By Ginny
Normalmente las cosas siempre se me daban de alguna u otra manera. No tenía que trabajar mucho para que las cosas me salieran tal como quería, así que nada había sido una preocupación en mi vida, nada hasta que Harry decidió que ya no quería estar conmigo, y que le gustaba más el trasero desabrido de Cho Chang, su fisioterapeuta. Fue un golpe duro de superar durante los primeros meses, incluso esperé a que el ojiverde reaccionara y volviera a mi, pero fue en vano, pues él ya no me quería. Hermione había sido mi pañuelo de lagrimas tiempo después de yo haber sido el suyo cuando descubrió la traición de Ron, mi propio hermano me decepcionaba, y al parecer Harry había decidido imitar sus pasos.
Mas temprano que tardé, decidí que no sufriría nunca más por un hombre, mucho menos por Harry, si él quería que lo olvidara, lo iba a enterrar en mi pasado, costara lo que me costara, como que me llamaba Ginevra Weasley. Así que me llené de amor propio y empecé a hacer las cosas que antes no hacia, por deberle ese tipo de respeto que nos impone la sociedad machista a los hombres, comencé a vestirme de manera más sexy, me maquillé los ojos y los labios, me peine con esmero, viendo en el espejo a la Ginny atrevida y arriesgada que solía ser en mi adolescencia, aquella que iba a por todo, sin miedo a nada y sobre todo consciente de lo precioso de la libertad, muchas veces me sentí culpable de mirar a otros hombres, pensando en que Harry no merecía ni que tuviera un mal pensamiento con nadie, que era un tipo bueno... ¡y de que me había servido ser buena y abnegada! ¡Para nada!, para que un día decidiera dejarme a un lado por una extranjera. Eso no se lo iba a perdonar nunca, desde ese día con solo mirarme en el espejo supe lo hermosa, sexy, guapa, fuerte, trabajadora y poderosa mujer que era, el tonto de Harry había perdido mucho por muy poco.
Fui la primera en despertar en la mañana y eso que prácticamente me había bebido una barraca entera de vino en tres días, pensando en todo lo malo y llenándome de odio, para no ir corriendo a mi celular y llamar a Harry, como hacía antes tan solo para escuchar su voz, gracias al cielo había pasado tiempo desde la última vez que sucumbí a la tentación. Al parecer mi autoestima se sentía pisoteada y eso era algo muy bueno en mi proceso de olvidar al ojiverde.
Me puse como siempre en la labor de preparar el desayuno para mi querida amiga Hermione, mientras bailaba al ritmo sensual y rítmico de Dj Tiesto y Karol G, don't be shy. Me gustaba bailar, sentía cierta emoción cuando el ritmo me invadía, y debía decir que bailaba a la perfección lo que me pusieran, pues en mi familia todos eran bailarines, aveces se armaban tremendas fiestas de momento, adoraba a mi familia.
Me puse a picar cebolla, tomate, algunas salchichas y las puse a sofreír en un sartén, luego batí unos huevos con sal y se los adicione al sartén, aparte hice un poco de café, de leche caliente y puse algunas tostadas con queso en el microondas. Escuché a Hermione salir de la habitación y correr al baño, miré el reloj y eran casi las seis de la mañana. Seguí preparando el desayuno y en media hora Hermione ya estaba frente a mi, la miré y alcé las cejas sorprendida, tenía una ojeras de infarto, además iba vestida horrible con el pelo recogido en una coleta.
- ¿y a ti que te pasó? ¡Estas horrible hermione! - no pude evitar decirle, ella se miró el cuerpo y se dio cuenta que había combinado los colores mal, llevaba una blusa fucsia chillón con un pantalón verde botella, que nada que ver.
-no he podido dormir bien - dijo frunciendo el entrecejo - estoy soñando cosas que no me acuerdo y la mente no me descansa.
