Capítulo 2

Montando la débil esperanza traída por la brisa nocturna

¿Cuán lejos podemos llegar?

—After Dark. De: ASIAN KUNG–FU GENERATION.


Una semana después.

Estaba aburrido, demasiado, había salido antes de clases porque un maestro estaba enfermo y los enviaron a casa. Pero no quería irse a casa aún, así que ahí estaba, caminando por los senderos de un parqué cercano llamado: Las Noches.

Sus amigos le habían propuesto ir al "Seireitei" pero prefirió no ir con ellos, quería alejarse un tiempo de todo eso que le molestaba de sí mismo, y el Seireitei no sería el mejor lugar para ello.

Ya una semana había pasado desde que su madre había vuelto y eso le ayudaba a estar más tranquilo, pero había estado teniendo problemas desde hace un tiempo, por eso trataba de alejarse de todo algunas veces, para poder controlarse y evitar tener accidentes como los que solía tener cuando era más pequeño. Se sentó en una banca vacía del parqué con la intención de dejar el tiempo pasar mientras se dedicaba a apreciar las nubes.

Su paz no duro mucho tiempo pues luego de media hora el incesante golpeteo de martillos y el ruido de sierras lo sacaron del relajante trance en el que estaba. Molesto, pero curioso, Tōshirō decidió que averiguaría cual era el motivo del ruido que no lo dejaba disfrutar su tiempo a solas.

Apenas tuvo que caminar unos metros para ver que estaban construyendo una especie de escenario temporal, era considerablemente grande por lo que podía apreciar desde la distancia en la que se encontraba.

Vio a un hombre con varios papeles en una tabla y que parecía estar supervisando la obra pues también llevaba un casco de seguridad, se acercó a él para preguntarle que estaban haciendo.

—Disculpe señor, ¿para qué están construyendo esa gran tarima en el centro del parqué?

El hombre de traje volteo hacía él, le sonrió, tomo una hoja de las que llevaba en su tabla y se la extendió.

—Estamos haciendo un escenario para la presentación de una orquesta que vendrá a la ciudad en unas semanas.

Le contesto el hombre aún con una sonrisa en su rostro.

—En algunos días comenzaremos a pegar volantes por todo el lugar y hacer propaganda, tal vez te interese venir con amigos, familia o tu pareja —comentó lo último con tono sugerente, haciendo sonrojar al rubio—. Será un gran evento muchacho no te arrepentirás si vienes.

Luego de eso el hombre se alejó con dirección al escenario en construcción dejando a Tōshirō en su lugar con el volante en la mano y un poco avergonzado.

El volante tenía información más detallada del evento: la fecha, la hora, el nombre de la orquesta y la duración de la presentación. Según el mismo volante la presentación sería gratuita, pero estarían aceptando donaciones para un orfanato.

Tōshirō se quedó pensativo unos minutos, sobre si valdría la pena ir a no a escuchar la orquesta. No era precisamente su estilo musical, pero tampoco le desagradaba como para no disfrutarlo así que guardo el volante en su mochila y emprendió rumbo a su casa con paso lento. Ya decidiría llegado el momento si iría o no.

Cuando llego a casa esperaba encontrar ahí a su padre, pues él trabajaba desde casa y rara vez tenía que salir a algún lado por las tardes o en la noche. Por eso quedo algo desconcertado al saber que no estaba, se encontraba solo en casa con Ryu y eso lo hizo sonreír.

—Bueno creo que hoy es mi día de suerte, Ryu —exclamó sonriente mientras se dirigía al patio seguido de su compañero canino.

Estando afuera Tōshirō comenzó a estirarse y hacer ejercicios de calentamiento, una vez listo camino al centro del patio, respiro hondo, se agachó y dejo salir el aire despacio viendo como frente a él comenzaba a crearse un rastro de escarcha producto del aire que había dejado salir. Se inclinó sobre una de sus rodillas para colocar su mano izquierda sobre el césped escarchado apreciando como poco a poco la capa de escarcha se convertía en una de hielo delgado que comenzaba a extenderse y rodearlo en un círculo irregular, el joven rubio gruño molesto, pues el hielo siguió esparciéndose unos segundos luego de que retirara su mano.

—Maldición —murmuró mientras apretaba sus puños con enojo.

