El Sentimiento del Porvenir

Si alguien le hubiese dicho a Shark que su vida se reduciría a momentos felices y momentos tensos llenos de batallas soñadas en películas y llevadas casi al espacio mismo, él solo los miraría y dirá con voz sarcástica que dejaran de lado las fantasías y lo que sea que estuvieran metiéndose para decir algo como eso. Y es que, de buenas a primera el pensarlo antes, solo lo haría refunfuñar y encerrarse en su habitación mirando su baraja para no pensar en absolutamente nada que viniera del futuro.

El futuro para él, era una mierda y esas cosas sin sentido que no deseaba abordar y mucho menos pensar. Y, sin embargo, por cuestiones del destino y su mismo querer, además propenso a su descubierto verdadero ser. Sumado de que ahora era el Rey prometido de una de las mejores tierras que alguna vez alguien pudo imaginar. Le hizo replantearse todo lo que alguna vez concibió como verdadero.

Eso y el sencillo hecho de ver al par de amigos que tenía como es que anunciaban con orgullo y amor, el fruto de su unión. La sonrisa en sus rostros, así como el brillo que mantenían en sus ojos mientras el bebé de brazos estiraba sus brazos en busca de un mayor acercamiento con el que se suponía era su madre, le daba una idea general de lo que él deseaba para su propio futuro. Llevándolo a imaginar distintos escenarios que, por primera vez en mucho tiempo, anhelaba que sucediera.

Llegando incluso a planear su futuro. Suyo y del ser que mantenía sosteniendo su mano con leve fuerza, pero con todo el amor que él podía ofrecer. Una leve sonrisa colándose en aquellos labios dulces y la mirada solemne que percibía en su peligris. Solo parecía apoyar su idea de querer acceder a ese futuro que antes percibió como malo, o como la mierda misma.

Sus ideas iniciales, siendo remplazadas con un bello futuro y un lindo esposo con un bebé en brazos, le hizo desear quizá, incluso más de lo que alguna vez imagino. Y por primera vez en tanto, eso se sintió bien. Muy, muy bien. Ahora comprendía lo que muchos decían sobre eso de ver el verdadero color de las cosas y como es que brillaban a tan solo ser movidas por las personas o por la brisa que le acompañaba al fin de aquel evento, que paso como un borrón después de que su igual anunciara que podían ir a comer y de ahí ser llevados a su habitación para descansar.

Recuerda las risas, las pláticas, las felicitaciones y demás locuras que sucedieron gracias a tantos invitados. Incluso recuerda haber jugado un juego simple entre Astral, Vector y él. Era una apuesta. Apuesta que el peliblanco gano por pura suerte, llevándolos a cantar algo frente a los demás.

La vergüenza fue sobrepasada cuando un par de aplausos sonaron para ser seguido de más felicitaciones para su persona y para el Emperador arrogante a su lado. Quien asintió vehemente, pero a su esposo, yendo casi enseguida a su lado como si nada más le importara. Y tal vez ese era el caso. Nada más le importaba a Vector que no fuese su esposo y el mismo. Y vaya que él comprendía eso. Podría ser que él estuviese en la misma situación sin darse cuenta. Pues si alguien osara tan solo acercarse a Durbe con intenciones hostiles, él haría y movería incluso cielo, mar y tierra, solo para evitar que su querido Reina se encontrase en peligro.

¡Por su orgullo y vida que así sería! Él era un hombre de palabra y acciones. Nadie dañaría a su ser amado y personas queridas. Procuraría que eso siempre fuese así. O al menos mientras estuviese dentro de sus posibilidades y destrezas. De otra forma haría de todo para que pudiera hacer algo al respecto.

Pero, por ahora. Habiendo terminado el evento y la comida que se convirtió en cena. Bien podría relajarse a un lado de su amado, quien, como era ya la costumbre, le espero pacientemente en cama mientras leía un libro de quizá alguna ciencia o novela de su interés. Brindándole una imagen que quiso conservar por siempre y para siempre. Consiguiendo guardarla en su corazón, y hacerlo desear que aquel futuro que antes veía como malo, llegará sin desviaciones y con mucha más fuerza que antes.

El calor de los brazos de Durbe y el pausado sonido de su corazón, solo le hicieron hacerlo reafirmar su anhelo.

