CURITAS para un corazón roto.

CAPÍTULO 14.

Candy le parecía una ninfa de los bosques: el color de su cabello, el brillo de sus ojos, el vestido claro escotado hasta el nacimiento de los senos. Una preciosidad en la que alternaba su mirada constantemente hacía esa parte. Candy hubiera querido huir corriendo de allí, estaba a punto de echarse a llorar, sentía que el alma se le desgarraba al pensar en Anthony. Se contuvo y se rehízo como pudo con tal de que las lágrimas no se le derramasen. Necesitaba más que nunca la compañía de su esposo abrazarse a él, decirle sin rodeos que lo amaba. Pero no podía. En esos momentos, más que nunca, tenía que mantener la serenidad, alejarse del recuerdo para poder pensar con frialdad y no desmoronarse. ¡Estaba siendo una cualquiera! La sola idea la desquiciaba, le dolía como si acuchillaran su pecho, pero no le quedaba más remedio que calmarse hasta que pudiera reflexionar a solas. Porque tendría que tomar una decisión, la única posible, aunque después quisiera morirse. Sentia la mirada de Terry en ella. Miro a su alrededor para calmarse de sus sentimientos. Las mesas a su alrededor empezaban a llenarse. Se charlaba en grupos, un ambiente festivo y relajado en el que la presencia de camareros lo amenizaba ofreciendo copas de champán. Una atmósfera de la que ella quería escabullirse. Solo había un objetivo frente a ella, solo en ello podía pensar: tenía una cita con su vecino, al que tenia que mantener alejado de su corazón, de eso dependería el resto de su vida. Terry se quedó mirándola, detallándola. Le acarició el rostro con la mirada. Pero sus ojos eran los mismos que lucía el día que se conocieron Eran misteriosos, y y él daría lo que fuera por descubrir que era eso que ella escondía. Se prometió no presionarla con Richard Grandchester, quería más que nada que ella se abriera a el.

—Me gustan tus ojos— dijo él de pronto—, fue lo primero que me llamó la atención el día que te conocí, supe que eras diferente. Lucías distinta a las otras. Ella lo miró inquisitiva y a él se le cortó la respiración. —Candy, estás conmigo, puedes decírmelo, quiero ganarme tu confianza. A Candy le molestaba sentirse cautivada por un hombre así. —No sé si era por tus ojos, no sé si por tu irreverencia o por tus maneras de rebeldía, que producen una cortina de humo que me impide conocerte mejor. Candy sonrió. Estaba nerviosa. "Acaso no se daría por vencido" pensó. Necesitaba desviar su curiosidad.

—Siempre tan filosófico. No hay más, no sé por qué te empeñas en buscar.

—Puede que tengas razón, o a lo mejor, el que busca encuentra.

Candy no debería creer en el, los hombres que creían tener el mundo a sus pies hacían sufrir mucho a sus parejas, haría bien en recordarlo. Aunque ya estaba harta de protegerse; el miedo era su barrera de protección, evadía a toda costa el sufrimiento por amor. Del desconsuelo de la vida en general. Había tenido toneladas, la muerte de Anthony habia sido la ultima, no queria mas, por eso era reacia a entregar el corazón, era el único espacio protegido, donde se erigía una muralla que la resguardaba del dolor. Sabía que era un acto de inmadurez, pero también sabía que, al no entregarlo, también protegería a la persona que se acercara. No quería que Terry se viera envuelto en su mundo peligroso. Pero jamás nadie se había tomado tantas molestias con ella en mucho tiempo y la barrera que protegía sus emociones se resquebrajaba a cada segundo que Terry se cruzaba en su camino. Él, con su sonrisa diabólica, y a ella le empezaba a batir el corazón a ritmo de tambor y supo que estaba en problemas.

—Y cuando digo todo, nos incluyo a los dos. He mantenido contigo a través de los años sin importarme tu ausencia. Esperando. Y estas aquí, mi corazón lo sabe. Sabe cuando dos almas perdidas por fin se encuentran. Nunca fuimos dos en el sentido de la palabra, pero sí en el de una que fluía hasta en los pensamientos. Una eterna conversación que yo mantenía viva, aun en tu ausencia, activa dentro de mí. Ahora estás aquí, y no pienso volver a perderte. —Oh por Dios, ese hombre derrumbaba su muralla, colándosecon rapidez en su corazón.

— Terry..., yo... — Debía decirle, ¿Quería hacerlo?.

—Tenemos varios problemas. Archie se giró y miró a Tom con un gesto interrogatorio.