Levanto su pierna derecha y con fuerza dio un pisotón con el cual pretendía derretir todo el hielo a su alrededor, pero solo una parte se había disuelto, el resto se encontraba intacto. Esto provocó otra queja de parte del adolescente quien frustrado dio otro pisotón obteniendo el mismo resultado de antes.

Suspiro con notoria impaciencia mientras levantaba la mirada y se percataba del par de ojos que lo veían con curiosidad, Ryu permanecía inmóvil sentado junto a la puerta observando al joven rubio.

—Seguro te parece gracioso ¿no? —le pregunto Tōshirō sin esperar respuesta—. Ojalá pudieras ayudarme y no solo me vieras como si estuviera loco —hablo con algo de gracia, pues en realidad si le sería de utilidad que su compañero le diera su opinión.

Luego de decir eso se dio la vuelta y así darle la espalda a su peludo acompañante, se concentró y dando un par de pisadas sin mucha fuerza logro deshacerse de todo el hielo restante, satisfecho con eso extendió su brazo izquierdo y con la palma de su mano viendo al cielo exhaló despacio para ver como sobre su mano comenzó a aparecer una fina capa de nieve que rápidamente se convirtió en hielo y fue creciendo hasta volverse un trozo de hielo deforme.

Bufo irritado, pues no era lo que quería, cerro su mano con molestia sintiendo como el hielo se convertía en agua y escurría entre sus dedos. extendió su mano nueva mente tratando de que el hielo tomara una forma concreta en su mano, pero no importaba cuanto lo intentara el resultado era el mismo, un pedazo de hielo sin forma especifica y varios ángulos agudos.

—Maldita sea —Murmuro fastidiado mientras pasaba su mano derecha por su rostro.

Molesto lanzo el defectuoso fragmento de hielo hacia uno de los muros que rodeaba su patio, se sentía tan frustrado que comenzó crear y lanzar varias de esas figuras abstractas al mismo punto con mucha fuerza hasta que se canso y de sus palmas extendidas comenzó a lanzar una lluvia de carámbanos.

Estaba tan concentrado que no escucho los ladridos de su compañero, apenas y noto cuando Ryu salto directo a la lluvia de proyectiles gélidos que él mismo provocaba.

Al verlo instintivamente retrocedió tropezando con sus propios pies cayendo de espaldas, se incorporó tan rápido como le fue posible para ver si Ryu estaba bien, cuando lo vio de pie en el patio moviendo la cola entre la pared y él, soltó el aire que había estado reteniendo desde que cayo.

Se tumbó en el suelo respirando pesadamente tratando de recomponerse del susto mayúsculo que había sufrido, la sola idea de pensar que casi pudo herir o peor aún, matar, a Ryu aunque fuera por accidente mantenía su corazón latiendo como si hubiera corrido una maratón.

Se sobresaltó una vez más cuando sintió algo en su mano derecha, volteo a ver tan rápido que sintió algo de vértigo, cuando pudo enfocar bien su vista noto que era Ryu, feliz, porque había colocado uno de los trozos de hielo en su mano, estaba a punto de arrojarlo a cualquier lugar del patio hasta que notó que este tenía una forma no muy definida pero reconocible, una esfera.

Abrió los ojos con sorpresa y regreso su mirada esmeralda hacia el can, que solo estaba sentado a su lado moviendo la cola.

—Es increíble —pronuncio sin salir de su sorpresa.

Trato de replicar la figura, pero no tuvo éxito, suspiro y vio a Ryu que se había puesto de pie y se acerco más a él.

—¿Tratas de decirme algo? —pregunto mientras dejaba su intento de réplica en el suelo y acariciaba a Ryu—. O quizá estoy enloqueciendo e imagino que quieres decirme algo —rió ya más relajado.

—Creo que lo mejor será descansar.

Entro seguido de Ryu con la intención de relajarse un rato antes de que alguien volviera a casa, quería tratar de olvidarse de todos sus problemas al menos por unas horas.

Ciudad Kamino

Una joven de curiosa mirada violeta descansaba en una silla frente a un pequeño escritorio viendo por la ventana, recordando...

"Días antes estaba sentada en un sofá en la gran sala de la mansión de mis padres leyendo un libro mientras esperaba por Hisana, iríamos a comprar ropa para ella pues en algunos días se mudaría con Byakuya.