Él deseaba esto y un poco más. Y ciertamente estaba realmente feliz por ello, aún con todos los contras que quizá podría encontrar. Digamos que él se encontraba en este preciso momento, pleno y satisfecho. Y eso, le ayudo a entender la posición de Vector y III de ahora en adelante.

No los culpaba, no podría. Por qué él hubiese hecho lo mismo por su amado y su hijo no nato. El cual, estaba en planes futuros a aparecer. Aún no. No cuando estaba esa amenaza latente a surgir. Después, fue lo que dijo su querido prometido. Él estuvo muy de acuerdo con la aseveración.

Y sinceramente estaba bien con ello. Con todo lo demás también. Y por ahora. Bien podría relajarse en brazos de su amado, y dormir tanto como lo deseaba. Algo muy merecido. Tanto como el futuro descrito.

Un obstáculo más, se dijo mentalmente Durbe. Solo uno y podrían obtener aquella felicidad que deseaban. Un poco más...


Por otro lado, V se preguntaba muchas cosas como ignoraba otras de manera deliberada. ¿Todo iba a estar bien una vez derrotaran a su último enemigo? ¿Necesitarían fortalecer el último plan surgido a causa del desastre habido? ¿Necesitarían más fuentes de poder en caso de emergencia? Quizá si movía ciertas cosas bien podría obtener algo que le complaciera aún más. O tal vez, cambiar un logaritmo sería la clave que buscaba. Aunque, viendo por milésima vez en su cabeza los sucesos recientes, no estaba ahora siquiera seguro de lo que querría.

Tal vez estaba sobre pensando. O quizá no...

Aun había muchas cosas que pensar. A pesar de que Astral le había dicho en su momento que podía tomarse un descanso de todo lo relacionado a lo mismo. Estaría mintiendo si dijera que inmediatamente le hizo caso, pero no podía evitarlo realmente. Él era un científico, uno hecho y derecho. La ciencia era su segundo amor. El primero obviamente siendo su querido novio, Kaito. Lo cual venía con su temperamento y locuras. Y aun así lo amaba con pasión y necedad. No por nada se había entrometido en su relación con la Guerrera Ema y él.

Aunque eso era punto y aparte. Ahora todo era como lo había visualizado desde un principio. Kaito mismo lo afirmo después de descubrirlo en lo que él considero un plan perfecto para su conquista. Recuerda que Kaito había reído hasta el cansancio antes de confesarse, alegando que siempre lo amo a él y que sinceramente solo contemplo a Ema como una valiente mujer.

No está de más decir que él refunfuño con eso. Quizá había errado un poco en el procedimiento, pero sus resultados fueron igual de satisfactorios. No había queja de ello, solo un par de rasguños en su espalda como consecuencia. Y aun así no había reclamo. Su vida bien podría considerarse buena.

Y aun así estaba esa preocupación inminente por el futuro cercano. Debía prepararse tanto como pudiera, imaginar lo que tal vez de acercaría. Necesitaba hacerlo por el bien suyo, de Kaito y de su familia. No ostentaba el título del mejor científico por nada. Más, a pesar de eso, el apretón que dio su amado a su mano fue suficiente para que todo pasara a segundo plano.

La mera presencia de Kaito a su lado era suficiente para calmarlo a niveles alarmantes. Eso o sencillamente era la seguridad que le transmitía con estar a su lado. No lo sabía, y tenía sus hipótesis para probar. Pero, por primera vez. Dentro de aquel evento en el cual Astral y Yuma celebraban su regreso junto a su hijo, se sentía mucho más tranquilo que al principio. Ayudándole a sospesar las palabras dichas por su amigo peliblanco.

Tal vez, solo tal vez, se daría un merecido descanso. Solo uno pequeño. Kaito le susurro un mejor plan para ello.

Oh, que dichoso se sentía... Quizá debía planear otra cosa que no fuese trabajo...


Vector continuaba mirando como es que su amado se movía de un lado a otro, el vigor de sus movimientos siendo lo suficiente para que una sonrisa se posara en sus labios. Un gran contraste al martirio que tuvieron que pasar días anteriores.

