— A ver... — comentó el rubio pensativo mientras se rascaba la sien.
Iba a ser un día normal, tranquilo, donde emplearía gran parte de su tiempo limpiando la antigua casa familiar del clan Uchiha, pero el arrastre del rubio a su apartamento le dijo que ese día no iba a ser nada productivo. Maldijo por lo bajo cuando se encontró al primo de la pelirosa con ellos.
— Para conquistar a una mujer... — continuó el rubio. — ... para conquistarlas... — entrecerró los ojos y miro a Kohaku. — ¿Como se conquista a una mujer? — Los otros dos suspiraron.
— Naruto, tú tienes novia, deberías saber como hacerlo... — le contesto Sasuke con una venita en la frente.
— Pues... — se rasco vergonzoso una mejilla. — Solo le invite a un tazón de ramen y... ¡Oh ya se! — grito emocionado con una sonrisa torcida. — Le cocinaras algo a Sakura-chan.
— ¡¿Que?! — ¿cocinar? ¿Él? Casi ni se cocinaba para él, no tenia ninguna habilidad mas que hervir agua y hacer huevos gritos.
— Si, es lo que a todas las mujeres les gusta. — sonrió fantaseando una cita romántica con Hinata donde él la estuviera esperando con dos tazones de ramen enormes y una vela en forma de corazón en medio de la mesa.
— Ni en broma. — dijo tanjante Sasuke cruzando el único brazo. — No pienso cocinar.
— ¿Por que? — Kohaku estaba en una esquina de la habitación jugando con una almohada en forma de rana mientras contemplaba la escena con una sonrisa.
— Por que un Uchiha nunca cocina...
— Y si estas viviendo solo, ¿como comes? — cuestiono el ojiazul levantando ambas cejas. — Ya veo... — mostró una sonrisa burlona. — El gran Sasuke Uchiha, descendiente de un clan con una gran técnica ocular, NO sabe cocinar. — hablo enfatizando la palabra "no". Sasuke le respondió con un "hmp" y le dio la espalda con un ligero sonrojo. — Veo que es verdad, pero no te preocupes, sabia que esto iba a pasar, por eso he llamado a Hinata-chan. — y no pasaron mas de cinco segundos de completar la frase cuando varios toques en la puerta se escucharon. — ¡Voy! — grito el rubio corriendo a abrir la puerta.
— Buenos días. — saludo la ojiperla.
— Bien, comencemos.
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— ¡Sasuke-kun, primero va el aceite antes de poner la carne! — grito exaltada Hinata al ver el gran humo que había provocado al soltar la carne -desde dos palmos de altura de la sarten- sin una gota de aceite.
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— Tengo que ir a comprar varios ingredientes mas, tú ve encendiendo el fuego y coloca la olla con un litro de agua y espera a que hierva, si ya lo esta haciendo y aún no hemos vuelto, echa los espaguetis y ves moviendolos hasta que se vuelvan blandos y cojan color. — explico la pelinegra enseñándole cada material que debía de usar.
— ¡Yo te acompaño, Hina-chan! — cogió la cesta de su novia y con la mano libre le cogió la de su novia, entrelazando los dedos. — No me quemes la casa, teme. — se despidió burlonamente.
Kohaku se había ido ya que tenía que recoger el destrozo del festival de ayer, así que estaban solo ellos, un Uchiha, un fogón y unos botones que no sabía ni como hacerlos funcionar.
"Primero enciende el fuego" recordó la primera instrucción y se puso a mirar fijamente aquel aparato que debía de estar ardiendo. Observo los tres botones que estaban en hilera en la parte frontal del horno. Dos para encender y otro un temporizar.
— ¿Como cojones funciona esto? — giro uno a uno esperando que una pequeña llama saliera cuando la rosca llegara el tope de giro, pero no fue así.
Su paciencia se estaba acabando y el tiempo estaba pasando sin hacer nada de utilidad.
Giro uno, giro el otro, giro los dos a la vez, puso los dos botones en la misma posición, soplo, rasco, le pego golpes y maldijo, pero nada, aquella llamita no quería salir.
