¡Buenas! Aquí vengo con el segundo capítulo, espero que les agrade y me disculpo por la demora, depende de mi inspiración puedo estar publicando cada dos días o cada sábado a la semana, ya veré cómo arreglármelas.
~Capítulo 2: Verdades a medias. ~
Kagome espero el impacto de su caída, sabía que no sentiría dolor, puesto no estaría viva o por lo menos antes de su inminente muerte, ver su vida pasar en su mente como en aquellos relatos de los libros o películas pero nada de eso ocurrió. Todo lo que pudo percibir fue algo cálido cubriéndola y luego al no escuchar ningún tipo de sonido se atrevió abrir sus ojos.
— ¿Esto es la muerte? — susurraba para sí misma.
Se encontraba en un espacio extraño, podía distinguir varios colores, como si estuviera viendo un arcoíris, aparte de la sensación de flotar entre suaves algodones.
— No, no estás muerta.
Resonó otra voz suave la chica se dio la vuelta mirando a todos lados pero no encontraba aquella persona que le hablo ¿Se estaba volviendo loca?
— ¿Quién eres? — cuestiono un poco asustada pero tratando de no demostrarlo.— Muéstrate.
— Siempre eres tan exigente.— suspiro.
De pronto una luz surgió y frente a ella estaba aquella joven de sus sueños, Kagome no podía creer lo que veía. Pestañeo varias veces confundida ¿Por que se veía a sí misma pero con ojos marrones?
— Tú… ¿Quién eres?
La chica de ojos marrones sonrió con tristeza.
— Soy tu o mejor dicho… soy tu sombra.— alza la diestra.— Es hora de volver a donde perteneces, te devolveré lo que hace tiempo te quite.
La mano de la extraña Kagome, tocó la frente de la ojiazul. Este toque iluminó todo el cuerpo de la azabache y en la mente de la misma una serie de recuerdos e imágenes que no podía poner en orden se le presentaban como especie de una extraña película.
Mientras esto ocurría, el uniforme de la chica era cambiado por un hermoso hanfu que iba del color lila al blanco, sus sedosos cabellos crecieron de la mitad de su espalda hasta sus glúteos en hermosas ondas negras con reflejos azules, el cual iba peinado con un hermoso tocado con horquillas, con motivo de flores, adornadas con piedras preciosas. En la frente de Kagome el símbolo de la flor de fénix se dibuja en color rojo, el collar que anteriormente portaba se dividió en dos, la perla pasó a poseer otra cadera y ocultarse tras su ropa. La hermosa luna dorada quedó a la vista.
La luz que rodeaba a la chica comenzó a menguar, hasta que esta volvió en sí, observando a su otro "yo" que seguía mirándola con tristeza a la vez que empezaba a desaparecer.
— Ahora todo depende de ti, yo cumplí mi parte, Adiós Kagome
— ¡¿Que?! ¡espera! ¿De qué estás hablando? ¿Qué significa todo esto?
— Ya no me queda tiempo, pero pronto sabrás toda la verdad.
Al terminar de decir estas palabras, Kagome sintió como el espacio cambió y ella caía en picada justo y milagrosamente en un montón de hojas secas.« ¡Auch!, eso dolió» Aunque admitía que fue una caída corta y menos peligrosa a la que realmente ella iba a enfrentarse.
«¿Qué demonios pasa? Si no estoy muerta ¿Dónde diablos estoy?»
Era el pensamiento que más atacaba su mente, no entendía cómo de saltar de un edificio, llegaba a un lugar tan extraño. Se levantó de aquella cama de hojas, sacudiéndose la ropa, observó su alrededor, estaba en el comienzo de un bosque, supuso que era otoño, por el color de los árboles, con aquel oportuno montón de hojas, más adelante estaba una enorme montaña y un río que parecía peligroso.
— Estoy a punto de pensar que he tenido unos de esos absurdos casos de "reencarnación" que hablan en los mangas de Eiri…
Su voz era irónica, avanzó un poco por aquel lugar, como siguiendo el cauce del río, en su pequeña exploración escucho un ruido que la hizo ocultarse por precaución. Se escondió detrás de unos arbustos, movió una rama con cuidado para poder espiar, en eso logra ver a un hombre vestido todo de negro con la cara tapada, parecía huir de algo.
