N/A: he aquí un nuevo capítulo.

Brick: mi alter ego me pidió que les diga que éste es nuestro regalo navideño atrasado, jeje.

Capítulo 28

Cuestiones pantanosas

La teniente Momo Hinamori y su (supuesto) subordinado, Busshu Namekuji, se dirigían a toda velocidad a la Central. O eso creía ella.

Por más que corrían, no parecían acercarse un metro al lugar de las explosiones. Momo empezaba a sentirse desesperada, aunque lo ocultaba bien.

-¿Qué ocurre? ¿Dónde está la Central? ¿Y por qué de pronto hay tanta niebla?

Busshu Namekuji falló en ocultar sus risas ahora, siendo notado en seguida por la teniente.

-¿Qué es tan gracioso, eh?

-Bueno, resulta que estuvimos caminando en círculos todo este tiempo... Acabamos de meternos en un área llena de una extraña niebla... ¡debe ser un truco de los ryoka, están intentando tendernos una emboscada!

-Sí, ¿y qué es tan gracioso sobre eso como para que te estés riendo? ¡Tenemos que salir de esta maldita neblina y llegar a la Central cuanto antes!

-Eh, pues... ¿intentando buscarle el lado positivo a la situación? ¡Sí! ¡Es eso! Quizás los ryoka nos tienen miedo, y por eso están intentando confundirnos con esta neblina, hmm, puede que sean más estúpidos de lo que creen...

-Ya, no me importa lo que estén sintiendo, es obvio que se creen unos listillos, esos ryokas...

Sin embargo, la teniente Hinamori paró en seco de repente, y su actual acompañante a tropezar con ella, a punto de caerse estrepitosamente por el suelo.

-¡Ay, teniente, por favor avise si se detienen de la nada, no estoy acostumbrado a correr tanto!

Momo miró en todas direcciones, con un creciente sentimiento de alarma cada vez más presente. Sólo cuando se giró para reprender a su aparatoso compañero, notó que algo iba terriblemente mal, y no se trataba sólo de la neblina.

-Espera un segundo. ¿Cómo supiste que estábamos caminando en círculos?

-Reconozco esa columna rota de hace media hora, por eso. Comienzo a preguntarme si fue una buena idea venir por aquí.

-No es sólo eso. El clima de esta área es... anormal.

-¿Ah, sí? A mí me parece completamente normal este clima húmedo, ¿no cree?

-A ti tal vez no te afecte, idiota, tú provienes de una zona húmeda, diría una de las peores del distrito Rukón, pero no tenemos pantanos aquí adentro. Si alguno de nuestros capitanes o la gente del Juzgado hubiese pensado en construir un pequeño humedal por aquí, creo que me habría enterado, ¿no?

-Uh, lo que diga, teniente.

-¡Por Dios, qué asco! ¡Este lugar apesta, y sé cómo huele la cocina del capitán cuando no la limpia! ¡Eso es un jardín aromático en comparación!

-Nah, no es para tanto. Además, este lugar es idóneo para mí, qué lástima que no le guste.

A su alrededor, poco a poco, el paisaje había cambiado completamente. Desaparecieron los pasillos y paredes, siendo reemplazados por un entorno pantanoso, lleno de juncos y otras plantas que la teniente no consiguió reconocer. Sus pies acabaron por hundirse en una parte particularmente oscura, y lo que al principio le pareció un charco resultó ser una laguna poco profunda y estancada.

-¡Namekuji, un poco de ayuda sería bienvenido! ¿Eh, Namekuji? ¿me escuchas?

-¡Ja, ja, ja! ¡Nunca creí que la vería hundirse en aguas pantanosas, teniente! ¿Es taaan gracioso!

-¡Yo te enseñaré lo que es gracioso, en cuanto salga de estas aguas asquerosas!

-Qué lástima, no me interesa en lo más mínimo su opinión, teniente. En su lugar, creo que seguiré adelante. ¡Pero no se preocupe, le mandaré una mariposa infernal al capitán para que traiga a alguien del Escuadrón 4, para sacarla de ahí!

En efecto, y para sorpresa y fastidio de Momo, Busshu Namekuji se deslizó hábilmente entre los arbustos y lianas pantanosas como si nada, llegando incluso a saltar sobre los juncos y utilizarlos de trampolín para impulsarse hacia delante. Cayó sin salpicar demasiado al lado de la teniente, y comenzó a flotar sin prisas lejos de ella, encaramado sobre un enorme junco, a modo de balsa.

Sin embargo, y antes de que pudiera alejarse lo suficiente, el risueño shinigami fue salpicado por una ola de aguas verdes, lo que lo obligó a preocuparse por sí mismo, ahogándose con su propia risa y escupiendo el agua con furia.

-¿Qué rayos?

-No pretendías dejarme atrás, ¿verdad?

Para su asombro, la teniente había conseguido desembarazarse de los juncos y el barro que la tenían sujeta y, con toda la elegancia que le fue posible en un entorno tan repelente para su gusto, se había lanzado sobre la espalda del sinvergüenza que trataba abandonarla, regalándole una mirada furibunda.