- si te viera la maestra Umbrigde, estaría muy orgullosa de que llevaras ese horrendo buso fucsia - la recorde, la maestra de Teoría del color - "señorita weasley las personas inadaptadas, así se quedan inadaptadas, atrayendo ruina y miseria, le sugiero que cambie por su bien" - la imite y hermione rió - como odiaba a esa mujer, no perdía oportunidad para sermonearme.
-afortunadamente no la volveremos a ver - me respondió ella.
- ven vamos, no puedes ir a trabajar así - apagué la estufa, la tomé del brazo y la guíe de nuevo a su habitación. - tienes ropa mas linda - buscamos de nuevo en el ropero rápidamente, y nos decidimos por un traje negro de buso y pantalón con tacones blancos y camisa blanca, - solo espero que no sigas haciendo el tonto con tu jefe, ya es suficiente de hacer el ridículo - me reí y ella se puso roja, mientras se vestía la maquille un poco para que las ojeras no se notaran tanto, en quince minutos ya estaba lista. Hermione desayuno con rapidez, se lavó los dientes y salió rapidísimo hacía su trabajo, de buenas era que vivíamos bastante cerca de allí.
Por mi parte desayuné con parsimonia escuchando mi listado de música matutino, Treassure de Bruno mars sonaba con fuerza desde el teatro en casa, además el desayuno me había quedado delicioso, así que lo disfruté hasta terminar completamente. cuando me dispuse a lavar la losa sonaba mirrors de Justin Timberlake, me motive y le hice aseo al apartamento por completo antes de arreglarme para salir a trabajar, según la energía había comenzado el día con el pie derecho. También aproveché parte de la mañana para trabajar un poco en un libro que estaba traduciendo, era muy interesante, la portada de un color azul marino, tenía el número 1945 plasmado en dorado en el centro de la portada, era lo único que se entendía claramente pues al abrir el libro, las hojas ya se veían algo manchadas y descoloridas por el paso del tiempo, estaba escrito a mano, era una edición única, llevaba solo el prólogo traducido del español al ingles. Debía admitir que me había sorprendido saber que era un libro antíguo con alto contenido sexual, iba a ser toda una novedad trabajar en el.
"Prólogo
La sexualidad en esta época es un tecnicismo de nuestra sociedad, en la que se nos impone a hombres y mujeres como método de reproducción, para crear una familia numerosa y acaudalada, llena de apariencias, cuando en realidad ninguno se soporta ni se conoce verdaderamente, no hay cariño, no hay amor pero aún así la idea es aparentar ante los demás que todo esta bien, para no deshonrar a la familia. No se disfruta de la presencia del otro mucho menos se disfruta del sexo, pues no es lo mismo tener relaciones por obligación a tener relaciones porqué la pasión está desatada y deseamos realmente el encuentro fortuito, estamos en una época en la que se cambia lo más dulce y virginal, por un rebaño de ovejas o algunos lingotes de oro, el sentir de la pasión y la energía sexual son relegados a un tercer plano. Donde solo algunos rebeldes son capaces de llegar, eso sí, lejos de ojos curiosos que puedan juzgarlos y culparlos de libertinaje.
En este libro se revelan diferentes vivencias pasionales, vividas y descritas a lo largo de los años por diferentes miembros de la familia Sabinni, secretos que han pasado de generación en generación, con el fin de instruirnos, para no cometer los mismos errores del ayer. Nada de lo que parece es lo que parece."
