La Promesa Muda: La Esperanza del Anhelo.

Una vez Yuma y Astral salieron a paso tranquilo del salón, fue que Hoshiyomi comenzó a despertar. Un poco aturdido ante el ajetreo que se comenzó a vivir dentro del salón, las risas y la música ya un poco más amena para un baile entre parejas o amigos, fueron motivo suficiente para que sus grandes ojos heterocromos se abrieran en busca de la presencia de su madre o la energía de su padre. Rápidamente enojándose cuando no pudo sentir lo uno ni lo otro, lo que provocó que pasara a quejarse abiertamente para casi comenzar a llorar en protesta, al menos hasta que Mira le observo. Atenta y entusiasta.

-¿Mm? Hola Hoshiyomi, ¿Ya has despertado? Deberías dormir un poco más cariño, mamá y papá están fuera aún... Y déjame decirte que, tardaran bastante Kufufu~. -Bromeo Mira, apenas notando como es que Hoshiyomi fruncía el ceño en respuesta. Como si hubiese entendido la broma de su abuela, molestándose antes de que sus ojos mostraran lágrimas, y su boca se contaría en una mueca triste. Anunciando un inevitable llanto.

-Ah... No, No, No pequeño-Interrumpió Kazuma, tomando de la nada a su nieto, dejando a su esposa con los brazos vacíos mientras el alzaba al aire al pequeño, confundiéndolo de sobremanera. -Hoy es un día alegre, no querías interrumpir las tradiciones familiares. Eso es de mala educación...

-Cariño, no creo que lo entienda...-Dijo Mira, observando cómo es que su esposo mecía al aire al pequeño Hoshiyomi, haciéndolo palidecer en consecuencia. -¿No crees que es mejor bajarlo?

-¿En serio? ¿Por qué?

-Porque podrías provocar qué...-Mira quiso avisar sobre la alimentación del pequeño bebé, más un sonido del mismo le hizo detenerse, solo para contemplar el desastre hecho segundos después. -Regrese su comida...

-Ah... Hace tanto tiempo que no me había pasado esto-Se lamento/emociono el mayor, regresando al pequeño a su esposa, quien con amor y paciencia limpió la boca del infante. Acariciándolo para que pudiera calmarse ante tanta agitación.

-Creí que recordabas lo que te pasaba con Akari y Yuma, cariño...

-Ya acabo de recordarlo Mira... -Anuncio Kazuma, tomando un pañuelo para comenzar a limpiar el desastre causado.

-¡Papá! ¡Madre! -Exclamo claramente Akari llegando junto a su novio, quien saludo cortésmente antes de dar un paso atrás ante la mirada enojada de su amada. -¿¡Qué creen que le hacen al pobre de mi sobrino!?

-¿Eh? Nada Akari-chan... -respondió Kazuma, mientras mira asentía en apoyo. Rápidamente siendo regañados por su primogénita.

-¿¡Cómo que nada!? ¡He visto como has atormentado a mi sobrino! ¡Me lo llevaré! Así no tendrá que lidiar con personas tan peligrosas-Anuncio, arrebatando con cuidado al bebé que seguía mareado. Dejando atrás a ambos padres que se miraron antes de que su instinto se activará y corrieran detrás de su hija, quien arrastro a su novio con ella para escapar de ellos. Sin notar como es que los encargados del cuidado de Hoshiyomi, les seguían de cerca, suspirando ante el "martirio" que sufría el menor. Alegrándose de que no estuviese solo, o en el peor de los casos, imitando la situación de uno de sus progenitores.

Tener el amor y cuidado de la familia, sin duda era el regalo más bello que Yuma y Astral pudieran darle a su pequeño.

III y Vector por otro lado al ver cómo es que los Tsukumo se peleaban por su nieto, y como es que Haru-san les seguía lentamente con una sonrisa abierta y cariñosa, fue que ellos decidieron salir por un momento de la celebración. Dejando atrás a sus compañeros para darse un momento a solas, topándose con un bello clima, así como la brillantes de la luna a lo alto del firmamento. La cual, daba a entender la hora aproximada como el ambiente. Anunciando lo mejor de la noche para los más atrevidos o los más cansados.