«Me parece familiar..»
Fue el pensamiento que cruzó por su mente, aunque no encontraba donde pudo haberlo visto, quizás ya desvariaba. Ese hombre al creerse a salvo bajo la tela que cubría su rostro, hecho que sorprendió a la joven por lo guapo que era, con aquella larga cabellera negra y ojos rojos, pero lo que más le impactó fue la forma que se sacó una flecha de la espalda, sin siquiera hacer un gesto de dolor. «Eso es bastante, valiente…» pensó mientras se mantenía escondida, puesto no tenía idea dónde estaba y el sujeto parecía de todo menos amigable.
— Ugh, subestime a ese bastardo del príncipe heredero…seguirme tan rápido y alcanzarme con su flecha…
Estaba a punto de revisarse la herida, justo cuando unos soldados aparecieron de la nada.
— ¡Ahora no te escaparas! ¡atrapemos a esa sucia araña!
Fue el comentario de uno de los soldados, el hombre volvió a cubrir rápido su rostro.
— ¡Maldición! me consiguieron más rápido de lo que creí.
Kagome pudo observar como el enmascarado, luchaba contra todos los soldados, en una diferencia numérica de 10 contra uno de manera sorprendente, pensaba que era como estar viendo alguna película de artes marciales.
—Sorpréndete. — susurra la joven, aunque nota que se están acercando mucho a ella.— Debo irme de aquí.
Musito mordiendo su labio inferior con frustración, no sabía que ocurría ni nada, aunque tenía ganas de ayudar aquel hombre, por estar severamente herido, no estaba segura que no fuera algún tipo de criminal. Aunque al notar cómo mataba alguno de los soldados, desecho aquel sentimiento de querer ayudar, solo que jamás había visto que mataran a una persona frente a ella, el impacto fue grande, pero no tenía tiempo para ponerse a analizar todo sus sentimientos, corría peligro si seguía ahí.
Por distraerse un poco justo al moverse un poco sin fijarse en su camino, logra pisar una rama la cual se rompe lastimando su mano. «¡Maldición! bien hecho, Kagome» se auto felicito sarcásticamente.
—Hay alguien más aquí, ¡atrápenlo también!.
Kagome tenía miedo, vio cuando dos hombres se le acercaron, pero al intentar agarrarla uno de aquellos hombres simplemente, golpeó su mano y se alejó un poco.
—No me toques. — expresó con molestia.
— Así que la cómplice de la araña es una mujer.
El soldado la miraba bien, sus ojos pasearon por toda su figura y pensaba que era muy hermosa, le daba un poco de pena que tuvieran que arrestarla y condenarla a muerte.
— ¿Araña? no sé de qué estás hablando… Mejor ocúpate de quien está matando a sus amigos.
Aconsejo aunque en ese instante llegaron más soldados, otros se fueron contra ella y como pudo con la incómoda ropa, pudo pelear y defenderse, gracias a sus clases privadas, conocía los puntos del cuerpo humano para desmayarlos, solo quería huir.
Lo que no calculo la joven ojiazul es la sorpresa que el enmascarado apodado como la araña mostró al verla.
«¿Lady Kagome viva? no, no puede ser yo mismo la vi saltar ese acantilado y ni el hombre más fuerte podría sobrevivir ¿Cómo una dama de la corte puede pelear y sobrevivir a semejante caída?»
Pensó desconcertado, acabó rápido con unos cuantos soldados y se acercó a ella, planeando terminar el trabajo que le habían encomendado.
—Gracias por distraerlos, pero ahora tú…¡Debes morir!
Kagome giró al escucharlo hablar y solo por poco esquivo su espada, aunque su brazo derecho logró recibir una herida.
—D-diablos eso estuvo cerca ¿Por que me atacas? ¿Solo eres un asesino por gusto?