Pude comprender porque el dueño del libro me recomendó la mayor discreción. Lastimosamente solo pude leer esa pequeña parte, me había quedado intrigadisima pero no podía continuar, lo siguiente estaba un poco mas difícil de comprender y además esta vez si debía ir a la editorial, había uno que otro texto por revisar y entregar para hoy, así que no podía hacerme la de la vista gorda. Salí del apartamento y baje al parqueadero donde me esperaba mi hermoso motor Ducatti, había trabajado como loca para poder obtenerlo y era mi orgullo más preciado, cada que me subía en ella me sentía una mujer poderosa, llena de vida, acomodé mi maleta en mi espalda, me puse casco y chaleco, en un motor como este lo primordial era la seguridad, encendí la moto y me subí en ella acomodando el vestido rojo que llevaba para poder manejar, puse el primer cambio y salí disparada hacia la calle de la gran ciudad londinense, me moví con rapidez a traves de las calles, sintiendo el aire en mis piernas y cara, se sentía espectacular. Conduje hacia el centro de la ciudad donde quedaba mi trabajo, atravesando al otro lado del río Thames. La editorial era una pequeña casa de tres pisos que estaba muy bien ubicada en la zona de las editoriales mas famosas de Londres, en ella trabajábamos seis personas, era una editorial pequeña pero que estaba situada en un buen lugar y por ese motivo no había quedado en quiebra todavía, además desde que yo había tomado mando, me había puesto a trabajar como loca para que me llegaran propuestas de libros, afortunadamente pude sacar un libro que obtuvo muchas ventas, tanto el autor como yo aun estábamos muy agradecidos, pues obtuvimos buenos reconocimientos.
Llegue a la cuadra y guardé mi moto en el edificio de al lado, donde me permitían guardarla, y camine hacia mi trabajo. Las puertas ya estaban abiertas al público, entre y el primero en saludarme fue Neville mi editor en jefe y buen amigo. Apenas me vio me silbó sonriéndome.
-estas guapísima - me dijo él, tomando mi mano y haciéndome dar una vuelta.
- lo sé - le sonreí y le di un beso en la mejilla.
Caminé hacia las escaleras saludando a Seamus que ya estaba frente a su computador, trabajando en algunos libros, subí al segundo piso, saludé a parvati y padma que tambien trabajaban en conjunto acomodando la imprenta para imprimir quinientos libros, al cual además le habían diseñado la portada, así que casi no levantaron la cabeza de sus trabajos cuando las saludé. Me dirigí a mi oficina en el tercer piso y lavender me sonreía desde su escritorio.
- buenos dias Ginny - me saludó con un beso en la mejilla - tenemos mucho trabajo - me ayudo a quitarme el gabán negro, el bolso y los puso en el perchero - parvatti ya se encargó de hacer varias portadas para el libro de La señora McGonagall, te lo han enviado al correo para confirmar.
-¿se lo enviaron a la señora McGonagall? - entré en mi oficina seguida de lavender.
- si, solo falta su desición, para continuar. - dijo
- hazme el favor de comunicarme con ella, para saber - le pedí.
-bien, también hay algunos pdf que seamus ha finalizado y desea tu aprobación para enviarlos de regreso. Ah y además ha venido a buscarte un hombre - me dijo y se tocó la barbilla pensativa.
- ¿quien? - pregunté curiosa.
- la verdad no me dijo su nombre, cuando lo vi me quede de piedra, era un morenazo muy guapo - dijo enamoradiza como siempre - me habló algo del nuevo libro en el que estas trabajando, y dijo que volvería mas tarde.
- bueno al menos disfrutas tu trabajo - me rei y rodé los ojos - bueno más tarde vendrá, no perdamos mas tiempo entonces, llama a la señora minerva
-bien enseguida - salió de la oficina como un vendaval, aunque cerrando al salir, pronto me paso a la señora minerva que me comento lo encantada que estaba con la portada número dos, me envió por gmail su elección y Parvatti pudo comenzar la imprenta. Me dispuse entonces a sentarme en el computador a revisar los pdf de Seamus, cuando la puerta se abrió se nuevo con violencia, mientras lavender gritaba enojada.
- "¡Oiga no puede entrar así!"
Me levanté del asiento como un resorte y fruncí el ceño, frente a mi un hombre moreno, de ojos color miel me miraba con las cejas alzadas, sus facciones algo duras habían cambiado de enojo a sorpresa.
