N/A: de regreso con un nuevo capítulo.

Brick: disculpen la demora, pero el autor tuvo algunos problemas personales estas últimas dos semanas.

Yo: está bien, no hay necesidad de sobrecargar a los lectores con mis problemas, son asunto mío después de todo.

Brick: entonces, para qué rayos me insististe tanto en que lo dijera en la nota del autor? No te entiendo!

Yo: podemos ir al capítulo de una vez?

Capítulo 27

El peso de la lealtad

-Qué raro –dijo Uryu mientras seguían buscando una salida-. Por un momento, juraría que sentí la activación de un arma quincy no lejos de aquí.

-No me mires a mí, estoy en mis últimas reservas, no me verás activar mi arco pronto –le aseguró un Jobeaux que jadeaba a su lado.

Uryu asintió, pero la sensación que acababa de experimentar no provenía del goblin.

Por otro lado, los acontecimientos que habían llevado a sus más recientes compañeros a conseguir sus poderes espirituales eran particularmente llamativos para el chico de anteojos. Lo que lo inquietaba no era el hecho de que hubieran por ahí más quincys y fullringers por conocer, eso sería una completa tontería. No, lo que lo incomodaba y preocupaba grandemente era cómo, prácticamente de la nada, algunos fullringers, un quincy y un par de shinigamis sustitutos habían salido de la nada, como un árbol creciendo en una calle de asfalto, con el que se toparon porque el mismo era invisible hasta que la calle y el asfalto reventaron.

Es más, ellos habían investigado a fondo a los nuevos héroes, pese a que sólo los conocieran desde hacía un mes más o menos. Por más que buscó, no pudo encontrar antecedentes quincy en la familia del goblin que se esforzaba a su lado por llevarle el ritmo; sí, el joven era practicante del arte marcial conocida como Woo Foo, una relacionada con el uso de magia, y de alguna manera con un conocimiento rudimentario del reishi. Eso no explicaba por sí solo cómo, aparentemente de la noche a la mañana, un grupo de jóvenes, casi niños, había adquirido habilidades espirituales de las que no habían tenido noticia en absoluto en su mundo, al menos hasta que cierta shinigami entrometida puso un pie en dicha dimensión.

Ahora, sin embargo, ése era el menor de sus problemas. Ahora, debían encontrar a los conejos y salir del centro del caos lo más rápido que pudieran.

Si podían, claro.

-¿Qué es eso? ¿Un arma quincy en manos de un shinigami?

Ambos contrincantes, cazador y teniente respectivamente, blandían sus Zampakutous en su primera liberación, pero ninguno de los dos había dado el primer golpe todavía.

Mientras, Izuru Kira seguía preguntándose qué clase de Zampakutou tenía la apariencia de un arco y flecha quincy.

-¿Le gusta, teniente? –la mirada de su ex subordinado era decidida, pero no arrogante-. Pero usted, de todas las personas, quizás necesite una... lección de humildad por una vez.

-Explícame qué rayos estás haciendo. ¿Por qué tú y tu pandilla atacarían al Juzgado en medio de un procedimiento y matarían a gente desarmada?

-Vaya, con que un avance, ¿eh, teniente? Al menos no ha dicho que hayan sido un montón de niños inocentes.

-¡Respóndeme de una vez!

-No estoy obligado a hacerlo, pero si insiste, sepa que nunca fue nuestra intención matarlos. De hecho, lo discutimos mucho, pero acordamos un programa justo. El miedo prescinde de una carga injusta de sufrimiento, si con un poco alcanza para marcar la diferencia.

-¿A qué te refieres?

-Al igual que usted, soy un shinigami de pleno derecho. Aunque soñábamos con llegar más lejos y formar parte de quienes toman las decisiones. Por eso, estudiamos un tiempo con los aspirantes a jueces. Bueno, mi grupo hubiera buscado aspirar a tomar parte en el Juzgado, pero abrimos los ojos a tiempo, menos mal.

-No lo entiendo. O eres un shinigami o eres un juez, no hay término medio.

-¿Es eso así? La verdad, ya no importa. En fin, no queríamos que se metieran con nosotros y nos expulsaran de la Academia por nuestras actividades, así que se nos ocurrió una idea: infiltrarnos en la Escuela de la Ley Espiritual y espiar para alguien.

-¿Espiaban a los aspirantes a jueces? ¿Podrías caer aún más bajo?

