Después de aquella cena, las cosas no cambiaron mucho. Es bien cierto que se dieron su primer beso, pero nada cambio. Sakura seguía haciendo misiones largas para la Hokage mientras él iba yendo en pequeñas exploraciones con la duración de un día, por lo que se veían poco.
— ¿Y bien? — cuestionó el rubio mirándole con una sonrisa picarona.
— Y bien nada. — se llevó una cucharada de sopa a la boca.
— ¿No paso nada en la cena? — siguió insistiendo, mientras devoraba a grandes bocados su tazón de ramen.
— Hmp.
— Eso quiere decir que si. — sonrió satisfecho. — ¿Entonces estáis saliendo? — tenía la boca llena de fideos, por lo que varias gotas se le escaparon dando en la manga del pelinegro.
— Eres un cerdo, dobe, y no, no estamos saliendo. — cogió una servilleta y empezó a limpiarse.
— ¿Queeee? ¿Por qué? — hizo pucheros y trago. — ¿Acaso no se lo has pedido? — su amigo no respondió. Naruto suspiró. — ¿Como puedes ser tan tonto en este tema?
— Cállate imbécil, y come. — gritó, estampando su tazón en la cara del rubio.
— Que humor... — susurró, pago la cuenta de ambos y fue tras su amigo, que había salido casi corriendo huyendo de la situación, pero eso no lo iba a permitir. — Tenemos que hacer algo, teme.
— ¿Acaso ahora eres cupido? — le cuestionó con una mirada irritante mientras caminaba con la mano en el bolsillo.
— ¿Quizás? — contestó divertido. Se cruzó de brazos y achinó los ojos, pensando su próximo plan.
— No lo pienso hacer. — rápidamente habló al ver las intenciones de Jinchuriki.
— Pero si aún no he hablado...
— Me da igual, para las veces que piensas lo haces mal.
— Bueno, pues vas a tener que hacerlo si quieres que te perdone el comprarme una casa nueva. — lo miró fijamente, volviendo a recordar como había quedado su piso.
— Si te hice un favor, bien feliz se te ve viviendo en la mansión de los Hyuga. — sonrió torcidamente al recordar cuando se encontró a Naruto aquella mañana, mas feliz de lo normal. Este tosió.
— Ahora ese no es el tema, tenemos que idear un plan para confesarte... — los dos se quedaron callados. Sabía que no era buena idea confiar en el rubio pidiéndole consejo sobre estos temas, pero era en el único que podía confiar.
Iban metidos en sus pensamientos cuando Sasuke comenzó a arrugar la nariz. Levanto la mirada para encontrarse con la tienda de los Yamanaka. La entrada estaba decorada con diferentes flores de diferentes colores. Estaban por pasar de largo cuando alguien los llamo.
— Naruto, Sasuke. — saludo Sai saliendo de la tienda de su novia Ino. — ¿Que hacéis los dos por aquí? — preguntó con esa sonrisa que tantos años le costo perfeccionar para que no pareciera tan falsa, pero gracias a la ayuda de su rubia novia, consiguió obtener la expresión perfecta.
— Sai... — le devolvió el saludo, Naruto miro a Sasuke para que este también saludara, pero de sus labios salio su palabra favorita: Hmp.
— Sai, ¿has acabado de regar? — Ino salió de la tienda con un delantal con estampados de flores. — Oh, vosotros. — se acercó al grupo de chicos y los miro intrigada. — ¿Reunión? Si es así lo siento, Sai tiene cosas que hacer. — le acercó una regadera a su novio.
— No te preocupes, solo caminábamos pensando en como el teme se puede declarar a Sakura y cuando nos dimos cuenta aquí estábamos. — Y lo soltó todo sin respirar ni un solo momento. El portador del sharingan lo miró, intentando estrujarle la cabeza con la mirada, pero no lo consiguió.
— ¿Declararse Sasuke? — la ojiazul lo miró de pies a cabeza con los labios en una fina linea recta. — ¿Para hacerle mas daño? — se cruzó de brazos.
— Ino... — le calmó Sai. Ella solo suspiro y dejo caer sus brazos a ambos lados de su cuerpo.