La sorpresa no dejaba de hacerse presente en el enmascarado ¿Cuándo una princesa podía evitarlo así? era insólito además había algo en ella diferente.
—Ya te lo dije en la cima, vine a matarte Lady Kagome, me pagaron por eso.
El hombre se lanzó contra ella, aunque logró esquivarlo por inercia, recibiendo otra herida fue por la forma que le llamó ¿Cómo sabía su nombre? y es más ¿Quien la quería muerta? de verdad que no entendía absolutamente nada.
— Pero… ¿Qué demonios estás diciendo? ¿Lady? ¿Matarme? no estoy entendiendo nada…¿Dónde estoy?
El hombre la miró con suspicacia sin creerle el teatrito de que no entendía nada, aunque había algo raro en ella, no sabia porque o quizás era porque ahora sí podía ver su rostro y esos extraños ojos zafiros.
—Eres buena fingiendo…
Pero cuando se disponía a volver a atacar, escuchó el galopar de unos caballos, maldiciendo por lo bajo, solo observa a la azabache.
— Te salvarás por hoy princesa, pero luego no correrás con tanta suerte.
Kagome lo vio irse con extrañeza sin aun entender absolutamente nada de lo que ocurría. Aunque claro no pudo seguir analizando nada, pronto se vio rodeada por soldados apuntándole con sus lanzas, ella solo alzo los brazos, en modo de rendición.
—Ella estaba con la araña, no la dejen escapar. .
— Tch, que no estaba con él… No sé quienes son, pero lo que menos quiero son problemas.
Su actitud era de fastidio, aunque tenía bastante dolor, la caída anterior, y la pelea con esos hombres la habían agotado o quizás era todo lo que la estaba superando. Solo que aún mantenía un porte digno sin mostrar sus dolencias.
— Alteza encontramos la flecha con sus marcas.
Un nuevo hombre había parecido, ese parecía uno de los soldados pero su armadura, se podría deducir que tenía el mayor rango, también era un hombre bien parecido, tez blanca, cuerpo bien formado, cabello castaño oscuro, un poco largo recogido en una pequeña cola baja.
— ¿A si?
«Debo ver cómo escapar o mejor dicho esperar una oportunidad para hacerlo.»
Eran los pensamientos de la azabache, mientras observaba cómo le entregaba la flecha a un nuevo hombre que no había notado, él estaba sobre un imponente caballo blanco, era tan hermoso que sin duda supo que era un buen ejemplar..
—Si, contiene sangre en ella, estoy seguro que logró darle a la araña pero escapó.
El hombre en el caballo, tomó la flecha y la observó con detenimiento.
— Hmp maldita araña
Kagome al alzar su mirada chocar con el hombre en el caballo se quedó perpleja y estática, se sintió extraña. Era el hombre más atractivo que vio en sus 19 años de vida, su piel era tan blanca como la nieve, su cabello de un irreal color plateado largo, se veía tan sedoso que las manos le picaban por tocarlo, y sus facciones eran duras pero a la vez finas, era extraño su rostro era todo un deleite con esos preciosos ojos de dorados que semejaban al oro fundido, aunque lo que más le extraño a la chica fue las marcas magentas de ambos extremos de sus pómulos y que adornaban sus párpados, como aquella media luna creciente morada en medio de su frente.
Ese hombre le robó el aliento e hizo que su corazón se acelerara, su presencia calaba en ella de una forma que jamás sintió antes ¿Qué diablos estaba pasando? tuvo que pestañear y mover la cabeza para hacerse reaccionar no podía quedarse mirándole como un muerto de hambre a un pedazo de carne.
— Así parece, mató a 5 de nuestros soldados y escapó aunque estaba gravemente herido— hizo un corto silencio. — Entonces ¿recibió tu ayuda, señorita?
Observó, como el misterioso hombre del caballo, emitió un gruñido y rompió la flecha con una sola mano, a lo cual la azabache la sorprendió, ya que noto que la misma era de metal, su fuerza era algo inhumano, estaba aterrada, pero más cuando el otro hombre se dirigió a ella. Kagome quería que la tierra se la tragase, trago grueso, dando un pequeño suspiro, mientras se mantenía con las manos en alto.
