Detrás de los Preparativos
Para comprender un poco sobre lo que Yuma y Astral realizaron, se debe retroceder al menos unas cuantas horas a lo que todos los preparativos de sus amigos y familia comenzaron. Justamente a la media noche de aquel día. A las 00 horas precisamente, el lugar indicado siendo su propia habitación, en la cual, ya habían sido atendidos por las Doncellas en ayuda a prepararse a una buena noche de sueño después de su atareado horario las últimas tres semanas en las que, apenas y se veían por ratos y hasta la noche. Turnándose a su hijo, quien decidió colaborar en todo momento para evitar llantos de más o algún berrinche que calmar. Todo para que fuese sobrellevado de la mejor manera posible por sus progenitores, los cuales hicieron y deshicieron ciertos asuntos en el Palacio y fuera de él para mejora de los planes puestos en marcha y llevados a cabo, confiando en que todo caería conforme más avanzaran en ello. Dejándolos satisfechos y bien encaminados, preocupándose solo por mínimos detalles que se verían rápidamente la mañana siguiente después de, lo que ya se mencionó. Un muy buen merecido descanso.
Lo que los llevo hasta sus habitaciones para dormir hasta que estuvieran de nuevo recuperados y listos. Sucediendo casi todo en ese orden, ambos encontrándose en su lecho junto a su hijo para hacer cumplir el propósito. Cayendo inmediatamente en sueño una vez pudieron acurrucarse cerca de sí, manteniendo al pequeño Hoshiyomi en medio de ellos. El cual, tomo con sus pequeñas manos, cada mano ofrecida de sus padres, durmiendo profundamente y en plena confianza, sin percatarse como es que, a las pocas horas de haber dormido, su padre despertó ligeramente sobresaltado. Moviéndolo mínimamente en consecuencia, alcanzando a despertar a Yuma. Quien le miro adormilado, colocando una de sus manos sobre mejilla, dejando caer su cabeza al poco tiempo y aun estando consciente, preguntó.
-¿Astral? ¿Está todo bien? ¿Tuviste una pesadilla? -El mencionado le miro momentáneamente antes de negar, viéndose conmovido por la preocupación de su amado, el cual continuaba luchando en contra del sueño sobre su persona.
-No, no fue nada de eso. Más bien... Un recordatorio... -Susurro en respuesta, consiguiendo que Yuma le mirara con atención, bostezando ligeramente.
-¿Recordatorio? ¿Olvidamos algo?
-Sí y no. Es algo que se me ha olvidado comentarte abiertamente. Pero, podemos dejarlo para mañana, sé que no has descansado bien últimamente...
-Ya me despertaste, lo mínimo que puedes hacer es hacerte cargo de lo que me has hecho... ¿Qué pasa? -Menciono Yuma imbuyendo su broma en sus palabras, haciendo un sobre esfuerzo para despertar totalmente, sentándose en la cama para poder mirar a su peliblanco, el cual le quito un par de mechones de cabello sobre su rostro, limpiando el pequeño rastro de saliva que había escapado por sus labios.
-Para serte sincero Yuma, no es algo que me hubiese gustado tocar tan cerca de nuestro día tan especial... Pero...-Inicio Astral, vacilante. Apenas colocando atención a sus palabras o la manera de expresarlas. Una timidez impropia de él, haciendo saltar la curiosidad y la preocupación en el menor. Quien le tomó de sus manos para atraer su atención, apoyándolo ante algo que le costaba trabajo decir.
-¿Es algo respecto a tus padres? ¿Al ataque que se acerca? Podemos retrasar la boda si es que te incomoda...
-¿Eh? ¡No, No! No es nada de eso...- Astral negó, moviendo su cabeza casi cómicamente, alzando su voz sin cuidado, molestando a su hijo. El cual se removió apenas un poco solo para volver a dormir. Provocando un suspiro por parte de sus padres, quienes se miraron entre sí. Comenzando de nuevo su conversación en susurros.
-¿Entonces? ¿Qué es lo que te preocupa? -Astral miro a su prometido antes de suspirar, acariciando con ternura la mano contraria.
-Es solo la cuestión de los rituales necesarios para antes de nuestra boda, es todo...
-¿Rituales? ¿Hablas sobre eso de no vernos o algo parecido? -Cuestiono Yuma, riendo bajo ante sus propias preguntas. Imaginándose como es que se manejaban esos rituales en el Mundo Astral. Incluso a los Guerreros de la Esperanza custodiando fuera de sus puertas para evitar escapes. Aquel pensamiento provocando que todo el sueño que mantenía desapareciera por completo.