-Tómelo como quiera. Lo que necesita saber es que espiábamos a esos cerdos aristocráticos bajo órdenes de un shinigami. Pero no tiene por qué saber la identidad de nuestro antiguo empleador. Ahora, mejor acabemos con esto, el día es joven y no quiero desperdiciarlo más.

-¡Pagarás por todos tus crímenes, todo tu grupo de renegados lo hará! ¡Wabisuke, mostrémosle a este traidor el peso de sus actos deshonestos!

-Preferiría que me mostrara el peso de la lealtad.

-Estás divagando.

-No lo sé, teniente. ¿A qué o a quién es leal usted? Dos capitanes traicionándolo por la espalda no pudieron haberlo dejado indiferente.

-¡Mi lealtad está con la gente de la sociedad de almas, deberías saber eso! ¡Y con el capitán Otoribashi y mis compañeros shinigami de todo el Seireikei! La pregunta es, ¿a quién sirves tú?

-A mis principios e ideales. ¿A quién sirvo? ¿No es obvio?

Izuru se preparó para atajar el primer tiro, apretando la empuñadura de Wabisuke con fuerza, apreciando el peso de su Zampakutou y lo que representaba.

-No, ¿te importaría iluminarme?

-¿A mí mismo, claro!

El teniente Kira intentó acercarse a Taiga, pero éste comenzó a dispararle flechas a gran velocidad, obligándolo a retroceder y desviar cada disparo, que se disolvía con cada estocada de Wabisuke.

-Conozco su estrategia, teniente. En cuanto consiga golpearme con su Zampakutou, me convertiré en la montaña de un hombre, y no en un buen sentido. Sin embargo, tendrá que esforzarse más si quiere repartir su moral sobre mí.

Taiga ahora colocó no una sino dos flechas en su arco, apuntándolas al teniente, quien le lanzó una mirada desafiante.

-¿Así que planeas cansarme con tus disparos? Por favor, no nací ayer.

-Ni yo. ¡Hazlo correr hasta la muerte, Hayai!

Esta vez, Izuru desvió la primera, pero tuvo que saltar fuera del camino de la segunda para evitar ser decapitado. Entonces, en lugar de disolverse, ambas flechas explotaron, creando una breve cortina de humo a su alrededor.

-Tus crímenes no quedarán impunes, te lo aseguro.

-¿Qué hay de los crímenes de la gente del Juzgado? ¿O de los de los nobles?

-Sabes que las leyes han comenzado a cambiar, ¿por qué mencionarlos justo ahora?

-Es un poco tarde para eso, ¿no le parece? Después de todo, la Central ahora es un triste recordatorio. Nadie necesita un sistema tan injusto. ¡Mi equipo creará un sistema nuevo y mejor! ¡Y ese cambio empieza ahora!

-Vivimos para hacer cumplir las leyes. ¿Quién te has creído tú para actuar diferente?

-¡Entonces, quizás ya sea hora de cambiar las cosas!

Taiga cargó y disparó casi simultáneamente cinco flechas de reishi contra su ex teniente, quien tuvo que moverse con rapidez para conseguir evadirlas; destruyó las tres últimas, que iban dirigidas hacia su cabeza, pero cuando explotaron, apenas consiguió alejarse para evitar quedar atrapado en la onda expansiva resultante.

-Debo tener cuidado –farfulló-. El próximo en explotar podría ser yo.

-¡Muy cierto, teniente Kira!

-¡Detén esta locura ahora, es una orden!

-¿No me escuchó? ¡No estoy obligado a seguir sus ridículas órdenes!

Taiga cambió de idea, y en lugar de dispararle directamente, empezó a disparar al suelo frente al teniente, obligando a Izuru a saltar y correr antes de cada impacto, mientras el suelo se estremecía por la lluvia de disparos.

-No te saldrás con la tuya, Rurokishi.

-Veremos.

Taiga comenzó a moverse mientras disparaba, intentando abrumar al teniente. Éste continuó evadiendo y desviando cada disparo, pero sabía que, si no cambiaba su estrategia, tarde o temprano sería alcanzado por uno de los proyectiles.

De repente, su oponente desapareció bajo el humo de las últimas explosiones, reapareciendo a pocos metros a su espalda y dirigiéndole una patada a su costado, que apenas esquivó. Izuru rodó por el suelo para alejarse, mientras el otro se reía.

-Oh, mal movimiento, teniente.

Izuru se preguntó a qué se refería, pero en cuanto se reincorporó, lo supo. EL suelo expelía humo y chispas, y acababa de chocar con una al levantarse, consiguiendo una leve quemadura en su brazo.