-Ups, jeje, esto... ya sabe, teniente, ¡no era mi intención dejarla ahí! ¡Sólo bromeaba!

-Entonces, ¿te importaría explicarme cómo rayos supiste que estábamos caminando en círculos desde el principio?

-Está bien, podría habérselo dicho, sólo creí que no le sentaría mal una buena broma.

Momo echaba chispas de pura indignación por sus ojos chocolate. Su moño habitual se había ido, y en su cabello y su traje predominaban el barro y la suciedad del pantano.

-¿esto te parece una broma? ¡Voy a suspenderte en este instante! ¡El capitán se enterará de esta humillación!

-¿Lo hará?

-¡Claro que sí! ¿Por qué pensarías lo contrario?

-Pues, porque no me gustaría para nada una reprimenda... –de repente, Busshu ya no bromeaba; su rostro había perdido toda apariencia de bromista, y ahora parecía inquietantemente irritado-. Lo siento, pero no puedo permitir que Hirako se entere ahora mismo, ni que llegue a la Central.

-¿De qué estás hablando?

-Uh, no soy partidario del desmembramiento, por eso. Ryoketsu me comería vivo si nos entrometiéramos en su pelea ahora mismo, y ésa no es necesariamente una metáfora.

-Espera, ¿qué quieres decir? ¿Qué está pasando? ¿Y quién es Ryo queso?

-Por ahora, es mejor que no lo sepa. Y otra cosa, teniente, ¡bájese de mi junco ahora mismo!

Antes de que Momo consiguiera poner un gramo de sentido en todo el asunto, fue violentamente arrojada de la balsa improvisada, aunque, esta vez, su capacidad de reacción rápida, combinada con su habilidad con el kido, la salvó de un espantoso baño de pantano. Consiguió convocar un bakudou de agarre en el último momento, aferrándose a un enorme arbusto irregular.

-¡Oye! ¡Nadie me lanza de una embarcación en movimiento por fea que sea! ¡Esto es traición! ¡No toleraré esta clase de comportamientos, me escuchas!

-Oh, su voz me está destrozando los nervios, ¿no podría callarse de una vez?

-Ahora lo entiendo –dijo repentinamente la teniente-. ¡debes ser uno de ellos, uno de esos locos de la conspiración! ¿Es eso?

-Un poco tarde para comentar eso, teniente. Pero sí, soy un Cazador de Almas.

-Y un chiflado. ¡No te saldrás con la tuya! ¡Hadou número 33, tsu...!

-¡Atrapacruz!

Una cruz de energía brilló en la mano regordeta del enemigo, antes de materializar una serie complicada de lazos y cuerdas, que habrían atrapado a la teniente, si no fuera porque ella saltó de su posición a tiempo de evitar su captura.

-¿Qué es eso, un kido especial o algo así?

-Stavromancia, teniente. ¿Es que no se entera de nada?

-Una adivinanza no va a salvarte, ¿me oyes?

-¡Dios, no la soporto más! ¡Hijo del sumidero, padre del pantano, hermano del arroyo! ¡Sumerge, Soji to Rasshu!

Cuando Momo logró ponerse de pie, apenas, erguida peligrosamente sobre un tronco flotante, sus ojos se abrieron con asombro y, tuvo que admitirlo, algo de miedo.

La Zampakutou de su oponente, una que nunca antes había visto en su vida, debido al poco tiempo que llevaba su portador en el Quinto Escuadrón -¿un año?-, tenía una forma particularmente extraña. La hoja semejaba un junco largo y verdoso, mientras que el mango, de un gris azulado, y la guarda, entre rosa y Lila, tenían el aspecto de una salvia cortada en varias partes, con dos pequeñas hojas a cada lado. Asimismo una suerte de higuera, del mismo color que la hoja, la rodeaba de lado.

-¡No me importa qué estrambótica excusa tengas por Zampakutou, no te saldrás con la tuya! ¡Arde, Tobiume!

La ahora enfurecida teniente liberó su propio Shikai, pero la humedad la estaba comenzando a sacar de quicio.

-¿Qué pasa, teniente, este ecosistema no es de su agrado?

-¿Por qué, no quedó claro?

-Oh, entonces eso lo dice todo. Sólo espero que recuerde su... entorno... jeje.

-Pero no lo entiendo, tu peinado parece un cactus, ¿no se supone que lo tuyo son los desiertos?

-Ah, así que conseguí confundirla, qué bien. Pero no me gusta extender las cosas demasiado, así que mejor acabamos con esto.

Momo le arrojó una serie de bolas de fuego, y fue su mayor error. Busshu se limitó a saltar a otro junco cercano, al mismo tiempo que utilizaba el impulso para patear la balsa incendiaria en dirección a la teniente desprevenida, que lanzó un grito de terror.

-Ups, olvidé decirle que hay algunas plantas algo inflamables, ¡qué tonto he sido!

Un par de salvias se habían enganchado en el junco, convirtiéndolo en una balsa bomba. La cual se precipitaba a la teniente a toda velocidad.