—No podemos hablar con los hermanos Legan. ¡Joder!. No se puede hacer nada. Archie ya se lo imaginaba, el par de hermanos estaba bien protegido, sin ninguna prueba concreta no podían levantar una investigación. Archie se giró hacia Stear.

—Stear, ¿cómo va el ordenador de Legan? Stear le sonrió.

—No tiene nada sobre las investigaciones de Anthony, pero... Candy aparece en su historial de búsquedas. —Archie irguió su espalda y se acercó al ordenador para observar—. la buscó en la base de datos. Archie suspiró y observó ,

—Sí, ya me lo imaginaba. Ve que información sabe, y sigue cualquier movimiento que haga.

—Estoy en ello. —Luego alzó sus cejas—. Espera, tiene el expediente del ultimo negocio. Archie se pasó la mano por los ojos como si estuviese agotado.

—Era uno de los expedientes que había tramitado Anthony. El que quedo incompleto . No descargues podría levantar sospechas, ese fichero lo tienen de trampa.

—De acuerdo —pronunció Stear concentrado. Archie se apoyó contra la mesa, acercándose un poco más para usar un tono más bajo. —Cuando acabes de buscar la información, trata de haberiguar el numero al que ha llamado Neil, busca información sobre los Emiratos Árabes, en preferencia, a los Árabes que hagan negocios de embarcaciones. También lo quiero saber todo de cada uno. —Miró hacía Jimmy y le señaló con la cabeza—. ¿ Los chicos han escuchado la grabación? —Jimmy negó, Archie y Stear habían decidido no excluir al equipo de Tom—. Que la escuchen, Termino de decir Archie. Horas después.

—Se ha manipulado información. Al menos, eso si lo sabemos que la información de los transportes no es verdadera, La orden que se solicitó para incautar los ordenadores, no llegó al departamento de la CIA, nisiquiera pasó de provisional para los administradores y operadores.

— Estoy casi seguro que fue Elisa Legan quien borro esa información. — Dijo Archie.

– No es nada tonta.

—No quiero que esta información salga de aquí y que otras personas, como las oficinas de Seguridad Nacional este al corriente. Al menos, no hasta que podamos hablar con un juez en persona. Tom aceptó, comprendiendo lo que aquel sujeto decía. No le faltaba razón, estaba claro que la persona que había borrado aquella pericial de oficio había falseado datos. No podían arriesgarse a que todo lo que habían descubierto se filtrase antes de poder atraparlos, si no, lo echarían todo a perder.

—Necesitamos ubicar los puntos de sus entregas que piensan realizar— comentó Patricia.

—Puede que también la distribuyan por aquí.—sentenció Archie señalando un mapa —. Está claro que aquel tipo no se anda con tonterías cuando se les amenaza con su negocio, y supongo que sus cómplices tampoco. Lo que me resulta sospechoso es que hay una transferencia hecha el mismo día en que Anthony murió.

— Crees que pueda estar relacionado con su muerte ? –Pregunto Patricia.

— Estoy seguro.

—De acuerdo, si todo esto es cierto... —intervino Tom—, Es que hay alguien de mucho poder...

—¿Y dónde está? Permanecieron varios segundos en silencio hasta que Tom se acercó a la mesa y colocó su mano sobre la mesa.

— Es alguien que tiene poder sobre las leyes del reino unido y america.

— Alguien... como que pertenece a la corte.— Dijo Patricia O'Brian. Archie se pasó la mano sobre los ojos. No podían sacar nada más en claro. Ya sabían que podría ser alguien que se moviera por encima de la CIA y, por lo tanto, era un hombre preparado para todo. No obstante, allí no podían averiguar nada más. Si querían obtener más información debían moverse.

—Archie se giró y miró hacia Patty—. ¿Hay agentes de la CIA en Inglaterra? Patricia tecleó algo en su ordenador.

—Tenemos seis compañeros en Inglaterra. Archie se giró hacia ella .

—¿Con qué misión?

—De reconocimiento y a la espera de nuevas órdenes.

—De acuerdo, —dijo Archie mirando a sus compañeros—, mirad si alguno de nuestros compañeros es de confianza.

—Está bien —respondieron poniéndose manos a la obra.

—Con Charlie tuve una misión hace unos cuatro años —explicaba Jimmy cuando Patricia confirmo la identidad del equipo en Inglaterra mientras se limpiaba las manos con una servilleta de papel—. Es de fiar. —Miró a Archie y este aceptó—. A Mike lo he visto unas cuantas veces. Lleva en el equipo bastante tiempo. A los otros no los conozco, pero si están en el mismo equipo seguro que son de fiar.