-Tendrás que hacer mucho más si quieres vencerme.

-Eso ya lo sé. ¡Velocicruz!

Los pies de Taiga fueron cubiertos por un halo blanco, y desapareció frente a sus ojos.

-¡Claro, por eso no lo vi moverse! ¡Rayos, incluso no puedo sentir su firma espiritual!

Izuru respiró profundo, concentrándose. Si se desesperaba, acabaría siendo derrotado. Sólo tenía que mantener la calma sin dejar de permanecer alerta, y podría...

Antes de que pudiese reaccionar, sintió que alguien aparecía a su lado y lo golpeaba sin piedad. Lo único que vio fue el ahora gran arco azul brillante saliendo de la nada y apuntando en su dirección.

-Segundo error, teniente –le escuchó decir por encima de su cabeza-. Nunca permita que un arquero lo golpee con su arco en lugar de sus flechas.

Izuru rodó hasta detenerse en una columna derrumbada, pero se reincorporó a pesar del dolor. Su torso ardía horriblemente, un corte profundo con la forma del arco de su adversario adornaba ahora su costado, brillando como una ascua encendida.

-Impresionante. Hayai debería haberlo dejado inconsciente. ¡nadie antes había soportado un golpe como ése y consiguió seguir en pie!

-Bueno, sabes lo que dicen, hay una primera vez para todo –Izuru reprimió un gemido de agonía, presionando su mano libre sobre la herida abierta y cauterizada, de la cual aún salía humo-. No importa qué, te... detendré...

-Admiro su valor y determinación. Es el primer oponente digno que tengo en muchos años.

-¿Por qué importa? ¡Te he perdido el respeto desde que supe que estuviste involucrado en una masacre!

-Lo llamaría retribución. Pero ni esas personas nos respetaban ni nosotros a ellos, y seamos sinceros, teniente, pero nunca eso fue más cierto entre jueces y shinigamis.

-¿Hablas de respeto? ¡No tienes suficiente honor para ser un segador de almas!

-Ya no soy un mero segador de almas, teniente. Soy un Cazador de almas.

Por un segundo, la imagen del arquero parpadeó ante los ojos del teniente, y en el lugar del anterior relampagueó un Taiga Rurokishi con un aspecto ligeramente distinto. Ya no portaba la túnica con la insignia característica del Tercer Escuadrón, sino un conjunto azul y verde con un tigre o un animal similar en el centro con la boca abierta y las garras hacia afuera. Algunas rayas negras cruzaban sus brazos horizontalmente. En ambos hombros, un par de remolinos dibujaban los símbolos del infinito. La imagen del shinigami renegado parpadeó una vez más y, al segundo siguiente, volvía a tener su aspecto habitual.

-Qué lástima, teniente. Pero yo que usted, apreciaría haberme ganado el respeto de mi oponente antes de morir.

-¿Qué estás...?

Pero no tuvo la oportunidad de terminar su pregunta, porque Taiga asumió una postura extraña, a la vez que procedía a arrojar su arco al cielo, donde se perdió de vista. Mientras pronunciaba un cántico en voz baja, su carcaj se desvaneció, y el arquero ahora desarmado se puso a cuatro patas en el suelo, dibujando un círculo a su alrededor. A toda velocidad, elevó sus manos al cielo, apuntándolas luego al teniente desconcertado.

-No es a mí a quien debería estar mirando, teniente, aunque soy lo último que verá.

-¿Qué?

-¡El cielo es la meta, ganar o perder condenan! ¡Hayai, Carrera de la Muerte!

En cuanto Izuru consiguió mirar hacia arriba, su corazón se detuvo en su pecho. El arco de Taiga volaba sobre sí mismo a gran velocidad, creando un pequeño torbellino de energía de color azul. El cielo a su alrededor se encontraba cargado con electricidad, aunque no había una sola nube a la vista.

-Fue un honor conocerlo. Adiós.

Izuru Kira no tuvo tiempo de replicar, porque varios centenares de rayos atravesaron el cielo sobre su cabeza, como si un portal acabara de abrirse sobre él. Un segundo se sintió como una eternidad, justo antes de que los rayos lo alcanzaran, separándolo de su entorno; entonces lo supo.

El extraño vórtice azul no era un vórtice, sino un arco giratorio; y los rayos no eran rayos, eran flechas de energía que adquirieron el aspecto de láseres, impactando pero sin explotar, siendo absorbidas por el suelo antes de ser reemplazadas por nuevas flechas a la velocidad de la luz.