Me hallaba tan inmersa en la lectura que me sobresalte al escuchar la voz de mi padre llamarme, lo vi sonreír por ello, estoy segura que me sonroje un poco y eso hizo que ensanchara su sonrisa.

—¿Qué sucede, papá? —Pregunte para tratar de obviar el pequeño susto que él me había dado.

—Necesito hablar contigo de algo importante, ¿puedes acompañarme? —Me lo pregunto con su común tono tranquilo.

Él en serio podría ser la calma personificada.

Lo seguí hasta su oficina, siempre estaba limpia y ordenada pues mamá se preocupa mucho porque él trabaje en un lugar confortable por la facilidad que papá suele tener para enfermarse a veces.

—Ya estamos aquí, ¿qué querías decirme? Esta vez no he hecho nada, juro que no he salido sin permiso ni una vez desde hace un par de semanas —Estaba nerviosa y solo decía lo primero que me venía a la mente.

Papá se contuvo de dejar salir una carcajada antes de hablar.

—No te preocupes no estas en problemas, esta vez al menos —dijo algo más severo esa última frase—. Quería hablarte de algo importante.

Tomo asiento y me invito a sentarme junto a él en el sillón rojo que tenía en su oficina.

—Verás, hace algunos meses se pusieron en contacto conmigo los dueños de una empresa de desarrollo tecnológico y seguridad, una muy singular —conto lo último de una forma extraña, como tratando de entender algo nuevo—. Al final, lograron convencerme de colaborar con ellos y darme un tiempo para decidir si realmente quería trabajar con ellos a largo plazo o no.

—Eso suena genial, Papá, ¿pero eso qué tiene que ver conmigo? Es decir, ¿que tiene de diferente esto? —pregunte extrañada, pues ese tipo de cosas no las hablaba conmigo, siempre las discutía con mamá o hasta con Hisana.

—Eso es de lo que quería hablarte, verás... tenemos que mudarnos cerca de sus instalaciones.

Tuve que procesar lo que me acababa de decir durante unos minutos, no quería creer lo que había escuchado y estaba atrapada en un extraño tornado ¿de sensaciones quizás? Del que no hubiera salido de no ser porque papá me llamo de nuevo.

—Sé que es un gran cambio, pero espero tu comprensión, ya que no solo es por conveniencia, también es por seguridad —continuaba explicándome.

Hizo una pausa, creo que esperaba a que le dijera lo que pensaba sobre todo eso y claro que eso hice.

—¿¡Por qué debemos mudarnos!? —pregunte molesta—. ¡Haz lo de siempre, puedes ir tú solo un par de semanas y regresar! —No pude ocultar lo furiosa que me estaba sintiendo, aunque tampoco pretendía hacerlo.

Papá solo suspiro mientras se acercaba más a mí para tomar mis manos entre las suyas. No quería admitirlo, pero a veces el calor que él podía transmitir con sus manos me confortaba.

—Escucha, yo sé que esto es difícil de procesar, pero ya tome la decisión, tendremos unos meses de prueba, en caso de no funcionar esta colaboración regresaremos y será como si nada hubiera pasado —Me lo explicó de forma condescendiente, lo que me hizo sentir como si aun fuese una niña pequeña.

Controlando mi enojo me di cuenta de qué estaba actuando exactamente como eso, una niña, así que respire hondo antes de decir cualquier otra cosa.

—¿Y si todo sale según lo planeado? —pregunte con algo de temor en mi voz.

Él me vio con una expresión que no logre comprender y me dijo.

—De ser ese el caso, tendremos que quedarnos...

Creí que diría algo más, pero solo aparto su mirada, se levantó y me pidió que me retirara y que comenzara a empacar tan pronto pudiera, ya que la mudanza estaba planeada para dentro de dos semanas."

Rukia aún no podía creer lo que estaba pasando, era todo tan repentino que ni siquiera sabia si debía sentirse: triste, frustrada o molesta por su situación y eso solo la hacía lamentar más lo que pasaba.

Como si no tuviese ya suficientes emociones con las cuales lidiar, también debía hacerse a la idea de que ya no seguiría recibiendo clases particulares en casa, debería ir a la preparatoria como la mayoría de los chicos de su edad y aunque eso no le preocupaba. El problema era pensar en las reacciones que tendrían sus compañeros al saber quien era, pues en primer lugar ese era el motivo principal y casi único de recibir educación en casa.