-Casi... Hay un ritual al que debemos enfrentarnos como los siguientes en la línea de sucesión... -Revelo el peliblanco, llamando la seriedad en su pareja. Quien de inmediato le miro atento y en silencio, esperando por lo que fuese a decirle. -Es... Un poco más complicado que un simple ritual de no vernos o parecido, pues según las reglas de nuestro Mundo, debemos conversar con la voluntad de los seres Astrales antes de tomar por completo el poder sobre ellos...
-¿Hablar con la voluntad? Dijiste antes que había dos poderes en este Mundo, uno de ellos era el de los ciudadanos, otro era la Familia Real... ¿Aun así tomaremos poder sobre ellos?
-No en manera literal. Si no, conforme a todos los secretos que guardamos para su protección... Cuando subamos una vez más y totalmente como esposos al trono, muchas cosas volverán a cambiar. Nuestras ordenes serán de mucho más peso que antes gracias a ello... Por tanto, nosotros debemos pedir para llevarlo de la mejor manera...
-...¿Llevarlo de la mejor manera? -Cuestiono Yuma en un leve susurro, comprendiendo un poco a lo que se refería Astral. Iluminando su expresión cuando pudo encontrar un parecido a sus propias tradiciones. -¡Ah! Es como ir a rezar a un templo cada fin de año o al inicio de año nuevo, ¿Cierto?
-Parecido... Pero aún hay algo que se debe tocar al momento... -Reconoció Astral, acercándose un poco más a su amado, para susurrar en su oído. Sorprendiéndolo por lo dicho.
-E-Es... ¿Es eso así?
-Me temo... Pero, debo decir que me gustaría tomarlo solo yo, pues no me gustaría que tu...-
-¡Olvídalo! -Interrumpió Yuma, Susurrando/gritando, tomando a su amado por sus mejillas. Obligándolo a mirarlo. -Soy tu esposo, por tanto, todos los retos que tengas que pasar también son míos, al igual que tus pesares y alegrías. Estamos en esto juntos, no tienes por qué alejarme...
-Pero... -
-Astral, sé que te preocupas por mí. Pero quiero que entiendas que es algo que yo también quiero hacer contigo... -Dijo el menor, suavizando su mirada cuando pudo sentir un estremecimiento en el mayor. Observando cómo es que Astral pasaba a mirarlo como lo único interesante sobre la faz de la existencia. Sus brillantes pupilas solo siendo símbolo de cuanto es que le estimaba, quería y amaba. Cautivándolo hasta el punto en el cual pudo sentir casi lo mismo que él. Un escalofrío recorriéndole desde la base de su columna hasta su cabeza. Distrayéndolo momentáneamente antes de obligarse a concentrarse. -Te Amo Astral... Así que de ahora en adelante no tienes por qué seguir sufriendo solo y en silencio... ¿Eso está bien para ti?
Astral, después de un momento, asintió. Abrazándolo casi con desespero. Ocultando su mirada en la curvatura de su cuello. Provocando ligeras cosquillas que le hicieron reír bajamente. Complacido con lo logrado.
-Acompáñame... -Fue el susurro del peliblanco, tenue y lleno de sentimientos que Yuma no pudo siquiera pensar el rechazar. Asintiendo en consecuencia.
-Sí...
Fue de esta manera, que ambos amantes procedieron a separarse. Mirando después a su hijo, a quien sabían no podían llevar para hacer aquello que se supone debían hacer por su cuenta. Así que analizando casi por una hora entera en quien podían confiarle su seguridad, fue que llamaron a las Doncellas que siempre les atendían con diligencia y cuidado. Invitándolas a entrar y custodiar a su pequeño, a quien ya habían colocado en su cuna. Dándoles instrucciones y la posibilidad de proceder como ellas lo creían conveniente. Retirándose casi enseguida una vez notaron como es que las Doncellas asentían y se colocaban a cada esquina de la cuna de su lindo pequeño. Cumpliendo como fieles Guerreras a su cuidado. Dejándolos tranquilos para proceder con lo dicho por Astral, saliendo casi en silencio de su habitación para dirigirse hasta las afueras del Palacio. Topándose con el jardín principal, el cual era bañado por la luz de la luna y acariciado por la suave brisa que les rodeaba. Recordándole a Astral el cambiar sus ropas por unas más adecuadas para la intemperie.