-¡No puede ser! ¡Rurokishi, deja de jugar y pelea!

Izuru Kira obtuvo una respuesta algo shockeante. Mientras tanto, le era imposible moverse. Fue entonces cuando supo que no era fuego sino electricidad de lo que estaban hechas las flechas de su enemigo.

Una flecha cayó a milímetros de su rostro, pero cuando la golpeó para apartarla, su brazo chisporroteó, arrancándole tanto un quejido de dolor como a Wabisuke de sus manos.

Lo último que vio fue cómo las flechas láser que formaban paredes infranqueables de energía azul a su alrededor se separaban, convirtiéndose nuevamente en flechas tangibles, antes de llover con la fuerza de un vendaval sobre su cuerpo ya magullado, un torrente de cuchillas ígneas hechas de energía con la forma de flechas.

Un ruido ensordecedor, similar al que haría un artefacto electrónico al ser cortocircuitado, invadió repentinamente sus oídos, y el teniente del Tercer Escuadrón sólo pudo caer de rodillas y cubrirse la cabeza con las manos como única defensa. Sus ojos se cerraron y todo explotó.

A lo lejos, Rose Otoribashi detuvo el golpe, que hubiera dejado a la capitana Sui-Fong fuera de combate en segundos.

Ella también se detuvo, aunque no bajó la guardia. Si fuera posible, permaneció aún más alerta que su colega, apretando a Suzumebachi en su mano con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

-No.

-¿No qué?

-¡Es Kira! ¡Creo que acaban de matarlo! ¡Tengo que comprobar su estado!

-Un momento, acaba de conseguir que los Ryoka escapen, ¡ni se crea que me voy a quedar de brazos cruzados ante esta insubordinación!

-¡Entonces deje de holgazanear y pida ayuda! ¡necesitamos encontrar a los demás!

-¿Cómo se atreve? ¡Haré que lo degraden por esto!

EL capitán Otoribashi no se dignó a ofrecer una disculpa, o una réplica, como lo sugerían sus dientes apretados. Habiendo interrumpido su posible conflicto, Rose Otoribashi salió corriendo, siendo seguido a regañadientes por Sui-Fong.

Una vez el humo se hubo despejado, se pudo distinguir el paisaje de devastación producto de la batalla. Taiga Rurokishi caminó hacia su ex teniente ahora caído, quien se hallaba con los ojos cerrados. Su cuerpo se había convertido en un desastroso montón de quemaduras y demás heridas grabes. El Cazador recuperó su Zampakutou, antes de hacerla desaparecer con un destello. Su carcaj también se desvaneció, dejándolo ahora sí realmente desarmado.

Se arrodilló frente al cuerpo de su ex teniente, pero cuando fue a colocarle una mano sobre el pecho, se topó con Wabisuke, que había quedado semienterrada en el suelo ahora arruinado. Apartó la mano ahora herida, sintiendo cómo, pese a la derrota de su portador, la Zampakutou seguía en su forma Shikai, de modo que el corte que acababa de infligirse involuntariamente tuvo un efecto inmediato, haciendo que su brazo cayera a su costado, pesándole el doble.

-¡Maldición! ¡El tiempo está corriendo! ¡Vamos, vamos!

En lugar de apartarse, Taiga utilizó su mano buena, apresurándose a trazar una serie de movimientos sobre el cuerpo de Izuru Kira. De pronto, una serie de cruces de energía se materializaron sobre cada una de las heridas mortales del teniente, cerrándose y cicatrizándose a toda velocidad. Incluso cerró la herida de su torso, de cuyo recuerdo ahora una fea y larga cicatriz era el único recuerdo.

-No estaba jugando, teniente Kira. Lo lamento.

Una vez hubo acabado su trabajo, el Cazador se apartó, secándose el sudor de la cara. Sólo entonces curó su propia herida, aunque el peso adicional de su brazo no desapareció.

-Las cosas que hago por la justicia.

En ese momento, sintió dos cosas. La primera fue el vuelo de una mariposa infernal solitaria, cuyo mensaje se aclaró una vez voló sobre su hombro izquierdo.

-¡El enemigo ha hecho su movimiento! ¡La Central 46, que creíamos que era el lugar más seguro de la sociedad de almas, acaba de explotar! –la voz del Capitán Comandante era clara-. ¡Todos deben dejar sus patrullas y volver a sus respectivos escuadrones de inmediato para recibir nuevas órdenes! ¡Repito, abandonen sus patrullas y regresen a sus respectivos sectores lo antes posible! ¡Un enemigo formidable anda suelto y no tenemos idea de su verdadero número, habilidades o intenciones!