— Estúpido cacharro, ya veras como te encenderás con esto. — dio dos pasos atrás y empezó a hacer jutsus con su única mano. — Katon: Gōkakyū no Jutsu. — una gran bola de fuego salio de la boca del pelinegro dando de lleno en aquel aparato que tanto dolor de cabeza le estaba dando. ¿Que pasa cuando dejas los fogones encendidos? Pues que el gas se escapa. ¿Que pasa si enciendes una llama en una habitación llena de gas?
— ¡Mi casa! — grito el rubio al ver la tremenda explosión que venida desde su calle.
Para cuando la pareja llego y también los bomberos, Sasuke salia de ahí con pequeños escombros cayéndole encima.
— ¡Teme! — amenazo Naruto preparando un rasengan.
— ¡Hmp!
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— Como veo que hacer un plato elaborado no va a poder ser, vamos con algo mas simple... ¿que tal...? — miro cada ingrediente que estaban posando antes su ojos. — ¿Una ensalada?
— ¿Ensalada?
— No lo intentes mas, es tan tonto que ni freír una lechuga sabe. — comento mordaz el rubio sentado en una de las sillas de la cocina de la mansión Hyuga.
— Naruto-kun... las lechugas no se fríen. — le contesto su novia con una gota de sudor en la frente.
— ¡Bah! - se cruzo de brazos y se fue al comedor.
— Ves con él, hacer una ensalada no debe ser tan difícil, ¿no? — cogió un cuchillo y empezó a distribuir los alimentos por colores. Hinata asintió no tan confiada y se fue a darle "mimos" a Naruto.
Distribuyo las frutas por color.
Verde: lechuga, pepinos. Rojo: tomates. Amarillo: maíz, aceite de girasol. Y por ultimo el vinagre.
Se sentía verdaderamente estúpido estar cocinando, y mas para una mujer. Osea, él era el gran Sasuke Uchiha, él que hacía acto de presencia en la calle y las mujeres caían rendidas a sus pies mientras los hombres susurraban lo poderoso que era.
Lavó los vegetales uno a uno, primero le arrancó las hojas inútiles a la lechuga. JÁ, inútil, que recuerdos le traía esa palabra. Luego empezó a cortar las hojas buenas en cachitos pequeños, removiéndolo todo en un recipiente. Luego corto los pepinos en rodajas pequeñas y lo mezclo con la lechuga. Ahora si que iba a disfrutar. Miro el tomate como si fuera una cosa maravillosa y la mano le tembló. No quería cortarlo. ¡Ese tomate le estaba mirando con ojos de cachorrito! Apuntó con el cuchillo la mitad de aquel vegetal amado y cerrando los ojos hizo un tallo limpio, luego siguió haciendo lo mismo hasta quedarse todo en pequeños cuadrados. Lo metió en el recipiente y se remango. Empezó a mover todo lo de dentro, poniendo sal y un poco de aceite. Acabo echándole maíz y un chorro de vinagre.
Miro su plato acabado y una sonrisa de suficiencia se le quedo marcada en la cara. Ahora tenía que pensar como diablos le iba a entregar semejante manjar.
·
— Tienes que llamar a la puerta, que yo sepa, todavía no se ha desarrollado ningún jutsu donde se pueda tocar al timbre con la mirada. — el rubio empujo al pelinegro hasta la puerta, quien sostenía en papel albal su plato estrella. — Y no pienses dejar el plato en la puerta e irte por que te veo venir. — le escruto con la mirada entrecerrada. Lo planto delante de la puerta y toco el timbre, al segundo tono Naruto echo a correr a esconderse detrás de un árbol.
— ¿Quién es? — preguntó la pelirosa al abrir la puerta. Sus ojos se redondearon mas de lo normal cuando se encontró a un Sasuke sonrojado mirando a otro lado. -¿Sasuke-kun?
— Vamos, estúpido... — susurro el ojiazul desde su escondite.
— ... — todavía estaba con esa pose de "mírame lo que quieras que no me gasto, muñeca." Trago hondo y con su único brazo le puso la comida frente a ella.
— ¿Que? ¿Es para mi? — susurro esperando una respuesta.
— Cenar. — dijo tanjante. Sakura elevo una ceja sin entender. — ¿Quieres cenar conmigo? — por fin lo había soltado. Se había librado de un gran peso, pero... espera, ¿por que no reciba respuesta? Giro la cabeza para mirarla de frente. Tenía la mirada gacha impidiéndole ver aquellos ojos esmeralda. La cogió del mentón y la obligo a que lo viera a los ojos. Estaba llorando. — Acaso... ¿no quieres? — pregunto con un hilo de voz, con el miedo de ser rechazado. Ella negó con la cabeza.
