HOLA. ANTES QUE NADA DISCULPEN HABERME TARDADO TANTO EN ESTA HISTORIA Y NO HABER CUMPLIDO MI PROMESA DE TERMINAR PRONTO. ESTOY REALMENTE OCUPADA Y CADA DÍA EL TIEMPO PASA MÁS RÁPIDO Y Y NO ENCUENTRO TIEMPO SUFICIENTE PARA DEDICARME A LAS HISTORIAS. PERO POCO A POCO TERMINARÉ LAS HISTORIAS QUE TENGO SIN CONCLUIR. SOLO TENGAN UN POCO DE PACIENCIA. POR FAVOR. UN ABRAZO, UN BESO, Y UN SALUDO PARA TODOS ... BENDICIONES EN SUS HOGARES.
Jill Valentine.x
AHORA SI AQUÍ ESTÁ.
CURITAS para un corazón roto.
CAPÍTULO 22.
El guardia de Neil entró a la propiedad donde Neil bebía y jugueteaba con uno de sus revólveres apretando furiosamente los dientes. La mayoría de los hombres no lo habían visto jamás tan enfadado, después de recibir la noticia de que Candy estaba en manos de Hansel.
—Dime que me traes noticias o lárgate por dónde has venido. —El guardia asintió y se acercó más a él—. ¿Qué has averiguado? —insistió, esperanzado. Si no había vuelto sobre sus pasos, era porque alguna noticia traía.
—La CIA se mueve con un pequeño ejército— Dijo el guardia de las oficinas de seguridad Nacional —. Estuvieron hospedados en el mismo hotel donde se hospeda Elisa. Uno de los recepcionistas dijo que Elisa había recibido visita y, por la descripción que me dieron sólo se puede tratar de Hansel.
—Tendré que arreglar cuentas con ella.
—Entiendo —señaló el guardia.
—De hoy no puede pasar el ajuste de cuentas con la zorra —Neil sentenció en tono frío y plano.
—Bien. —Eso esperaba el guardia. Neil estaba desmoralizado por la manera en que le habían sacado del negocio que tenía con los árabes.
—Dime. ¿Donde esta el ordenador de Anthony ? —Candy apretó los labios, sin apartar la mirada de él—. ¿No vas a hablar? —ironizó con una sonrisa. Luego se encogió de hombros—. Bien. —automáticamente extrajo una pistola y la apuntó hacia su cabeza, colocándola en su frente. Candy cerró los ojos y suspiró, como si se preparase para lo peor. Aquel gesto no gustó nada a Hansel que llevó su mirada hacia Elisa la cual lo observaba con satisfacción al escuchar gimiendo a Candy, y sonrió hacia ella—. Bien, Elisa imaginó que quieres ser tú la que termine con Candy, después de todo él la prefirió a ella.
El corazón de Candy se disparó al notar el rumbo de la conversación. Poco después vio aparecer un enorme y lujoso yate ante ellos. ¿Qué era todo aquello?. Acababa de comprender quién era el hombre que la mantenía secuestrada. Era Hansel, el abogado de Richard GrandChester. El que había creído que podía ayudarle. Ahora estaba confundida. La mirada interrogante de ella se encontró con la de Elisa, la cual parecía comprender todo lo que ocurría y mostraba una sonrisa como todos aquellos hombres. Por el contrario, ella parecía que iba a desmoronarse en cualquier momento. La levantaron y con unos cuantos empujones la hicieron cruzar al otro yate, donde varios hombres armados esperaban. Ella volvió a gritar, pero recibió un golpe en su mejilla que le hizo ser consciente de que ella estaba sola y por eso tenía que ingeniarse para salir viva. Supo que era lo que tenía que hacer..
—Tú eres el abogado de Richard GrandChester —pronunció con ira. Hansel puso su espalda recta al escuchar aquello y la miró fijamente. — Sabe Richard lo que estás haciendo?
—Me ha sorprendido bastante. Sabes mucho, y cuando supe que estabas aquí, yo también investigue un poco y... sorpresa. — Dijo con aparente entusiasmo —Se que eres una espía de la CIA y estás en una misión. Candy se dio cuenta de que Hansel no estaba solo. Un jeque corpulento observaba desde atrás. Hansel se giró hacia atrás para explicarle—. Pertenece a la CIA.
—A la CIA —repitió el jeque de no muy buen agrado. Hansel se giró hacia ella encontrándose con la mirada asustada de Candy. Candy también se sorprendió al escuchar aquello, ella no pertenecía a la CIA, en ese momento lo comprendió todo . Anthony había arreglado todo para que de alguna manera ella estuviera protegida. por desgracia también podía ser el motivo para su muerte. Hansel se arrodilló delante de ella y apartó con delicadeza un mechón de su cabello que había caído sobre sus ojos.