—Vuelvo a repetir, no ayude a nadie… yo solo quiero saber ¡¿Qué demonios pasa aquí?!
Pensaba que lo mejor era salir huyendo, no quería involucrarse en nada peligroso, solo deseaba volver a su casa, aunque antes de siquiera poder moverse, sintió la pesada mirada de alguien, alzó su mirada y hubo el choque entre el océano y el oro fundido.
Un extraño sentimiento invadió a Kagome uno de familiaridad pero ella jamás había visto a semejante hombre ¡nunca podría olvidar a alguien así!. Pensó que solo era su paranoia al no saber qué esperar, pero algo de reconocimiento brillo en los orbes dorados, cuando este bajó un poco la mirada a su pecho. Lo observo bajarse del caballo y acercarse a ella.
—¡Príncipe! ¡No se acerque!, ella puede ser peligrosa
Advirtió, el que parecía su mano derecha, pero de una sola mirada del mencionado, logró silenciarlo.
— Así que realmente eres tú.
Kagome se sentía un poco intimidada al tenerlo tan cerca, parecía conocerla pero ella no sabia que decir o hacer. Seguía sin comprender nada ¿Por que era tan difícil? que alguien le diera una pista de ¡Qué mierda pasaba ahí!
— Yo..— desvió la mirada un momento, sentía que iba a sonrojarse. Negó un poco con la cabeza y apretó los puños— ¿Te conozco?
El albino, elevo una elegante ceja por aquella pregunta, pero alzó la diestra tocando el collar de media luna que portaba Kagome.
— Llevas esto mío ¿Y me preguntas eso?. Eres curiosa Lady Kagome.
Los orbes de la chica se abrieron en una enorme sorpresa al saber que ese collar era de él. No comprendía, porque todos ahí parecían conocerla pero ella no tenía ni idea de quienes eran.
— Honestamente no sé qué decir… No entiendo nada desde que me lance de ese lugar…
Fue sincera aunque noto la tensión en el cuerpo ajeno solo por un segundo, lo vio soltar su collar y darle la espalda.
— Te llevaré a casa, vamos.
Aquellas palabras extrañaron a la joven, lo miró sorprendida y esperanzada solo que al dar un paso hacia él, para agradecerle, su visión se nublo perdiendo el conocimiento. Claro que antes de que el cuerpo de la chica tocara el suelo el joven la tomó en brazos, la cargo con cuidado recostando su cabeza en su hombro.
— Alteza, ella es…
— Si, cancela la búsqueda, general Miroku.
— Como ordene, señor.
Expresó con una reverencia, para verlo irse con Lady Kagome en brazos. Aunque estaba un poco preocupado. ¿Cómo los soldados la confundieron con una ayudante de la araña? solo esperaba que no por eso el príncipe terminará eliminando unos cuantos soldados, más la princesa lucía bastante herida, si era honesto, para él era bastante sorprendente que la princesa sobreviviera a semejante caída.
El general hizo una seña a sus hombres para volver con el príncipe, ya nada podían hacer por atrapar a la araña por ese momento.
Mientras el príncipe heredero llevaba a Kagome a su hogar, esta misma dentro de su sueño.
~Dentro del sueño~
De nuevo se encontraba en aquel espacio, extraño pero relajante, lleno de todos los colores del arcoíris. Pensaba que ahora sí se había muerto, pero de nuevo aparece su otro "yo" seguía mirándola con tristeza mientras toma sus manos.
— Quedan pocos vestigios de energía de mi, pero al sentirte tan confundida… responderé algunas de tus preguntas.
Kagome observó aquella mujer, sintiéndose un poco rara, era como estar frente a un espejo viviente, pero asintió.
— Antes dijiste que eras mi sombra ¿Qué significa?, ¿Dónde estoy? ¿Realmente no estoy muerta?
