CURITAS para un corazón roto.
CAPITULO 20.
Mientras Terry intentaba encontrar la manera de enfrentar a Candy. El equipo de Archie y Charlie planeaban cómo desenmascarar a Hansel y Neil. Después de darle vueltas a lo mismo decidieron que necesitaban que Elisa saliera del hotel el tiempo suficiente para intentar entrar en su ordenador, solo así podrían acceder a sus datos y talvez encontar algo que por fin pudiera servir para iniciar un juicio y con ello una investigación al personal en el Departamento de Seguridad Nacional. De esa manera podrían aclarar la investigación de Anthony , y dar con los responsables de su muerte. Con los dedos moviéndose a una velocidad sorprendente sobre el teclado, Stear pudo interceptar el móvil de Elisa. En un mensaje enviado desde el móvil de Mike le hicieron creer que Mike necesitaba reunirse con ella. Y asegurándose de que todas las llamadas que su móvil realizará se dirigieran a uno solo. Sabían que Elisa era buena en hacker y corrían el riesgo de que todo saliera mal , pero Elisa cayó en la trampa.
Archie salió de la habitación y nada más cerrar la puerta se dirigió a paso apresurado al ascensor, mientras se abrochaba la americana y se colocaba correctamente las mangas. En el distribuidor, bastante repleto. En la distancia pudo distinguir a Jimmy, sentado junto a una mesa tomando un café mientras leía una revista. Jimmy alzó la vista e intercambió un mensaje en una mirada con él. Archie no se detuvo, dado a que supuestamente no se conocían. Siguió su camino y un momento después salió del hotel notando cómo el frío le entumia los dedos de las manos, era como estar en un refrigerador . Llamó a un taxi y subió. Minutos después Archie bajó del taxi y miró hacia la discoteca. Había una larga cola, decenas de turistas esperaban su turno para entrar al local. Hizo cola tras dos jóvenes chicas que se giraron para observarlo sonriéndole coquetas. Archie sacó su móvil y se lo llevó al oído, aunque no era necesario, todos los miembros de su equipo y los de Charlie llevaban puestos micros y un auricular (y con un simple golpecito en el pecho lo activaría y podría comunicarse con todos), no quería parecer un loco hablando solo. Habían puesto en marcha el plan. Sabían que Elisa se reuniría con Mike según lo planeado, pero este no iba a llegar, Y mientras Elisa estaba fuera de su habitación de hotel Patricia entraría a revisarlo todo, Aunque después de ese momento se descubriría que todo había sido mentira. Y quizás Elisa se diera cuenta , pero era mejor que nada . Algo bueno tenía que salir. Mientras el resto del equipo de Archie y el equipo de Charlie efectuarían el resto del plan.
—Stear, ¿dónde estás? —preguntó Archie después de rozar el botón del micro en su pecho. La voz de Stear le llegó con alguna interferencia.
— Aquí adentro. Estoy en la barra…
—Yo estoy en la cola —respondió.
—De acuerdo. Se dirigió a la entrada a la zona vip.
— Aquí Tom — Se escucho en todos los auriculares — Elisa está saliendo del hotel
—Recibido. Informa también si hay algún problema. Archie se disponía a entrar en la discoteca cuando la voz de Tom inundó de nuevo su cabeza.
—De acuerdo.
Archie entró en la discoteca y miró de un lado a otro. Estaba a rebosar. Cientos de turistas bailaban al son de una música electrizante. Los rayos de luz que descendían desde el techo, en constante movimiento, iluminaban los rostros de las personas que bailaban. Caminó mirando a lado y lado, esquivando a todas aquellas personas, llevándose algún pisotón que otro. En ese momento reconoció la voz de jimmy.
—Elisa se dirige a la zona de las discotecas , Está intentando llamar a Habsel. Archie se detuvo y observó el local con detenimiento, buscando la zona vip mientras se llevaba la mano al pecho.
—Aquí Archie. Patricia, ya sabes lo que hay que hacer.
—Aquí Patricia —contestó—. Iniciamos.
Archie caminó por la sala hasta que divisó a Stear sentado en una alta mesa, en un lateral, sobre uno de los taburetes. Sus miradas coincidieron al momento, y se dirigió hacia allí. Le tendió la mano, estrechándosela, como si se hubiesen reunido para hablar de trabajo, y Archie se sentó frente a él. Stear se acercó un poco por encima de aquella mesa.
—Hay tres cámaras —pronunció bajando el tono—. No me he dado cuenta hasta hace escasos segundos. Una colocada sobre la barra mirando hacia la puerta de entrada, otra allí —dijo señalando con la cabeza hacia la izquierda—. Y otra por encima de nosotros. Puede que haya más. Archie aceptó.
—No creo que sean ningún problema, serán de vigilancia, no de reconocimiento —respondió mirando de un lado a otro—. Y aunque fuesen de reconocimiento tenemos identidades falsas.