Lo único que Rukia podía hacer en lo que para ella era como un tortuoso camino al purgatorio, no era otra cosa más que desear que tal vez en ese nuevo lugar podría quizás, hacer amigos de su edad, esa idea era lo único positivo que se le ocurría mientras veía a las aves pasar frente a su ventana y los minutos transcurrir sin siquiera sospechar que tanto cambiaría su vida a partir de ese momento.

Ciudad Karakura

Seireitei

Seireitei, era un espacio cerrado de grandes dimensiones conformado por un complejo de edificios que estaban conectados entre sí por pasillos cerrados e incluso algunos eran subterráneos.

Los diversos edificios se dividían en laboratorios, salas de prueba y observación, un área designada como hospital de emergencia y varios lugares que sirven como zonas recreativas bajo techo.

Todo con la intención de permitirle a un grupo de jóvenes ser ellos mismos por completo sin miedo al rechazo, a herir a otros o lastimarse a sí mismos.

Dentro de una de las áreas de recreación estaban algunos de los jóvenes para los que se crearon las instalaciones.

Uno de ellos tenía el cabello de un llamativo color naranja, otro usaba lentes y tenía el cabello negro, el tercer joven era algo más delgado y pequeño que ellos con la piel morena y con unos llamativos ojos dorados.

El área en la que estaban era una que había sido construida para parecer un parque, tenía una cancha de baloncesto, una de fútbol, columpios, bancas, pasa manos y unas mesas.

Era un lugar enorme con muchos árboles, arbustos y flores. Un lugar ideal para pasar una tarde o hasta ejercitarse un poco como si en verdad estuviesen al aire libre.

Estaba jugando en la cancha de baloncesto absorto en sus pensamientos mientras rebotaba el balón el joven de cabello naranja, haciendo de forma ocasional lanzamientos al aro. Completamente ajeno a lo que ocurría alrededor suyo, tanto así que ni siquiera noto a uno de sus amigos que estaba junto a él hasta que toco su hombro interrumpiendo el torrente de pensamientos que lo mantenía en trance.

—¿Te encuentras bien, Ichigo? —preguntó el joven de lentes.

Ichigo parpadeó unas cuantas veces mientras veía con desconcierto a su amigo antes de responderle.

—Si, si estoy bien —respondió sin pensarlo mucho y trataba de buscar con la mirada el balón que había "perdido" cuando Uryu lo interrumpió.

—No estás bien para nada —contestó de vuelta.

—Claro que si, no digas tonterías —insistió Ichigo.

—Si eso es cierto entonces ¿por qué buscas esto? —cuestionó Uryu mientras levantaba el balón que le había quitado a Ichigo cuando se acercó a él.

Ichigo se quedó sin palabras, viendo a Uryu queriendo responder, pero no encontraba palabras para hacerlo. Estaba demasiado distraído como para notar que habían tomado de sus manos el balón y encima no notar que su acompañante lo tenía claramente frente a él era un indicador de ello.

Uryu sonrió con un poco de sorna al ver su objetivo cumplido por haber sacado de forma definitiva a su amigo del trance en el que se había aislado el mismo desde hacía un par de días.

—Está bien —Se rindió sabiéndose vencido por su amigo mientras se dirigía a las bancas más cercanas de la cancha a sentarse.

—Estoy preocupado. tal vez —habló con un claro matiz de duda en su voz.

—¿Tal vez? —Se unió el joven de tez morena—. ¿A qué te refieres con "tal vez"? —Hizo énfasis en la última parte al no comprender a Ichigo.

—Es complicado de explicar. En realidad no sé muy bien como explicarlo —aclaró Ichigo mientras colocaba una mano sobre su cabello y lo revolvía como si de esa forma pudiera ordenar sus caóticos pensamientos.

—Entonces inténtalo, las chicas están a punto de llevarte al psicólogo por lo raro que has estado —declaro Uryu con la determinación de averiguar por qué su amigo parecía estar perdido en otra dimensión.

—Yo, no lo sé. En verd... —Fue interrumpido por el más joven.