Momo saltó y se enredó en una liana que le salvó la vida justo a tiempo, incendiando el tronco en el que acababa de estar, antes de que el agua se tragara los elementos ardientes.

-Inundacruz –Busshu lanzó una pequeña ola en su dirección, sólo por si acaso-. Bueno, no queremos quemarnos vivos, ¿verdad?

-No puedo luchar bien en un entorno así. Tengo que descubrir un punto débil y explotarlo, y rápido.

-En fin, tenía curiosidad por saber de mi gremio, y hoy estoy de humor informativo. ¿Sabe qué hacemos los Cazadores de Almas?

-Obviamente no, gran genio.

-Bien, bien. Los segadores solemos purificar almas y conducirlas aquí a la sociedad de almas; los huecos, en cambio, esos monstruos que ya conoce, son las típicas bestias feas de la historia, teniendo que sobrevivir devorándose entre sí y a otras almas indefensas. Y los quincys no purifican almas, pero usan sus poderes para destruir huecos y jodernos la vida, etc. ¿Y los cazadores?, ¿qué nos queda a nosotros?

Mientras su contrincante hablaba, Momo comenzó a desenredarse lentamente, aprovechando su distracción y planeando en silencio. Mientras más tiempo lo mantuviera distraído, más probabilidades tendría de salir de ésta con vida y, con suerte, sin demasiado barro en su ropa.

-No lo sé, ¿qué hacen ustedes? Aparte de infiltrarse entre nosotros, quiero decir.

-Me gusta su curiosidad, teniente. En fin, somos selectivos y todo eso, ya. Digamos que no nos conformamos con facilidad. Así que, hmm, cazamos almas.

-No estás aclarando nada.

-Ya, lo sé, lo sé. No comemos almas, qué asco. Bueno, Ryo sería la excepción, pero no viene al caso. El punto es que, si no nos ensuciamos las manos como los huecos, ni matamos huecos por deporte, ni nos conformamos con los trabajos del shinigami habitual, ¿qué nos queda? ¿Adivina, teniente, adivina?

-Eres insufrible, ¿lo sabías?

-Está bien, no se complique. Le haré una demostración exclusiva, sólo porque me cae bien, ¿sí? ¿Lástima que no consiga repeticiones, pero tendremos que conformarnos.

-Mira, no me importa lo que estés intentando probar, pero seguro que estás loco. ¿Tu gremio? ¿hay más chiflados por aquí?

-Ufs, teniente, se está poniendo pesada, y no hablo del barro. Pero he aquí una demostración de mi, jeje, oficio. ¡Cosechacruz!

Una cruz negra acubrió la mano libre de Busshu, mientras palpitaba como un hongo maligno. El Cazador, entre tanto, apuntó su rara Zampakutou hacia su ex teniente, sonriendo con una fila de dientes desiguales y verdes.

-¿No quiere sumergirse un poco más, teniente? ¡Podría llevarse una sorpresa embarrada! ¡Ja, ja!

La Zampakutou disparó una especie de espora, pero Momo se hizo a un lado, con liana y todo, y el ataque, que explotó alrededor de otro junco flotante, resultó ser una especie de enredadera instantánea que se envolvió en su víctima, antes de aplastarla y hundirse.

-Menos mal que esquivé esa cosa –se dijo Momo para sí-. ¡Oye, tienes una puntería terrible! ¡Vuelve a la Academia, fenómeno!

-Va a perder este pelea, teniente, yo que usted me rendiría y correría al capitán por ayuda. Bueno, es su elección, pero conste que se lo advertí.

-Olvídalo, yo misma puedo encargarme de ti sin problemas. ¡Toma!

Momo prendió fuego a la liana de la que estaba colgada, antes de cortarla y arrojársela a toda velocidad, sorprendiéndolo y obligándolo a saltar lejos del ataque, que destrozó una totora cercana.

-¡Rayos! ¡Tengo que cosechar su alma ahora!

Antes de que se diera cuenta, tenía a la teniente a su lado, quien aprovechó su distracción para patearlo en las espinillas, antes de propinarle un rodillazo en su fea cara, lo que lo mandó a rodar por las oscuras aguas del pantano artificial que, según la intuición de Momo, era factura de su enemigo.

Busshu Namekuji se estrelló sin gracia contra un tronco partido, partiéndolo aún más, y comenzando a hundirse en las aguas turbias.

-¡Ja! ¿Quién se ríe ahora? Patán. Y eso es por ensuciar mi traje con este barro.

Hinamori se sacudió como pudo, pero su cabello estaba echo un desastre de barro y suciedad, y del resto ni hablar. Sólo esperaba que la torpeza de su ex subordinado le diera fin, y que no tuviera que continuar luchando en un entorno tan desagradable y húmedo.

Para su asombro, no fue así. Metros a su derecha, una masa de agua gris y barro flotó a la superficie, y emergió su oponente, escupiendo y farfullando con el rostro rojo de ira y humillación.

-¡Ya estoy harto! ¡Esto terminará ahora!

-¿Qué sucede? Creía que te gustaba el agua de tu pantano, mi error, supongo.