- ¡Pero mira a quien tenemos aquí! ¡al cuartel de pecas, quien lo diría! -hablo él, su voz era fuerte y masculina, miré al hombre a los ojos rememorando quien solía decirme así y mi memoria me llevo directo a mis años en la secundaria, me puse roja como un tomate al recordar el día más humillante de mi vida, el día de nuestra ceremonia de graduación, Blaise iba detrás mio para subir al estrado y recibir el diploma de grado, cuando me llamaron intenté subir, pero él pisoteo la cola de mi vestido haciéndome caer sobre él estrepitosamente, mi trasero quedó sobre su cara haciendo un verdadero show frente a todos mis compañeros, profesores y padres de familia, él obviamente siendo uno de los payasos del salón le pareció algo muy divertido y bromeó con ello hasta que finalizo la ceremonia y me pude ir a mi casa. Lo observé atentamente, ya no era el adolescente aquel desgarbado y flacucho.
-Sabinni, te recuerdo que no somos unos adolescentes y que merezco respeto, así que porque diablos entras a mi oficina de esa maldita manera. - no pude evitar sulfurarme al recordar cada broma que me hizo en el colegio. Era ridículo pero lo estaba mirando con ojos chiquitos.
- lo sé, puedo ver perfectamente que la madurez te ha entrado muy bien - me observó de arriba a abajo y sonrió ladeado. Me sonroje un poco al sentir su mirada observando mi cuerpo - pero si, me disculpo por mi actitud tan grosera. No me gusta esperar, es tiempo desperdiciado.
- si, a ti tambien te ha servido la madurez, por lo menos aprendiste a disculparte - dije - ¿a que debo tu inesperada visita? - le hice señas a lavender para que nos dejara a solas. Ella salió cerrando la puerta.
-Tienes algo que me pertenece y vine a recuperarlo - dijo sentándose enfrente de mi.
- ¿y se puede saber que será? - fingí que no me enteraba de nada.
-ya se que tienes mi libro 1945 - susurró sonriente
-el libro del señor Marcus Sabinni, que yo sepa le pertenece a tu padre, no a ti - le respondí comprendiendo que el hombre misterioso que me había entregado aquel ejemplar era Mr Sabinni. Me senté en mi escritorio y el me sonrió mostrándome todos sus dientes.
- se que te ha gustado lo que has alcanzado a traducir - dijo con un tono sugerente - pero son asuntos de mi familia en los que nadie debe inmiscuirse - me dijo inclinándose hacia mí. - hay cosas de las que es mejor no enterarse.
- mira Sabinni, mi trabajo es entregar la completa traducción de este libro a la persona que me lo entrego. Así que te sugiero que lo hables con él, porque yo no te voy a entregar nada. - me crucé de brazos- ahora si no es más, necesito mi espacio para trabajar.
- ¿sabés? Es bueno saber que no has perdido esa terquedad que te caracterizaba, eso te luce, sigues siendo encantadora - me pico un ojo y sonrió pensativo, al poco tiempo volvió a hablar - ahora que sé, que tu tienes mi libro, ya no me molesta tanto la idea de que lo traduzcas, ambos podemos instruirnos bastante. - sonrió ladino - es más permíteme ofrecerte mi ayuda.
-¿ayuda? Disculpara mi arrogancia señor Sabinni, pero soy muy profesional y bastante buena en mi trabajo, no necesito ayuda de nadie. - fruncí el ceño y él rió. El cabrón se veía mucho más masculino de lo que lo recordaba. Me removí incomoda en la silla, pues sus ojos no dejaban de mirarme fijamente.
- pecosa el señor Sabinni es mi padre, puedes llamarme Blaise y te puedo asegurar que no quise ofenderte - puntualizó y yo rode los ojos - es solo que hay unas partes del libro que no vas a comprender porque el libro es muy antiguo y estan casi borrados algunos párrafos. Solo yo sé lo que dice de comienzo a fin. - sus ojos brillaron misteriosamente.