—Solo inténtalo, Ichigo, de verdad no parecés tu —dijo de forma firme para demostrar que él también consideraba el asunto como algo de importancia—. Podríamos ayudarte si nos dejas.

—Dos contra uno, estas en desventaja —aseguró el de lentes mientras tomaba asiento al lado de Ichigo siendo imitado por el menor—. Habla o nosotros te arrastraremos con el psicólogo.

Ichigo quedo mudo por las palabras de sus amigos, desde niños habían sido un grupo muy unido dadas sus circunstancias y siempre se apoyaban mutuamente, por eso al ver y sentir la preocupación en sus voces así como en sus rostros tratando de ocultarla sin éxito bajo sonrisas artificiales. Provoco que naciera en Ichigo un sentimiento de culpa abrumador al mismo tiempo que también sentía gran calidez por ver cuanto le importaba a sus amigos su bienestar.

—Está bien, Uryu, Yūshirō. Les contaré todo —dijo sonriendo de una formar muy suya mientras los veía, sin dejar de sonreír mientras sus amigos reían añadió—: Aunque ustedes deberán contárselo a las chicas luego, porque no creo que ellas sean tan pacientes conmigo.

—Verán desde hace un tiempo he estado teniendo sueños extraños —Comenzó a relatar mientras observaba sus alrededores.

—Al principio eran confusos y no podía recordar nada además de la extraña sensación que me dejaba al despertar —Se abrazó a sí mismo moviendo sus brazos de arriba abajo—. Pero desde hace varios días he podido recordar más, al principio me alegro porque pensé "si sé dé que se trata, tal vez podría razonarlo y así lo olvidaré para no tener más esos sueños" es obvio al final no fue así para nada.

Paso su mano derecha por su cabello alborotándolo un poco más.

—Pasaron varios días y todo seguía igual, decidí que hablaría con mis padres sobre eso, en la mañana hace un par de días estaba a punto de contarles cuando sentí de la nada una gran presión sobre mi mano derecha —Observó su mano mientras hablaba y añadio—: Cuando sentí eso le dije a mi papá que no era nada y entonces desapareció el dolor.

—Entonces no le has dicho nada a tus padres aún ¿cierto? —Ichigo solo movió la cabeza en un gesto afirmativo a la pregunta de Yūshirō.

—Ni siquiera creí que podría contarles —Los vio acongojado—. Cada vez que intento hablar de esto con ellos esa extraña presión vuelve. Y siento como si fuera una advertencia...

Uryu que se había mantenido en silencio, solo podía ver a su amigo con cierta confusión, ya que tampoco comprendía lo que le estaba pasando. Aunque eso no evitaría que le brindara su apoyo en ese momento.

—Bueno, no entiendo bien que te sucede, pero puedes contar con nosotros para lo que necesites —aclaró convencido y siendo secundado por Yūshirō.

Ichigo se sentía en verdad feliz y afortunado de tener a sus amigos, aún estaba preocupado y seguía teniendo la sensación de que algo sucedería en cualquier momento, lo que más lo mortificaba era el no saber si esa inquietud seria por algo malo o no.

—Pero ¿qué ves en tus sueños? Ichigo —pregunto Yūshirō con genuina curiosidad en sus ojos.

El peli naranja se enderezó un poco y viendo al techo un momento suspiro antes de hablar.

—Pues... Al principio soñaba con una nevada tan fuerte que no podía ver nada más haya de unos centímetros de mi cara —Coloco su mano frente a su rostro tratando de comparar mentalmente esa experiencia—. Pero eso era cuando no recordaba nada más y solo despertaba desorientado, luego la nevada disminuyo un poco y me di cuenta de que podía caminar entre toda esa nieve, pero...

—¿Pero?

Yūshirō lo incitó a continuar al ver que se quedaba perdido en sus pensamientos.

—Pero no era como si caminara, o al menos no en la nieve, sentía que caminaba sobre ella sin tocarla algo como estar flotando en el aire apenas a milímetros de la nieve.

Yūshirō y Uryu se vieron entre si con desconcierto, si Ichigo estaba perdido ellos aún más pues no tenían idea alguna sobre como eso además de ser un sueño recurrente podría afectar a Ichigo.