—Lo sé. Archie se giró hacia Stear mirándolo, iba a hablar cuando uno de los camareros se acercó depositando sobre la mesa un enorme vaso de refresco.
—Tráigame lo mismo, gracias —pronunció Archie al camarero, el cual aceptó y se dirigió a la barra para preparar la bebida. Jimmy irrumpió de nuevo.
—Charlie y los suyos ya están fuera de la discoteca, esperando. Nos avisarán si algo se ve sospechoso. Stear y Archie se miraron. El camarero trajo la copa y se alejó de nuevo, Archie la probó y arqueó una ceja hacia Stear.
—Un refresco de cola —pronunció sorprendido.
—¿Qué esperabas? ¿Con ron? Archie se encogió de hombros. Stear se quedó mirándolo y luego se acercó más a Archie.
—¿Lo tienes activado? —Le preguntó señalándose el pecho. Archie negó, sorprendido por la pregunta. Stear se apoyó contra el respaldo del alto taburete, estudiando a su hermano.
—¿Qué pasa? Stear lo observó levantando una ceja, con una sonrisa divertida.
—Te gusta, ¿verdad? Archie se pasó la mano por su rostro, como si aquella pregunta le incomodase. Antes de responder se escuchó una voz en los auriculares.
—Elisa ya ha entrado en la discoteca. Estamos fuera en dos coches.— Se escucho la voz de Charlie
—Perfecto vamos informando —Le respondió Archie, que volvió a removerse incómodo, mientras miraba fijamente a Stear. Archie lo señaló.
—Está claro que este no es el mejor momento —respondió a su pregunta. Miró hacia la puerta y observó a Elisa. El vigilante de seguridad había desplazado la cortina tal y como había hecho con él. Iba vestida informal. Llevaba un capri negro y un top blanco con los hombros al descubierto. El cabello suelto y iba maquillada.
—Ya está aquí. Stear no se giró, siguió mirando hacia delante, hacia su hermano.. Archie se apretó un momento el pecho y desvió la mirada hacia Stear mientras veía de reojo cómo Elisa se sentaba unas mesas por delante de ellos, junto a una pared, y pedía al camarero una bebida.
—Ya está en la zona vip —comentó a todos sus compañeros—. Tengo contacto visual con ella. Observó que Elisa miraba su móvil y él hizo lo mismo. Las diez menos cinco minutos. Recordaba que había quedado con Mike a las diez. Desde luego era puntual. Se dijo que Stear lo observaba esperando una respuesta.
—Stear, no es momento de...
—¿Cómo que no? ¿Qué mejor momento que este? —Archie resopló y desvió la mirada hacia la puerta, por donde entraba un hombre tras otro—. Vamos, hermano... te conozco y se que te gusta desde hace muchos años, somos de la familia. Archie lo miró con cara de fastidio. Chasqueó la lengua y finalmente se puso serio de nuevo, reflexionando.
—Sí —respondió al final—. Mucho. Stear aceptó y luego suspiró. Stear sabía que su hermano estaba enamorado de Candy, aunque claro está que ella no sabía de los sentimientos de Archie. Solo se habían visto una vez y Archie dudaba que Candy se acordase de él, sin embargo Archie nunca perdió la esperanza y tras la muerte de Anthony está se extendió dándole una posibilidad de que ella por fin se diera cuenta de su presencia.
—Eso complica las cosas. Lo sabes.
—No complica nada, seguiremos con el plan como hasta ahora.
—¿Seguro?
—Haremos lo que hemos hablado. Ha de ser así. ¿Has conseguido lo que te pedí?
—Estoy en ello. —Stearlo miró con gesto preocupado. Iba a volver a hablar cuando llevó la mano a su pecho para contactar con sus compañeros.
—Aquí Archie. Patricia, ¿cómo va? Patricia tardó un poco en responder.
—Nada todavía. Patricia había mirando todo en el armario, en el cuarto de baño, y cajones.
— No encuentro nada —gimió mirando de un lado a otro. Se tiró al suelo y miró debajo de la cama. Estuvo a punto de gritar de alegría cuando observó que bajo la cama había el típico maletín para guardar un ordenador. Notó cómo el corazón se le disparaba en ese momento. Cogió el maletín y lo depositó sobre el escritorio, apartando un poco los cuadernos que había sobre la mesa. Abrió el maletín pero antes de abrir el ordenador uno de los cuadernos llamó su atención sin darse cuenta de que 3l maletín tenía alarma de seguridad. El cuaderno era bastante grueso, no tenía portada y estaba encuadernado. Lo cogió y lo abrió. Se quedó totalmente helada al descubrir lo que contenían sus páginas. Lo reconoció al momento, los números mezclados con aquellas vocales y consonantes, sin sentido. Había una larga lista, y cada una de aquellas combinaciones estaba traducida al lado. La voz de Patricia puedo escucharse en todos los dispositivos.