-¡Toma esto y esto!

El muy mojado y ahora enfurecido shinigami renegado disparó sucesivamente esporas de enredaderas asesinas una y otra vez, en vano. Momo ni siquiera tuvo que esforzarse en esquivarlas, aparentemente el muy idiota tenía los ojos anegados en barro, y no podía ver un metro por delante de sus narices.

-Hey, estoy por aquí, idiota –se burló ella, en tono jocoso.

Busshu balanceó furiosamente su Zampakutou en todas direcciones, pero nadie lo estaba atacando. Momo sólo tenía que esperar, y fue recompensada. El muy idiota acabó por enganchar su arma en una liana por encima de su cabeza, perdiéndola en el camino y resbalando hasta caer de cara al agua.

-Oye, esto es francamente entretenido, pero tengo una Central que comprobar. Creo que te veré en prisión, idiota.

-Puaj, ¡nada de eso! ¡Cosechacruz!

Momo se acercó por detrás, convocando un bakudou de captura, pero cuando estaba en proceso de atarle las manos, el shinigami empantanado consiguió plantarle su mano palpitante en su brazo, y tuvo que saltar para alejarse, presa de un repentino dolor.

-¿Qué es esto?

-Ja, ja, eso es –escupitajo- lo que hacemos los –escupitajo- cazadores, teniente, ja.

Momo se sujetó el área cerca del hombro izquierdo, donde la piel y el músculo comenzaron a hincharse como una picadura de alguna serpiente del mundo de los vivos. Pero, según su comprobación de venenos con un hechizo especial, cortesía de la capitana Sui-Fong, su cuerpo estaba libre de toxinas.

-¿Qué? ¿Namekuji, corta ya, esto no es gracioso!

-Lo siento, teniente, la cosecha ya ha comenzado, y sólo yo puedo detenerla. Podría, claro está, pero estoy casi completamente atado, más suerte en otro momento.

A pesar de hallarse exenta de toxinas, el cuerpo de la shinigami empezó a convulsionarse, al tiempo que las palpitaciones aumentaban de velocidad, y con la velocidad, aumentaba también el dolor. Se aferró con una mano a una planta acuática cercana, mientras apretaba su Zampakutou con la otra, mientras el dolor se descontrolaba.

-¡Detén la maldita cosa!

-¡No puedo, ya lo dije! Eso es lo que hacemos los cazadores: cosechamos almas.

-¿Y qué rayos significa eso? –dijo Momo entre espasmos.

-Básicamente, significa que sus días como teniente del Quinto Escuadrón se terminaron, jaja.

-¡No puedes ganar! ¡Eres un idiota y estás derrotado! ¡Así que mejor detén lo que sea que estés haciendo de una buena vez!

-Hm, lo pensaré...

Momo se puso de rodillas por el dolor, sintiendo cerca un desmayo mortal. Si se permitía flaquear, era posible que muriera, y no le daría esa satisfacción al invécil de cabeza de cactus por nada del mundo, eso no.

-¡No estoy jugando, Namekuji, para ya!

-¡Muy tarde, teniente! –pese a yacer de cara en el agua pantanosa, semihundido y atado mágicamente de pies y manos, Busshu Namekuji exudaba superioridad-. ¡En cuanto el proceso acabe, su alma y sus poderes serán míos, y seré imparable! ¡Seré tan fuerte como mis colegas, incluso más si la suerte me ayuda! ¡ja, ja, ja...!

En su desesperación, Hinamori acabó por arrojarle una de sus proverbiales bolas de fuego, y el antes risueño y burlón Busshu se convirtió en un aterrado y llameante montón.

-¡E-e-está bien, está b-bien! ¡ya deshago el hechizo, no quiero convertirme en un montón de cenizas! ¡Buahahaha!

Momo no tuvo más opción que soltar su Zampakutou, que se hundió a su lado entre las totoras; el brazo afectado inicialmente había cambiado para asemejarse a un miembro hinchado y rojizo, semejante al brazo de un pulpo o a un molusco gigante del mundo de los vivos, enorme y espantoso, y Momo comenzó a experimentar un dolor aún peor que el anterior. Era como si un gigante invisible acabase de colgársele del brazo, luchando por arrancárselo; podía sentir cómo los huesos desaparecían bajo la protuberancia monstruosa, y empezaba a perder la sensibilidad muscular. Luego, su torso y brazo restante experimentaron una transformación horrenda similar. Sin ser consciente de haber soltado la liana, se vio repentinamente en el suelo fangoso, mientras se permitía soltar un grito incontenible por el inmenso dolor.

Ella no lo sabía, pero en su espalda, por debajo de su capa ahora ensangrentada, acababa de surgir una cruz negra enorme y palpitante, sobre la cual, apresuradamente, Busshu colocó la mano responsable de su sufrimiento, entre los quejidos de ambos. En cuanto consiguió que mano y espalda hicieran contacto, se produjo un momento de inquietante silencio, durante el cual la teniente dejó de convulsionarse, justo antes de escupir un torrente interminable de un líquido semejante al barro del pantano, que produjo un pequeño estallido una vez hubo tocado el suelo.