-Qué bien. Menos mal que Teihaku me guardó una mariposa infernal para mí.

Lo segundo que notó fue una cruz flotante prácticamente invisible, que se materializó al lado de su oído al siguiente instante de que espantara a la mariposa infernal manipulada.

-Debemos reagruparnos –dijo la grabación de la voz de su líder, Eiji Fujiwara-. Reúnanse conmigo en nuestra base en cuanto puedan. Fujiwara fuera.

-Presumido.

Taiga negó con la cabeza, antes de apretar el diminuto dispositivo en su mano, el cual comenzó a brillar peligrosamente. El shinigami renegado lo arrojó lejos, viéndolo estallar en una nube en el cielo.

-Demasiado rápido para mi gusto, como me temía. Siempre demasiado rápido.

Sin otra palabra, sus pies se cubrieron de aquel as blanquecino, justo antes de desaparecer.

-Ya no puedo sentirlo –dijo Uryu, deteniéndose junto con su grupo-. El arma quincy o lo que sea que haya sido eso... simplemente se fue.

-Como sea... –Chad se encogió de hombros a su lado.

Acababan de llegar a un pasadizo que, según lo que les había indicado Rangiku, los llevaría a un lugar seguro.

-Espera un segundo, ¡seguimos aquí! –saltó Vinnie, indignado.

-Eh, ¿no se suponía que esto nos llevaría lejos de aquí? –Dave expresó su propia queja.

-Es esto o quedar en el centro del lío, ¿qué prefieren? –Chad los atajó.

Todos miraron a su alrededor. Estaban en la parte superior de una escalinata subterránea, por la cual acababan de subir apresuradamente durante lo que les parecieron horas. Más allá, se podía dislumbrar un escritorio con su respectivo asiento.

-No me digas. ¿Planean meternos en una oficina como refugio? –se quejó Roger.

-¿Qué somos, oficinistas aburridos? –lo secundó Coop.

-Hm, estamos en la oficina de... ¿Shinto Kiri-same? –Orihime señaló un cartel en la pared frente a ellos.

-Sí, y dentro de su biblioteca personal, justo en su parte inferior –aclaró Uryu, mirando hacia una escalera de caracol donde debería haber una ventana.

Los amigos no parecían convencidos, pero decidieron bajar la cabeza y sentarse en derredor del escritorio, aprovechando las cómodas almohadas que alguien había colocado allí convenientemente.

-Eh, no sé, ¿está bien que, coo, nos quedemos aquí?

-Bueno, el dueño de este lugar no está, no puede echarnos –se jactó Vinnie.

-¡Miren esto!

-¡Roger! –saltó Lina, furiosa-. ¡no toques eso!

-¿Qué? Son sólo un montón de papeles viejos y arrugados, uh. ¿Y esto es parte del trabajo de un shinigami?

-No es correcto, pero quizás...

Esta vez, para sorpresa del grupo, fue Chad quien levantó una de las innumerables pilas de papeles del voluminoso escritorio del oficial del Primer Escuadrón, actualmente ausente.

-No lo sé, Chad, ¿estás seguro de que fisgonear es una buena idea? –Orihime reaccionó con reticencia.

-Bueno, incluso si no hay nada aquí de importancia, no puede hacer daño mirar, ¿verdad?

-¡Uryu! –ahora fue Orihime quien saltó indignada.

-Shh, estoy intentando entender esto.

-A ver.

Uryu encendió un interruptor en la esquina, sacándolos de las sombras, para alivio de todos.

-Para ser gente tan tradicional, saben aprovechar los avances tecnológicos, quién lo diría –Lina se cruzó de brazos.

-Wow. Esto es... demasiado.

El grandullón volvió a colocar la pila de papeles en el centro del escritorio, donde recibió ahora toda la atención.

El documento actual era una ficha de identidad, con un nombre desconocido. Alguien había tachado con lápiz una cruz diminuta al final de cada detalle, edad, antecedentes, promedio.

-¿Qué es todo esto? ¿Y qué hace el señor Kirisame con todos estos expedientes?

Uryu apartó el primer documento, y fue pasando por una veintena más que había debajo, obteniendo un panorama similar.

-Bueno, estaba buscando información sobre Yuki, ¿hmm? –Orihime fue quien habló, pero ella misma no supo si estaba respondiendo o preguntando.

-Aquí hay más –Lina y sus amigos se habían puesto manos a la obra.