— Aborto la misión del ordenador. Archie se sobresaltó y miró directamente a Stear preocupado.
—¿Qué ocurre? —preguntó con ansiedad. Mirando que Elisa se levantaba de su lugar con prisa mientras manipulaba su móvil.
—Tengo un cuaderno con el lenguaje de encriptación.
— Elisa está saliendo de la zona VIP. Se escuchó la voz de Charlie.
— Patricia tienes que salir de su habitación ahora.— Dijo levantándose al igual que Stear— Charlie sigue a Elisa, avisa su ubicación, no sabemos si se dirige al hotel. Cualquier cosa extraña que suceda.
— Entendido. Dijo Charlie poniéndose en acción.
—Cerraré el trato hoy mismo. Dijo Hansel desde su móvil . Del otro lado tardaron un poco en contestar.
—De acuerdo. —Dijo su interlocutor con tono molesto, Hansel se removió incómodo.
—Pero tengo problemas— solto un suspiro —. Mike, mi infiltrado en el equipo de la CIA de Inglaterra me aseguró que la división vería aumentada con más hombres. quedé con él, pero no acudió. —Se removió incómodo—. No estoy seguro de que hayan tenido algo que ver, y si es así... —Dejó la frase sin acabar.
—Dijiste que no había ningún inconveniente.
—Lo se, pero...
—No me han llegado noticias de que se incrementaba el número de hombres de la CIA.
— No creo que estén bajo ordenes, creo que están por su cuenta. Pero eso no es todo.
— Hay más — Dijo la voz del otro lado con evidente sarcasmo. Hansel apretó los dientes.
— El último cargamento de armas no llego a puerto.
—Cancela la operación hoy mismo. Encargate de la mujer de Brower. Ella es nuestro verdadero problema. Yo me ocupo del resto. —Dicho esto, colgaron sin decir nada más.
¿Podía quedarse tranquilo con sus palabras? Margaret GrandChester era una mujer de influencias, podía confiar en que haría todo lo posible para que la operación llegase a buen puerto, pero lo cierto es que él era el que estaba allí, el que corría peligro. Pero si las pruebas llegaban a los mas poderosos nunca podría estar tranquilo, viviría escondiéndose toda su vida. Necesitaba terminar con Candy Brower en ese momento y él mismo
Lo amaba con ese sentimiento fuerte, abismal e infinito, era la clase de amor insuperable al que le valía la frase de miles de canciones románticas: "Si no tengo tu amor, me muero" —soltó un profundo —, le gustaba acercarse y acariciarle la mandíbula, rugosa y áspera, con resquicios de loción después de afeitar y añoraba más que nunca todo él, como sorprendido por la caricia, la aferraba por la cintura y la besaba hasta dejarla sin aliento. Recordó la noche que la hizo su mujer, se limpió una lágrima, si pudiera hacer las cosas de diferente manera, si tuviera la oportunidad… El ruido de dos disparos interrumpió sus pensamientos. Un frío atravesó a Candy de pies a cabeza, dejándola más asustada que nunca en su vida. Apenas podía pensar. Corrio hacia la habitación y cogió el ordenador, pero ya era tarde. En la entrada vio a un hombre sosteniendo un arma, era un matón. Se escuchaban voces, pasos y más disparos. Dio un rodeo y salió por la parte trasera por la ventana cruzando por la puerta del pasillo. En minutos el hombre se cernió sobre ella. Se acercó y le puso el arma en la cabeza. Candy soltó un alarido de pánico y un escalofrío violento la embargó. La alcanzó el horror que siempre había temido. Un par de hombres la levantaron sin muchas contemplaciones, y la arrastraron hasta un vehículo, había perdido el sentido de la dirección y del tiempo. La maniataron y la sentaron en el piso de una camioneta entre dos hombres que la rozaban con sus piernas y parecían amenazarla con la punta de sus zapatos. Un pensamiento surgió sobre el miedo que parecía haberla convertido en efigie. Moriría, el pánico y la incertidumbre apenas la dejaban meditar. De lo único que estaba segura era de que estaba viviendo sus últimos momentos.
—Alguien está muy ansioso de verte —señaló burlón su secuestrador. Candy no fue capaz de contestar, solo rogaba por que fuera una muerte rápida. El vehículo entró por fin en una carretera asfaltada, no sin antes detenerse de manera brusca para seguir de nuevo su trayecto. Un par de horas después, la camioneta frenó, abrieron las puertas y los hombres se bajaron del auto. Sacaron a Candy con brusquedad y la llevaron casi a rastras por un camino hecho de piedra hasta llegar a la puerta de una mansión. La hicieron seguir a un salón decorado con gusto. Un escalofrío la recorrió cuando su captor se dio la vuelta y la enfrentó.
—Por fin puedo conocer a la esposa de Brower . ¿Cómo estás, Candy? —interrogó Hansel con un brillo furioso en los ojos.
Continuará...