-Gracias...-Susurro Yuma, moviéndose más libremente por el lugar. Detallando el traje que su amado le había dado. Así como la suavidad de sus zapatos de piso. Casi dándole la sensación de estar flotando. Mirando después al mayor, quien asintió en silencio. Colocando uno de sus dedos sobre sus labios en señal de que se quedara callado, haciéndole señas poco después para que le siguiera.
Dándole muchas ideas a Yuma. Quien no pudo evitar comparar la travesía con el escape de dos fieles amantes. Emocionándolo de sobremanera. A sabiendas de que aquello estaba muy lejos de la realidad, pues ellos no tenían la necesidad de huir o escapar. Mucho menos de ocultarse.
Así que, tomando firmemente la mano de Astral, fue que se dejó guiar hasta el establo del Palacio. En donde el peliblanco tomó a su caballo, quitando las cuerdas que lo mantenían atado y despertándolo suavemente para que no realizara sonidos de más. Rápidamente dándole a entender a Yuma lo que quería hacer, invitándolo después una vez el caballo despertó, a subir en él. Ayudándolo con cuidado para aquel propósito. Ambos saliéndose con la suya cuando el caballo comenzó a andar, pasando a volar una vez pudo extender sus alas en la intemperie. Dejando atrás en poco tiempo el Palacio, trayendo muchos recuerdos a la pareja, quienes no dudaron en comentarlo.
-Esto es nostálgico... ¿Te acuerdas de cómo es que volamos la primera vez? -Preguntó Yuma, recargando su espalda en el pecho de su amado. Quien asintió, sonriendo tenuemente.
-Lo recuerdo... Tenías al menos cinco años en ese momento, estábamos escapando de mi padre... -Respondió el peliblanco, tomando firmemente las cuerdas del caballo, dirigiendo hasta el lugar al cual querían llegar. Sobrevolando la cuidad. Entrando en los campos poco tiempo después. La naturaleza brillante dándoles la bienvenida.
-Sí, tú te veías tan valiente en ese momento... Me protegiste aun cuando eso iba en contra de tus ideas y principios... Mataste incluso a un Guardia por error...
-Era necesario, pudieron haberte hecho algo peor si no intervenía...
-Tan temerario y atrevido... Jamás pude agradecerte por ayudarme...-Susurro Yuma, mirando de reojo al mayor, quien le devolvió el gesto. Riendo ante lo insinuado.
-No lo recordabas, mucho menos yo, así que tal deuda no existe...
-Existe ahora que ambos lo recordamos... ¿No crees? -
-Ya me has pagado lo suficiente, quien está en deuda soy yo...
-¿De verdad?
-De verdad...-Respondió Astral, acercándose al menor para hacer nacer un beso suave. Meloso, y cálido. Deteniéndose cuando el caballo relincho con suavidad, avisando que estaban cerca del suelo, listo para aterrizar.
-Jajaja, a Hoshiyomi le hubiese encantado la vista...-Comento Yuma, concluyendo con el tema anterior. Añorando la presencia de su hijo a pesar de apenas haberse separado. Siendo secundado por Astral, quien opino lo mismo.
-Estaremos junto a él una vez terminemos con nuestro asunto...
-Entiendo... -Yuma asintió de nueva cuenta. Esperando a que Astral pudiese aterrizar con el caballo, el cual relincho una vez sus patas pudieron tocar la hierba renacida. Deleitándose ante la pradera abierta y poco alcanzada por la civilización. Descansando una vez ambos hombres bajaron de él. Tumbándose en el pasto que parecía recibirlo de buena manera, casi camuflajeado su propio color esmeralda con el color verde azulado de la naturaleza presente. Otorgando una bella vista para la pareja, quienes miraron el cielo antes de seguir.
Comenzando a caminar hasta una cueva oculta cerca de donde aterrizaron, la puerta de piedra, así como su desgaste solo hacían alusión a cuanto era el tiempo que nadie pasaba por ahí. Un escudo tallado solo les provocó un ligero vuelco a su corazón antes de decidir removerla. Astral siendo el encargado para ello, dejando ver casi enseguida un pasadizo que los llevaba por debajo de la tierra, un camino largo era lo que auguraba. El polvo levantado, así como las partículas de magia apenas siendo suficientes para hacerlos estornudar por unos cuantos minutos mientras se adentraban. Cuidando sus pasos ante las losas rotas y resbaladizas, erosionadas con el tiempo.
Parando cuando escuchaban algún sonido extraño o de algún animal pequeño que se había alcanzado a colar por las grietas. La luz convocada por Astral sirviéndoles como antorcha ante el largo camino a recorrer.