—Lastima que no pudieras terminar tu trabajó. Ahora quizás te deje vivir si me dices dónde está el ordenador de Anthony. Se quedó unos segundos esperando que ella hablase, con la mirada clavada en sus ojos. —¿No vas a decir nada? —Le retó—. Está bien —pronunció haciendo más presión con la pistola.
—De acuerdo —gritó ella deteniéndolo con una mano—. Te lo diré. Te diré todo lo que quieras saber, pero no me lastimes —gimió. Hansel aceptó y apartó el arma y al momento fue levantada entre dos hombres y puesta de rodillas. Hansel se colocó frente a ella y la observó con una sonrisa maliciosa. —¿Donde esta el ordenador ? Ella gimió de nuevo y miró a Elisa otra vez antes de volver su mirada hacia Hansel.
—No sé donde esta—susurró. En ese momento notó la mirada fija de Elisa sobre ella—, pero viajé aquí intentando encontrar a Richard GrandChester —Elisa resopló, como si no estuviese de acuerdo con la explicación. ¿Pero qué quería? De aquella forma al menos conseguía algo de tiempo—. Sé que Anthony lo guardaba en una oficina de correspondencia, pero el lugar lo desconozco.
—Ya veo —dijo Hansel con una sonrisa, paseando su arma de una mano a otra—. ¿Quién autorizó esta misión? Ella se removió inquieta y miró de reojo a Elisa. En ese momento lo comprendió, si decía que estaba sola y que dicha misión no existía, Hansel sabría que nadie estaba al corriente de que ella estuviese allí. Solo tendrían que eliminarla y todo caería en el olvido. Nadie le echaría de menos. Ella tragó saliva y se removió incómoda. —Como sabrá eso es secreto, ni los mismos miembros del Departamento de Seguridad Nacional saben muchas veces quiénes solicitan la misión... —Hansel comenzó a elevar su arma de nuevo hacia ella—.Neil —dijo ella—. Sé que el expediente estaba firmado por un tal Neil y que estaba autorizado.
—Neil —rio Hansel, mirando a Elisa que parecía confundida, luego se puso en pie y negó con la cabeza, como si no diese crédito—. Ya, ¿Neil? ¿Del Departamento de Seguridad Nacional? ¿Neil Legan? —pronunció riendo—. ¡Mientes! —dijo con tono siniestro.
—¡No! —gritó intentando parecer convincente—. ¿Por qué iba a mentirte? El expediente estaba firmado por Neil y aceptado. Hansel miró fijamente a Elisa. Aquello cogió desprevenido a Hansel, el cual se giró un segundo hacia el Arabe, que permanecía observando la escena en el más absoluto silencio. —Permíteme que lo dude —pronunció ladeando su cabeza hacia ella.
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo te crees que he obtenido toda la información para llegar hasta aquí? ¿Cómo sabía? —preguntó ella—. ¿De verdad crees que Neil iba a ser tan estúpido como para no cubrirse las espaldas? —Se aventuró a preguntar. Hansel dio un paso atrás, estudiando el rostro convencido de Candy. La chica había logrado sembrar la duda, que ya era mucho dada la delicada situación.
—Sé que Neil trabaja para ti —prosiguió ella—. ¿Qué ocurrirá si os descubren? ¿Crees que él permitiría que este escándalo le llegue a él? ¿Al un responsable del Departamento de Seguridad Nacional? No. Él quiere salvar su reputación, así que es muy fácil para él autorizar una misión y, si en algún momento todo esto sale a luz, aunque intentasen incriminarlo, él podría presentar unos documentos conforme autorizó una investigación sobre este tema. —Lo miró fijamente—. ¿Una persona que trafica con armas autorizaría una investigación si estuviese involucrada? Desde luego todo el mundo creería su testimonio cuando presentase los detalles de la investigación, cuando revelase los gastos que ha generado el hecho de tener que dar luz verde al envío de espias de la CIA a Inglaterra para investigar lo que os traéis entre manos. Hansel se pasó la mano por la frente, como si aquel escenario le incomodase. Iba a volver a preguntarle cuando Elisa dio unos pasos hacia ellos, mirando a los hombres que permanecían a lado del Árabe.
— Estás mintiendo. Neil no haría algo así. Candy pudo leer la duda y la incertidumbre en la mirada y la voz de Lisa. Sabía que lo que iba a decir continuación podría terminar mal pero era lo único que se le ocurría en aquel momento.
—Eso Creés, Elisa. ¿ Cómo crees que se sintió Neil cuando descubrió que lo traicionaste?, tú... Elisa, su propia hermana.— dijo Candy con firmeza, al parecer había calculado bien—. Crees que Neil no sabe que nunca ha sido leal y que eres capaz de traicionar con tal de salvarte tú misma.