Lo primero siendo el termino más apropiado para ellos, quienes recorrieron los pasillos en calma y silencio. Disfrutando de la calidez contraria. Abrazándose con cuidado mientras Vector posaba una de sus manos en el vientre de su amado, palpando cierto tiempo, a la vez que le provocaba cosquillas, haciéndolo reír por intervalos de tiempo y, en consecuencia, tuviese que ayudarlo a caminar correctamente.

-Jajaja, para, para... Jajaja... Tu hija y tú de verdad que son imposibles... -Menciono III, apenas conteniendo su risa. Agitando sus brazos para detener a su amado, posando sus manos sobre su pecho, alejándolo apenas una distancia prudente antes de que el mayor hiciera de las suyas.

Quitando sus manos para posarlas en sus hombros, acercándolo lentamente a él. Colocando en seguida sus brazos en su cintura, rodeándolo completamente antes de mirarlo a los ojos. En completo silencio.

-¿Qué pasa? -La curiosidad invadió por completo al pelirosa, apenas dejándole sentir como es que su esposo robaba sus labios en un movimiento rápido y letal.

Firme y suave como siempre había sido, pero con un toque distinto. Demandante, ardiente y pasional. Una emoción comenzó a nacer en su corazón. Aquello era bastante parecido a cuando ellos habían contraído matrimonio. Amoroso y audaz. Una vorágine explotando en menos de lo que contemplaron.

-V-Vector... -Susurro III contra los labios ajenos una vez se separaron. En busca de una respuesta, la cual, pudo contemplar en los ojos ajenos. Brillantes y vivos como la luna dejaba ver, hermoso como solo él podía apreciar. Dejándole sin aliento.

-Te Amo... -La contundente respuesta del mayor, simplemente hizo de aquello un momento mágico. Tenue, y maravilloso. -Te Amo muchísimo, a ti y nuestro niño que viene en camino... -Susurro, lento y bajo antes de besar la frente del menor. Quien le observo antes de cerrar sus ojos, asintiendo en silencio. Inmensamente feliz de escucharle, sentirle.

-También Te Amo, más de lo que crees Vector...

-Bueno, Te Amo más...

-No quieras iniciar una pelea interminable cariño-Aviso III ligeramente divertido, uniéndose en los brazos de su esposo.

-No lo hago, es la simple verdad... -Rio bajo el pelinaranja, saboreando el momento.

-Ajá, por supuesto. ¿Qué pasa cariño? ¿Está todo bien? -Cuestiono III, ya no aguantando la curiosidad que le invadió de pronto, un poco descontento al tener que interrumpir el lado romántico del mayor. Vector simplemente le miro, antes de observar a sus lados para después llevarle en brazos lejos del pasillo, cargándolo sin pestañear y sin esfuerzo. -¡Wow! E-Espera...

-Tranquilo. Solo nos hago movernos... -Menciono en tono bajo el mayor, haciendo dudar a III una vez se acercó hasta un barandal, uno al menos como cuatro pisos lejos del suelo. Y al que, inevitablemente no pudo dejar de lado cuando noto como es que su amado se dirigía sin detenerse hasta ahí.

-Vector, Cariño, el balcón... -Anuncio lo obvio, siendo ignorado deliberadamente, acercándose más en consecuencia. -V-Vector el balcón... -Y el mayor seguía sin parecer escuchar. - ¡Vector el...! -Se vio interrumpido al sentir como es que la brisa de la noche choco contra su rostro, colocándolo de inmediato en la situación que quería evitar. Provocando un grito que solo hizo reír al mayor. El cual, contemplo el semblante confundido de su amado. Enorgulleciéndose cuando pudo sentir como es que se aferraba a él con desespero.

-¡Confía en mí! -Fue la respuesta que dio al llamado de su pelirosa, haciendo aparecer sus alas una vez pudo ver mucho más cerca el suelo. Deteniéndose justo a tiempo para que III pudiera respirar tranquilo. Calmándose ante la acción imprevista de su esposo.