Cuando todo se detuvo, Momo Hinamori yacía allí desarmada y agotada, todavía tirada en el suelo, pero aún viva. A su lado, el rebelde se sacudía agua y barro, y una sonrisa acababa de asomar a su boca hinchada y verde.

-Vaya, sigo viva. Y tú sigues ahí, qué sorpresa. Lo que no entiendo es por qué no me mataste.

-Podría haber cosechado un alma poderosa, pero si me quemaba vivo, todo mi trabajo hubiese sido un completo despropósito. Con eso aclarado...

De repente, Busshu recuperó su Zampakutou de la liana de un árbol y, a toda velocidad, descargó una de aquellas esporas-enredaderas a quemarropa sobre su costado, de modo que una especie de trepadora asesina verde la envolvió, a la vez que empezaba a succionarla; debajo de ella, las aguas turbias no hacían más que contribuir a su inminente final.

-¡Namekuji, eres un auténtico...!

Pero sus palabras fueron interrumpidas por la salvia asesina, que cubrió su boca y nariz rápidamente, a la vez que comenzaba a aplastarla de fuera hacia adentro.

-¡Bueno, bueno! –se jactó el traidor, nuevamente de pie y fresco como una lechuga, como si no hubiese estado a un palmo de morir cual babosa asada-. ¡Hoy no pude cosechar su alma, teniente, una pena, pero no importa! ¡Cuando encuentren lo que quede de usted, todos aprenderán lo peligroso que puedo ser! ¡Nadie volverá a burlarse de mí! ¡Toma eso, Eiji!

El shinigami patoso no era tan invécil como aparentaba, y lo próximo que hizo fue salir corriendo de allí, o mejor dicho arrastrándose, para salir del sitio de la pelea, ya que le era imposible hacer otra cosa en su estado actual. Detrás suyo, el entorno pantanoso que había creado se iba desvaneciendo a cada segundo, dejando a la teniente moribunda como única pista de lo sucedido.

-¡Maldición, estuve a un pelo de morir quemado! ¿Dónde está Sayuri cuando más la necesito?

A lo lejos, dos capitanes se defendían de sus golpes y patadas mutuas, pero se detuvieron tras un par de minutos. Shinji había acabado convenciendo a Lisa de descartar sus Zampakutous por el bien de su vieja amistad como Vizards, y habían terminado en una pelea que ninguno de los dos sabía si era o no una pelea real. Shinji sólo pretendía distraerla, mientras que ella quería darle una patada demoledora en la cara cuando pudiera encontrar una apertura.

Entonces, de repente, Shinji se hizo a un lado, con el rostro alterado, como ella sólo lo había visto antes de su batalla con Aizen en la falsa Karakura hacía tiempo.

-¿Qué ocurre? ¿ya estás tirando la toalla?

-Momo. –Ella le dio una mirada confusa, y él se explicó-: Es Momo, mi teniente. Esto...

-¿Sí? ¿Qué ocurre con tu teniente? ¿Está ella bien?

-¡Creo que podría estar herida! –Shinji le dio la espalda definitivamente, dejándose abierto a un ataque fácil, pero obviamente Lisa no se aprovechó-. Mira, dejemos esto para otra ocasión, ¡tengo que comprobar que ella esté bien!

-Mejor ni siquiera lo pienses. No volvamos a pelear, ¿está bien?

-Aunque sabes que tengo razón, ¿no?

-Sí, tienes razón –ante su momentáneo reconocimiento, que generó una sonrisa de su parte, agregó, para borrársela-: Al igual que yo.

-Olvídalo. ¡Tengo que comprobar que Momo siga con vida!

-Sí, haz eso ya.

-¿Estás loca? –en otra parte, Yin reprendía a una cansada Yuki-, ¡Esto es la boca del lobo para ti en este momento!

Acababan de detenerse en el barracón asignado a la shinigami prófuga, por suerte vacío en ese momento. Yang roncaba en la espalda de la mujer menuda, quien estuvo a punto de dejarlo caer al suelo, cuando consiguió que se deslizara sobre una mesa a un lado. La pelinegra estaba sin aliento por la carrera, la falta de energía, escasa a causa de permanecer atada al gigai, y más cansada aún por haber corrido los últimos kilómetros cargando a cierto conejo inconsciente.

-Mira, sé que suena como una completa locura, pero...

-¡Claro que suena loco, chiwa!

-...Pero conozco a mi capitán, y vi cómo le partía el corazón verme a punto de ser ejecutada. Sé que estaba de mi lado desde el principio...

-No me digas. Si estaba de tu lado, ¿por qué rayos no impidió que te cortaran a la mitad con esa cosa? –Yin se cruzó de brazos, echándole uno que otro vistazo a su gemelo inconsciente para asegurarse de que seguía en buen estado-. Admítelo, amiga, no parece muy creíble. Si no hubiésemos llegado a tiempo...

La expresión de la coneja se tornó pálida por un segundo, antes de recuperar su determinación anterior.