-¿Qué es lo que debemos hacer una vez lleguemos al templo oculto? -Cuestiono Yuma, tapando su boca y nariz ante las partículas de polvo que insistían en meterse a su boca.
-Debemos estar atentos a lo que la voluntad de los ciudadanos nos diga... Responder a sus preguntas con la verdad y creo nos dejará marcharnos en poco tiempo... -
-Muy bien, suena fácil... Podemos hacerlo-Astral asintió ante el entusiasmo de su amado. Chasqueando sus dedos para hacer aparecer un par de pañuelos que ayudaron a que el polvo no se colara más en sus fosas nasales y boca. Comenzando a caminar un poco más lento ante el atenuar de la luz que les guiaba.
-Debemos tener cuidado, mi magia comienza a desaparecer... -Advirtió Astral, tomando con un poco más de fuerza la mano contraria. Comenzando a guiarlo él mismo ante lo que parecía la inevitable penumbra.
-¿Este lugar es así? Creí que nada te afectaría a este grado... -Susurro Yuma, atento a su alrededor.
-Nada puede hacerlo, pero sí es por la Voluntad activa, es más como una capa de defensa ante los invasores... O la misma familia Real... Podemos decir que es como una prueba... Solo la Familia Real debería saber de este lugar...
-Es un poco espeluznante si lo piensas... Quitarles su magia. Creo que deja en claro el juego de Poder del Mundo Astral. La balanza equilibrada...
-Sí, es una buena forma de expresarlo... Prepárate -Aviso Astral antes de que aquella esfera brillante se apagara totalmente, desapareciendo los pañuelos antes convocados y regresándolos a vestir las ropas antes usadas. Causando un escalofrió en ambos cuando sus pies descalzos tocaron las escaleras encontradas.
-Creo que entiendo hasta donde es de importante esto... ¿Vector y III lo sabrán a futuro? -Cuestiono Yuma, nervioso ante la oscuridad que los envolvía. Acercándose por reflejo a su amado.
-Lo sabrán... Pero por ahora no, primero deben aprender sobre lo demás antes de esto...
-Entiendo... ¿Cuánto más debemos bajar?
-No mucho, creo... Solo debemos-Contesto Astral antes de ser interrumpido abruptamente ante la falta de suelo debajo de sus pies. Provocando que cayera sin más, llevando consigo a Yuma, quien se aferró en respuesta. No queriendo alejarse de su prometido, gritando su nombre ante la inminente caída. Cerrando sus ojos por reflejo, encontrando la imagen de su hijo antes de caer inconsciente. Dejando que la oscuridad lo envolviera.
Todo era demasiado confuso.
Al despertar, Yuma pudo darse cuenta que no estaba en la misma cueva, o mucho menos en el fondo de ella. Pues al abrir sus ojos pudo ver claramente el cielo nocturno, así como la Luna. La cual, parecía más cerca que de costumbre. Alumbrando el paisaje a su alrededor, el cual era nada más que una pradera tan larga que parecía no tener fin por más que observara con detenimiento. Encontrando al poco tiempo rastros de magia flotando a su alrededor antes de desaparecer tan pronto aparecían. Un ciclo sin fin que le recordaba a la torre en donde antes estaba custodiada la carta Númeron. Extrañándole un poco antes de recordar que había caído. Exaltándose como respuesta, buscando a su alrededor a su amado, encontrándolo justo a su lado, comenzando a despertar también. Quejándose bajamente ante el dolor de cabeza que le invadió por el impacto.
-¡Astral! ¿Astral Estas bien? -Llamo casi de inmediato el menor. Haciendo despertar por completo al mencionado, quien le observo antes de desviar su mirada, tapando torpemente con sus manos las piernas de su amado. Percatándose del desgarre de sus ropas ante lo que pudo haber sido una caída bastante problemática.
-S-Sí estoy bien, no te preocupes. ¿Tu estas bien? -Cuestiono, levantando su mirada. Observando cualquier detalle que se le haya escapado del bienestar del menor.
-Sí, digo, no me falta nada así que estamos bien, supongo...
-Me alegro... -Astral asintió, suspirando de alivio. Entrando en guardia casi en seguida ante la presencia que pudo percibir a sus espaldas, alarmando a Yuma, quien le imitó. Ambos mirando entonces en la dirección correcta. Encontrándose a quien no se esperaban topar. Llamándola casi enseguida.
-¿Ena-san?