— Bien... os ayudare. — todos levantaron una ceja ante la repentina confesión de ella. — Pero si me entero que todo esto es para hacerle daño... — un aura maligna rodeo el cuerpo de la Yamanaka, apuntando con un dedo a Sasuke. — ...te destrozare, machacare todos tus huesos y con tu piel me haré una mascarilla.
— Ino... das miedo... — susurró el rubio mientras se escondía detrás de Sai.
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— ¿Has tenido una cita con Sakura y ni siquiera te has confesado? — preguntó la rubia desde el otro lado del mostrador.
Todos estaban en la tienda. Ino había cambiado el cartel de "Abierto" por el de "Cerrado" y había hecho hueco entre todas las flores para que los dos chicos se sentaran, ya que Sai tenía que acabar de regar todas las flores de la entrada.
— Y eso no es todo... se ve que han pasado a otro nivel. — dijo bajito para que su compañero no lo oyera.
— ¡No me lo puedo creer! Si que se lo tenía guardado Sakura. — Ambos rubios miraron con una sonrisa picara al único pelinegro que había, haciéndole temblar de los nervios.
— ¿Podemos ir al grano? — un tic le empezó a aparecer en la pierna derecha. Estar ahí le ponía nervioso. La nariz le empezaba a picar y sentía un escozor en los ojos, estaba apunto de morirse ahí mismo, pero nadie se dio cuenta.
— A ver... ya que tuvieron su primera cena, ahora tendría que haber una primera cita... aun que debería haber sido al revés. — se puso un dedo en el labio. — Deberías de llevarla a algún lugar especial... quizás algo simbólico para los dos... — Sasuke procesaba todas esas palabras. ¿Que lugar simbólico tenían los dos? Ino continuaba hablando. — … llevarle un regalo bonito.
— ¿Regalo? — Sasuke interrumpió.
— ¿Algún problema? — el Uchiha se removió en la silla. Poca sabía de los gustos de la pelirosa, eran muchos años sin estar a su lado. — Yo te preparare las mejores flores que tengo, a Sakura le encantan las rosas y los lirios.
Flores no. Flores no.
— Tu te tendrás que encargar de lo demás.
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La reunión había acabado y todos se habían despedido para ir a sus respectivas casas. Dentro de dos días Sakura volvería y tenía que hacer un plan perfecto.
Se tumbo en su cama, mirando su antiguo cuarto, deteniendo su mirada en una vieja caja escondida debajo de su escritorio. Tenía muchísimo polvo y estaba bastante oxidada, tuvo que hacer mucha fuerza para conseguir abrirla, pero lo que encontró dentro hizo que se alegrara de haberla encontrado.
Un pequeño collar con el símbolo Uhiha en medio estaba puesto perfectamente en aquella caja. Sonrió al saber de quien era. Su madre llevaba este collar cada día, desde que se levantaba hasta que se acostaba. Era una herencia familiar, que por lo que había leído, pasaba de generación en generación en las mujeres.
Lo cogió con delicadeza. A todo esto... ¿que hacía ese collar en su habitación? ¿Y por que estaba escondido? Se sentó en su cama y recordó de nuevo los viejos tiempos, donde se apreciaba a el Uchiha pequeño de la familia entrar deprisa en su hogar buscando a su madre, que con una gran sonrisa, le esperaba con un gran manjar luego de un duro día en la academia.
La lagrimas empezaron a acumularse en los ojos y se agarro la cabeza intentando suprimir esos recuerdos. Los tenia grabados en el cerebro como si fueran tatuajes. Quería conservarlos como algo bueno, pero cada vez que pensaba en su familia, pequeñas agujas se le clavaban en el pecho.
Esa noche durmió con pesadillas. Su hermano, sus padres tirados en el piso sin vida y él sentado en el suelo temblando de miedo. No quería pasar por lo mismo.
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Sakura atravesaba las grandes puertas de la Hoja con una gran sonrisa. La misión había sido todo un éxito y la habían cumplido sin interrupciones.
Había estado todo el viaje pensando en aquel beso con el pelinegro. No sabía bien como sentirse. Por una parte estaba feliz, su primer beso había sido con Sasuke, lo que siempre había soñado, pero por otra estaba confusa, confusa y dolida, no sabía si estaba jugando o no con sus sentimientos, por eso no estaba demasido emocionada.