-Pero Yin, no es idea mía, te lo juro. ¿Por qué no confías en Kyoraku?

-En primer lugar, no conozco a ese tipo de nada. En segundo lugar, a menos que yo sea la loca aquí, fue uno de los que blandió esa hacha del demonio...

-Se llama Sangeki –la corrigió Yuki obstinadamente.

-...Esa hacha del demonio o lo que sea, y te hubiera convertido en polvo espiritual si no fuera porque llegamos justo a tiempo para detenerlos. ¡No pienso darle mi voto de confianza a alguien que participó directamente de tu casi asesinato!

-Está bien, admito que tienes razón en eso –Yuki suspiró, reacomodándose su akama casi deshecho-, pero tenía que guardar las apariencias. ¡Si fue él quien le dio el sello a Yoruichi para el caso! Sin su ayuda, todos estaríamos muertos a estas alturas.

-Lo que digas –la coneja desvió la mirada, irritada y obviamente para nada convencida-. Estaríamos muertos, en un lugar que supuestamente es el más allá... qué confuso.

De repente, una mariposa infernal entró revoloteando por la puerta entornada, volando alrededor de sus cabezas.

-Si aún están vivos, vayan a la Biblioteca de la Historia, está siendo utilizada como la Biblioteca Central provisionalmente, y es allí donde encontrarán a sus amigos –dijo una voz femenina familiar-. ¡Apúrense, el Seireikei es un completo caos, y eso es decir algo! Ahora es un buen momento, ya que los capitanes de todos los escuadrones están ayudando con los heridos en el Monte del Sokyoku, y los tenientes estamos siendo enviados a un peligro considerablemente mayor ahora mismo. ¡Deben llegar a la torre cuanto antes!

-¡La teniente Matsumoto! –saltó Yuki, una vez la mariposa se hubo ido-. ¡Oh, estamos salvados!

-¿De qué lugar se trata? –Yin la miró con un signo de interrogación en la frente.

-Es el despacho actual de Kirisame, el del mazo de cartas, ¿lo recuerdas? –ante la mirada escéptica de su amiga, agregó-: Ya sé, no nos dio una bienvenida muy cálida que digamos la última vez, pero si los demás están ahí, eso debe significar que Kyoraku ha aclarado las cosas, al menos con él.

-Está bien, dirige el camino.

Yuki procedió a volver a cargar al conejo azul, pero Yin la detuvo.

-Si sigues agitándote así, acabarás mal. Puedo hacerme cargo, si no te importa.

-Nah, tu hermano es liviano.

-Chiwa, supongo que no se puede razonar contigo a estas alturas –la coneja rosa se encogió de hombros.

En cuanto recogieron a Yang, volvieron a la carrera. Como Rangiku había dicho, los corredores estaban vacíos, por lo que disminuyeron un poco la velocidad, dejando la carrera por un trote ligero.

-Lo admito, ustedes le dan un nuevo significado a la palabra salud –le dijo Yin, secándose el sudor de la cara con una mano.

-Nos obligan a mantenernos en forma por si acaso. Nunca se sabe cuándo puede aparecer un nuevo Aizen o Yhwach, y cuando uno de ellos sigue vivito y coleando... –Yuki se interrumpió, estremeciéndose de miedo ante la idea.

-¡Allí! ¿es ésa torre?

-¡Oye, sí!

Suspiraron aliviadas al llegar a su destino, que por suerte distaba sólo un par de kilómetros del Primer Escuadrón.

Cuando abrieron la puerta, que estaba desbloqueada, su alivio dio paso a la alegría, al ser abordadas por sus amigos.

-¡están vivos! ¡Los tres! –Lina le dio un abrazo de oso a la coneja, antes de aplastar a la shinigami prófuga, abrazándolas a la vez.

-¡Qué, coo, alegría!

-¡Es un milagro! –Dave aplaudió.

-No teníamos duda de que volverían –dijo Roger, recibiendo un codazo de Vinnie.

-¡Mentiroso! ¡Estuviste llorando todo el día, no puedes ocultarlo!

-¡Hey, yo no lloro! ¡Dave era quien lloraba! ¿Verdad?

-De nada, pero gastaste mis pañuelos –se quejó el tocón, sin dedicarle siquiera una mirada.

-Es cierto, Roger, así que mejor no discutamos y... ¡Dios mío, Yang!

Jobeaux redirigió su atención al conejo inconsciente que, por el abrazo aplastante de Lina, se había deslizado sin ceremonias de la espalda de Yuki, y los demás se apresuraron a cargarlo y dejarlo en una mesa de las muchas que habían en la torre.

-Chi-wa...

-No... puedo... respirar...

-¡Uh, lo siento! –Lina las soltó, avergonzada.

-¿Están todos bien? ¿Yang está bien?

Orihime se veía visiblemente alterada, y sus amigos tuvieron que señalarle al conejo, así que dejó de preguntar para encargarse de revisarlo en su lugar.

-Nosotras estamos bien, sólo me golpearon en la cara, pero no es nada grave –dijo Yin a toda velocidad, cubriéndose un moretón en la mejilla.