-Sean bienvenidos mis Señores al balance mismo del Universo. Es un honor verlos por aquí dada la fecha que se encuentran... -Saludo cortésmente a los recién llegados, acercándose a ellos para reverenciarlos.
-¿Ena? ¿La voluntad eras tú? -Preguntó Astral, sorprendido de no haber captado antes algo tan obvio.
-En efecto mi Señor, yo vivo gracias a la voluntad de los ciudadanos, por tanto, también soy su deseo y su poder. Lamento no haberlo dejado en claro antes... -Se disculpo la mayor, observando cómo es que el par de amantes se levantaban del suelo. Encarándola en consecuencia.
-C-Creo que sucedieron demasiadas cosas como para indagar en ello-Apoyo Yuma, recibiendo un asentimiento de Astral, quien concordó con lo dicho.
-Es verdad. Creo que nos entretuvimos tanto en lo que paso que, apenas prestamos atención a lo que sucedía a nuestro alrededor...
-Mis Señores... -Interrumpió Ena en espera de no sonar tan seria. -Me temo que es necesario continuar, ustedes no deben estar aquí tanto tiempo. Este lugar puede engañar a cualquiera que tenga magia en su interior... Además de que los minutos, son percibidos como horas allá afuera... No sería bueno que se perdieran ante algo tan importante a celebrar ¿Cierto? - "Comencemos con lo que nos atañe" fue lo que la pareja comprendió. A lo que solo les quedo asentir en respuesta.
-En efecto... -
-Bien, en ese caso. ¿Iniciamos? -Cuestiono Ena, aplaudiendo solo una vez. Cambiando el panorama ante lo que parecía ser una visión del universo mismo. Sorprendiendo a Yuma y Astral, quienes se tensaron ante el cambio. -No se preocupen, esto es solo un protocolo más. No deben temer...
-Dilo hasta creerlo...-Susurro Yuma, apenas recibiendo un ligero apretón en su mano por parte de Astral. -Lo siento...
-Mis señores. -Llamo Ena, atrayendo la atención de ambos Monarcas- El camino que se debe seguir, ciertamente ha sido cumplido por ustedes sin saberlo, usualmente yo, como voluntad, preguntamos a los sucesores sobre sus metas y planes. Sobre sus alcances y su poder. Sin ocultar absolutamente nada. Se castiga al momento si hay alguna transgresión o una mala planificación con fines lucrativos. Pero, ambos, al encontrarse con una Guerra, además de detenerla y velar por los ciudadanos aun a costa de su vida. Han demostrado en donde es que se encuentra su voluntad y su fidelidad. Por tanto, cada prueba que se pudo haber trazado el día de hoy, me temo es innecesaria ahora... Su valentía como su valor ha sido admirable como para someterlos a algo para demostrarlo. Debería felicitarlos ahora. Sin embargo, aún hay algo de lo que deseo preguntar...
-Adelante... -Accedió Astral. Tomando firme la mano de Yuma entre la suya, colocándose por reflejo un poco más adelante para protegerlo.
-¿Dónde es que se encuentra la carta Númeron?
Muy bien. Quizá era el momento de saldar cuentas pendientes. Astral trago un poco más duro de lo normal, delatando su nerviosismo. Comenzando a plantear escenarios que solo terminaban en disgusto. Apenas dándose cuenta como es que Yuma se armaba de valor para responder. Sorprendiéndolo cuando pudo escuchar su voz.
-La carta Númeron se encuentra en mi cuerpo, se ha vuelto parte de mi vida como de mi esposo y mi hijo. Esa es la verdad... -Astral debía darle un punto a Yuma por su ferocidad. Él no era capaz de plantear la verdad sin tener al menos algo que le respaldará en caso de ser necesario. Aunque ahora que lo analizaba, quizá en este caso era lo mejor. No podían mentir a la Voluntad presente.
-¿Han tomado la carta para sí mismos?
-No. No ha sucedido de esa manera, mucho menos han sido por motivos benignos. -Admitió Astral. Comenzando a relatar el por qué es que aquella carta ahora pasaba a estar desaparecida. Notando como es que Ena cambiaba su expresión cada cierto tiempo. -La vida de mi hijo, así como la de mi esposo, como de mis amigos fue la causa. Pero en ningún momento pretendemos hacer mal uso de ella, mucho menos de eliminarla...