La perrita desplegó otro conjunto de archivos, éste enfocado en almas no shinigami a las que parecían faltarles algunos datos.

-Es su trabajo, no deberíamos meternos con lo que no nos corresponde... –empezó Dave, débilmente.

-¿Qué hay de esto? –Roger arrojó un tercer montón de papeleo, arrancando al grupo una exclamación colectiva.

-¡Dios mío! –gritó Orihime.

-¡Es un archivo sobre nosotros! –dijeron los demás, tan perplejos como ella.

Los documentos contenían una imagen de cada uno de sus rostros, incluyendo sus fechas de nacimiento, sus edades exactas, poderes espirituales, lugares de residencia, etc.

-¡Miren, el supuesto detective tiene más esqueletos en el armario! –saltó Vinnie, llamando nuevamente su atención.

De un cajón escondido en el escritorio, extrajo un montón de fotografías de diferentes personas. Los humanos se quedaron desconcertados por algunos de los rostros, mientras recibían miradas interrogativas.

Habían muchas fotografías, algunas sacadas en solitario, otras grupales, las más de personas desconocidas para los humanos.

-¿Ése no es el ex Capitán Comandante Yamamoto? –dijo Chad, extrañado.

En efecto, había una foto del legendario ex Capitán Comandante, aunque parecía más joven que la última vez que lo habían visto.

-¡Y miren! –dijo Uryu, tomando otra fotografía-. ¡Nosotros estamos aquí! ¡Maldito espía!

En efecto, se trataba de una foto de grupal de la vieja pandilla, ellos tres alrededor de Ichigo, Rukia y Renji, los seis posando juntos en el parque. Parecía reciente, como si la hubiesen tomado hacía poco.

-¡Aquí hay más trapos sucios! –gritó Jobeaux, sin poder ocultar su emoción.

Sus amigos se voltearon hacia él, encontrando un escritorio secundario en la parte trasera de la oficina, de cuyos cajones el goblin empezó a extraer indiscriminadamente montones de documentos que se esparramaron por el suelo. Sacó uno que le llamó la atención de sobremanera.

-Uh, ¿chicos? ¿Quiénes son los Cazadores de almas? –inquirió el goblin, levantando algo hacia la luz.

-No lo sé, pero no me gusta cómo suena –dijo Uryu, compartiendo una mirada confusa con sus amigos.

Era un simple trozo de papel arrugado y gris con esas palabras escritas apresuradamente, con el dibujo de una cruz hecha con tinta negra debajo y, bajo la misma, un signo de interrogación.

-Creo que alguien nos debe a todos algunas respuestas –dijo Lina, y los demás asintieron de acuerdo.

Brick: sí, otro capítulo y otra batalla inolvidable! Seguramente nadie se esperaba el final, eh? Izuru Kira está fuera de combate, pero por qué Taiga repentinamente le perdonó la vida? Qué digo, si hasta lo curó! En serio, qué rayos le pasa! ¿Alguien me lo explica, por favor? Tú, autor loco, explícanoslo ya!

Yo (luchando por zafarme del agarre de hierro de Brick y consiguiéndolo con cierta dificultad): qué? No me mires a mí, tú también estás metido en esto! (el pelirrojo me lanza una mirada mortal, con ambos ojos a punto de lanzarme un doble as de rayos). Espera, espera! OK, tengo más preguntas llegando para los lectores! Será que Shinto tiene algunos secretos que podrían perjudicarlo si algunas cuantas personas se enterasen? Hmm, ahí va la confianza del Capitán Comandante Kyoraku, no?

Brick (apagando su visión de rayos): sin contar la de los amigos de Ichigo. Bueno, tres de ellos, como que ni Rukia ni Renji le tienen mucha simpatía. Mientras tanto, al tipo parece que se le quemaron los papeles y que el truco no está a su favor. Entendiste? Truco, porque el tipo es un maestro de las cartas mágicas! Jaja!

Yo: hm, mejor sigue mi consejo, Shinto Kirisame: cambia tu juego si vas a dejar el solitario por el truco, je.

Brick: ay no, y yo que creía que era de los buenos!

Yo: sin comentarios. Mientras quiera conservar mi cabeza, no haré spoilers, muchas gracias!

Brick: no olviden comentar, si no lo hacen, recibirán un nuevo shock! Y no soy fan de las sorpresas desagradables!

Yo: en el próximo capítulo, otra batalla, otra paliza. Otro teniente contra un Cazador, me pregunto quién será.

Brick: ustedes y yo, queridos lectores, aún no lo adivinamos!