienes hambre? –
-¿Dónde está? ¿Se la llevaron para más análisis?
- ¿Quién?
-Chibiusa, no esta aquí…-
-Creí que tu la tenías.- me dijo y con la mirada empezó a buscar a un enfermero, entonces el altavoz del hospital se hizo prsente.
"Codigo A, bebé fuera de la unidad"
Enfermeros que estaban en áreas más alejada empezaron a correr apurados y eso hizo que mi corazón empequeñeciera.
-¿Qué es eso?- pregunte nerviosa
-No lo sé, espera cariño, ahora vuelto.- me dijo y se movió apurado.
-¿Mamoru?
"Codigo Ambar"
-¡Te digo que esperes aquí, enseguida vuelvo!-
Pero yo no me quede quieta, lo seguí aunque a paso más lento pues estaba recién aliviada. Entonces al girar en una esquina lo vi correr y me asuste todavía más de lo que estaba.
-¿Mamoru?-
Trate de correr, pero sólo podía trotar y entonces me tope con una escena que me dejo brevemente congelada. La enfermera de los cuneros estaba en el suelo con una herida en la cabeza, había un charco de sangre en la cabeza.
Me aleje de ahí y seguí caminando, entonces me tope a una mujer cargando a un bebé. A mi bebé.
-¿Qué esta haciendo?- le pregunte, queriendo arrebatarle a mi bebé pero temerosa de que lo dañara antes de que yo pudiera alcanzarla.
-Esta viva…- susurro, besando la frente de mi niñita –Mi bebé. Se los dije.-
-No es tu bebé.- susurre a borde del llanto, intentando acercarme despacio.
-Claro que lo es.- rebatió la desconocida -¿No es hermosa?-
Del otro lado del pasillo salió Mamoru que recién daba la vuenta y nos vio. Se comenzó a acercar lentamente y la mujer emprendió la marcha de huida sin darse cuenta de que detrás tenía a mi espooso.
-¡Mamoru!- le advertí
-¡Aquí esta!- grito él a su vez, dándole aviso a la policía y acercándose a la mujer, intentando arrebatarle a nuestra hija. Los policías llegaron corriendo, uno de ellos era mujer y pudo quitarle a mi niña que había comenzado a llorar desesperada mientras amagaban a la mujer que había intentado robar a mi bebé.
-¡No!- grito furiosa -¡Es mi bebé!¡Devuelvanmelo!¡Esta llorando me necesita!-
XXX
Notas del Autor: ¡Hola hola! Aquí les traigo un capitulo más de esta triste historia. No me odien please hahaha. Este fic lo voy a estar actualizando cada 15 días, pero he notado que en todas las plataformas que lo subo es el que por mucho menos apoyo tiene. Normalmente escribo estas historias para mi, pero los reviews y votos la verdad es que motivan bastante y si la cosa sigue así creo que lo dejare en hiatus o no le daré tanta prioridad como mis otros trabajos. Igual no es de que ya vaya ser así, sino que voy a estar monitorieandolo por un par de capitulos más.
De momento gracias a los que me leen, ya se la saben, un review es el mejor pago a un escritor.