- agradezco tu preocupación, pero estoy segura de que me las arreglaré yo sola - le respondí
- bien - se levantó de la silla mirándome fijamente a los ojos - pero te aseguro que una vez empieces a leer, no podrás parar, no podrás dormir ni comer pensando en el. Cuando encuentres que no podrás seguir sin mi ayuda, llámame estaré encantado de develarte los secretos de mi Familia, es más será un placer hacerlo - sacó de su chaqueta una tarjeta y la puso sobre mi escritorio, alcé una ceja y el caminó hacia la salida de mi oficina - pecosa ha sido un verdadero placer volver a verte y espero volver a tener ese placer pronto. ¡No seas rencorosa Weasley, llámame! - Me sonrió y salió cerrando la puerta de un portazo, seguramente para molestar a lavender, recordaba que Blaise la mayoría del tiempo había sido insufrible, un payaso a tiempo completo. Saqué aquel misterioso libro de mi bolso y como no, la curiosidad pudo conmigo, me apresuré a traducir otra parte del bendito libro, olvidándome de los pdf de Seamus.
"Bartholomew Sabinni tercero - 1945
Cuando mis padres me unieron por obligación a la hija del conde Friedrich Abbot, no tuve más remedio que aceptar.
Una de mis obligaciones como hombre mayor de la casa era desposar a la mujer que mis padres creyeran conveniente para el futuro económico y social de la familia Sabinni, pensar en rechazarlo significaba la expulsión inmediata del hogar y era algo a lo que me negaba rotundamente, yo era legítimamente heredero absoluto de la familia Sabinni, dueño de tierras, ganado y animales. Así que acepté casarme con Marrietta Abbot una pequeña mujer de veinticinco años dos años menor a mi, algo parlanchina para mi gusto, sus padres dueños tambien de ganado y tierra vieron gratificante nuestra unión, así que hicieron todo para casarnos lo mas pronto posible. El día de nuestra luna de miel, fue algo tan insulso que ni siquiera vale la pena entrar en detalles, solo se que tuvimos sexo una vez con la luz apagada y no volvimos a tocarnos en mucho tiempo.
Pasó una temporada y un día llegó a la puerta de nuestra casa su hermana de veinte años, la señorita Anabella Abbot, era una chica muy hermosa de facciones aniñadas muy parecida a su hermana mayor, tenía ese energía desbordada que hacia que te cayera bien enseguida. Venía a pasar una temporada en casa de su hermana, pues sus padres se habían ido de viaje y se la habían encargado a Marrietta, yo no tuve problema, la casa era muy grande y la mayoría del tiempo se sentía solitaria, mas compañia sonaba agradable.
Al comienzo con Anabella solo nos veíamos durante las cenas, pues casi no salía de su habitación, aveces cruzábamos miradas y sonrisas, hasta que un día iniciamos una conversación que Marrietta ignoro por completo yéndose hacia otra parte de la casa, hablamos durante largo rato y me pareció que la chica además de atractiva era muy inteligente, a los dias siguientes veía a Anabella en la biblioteca donde siempre me encontraba leyendo, se sentaba a mi lado sin decir una palabra, interesada en mis lecturas, no se porqué hacia eso me ponía muy nervioso sentirla tan cerca, sintiendo su respiración acompasada tan cerca, incluso varias veces me había cubierto con el libro sendas erecciones que me provocaban algunos de sus roces inocentes.
Una madrugada no pude dormir y me levante de la cama, salí de la habitación y caminé hacia la cocina, allí estaba ella sentada sobre el buró de la cocina tomando un vaso de agua, no llevaba sino un pequeño vestido de dormir, en el que se notaban sus pezones erizados y sus piernas largas, se me fue el aire al verla de esa manera. Ella sonrió y se bajó del mesón, camino hacia mi y me empujó de tal manera que cai en una silla.
