Deseo de una Campeona

parte IV

(Ash y Cynthia)


—La victoria no siempre se trata de poder, a veces se debe ser creativo e ingenioso para no caer.

—¿Crees que Ash sea esa persona que logrará vencerme?

—Ese chico es especial. Creo que ambos nacieron para conocerse.


Los ojos de Cynthia se abrieron y la luz del nuevo día pronto comenzó a molestarla. Una vez más aquel recuerdo invadía sus sueños y el sentimiento de alegría por haber encontrado a alguien tan increíble como lo es Ash llenaba su vida con color. Una bella sonrisa pronto adornó su rostro y los recuerdos de la fiesta no paraban de llegar a su mente.

Ese discurso con el que abrió y cerró la noche alcanzó más visitas que su combate. Las personas lograron conectar con sus palabras y por primera vez en mucho tiempo lograba ver a la próxima generación de entrenadores dispuestos a competir con tal de quitarle el puesto al nuevo campeón.

Ella también lo haría. Entrenaría también para obtener su revancha mientras vive ese viaje del cual tanto había escuchado hablar. Está oportunidad era única y no debía desaprovecharla sintiendo tristeza por el rechazo de las personas a su renuncia al puesto de campeona.

—Así que ya te has levantado. Bueno, al menos tienes otra cosa en común con Ash.

—¿Por qué me dejaste dormir en tu habitación?

—Porque eres mi amiga y tanto él como tú se quedaron dormidos tras toda una noche de fiesta—aquellas palabras provenían de la campeona de Kalos quien se encontraba sentada en un sofá mientras hojeaba una revista sobre concursos Pokémon—. Nunca antes te he visto bailar, no lo haces nada mal, pero creo que tanto tú como Ash merecen unas clases antes de tener su baile de fábula.

Las sonrisas de Cynthia muchas veces nacían gracias a sus amigos y esta no era la excepción—. Lamento mucho como me porte anoche, no quería ser grosera con ustedes—se disculpó.

—Nosotras tampoco nos comportamos de la mejor manera—cerrando su revista, Diantha caminó hasta su cama donde descansaba la ex campeona cuya mirada mostraba pesar por su acciones—. No sé si te gusta Ash, tampoco me debo meter en tu vida privada; pero si lo que deseas es estar junto a él como una amiga o cómo algo más, no dudes en que estaré ahí para apoyarte.

—Diantha... ¡Gracias por ser mi amiga! —exclamó Cynthia dándole un fuerte abrazo a su amiga quien imitó el gesto.

—Siempre seremos amigas.


—Me parece curioso que estés haciendo el desayuno.

—Quiero que Cynthia se sienta en casa.

—La quieres mucho, ¿No es así?

—Yo...

Esta era la primera ocasión en mucho tiempo en que Ash no sabía que responderle a su madre.

Desde que inició su viaje no recordaba haber puesto sus manos en la comida. Siempre era Brock u otro de sus compañeros los que se encargaban de dicha tarea. Él siempre estuvo metido en sus combates que nunca se dio la oportunidad de mostrar aquellas enseñanzas que su madre compartió con él antes de su viaje.

—Descuida, aún te falta mucho para crecer y darte cuenta de ello—comentó la mayor con un tono calmado y lleno de experiencia.

—Más o menos lo entiendo, al menos creo que intento entenderlo—respondió él con una inusual calma—. Sé que en todo este tiempo me he centrado únicamente en ser Maestro Pokémon y sé perfectamente que me estoy encasillando en eso. No puedo sólo saber de combates, también debo vivir la vida que ustedes tienen lejos del mundo Pokémon si quiero ser un auténtico campeón regional.

La experiencia se transmitía a través de sus palabras. El ser campeón era una responsabilidad totalmente nueva para él. Existe una responsabilidad que debe tomar en sus acciones si quiere inspirar a las generaciones futuras de la misma forma que lo hizo la noche anterior con su discurso.

Ya no era el entrenador inexperto que salió de Pueblo Paleta en busca de la aventura. Ahora tenía la responsabilidad de la Liga Pokémon de su región, y si quería mantenerla, debía actuar como todo un campeón.

—No quiero que seas como Cynthia, mucho menos quiero que mires a alguien más.

—Pero ellos...

—Esta conversación no la hemos tenido, pero para ser alguien en esta vida no se trata únicamente de ser igual a ellos—dijo Delia en un tono mucho más serio a la vez que ayudaba su hijo con el desayuno—. La experiencia es buena, tener un mentor es mucho mejor; pero eres tú quien debe tomar las decisiones al final, sean buenas o malas.

Las palabras de su madre siempre estaban cargadas con la verdad. Desde Unova que se encasilló en ser un maestro Pokémon cuando desde antes ya había logrado un objetivo tan importante como el de ser un campeón regional.

Odiaba admitirlo, pero ser un As del Frente de Batalla era estar entre los mejores del mundo. De haber pulido sus habilidades como le dijo Scott, era muy probable que el puesto de Brandon fuera suyo. Tal vez incluso pudo ganar la Liga Sinnoh de haber seguido los consejos de Paul.

—He dejado a muchos de mis Pokémon de lado.

—Un Maestro Pokémon sabe cuándo hay que cambiar de equipo. Aún te falta mucho por aprender y creo que tener a Cynthia como tu compañera te ayudara a mejorar.