-Deberías ponerte hielo por lo menos –a su lado, Lina la observaba con gesto crítico.

-Por favor, Lina, tuvimos cosas peores que moretones cuando éramos niños, y ni hablar de los huecos –la atajó la coneja, enfurruñada.

-Lo siento, está algo alterada –Yuki se interpuso entre ambas, con una sonrisa de disculpa-. Nos topamos con un idiota de camino hacia aquí, pero...

-¿Lucharon con uno de esos Cazadores? –Uryu la interrumpió, y los demás compartieron su mirada de asombro.

-Eh, esto, algo así –respondió Yin, algo más relajada-. Digamos que Yang y yo luchamos con él, Yuki obviamente no, sigue sin fuerzas por el gigai, uh.

-Vaya, así que luchaste con él. ¿Cómo es eso? –continuó su interrogatorio un Uryu curioso.

-Yang perdió los papeles, e intentó intimidarme... ¡Pero no lo consiguió! ¡Le di una lección con mi Bankai, sí!

-Hm, ¿no se supone que Yang era el que siempre se jactaba de estas cosas? –Yuki le preguntó a una Lina con una expresión divertida en su rostro.

-Yin tiene sus momentos –le explicó la perrita escuetamente.

-¿Ya un Bankai? ¡Debe ser un deja vu!

-Eh, ¿sí? ¿Por qué la sorpresa?

-Ichigo también obtuvo su Bankai en poco tiempo –aclaró Chad, pero él mismo tampoco logró ocultar su asombro.

-Adivinaré –lo interrumpió Uryu, sonriendo-, ¿Yoruichi te ayudó?

-¡Sí! ¿Cómo lo supiste?

-Ella nos ayudó una vez. Aunque no lo sé, quizás le caigas bien.

-Ejem –Chad le lanzó al quincy una mirada desaprobadora-. Ella nos entrenó, nos trajo hasta aquí...

-¡Ya, eso no importa! ¡Tiene un Bankai!

-¡Ya está!

La voz alegre de Orihime interrumpió su charla animada, aunque continuó una vez comprobaron que Yang estaba bien.

-Sufrió un golpe en la cabeza, junto con una disminución leve en su nivel de reishi, ¡pero debería estar bien ahora! ¡Despertará en algún momento de la próxima hora o así!

-OK –asintió Yin, quitándole importancia al asunto.

-Por cierto –Yuki llamó su atención minutos después-, ¿alguien ha visto al oficial Kirisame? ¿El dueño temporal de este lugar?

-No realmente –dijo Orihime, algo abatida.

-Bueno, espero que no le importe que nos quedemos un rato –Yuki se encogió de hombros en un rincón.

-Sólo que podría estar escondiéndose ahora mismo –objetó un Roger algo irritado.

-¿Por qué haría eso? –la shinigami atrapada en el gigai cambiante lo miró extrañada.

-Jobeaux, muéstrale la evidencia –lo animó Vinnie.

-¡Encantado!

El goblin condujo a la shinigami a la oficina privada del oficial ausente, patas arriba por su apresurada investigación.

-No quiero ser grosera, pero ¿no se molestará por el desorden?

-Oh, ése será el menor de sus problemas, créeme.

Jobeaux no perdió el tiempo, y saltó al escritorio, donde recogió un montón de papeles, antes de volver al suelo y arrojarle su premio a la shinigami desconcertada.

Su desconcierto se convirtió en confusión, que se convirtió en miedo al darse cuenta de lo que eran los papeles. Abrió los ojos con asombro y disgusto, mirando con detenimiento las diferentes fotografías y documentos.

-Pero no entiendo. No estás sugiriendo que Kirisame nos ha traicionado, ¿verdad?

-¡Yo no, todos creemos que está metido en esta extraña conspiración hasta las narices! –exclamó el goblin, antes de seguirla fuera de la oficina.

-Yo... simplemente no sé qué pensar –admitió finalmente la pelinegra, negando con la cabeza.

-Colaboró en tu captura, ya tendrías que haber sospechado de ese tipo –opinó Vinnie, masticando un bocadillo que acababa de encontrar por ahí.

-Eso no es lo mismo que una traición, quiero decir que estaba cumpliendo órdenes –dijo ella, pero su voz carecía de convicción-. Técnicamente, violé las leyes de la sociedad de almas.

-Extrañas las leyes por aquí –saltó Roger, furioso-. ¡Incluso mi padre se hubiera quejado! Era un villano, y solían mandarlo a prisión seguido, pero nada se compara con este lugar. ¡Si es así como van a tratarme cuando estire la pata, prefiero no tener ni idea!

-No es muy alentador, ¿verdad?

Orihime recibió varias miradas disgustadas.

-¿Cómo lo soportan? –Lina cerró un libro enorme de tapa dura y negra con fuerza-. Si estuviera en su lugar, amigos, me hubiera deprimido mucho. Saber que mi padre tiene que pasar la otra vida entre peligros inimaginables y leyes sin sentido... me dan ganas de vomitar.