No había duda que agradecía la ayuda de su rival como de su amigo. No sabría cómo es que estuviera en el caso de que Astral y Yuma no hubieran dicho nada o siquiera el no existir manera de salvar a su amado y su hijo no nato. Debía admitir que se sentía mucho más tranquilo ahora que podía percibir como es que III se paseaba sin pena ni gloria en el gran comedor bebiendo y comendo a su antojo, mientras su padre le cuidaba, así como IV, invitándolo a comer antojos que en algún momento mencionó antes en cama. Colmándose de atenciones y más conversaciones que parecían agradarle en demasía antes de terminar como siempre a su lado, ofreciendo algún bocadillo que pensaba merecía probar, muy a pesar de su apariencia incomible. El cristal de los platos contrastando visiblemente ante las mordidas que daba sin cuidado y elegantemente III.

El sonoro sonido de su disfrute siendo algo que le alentó a probar también, sonriendo amablemente ante la muestra de su pelirosa. Alegrándose de verle en esa faceta, y sobre todo, despreocupado. Sobando de vez en cuando su vientre, el cual apenas tenía una ligera curva que delataba su estado. Curva que, por cierto, aún se podía ocultar gracias a sus ropas. Los holanes y demás adornos cubriéndole exquisitamente para su vista. Llamándolo a tocarlo, abrazarlo o acariciarlo. Cumpliendo su capricho por partes antes de ser llevado por su rival y líder.

Una apuesta viniendo después. Se aseguraría en su momento de vengarse, pero por ahora, bien podía cantar a todo pulmón su propia dicha y felicidad mientras que su querido esposo le alentaba a lo lejos, en sus ojos radiando la alegría que ahora ambos habían encontrado, y que, se asegurarían no dejarían ir por nada.

Los estudios pendientes, bien podían seguir así. Por ahora esta era su noche, su triunfo. Su regalo...


Astral, por consiguiente, no fue ajeno a lo que parecía acontecer a su alrededor. Alegrándose cuando noto como es que sus amigos y allegados disfrutaban de lo que ocurría, brindándole el apoyo y atención necesaria para que incluso él mismo se sintiera tranquilo. Ameno en esa celebración que para muchos fue maravillosa, y anhelante.

De hecho, no pedía más que eso. Estar junto con las personas que quería a su alrededor, colmándose de la presencia de su amado y de su hijo, el cual le atraía como a una mariposa a una flor. Encantado de sus aromas y su color. Encontrando aquel sentimiento que en algún momento pudo ver una vez su padre despertó como tal. Recordando con melancolía lo que había sucedido como consecuencia de una muy larga historia no culminada del pasado y que, de cierta manera seguía arrastrándolo en un llamado a terminarla por su propia mano.

Algo que se convertía en un estrés constante que pensaba antes de que el ligero llanto o balbuceos de su hijo le distrajeran, así como las palabras conciliadoras de su querido Yuma, el cual, con audacia y elegancia, podía desviar completamente su atención hasta que llegaba el momento de irse a sus aposentos, en donde el silencio les daba su momento para conversar en susurros lo que vendría y como es que debían moverse para evitar una catástrofe total. Acurrucando a su hijo en el medio de ellos para continuar hablando por medio de sus corazones, pasándose hasta altas horas de la noche tratando de ver un panorama y plan completo.

Sus opiniones siendo pertinentes en su momento, o ganándose un par de sonrisas silenciosas en ambos. Distrayéndose antes de que su hijo despertara en busca de alimento, a lo que Yuma se ocupaba de ello. Dejando maravillado como la primera vez a Astral, quien velaba su momento hasta que terminaba. Invitándolo a dormir gracias al pase de energía que había una vez Yuma le tomaba firmemente de su mano, llevándola con cuidado encima del pecho de su querido niño. Encontrando la leve respiración rápida, así como la elevación de su pequeño pecho en consecuencia.

Calmando sus nervios y encariñándose aún más con la imagen. Aquello siendo guardado firmemente en su corazón, para luego ser arrastrado felizmente a un descanso bien merecido. Uno en donde por ahora, no encontraba más peleas o Guerras. En donde se gestaba su mundo ideal, un mundo lleno de felicidad y armonía.

Uno que, sinceramente el destino quizá le venía avisando.

Aunque aún había un obstáculo. Uno grande por superar.

Uno que los días siguientes fue testigo de su rezago.

Todos debían estar conscientes de lo que faltaba. Y juntos lo superarían.