-¡¿Qué rayos?! E-Eso fue... Ah... ¿Por qué...? Vector, un día vas a matarme de una fuerte experiencia... -Reclamo III, falsamente molesto con una bella sonrisa emocionada en su rostro. Contradiciendo el solo sus palabras. Haciendo sonreír más ampliamente al pelinaranja, quien asintió.

-Sí yo muero por ti, sería todo un deleite... Al contrario, si me pides matar por ti... Bueno, podría serlo también-III solo le miro antes de suspirar, negando antes de reír divertido. Besando a su amado como respuesta.

-Aun no mi vida... Aún no-Susurro III una vez se separó, tocando levemente con su dedo índice la nariz de su esposo, mirándolo con complicidad y cariño. -Pero, podemos hacer algo más al respecto... -

-¿De verdad? ¿Qué?

-¿Qué tal sí...? -III susurro cerca del oído del mayor, mordiendo al final la orilla de la misma. Provocando un fuerte sonrojo, así como una sonrisa que no supo interpretar si era buena o mala. Pero sonrisa, a fin de cuentas.

-¡Vamos! ¿Qué esperamos? -Exclamo Vector, abriendo más sus alas para alzar en vuelo, ocasionando que III reaccionara apegándose a él. Apenas analizando en qué situación se había metido, riéndose internamente de la infantil acción de su amado. Quien siguió volando al menos hasta llegar a su habitación, regresando al Palacio en donde se supone quería, sacar a el menor de paseo nocturno. Viéndose mejor involucrado en los planes del pelirosa, quien no supo reaccionar cuando escucho la puerta cerrarse.

Ah, suponía la plática vendría después. III no iba a quejarse de la manera entusiasta de su querido murciélago.


Shark y Durbe, simplemente esperaron a que el evento finalizara. Yendo a sus habitaciones al menos hasta que la mayoría de sus compañeros y amigos también fueran derecho hasta las suyas, encontrándose con la tarea de velar por las cosas que al menos sus Emperadores hicieran. Alito y Gilag, siendo los que más les preocupaban al verlos tambalearse de un sitio a otro con una enorme sonrisa pintada en el rostro. Retándose mutuamente a saltar o correr, cayéndose la mayoría del tiempo mientras Mizael negaba con un brillante sonrojo en su rostro, apenas o en igual situación que el par que causaba destrozos.

La voz de la razón, quien era la mayoría de las veces Rio. Imitando incluso al trio que pasaba a retirarse del lugar como otros invitados en las mismas condiciones, siendo ayudada por Tetsuo. Quien un poco sonrojado por la cercanía, se adentró a su papel protector para que Rio pudiera llegar a su habitación sana y salva, yéndose solo cuando Shark le miro de una manera extraña. Celos de hermano, fue lo que visualizo en el ceño fruncido y la manera en cómo es que quería sacar una espada corta.

Durbe ciertamente fue una pieza clave para que Shark pudiera tranquilizarse y dejara ir a Tetsuo, quien le agradeció doblemente ante el gesto. Al final, siendo ellos unos de los últimos quienes se fueron hasta sus aposentos antes entregadas para obtener un buen descanso, notando como es que la luna ya pasaba a moverse del centro del firmamento hasta otro sitio, anunciando que ya era bien entrada la madrugada. Esto ciertamente no representando un gran problema al final, pues durante el transcurso hasta sus aposentos. Bien pudieron disfrutar de la suave brisa y de algo más que encanto por mucho al menor, el cual, con ojos brillantes, esperaba ansioso a que sucediera. Su voz exaltada y nerviosa escuchándose al menos hasta que Ryoga se acercó a él. Calmándolo un poco ante lo mostrado.

-¿E-Esto es? -Cuestiono Durbe, increíblemente conmovido ante el gesto. Admirando la caja pequeña que contenía un par de bellos anillos. El rojo y el oro resaltando naturalmente ante la luz de luna. Así como los diamantes, los cuales formaban un hermoso infinito. Luciendo tan delicados que incluso él temió romperlos.