- oh por favor dime que te enloquezco tanto como tú a mi - gimió subiéndose sobre mis piernas, su vagina quedo deliciosamente sobre mi pene, se movió frotándose contra mi de una manera muy sexual, la agarré de la cintura y gruñí cuando su boca se adueño de la mía con una furiosa necesidad y deseo, me calenté como nunca antes y no fui capaz de ponerle freno a tanto fuego, me bajé los pantalones de pijama y los boxers alzándola con un brazo, le corrí la ropa interior con una mano y nos masturbamos sexo con sexo gimiendo y apretandonos, le bajé el vestido y descubrí sus preciosas tetas, grandes y redondas para su edad, de pezones grandes y morenos, se los chupe y mordí, generando en ella grititos de placer que aumentaban mi libido, me levante de la silla alzandola con mis manos y la penetre de pie salvajemente sin importarme nada, ni siquiera que pudiera despertar a alguien, ella gimió con fuerza al sentir mi gran longitud entrar en ella una y otra vez, pero la silencie besándola, metiéndole mi lengua hasta el paladar, casi me corro al sentirla tan estrecha pero me contuve, había llevado algunos años de abstinencia como para correrme a la primera y esta pequeña se iba a enterar de los placeres verdaderos del sexo. La estrellé un poco contra una de las paredes de la cocina, mientras seguía penetrándola activamente, sus miradas lascivas me instaban a seguir y no detenerme, ella me obligó a que la soltara y se arrodilló frente a mi, me agarró el pene con sus manos y se lo metió en la boca chupando y succionando con maestría, tiré mi cabeza hacia atrás sintiendo sus deliciosa boca tragándose mi enorme verga entera, estaba en el puto cielo. Al cabo de un delicioso rato se detuvo.
- estás exquisito y en otra oportunidad te dejare que te corras en mi boca, pero deseo desesperadamente que me tomes - gimió, dándome la espalda y alzando su precioso culo frente a mi verga, la tomé del abundante pelo negro y la penetré fuerte desde atrás, tiraba de su cabello con fuerza, mientras mi pene entraba cada vez más profundo en ella, sentí su vientre contraerse y se agarró de las paredes para no caer por los espasmos del orgasmo, al poco tiempo salí de ella y me vine en su delicioso trasero. Me había corrido como nunca.
Después de esa noche, nuestros encuentros fueron cada vez más furtivos, cada día me invadía la necesidad por follarla, pues también había aprendido a conocer su cuerpo, a tocarla como a ella le encantaba, incluso aprovechamos cada momento en los que Marrietta se perdía o volteaba la espalda para meternos mano. Su cuerpo era perfecto, suave y olía deliciosamente, aunque yo era mucho más alto y acuerpado que ella, encajabamos a la perfección en las manos y brazos del otro.
Me sentía peligrosamente atraído a todos los atributos de Anabella, y quise divorciarme para casarme con ella, pero su rechazo fue profundo, me dijo que era muy joven para tal compromiso y que me deseaba como a ninguno, pero que nunca podríamos tener nada aparte de aquellos encuentros placenteros. Así que lo acepte y durante mucho tiempo me la cogí de una y otra forma, rallando en el sadomasoquismo, experimentando de todo en el sexo con ese pequeño demonio sexual que me habían enviado de no se donde. Hasta que un día llegaron sus padres y se la llevaron lejos de mí, nos vimos una que otra vez esporádicamente en una que otra reunión familiar, escapándonos a escondidas en los rincones mas alejados y oscuros del lugar en que estuviéramos, hasta que ella dejó de asistir a las reuniones y comprendí que todo había terminado. Pero no me sentía mal, ahora tenía algunos conocimientos que iba a utilizar con Marrietta, ella era mi mujer y debía de responderme como tal, no iba a aguantarme ninguna temporada más sin sexo solo porque ella no me quería, iba a seducirla eso como que me llamaba Bartholomew Sabinni."