Iba caminando hacía su casa luego de informale de la mision a la Hokaga, cuando Sai e Ino se le cruzaron.
— ¡Sakura! — gritó sorprendida su amiga. — ¿Qué haces aquí?
— ¿Como que qué hago? Acabo de llegar de la misión... — le contestó sin comprender la actitud de su amiga, es más, apostaría que le esta escondiendo algo.
— ¿Pero no volvías mañana? — añadió, mirando a su novio.
— Hemos acabado mucho antes, no era tan dificil. — miraba de uno a otro con una intensa concentración, esperando poder averiguar que estaban tramando.
— Bueno... — le salió una risa nerviosa y arrastró a Sai por el camino contrario al de Sakura. — Tenemos cosas que hacer con urgencia. Nos vemos luego. — salieron casi corriendo, perdiendose entre las estrechas calles y de la mirada de la ojijade.
Sospechoso. Aún así le resto importancia y volvió a tomar el camino hacía su hogar.
Por otra parte, la pareja ojiazul y pelinegro llegarón a la mansión Uchiha.
— ¿Qué pasa? — casi lo decía con un tono de amenaza. Se había tomado el día para limpiar un poco y parecia que la gente le olía por que siempre lo andaban buscando en el momento oportuno.
— Sakura... — habló entrecortada Ino, Sai estaba a su lado contemplando todo al rededor. — ... ha vuelto ya.
— ¿Como? ¿No volvía mañana? — preguntó nervioso.
— Se ve que ya ha acabado la misión. Así que deberás darte prisa y empezar con el plan. — Sasuke tragó hondo y se metió de nuevo en la casa, dejando a los otros dos al otro lado de la puerta. — ¡No la cages y ven a buscar las flores!
Le empezó a temblar la mano. La cerró en puño al ver como estaba actuando. Estúpido. Se sentía así. No debía dejarse guiar tanto por estos sentimientos. Pero, ¡oh vamos! Necesitaba formar ya una familia.
Rápidamente subió al piso de arriba y se encerró en su habitacion. Cambió ese delantal hortera por una camiseta negra con el símbolo Uchiha pegado en la espalda y unos pantalones cortos que le llegaban un poco más arriba de su rodilla. Por último, agarró una bufanda negra que tenía guardada para días de frio ya que hoy iba a ser uno de ellos. El atuendo era parecido al que usaba a los doce años y el más cómodo que tenía. Cogió el collar que había envuelto en papel de regalo y metido en una caja blanca con un lazo rosa y se ató la katana en la espalda.
Abrió la puerta. El sol le cegó y por un leve momento se desorientó. Le encantaba la oscuridad, por lo que cada ventana de su casa estaba cerrada por una fuerte persiana que obstruía la fuente de luz solar. Dió un paso fuera de su casa, sintiendo las agrietadas baldosas en su pie, para que al siguiente paso, las rasposas tejas de la casa de delante le hicieran cosquillas en la suela.
Fue de casa en casa hasta llegar a aquella que tantas veces había visto, cogió aire y sin soltarlo, apretó el timbre, minutos después, una cabellera rosa pareció por la puerta.
— ¿Sasuke? Creo que te has acostumbrado a venir a mi casa cada dos por tres. — bromeó la pelirosa mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en el umbral de la puerta. Una pose demasiado provocativa para los ojos de Sasuke Uchiha.
— Yo... — balbuceó el chico mientra intentaba utilizar las palabras correctas. Deberías de llevarla a algún lugar especial... quizás algo simbólico para los dos... Pensó en las palabras de Ino. — ¿Querrías venir a dar un paseo conmigo? — la vió dudar un momento para luego dedicarle una gran sonrisa.
— Claro. — cerró la puerta tras ella y se puso al lado del chico. — ¿A donde quieres ir, Sasuke-kun? — Kun. Kun.
Él no dijo nada y empezó a caminar, seguido por Sakura, quien estaba a su lado con una gran sonrisa. Se estaba acercando el invierno y aquel aire frió que lo acompañaba se hacía presente.