—Tom, Verifica si tenemos vía libre. —Miró hacia Jimmy y aceptó—. Contacta con ellos..

Jimmy se levantó y cogió uno de los móviles que había sobre la estantería y que mantenían una línea segura, apartándose para hablar tranquilamente con ellos.

— Confirmado. Hay via libre. —Dijo Tom

— Nos ayudará. — Dijo Jimmy después de hablar con Charlie, su amigo. —Charlie dirige el pequeño escuadrón, también tienen ganas de pillar a alguien. Le pasaré toda la información por una vía segura y cuando sepamos la fecha de nuestra llegada lo prepararán todo. Archie se cruzó de brazos.

—Está bien —dijo Archie con determinación—, nos moveremos a Reino Unido ¿estáis de acuerdo? Todos afirmaron con efusividad. —Organiza la ida al aeropuerto. Cuando los tengas y sepas horarios comunicádselos, para que se preparen para nuestra llegada. Archie se acercó a Jimmy.

—¿Le has dicho que esto es ajeno al departamento?

—Sí —Luego le guiñó el ojo—. Ya te dije que era de fiar. Archie aceptó y se giró, Tom que estaba apoyado contra la mesa, cruzado de brazos, con la mirada clavada en un punto de la habitación.

—Tom —Llamó su atención, haciendo que él lo viera —. Envía toda la información donde te diga jimmy por un servidor seguro.

—Claro.

Hansel salió de las oficinas del parlamento con una sonrisa en los labios, todo iba saliendo muy bien, haber servido a Richard con destreza y lealtad le había dado importancia y credibilidad. No habían dudas en su imagen, y gracias a eso tenia via libre. Cogió su móvil para contactar con un experto. Dos horas más tarde llegó lo que esperaba.

—Tengo entendido que es experto en su trabajo dijo Hansel levantándose de la silla y tendiendo su mano sobre la mesa. El militar frente a él se la estrechó y se sentó nuevamente frente a él.

— Me gusta mi trabajo. Contestó el militar

—Me alegro, soy Hansel Crowd.

—Charlie, señor —pronunció el militar adoptando una postura amigable. Hansel paseó sus azules por unas carpetas que tenía sobre la mesa y, finalmente, abrió una. Cogió el enorme sobre blanco, donde debía haber varios documentos en su interior y se lo pasó.

—¿Una nueva misión? —preguntó mientras aceptaba el sobre. Hansel colocó sus dos manos sobre la mesa y las entrelazó, poniendo su espalda recta.

—En realidad es una misión urgente. —Aquello despertó la curiosidad de Charlie que lo miró sorprendido—. Usted es uno de los mejores francotiradores que se conoce en su rango. —Charlie ceptó de buen grado aquel cumplido—. Creemos que usted es el más cualificado para realizarla. —Hansel se apoyó contra el respaldo en actitud relajada mientras observaba a Charlie abrir el sobre—. Se trata de un objetivo. Es de vital importancia su eliminación. —Aquello pilló por sorpresa a Charlie el cual lo observó algo preocupado antes de seguir abriendo el sobre. ¿Ahora se iba a convertir en un asesino a sueldo?

—¿Por qué es tan importante este objetivo? —preguntó mientras comenzaba a sacar documentos.

—Verá, no estoy al corriente de todo —respondió con una sonrisa—. Es una misión de importancia uno. La misión viene de las altas esferas. Precisan a un hombre experimentado, ya que puede que el objetivo esté recibiendo ayuda. —Charlie enarcó una ceja hacia él, pero contuvo el aliento cuando extrajo del todo los documentos y observó la fotografía de su objetivo. Era una foto de la esposa de Anthony. La información que Jimmy le había hecho llegar aquella mañana. En la foto, se la veía sonriendo, feliz, con sus enormes ojos verdes y su cabello Rubio cayendo sobre su pecho. Notó cómo el corazón se le desbocaba y se le secaba la boca.

—Han requerido para esta misión a un hombre experimentado y, me he permitido recomendarle personalmente. Charlie se quedó totalmente estático, observando sin pestañear la fotografía.

—¿Ocurre algo? —preguntó Hansel al notar la expresión del militar, Charlie negó rápidamente y volvió a meter los documentos en el sobre, aún incrédulo.

—Se trata de una jovencita ¿Por qué quieren eliminarla? —preguntó intentando parecer sereno. Obviamente aquella pregunta no agrado al abogado, él cual ladeó su cabeza hacia él.