-Es la representación de mi promesa- Respondió Shark ante la alegría del menor. Tomando el anillo que correspondía a su amado con cuidado. Admirando la belleza del mismo. -E-Estuve pensándolo durante este tiempo, y a pesar de que seamos prometidos y todo eso... Yo, q-quiero que tengas algo que te recuerde que siempre estaré ahí para ti... -Admito, desviando su mirada, avergonzado. Temblando levemente ante el nerviosismo. Tomando la mano contraria para colocar tal joya en el lugar correspondiente.

Durbe le observo, largo y tendido. Sonrojándose ante la visión que se le fue ofrecida, como con el significado de la misma. A veces Ryoga era capaz de dejarlo sin palabras, como inmóvil. Sus detalles aun cuando habían hablado mucho de ello al respecto, siempre terminaban por desarmarlo en menos de lo que esperaba. Dejándolo expuesto. Sin defensas. Y realmente contento.

Ah~ como deseaba que siempre fuese así. Como todos los días se lo demostraba.

-Gracias... -Fue la respuesta que Durbe dio. Apreciando aquel anillo símbolo de las palabras de su amado, entendiendo de la misma manera el acabado del mismo.

El infinito. Aludiendo a su amor eterno. Reforzado cada mañana, cada noche, cada tarde en la dosis perfecta.

El oro, siempre brillante. Valioso.

El rojo, símbolo de abundancia, y felicidad en el Mundo Varian.

Una promesa que aludía de la misma manera al matrimonio. A un después.

Durbe miro de nueva cuenta a su amado, quien espero paciente. Observando sus movimientos como su actuar, nervioso ante lo hecho. Conmoviéndolo aún más. Lo que provocó que se acercara a besarle para calmarlo, lento y amable. Cariñoso y amoroso. Como solo ellos entendían al otro, sonriendo en el medio cuando pudo sentir como es que Ryoga se relajaba a su toque, a su amor. Separándose después de un par de minutos para recargarse por medio de sus frentes, sus ojos cerrados para demostrar cuanto es que lo disfrutaban. Un bello sonrojo posándose ante sus rostros, serenos y alegres.

-Es sumamente hermoso, muchísimas gracias Ryoga. Yo... También deseo que llegue aquel día. En el que nos proclamemos esposos. Reyes del Mundo Varian... Te Amo-Shark abrió sus ojos en consecuencia. Mirándole con ojos brillantes, antes de sonreír de manera abierta. Alegre.

-Te Amo Durbe... Te Amo tanto que ya solo cuento los días, planeando mi vida a tu lado... -El peligris sonrió un poco más ante lo escuchado, separándose un poco para abrir sus ojos, tomando de aquella cajita, la argolla que pertenecía a su amado. Tomando su mano para colocarla en el lugar correspondiente. Iniciando y finalizando con ello un bello ritual que auguraba una felicidad eterna. Mientras la luna parecía brillar ante ellos. Para ellos.

-Te Amo Ryoga, más de lo que crees. Eres mi razón a seguir, ¿Sabes? Incluso el motivo para esforzarme día a día en el Reino como tu Reina... -El mayor rio bajamente. Asintiendo a las palabras, mirándolo como si solo él existiera en el basto universo.

-Y yo como tu Rey, mi trabajo y mi esfuerzo siempre serán dedicados a ti... Eres perfecto Durbe, no sé qué es lo que haría sin ti... -

-No lo sé. Quizá enojarte por que Vector o Gilag hicieron un destrozo... -Bromeo el peligris, recargándose en su amado. Tomando su mano firmemente para comenzar a caminar una vez más. Escuchando como es que Ryoga reía abiertamente. Asintiendo a sus palabras.

-Tal vez, tal vez... -Dijo. Guardando aquella caja que quedo vacía. Tomando con cuidado la mano ofrecida. Envolviendo sus dedos con los contrarios. Pasando a caminar a un ritmo adecuado, sin prisa y con calma. Admirando el brillar de las estrellas. Satisfecho con su vida actual.

Momentos como esos, bien podría valer su Reino. Durbe no podría estar menos de acuerdo.