- terminé de leer el capítulo escrito a mano, en una caligrafía perfecta y noté que se había hecho de noche, había traducido sin pararme a pensar en otra cosa, no podía evitar sentirme sonrojada y violenta al finalizar, el relato era de lo mas crudo y sincero que hasta me había sentido excitada en ciertos momentos, crucé las piernas y me mordí el labio este libro no podía ser bueno ante mi falta e inexistencia de sexo desde que harry me dejó. Tuve la tentación de meterme mano un ratico, pero me re compuse al recordar que estaba en mi trabajo, vi el reloj y faltaban quince minutos para las cinco, guarde la traducción en una memoria usb, tome el libro y los guarde en mi bolso. Sali de la oficina, lavender también se arreglaba para salir, era hora de cerrar, me despedí de todos y agarré mi moto saliendo a toda prisa hacia mi apartamento, ese bendito libro me tenía mas que intrigada, no había parado de pensar en el desde que lo había soltado en la oficina. Pero apesar de que tenía muchas ganas de seguir leyendo, no se me olvidaba mi responsabilidad de alimentar a Hermione, pues sabía lo agotada que salía del trabajo, dos semanas y ya me la tenían llena de trabajo. Asi que preparé unos Sandwiches de tomates, cebollas asadas, lechuga, queso, pollo apanado que me quedaron brutales, con chocolate en leche, afortunadamente éramos chicas de complexión delgada, tragabamos hasta por los codos, pero nunca engordabamos mucho, solo los cachetes, así que poco nos importaba seguir una dieta. A las siete en punto llegó Hermione arrastrando los pies y con cara de me quiero morir.
-¿Y ahora que pasó? - le pregunté alzando las cejas.
-amiga, que soy un desastre de lo peor - se sentó en el comedor y se cogió la cabeza. - soy increíblemente buena para autoridiculizarme, deberían darme un premio - además se había puesto roja. y supuse por donde venían los tiros.
-¡No me digas que otra vez te paso algo con tu jefe! - fruncí el ceño y negué con la cabeza al verla asentir avergonzada. -¡Hermione, va a creer que tienes algún problema de retraso mental amiga, no puedes seguir asi! - me rei y ella me miró con ojos chiquitos - ¿ahora que hiciste? - suspiró con resignación y me contó.
-estaba concentrada en el escritorio con unos documentos muy importantes, los estaba revisando y contando con un marcador, no se en que momento me entretuve y me puse el estúpido marcador en los labios, no lo había tapado y preciso él se me acerca a pedirme algo y me mira la boca, soltó una carcajada muy fuerte debo decir, y me habló "señorita Granger, debería mirarse esos lindos labios que tiene", tome el espejo y pues me había pintado hasta los dientes con tinta de marcador - se sonrojo y me reí - lo peor de todo es que el marcador era permanente y tuve que pintarme los labios de un café horroroso, el único labial que encontré en mi bolso, ¿puedes creerlo? y mi jefa, me dejo en claro que no quería volver a verlo en su vida. No sabes como se reía de mi ese hombre. - rodó los ojos.
-jajajaja cualquiera Herms, esas cosas te lo juro no le pasan a nadie. - me rei y ella resopló enojada.
- es que no se que me pasa, pareciera que sufriera episodios de estupidez mental cada que él esta cerca - me recibió el chocolate y el sándwich y comió con el ceño fruncido.
- amiga es que no puedes evitar ser graciosa - le dije sonriendo - es tu naturaleza, además escúchate el hombre alabo tus labios, yo no me preocuparía tanto.
- yo sí, va a pensar que soy demasiado torpe, y seguro que me va a echar apenas su padre le ceda el puesto. - se quejó y rode los ojos - de verdad soy de malas.
- estás exagerando, además de malas yo que volví a ver a Blaise, ¿lo recuerdas? de la secundaria - le conté y ella abrió la boca sorprendida. A medida que le contaba el porque del encuentro, abría mucho más los ojos.
-y a la final no le importó dejarte el libro - comentó pensativa.
-si, y me muero de curiosidad de continuar con la lectura Hermione, no te imaginas el tesoro que tengo en las manos, no creo que pueda dormir esta noche.
-¿Tan interesante es? - me preguntó y yo la observé.
- Si, pero querida, tu aún no estas preparada para estas cosas, así que mejor no preguntes - le pique un ojo y terminé de cenar, esta vez deje la losa sucia en el platero, me despedí de hermione con un beso en la mejilla y me encerré en mi habitación a continuar con la lectura de aquel misterioso libro.