—Ni siquiera he mirado el sobre. No sé de quién se trata. Pero eso, no es de su incumbencia —prosiguió con tono serio—. Usted es un soldado y como tal debe cumplir las órdenes que se le encomienden.Yo solo le estoy dando ordenes de los altos al mando. Charlie lo miró fijamente. Durante unos segundos estuvo tentado de coger al abogado y golpearlo, obligarlo a hablar para saber de dónde provenían aquellas órdenes, pero se contuvo. Tenía claro que si se negaba o mostraba alguna duda le pasarían el encargo a otro de sus hombres.

—Claro, disculpe señor. —Acabó de guardar todos los documentos y lo miró de forma directa—. ¿De cuanto plazo de tiempo dispongo?

—No se sabe el paradero del objetivo, así que dispone de una semana para llevarlo a cabo. Espero que no me decepcione, sargento. Esta misión es muy importante y lo he recomendado a usted personalmente, no me defaude. Charlie aceptó, aún con los músculos tensos.

—No le decepcionaré, señor —pronunció poniéndose en pie.

—Por cierto —dijo también levantándose para estrecharle la mano. La cogió, pero no la soltó, lo cual llamó la atención de Charlie—, insisto en que la misión debe ser un éxito —Y esta vez sonrió de forma maliciosa, lo cual hizo que Charlie enarcase una ceja. Soltó su mano finalmente y Hansel abrió otro cajón extrayendo otro sobre—. Este sobre solo lo puede abrir cuando salga de aquí. Me dijeron que se lo entregara si dudaba. Es un incentivo que sabrá valorar para que cumpla su misión.

Charlie cminó rumbo a la salida de aquella mansión con la mente absorta. Tenían un problema, y muy grave. La organización había fijado como objetivo a Candy lo cual le daba que pensar. Además, existía la posibilidad de que la misión no fuese encomendada solo a él. Sabía que el único equipo operativo era el de ellos, pero no podía descartar la posibilidad de que la misión se la diesen a varios hombres más. Debía poner al corriente a Jimmy y prevenirlos a todos. Caminó hasta fuera del edificio, donde una corriente de aire le golpeó la cara. Notaba todos los músculos de su cuerpo en tensión. Jamás se había sentido así. Fue hasta su coche y en cuanto abrió la puerta se sentó arrojando aquel sobre al asiento del copiloto. Cogió el otro sobre que le había dado el abogado, y lo abrió. Al momento notó que sus ojos se empañaban. ¿Pero qué era aquello? Notó cómo sus manos temblaban mientras sujetaba la fotografía de su madre. Si fallaba, si no cumplía su misión, ella se convertirían automáticamente en el objetivo de otro. Aquello iba en serio. "¡Joder!" gritó mientras golpeaba el volante con todas sus fuerzas, Había escuchado muchas veces que usaban esas técnicas para persuadir a sus encomendados, cuando algo les urgía o era de vitar importancia, pero no había querido creerlo. Aquello era inhumano. Y lo peor es que si no cumplía su misión su madre correría un grave peligro. Cerró los ojos y rugió, notando una quemazón que subía desde su estómago a su garganta. Se quedó pensativo mientras cogía el móvil, debatiéndose en qué hacer a continuación, hasta que tomó una decisión. Lo que tenía claro es que no pondría en peligro a su madre.

Después de la deliciosa cena, ambos caminaron hacia el automóvil, Terry no pudo más.

—No sé si a ti te pasa, pero me siento muy bien a tu lado, cómodo, como si este fuera mi lugar. — Terry se acercó hasta rodear a Candy entre sus brazos. Candy quiso separase de él un poco, pero él la obligó a permanecer encerrada en sus brazos, y se quedó unos instantes observando el color de las hojas de los árboles. " Como sus hojos" penso. Ella quiso ser otra persona, sin tanto a cuestas. Quiso poder dar más de ella, pero no podía.

—¿No sería maravilloso olvidarnos de quiénes somos? —dijo más para sí misma, pero Terry la escuchó—. ¿Al menos por un día? Terry se quedó serio unos momentos, sopesando los interrogantes de la chica. La soltó y ambos quedaron recostados en el auto.

—No te quiero para un día, ni para un revolcón rápido, y que al día siguiente, me trates como si estuviera apestado. —Volteó la cara al horizonte—. Quiero ver a dónde nos lleva esto, no pretendo seguir gravitando a tu alrededor cuando sé que también te sientes atraída. Quiero intentarlo, Candy, no soy hombre de relaciones, pero cuando me empeño en algo, me gusta hacerlo bien y contigo quiero eso, no me preguntes por qué, porque ni yo mismo lo sé.

Continuara...