Caminaron por unos cinco minutos, dejando atrás las calles transitadas, llegando a un lugar bastante conocido por ambos. La famosa banca. Sakura se congeló un momento, no por el frío, si no por que él mismo se había sentado ahí, indicándole con la mirada que ella hiciera lo mismo. Le traía tantos recuerdos amargos aquel lugar, su primera confesión, su partida.
— ¿Por qué? — le preguntó ella poniéndose delante de él. - ¿Por qué aquí? - él subió la cabeza para mirarle a los ojos, la cogió de la muñeca y la obligó a sentar, ella intentó levantarse, pero Sasuke le cogió del hombro y la obligó a estar sentada.
— No te vayas... — le pidió el pelinegro mirándole fijamente. — Quiero decirte algo...
— ¿Y tiene que ser precisamente aquí? — elevó la voz, le tembló un poco. — Sabes lo que significa este lugar para mi. — intentó deshacerse del agarre del chico, pero solo conseguía que fuera mas fuerte.
— También es muy importante para mi. — dijo sin pensar. Ante sus palabras, soltó el brazo de la chica y giró la cara para que no notara su sonrojo. — Te he traído aquí por que te quería decir una cosa muy importante.
Ante este situación, tres pares de ojos estaban mirando emocionados desde el otro lado del muro que los separaban.
— El muy imbécil se olvido de las flores. — susurró la Yamanaka mientras agarraba aquel arreglo floral. — Es un factor muy importante. Tiene que dárselas.
— Ya es tarde Ino. — le dijo Sai.
— No del todo. — Naruto e Ino intercambiaron miradas y se acercaron a la pareja.
— Yo... — titubeaba Sasuke. — quería pedirte que... — iba a terminar la frase si no fuera por que un gran ramo de flores se estampó en su cara, nublandole la vista y provocandole estornudos sin parar.
— ¡Sasuke! ¿Estas bien? — le quitó las flores y los pétalos que se habian quedado en la cara del moreno. — ¿Eres alérgico a ellas? — vió como se rascaba sin cesar los ojos intentando sacar algo que no había.
— Sakura, ¿quieres ser mi novia? — propuso rápido y sin tartamudear al encontrársela tan cerca de él.
— ¿Co-como? — se separó bruscamente. El Uchiha aprovecho para coger las flores del suelo, y estando a una distancia de ellas bastante favorable, se las plantó delante de ella.
— Sé... que no merezco pedirte esto, y entenderé si te niegas. Todos estos años en los que me habéis estado buscando he intentado matarte varias veces. Aun que diga que me arrepienta no borrara los hechos, pero ahora es diferente... — bajo la mirada con un considerable sonrojo en las mejillas. — Ahora quiero protegerte.
No asimilaba esas palabras. Se pellizcó sin que el pelinegro se percatara varias veces, pero no sentía dolor. Entonces, ¿era verdad lo que estaba escuchando? Miro las flores. Misteriosamente era un combo de las que le gustaba. Ino cerda. Era la única que sabía de sus gustos florales.¿Así que todo estaba planeado? Miró a Sasuke aún sin creerse la situación. Ambas miradas se encontraron. Negro y verde. ¿Que debía contestarle? Es cierto, la ha intentado matar cientos de veces, pero en ese tiempo él estaba cegado por la venganza, aún así no le quita el hecho de casi asesinarla.
Suspiro.
Pero ahora lo tenía aquí con ella. Tenía la oportunidad de estar con él. Se había imaginado miles de escenas de su reencuentro después del último viaje del chico, "para mirar por él mismo lo que se había perdido". En verdad, tenía la respuesta clara desde que le salvó a él y a su tonto amigo rubio de morirse desangrados, esa respuesta era un claro:
— Sí.
— ¿Sí qué?
— Que sí que quiero ser tu novia, Sasuke-kun. — y con miedo aún de ser rechazada, abrió ambos brazos para agarrarlo en un fuerte abrazo, que fue aceptado con gusto por su ahora pareja.
— Gracias, Sakura... — agarró con fuerza la espalda de su novia para luego separarla lentamente. — Tengo una ultima cosa que darte. — sacó de su bolsillo aquella caja. — Esto es el símbolo de mi clan, y también es símbolo de la próxima mujer Uchiha. — con ayuda de ella, logro colocarle el collar. — Ahora todos sabrán que eres mía. — y con timidez colocó sus labios en los de ella.