-¡Sería mucho mejor si fuera todo producto de nuestra imaginación! –la secundó Vinnie-. Ya es suficientemente horrible imaginar que alguien sepa la fecha exacta de tu muerte, algo que sólo imaginan algunos; pero ¿saber que la otra vida es tan complicada? ¡Qué fastidio!

El oso le echó una mirada significativa a Lina y Jobeaux, pero ellos o no se dieron por aludidos o no lo vieron en absoluto.

-¡O si todo fuera parte de una agencia secreta! –dijo Roger, pero recibió miradas confusas-. ¿Qué? ¿Saben lo que hace esa gente? Te elimina si molestas, eso te lo cuentan en todas las películas. Si no, te borran la memoria o algo peor.

-Por cierto, eliminé a ese tipo yo misma –Yin quería cambiar de tema con ganas-. ¿Imaginan?

-¡Si son tan débiles o tontos para meterse con nosotros, todo se resolverá pronto! –Orihime le dio su mejor sonrisa optimista.

-Y cuando eso ocurra, tengo algunas preguntas para la gente que dirige este lugar –la detuvo la coneja, y la sonrisa de Orihime se desvaneció-. Por ejemplo, ¿dónde está mi padre?

-Eso sería justo –Chad los distrajo-, pero más allá de tu tragedia, las cosas ya son malas ahora. Uryu, ¿soy solo yo, o esos cazadores son más peligrosos de lo que parecen?

-En cualquier caso, podría ser peor –dijo su amigo con anteojos, antes de que un temblor los preocupara a todos de la nada.

-¿Tenías que hablar? –dijo Roger.

-¿Por qué los temblores? –saltó Chad, siendo seguido por el resto-. ¡Creía que ya se habían terminado las explosiones!

-A menos que sea una pelea –los detuvo Lina, y todos la miraron-. No sé ustedes, pero siento algo raro en el aire, de repente parece haber algo mal.

Los demás se sentaron una vez más, concentrándose en la sensación.

-¿Sienten eso? –dijo Yuki, alarmada-. ¡Creo que alguien se está muriendo!

-Esperemos que no sea nadie de nuestro lado –dijo Yin, pero Yuki le dio un codazo, enojada-. ¿Qué? Si fuera el tal Kirisame, no podría importarme menos.

-Hay más –la acalló Uryu, con la frente fruncida en concentración-. Hay alguien corriendo... hacia alguna parte...

-¡Y alguien más está en peligro! –se sobresaltó Chad.

-Siento algo –admitió Yin, a regañadientes-. Es como si alguien estuviera... hm, ¿tensando una cuerda muy fina?

-Alguien está grave –Yuki se estremeció de angustia.

-¡Hay alguien luchando cerca de aquí! ¡Varias personas a la vez! –dijo Uryu, alarmado.

-¡Oh, Dios, espero que Rangiku esté bien! –dijo Lina, preocupada.

-Tantas, coo, sensaciones a la vez... es, coo, complicado... y malo para mi, coo, estómago.

-¡Espero que tu estómago esté bien, amigo! –Dave dijo, aunque nadie supo si era para aligerar el ambiente o por ser un buen amigo.

-¡Oh, Dios mío! –gritó Orihime de pronto, atrayendo todas las miradas-. ¡es Renji!

N/A: algunas notas al final de este capítulo. ¿Por dónde empezar?

Brick: odio el suspenso, arruina los mejores finales!

Yo: soy bueno arruinando cosas, viva yo!

Brick: cómo rayos el personaje más repelente que alguna vez haya visto venció a Momo Hinamori? Y qué es todo eso de la cosecha del alma?

Yo: ya sé, Busshu Namekuji es un nombre y un shinigami horrible, a partes iguales. Digamos que tuvo suerte, pero sí, peleando apesta, lo que no me sorprende. Cosecha de almas? Ja! Los Cazadores tienen algunas sorpresas bajo la manga, y no son de las buenas! Lo siento, supongo que no son amantes de la navidad precisamente, verdad?

Brick: y dónde está Shinto? Se lo llevaron los del Escuadrón Cuatro o qué?

Yo: ah, sí, eso! La última vez que lo vimos, Akon lo encontró petrificado en su propia biblioteca. Así que es lo más probable. Cuál es su papel en todo este conflicto? No lo sabrán por mi boca, eso seguro!

Brick: no puedo esperar al próximo capítulo! Qué enfrentamiento veremos? Porque mencionaste a Renji, y no olvidemos que Shuhei Hisagi se topó con el misterioso y aterrador Ryoketsu Haka, tengo miedo de lo que pueda pasar ahí!

Yo: aún no nos han dicho si quieren ver al teniente del Noveno Escuadrón usar su Bankai, tendremos que decidirlo nosotros? Brick?

Brick: mi voto es positivo, ya lo sabes!

Yo: lo mismo aquí. Pero cuál será la siguiente batalla? Pronto, lectores, pronto!

Brick: no olviden comentar! Y qué más, socio?

Yo: ah, casi lo olvido!

Ambos: que tengan un feliz año nuevo!