-Motivo por el cual haya sido, la carta pertenece al Mundo Astral. Eso debería ser penalizado y castigado...-Fue la respuesta dura de Ena, más su rostro se relajó al poco tiempo, volviendo a su expresión solemne. -Su deseo ciertamente egoísta debería ser algo de lo que deberían avergonzarse, sin embargo... Han demostrado ser conscientes de su poder y su alcance... Así que no tengo una queja real ante la toma. Más que un pedido...
-¡Muchas gracias Ena-san! -Agradeció casi de inmediato Yuma, acercándose un poco más para escuchar lo que fuese a pedir Ena en consecuencia.
-Deberán apelar siempre por el Mundo Astral antes que cualquier otro Mundo. Deben cuidar de los ciudadanos que creen y confían en ustedes, y deben luchar hasta la muerte de ser necesario para cumplirlo... ¿Creen que podrán con ello?
Yuma y Astral se miraron momentáneamente antes de asentir con calma. Sonriendo ante aquella petición. Provocando que una sonrisa se asomara en los labios de la fémina, quien admiro su valor.
-En ese caso no les retengo más... La voluntad de los ciudadanos ha quedado satisfecha con su respuesta. Pueden volver gloriosos para seguir adelante... Muchas felicidades por completar su unión...
-¡Sí! Ena-san, muchas gracias...- Agradeció Yuma, poco antes de que una luz les envolviera. Dejándolo en inconsciencia como al principio.
Regresándolos hasta el punto de inicio, en donde, esta vez, Astral fue quien despertó primero, llamando al menor una vez pudo sentirse aliviado de haber concluido con los rituales más importantes. Encontrando como es que el sol ya se había asomado e incluso comenzado a ocultar. Percatándose del tiempo en el cual habían estado ausentes.
-¡Yuma! ¡Yuma lo logramos, despierta cariño!
-¿Astral? -Llamo el menor, levantándose perezosamente de la hierba que parecía demasiado cómoda para su propio bien.
-¡Sí...! Soy yo... Lo logramos, superamos a la Voluntad del Mundo Astral... -Anuncio, ayudando a despertar en su totalidad a su amado, quien de inmediato le miro antes de lanzarse a él, besándole poco tiempo después. Feliz de saberlo.
¡Lo habían logrado! ¡No solo habían descubierto quién era la voluntad de los ciudadanos, sino que también habían evitado por poco el castigo terrible por haber tomado acción en relación a la carta Númeron! Habían sentido tantas emociones, y ahora eran recompensados por tanto... Eso era algo que festejar, e incluso gritar a los cuatro vientos. Aunque, por ahora, entre ellos estaría bien.
-Sabía que podíamos hacerlo... -Felicito Yuma, recibiendo un asentimiento en respuesta, así como mas besos y mimos. -¿Pero sabes qué más podemos hacer?
-¿Qué...? -Incito Astral. Fingiendo ignorancia una vez Yuma le arrastro con él, recostándose en el pasto.
-Amarnos como antes... -Astral rió feliz, antes de dejarse llevar por lo que Yuma y él habían dejado de lado desde el nacimiento de su hijo. Disfrutándose como jamás lo habían hecho, dejando que la noche cayera sobre ellos sin problema. Encontrando todo lo que buscaban en el otro. Llenándose de dicha y añoranza.
Tal vez aquello solo era un buen augurio. Uno que tratarían de aferrarse hasta que todo terminara. Y uno que tomarían, juntos...
Con las horas pasadas, y ropas desarregladas. Yuma opto por quitar los zapatos que Astral había conjurado antes para él, en busca de sentir mucho más la suave hierva que les brindaba su calor. Caminando lento hasta que ambos llegaron hasta el caballo que les esperaba con paciencia, dejándose montar casi en seguida. Llevando a su dueño hasta el lugar de partida, esquivando magistralmente obstáculos u personas que Astral no quería toparse. Lográndolo al menos hasta llegar al establo, en donde Ana pudo percibirlos. Gritándoles en consecuencia.
-¡Yuma-sama! ¡Astral-sama!
Aquello siendo un llamando al menos para irse a cambiar y limpiar, eliminando las últimas hiervas coladas en sus cabellos o ropas. Huyendo como dos niños pequeños ante la travesura que acababan de cometer. Encontrándose en el camino con sus amigos y familia, teniendo que dejarles de lado cuando Ana estuvo cerca de ellos.
Ese día quedando como el más añorable para ambos. Quienes pudieron volver con calma a sus habitaciones por medio de pasadizos y pasillos ocultos. Dejándolos listos para el reto que seguía, y el que más esperaban.
Siempre era bueno disfrutar de ese tipo de logros.