—Sigue así poco tiempo, y la nieve se detiene como si pausaras un vídeo y frente a mí sin importar a donde decida moverme antes, aparece un hombre. Me da la espalda, está quieto a unos metros de mí y parece que ve algo lejos de nosotros más arriba, en ese momento puedo ver que enfrente hay varias montañas —Extendió su mano rememorando esa escena en su mente.

—Trato de acercarme al él, pero no puedo, no importa cuanto camine o corra no llego hasta él aunque está cerca de mí, cuando le hablo baja la cabeza y parece que se volteara a verme —Ichigo sintió un escalofrío y no pudo evitar hacer una mueca—, Pero siempre despierto en esa parte.

—¿Recuerdas como es? —Volvió a preguntar Yūshirō.

—Ahh si, eso creo —titubeo un poco—. Parece mucho más alto que yo, su cabello es largo llegaba hasta la mitad de su espalda y es de color blanco.

Uryu puso una mano en su mentón mientras trababa de concentrarse, pero finalmente solo negó con la cabeza y alego no tener ni la más mínima idea de quien podría ser.

—Ese es el problema, no tengo ni la menor idea de quien podrá ser, pero cada vez que lo veo siento un extraño presentimiento que no me deja tranquilo.

Los tres jóvenes siguieron debatiendo sobre los sueños extraños de Ichigo hasta que notaron lo tarde que era, estaban pensando en pasar la noche en Seireitei, pero abandonaron la idea tan rápido como llego, dado que no estaban dispuestos a pasar hambre al no haber comida en el lugar.

Finalmente llamaron al chofer que había llevado a las chicas a casa para que también los llevaran a sus respectivos hogares, de la misma forma acordaron hablar con el resto del grupo al día siguiente y tratar de dar con una solución o por lo menos una explicación para lo que le sucedía a Ichigo.

—Mañana volvamos otra vez, quizás entonces al fin podamos jugar un partido los 4 —exclamó contento Yūshirō mientras rebotaba el balón.

—Jugaré solo si logras encestar desde donde estas y sin ver —reto Uryu con gesto burlón.

—De acuerdo —Sonrió.

Yūshirō dejo de rebotar el balón y sin vacilar lo lanzo detrás de él sin dejar de sonreír, hasta que escucho el ruido del balón entrando a la red, entonces comenzó a reírse de sus amigos quienes lo veían con una mezcla de asombro y terror plasmados en sus rostros.

Él oji dorado escucho el sonido de la alarma que les avisaba que su transporte había llegado y corrió como un rayo hacia la salida de forma literal, cuando Ichigo y Uryu reaccionaron se vieron las caras un momento para luego tomar sus cosas de forma apresurada y seguir la misma ruta de Yūshirō.

Ciudad Naruki

En un gran rascacielos en uno de los pisos más altos se encontraban tres hombres de los cuales, uno yacia inconsciente. Y los otros dos parecían estar preparándose para cualquier cosa, tenían extintores, guantes de goma, tranquilizantes y hasta máscaras de gas.

—Esto es un dolor en el trasero.

Dijo uno de ellos mientras tomaba una careta protectora.

—Lo es más si te quejas todo el tiempo.

—Vamos ¿me dirás que esto no te molesta?

—Si me quejara no cambiaria nada, además nosotros también pasamos por eso, Gin.

Gin bufo aburrido mientras veía como Shūkurō se colocaba unos guantes y un chaleco aprueba de fuego.

—¿Qué crees que sea? —pregunto Gin viendo al hombre tendido en el suelo sobre una colchoneta.

—Me conformaría con que no fuera el mismo que el mío, sería muy problemático.

Gin se quedó un momento en silencio pensando lo dicho por su acompañante, luego volteó a verlo y asintió dándole la razón.

—Realmente... es un poder aterrador.

Gin permaneció en silencio junto a Shūkurō unos minutos más antes de ver como Kūgo se removía sin control sobre la colchoneta.

—La verdad lo tomó bastante mejor de lo que yo esperaba.

—¿A qué te refieres?

Pregunto Shūkurō desconcertado y curioso por primera vez en la noche.

—Él es fuerte, es decir apenas se recuperó del primer encuentro y de inmediato pidió hacer esto.

—Quizás solo esa un idiota.

—Es una respuesta válida.

—Lo único que es seguro, es que somos unos dementes.

—Supongo que es cierto, nadie más haría esto por las mismas razones.