— No es eso... es que esto parece... demasiado repentino, como si fuera un sueño. — se limpio las lagrimas y le sonrió. — Claro que quiero cenar contigo, Sasuke-kun. — Abrió la puerta para dejarle paso. A Sasuke le costo un rato espabilar y cuando ya estuvo dentro de la casa, un aire familiar la bombardeo los pulmones.
Era el mismo ambiente que había vivido cuando aun tenia familia. Los recuerdos dolorosos volvieron a su mente pero el roce de manos de la pelirosa le hizo volver al mundo.
— Espera en el comedor mientras yo pongo la mesa. — pero Sasuke se quedo hay clavado, en el recibidor. - Tranquilo, mis padres no están. — suspiro internamente y la siguió hasta la sala de estar. — Ponte cómodo.
Sakura desapareció por una puerta mientras el se quitaba la katana que siempre llevaba consigo. La dejo encima de la mesa y empiezo a pasearse por la habitación. Fotos y fotos de Sakura adornaban una pared entera. Ella recién nacida, ella a los pocos meses durmiendo profundamente, ella a los nueve años, ella, ella, ella. Cada foto le iba gustando mas. Si pudiera las arrancaría todas y se haría un álbum de fotos personal. ¿Desde cuando se había vuelto un "romántico"? Esa palabra no estaba en su vocabulario. Si le dijeran que estaría haciendo esto hace dos años se hubiera reído de esa persona hasta que su mandíbula cayera el suelo.
— Ya esta lista la mesa. — anuncio la ojijade apareciendo a su lado. Él asintió con la cabeza y la siguió hasta la cocina, donde cada uno tomo asiento en un lado.
Estaba tenso, lo podía sentir. El ambiente estaba cargado entre nerviosismo, vergüenza y un toque... ¿caliente? Ahora no, por favor. Pensaba Sasuke internamente.
— ¿Hiciste tu la ensalada? — le cuestiono Sakura mientras repartía ambas porciones en cada plato. Volvió a asentir con la cabeza. No sabía que decir. Tenía un diccionario dentro con miles de frases formadas, bien conjugadas y en el tiempo perfecto pero no podía decirlas, era como si en su lengua hubiera una aspiradora y las arrastrara a todas en un agujero negro. -Tiene buena pinta. - sonrió y se llevo una lechuga junto con un trozo de pepino a la boca. — Veo que a parte de ser un gran ninja también eres un gran cocinero. — Jé, si supiera sus artes culinarias perdería todo respeto ante ella.
La cena transcurrió tranquila, hablaban de trivialidades, bueno, solo ella hablaba ya que él le respondía con su típico monosílabo, pero eso a ella no le molestaba, ya que sabia perfectamente que el pelinegro le estaba escuchando. Pero había algo que le molestaba a Sasuke, algo de lo que tenía que deshacerse en ese mismo instante.
Se levanto de su sitio y se acerco a Sakura sin despegar la vista de ella, la pelirosa solo se lo quedo mirando con sorpresa al ver la repentina acción de él.
— Tienes algo aquí... — susurro, acerco su mano a la comisura de los labios de ella, quitandole un trozo de tomate que se le había quedado pegado. Ambos temblaron ante el contacto que este hizo, recorriéndoles una sensación agradable.
Sasuke se avergonzó por lo que hizo pero no se aparto ni un solo milímetro, es mas, por inercia se iba acercando cada vez mas y mas hasta que podían escuchar las respiraciones de cada uno.
— Sas... — pero fue callada por él, estampando sus labios con los de ella en un corto beso.
— Estas salada... — comento cuando se separo de ella, pasando la lengua por sus labios. Ella no respondió, solo estaba ahí, como si fuera una muñeca en un escaparate. El chico paso su mano en frente de ella esperando a que reaccionara.
— Ese era... — empezó a hablar mientras se tocaba los labios con sus finos dedos. — ... mi primer beso. — Sasuke sonrió tranquilo, se esperaba algo peor viniendo de ella. Se puso a su altura, mirándola fijamente.
— Felicidades, acabar de desvirgar los labios del gran Sasuke Uchiha.