Solo quedaba un obstáculo más. Uno más, y él y Durbe. Serían los hombres más felices de los tres Mundos. Solo un poco más. Y ellos podrían darse el sí en el altar, justo como el par de amigos que cumplían su sueño el día de hoy. Ellos podrían hacerlo a su tiempo también, fue lo que pudo leerse en sus ojos. Pero por ahora, eso estaba bien. Muy bien. Además, sus aposentos esperaban, como su corazón lo hacía.

Que maravilloso futuro era el que les aguardaba.


Kotori, junto a los demás chicos dieron las buenas noches antes de dirigirse a sus propias habitaciones una vez el evento termino. Ayudando apenas a quienes no estaban en condiciones de caminar ya a estas alturas. Brindando su ayuda para Byron o Faker. Los cuales discutían uno con un florero y otro con la pared cuando los encontraron. Mientras Kazuma y Mira se despedían de ellos para llevarse a Hoshiyomi. A quien habían recuperado después de una plática con su hija (Cosa que en verdad no sucedió, habiendo secuestrado al pequeño para ellos). Yéndose a su habitación tan rápido como podían. Sus escoltas siempre siguiéndoles como sombras, sin alejarse demasiado o acercarse para incomodarlos. Atentos al cuidado y fieles a su Príncipe Heredero.

Apenas dejando al final a Akari, quien, junto a su novio, fueron detrás de la pareja. Desapareciendo en los pasillos mientras ya los invitados restantes se retiraban a descansar. Dejando a Ena con las instrucciones para preparar todo al día siguiente, quien noto como es que Kaito y V. Pasaban a saludarla antes de ellos mismos irse por otro camino.

Deseándole lo mejor a IV ante el cuidado de su padre, quien siguió alegando algo sobre fórmulas o maneras de explotar cosas o personas. Kaito no estaba seguro al momento. Y V sinceramente no iba a discutir planos de asesinato enfrente de todos. Así que teniendo de excusa el término del evento, ambos terminaron por escabullirse hasta el invernadero de Yuma, en donde pudieron observar las flores en silencio y armonía.

Paseándose por los pasillos mientras disfrutaban del ligero licor corriendo por sus cuerpos. Contentos de que todo haya salido de buenas a primera. Satisfechos de haber probado las maravillas del Mundo Astral. Riendo de vez en vez cada que uno veía al otro, sin una razón, solo... Admirando, al contrario. Contentos por estar ahí.

-¿No crees que estas flores son bastante bellas? -Cuestiono Kaito. Deteniéndose a un lado de aquellas que habían dado un giro en la vida de los Embajadores de Ambos Mundos. Rápidamente cambiando a otras una vez V, pudo alcanzarlo.

-Sí, son realmente bellas... Pero... Prefiero, otro tipo de belleza...

-Oh~ ¿De verdad? ¿Puedes ilustrarme? -V sonrió, atrapando suavemente a su amado. Tomándolo en brazos antes de llevarlo hasta una de las bancas que había en el lugar. Dejando que la luz de luna les alumbrara. Bañando su piel como su sonrisa. Dando un brillo especial a sus ojos que el mayor no pudo evitar admirar. Tentándolo a hacer lo que quería desde hace tiempo.

-Me gusta más, la hermosura que desprende el misterio de una historia mal contada... En donde el villano, siempre resulta ser el héroe. Un salvador innato que vela con un corazón de oro a sus seres queridos y amados... -Elogio, brindando un dulce beso al dorso de la mano del menor. Quien se sonrojo ante lo escuchado. Entendiendo el mensaje debajo... "Me gusta más tu belleza..." Haciéndolo sonreír en consecuencia.

-Adulador... ¿Alguien que me interese? -Cuestiono, siguiendo el juego que comenzó el mayor.

-Puede ser... Puede ser... ¿Tal vez un vistazo a esa flor de allá puede darte una idea? -V señalo sutilmente detrás de Kaito, una sonrisa asomándose en la comisura de sus labios ante el desconcierto del menor. Quien, un poco dudoso solo hizo lo pedido.

Encontrándose entre los pétalos de la flor de cristal, un par de anillos bañados en oro blanco que dieron a entender muchas más cosas de las que pudo haber analizado al momento. Provocando que su corazón diera un vuelco distinto de procesar. ¿Pues acaso aquello era...?