Shūkurō se acomodó por décima vez el chaleco para asegurarse de habérselo colocado bien cuando Gin le hizo una señal con sus manos. Estaba despertando.

Ambos se alejaron unos pasos y se prepararon para lo que fuera a ocurrir solo con una misión, noquearlo tan pronto se levante, sin ningún plan o estrategia para lograrlo.

De un momento a otro Kūgo abrió los ojos parpadeando un par de veces antes de tratar de ponerse en pie, cosa que no logro debido a todo el tiempo que había permanecido dormido, sus músculos se resintieron ante el repentino y brusco movimiento haciendo que cayera de rodillas ya fuera de la colchoneta.

Gin y Shūkurō lo observaban cuidadosamente preparándose para arremeter contra Ginjō, pero una luz comenzó a cubrir el cuerpo de este último y en cuestión de segundo ambos estaban tendidos en el suelo observando a Kūgo ponerse en pie con cierta parsimonia en sus movimientos, poniendo en alerta a sus acompañantes cuando el brillo que lo rodeaba adquirió un color verde y se concentró en sus pies y brazos.

Moviéndose por instinto, Gin se acercó a Kūgo de forma rápida por el costado izquierdo, pero fue interceptado por el mismo Kūgo quien de una patada lo mando a volar hasta chocar con la pared en dirección opuesta del cuarto casi logrando en el proceso abrir un agujero en la misma.

En ese momento Gin agradeció haberse colocado dos chalecos de protección en lugar de uno, estaba seguro qué de lo contrario se habría roto algunas costillas.

Mientras Gin se recuperaba del impacto y aprovechando que toda la atención de Kūgo estaba centrada en él peli plateado, Shūkurō se abalanzó en su dirección con un tubo en su mano para dejarlo inconsciente nuevamente, pero Kūgo se volteó y sujeto el tubo mientras veía a Shūkurō con una expresión vacía que provocó una sensación de pánico en el hombre.

Kūgo le arrebato a Shūkurō el objeto de las manos para lanzarlo contra una pared en la que se ensartó de forma vertical, luego tomo a Shūkurō por el cuello para lanzarlo en la misma dirección que el tubo, pero antes de que pudiera arrojarlo Gin salto sobre él aplicándole una llave al cuello para tratar de inmovilizar al delirante hombre.

—¡Mantenlo Gin!

Shūkurō se apresuró a buscar los tranquilizantes mientras Gin sometía a Kūgo.

—Duérmete Maldición —pronuncio Gin casi como un susurro tratando de no perder el agarre.

Kūgo se sacudía desesperado por soltarse de la llave que el albinole aplicaba, se negaba a caer inconsciente, pero no podía quitarse al hombre de encima, hasta que vio a Shūkurō acercarse con una pistola tranquilizante.

Antes que Shūkurō pudiera inyectarlo Kūgo se volteó para poner a Gin en medio de ambos, por instinto el peli plateado soltó a Kūgo y se apartó solo para ver como este tomaba de nuevo el tubo, pero ahora este tomaba una nueva forma en las manos del pelinegro.

—¿Qué demonios? —Pronunciaron a la par ambos hombres igual de desconcertados por lo que veían.

Mientras se recuperaban de su estupefacción y se disponían a noquear a Kūgo, fueron interrumpidos.

—Buen trabajo caballeros.

Tras esa breve frase el hombre que acababa de ingresar al cuarto chasqueo los dedos provocando que Kūgo cayera inconsciente nuevamente.

—Ya casi está todo listo —Sonrió.

—Descansen, yo me haré cargo de él desde aquí.

Los otros dos no pudieron hacer nada más que asentir mientras salían del cuarto de forma solemne debido a la presencia de Aizen.

Una vez sólo y con Kūgo inconsciente, Aizen comenzó a reír con una pequeña risa casi ahogada que poco a poco degeneró en una carcajada estridente que podría sin duda erizarle la piel a más de uno.

—Pronto, pronto podre vengarme de ustedes y terminar con esto... para siempre —asevero mientras veía a Kūgo con satisfacción.

Continuará...


Se agradecen mucho los comentarios y también pueden dejar sus dudas acerca de esta nueva versión.

Fecha de subida a fanfiction: 13/01/2022

Fecha de subida a Wattpad: 15/11/2021