— Estas en lo que se conoce como Xian. Justo en el país del Reino del Oeste "Ju" esta es una tierra mágica diferente al mundo del que vienes…— hizo una pausa y soltó sus manos.— Y no, no estás muerta te traje en el momento que caías, justo al mismo tiempo que yo daba mi último aliento de vida… Todo gracias a la perla de shikon.
Dijo, tocando la perla en su pecho.
—Ella es tuya cuídala con cuidado, te será de gran ayuda, lo de ser tu sombra… eso no me corresponde a mi decirlo, cuando todo vestigio de mi ser se termine de unir a ti, lo entenderás todo…
—P-pero
De nuevo una inmensa luz la cubre, sacándola de ahí.
~Fin del sueño~
Kagome quería despertar, pero sentía todo su cuerpo muy pesado, una serie de imágenes avanzaban por su mente miles de recuerdos de forma desordenada, le estaban causando un gran dolor de cabeza. Pero todo eso es aplacado cuando escucha una dulce voz familiar llamándola con cariño y angustia.
Con cierta dificultad, la chica va abriendo los ojos, al principio le cuesta por la iluminación del lugar, se lleva una mano a la cara.
—¡Kagome! ¡hija al fin despertaste!.
De pronto la azabache siente como es abrazada fuertemente y algo frío toca su hombro, poco a poco su vista se va acostumbrando, hasta notar que está en una enorme habitación de estilo antiguo con decoraciones en oro, era una hermosura. Aunque lo que más le llamó la atención fue la mujer que la abrazaba y más atrás aquel hermoso hombre que vio antes de caer inconsciente.
— ¿Qué? yo…Es-estoy bien, tranquila
Al decir esto la mujer se separa un poco de ella mientras se seca las lágrimas, pero al observala bien, Kagome se quedo en shock pasmada sin poder creerlo era su madre ¿Esto era una broma? ¿En serio no estaba muerta?
— Mamá…— apenas pudo decir antes de que sendas lágrimas bajaron por sus mejillas. — Mamá…¡Mamá! ¡eres tú! ¡Realmente eres tú!…— solito con la voz algo quebrada y la abrazaba sin poder contener el llanto.
La madre de Kagome, se ríe un poco mientras igualmente la abraza y acaricia su cabello.
—Claro que soy yo mi niña, me alegra que hayas despertado.— se separa un poco de ella y limpia sus lágrimas.— Debes calmarte, el doctor dijo que no deberías alterarte, además llevas todo un día durmiendo.— acaricia su rostro y cabello con cariño.— Mi Kagome, el médico dijo que sufriste una pequeña contusión en la caída, tendrás un poco de amnesia estos días, pero todo estará bien, vamos despacio ¿Si?
La chica solo asintió, mientras sonreía. Aun intentando encajar ver a su madre de nuevo y todo lo que decía. ¿Tenía amnesia? honestamente se sentía bastante confundida pero muy feliz de ver a su madre.
—Espérame aquí, traeré tu comida.
—Si, no te preocupes, Madre.
La mayor beso la frente de su hija para salir un momento, dejándola sola con el albino. Kagome comenzó a sentirse un poco nerviosa por la constante mirada ajena, aferró las sábanas que la cubrían y suspiro.
—Gracias por traerme a casa.
El solo asintió, su silencio comenzaba aumentar sus nervios.
— Um… ¿Puedo preguntarte quién eres?
— Veo que no mientes. — dijo de la nada con aquel tono de voz que le perturbaba.— Por un momento creí que solo habías fingido tu ataque para evitar el compromiso.
Kagome lo observó sorprendida ¿Compromiso? ¿Por qué ella fingiría algo así? es más ¿Estaba comprometida con él? no supo por qué el pensamiento, le aceleró los latidos y aumentó sus nervios.
— ¿Disculpa? no comprendo de qué hablas… Si yo…
— Puede que no recuerdes, Kagome..— hizo una corta pausa mirándola a los ojos y su piel se erizo al escuchar su nombre en aquellos labios, ¿Qué diablos era eso?. — Se que estas enamorada de mi medio hermano.