— Mientes— insistió Elisa, aunque sin convicción.
— Quien Cres que me ayudó a Salir de mi Apartamento, el mismo hombre que me advirtió hace unos dias, era el guardia de las oficinas de Seguridad Nacional y que ahora está con Neil. —Elisa abrió los ojos cómo platos. Hansel al ver la reacción de Elisa comprendió que Neil le había traicionado todo el tiempo.
—¿Os ha seguido alguien? —preguntó el jeque rompiendo el silencio que se había instalado hacia los hombres que habían capturado a Candy. La respuesta tuvo que ser negativa porque el Arabe asintió y se giró hacia Hansel—. No me importa qué problemas puedas tener, pero he invertido un dinero y un tiempo en esto...
—Te aseguro que es solo un contratiempo —afirmó Hansel, intentando calmar a su comprador—. Tendrá las armas tal y como se acordó. Esto no cambia nada. El jeque asintió una segunda vez y luego contempló a Candy , arrodillada frente a ellos. —De todas formas —prosiguió el jeque—. No creo que haya inconveniente en matarla. Los espías de la CIA mueren en misiones y, si por lo que he entendido, el tal Neil del Departamento de Seguridad Nacional quiere cubrirse las espaldas, también lo hará si mueren los espías de la misión ¿no? Dudo que quiera que se sepa que fue él quien autorizó la misión. Candy supo que la conversación había tomado otro rumbo que la ponían en un mayor peligro así que decidió intentarlo nuevamente, miro fijamente al jeque.
—Te equivocas —comentó con calma—. No he dicho, pero tenemos más compañeros aquí. Ellos darán la voz de alarma si me ocurre algo. El árabe sonrió con ironía y se encogió de hombros.
—Eso si encuentran vuestro cuerpo. Sin cuerpo, no hay delito. ¿Se dice así? —preguntó a Hansel con ironía. Automáticamente, Hansel asintió y elevó la mirada hacia los dos hombres situados tras Candy, una mirada que lo decía todo, que daba una orden bien clara. Candy notó cómo colocaban el cañon de un rifle en su nuca. El frío acero apuntando justo por debajo de su cuello. No pudo evitar echar una última mirada a Elisa, la cual la miraba con cierta alegría en sus ojos. Cerró los ojos con un único pensamiento en su mente. Terry. Aunque fuese a morir, había merecido la pena todo aquello: conocerlo, saborear sus labios, pasar su mano sobre aquella mejilla donde asomaba una barba de dos días, dormir notando el calor de su cuerpo… Inspiró con fuerza, consciente de que sería la última vez que sus pulmones tomarían oxígeno, y cerró los ojos con fuerza. Aunque no podía verlo, puesto que estaba a su espalda, fue consciente de cómo aquel hombre ejercía presión sobre el gatillo. Estuvo a punto de escuchar el clic que precedía la entrada de la bala en el cañon cuando los gritos se sucedieron en cubierta.
Terry se ató con fuerza el arma, tapando su rostro y colocándose la tela blanca encima de su cabeza. A su lado M' Dillow y cuatro hombres que Terry había contratado, dos en cada Barca. El viento azotó sus ropajes mientras sorteaban las olas del mar. Después de llegar a la casa de Hansel había conseguido la información del lugar en el que se encontraba amenazando a los empleados y lo comprobó cuando sin pedir permiso fue a la oficina de Hansel, Había sido un puñetazo en la cara descubrir todo lo que Hansel había hecho con el poder que él le había dado , había conseguido dos barcas pesqueras. No era de las más rápidas que conocían, pero sí con las que pasarían más desapercibidos y las que habían sido más fáciles de obtener. Se había puesto un chaleco antibalas sobre ellos y se habían tapado con unas sábanas blancas. Con su propia ropa se habían hecho un turbante sobre su rostro, evitando así ser descubiertos con facilidad. Se dividieron en dos barcas, cargadas de redes pesqueras y boyas. En la primera iba él , que se acercarían por el lado izquierdo del yate. En la segunda iba su amigó y se acercaría por el lado derecho. El plan era que la embarcación de M' Dillow iniciase una ráfaga de disparos hacia el yate, llamando la atención de todos, y que ello permitiese a la embarcación de Terry subir a cubierta por el otro lado, aprovechando el momento de confusión generado. Apretó con fuerza el fusi entre sus manos y miró hacia los hombres en su barca con convencimiento. Sabía que lo que iban a hacer era arriesgado, pero realmente era lo único que podían intentar si querían sacar a Candy con vida de aquel yate, si querían tener la más mínima esperanza de salir victoriosos. Mientras se acercaban al yate se permitió unos segundos de paz, donde imaginó que Candy estaba entre sus brazos, notando su calor, su cuerpo delicado rozando su piel. A la vez, experimentó también el miedo más atroz que hubiese sentido nunca. Si aquello no salía tal y como lo habían planeado la perdería para siempre. Se giró para observar el rostro serio de M' Dillow.