-¿Chris...? -Susurro, llamando mayor. Quien, le miro de manera distinta. Amorosa, lleno de esperanza. Hincándose ante él mientras tomaba una de sus manos, alcanzando aquellos dos tímidos anillos. Notando los brillantes ojos de su amado.

-Kaito, sé que nuestro comienzo no fue de película. Mucho menos fue ameno o sincero, estuvo lleno de obstáculos y muchas más batallas. Pero... Me he dado cuenta que no puedo seguir si no estas a mi lado. Animándome a avanzar, acompañándome en cada proyecto. En cada difícil situación... Por eso... Yo... Kaito, nunca he sido bueno con mis palabras, y en un pasado estas mismas te han lastimado. Sin embargo, quiero remediar eso, quiero cambiar esos malos recuerdos por nuevos, quiero enmendar mi estupidez, pero, sobre todo, quiero amarte como siempre lo he hecho. No como amigo, o como novio. Sino como algo más... Como tu compañero de vida, como el esposo que te mereces... Por eso. Yo... Deseo preguntar...-V suspiro, sonriendo torpemente mientras comenzaba a temblar levemente. Sin dejar de mirar a su amado- Yo. Christopher Arclight, deseo preguntar, si tú, Kaito Tenjo, ¿Quisieras casarte conmigo?

Y ahí estaba la pregunta. Una tan esperada, tan amable, tan anhelante... ¿Cómo podría decir que no ante esos ojos acuosos que le observaban con ligera esperanza? Sus propios ojos llenándose de lágrimas antes de sonreír tanto y tan alegre que casi le dolieron las mejillas, llenando sus pulmones de aire para gritar su respuesta. Sosteniendo las manos ajenas sorpresivamente para comenzar a asentir con vehemencia.

Siendo detenido bruscamente ante las alarmas distintas que sonaron alrededor de ellos. Robando la atención de aquella respuesta que paso a segundo plano una vez analizaron lo que ocurría. V, apenas alcanzando a tomar a su amado por sus hombros ante la sacudida fuerte que surgió de la nada, provocando que necesitaran hincarse en el suelo como consecuencia.

-¡E-Esto es...!

-Sí. -Afirmo V, parándose tambaleante. Mirando a su alrededor. -Está comenzando, la última pelea está comenzando... ¡Debemos ir a la sala de control! ¡Necesitamos movernos como lo planeamos!

-¿Eh? S-Sí... ¡Sí! -Menciono Kaito. Apenas deteniéndose al sentir como es que el par de anillos lastimaban ligeramente su mano izquierda. Aquello dándole la urgencia de otorgar una respuesta. -¡Chris! ¡Ace...!-Dijo. Siendo interrumpido a la mitad por el mayor, quien tapo su boca ante ello. Negando con una sonrisa al entender.

-Por favor aún no... Contéstame al regresar, conviértelo en un premio y un deseo para esforzarme y traerte la victoria a casa... Te lo ruego...-Kaito le observo, largo y tendido antes de asentir. Tomando la mano ajena con un poco más de fuerza.

-Promete que volverás...-Suplico el cazador. Recibiendo un asentimiento, seguro y confiado.

-Lo haré... Regresare por mi respuesta-Anuncio, ganándose un beso fugaz por parte de Kaito, quien, sin avisar, tomó el anillo que pertenecía a V antes de adelantarse. Colocándolo en su dedo anular.

-¡Me quedaré con esto como garantía! -V le miro un poco más antes de seguir e imitar su acción con el anillo que pertenecía a Kaito. Asintiendo con alegría y esperanza.

-¡Sí! Entonces me quedare con esto... -Kaito le observo de soslayo antes de sonreír, pasando a correr ante una nueva sacudida.

-¡Vamos!

-¡Sí!

Por ahora, tenían muchos motivos por los cuales luchar. Demasiados como para renunciar. Se asegurarían la victoria, costara lo que costara. Una promesa muda que quedo en aquel invernadero. Tan silencioso, tan cómplice. En donde las flores brillaron antes de opacarse.

Quizá un presagio...