Los ojos de la chica se abrieron sumamente en sorpresa por esas palabras, ellos mostraban claramente sus sentimientos de incredulidad. ¿Ella enamorada? ¿De alguien que no conoce? aquello era absurdo.
— Si, sabes que no recuerdo nada, ¿Por qué haces una acusación que no puedo negar o afirmar? y ¿Es mucho pedir que me dijeras tu nombre?
La observó con aparente fastidio, analizándola. Aunque había algo en ella que sentía diferente, tanto como el color de sus ojos como aquella flor de fénix en su frente eran nuevos. Recordaba que ella de niña lucía de esa forma, luego de que un hechicero peligroso huyera y apareciera en la casa Higurashi, matando a varios en el proceso, ella perdió aquella flor y el color de sus ojos eran marrones.
— Taisho Sesshomaru.
Respondió simplemente, sin darle una respuesta a su anterior pregunta. Kagome solo sonrió al ver que al menos sí le concedió eso.
— Gracias, un gusto conocerte Sesshomaru.
Respondió con sinceridad, ya que ella no servía para mentir, era fácilmente detectada al hacerlo por ello no lo hacía. Cuando quería decir algo más, la puerta de la habitación se abrió y otra señora entraba justo la que había visto en sus sueños.
— ¡Lady Kagome! Que bueno que ya despertó. — sonrió aunque se quedó un momento estática al ver los cambios físicos de esta nueva Kagome, pero fue ahí que noto a Sesshomaru, haciendo una reverencia.— ¡Príncipe! no lo había visto perdone.
El albino solo hace una seña para quitarle importancia al asunto.
— Hablaremos otro día.
Fue lo único que dijo para salir y dejarlas solas, aunque claro justo en ese instante iba entrando Naomi con la bandeja de comida para Kagome.
— ¿Pasó algo con el príncipe, hija? —preguntó preocupada por el semblante que le pudo ver. Se acercó a la cama para ponerle la bandeja de comida en las piernas.— Anda come que Kaede y yo tenemos mucho que hablar contigo.
La aludida tardó un poco en captar lo dicho por su madre dado que se había quedado mirando el lugar por donde desapareció Sesshomaru.
— No, no pasó nada, mamá.— mintió un poco para comenzar a comer, ambas mujeres lo notaron, solo se miraron y la dejaron pasar aquella obvia mentira por ahora era mejor así.
Luego de que comiera y retiraran la bandeja, ambas mujeres se sentaron en la cama con ella mirándola seriamente.
— Señora Kaede, primero explique usted lo que sabe luego yo le diré a mi hija mi historia.
—Si así lo desea, Lady Naomi.— guardo un poco de silencio y suspiró.— Lady Kagome, una noche tu otro yo, lanzó al estanque el collar que portas. — Señaló la media luna en su cuello.— El cual es símbolo de la elección del príncipe heredero, para que tu seas su princesa heredera y próxima emperatriz. — hizo otra pausa, mientras lo dicho era digerido por Kagome, quien aún no salía de su asombro.— Me contaste que hace mucho tiempo un designio divino salió en el que a tus 19 años morirás irremediablemente, pero si esto ocurriera, nuestro reino caería en desgracia. Para evitar esto Lady Kagome se buscó a sí misma en otro mundo, para traerte al nuestro justo en el momento de su muerte, ella creía firmemente que tú ocuparás su lugar y evitar la desgracia en el oeste ya que ella no podía hacerlo.
Ante dicha información Kagome, solo niega. Aquello no podía ser cierto entonces ¿Si fue transportada a otro mundo? toda esta historia en serio sonaba a los cuentos de hadas que siempre le encantaba leer a su mejor amiga, le costaba creerlo, solo que lo estaba viviendo en carne propia, negarlo seria estúpido.
—Entonces yo…— aferró los puños — ¿No podré regresar? — ambas mujeres negaron con la cabeza.— Ya veo…— bajo la mirada conteniendo las ganas de llorar, estaba preocupada por su hermanito lo había dejado solo.
Naomi al ver la tristeza de su hija, le acaricia la espalda y le hace una señal a Kaede está la entiende y sale de la habitación.