—Tenerla como compañera es todo un regalo—dijo en voz baja mientras terminaba de preparar los panqueques que hizo pensando en aquella Campeona que llamó su atención en aquel encuentro por su viaje en la región Sinnoh.

Con mucho cuidado terminó de dar los últimos detalles al desayuno. Tal vez sus habilidades de cocina no eran tan buenas como las de sus ex compañera de viaje, pero se podía defender haciendo algunas maravillas de desayuno que harían envidiar hasta los mejores chefs.

—Por cierto, a mi futura nuera le encantará este desayuno.

—¡Mamá!


—Ese olor...

—Parece ser que alguien desea darte un buen desayuno.

Cynthia no dijo nada ante el comentario de su amiga. Estaba tan fascinada por el aroma que provenía de la cocina instalada en la habitación del nuevo campeón que omitió la burla de Diantha acerca de su relación con Ash. Sin duda buena comida pasaba a primer plano en la mente de la ex campeona.

—¡Vamos! —gritó la rubia con emoción para así tomar la mano de la morena quien apenas y pudo tomar su ritmo.

—¡Más despacio! ¡Recuerda que estoy usando tacones altos!

En cuestión de segundos ya se encontraban dentro de la habitación del nuevo Maestro Campeón. Los ojos grisáceos de la rubia se maravillaron al ver una mesa bien preparada donde se encontraban diversos platillos entre los que destacaban una pila de panqueques decorados con fruta y crema batida.

—Cuando me dijo que haría un desayuno, esperaba algo mucho más sencillo.

—¿Cuando te dijo? —repitió la ex campeona con duda—. ¿Acaso te viste antes con él?

—¡Me atrapaste! —exclamó Diantha—. A decir verdad, nuestro querido campeón se levantó temprano para variar. Le pidió a su madre algunas cosas para preparar el desayuno y a decir verdad, parece que él si te puede dar unas lecciones de cómo cocinar sin matar a nadie en el proceso.

Tal comentario golpeó el orgullo de la antigua campeona. Todos sus allegados sabían sobre su cocina, pero Ash no conocía nada al respecto. El miedo de hacer un desayuno siempre la invadía y el gasto que tenía en restaurante siempre era mayor al de cualquier otro campeón en la historia solo por detrás de Wallace.

Tomándola de los hombros, Diantha la acercó a ella—. Tienes una segunda oportunidad para mejorar, creo que debes aprovechar para al menos hacer un sándwich sin riesgo a contaminar todo un edificio.

Los ojos de Cynthia se llenaron con lágrimas. Aún recordaba lo mucho que hizo sufrir a los inquilinos del departamento donde la actriz se hospedaba. Su abuela tuvo que cubrir los gastos de descontaminación y hacer que ella prometiera no volver a preparar un alimento sin supervisión alguna.

—Sé que podrás hacerlo—dijo la mayor con un tono suave—. Anda, vamos a probar lo que la familia Ketchum preparó para nosotras.

La rubia no tuvo que escuchar dos veces a Diantha para hacerlo. Su emoción por probar algo nuevo era genuina y el aroma de los panqueques recién hechos despertaba su apetito.

Con sumo cuidado se sentó en la mesa admirando de primera mano lo que madre e hijo prepararon. A diferencia de los otros platillos, los panqueques tenían una nota consigo dónde si nombre destacaba con una caligrafía que caía en lo decente. Su corazón latía con más fuerza tras reconocer la letra de la persona que escribió su nombre.

La oriunda de Kalos también notó esto y por un breve instante pensó en lo mucho que Cynthia apreciaba dicho detalle. Tal vez aún no nacía ese sentimiento de amor puro por ambas partes, pero existía una amistad sincera y pura que podía opacar cualquier romance escrito para las películas que ella llegó a protagonizar.

—Espero les guste lo que tenemos preparado para ustedes.

—¡Señora Ketchum! —gritó Cynthia con una pánico inusual—. P-Perdón por no anunciar nuestra entrada. Fue mi culpa.

—No pasa nada, querida; después de todo este desayuno es también para ustedes dos—dijo Delia en un tono calmado mientras servía el café en las tazas de ella y de Diantha—. Por cierto, para ti hay algo mucho más especial que una taza de café.

—¿E-Especial? —los nervios pronto se apoderaron de ella. Unos pasos pronto llamaron la atención de ambas amigas y desde el marco de la cocina lograron ver como el nuevo Maestro Campeón traía consigo dos vasos grandes de malteadas con una bola de helado que sobresalía de la espuma decorada con crema batida—. ¡Eso se ve delicioso! ¿Es para mí?

—No, es para Pikachu —comentó Diantha con sarcasmo ganándose una mirada molesta por parte de su amiga—. Anda, disfruta el desayuno que Ash hizo para ti.

—Sí... Gracias por el desayuno—dijo Cynthia con algo de pena. Sus mejillas se tornaron en un bello color rojizo que hizo sonrojar también al joven campeón—. Gracias por ser mi amigo.

Aunque eso último lo dijo casi en forma de susurro, sus palabras lograron ser escuchadas por el joven de Pueblo Paleta quien no pudo evitar sonrojarse por la forma tan tierna en que la ex campeona se comportaba.

—De nada... Lo hice pensando en ti—eso último lo dijo sin pensar y antes de darse cuenta una recién desamayada Cynthia yacía en los brazos de su mejor amiga—. ¡Cynthia! ¡No sigas la voz de Arceus! ¡Quédate conmigo!

—Veo el cielo...