—Todo saldrá bien. Tiene que salir bien —pronunció su amigó con los labios. Terry aceptó y volvió la mirada al frente, concentrándose en llevar a cabo su plan lo más rápido posible. Observó cómo la barca de M' Dillow comenzaba a acercarse con cierto disimulo al yate.
—Estamos preparados —Escuchó la voz M' Dillow. En ese momento se dio cuenta de que los hombres que había sobre la cubierta del yate los estaban observando.
—Nos van a descubrir —susurro uno de los hombres que iban con Terry agachó su rostro. Terry apretó la mandíbula y respiró con fuerza, consciente de que cuando diese la orden de atacar deberían moverse con rapidez. Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió la determinación se había apoderado de su rostro—. Disparad —pronunció con voz grave y fuerte.
. No pasaron más de dos segundos antes de que M' Dillow y su equipo echasen la sábana a un lado y apuntasen hacia el yate. Habían conseguido la proximidad suficiente para que, mediante los fusiles, pudiesen dar en el blanco. Cuando escucharon los primeros disparos desconcertando a toda la tripulación del lujoso barco, Terry aceleró la embarcación hasta quedar al lado del enorme yate. No perdió un segundo y saltó para cogerse a la baranda del yate y subir por ella, mientras sus hombres apuntaban hacia cubierta. Sabían que los disparon efectuados desde el otro lado del yate les darían los segundos que precisaban para poder subir a cubierta. Hizo fuerza con sus brazos y se arrodilló en cubierta mientras, con una fuerza de mucho tiempo de ejercicio puedo elevar sus brazos con el rifle hacia los tres hombres que tenía de espaldas a él. Apretó el gatillo hacia el primero de ellos, cuando otro ya caía por la borda por uno de los disparos efectuados desde la barca de M' Dillow. A su vez, otro de los hombres era rematado por su amigo, el cual acababa de situarse a su lado. Iba a girarse en dirección al interior del yate cuando le llegó una ráfaga de disparos desde allí. Rodaron sobre cubierta, poniéndose fuera de peligro y se apoyó contra una de las paredes de fibra de vidrio. Coincidió la mirada un segundo con M' Dillow, el cual permanecía aún en la barca, y afirmó mientras cubría su zona, dándole via libre para subir. Por el otro lado observó cómo sus hombres hacía lo mismo desde la embarcación, los cuales subieron al yate en cuanto tuvieron la mínima ocasión. De nuevo una ráfaga de disparos le hizo agacharse. Candy no había dudado un segundo en arrojarse sobre el suelo de madera y luego arrastra llegó debajo de la mesa para así que eso pudiera protegerla de los disparos, Elisa corrió mientras le había parecido observar cómo aquellos hombres terminaban de subirse al yate. Miró hacia arriba y observó cómo disparaban sin compasión hacia el exterior del barco a los dos hombres que habían estado a punto de dispararle a Candy en la nuca. Elisa logro meterse en una de las habitaciones y se escondió en un armario de madera. Tanto el Arabe como uno de sus sirvientes que permanecía tras la mesa donde había una gran cantidad de manjares salieron corriendo en dirección a uno de los pasillos que conducía a las numerosas y lujosas habitaciones del ostentoso yate. Terry observó cómo Hansel parecía olvidarlos y elevaba su brazo, apuntando su arma hacia el exterior del yate. Terry miró a M' Dillow mientras los disparos no dejaban de sucederse y le indicó con un movimiento de mano que iba a desplazarse por la parte de arriba del yate. M' Dillow afirmó, tomó aliento y se giró para contrarrestrar los disparos que provenían del interior, ayudado ya por todos sus compañeros. Terry aprovechó aquel momento para desplazarse todo lo rápido que podía por la cubierta del barco, rodeándo. Se fijó en los cristales ahumados que rodeaban todo el yate, sin encontrar ninguna ventana abierta en aquella planta. Elevó su mirada y vio que en la segunda planta había una puerta. No lo dudó. Se echó el rifle a la espalda sujetándolo por un pequeño cinturón y saltó cogiéndose a la barandilla. Se aupó, y justo iba a caer en la segunda planta cuando uno de los hombres que formaban parte de la tripulación del yate salió en su búsqueda. Echó mano a su rifle cogiéndolo del cinturón y golpeó la culata de este contra el rostro del hombre, que cayó al suelo sin sentido. Se arrodillo sobre cubierta, cogiendo con fuerza el rifle con sus manos, subiéndolo a la altura de su hombro y se dirigió a la puerta que en ese momento se encontraba abierta. Suponía que debía ser por donde acababa de salir aquel hombre.
Continuará...