—Kagome, mírame. — pide amablemente la mujer mientras tomaba sus manos. Cuando siente la mirada de su hija sonríe con dulzura, turbando el corazón de la contraria, la mayor llevó una mano al cuello de su hija, sacando la perla escondida .— Mi niña, lo que estoy a punto de contarte, tal vez te sea difícil de creer. Pero con la ayuda de la shikon no tama, te mostraré mis recuerdos.
Kagome se sentía confundida y perdida eran muchas cosas en tan poco tiempo que no sabia que pensar, pero sabía en su corazón que podía confiar ciegamente en su madre.
— Está bien…
Acepta no muy segura pero ¿ya que puede hacer? No tenía control sobre nada y estaba en un lugar desconocido hasta ahora para ella..
— Tu mi niña naciste en este mundo, fuiste el bebé más esperando por tu padre y por mí.— Acarició la mejilla de la menor con mucho cariño.— Fuiste creciendo llena de amor y atenciones, como educada con esmero, todo esto hasta que tuviste 8 años. En aquella noche luego de celebrar tu cumpleaños, uno de los más peligrosos hechiceros que se encarceló unos días antes, escapó de su encierro y vino directo a nosotros a atacarnos por haberlo apresado. Al no lograrlo el sacrifico su vida lanzando un hechizo de magia tan antigua como negra, donde creó la profecía que la hija mayor del clan Higurashi moriría a los 19 años, su plan era lastimar a tu padre con lo que más amaba…Tú mi niña.
Kagome escucha esto sin poder creerlo, es que no tenía sentido, pero mientras su madre iba hablando la misteriosa perla mostraba a la chica aquellos sucesos, como si fuera una especie de holograma saliendo de la misma.
— Esa misma noche buscamos ayuda en tierra sagrada. Ya que ese tipo de magia antigua no podía tomarse a la ligera— el rostro de Naomi era triste.— Una deidad nos dijo que para poder salvarte tendríamos que renunciar a ti.— la mujer secó algunas lágrimas que escapaban de sus propios ojos.— Como te amamos aceptamos eso, no queríamos que murieras. Aunque eso me costase verte crecer, pero aquella deidad a partir de tu sombra creó otra versión tuya aquí, para mantener el equilibrio, esta niña, solo tendría una mínima parte de tus capacidades. Pero tendría el deber de cumplir la profecía por ti. Así que bloqueando tus poderes y recuerdos el te llevo consigo. — Apretó las manos de la chica mientras seguía llorando.— No sabíamos dónde te llevaba o si volveríamos a verte.
—Espera un momento… ¿Me estás diciendo que todo lo que viví hasta ahora era una mentira?
La incredulidad, la rabia, la impotencia eran los sentimientos que dominaban su ser, estaba temblando, mientras lágrimas de confusión escapaban de sus bellos ojos zafiros.
—No culpes a tu madre, pequeña estrella, preferíamos que vivieras aunque fuera lejos de nosotros. — mencionó un hombre que poco a poco se dejó ver, este era impresionante, alto, cuerpo atlético, cabello corto negro y unos ojos tan azules como los suyos.— Nunca quisimos dejarte, pero si era por salvarte…
La chica no podía más, el ver a su padre de nuevo frente a ella, quebró cualquier vestigio de control y solo lloro, lloro como una niña mientras se tiraba a sus brazos y solo repetía la palabra "papá" mientras era abrazada por él, pese a su sorpresa del arrebato de la chica. Naomi veía a sus dos tesoros con lágrimas de felicidad, de estar juntos otra vez.
Estuvieron así un rato hasta que la azabache logró calmarse para seguir escuchándolos, ya que pese a su renuencia anterior, ver a sus padres, era algo que siempre añoro cuando los perdió.
— Ya que estas mal tranquila, puedo decirte que hace un año, aquella deidad apareció ante nosotros y nos dijo que volverías. Pero que para hacerlo tuviste que pasar por una serie de pruebas, él debía saber si eras digna de volver.
Estas palabras la turbaron un poco, observo a su padre tratando de entender y no hacerse ideas raras, respiro profundo y hablo.
— ¿Prueba? me estas diciendo que pensar que los perdí a ambos en un accidente aparte de mi hermano menor, cuando tenía diez años ¿Fueron una prueba? que sufrir tantos años bajo el cuidado de una mujer que me odiaba y viendo como podría ser libre de ella era eso ¿Una maldita prueba?
A ambos padres les dolió saber un poco lo que había pasado, su querida hija pero era eso para poder salvarla. Por su parte Kagome tenía sentimientos encontrados, estaba feliz de ver a sus padres, pero que su vida fue una mentira una prueba era demasiado.
—Kagome, cada uno de esta familia sacrificó algo el día que te llevaron de nosotros, para que vivieras. Era de esperarse que tú también tuvieras que sacrificar o afrontar algo, es la forma de enseñar de los dioses…
Las palabras de su madre la hicieron pensar un poco, estaba segura que algo así había leído en un libro. Sabía que nada se daba de a gratis y era una vida por otra vida. los orbes de Kagome se abrieron al entender ahora las palabras de su otro "yo" «"Te devolveré lo que hace tiempo te quite"»
— Entonces… ¿todo lo que viví fue una clase de sueño?
— No lo sabemos, solo nos dijo que tu alma era realmente pura y podías regresar, mencionó que sólo pasando por un lugar tan rodeado de oscuridad y tu esfuerzo lograría purificar ese hechizo oscuro.— le sonríe con tristeza mientras palmea la mano de su hija suavemente. — Esta prueba tenía dos resultados, la superabas mostrando la pureza de tu alma o serías envenenada por la oscuridad y morirías por la maldición.
— Entonces ese hombre reviviría y destruiría a nuestra familia y todo el oeste en el proceso, llevándose miles de vidas inocentes.
Aquella confesión de sus padres la dejó atónita. Le costaba mucho asimilarlo, pero habían cosas recuerdos que le llegaban, entre otras cosas que le hacían saber que no mentían, ella deseaba hablar con aquella deidad pero no sabía si era posible y parecía que sus padres no deseaban que le conociera.
—Kagome, al regresar aquí, tu sello se rompió y recobraras la memoria poco a poco y la historia común que todo el mundo conoce es que perdiste la memoria al caer del acantilado pero anteriormente estuviste en tierra sagrada, al llegar a la edad acordaba por los dioses estos te quitarian el sello que hace años impusieron en ti para que controlaras tus poderes. — hizo una pausa.— esa fue la mentira que dijimos cuando renunciamos a ti, por eso tu apariencia había cambiado.
La azabache mira a su madre ante esta confesión.
— ¿Lo dices por mis ojos y la marca en mi frente? — ella asintió.— Pero no entiendo ¿Por qué? ¿Qué significa esta marca?
Su padre la miró con ternura y besó su frente.
—Sigue descansando, hija ya luego hablaremos más y tu hermano desea verte, pero será mañana.
La joven tenía muchas dudas, pero era cierto que aún se sentía débil, además todo aquello la dejó agotada emocionalmente, aunque saber que vería a su hermano, la emocionó y solo volvió a recostarse.
— Kagome, una cosa más, nadie aparte de nosotros puede saber lo que te contamos, fue una regla especial que nos dijo esa deidad.
Ella solo miró con extrañeza a su madre y asintió. Supuso que tendría sus razones, observó cómo salía, al estar sola miro la habitación, sintiéndose un poco rara, se volvió acomodar, pensando que ya luego solucionaría las dudas que aún tenía, por ahora se dejó ir en un relajante sueño reparador.
….
Bien hasta aquí el segundo capítulo espero sus sinceras opiniones.
Manu: ¡Hola! muchas gracias por comentar, te cuento que no, ni Inuyasha, ni Kikyo son los malos, descuida pero si tendran su historia un poco complicada, por diferentes motivos y no puedo decir mas porque seria dar spoilers, jeje, espero que este capitulo que haya gustado como los anteriore, de nuevo gracias y hasta pronto ~
